jueves, 30 de julio de 2015

Blondie de crema de cacahuete y muesli de chocolate

Hace unos días, leyendo uno de vuestros blogs, descubrí que mi gusto por los cereales y el muesli tiene un nombre ¡completo de periquito! 

La receta era de unas barritas de cereales, muesli o avena, ahora mismo no lo recuerdo bien, y hablaban del complejo de periquitos que tenemos más de uno que nos pirramos por ellos o por las barritas o galletas que los contienen ¡y yo me vi claramente reflejada! 

Entonces me acordé de este blondie, que hice hace unas cuantas semanas cuando hacía mucho menos calor y que tenía pendiente de publicar y me dieron muchas ganas de compartirlo con vosotros.
Que hace calor y encender el horno es casi una misión suicida lo tenemos todos más que claro, pero ¡yo no puedo resistirme! Como ya os he comentado o bien horneo a primera hora de la mañana cuando aún no ha salido el sol, o lo hago por la noche, aunque también reconozco que algún finde hemos puesto el horno a mediodía para preparar la comida ¡una terapia adelgazante la mar de interesante! 

La receta es de Alma Obregón y me venía que ni pintada para ir dando salida a la cantidad ingente de crema de cacahuete que tengo en casa (por si alguno se perdió la historia la puede leer aquí). Hice algunos cambios en la receta porque lo de ponerle muesli es cosa mía (supongo que en el fondo de mi ser algo me decía que así la receta era menos pecaminosa ¡pero qué ingenua!) y el resultado final es el que véis.
¡Un pecado en estado puro! Y es que tratándose de un blondie o de un brownie no somos capaces de resistirnos y bien poquito que dura en casa

No seáis perezosos y en cuanto el calor dé una tregua preparad este blondie ¡no os vais a arrepentir!

Os dejo la receta que es muy, muy, muy sencilla y muy, muy, muy rápida de preparar.

Ingredientes:

* 100 gramos de mantequilla (podéis usar light, que no pasa nada)
* 200 gramos de mantequilla de cacahuete
* 160 gramos de azúcar moreno
* 1 huevo
* 150 gramos de harina para repostería
* Media cucharita de bicarbonato sódico
* 100 gramos de muesli con chocolate
* Un puñadito de gotas de chocolate para decorar.

Elaboración:

1. En un bol ponemos el azúcar y la mantequilla derretida (en el microondas o en un cazo al fuego) y batimos bien.

2. Añadimos el huevo y cuando esté perfectamente incorporado añadimos la mantequilla de cacahuete. Mi consejo es que esté a temperatura ambiente para que sea más fácil incorporarla a la masa. Se puede hacer perfectamente con unas varillas manuales.

3. Incorporamos la harina y el bicarbonato y cuando estén perfectamente integrados añadimos el muesli con chocolate y mezclamos bien para que se quede bien distribuido.

4. Engrasamos un molde con mantequilla o bien lo forramos con papel de horno (a mí ultimamente me encanta esta opción, especialmente para los brownies y blondies) y vertemos nuestra masa.

5. Ponemos un puñadito de gotas de chocolate en la superficie.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 20 minutos si nos gusta con el interior poco hecho o 25 si nos gusta con un poquito más de cuerpo.

Yo lo tuve 25 minutos que era lo que indicaba Alma en su receta y aunque mi molde era de 23 x 23 (más pequeña que el que ella usó) se quedó más hecho de lo que pretendía. Ya sabéis que lo mejor es ir pinchando con un palillo en el centro hasta dar con el punto de horneado que más nos guste.

7. Sacamos del horno, dejamos templar y desmoldamos. Si somos capaces resistiremos la tentación hasta que se enfríe, si sois como yo a duras penas podréis aguantar.

Al ser finito esta vez lo hice sólo ocho trozos del tamaño que veis en las fotos, aunque para la foto ya habían caído por el camino algunos... ¡si es que no tenemos remedio!
Si no os gusta el muesli le podéis poner cereales, o perlas de chocolate, o M & M'S o cacahuetes tostados con miel o un buen puñado de nueces... ¡que no sea por falta de ideas!
Me despido una semana más de vosotros a la vez que decimos adios al mes de julio... ¡ay por favor que empiece a hacer menos calor! Os deseo un feliz y dulce fin de semana y nos vemos de nuevo el lunes.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 27 de julio de 2015

Arroz con leche

Hay recetas que yo asocio con determinadas épocas del año aunque no sean unas recetas típicas propiamente dichas. Me explico. A mí el arroz con leche me recuerda a la semana santa. Concretamente a la comida del viernes santo.
En casa mi madre siempre ha preparado arroz con leche y natillas para el postre del viernes santo. Y en casa de mis abuelas se hacía igual. No tengo ni idea de dónde viene esa costumbre pero yo no puedo imaginar tomar otro postre ese día si como en casa de mis padres (y conste que yo tradiciones religiosas no sigo ni una)
Esto no quiere decir que no preparemos el arroz con leche otros días, pero ese día no falta seguro en la mesa.

Es curioso porque a mí el arroz con leche nunca me había gustado pero de unos meses a esta parte ¡me encanta! Una de los mayores placeres que encierra este verano es llegar a casa después de una larguísima jornada de trabajo en la oficina (tampoco es para tanto que trabajo de ocho a tres) y saber que me está esperando un bol muy fresquito de arroz con leche. Le pongo muchísima canela (es curioso que no se la haya puesto para las fotos) me armo con una cuchara y hasta que acabo no reconozco amigos ni familia ¡es mío y no lo voy a compartir! 

Sí, estoy en plan egoista en lo que a comida se refiere últimamente...
La receta no encierra ningún misterio, pero también es cierto que cada persona le da su toque y aunque puede parecer sencilla, a mí me ha costado lo mío cogerle el punto para que el arroz no se quede duro (que me ha pasado mil y una veces), para que no se quede excesivamente dulce o le falte azúcar a puñados, para que no se quede seco ni demasiado caldoso...

Y es que con la tontería de vivir a mucha altura arroz y pasta tardan más en cocerse y hay que ponerle tiempo y paciencia a esta receta, e ir removiendo con frecuencia para que no se pegue, pero estar al lado del fuego acaba mereciendo la pena, aunque con todas las olas de calor que estamos enganchando este verano (que yo otros veranos he dormido tapada con mi sábana casi todas las noches y este verano no me he tapado ni una) cuesta más que nunca meterse en la cocina a preparar nada.

Esta vez lo he preparado con el arroz Sabroz de la marca Brillante que muy amablemente me hizo llegar a casa una muestra de sus productos y he quedado muy contenta porque el sabor de esta receta se intensifica con este arroz. Sobra decir que en recetas tan sencillas como esta lo primordial, aparte de encontrarle el punto adecuado, es la calidad de los ingredientes.

Os dejo mi receta, que seguro no difiere mucho de cómo lo preparáis vosotros en casa

Ingredientes:

* 200 gramos de arroz (yo he usado Sabroz de Brillante)
* Un litro de leche ( yo uso semidesnatada que es la que tomamos en casa)
* 200 ml de nata para montar
* Cinco o seis cucharadas soperas colmadas de azúcar blanco. Esto depende de lo dulce que os guste
* Un limón grande
* Una rama de canela
* Canela en polvo

Elaboración:

 1. En una cacerola ponemos la leche, la rama de canela y dos tiras de la piel del limón (sólo lo amarillo, que la parte blanca amarga) y lo ponemos a calentar a fuego medio (yo pongo el 5 o el 6 en mi placa que llega hasta el 9)

2. Rallamos el resto de la piel del limón y reservamos.

3. Cuando la leche comience a hervir añadimos el arroz, la ralladura de limón y el azúcar y removemos de vez en cuando para que no se pegue. A partir de aquí os aconsejo hacerlo a fuego lento para evitar sorpresas desagradables como que se nos pegue el arroz.

4. Cuando veamos que se está quedando seco, si aún no está cocido vamos añadiendo un poquito más de leche. Yo prefiero añadir poca cada vez en lugar de mucha porque entonces el arroz puede quedar muy caldoso o para reducir la leche acabaremos pasándolo. Por eso es importante ir comprobando con frecuencia el punto de cocción

5. Cuando el arroz esté casi hecho añadimos nuestro brick de nata y seguimos removiendo  para que no se pegue. También es el momento de añadir más azúcar si vemos que no está en su punto.

6. Cuando el arroz esté hecho retiramos del fuego, quitamos la rama de canela y las tiras de la piel de limón y dejamos templar.

7.  Una vez templado repartimos en boles y metemos en el frigorífico para que se ponga bien fresquito que al menos es como más me gusta a mí, aunque muchas veces no he resistido la tentación y lo he comido templado pero era en otoño o en invierno, no con estas temperaturas.

8. Podemos servir tal cual o espolvorear con (mucha) canela en polvo
Es una receta sin grandes secretos, el truco está en cogerle el punto, que como ya os he dicho, a mí me cuesta bastante a veces, pero con paciencia todo se consigue, y si se queda menos bueno ¡a la próxima saldrá mejor! 
En casa no somos nada delicados y arrasamos con lo que haya.
Os deseo feliz y dulce semana ¡ya casi estamos rozando el mes de agosto! ¡y llegan las vacaciones para muchos de nosotros!

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 23 de julio de 2015

Tarta de Santiago

El año pasado me propuse hacer esta deliciosa tarta que probé por primera vez hace unos cuantos años cuando mis padres estuvieron de vacaciones en Galicia y trajeron una y a pesar de que mi pobre padre me preparó las almendras se me pasó el día de Santiago y quedó aplazada.
Sí, ya sé que esta maravilla se puede preparar en cualquier momento, pero yo quería hacerla en torno al 25 de julio y publicarla en el blog. (Maniática que es una, por si no os habíais dado cuenta aún)

Este año ni me había acordado. La verdad es que llevo desde junio un poco despegada de la cocina y del blog por mil y una razones pero el lunes cuando pude retomar las visitas a vuestros blogs me topé con ella en dos o tres cocinas y no veáis las ganas que me entraron ¡y la alegría porque hacía tiempo que no me apetecía tanto ponerme a cocinar algo! 
Así que busqué la receta que tenía preparada (la tradicional, que por si no lo sabéis está publicada en el BOE. Sí, sí, la receta de la Tarta de Santiago está en el BOE, pinchad en el enlace si no me creéis porque a mí en su día me resultó la mar de curioso) y comprobé que tenía en casa los ingredientes que necesitaba (que al fin y al cabo son cuatro cosas mal contadas) y me puse manos a la masa sin importarme el calor ni nada.

¡Creo que el resultado bien lo merece! 
La receta es de lo más básico ¡si hasta un niño podría hacerla! así que no hay excusa para no prepararla alguna vez en casa. Tardo más en escribirla de lo que tardé en prepararla ¡vamos con ella! 

Ingredientes:

* 5 huevos
* 250 gramos de almendra cruda molida
* 250 gramos de azúcar 
* Una cucharadita de canela molida
* La ralladura de la piel de medio limón
* Azúcar glas para espolvorear
* Un poco de mantequilla para untar el molde

Elaboración:

1. En un bol ponemos el azúcar, la almendra, la canela y la ralladura de limón y mezclamos.

2. Añadimos los huevos y mezclamos sin batir. A esta masa no hay que darle volumen, sólo conseguir que los ingredientes se integren y sea una mezcla homogénea.

3. Untamos bien nuestro molde desmoldable con mantequilla (aconsejo utilizar uno de 22-24 centímetros como mucho). Podemos incluso poner un papel de hornear en la base del molde para que sea más sencillo desmoldar.

4. Vertemos la mezcla en el molde procurando que quede bien extendida y metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 30-40 minutos hasta que la masa está cuajada y la superficie dorada.

5. Sacamos del horno y dejamos enfriar completamente antes de desmoldar o la tarta puede acabar hecha trocitos.

6. Desmoldamos, ponemos una plantilla de la cruz de Santiago sobre la tarta y espolvoreamos con azúcar glas.

En internet podéis encontrar mil plantillas para la cruz. Si no tenéis impresora en casa o no queréis usar plantilla no es imprescindible ni mucho menos, espolvoreáis toda la superficie con azúcar glas ¡y listo! 
Es una tarta la mar de sencilla de preparar, donde lo importante es la calidad de los ingredientes, especialmente de la almendra. La única pega es que hay que encender el horno, pero bien merece la pena (si, para mí todas las recetas con horno merecen la pena ¡soy todo un caso!) para disfrutar de este delicioso bocado y festejar el día de Santiago (y lo digo yo que no suelo celebrar patrones ni onomásticas ni nada por el estilo, pero me hacía ilusión traer esta tarta en estos días ¡que hay que dar a conocer las dulces tradiciones de todos los rincones de nuestro país!)
Me despido de vosotros hasta el lunes próximo y os deseo un buen fin de semana ¡no paséis mucho frío! (perdón, calor)

Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 20 de julio de 2015

Mermelada de ciruela

El verano viene cargado de deliciosas frutas y yo sigo aprovechando para preparar mermeladas porque no damos abasto en casa a comer tanta fruta. 

Esta vez le ha tocado el turno a la mermelada de ciruelas, este año blancas, porque el ciruelo negro de la finca de mis padres ha tenido una cosecha de lo más pobre (creo que cinco o seis ciruelas) mientras que el blanco está dando kilos y kilos de fruta.

Personalmente me gustan más las ciruelas negras (donde yo vivo se llaman así a las ciruelas rojas) que las blancas (que son las ciruelas amarillas para el resto del mundo), pero tampoco tengo mucho problema en adaptarme a la fruta que sea.

Es la primera vez que he hecho mermelada con ciruelas blancas y ha quedado mejor de lo que esperaba, aunque aún no sé qué uso le voy a dar además de untarla en las tostadas...

Sé que con el calor que nos acompaña es casi un suidicio meterse en la cocina y poner una cacerola al fuego, aunque os aseguro que el resultado merece la pena. Y como este verano estoy muy, muy, muy floja es la primera mermelada que preparo, así que tampoco me ha costado tanto.

La gente mayor de mi pueblo asegura que cuando llegue agosto cambiará el tiempo y las temperaturas nos darán una tregua. Yo espero que tengan razón en su sabiduría popular porque llevamos más de seis semanas que a duras penas bajamos de los cuarenta grados y eso donde vivo no es normal por mucha Andalucía que sea.

A lo largo de la semana además espero poderme poner al día con las visitas a vuestras cocinas que tengo un retraso que da vergüenza...

Vamos con la receta, que como siempre es muy sencilla, por si os animáis a preparar vuestra propia mermelada.

Ingredientes:

* Dos kilos de ciruelas ya limpias
* 450 gramos de azúcar blanca
* 250 gramos de azúcar moreno

Elaboración:

1. Lavamos las ciruelas, les quitamos el rabito y aquellas partes de la piel que puedan estar dañadas.

2. Partimos las ciruelas en trozos, incluída la piel, y les sacamos el hueso.

3. Una vez acabada esta pringosa pero divertida tarea pesamos la fruta y calculamos la cantidad de azúcar que le corresponde. Aquí os explicaba cómo hacía yo mis cálculos.

4. Ponemos la fruta y el azúcar en una cacerola y ponemos a fuego medio hasta que rompa a hervir.

5. Cuando empiece a hervir bajamos la intensidad del fuego y seguimos cocinando y removiendo de vez en cuando para que no se pegue hasta que veamos que la mermelada a espesado.

6. Retiramos del fuego y dejamos espesar. A continuación podemos pasar la batidora para que nuestra mermelada no presente trozos de fruta o dejarla tal cual ¡a gusto de cada uno!

7. Ahora sólo nos queda poner la mermelada en botes esterilizados (también nos sirven lavados en el lavavajillas), los tapamos muy bien y los pasamos al baño maría (los ponemos en una cacerola con agua (el agua debe llegar un dedo por debajo de la tapadera) y cuando rompa a hervir los dejamos 15 minutos al fuego)

Como véis mi receta de la mermelada  no cambia mucho, sólo la fruta que utilizo ¡y tan rica como siempre!

Os deseo una feliz semana y un buen lunes ¡aunque siempre cuesta mucho!

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 16 de julio de 2015

Crema de galletas rellenas de chocolate

Es un secreto. Pero yo lo quiero compartir con vosotros por si aún no os habéis enterado...

¡¡¡Hace un calor de muerte!!!

Supongo que a estas alturas es un secreto a voces, pero me hago eco por si queda algún despistado que tiene la suerte de vivir en un microclima privilegiado.

No sé vosotros pero yo no recuerdo un mes de julio tan duro como este. Entre la persistente ola de calor que se ha empeñado en no darnos ni unos días de tregua, las liquidaciones de julio que las llevo fatal y el lunes tienen que estar terminadas y presentadas y unos cuantos acontecimientos familiares y personales de los que os hablaré en unos días ¡no doy a basto! 

Llevo toda la semana sin poder conectarme. No he visitado ni una sola cocina, ni he podido revisar los comentarios de mi blog... ¡un desastre! Espero que sepáis perdonarme pero me resulta imposible llegar a todo.
Y para hacer más fácil el perdón (y si hace falta usarla como soborno) hoy os traigo una receta rápida, sencilla, que se hace con cuatro ingredientes, que no necesita horno (lo sé, me he pasado un poco con el horno en las últimas recetas) y desaparecerá más rápido que la velocidad de la luz en cuanto metáis cuchara en esta crema bien fresquita.
Después del exitazo que tuvo en casa la crema de galletas María tenía clarísimo que iba a experimentar con más cremas y el siguiente paso lógico era usar galletas rellenas de chocolate que ha vuelto a triunfar. Y es que con estas temperaturas sólo apetecen cosas fresquitas y es todo un placer llegar a casa después del trabajo, con todo el calor del mundo en el cuerpo (porque cuando salgo de la oficina a las tres de la tarde la temperatura es criminal) y saber que te espera esta crema para el postre.

No me lío más y os dejo con la receta. A ver si me da tiempo a ir visitando vuestros blogs a partir del viernes, o como muy tarde a partir de la semana que viene, pero no penséis que me he olvidado de vosotros.
 


Ingredientes:

* 250 gramos de yogur natural (del que tengáis en casa, yo esta vez tenía griego)
* 75 gramos de azúcar. Yo he puesto azúcar de abedul de Sucrafor
* 750 ml de leche semidesnatada (o la que tengáis en casa)
* Un rulo de galletas rellenas de chocolate. Vuestras preferidas, que para gustos los colores
* 50 ml de caramelo líquido
* Un sobre de preparado para cuajada

Elaboración:

1. En la jarra de la batidora ponemos 500 ml de leche, el yogur, el azúcar, el caramelo y las galletas. Yo me reservé cuatro galletas porque calculaba que iba a repartir la crema en cuatro boles . También podéis poner todas las galletas del paquete y usar para decorar más galletas de otro paquete.

Dejamos reposar hasta que las galletas estén bien empapadas y blanditas.

2. Pasamos por la batidora hasta que sea una masa líquida y no quede rastro de las galletas.

3. Ponemos la mezcla en una cacerola.

4. En la misma jarra ponemos los 250 ml de leche restantes y disolvemos el sobre de cuajada. A mí que me gusta ir a lo fácil y sencillo para no complicarme la vida y que no queden grumos le meto también la batidora y en un pispás queda perfecto. Reservamos

5. Llevamos nuestra cacerola a fuego medio y vamos removiendo con frecuencia con unas varillas manuales y cuando la mezcla esté caliente y sin dejar que llegue a hervir añadimos la leche en la que hemos disuelto la cuajada.

6. Seguimos removiendo  hasta que la mezcla vuelva a calentarse y esté a punto de romper a hervir. Notaremos que se empieza a espesar. En ese momento retiramos del fuego.

7. Con ayuda de un cucharón o de una cuchara para helados, en función del tamaño de los boles que hayamos elegido, vertemos nuestra mezcla en los moldes. Golpeamos contra la encimera (o los agitamos si son de cristal) para que el aire que haya podido quedar en la masa salga a la superficie. Si no sale se agrietará la crema al enfriarse.

Podemos decorar con galletas, con fideos de chocolate... ¡con lo que se os ocurra! 

8. Esperamos a que temple la crema y guardamos en el frigorífico a poder ser tapada con un film para que no cree costra en la superficie.

Yo os aconsejo que la crema se enfríe bien porque está mejor de sabor y de textura y es que ahora las cosas bien frías son todo un placer ¡irresistible!
El toque del caramelo es bastante sutil en esta crema. Se notaba mucho más en la crema de galletas María así que podéis poner más caramelo o sustituirlo por chocolate añadiento sirope o una cucharada generosa de crema de cacao y avellanas por ejemplo.
Espero que os animéis con esta deliciosa crema y que os ayude a hacer los rigores del verano un poquito más llevaderos ¡no sabéis qué ganas tengo de que llegue septiembre u octubre o el mes que sea en el que se pueda salir a la calle sin temer a cada paso empezar a derretirnos!

Os deseo feliz y dulce fin de semana y que disfrutéis mucho del tiempo libre (a pesar del calor, por supuesto) y aprovecho para felicitar a todas las Cármenes, entre ellas mi mamá, que hoy es su santo.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 13 de julio de 2015

Plum cake de cerezas, Coca Cola y chocolate

Sí. Otra vez con una receta de cerezas. Pero es la última de la temporada. Este año no he estado muy inspirada para repostear con esta fruta y esta receta casi podríamos decir que es "repe" pero me gustó tanto cuando la preparé en versión mini bundt que sabía que tenía que prepararlo de nuevo en una versión más grande.
¡Y ha sido todo un acierto! Si ya nos gustó antes la textura ahora nos ha parecido una pasada. Además esta vez he usado Coca Cola light en lugar de la Coca Cola de cereza y queda riquísimo, así que si no encontráis la de cereza podéis preparar la receta igualmente con la que tengáis en casa que os va a quedar absolutamente genial.

Con deciros que yo ya estoy pensando repetir la receta pero sin cerezas... y es que cuando nos da por algo ¡nos da! y esta receta nos ha dado fuerte. A mí me ha encantado por la textura y por el sabor, que es muy neutro y nada dulce, que ya sabéis que no me gustan las cosas excesivamente empalagosas y es por eso que me lancé a preparar yo misma la repostería que se consume en casa.
Y dicho así puede parecer una receta sosa, pero en absoluto. Está muy rico sin tener un sabor excesivo ni muy contundente y la textura es bastante agradable así que para mí es una receta perfecta.

La única pega es tener que encender el horno con las temperaturas que nos llevan acompañando dos semanas que convierten en un infierno cualquier cocina  y que son capaces hasta de quitarnos las ganas de cocinar. Pero si donde vivís gozáis de un microclima privilegiado o no os asusta abrir una puerta al infierno a través de vuestro horno ¡no lo dudéis y preparad esta receta! ¡os va a encantar! Por cierto, siempre se puede hornear de noche o de madrugada y lo que opinen los vecinos... ¡¿realmente nos importa?!

No le doy más vueltas y os dejo la receta.
Ingredientes:

* 200-250 gramos de cerezas deshuesadas
* 230 gramos de azúcar moreno
* 350 gramos de harina para repostería
* 180 ml de aceite de girasol
* 2 huevos
* 250 ml de Coca Cola (esta vez yo usé Coca Cola light)
* 125 ml de agua hirviendo
* 30 gramos de cacao en polvo
* Una cucharadita de extracto de vainilla
* 4 gramos de levadura química
* 4 gramos de bicarbonato sódico
* Un pellizco de sal

Elaboración:

1. En un bol ponemos la harina, el cacao, la levadura, la sal y el bicarbonato. Mezclamos y reservamos.

2. En otro bol mezclamos el agua hirviendo (nos os compliquéis la vida y calentadla en el microondas) con la Coca Cola. Reservamos también.

3. En un bol amplio ponemos el aceite y el azúcar y comenzamos a batir. Yo lo hice a mano y te ahorras ensuciar la batidora eléctrica.

4. Cuando la mezcla sea homogénea añadimos el huevo y batimos hasta que esté integrado.

5. Añadimos la vainilla y mezclamos.

6. Ahora que tenemos una mezcla integrada vamos añadiendo, alternando, la mezcla de ingredientes secos (harina, cacao, levadura...) y la mezcla de ingredientes líquidos (agua y Coca Cola). Empezamos y terminamos con la harina y no pasamos a añadir otros ingredientes hasta que no esté todo bien mezclado.

Yo lo hice añadiendo en cuatro veces la mezcla de harina y en tres la de Coca Cola.

7. Lavamos y deshuesamos las cerezas. Yo las dejé enteras o como mucho medias si se me fue la mano al deshuesarlas porque aún no tengo un cacharrito para eso y lo hago cuchillo en mano.Les ponemos una cucharadita de harina, las removemos y las añadimos a la masa. Así conseguiremos que no se vayan al fondo al hornear (confesaré que a mí se me olvidó ponerles la harina y se bajaron)

8. Untamos con mantequilla nuestro molde para plum cake o lo forramos con un papel de hornear y vertemos la mezcla. Le damos un golpe seco sobre la encimera por si quedan burbujas de aire.

9. Introducimos en el horno, precalentado a 180º C, y horneamos una hora aproximadamente o hasta que al pinchar con un palillo de madera este salga limpio.

10. Dejamos templar durante unos minutos en el horno con la puerta entreabierta antes de sacarlo y esperamos diez o quince minutos antes de desmoldar y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

La mejor forma de conservarlo es envuelto en papel film y metido en el frigorífico. La textura se mantiene perfecta y aguanta varios días (en casa duró al menos cinco o seis) sin ponerse malo ¡y eso que tiene fruta natural!
 
La receta del jueves prometo que será más fresquita ¡y sin horno! y estoy segura de que os va a gustar bastante ¡en casa ha triunfado! No me enrollo más, que las liquidaciones trimestrales me esperan ¡y el tiempo corre en mi contra! ¡Qué ganas de que llegue agosto y descansar!
Disfrutad mucho de la semana, aunque sea abanico en mano, porque no nos queda más que resignarnos.

Perdonad mi ausencia de los últimos días del blog y de vuestras cocinas pero ando hasta arriba de trabajo y no puedo conectarme todo lo que me gustaría. En nada habré acabado con las liquidaciones, impuestos y cuentas y seré libre.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

viernes, 10 de julio de 2015

Queijadas de leite

El calendario marca de nuevo el día 10 y las participantes en el reto Reposteras por Europa nos reunimos en un nuevo destino para acercaros las más dulces tentaciones. Esta vez nos quedamos cerca de casa, en Portugal, país elegido por Montse del blog No sin mi taper

Reconozco que le tenía muchas ganas al país luso y aunque hacía tiempo que tenía en mente la receta que iba a preparar cuando le llegase el turno al país vecino al final me puse a investigar y cambié de tercio por completo.

En cuanto vi la receta de las queijadas supe que tenía que hacerlas. Es cierto que mi presentación difiere de la original ya que las queijadas se venden horneadas en papeles de magdalenas o bien sin molde alguno, pero es de las pocas licencias que me he permitido.

Las queijadas más famosas son las de Sintra, especialmente las que se venden en la pastelería Piriquita que lleva en su haber más de 150 años elaborando estos pasteles de queso. Las queijadas de leite también son muy representativas de la repostería lusa y su historia se remonta varios siglos atrás en el tiempo. En algún lugar incluso leí que son un dulce de origen árabe.

Con estos antecedentes imposible resistirse ¿verdad?
Me encantó la textura, similar a una tarta de queso, pero un poquito más ligera al estar elaborada con leche, y el sabor es increíble, con el toque a limón.

Yo creo que un poquito de canela por encima les iría muy bien. De hecho después de prepararlas (y comerlas) he leído en alguna página que las queijadas de Sintra se espolvorean con canela. Así que os dejo la sugerencia por si os animáis a prepararlas y os apetece ponerles canela.

Os recomiendo muy mucho esta receta. Y sí, soy consciente de que con este tiempo encender el horno es como abrir una puerta al infierno, pero siempre os podéis guardar la receta para dentro de unas semanas o ser unos kamikazes como yo y a pesar de disfrutar casi cada día de 40 graditos de nada seguir encendiéndolo porque hay cosas a las que no soy capaz de renunciar...

Mientras tomáis una decisión os dejo la receta que vuelve a ser de lo más fácil del mundo.

Ingredientes:

* La ralladura de un limón pequeño
* 190 gramos de azúcar blanca
* 2 huevos
* 250 ml de leche
* 50 gramos de harina
* Una cucharadita de levadura química en polvo

Elaboración:

1. En un bol ponemos los huevos, el azúcar y la ralladura de limón y batimos hasta obtener una mezcla cremosa y ligeramente blanquecina.

2. Incorporamos la leche, la harina y la levadura y batimos hasta que la masa sea homogénea.

3. Si usamos moldes de silicona o flaneras las engrasamos con mantequilla para poder desmoldar las queijadas. Yo he preferido hacerlas en ramequines y no desmoldarlas pero eso ya depende de los cacharros que tengáis en casa y de cómo queráis presentarlas.

4. Vertemos la mezcla (que es muy líquida, lo advierto por si pensáis usar algún molde desmoldable) en los moldes y metemos en el horno, precalentado a 200º C, y horneamos durante unos 25-30 minutos o hasta que las veamos cuajadas. El tiempo dependerá del tamaño del molde.

5. Si las vais a desmoldar hacedlo inmediatamente después de hornearlas. Si las dejáis en los moldes sólo tenemos que esperar a que se enfríen y meterlos en el frigorífico porque frías están de puro vicio.
Con las cantidades que os pongo me dio para los cuatro ramequines que veis en las fotografías, aunque sin duda voy a repetir, porque además de una receta sencilla es muy rica y el toque del limón la hace deliciosa (no os voy a contar a la velocidad que nos comíamos las queijadas porque da vergüenza) y duplicaré las cantidades e incluso utilizaré un molde redondo más grande para cortar porciones como si de una tarta se tratase ¡a ver qué tal se me da el invento!

Como todos los meses os invito a que echéis un vistazo a las recetas que mis compañeras de reto han preparado y a que os animéis a participar el mes próximo. Bueno, el próximo creo que no, porque me parece que en agosto nos tomamos vacaciones pero septiembre está a la vuelta de la esquina y será un placer contar con vosotros en este reto

Sólo me queda desearos muy feliz y dulce fin de semana y esperemos que las temperaturas nos den una pequeña tregua porque este verano está siendo un horror ¡y no ha hecho más que empezar! Igual junto al mar es más llevadero, pero en secano ¡esto es un infierno!

Manos a la masa y ¡bon appétit!



lunes, 6 de julio de 2015

Bizcocho de plátano

Os lo he contado. Lo sabéis. Pero por si hay algún despistado repito que repostear en mi casa con plátanos es más complicado que nos toque la lotería (si alguien no conoce la historia puede leerla aquí y aquí y de paso echarse hasta unas risas)
Sin embargo ¡esta receta lleva plátanos! y no uno ni dos ¡sino la friolera de cuatro plátanos! y por si alguien se lo está preguntando la respuesta es NO. No he robado los plátanos maduros a ninguna vecina, ni he asaltado el frutero de casa de mi madre. Y tampoco he tenido la necesidad de esconder de nuevo plátanos para que me lleguen bien maduros al fin de semana y poder repostear.
 
Tenía plátanos maduros en casa, tal y como siempre he soñado, gracias a las cerezas. Suena raro, pero es sencillo de explicar. El fin de semana hice la compra de fruta para la semana siguiente ¡y a mediados de semana se presentó mi padre con las primeras cerezas! Imposible resistirse, al menos nosotros, así que los plátanos pasaron a segundo plano y junto con el calor que ya está haciendo maduraron muy rápido.
Mi marido se ofreció raudo y veloz a comérselos todos haciendo un gran sacrificio y un tremendo esfuerzo (creo que sobra decirlo) pero yo fui más rápida y le dije que como sólo eran cuatro los platanitos que quedaban mejor los iba a aprovechar en alguna receta y fui a enamorarme de este bizcocho que ha resultado ser todo un acierto.

Esta receta se la he copiado a Lauren del blog Recetas americanas que es una de mis principales fuentes de inspiración a la hora de preparar las americanadas que tanto me gustan ¿se os ocurre una idea mejor que hacerlo siguiendo las recetas de una cocinera - repostera americana que comparte con nosotros las recetas de su familia? ¡No hay mejor garantía de éxito ¿no os parece?!
He hecho algunos cambios, en especial poner más plátano y quitar un tercio del azúcar que había en su receta porque me parecía demasiado y creo que he acertado porque el sabor es espectacular, muy marcado a plátano, sin llegar a ser empalagoso que sabéis que no puedo con las cosas excesivamente dulces.
La textura es absolutamente esponjosa y el interior húmedo, es tan blandito que crees que se va a romper cada vez que lo tocas, pero sin embargo es muy firme y no se desmiga al cortarlo ni al comerlo y yo lo agradezco mucho porque no soporto que se vayan cayendo miguitas por el suelo.
Lo pongo, sin duda alguna, entre los mejores bizcochos que he hecho. Dicho lo cual ¿queréis que os dé la receta? ¡Seguro que más de uno estáis listos para tomar buena nota!

Ingredientes: 

* 240 gramos de harina para repostería
* 120 ml de aceite de girasol
* 100 gramos de azúcar de abedul Sucrafor (se puede sustituir por azúcar blanca)
* 100 gramos de azúcar moreno
* 2 huevos 
* 4 plátanos de Canarias maduros (si los plátanos son de otro lugar no saldrá bien la receta ¡luego no digáis que no os lo advertí! Además los plátanos canarios son los mejores del mundo)
* 125 gramos de yogur griego sin azúcar 
* Una cucharadita de bicarbonato de sodio
* Una cucharadita de canela (yo igual le puse un poco más, con la canela no tengo mesura)
* Un pellizco de sal
* Una cucharadita de extracto de vainilla

Elaboración:

1. En un bol ponemos el aceite, los azúcares y la vainilla y batimos hasta que la mezca sea homogénea.

2. A continuación añadimos los huevos de uno en uno y no ponemos el siguiente hasta que el anterior está bien integrado.

3. A continuación incorporamos los plátanos. Como deben estar maduros será muy sencillo aplastarlos con un tenedor y obtener un puré más o menos homogéneo, pero no pasa nada si queda un trocito más grande.

4. Por último incorporamos el yogur y mezclamos.

5. Sobre la mezcla de ingredientes húmedos añadimos, tamizando, la harina, el bicarbonato, la canela y la sal y batimos hasta integrar.

6. Engrasamos nuestro molde o bien le ponemos un papel sulfurizado. Vertemos la mezcla

7. Metemos en el horno, precalentado a 175º C y horneamos hasta que al pinchar en el centro con un palillo este salga seco.

En mi caso, al usar un molde para plum cake tardó aproximadamente una hora. Al llevar unos 25 minutos en el horno se puso suficientemente dorado así que lo tapé con papel albal para que no se quemara la superficie.

8. Cuando esté listo lo dejamos reposar unos 5 minutos en el horno con la puerta entreabierta y a continuación lo sacamos, desmoldamos pasados unos 5-10 minutos más y dejamos enfriar sobre una rejilla.
Para conservarlo os aconsejo envolverlo en film transparente y guardarlo en la nevera. Se mantendrá tan esponjoso, húmedo y delicioso como el primer día ¡en casa batió todo un récord y duró cinco días!Y no porque no estuviera bueno sino porque tuve que ponerme en plan sargento (qué raro en mi...) y racionar porque no es normal que lo que reposteo dure a veces menos de veinticuatro horas ¡que la mayoría de las veces nos lo comemos sólo entre mi marido y yo! (lo que se traduce muchas veces en que yo me tomo una porción normal y cuando quiero darme cuenta el resto ha volado...)
Por cierto, esta receta pide a gritos un buen puñado de nueces. Yo no se la puse porque igual lo comía mi hermano que es alérgico, aunque al final ni lo probó, pero os animo a que se las pongáis que veréis lo bien que le van.
 La próxima receta llegará el viernes, porque toca reto ¡nos vemos a finales de semana!
 
Manos a la masa y ¡bon appétit!