jueves, 26 de septiembre de 2019

Bundt cake marmolado de manzana y chocolate (en CrockPot)

Otoño.

Parecía que no iba a llegar nunca y aquí lo tenemos. No sólo en el calendario, sino también en el tiempo que nos acompaña al otro lado de la ventana.

Como era de esperar mi entrada de hoy está dedicada a esta estación y a todos los frutos que nos regala. Este bizcocho marmolado de manzana y chocolate huele y sabe a otoño y engalana el blog para recibir y festejar esta época.

Bundt cake marmolado de manzana y chocolate en CrockPot. Bizcocho, olla de cocción lenta, desayuno, merienda, postre, horno, otoño, sencillo, fácil, jugoso, tierno, esponjoso. Cuca

No me canso de decirlo, y por si alguien aún no se ha enterado ¡ADORO EL OTOÑO! y lo grito a los cuatro vientos.

De esta época del año me gusta todo: las primeras lluvias, los cielos nublados, la temperatura más suave, los colores ocres de los árboles, las alfombras de hojas que me fascina pisar al pasar (y ahora más que Lara me acompaña en esta manía), la vuelta a la rutina y los horarios, el olor a tierra mojada que se cuela al abrir las ventanas, los frutos y frutas que nos regala este tiempo...

A mí el otoño me trae ganas de todo. Mis energías se renuevan, se me ocurren mil y una cosas que hacer, me apetece hacer planes más que en ninguna otra época del año... y si fuera posible elegiría vivir en un eterno otoño para el resto de mi existencia.

Me gusta que las tardes sean más cortitas y esa luz que entra por mi ventana que da un aire que no puedo explicar a mis fotos para el blog.

En otoño tengo muchas ideas para cocinar y muchos productos de la huerta esperando que haga algo con ellos. Como muestra estas manzanas y este bundt.

Bundt cake marmolado de manzana y chocolate en CrockPot. Bizcocho, olla de cocción lenta, desayuno, merienda, postre, horno, otoño, sencillo, fácil, jugoso, tierno, esponjoso. Cuca

Alguno dirá que las manzanas no son un producto de esta o aquella estación. Que hay tantas variedades que las encontramos en cualquier época del año en la frutería, pero para mí las manzanas son de otoño. Especialmente estas que son de nuestro campo y que están ahora en su mejor momento.

En mi memoria el final del mes de septiembre huele a manzana. En mi pueblo coincide con la feria y muchas veces iban mis padres con mi abuelo a recoger manzanas aprovechando las tardes que no había colegio por la feria (en aquella época en la que íbamos al colegio también por la tarde y no terminamos con trauma alguno) o el día de fiesta local.

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Yo solía quedarme con mi abuela en su casa que casi siempre por aquel entonces andaba enzarzada en alguna labor de costura de cara a la nueva estación y pasábamos la mayor parte del tiempo en el dormitorio donde tenía la máquina de coser con la ventana abierta de par en par y la persiana enrollada en todo lo alto para que se colara toda la luz posible.

Muchos años se colaban además aires de tormenta, aunque la mayor parte de las veces no era más que la amenaza que terminaba descargando en otros lares.

Esas tardes las pasaba buscando retales con los que hacer algún vestido a mi muñeca y contándole a mi abuela todo lo que iba a hacer al día siguiente cuando mis padres nos llevaran a la feria a mi hermano y a mí.

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A los pocos días la casa de mis abuelos empezaba a oler a manzana por todos los rincones. En uno de los dormitorios extendían cartones en el suelo y mi abuelo colocaba las manzanas recogidas encima. Casi nunca se podría ninguna. Recuerdo que con el paso de las semanas su piel se iba arrugando y la carne terminaba volviéndose arenosa, pero no se podrían. A mí aquello me fascinaba muchísimo en su momento y me sigue llamando poderosamente la atención ahora.

Hace muchos años que mis abuelos se marcharon (más mi abuelo que mi abuela) pero aún siento el olor de aquellas manzanas extendidas en el suelo como si estuviera abriendo ahora mismo la puerta de uno de aquellos cuartos.

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Es por ello que me ha parecido perfecto inaugurar la temporada de recetas de otoño con este bizcocho de manzana, que aunque se puede hacer en cualquier época del año, os aseguro que ahora sabe mejor que nunca.

El otoño pasado publiqué la receta de otro bundt de manzana acompañado de vino dulce y canela. En mi búsqueda incansable de un nuevo ingrediente que maridara bien con la manzana se abrió paso en mi mente el chocolate.

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¿Funcionaría?

Sí, lo sé, el chocolate le va bien a todo. Hasta ahí todos de acuerdo. Pero ¿querrían mis manzanas ser amigas del chocolate? Igual estaba ante unas manzanas muy snobs que no querían que nadie les hiciera sombra ¿no?

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Ante la duda se me ocurríó que igual era más sencillo si el chocolate dejaba su espacio a las manzanas y estas cedían sólo parte de su protagonismo. Decidido. Se van a complementar. El chocolate no va a eclipsarlas sino a realzarlas. Y nada más bonito en un bizcocho que un marmolado con chocolate ¿verdad que llevo razón?

Et ¡voilà! El resultado este bundt marmolado que no sé si huele o sabe mejor.

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Además lo he preparado en mi olla lenta, pero no hay problema en hacerlo en el horno adaptando los tiempos de cocción.

Entiendo que aquel que no dispone de una de estas ollas no comprende que nos pueda parecer práctico necesitar dos horas para hornear un bizcocho (por no hablar de necesitar cuatro o seis horas para platos de carne o verduras) Entre nosotros, yo tampoco lo entendía hasta que me hice con una.

Bundt cake marmolado de manzana y chocolate en CrockPot. Bizcocho, olla de cocción lenta, desayuno, merienda, postre, horno, otoño, sencillo, fácil, jugoso, tierno, esponjoso. Cuca

Pero os aseguro que en cuanto a textura y sabor (sobre todo en los platos salados) merece mucho la pena y cuando de elaboraciones dulces se trata a veces es muy de agradecer no tener que estar pendientes del horno en un breve periodo de tiempo (sobre todo si tienes dos niñas enredando en casa como me ocurre a mí)

Yo no sé si la textura del bizcocho es mejor o peor al hacerlos en olla lenta. Para tener una opinión objetiva debería de hacer el mismo bizcocho a la vez en la CrockPot y en el horno y comparar, pero aún no he llegado a eso.

Bundt cake marmolado de manzana y chocolate en CrockPot. Bizcocho, olla de cocción lenta, desayuno, merienda, postre, horno, otoño, sencillo, fácil, jugoso, tierno, esponjoso. Cuca

Lo que sí sé es que quedan muy ricos y esponjosos y que es una buena alternativa en verano porque aunque genera calor no es tanto como el calor del horno, por no hablar de que es un buen comodín para prepararlos si tienes el horno a pleno rendimiento con otras recetas.

Pero como os he dicho, si no tenéis olla de cocción lenta metéis el molde en el horno y lo hacéis de manera tradicional que os va a quedar igualmente rico.

La textura de este bundt es muy suave y esponjosa. Las manzanas le aportan una jugosidad deliciosa a la masa y la combinación manzana y chocolate ha resultado ser todo un acierto.

Bundt cake marmolado de manzana y chocolate en CrockPot. Bizcocho, olla de cocción lenta, desayuno, merienda, postre, horno, otoño, sencillo, fácil, jugoso, tierno, esponjoso. Cuca

A partir de ahora cuando piense en manzanas no pensaré precisamente en el caramelo como su "compañero ideal" puesto que el chocolate, al menos para mi gusto, le hace una digna competencia.

Además podéis utilizar el molde que tengáis en casa. Lo único es que tendréis que adaptar los tiempos de cocción pero el sabor y la textura seguirán siendo una maravilla.

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Ahora que el frío está llegando y los mercados se llenan de manzanas que nos atraen con su delicioso aroma espero que os animéis con esta receta tan sencilla y rica que alegrará vuestras mañanas o el café de media tarde.

Os invito a un trocito mientras os cuento cómo preparar esta receta. Vais a comprobar que es sumamente fácil ¡no hay excusas para no ponerse a ello!  

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Ingredientes:

* 4 manzanas
* 3 huevos
* 100 ml AOVE
* 150 ml leche
* 110 gramos de azúcar
* 250 gramos de harina
* 1 sobre de levadura química (15 gramos)
* 30 gramos de cacao en polvo sin azúcar añadido


Elaboración:

1. Programamos nuestra olla de cocción lenta en ALTA y la vamos calentando mientras hacemos la masa o al menos durante 30 minutos.

2. En un bol amplio ponemos el aceite, la leche, los huevos y el azúcar.

3. Pelamos y partimos en trozos las manzanas y los añadimos al bol.

4. Con ayuda de la batidora trituramos todo hasta obtener una mezcla líquida y sin grumos.

5. Tamizamos la levadura y la harina y mezclamos bien hasta integrar.

6. En otro bol ponemos aproximadamente la mitad de la masa, o algo menos y añadimos el cacao en polvo. Batimos hasta que esté integrado.

7. Con ayuda de dos cucharas de helado vamos vertiendo de manera aleatoria ambas mezclas en el molde que vayamos a utilizar hasta terminar con ambas. Si queréis podéis mezclar al final con ayuda de una brocheta de madera para ayudar a crear un bonito efecto en la masa.

8. Introducimos el molde en la olla que ha calentado previamente al menos 30 minutos y programamos 2 horas en ALTA.

Tapamos la olla con un paño limpio y a continuación ponemos la tapadera de cristal.

9. Cuando haya pasado hora y media podemos comprobar el estado de cocción pinchando con una brocheta, en mi caso necesitó las dos horas.

Una vez horneado, destapamos y retiramos el paño y dejamos templar unos minutos dentro de la olla no sólo porque nos podemos quemar con el vapor que se ha acumulado debajo del molde sino porque es demasiado frágil y podemos partirlo al tirar del molde (sobre todo si es de silicona)

10. Lo colocamos sobre una rejilla y lo dejamos enfriar antes de desmoldar. Que no os pueda la prisa como a mí, que es frágil en caliente y se puede quedar algún trocito en el molde.

11. Una vez desmoldado lo envolvemos en film transparente y lo guardamos en la nevera para que repose y no pierda su jugosidad.

 https://sites.google.com/s/1JyEsuqMyeOLgpyl-1aoXfofEN7KtmCVB/p/1eCqNcgOOWmzcqeSVXgc_5dEWOvVKA367/edit

Si no tenéis olla de cocción lenta podéis hornear a 180º C y controlar el tiempo de cocción a partir de los cuarenta minutos dependiendo además del tipo de molde que utilicéis.

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Como os había comentado es una receta tremendamente fácil de hacer y bastante rápida. No se ensucian demasiados cacharros y en pocos minutos tenemos nuestra masa en el horno y nosotros a otra cosa.

Es ideal además para dar salida a las piezas de fruta que a veces se van quedando olvidadas en la cocina o como es mi caso para dar una vida deliciosa y digna a los kilos y kilos de manzanas que en el otoño llegan a mi casa procedentes del campo de mi padre.

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Por no hablar de que es una manera estupenda de camuflar la fruta (nadie sospecharía de un bizcocho con chocolate ¿verdad?) para que pequeños (y algunos mayores) la tomen sin protestar. Desde luego no es la forma más adecuada, pero menos es nada ¿no?

Como este bundt ha sido una salida para aprovechar la fruta antes de que se ponga mala va directo al reto 1+/-100, desperdicio 0 de mi amiga Marisa (menuda racha de participación llevo desde el mes de septiembre) y aprovecho para recordaros que no se tira nada. Que con un poco de imaginación y un mucho de ganas siempre hay una salida digna y deliciosa para los alimentos que están rodando por la nevera o el frutero, y para aquellos restos de alguna comida preparada que no sabemos muy bien qué hacer con ellos.

Si necesitáis inspiración pasad por su blog y echad un ojo a todas las ideas que hay compartidas.


Los resfriados de mis niñas de la semana pasada pasaron con más pena que gloria. Lara estuvo yendo al colegio todos los días y Elena se quedó en casa con mis padres más que nada para dejar que se recuperase bien antes de volverla a exponer de nuevo a los virus que se comparten en la guardería.

Por suerte no hemos tenido fiebre y lo más han sido los mocos, tan molestos, que acababan provocando que vomitaran para echarlos. La peque estuvo unos días peor para comer, especialmente la leche que era tomársela y vomitarla, pero ya todo ha vuelto a su cauce y ella a la guardería así que estamos esperando una nueva recaida ¡que ha de venir!Lara se puso tantas veces malita el primer año de guardería que no creo que con Elena sea ni peor ni distinto, así que preparados para lo que entre por la puerta.

Yo toco madera y agradezco no haber caído a pesar de que haberlos tenido malos a los tres (niñas y padre, que a veces es peor que ellas)

Gracias a todos por interesaros por ellas y por vuestros mensajes de cariño.

Sigo visitando vuestras cocinas e intentando ponerme al día. Gracias por seguir pasando por mi rinconcito y nos leemos la semana próxima. Mientras tanto ¡sed felices!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 19 de septiembre de 2019

Mousse vegana de calabaza y chocolate.

Última semana de verano.

El próximo lunes daremos la bienvenida al otoño y este año, sorprendentemente, parece que el tiempo que nos acompaña al otro lado de la ventana está siendo acorde con la estación que el calendario está marcando.

Esto no quiere decir que dentro de unas semanas no vuelva a visitarnos el calor para volvernos más locos aún. No sé vosotros pero a mí esto me ha pillado de sorpresa y estoy con los armarios revolucionados. De la noche a la mañana me veo buscando un zapato cerrado y desterrando las sandalias porque como decía la canción yo con los pies helados ni pienso bien ni vivo bien ni estoy de buen humor.

Por no hablar de la locura de los armarios de las niñas. Eso es una jungla, no un cambio de armario. 

A Lara no le vale nada de lo que tenía en primavera. De hecho es que ni la mitad de la ropa de verano le estaba bien a principios de Septiembre (zapatos incluídos)

Como madre previsora que soy suelo comprar en las rebajas alguna cosita de entretiempo de cara a tener algo en el armario que me salve si una mañana el frío llama a la ventana para no tener que sacar a la niña a la calle con las piernas al aire o en tirantes.

Mi "problema" ha venido con las tallas. Durante la primavera Lara cogió mucho peso y todos los pantalones le estaban pequeños. En pocas semanas me vi obligada a comprarle varias veces pantalones porque la niña iba ensanchando por días, así que de cara al inicio de curso compré pantalones haciendo una estimación al ritmo de crecimiento de la niña.

A lo largo del verano se ha mantenido más o menos, pero en las dos últimas semanas ha dado un estirón tremendo y se ha afinado una barbaridad. Es que los pantalones que en primavera no le iban ahora no sólo le van bien sino que le están sueltos. Así que tengo a la niña con ropa que parece prestada.

Por no hablar de los zapatos, que precisamente para curarme en salud siempre tengo en la reserva un zapato de un número más para cuando se presente el cambio y ahí está con unas bailarinas (que con este frío se le quedan los pies helados) y unas zapatillas (que si por ella fuera no se las quitaba ya que son rosas y con purpurina)

Lo de Elena es incluso peor. Que mis hijas hayan nacido casi en la misma época es una ventaja, de eso no cabe duda. Es todo un ahorro porque puedo utilizar, por el momento, toda la ropa que tenía guardada de Lara. 

La locura viene cuando se acerca una nueva temporada y hay que abrir cajas. Habitualmente toda la ropa de la misma talla está junta. Pero siempre hay excepciones. Me consta que no soy la única madre que ha dejado sin guardar cosas "por si le valen en otoño" "por si el verano que viene aún le va este vestido que este verano le estaba aún sueltecito..." y cuando llega el momento te das cuenta de que no le sube, no le abrocha o le falta una cuarta y lo colocas en otra caja.

Antes de incoroporarme al trabajo me di la paliza de abrir todas las cajas que tenía de Lara (más que suficiente para abrir una tienda, os lo aseguro) y creo que lo dejé todo colocado por talla. Como el verano no daba muestras de querer marcharse no estaba yo muy por la labor de sacar la ropa de otoño invierno.

Que no es solo sacar la ropa, es sacarla, separarla por colores, lavarla, tenderla, plancharla y colocarla. Que nadie se piense que guardé la ropa sucia. Al contrario. Lavada y planchada. Pero mi madre se empeña que después de tres años es mejor lavarla (por mucho que la caja al abrirla te atufe a suavizante)

Pues una tarde de estas no sé qué luz se me encendió que me dio por sacar la ropa de Elena, separar por colores y empecé a lavar. La semana pasada el cambio de tiempo me pilló con la mitad de la ropa aún por lavar y la que estaba lavada estaba sin planchar.

Así que tuve que meter el turbo porque para más inquina lo que ya estaba lavado no combinaba entre sí, ya fuera por la talla o el color. Peor imposible. 

Y aprovechando que mañana es fiesta local donde vivimos iremos a Granada a comprarle a la niña grande trapitos y zapatos para que destroce en el patio del colegio. 

De mi cambio de armario no hablo. Con decir que ha terminado el verano y aún no he sacado las sandalias que tenía de años anteriores os lo digo todo.

Para despedir el verano traigo un postre fresquito pero con aires de otoño. Muy a juego con el tiempo que nos acompaña desde la pasada semana.

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En el mercado podemos encotrar calabazas casi todo el año, pero es sobre todo a finales de verano y a lo largo del otoño cuando disponemos de más variedades de temporada que nos regalan formas y colores variados que encierran un delicioso interior para disfrutar en recetas dulces y saladas.

He de reconocer que en salado le saco poco partido y no voy más allá de los purés y cremas, pero en dulce...¡ay en dulce! ¡se lo pondría a todo! Muffins, galletas, bizcochos, tartas, gofres ¡incluso un panettone! En el blog tengo un amplio repertorio de recetas con calabaza ¡a cuál más rica! pero todas tienen un denominador común ¡todas pasan por el horno!

Sin embargo no tenía ninguna receta en la que la calabaza se consumiera "en frío"

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Es una de esas cuestiones existenciales en las que no caes hasta que das con la receta apropiada, y en este caso ha venido, como no podía ser de otra manera, de la mano de mi amiga Olga. Ella le ha dado un giro a su alimentación y su estilo de vida y comparte de un tiempo a esta parte recetas más saludables (o fit, término tan de moda últimamente) que nos ayudan a tomar conciencia de la importancia de una alimentación sana y basada en productos reales y nos enseña a poner un punto dulce en nuestras vidas sin azúcares o harinas refinadas y otros productos no demasiado aconsejables en nuestro día a día.

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Lo mío con su receta de hoy fue amor a primera vista. Aunque la publicó durante mi baja le eché el ojo y la guardé a buen recaudo porque tenía que hacerla sí o sí.

Creo que os lo he comentado ya, pero durante la baja de maternidad de Elena de vez en cuanto echaba un vistazo y estaba al tanto de lo que íbais publicando, lo que contábais...no comentaba, porque desde el móvil es complicado, pero más o menos podía seguiros a todos y guardar todas aquellas recetas que me gustaban.

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Además este postre me venía de perlas porque en una reorganización de la cocina me encontré con una bandeja de dátiles que se habían quedado olvidados desde Navidad. Nos gusta preparar dátiles con bacon y suelo comprar una bandeja que nos da para nochebuena y nochevieja (es que nosotros somos poquitos en casa) pero esta vez sobraron (bastantes) y se quedó en el olvido.

Cuando los encontré estaban duros como piedras (y además eran con hueso así que no sabía bien si se podrían salvar para algo), pero al ver que Olga aconsejaba ponerlos en remojo seguí su consejo y los dejé hasta que estuvieron lo suficientemente blanditos como para sacarles el hueso.

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Así que no sólo traigo una receta saludable sino que además traigo una receta de aprovechamiento porque de otra manera esos dátiles hubieran ido a la basura.

Como los puse todos en remojo los utilicé todos para hacer la mousse, pero en realidad no es necesario poner tanta cantidad como os indico aunque ya os adelanto que queda ¡de escándalo!

Yo me dije ¡de perdidos al río! y todos los dátiles en remojo a ver si se podían salvar.

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La textura es genial. Aquí entra en juego tener un buen procesador de alimentos. Una batidora o un robot potente hace mucho por esta crema. Y si utilizas ingredientes de calidad (ten en cuenta que hablamos literalmente de cuatro ingredientes) el éxito (más bien exitazo) está más que asegurado.

Ahora viene la pregunta el millón ¿y sabe a calabaza? Pues yo diría que no. Sabe a chocolate.

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A mí la calabaza me gusta, pero como os he comentado nunca la he comido sin que haya vuelto a pasar por el horno (es que ni en esta receta está la calabaza cruda porque es necesario usarla asada, cocida o al vapor. Yo la prefiero asada porque adquiere un punto de sabor buenísimo) y tenía mis dudas de si sabría más o menos a calabaza el postre.

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Es posible que se adivine cierto matiz, pero entre los dátiles y el chocolate os aseguro que queda más que camuflada para aquellos que tienen una relación poco amistosa con frutas y verduras.

La textura queda aireada del estilo de una mousse "clásica", pero es bastante más contundente, por lo que llena bastante.

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El resultado final dependerá de la potencia de nuestro cacharro y del tiempo que le demos. Mi fallo fue que al poner más dátiles el vaso de mi procesador (Nutribullet) estaba más lleno de lo recomendable, por lo que a pesar de la mucha potencia que tiene, quedaron algunos grumitos y aunque tuve mis dudas al principio lo cierto es que me encantó.

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Si vosotros trituráis mejor os quedará una textura del tipo Nocilla o similares que incluso podéis usar para untar en tostadas o hasta de relleno de tartas o bizcochos.

Para mí sola, a cucharadas, está más que divina, pero todo es cuestión de gustos.

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Ahora que las calabazas están empezando a llenar los mercados espero que os animéis con esta mousse tan fácil de preparar y tan rica.

¡Ah! y que nadie se llame a engaños, que sea una receta saludable no quiere decir que sea una receta baja en calorías. Aunque de sabor está que se sale y os he guardado un bol para compartirlo mientras os cuento la receta.

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Ingredientes:

* 400 gramos de calabaza asada (pesada una vez asada y sin piel)
* 300 gramos de dátiles (en la receta original se ponen sólo 200 gramos)
* 60 gramos de cacao en polvo sin azúcares añadidos
* 7 gramos de edulcorante líquido

Elaboración:

1. Ponemos los dátiles en remojo en agua caliente durante unos 15 minutos o más hasta que estén blanditos. Escurrimos el agua, les quitamos el hueso y reservamos.

2. En la jarra de la batidora (o el vaso de nuestro procesador de alimentos) ponemos la calabaza asada (os recomiendo que le escurráis bien el agua que pueda tener), los dátiles, el cacao en polvo y el edulcorante líquido y batitmos hasta obtener una pasta.

3. Vertemos en los boles en los que vayamos a presentar, nivelamos con ayuda de una espátula de silicona o una cuchara, tapamos para evitar que la superficie se reseque y metemos en el frigorífico.

 https://sites.google.com/s/1oN7PP0qLvr-J2CIvbueDkA8K2a8ZeGLD/p/1gkVL9mcXH-Po6Ui0kKkayMuj6S6yjFz8/edit

La receta más simple no puede ser. Como siempre suelo tener unas bolsitas de calabaza asada en el congelador esta mousse está lista lo que la calabaza tarda en estar descongelada.

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Da muy poco trabajo, se ensucian muy pocos cacharros en la cocina y queda la mar de resultona.

El sabor y la textura se mantienen perfectos pasados unos días así que si lo queremos como postre para una reunión familiar o de amigos nos permite prepararla con algunos días de antelación.

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Además admite variantes añadiendo especias. Como estamos a las puertas del otoño no te cortes y ponle canela, cúrcuma, cardamomo...o aquello que te pida el cuerpo. Así podemos ir variando el sabor manteniendo el mismo postre base.

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Sea como sea haz tuya la receta y no te olvides de etiquetarme en redes sociales si la haces para que vea el resultado.

Como en esta receta he aprovechado los dátiles que sobraron de navidad y que estaban duros como piedras va directa al reto 1+/-100, desperdicio 0 de mi amiga Marisa

 

 Las crónicas de mis niñas llegan esta semana plagadas de toses, mocos y vómitos. Comenzamos la bacanal de resfriados que nos acompañará a lo largo del curso escolar. Calculo que a Elena le pasará como a Lara en su primer año de guardería. Estará mala una semana y la otra pillará un nuevo virus y así hasta el verano.

Lo sé, es necesario pasar por esto para que vaya generando defensas y el largo etcétera que se dice en estas situaciones. En el peor de los casos son dos años malos y a partir de ahí aunque se ponga malita no perderá tantos días de clase.

Los síntomas aparecieron en Lara el domingo. Elena pasó todo el día bien pero cuando llegó la noche se dormía y despertaba al minuto, comenzaba a llorar de sueño y en cuando cerraba los ojos lloraba durmiendo porque algo le pasaba... Una noche horrorosa que me pasé de habitación en habitación de las peques.

El lunes visita a la pediatra que desde principios de verano no nos veía. De hecho yo creía que Elena estaba mejor que Lara y fue al contrario. Lara ha seguido yendo al colegio y Elena está con la abuela en casa para controlar si tiene fiebre y demás.

Dado que puedo contar con la ayuda inestimable de mis padres está mejor allí que en la guardería porque puedo saber cómo está en el momento en el que me acuerde de preguntar.

Es curioso cómo los acontecimientos se repiten. Lara también se resfrió por primera vez justo en esta semana y no pudimos ir a la feria. Elena mucho me temo que se la va a perder también.

Porque yo respeto mucho los padres que dicen que son los niños los que se tienen que adaptar al ritmo de la familia, pero en mi casa las cosas son al contrario y nosotros adaptamos nuestras vidas en la medida de lo posible al ritmo de nuestras hijas.

Y sí, con las niñas resfriadas podemos ir a la feria este fin de semana. Pero ¿qué necesidad tengo de exponerlas al sol, a las corrientes de aire y los cambios de temperatura? al final acaban poniéndose peor. Hasta ahora he vivido muchas ferias, por perderme una no me pasará nada (amén del dinerito que nos ahorramos)

La semana próxima os contaré cómo siguen las princesas.

Aprovecho para pedir disculpas porque debo muchas visitas a vuestras cocinas pero con la vuelta al cole y el cambio de armario voy un poco pillada de tiempo. Espero ponerme al día en breve.

Nos leemos la semana que viene ¡sed felices!

 Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 12 de septiembre de 2019

Muffins de higos y crema de galletas Lotus

Te guste o no estamos en plena "Vuelta al cole"

La real. Esa de aulas abiertas y niños llorando en las puertas de los colegios. Y no la vuelta a clase que nos quieren vender desde hace unos años los comercios invitándonos a que reservemos en julio los libros de texto y los uniformes para el nuevo curso cuando en muchas casas las mochilas cargadas con los libros del curso que acaba de terminar están aún tiradas detrás de la puerta.

¡Qué mania con adelantarlo todo! En un pispás tendremos los anuncios navideños y los turrones en el supermercado. Y puestos a transigir trago mejor los turrones en octubre que la vuelta al cole en julio. Cuando escucho eso de "la navidad dura tan poco que intentamos alargar su magia lo máximo posible" puedo "aceptar barco" pero el curso escolar es demasiado largo como para intentar estirarlo un poco más.

Y ahora sí que sí soy una madre de pleno derecho que sufre la "vuelta al cole" en sus propias carnes. Y me voy a quejar de todo lo divino y lo humano. Bien es cierto que Lara ya ha pasado tres cursos en la guardería, los dos últimos con libros de actividades (y no precisamente baratos por cierto) pero no es hasta ahora que entro en el juego de delegados de clase, listas de material escolar, excursiones, grupos de WhatsApp (que por lo visto ahora el Telegram es la última moda para evitar la avalancha de OK's, gracias, emoticonos y mensajes del tipo "qué era lo que dijisteis hace cinco días que lo leí pero borré el chat y no me acuerdo...")

Te lo estás viendo venir. Y no te equivocas. Vuelvo a venir guerrera.

Yo creía que el mundo escolar no era ajeno a mí. Partiendo de la base de que tengo dos carreras universitarias es más que evidente que he pasado buena parte de mi vida en un aula. Sin embargo las cosas han cambiado mucho o al menos esa es mi impresión.

Bien es cierto que mis primeros años (aquella famosa EGB) los cursé en un colegio concertado y además de llevar uniforme el tema del material escolar (excepto los libros de texto y las mochilas) corría a cargo del colegio. Se pagaba una cuota anual y en el centro te proporcionaban lo que necesitabas a lo largo del curso.

No sé cómo se hacía en los colegios públicos entonces, pero de lo que estoy segura es de que no se hacía como se hace ahora.

Ahora te dan una lista de material que has de aportar en las primeras semanas de curso y además se pone un dinero por niño para hacer frente a gastos comunes (tipo toallitas, cartulinas para algún proyecto y fruslerías similares). Vaya por delante que esto del dinero me parece la mar de cómodo. Para los padres y para el centro.

¿Cuántas veces no han pedido en el colegio que llevemos una cartulina o un pliego de papel charol o de seda para tal o cual manualidad y llegado el día en cuestión hay algún niño que no lo lleva? ¿Qué hace el profesor en este caso? ¿Deja al niño sin hacer la actividad? ¿no la hacen el resto porque un niño no ha llevado el material? Lo dicho, genial que los delegados de clase se hagan cargo de este tipo de compras.

Lo que me parece de locura son algunas listas de material escolar. Por si alguien se despista estoy hablando de listas de material escolar para educación infantil. A saber 3, 4 y 5 años.

A Lara le han pedido una cosa muy normalita. Pegamento, un lápiz, una goma, una pastilla de plastilina, una carpeta para sus trabajos, un paquete de folios, un par de pinceles y tres libros. Genial. No han pedido colores ni pinturas porque de lo que han ido aportando cursos anteriores han ido quedando kilos y kilos en el centro que se pueden seguir utilizando perfectamente este y muchos cursos más.

Y me parece una base maravillosa para aprender que las cosas tienen una vida útil muy larga.

Donde veo el problema es en otros centros. He visto una lista de material que da miedo. Ocho cajas de ceras Plastidecor ¿Hola? ¿he leído bien? ¡ocho cajas! ¿pero qué hacen los niños en ese colegio con las ceras? ¿se las comen? porque en mi casa Lara tiene un estuche lleno de lápices y ceras de colores de cuando yo era pequeña y os aseguro que mis hijas serán grandes y probablemente no los hayan gastado.

Una caja de lápices (de los de escribir) y una caja de gomas (de las de Milán de toda la vida) Partiendo de la base de que con tres años no saben escribir y van a hacer cuatro trazos que alguien me cuente cómo van a gastar una caja entera de lápices ni qué van a borrar con una caja entera de gomas.

Cinco sacapuntas. Ya sé, será para hacer serrín los lápices y las ceras porque si no tampoco me lo explico.

Y así un largo despropósito.

Un momento. Igual es que no es para el primer curso, igual es que es el material que van a necesitar todo el ciclo (tres cursos) Pues no, que al año siguiente otra lista igual de disparatada.

Y los padres tragan y la AMPA no se lleva las manos a la cabeza. Y por si fuera poco en ese centro ponen 20 euros de fondo para más material ¡cada curso! lo que multiplicado por 25 alumnos de la clase da la friolera de 500 eurazos por año y 1.500 por ciclo. Que digo yo que da para muchas cartulinas, papel de seda y toneladas de toallitas húmedas.

En nuestro centro se han puesto 5 euros (también son 25 niños) y la tutora nos dijo que con ese dinero ha tenido clases que han echado todo el ciclo ¡ciclo! que son tres años como ya he dicho.

La persona que me ha enseñado esas listas de material escolar terminó el ciclo de infantil el curso pasado y ha alucinado con mi lista. Lo que no me explico es cómo no ha alucinado con las suyas porque no me parece ni medio normal.

Además a finales de junio le devolvieron el material del que no ha hecho uso su hijo y aunque iba cargado de material escolar ni mucho menos es tanto como cabía esperar tras la ingente aportación.

En el centro lo justifican diciendo que los niños son pequeños y pierden las cosas. A ver que yo me entere. Si cada niño tiene una caja de ceras, están coloreando y cuando terminan a Pepito le falta la cera verde no hay más remedio que la cera verde esté en el suelo del aula, se mira, se busca y vuelve a tener todas sus ceras.

Si cuando a un niño le falta una cera, o una goma o un lápiz la solución de la profesora es darle una caja nueva (o una goma o un lápiz) el niño jamás aprenderá a ser responsable ni a cuidar de su material.

Y por si alguien se lo está preguntando hablamos de dos centros públicos y en el mismo pueblo.

Así que visto lo visto, además de jornadas de puertas abiertas los centros se deberían plantear publicar sus listas de material escolar antes de solicitar plaza en uno u otro colegio dado que la cuesta de septiembre no es igual de empinada en función del centro al que vayan los peques de la casa.

Para que la vuelta a las aulas sea menos dura (o al menos un poco más dulce) y dado que el otoño parece que se otea en el horizonte os traigo unos muffins que están para quitarse el sombrero.

Muffins de higos y crema de galletas Lotus Desayuno, merienda, postre, magdalenas, otoño, brevas, horno, sencillo, fácil, rico, jugosos, esponjosos, tiernos, cuca

Y está feo que lo diga porque los he hecho yo.

Pero es la pura verdad.

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Este año las higueras de mi padre están a pleno rendimiento. Y aunque los higos me encantan (y a mi madre también) es imposible comérselos todos antes de que se pongan malos y/o traiga más.

Es lo que tiene esta fruta. Que la estás viendo madurar en el árbol, te mueres de ganas de que uno, sólo uno se madure, porque tienes muchas ganas de comer higos, y de repente ¡zas! todos maduros a la vez ¡y no es que aguanten precisamente!

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Y cuando mi padre se pone nervioso y empieza a decir "he traído un cubo lleno de higos y en la cochera hay otro que traje hace dos días a ver qué vais a hacer con ellos" a mí se me enciende la vena repostera.

El cuerpo me pedía muffins (ya os adelanto que tengo en la "reserva" recetas de muffins para aburrir) y mi mente me recordaba que tenía un par de botes de crema Lotus en el armario. ¿Qué podía salir mal?

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En todo caso el que no arriesga no gana y aunque tenía ciertas dudas porque ambos ingredientes son bastante dulces el resultado ha sido espectacular.

No sólo en cuanto a sabor. La textura es impresionante. Húmeda, tierna jugosa... y os puedo garantizar que aguantan exactamente igual del primer al último día (que ha sido casi una semana porque estoy limitando muchísimo el consumo de dulce a ver si de una vez por todas recupero el peso pre embarazos)

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La semana pasada os comentaba lo malísima que es Lara para comer. Nunca quiere probar nada nuevo. Cuando vio estos muffins le llamaron la atención por el papel rojo. Pidió uno. Yo loca de contenta aunque no las tenía todas conmigo porque no es la primera vez que pide algo y después de tenerlo veinte minutos entre las manos lo deja sin probar siquiera y dice que no quiere o que no le gusta.

Se comió medio. Lo que es todo un logro para mí.

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Mi señor esposo que pululaba por ahí se comió el otro medio. A regañadientes. Porque según él no le apetecía comer nada. Menos mal. Se comió dos más sin miramiento alguno.

Suerte que no le apetecían muffins en aquel preciso momento.

Como el tiempo invita, aunque sea a ratos, a encender el horno he decidido publicar cuanto antes esta receta por si sois además de los afortunados que disfrutáis de higos de cosecha propia o ajena para que tengáis una idea deliciosa para darles salida.


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Ya os digo yo que si cuando te levantas te espera una de estas maravillas para desayunar el madrugón es menos duro (y habla una madre que hay noches que se las pasa más en vela que durmiendo)

Y además comemos fruta. Que hay a quien le cuesta.

Como no a todo el mundo le gusta encontrar las semillas del higo en las masas he optado por triturarlos y son prácticamente imperceptibles aunque dejan una textura muy interesante en estos muffins. Es más, si a vosotros no os molesta en lugar de triturar podéis chafarlos con un tenedor.

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Siempre os digo que no me gustan las cosas muy empalagosas y tenía mis dudas. Le añadí un poquito de azúcar moreno a la masa y creo que he encontrado un equilibrio bastante bueno. Aquí entra en juego muchísimo no solo el gusto de cada uno si no el grado de madurez de la fruta y el dulzor de la misma.

Yo utilicé unos higos maduros pero (entre nosotros) un poco insípidos. De hecho la idea era dar salida a esos que no estaban demasido buenos para comerlos solos y dejar los que más me gustan (que son los de las fotos) para zampármelos alegremente.

Han pasado a mejor vida por la puerta grande. Os lo aseguro.

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Con recetas como esta siempre pienso que es una pena que no se pueda percibir el olor a través de la pantalla e incluso tocar, porque os cautivaría la textura. Y de catar ni hablamos que nos perdemos

Mientras escribo la entrada no hago más que pensar en ellos y creo que son un firme candidato a ser repetidos esta misma semana antes de que los higos se acaben. Y os aseguro que son muy pocas veces las que repito receta.

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Vosotros sabéis tan bien como yo cómo es la vida de un bloguero, siempre a la caza de una receta nueva, siempre buscando algo nuevo que ofrecer en nuestras cocinas... así que os podéis hacer una idea de lo que nos han gustado.

Sin lugar a dudas han entrado pisando fuerte y se cuelan en mi top 3 ¡y mira que he heho recetas de muffins!

Espero que os animéis porque además se tarda muy poquito en tenerlos listos ¿Quién quiere uno?

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Ingredientes:

* 350 gramos de higos (peso de la fruta limpia, sin piel)
* 200 gramos de crema de galletas Lotus
* 2 huevos
* 60 gramos de azúcar moreno
* 1 sobre (15 gramos) de levadura química (impulsor)
* 100 ml de aceite de girasol
* 220 gramos de harina
* 10 galletas Lotus

Elaboración:

1. Pelamos los higos y los ponemos en la jarra de nuestra batidora o en el procesador de alimentos que usemos habitualmente. Añadimos los huevos y batimos hasta obtener una crema. 

2. Añadimos la crema Lotus y el azúcar y volvemos a batir hasta integrar.

3. Vertemos en un bol amplio y añadimos la levadura y la harina y mezclamos lo justo para que no queden grumos.

4. Por último troceamos las galletas Lotus y con ayuda de una espátula procuramos que queden bien repartidas en la masa.

5. Ponemos las cápsulas de papel en nuestra bandeja para hornear muffins y con ayuda de una cuchara para helados vamos repartiendo la masa.

6. Introducimos en el horno precalentado a 200º C y horneamos durante 25 minutos o hasta que al pinchar en el centro con un palillo de madera este salga limpio.

7. Dejamos con la puerta del horno entreabierta cinco minutos y a continuación los sacamos, retiramos de la bandeja para muffins y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

 https://sites.google.com/s/1oN7PP0qLvr-J2CIvbueDkA8K2a8ZeGLD/p/1gkVL9mcXH-Po6Ui0kKkayMuj6S6yjFz8/edit

Una vez completamente fríos los ponemos en un tupper que cierre bien y los guardamos en el frigorífico. Estarán tiernos y esponjosos hasta el último día.

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La receta se puede adaptar. Si no queréis ensuciar el vaso de la batidora chafais los higos con un tenedor y el resto de ingredientes se incorporan batiendo a mano con unas varillas sin problema alguno.

En todo caso si la crema está dura podéis calentarla en el microondas unos segundos para ablandarla.

Y si no tenéis higos, porque sé que no en todos los lados hay, y en algunos sitios si se encuentran en fruterías es a precio de oro, se puede sustituir por otra fruta de vuestro gusto.

Si tenéis la crema Lotus crunchy no hace falta que añadais las galletas troceadas ¡pero en este caso no la paseis por la batidora! Y si no tenéis galletas no pasa nada tampoco por no añadirlas a la masa.

Espero que os animéis ¡estos muffins no os van a defraudar! Y si lo hacéis quiero que me contéis que os ha parecido y me etiquetéis en redes sociales.

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Como en esta receta he aprovechado unos higos que ni estaban muy buenos ni tenían mucho aguante va directa al reto de mi amiga Marisa 1+/-100, desperdicio 0 que tanto me gusta y en el que no me canso de invitaros a participar.

 

Al principio de la entrada os comentaba que Lara había comenzado el colegio el martes.

A pesar de haber elegido un buen colegio, donde sólo hay educación infantil y por tanto están más que pendientes de los niños, que siguen siendo tremendamente pequeños a pesar de que ellos dicen que van al "colegio de mayores", y tener la intuición de que todo va a ir bien, es inevitable plantearte miles de dudas cuando se acerca el momento.

Lo mismo me pasó la semana pasada con Elena a pesar de la experiencia previa con Lara que hasta el 31 de julio estuvo en esa guardería. La niña ni se ha enterado. Los primeros días, que sólo ha ido dos horas (periodo de adaptación que tan de moda está) se los ha pasado durmiendo. Esta semana, que ya come allí pues sigue tan ricamente.

Es tan pequeña que ni tiene noción del tiempo, ni echa de menos a nadie, ni me reconoce a mí siquiera (tengo esa sensación)

Debo reconocer que lo de Lara ha sido toda una sorpresa. Llegó, se encontró con su amiga del alma (aquella con la que se pasaba el día asomada a la ventana cuando comenzaron a ponerse en pie en la guardería) se dieron la mano, entraron en el patio del colegio cuando abrieron la puerta como si no hubiera un mañana, las colocamos en fila y cuando hubo que entrar en el colegio no miraron ni hacia atrás para decirnos adiós.

Ahí nos quedamos la otra madre y yo con cara de acelga pensando que nuestras hijas pasaban de nuestro trasero ja ja ja

Y así ha seguido la tónica el resto de mañanas.

Lo de traca fue el primer día a la salida. Cuando me la da la seño, se suelta de la mano y sale corriendo mientras dice que se va a quedar jugando en el patio un ratillo que no los habían dejado salir y que ella tenía ganas de estar allí más rato. No podía arrastrarla fuera.

Así que lo de plantearse lo que nos iba a costar el cambio ha sido pérdida de tiempo y ganas de preocuparse alegremente (cosa inherente al gen de madre)

En fin, la semana que viene más. Mientras tanto sed felices

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 5 de septiembre de 2019

Tarta de queso, chocolate blonde y galletas Oreo sin horno (en Monsieur cuisine plus)

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.


Ángel González


Septiembre ha llegado a nuestro calendario y a medida que las hojas de sus días vayan cayendo llegará un momento en el que de repente seamos conscientes de que las horas de luz se han acortado sin que nos hayamos dado cuenta de ello a lo largo de los días de calor, vacaciones y descanso (o todo lo contrario)

Me gusta este tiempo de amaneceres un poco más tardíos que nos regala el ruído de las persianas que se bajan de madrugada al despertar con sensación de frío. Adoro salir de casa y descubrir cielos vestidos con nubes dispersas que acabarán yéndose cuando aparezca un sol cada vez más perezoso en salir. Me gusta que me reciba el aroma de pan recién hecho camino de la oficina y la sensación de bienestar al pasar por la panadería y sentirme abrazada por el calorcito del horno que se escapa por la puerta.

Para los que me seguís hace tiempo no es ningún secreto lo mucho que me gusta el otoño. Sus días cálidos y sus noches fresquitas, las primeras lluvias, el cambio de color de los árboles, la caída de las hojas y todas las frutas y frutos que nos brinda.

Me gusta la tranquilidad y la rutina que este mes trae aparejados. La vuelta a los horarios, las obligaciones y el orden. Soy rara, lo sé, pero me tranquiliza tener mis rutinas y sobre ellas orden y control. Tengo la sensación de que cuando tengo mucho tiempo libre no lo aprovecho. Me voy dispersando en otras cosas, llego al final del día agotada (con dos peques no es para menos) y encima de mal humor al ver que no he hecho nada de lo que tenía pensado (ni tampoco he hecho muchas cosas que no hubiera planeado)

Ya tenía ganas de volver al blog. Este verano no ha sido como otros que he cerrado mi cocina virtual y real en lo que a postres se refiere. No es que haya hecho muchas cosas pero sí que he estado haciendo algunos deberes de cara a la vuelta (y animada (por no decir obligada) por la cosecha que desde el huerto de mi padre iba llegando)

Me picaba el gusanillo de seguir compartiendo recetas, del reencuentro con todos vosotros, de enterarme qué habéis hecho estas semanas (o meses) durante los que hemos echado la persiana a nuestras cocinas (mi vena cotilla es muy grande), me muero de ganas de disfrutar de las recetas que van a venir y hasta de seguir creándome nuevas necesidades que justifiquen que sea miembro de honor del Club CVCQ

Me encanta la sensación de volver a lo cotidiano y de los reencuentros y aunque a veces las obligaciones y tareas del día a día pueda parecer que me rebasan regresar al blog es un bálsamo para mí. En muchas ocasiones leo comentarios en los que me decís que no sabéis cómo puedo con la casa, las niñas, el trabajo, el blog... y la realidad es que no es sencillo barajarlo todo, que sin la ayuda de mis padres con las niñas sería imposible, que he tenido que renunciar a millones de cosas (desde hacer deporte,  leer cada día, darme una ducha sin que entre nadie en el baño o chille, seguir alguna serie... hasta llegar a no sentarme ni para comer) que hay días que con suerte sólo estoy en pie de guerra 18 horas y así de lunes a domingo.

En esta vorágine de mutación a madre de dos niñas he dejado en suspenso muchas cosas de mi vida pero lucho por seguir con el blog porque es la única parcela de mi vida que por el momento es sólo mía y me ancla a mi vida anterior regalándome momentos que son sólo para mí (y también para mi familia porque somos todos los que disfrutamos de las recetas en casa) y que me aportan muchísimas cosas buenas que me hacen seguir cuerda en mi devenir diario.

Para la vuelta he elegido una receta que no es lo que tenía que haber sido. Pero estaba tan rica que al final le hice un cambio de imagen y un hueco en mi recetario.

Tarta de queso, chocolate blonde y galletas Oreo sin horno (en Monsieur cuisine plus) Postre sencillo, sin horno, fácil, rápido, tradicional, cheesecake, cuca, sin horno, de verano, receta

El verano es una época extraña. Llega para romper nuestras rutinas, nos regala (en general) más tiempo libre y sin embargo nos arranca las ganas de hacer cosas mientras nos escudamos en la excusa de que con este calor cuesta trabajo hasta respirar.

En esas andaba yo pensando en preparar un postre fresquito a la par que quería dar salida a algunas cosillas que iban danto tumbos de una balda a otra de los armarios de mi cocina desde hace tiempo (amén de estrenar un molde muy bonito que me he agenciado pero cuyo estreno salió un poco rana)

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Mi idea era hacer una tarta de queso sin horno con una tableta de chocolate blonde (que compré hace tiempo y nunca preparaba nada con ella). Como tenía unas galletas Oreo trituradas que habían sobrado de otra receta pensé que en lugar de ponerle base añadía las migas a la masa de la tarta por darle un toque diferente.

La idea era buenísima y en mi mente funcionaba perfectamente. Pero cometí dos errores garrafales. A saber:

El primero de todos es que al poner las migas de las galletas Oreo en el vaso de la Monsieur Cuisine para mezclar y calentar los ingredientes estas se deshicieron por completo integrándose con la mezcla y dándole un color oscuro que no era el que yo había pensado para esta tarta.

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El segundo es haber usado un sobre de preparado para flan lo que confirma que debo tener tendencias masoquistas en lo que a postres se refiere porque siempre que he intentado cuajar algo con uno de estos dichosos sobres me sale mal.

Y uno puede pensar "igual es que esta mujer no sabe leer unas míseras instrucciones..."

Que puede ser.

Sin embargo con la gelatina o los sobres de cuajada no tengo problema, pero con estos...uf! marronazo tras otro salvo alguna excepción (que ahora mismo no recuerdo, la verdad)

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Lo cierto es que la crema parecía cuajada, pero cuando llegó el momento del desmoldado no era lo suficientemente firme como para salir del molde y mantener la forma con dignidad.

El mosqueo se me pasó cuando probé la tarta (en realidad fue un lametazo a un churretazo que tenía en las manos y que había llegado a parar ahí mientras intentaba desmoldar) y se hizo la luz en mi cabeza. Así que la pasé a boles (que no queda lisa la superficie porque la alisé con el dorso de una cuchara para que estuvieran medianamente presentables y disimular el fallo) y me la llevé a la mesa.

En cuanto mi señor esposo dijo que estaba buenísimo y me dijo que apuntara bien la receta para repetirla y Lara se animó a probarla y se zampó un bol (que casi lloro de la emoción porque nunca jamás de los jamases y bajo ningún concepto pide voluntariamente probar nada nuevo) supe que merecía un hueco aquí.

Porque no séra lo que yo había pensado, pero como postre debo decir que está de escándalo.

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Y sí, no es lo más ligero ni saludable que debería brindar a la vuelta de una época de excesos. Que nadie habla de la operación post biquini, pero que también existe, aunque algunos la quieran maquillar e intentar colarla cuatro meses más tarde como la operación post polvorón cuando la cosa se ha agravado claramente. Pero he pensado que algo dulce y sencillo para arrancar está la mar de bien, y si encima doy salida a cositas que estaban empadronadas en los armarios de mi cocina mejor que mejor.

La combinación de chocolate blonde (menuda tentación, probé sólo un cachito de la tableta y me la hubiera comido entera... ¡ese sabor acaramelado es irresistible para mí!) y galletas Oreo es brutal. Y dado que todos los postres que llevan queso me vuelven loca este ha sido uno de los mejores que he hecho este verano en casa.

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Si os animáis a prepararla tal cual, al verterla directamente en boles o vasitos os quedará cuajada de manera uniforme y con una bonita superficie. Si preferís que quede cuajada con firmeza suficiente para desmoldar y cortar porciones será necesario poner un sobre más de flan o mejor aún cuajar con gelatina, agar-agar o preparado de cuajada ¡con lo que mejor os manejéis para evitar contratiempos como este!

Y como las buenas costumbres es bonito mantenerlas aquí os dejo un bol para compartir mientras os cuento la receta. Aunque la he hecho en Monsieur Cuisine se puede hacer en Themomix y también de manera tradicional sin problema ¡que nadie se quede sin probarla por no tener robot de cocina!

Tarta de queso, chocolate blonde y galletas Oreo sin horno (en Monsieur cuisine plus) Postre sencillo, sin horno, fácil, rápido, tradicional, cheesecake, cuca, sin horno, de verano

Ingredientes:

* 300 gramos de queso de untar
* 200 mililitros de leche
* 120 gramos de chocolate blonde
* 80 gramos de azúcar
* 20 gramos de caramelo líquido
* 65 gramos de galletas Oreo
* Un sobre de preparado para flan

Elaboración:

1. Ponemos las galletas Oreo enteras en el vaso y el chocolate en trozos y trituramos a golpes de turbo hasta que estén pulverizados.

2. Añadimos el queso, la leche, el azúcar, el caramelo líquido y el sobre de preparado para flan, colocamos la pala mezcladora (mariposa) y programamos 12 minutos, velocidad 3, 95 grados

3. Una vez termine retiramos la pala y vertemos en los boles en los que queramos servir. Dejamos enfriar sobre la encimera, tapamos y guardamos en el frigorífico.

Elaboración de manera tradicional:

1. Pulverizamos las galletas y reservamos.

2. En una cazuela ponemos todos los ingredientes menos 100 ml de leche y el sobre de preparado para flan y llevamos a fuego medio-bajo removiendo con frecuencia.

3. Disolvemos el contenido del sobre en la leche y cuando la masa de la cazuela esté a punto de romper a hervir retiramos del fuego, añadimos la leche con el sobre disuelto, removemos bien y volvemos a  poner al fuego removiendo  hasta que esté de nuevo a punto de hervir.

A partir de aqui igual que con Monsieur Cuisine.

 https://sites.google.com/s/1oN7PP0qLvr-J2CIvbueDkA8K2a8ZeGLD/p/1gkVL9mcXH-Po6Ui0kKkayMuj6S6yjFz8/edit

Tapamos muy bien antes de meter en el frigorífico para que no se reseque.

Como todas las tartas de queso está mejor de un día para otro y cuantos más días pasen más rica es.

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La dificultad es nula y como siempre podéis adaptarla a los ingredientes que tengáis en casa.

Si os animáis a prepararla no os olvidéis de compartirla en redes sociales y etiquetarme para que pueda verla.

Para que sea una vuelta redonda esta receta de reciclaje de ese resto de galletas Oreo picadas que tenía en casa va para el reto 1+/-100 desperdicio 0 de mi amiga Marisa del que os he hablado en miles de ocasiones y en el que os animo a participar para que ningún resto de los que tenemos a casa vayan a la basura sino que le demos una salida digna y deliciosa.

 

El otro día le comentaba a mi amigo Rodrigo que mis días de vacaciones habían pasado entre eternos y muy rápidos. Con dos niñas en casa las cosas son más difíciles porque puedes planear lo que te dé la gana que ellas marcan sus ritmos y tienen sus propios planes.

Así me veía mañanas que no hacía nada porque estaban demandando atención continuamente y otras que las cosas cundían muchísimo y me "sobraba" tiempo que por lo general acababa dedicado a ellas.

Elena cumplió siete meses el jueves pasado. Desde que me cogí las vacaciones ha empezado a tomar purés de verduras y poco a poco le he ido introduciendo pollo, pavo y ternera. También el gluten y por el momento genial porque no ha mostrado intolerancias ni reacciones a nada.

Por supuesto ha llegado el momento de la fruta. Costó al principio, fue llevadero unos días y al final ha cerrado la boquita y ha dicho que ese puré tan raro para ti que dices que está tan rico mientras le acercas una cuchara cargada una y otra vez. En realidad menos cargada en cada vano intento porque vamos perdiendo carga a base de manotazos y giros varios de cabeza.

Como la niña ha salido muy lista cierra la boca, aprieta los labios y no la abre hasta que no ve que el bol ha desaparecido por completo. Algunos días intentaba llorar y al abrir la boca ¡cucharada! Mi idea no era forzarla a comer ¡ni mucho menos! sino que al menos probara la fruta a ver si le gustaba y quería seguir comiendo. Como se dio cuenta de lo que pasaba lloraba a partir de ahí lloraba con la boca cerrada.

He pasado al plan B. Se acabó el puré de frutas y con un chupete de esos para comenzar a alimentarse le meto unos trocitos que mordisquea y chupa con las encías y yo tranquila porque con los trocitos, por muy chicos que sean, cuando se los va a tragar vomita ¡creo que va a ser de vómito fácil como su hermana!

Lo que más le gusta es el melón, pero a la pera y la sandía ya os digo yo que no les hace ascos tampoco.

Lara sigue siendo un desastre para comer. Avanzamos porque ya no tiene que ser todo triturado, pero son muy pocas las cosas que quiere comer.

No le gusta el arroz ni la pasta. Echa la vida para comerse cualquier cosa, se mete la comida en la boca y ahí sigue diez minutos después, la fruta le cuesta lo más grande... pero yo mantengo la esperanza. Según los días con más o menos dignidad, pero lo intento.

Lo he probado todo: ayudarla yo, dejarla a ella, que coma viendo dibujos, que coma con la televisión apagada, que coma antes que nosotros, que coma a la misma vez...y nada funciona.

Es frustrante porque en casa no se oye "esto no me gusta" "qué asco hoy lentejas otra vez"... Hay una relación sana con la comida, ve mucha fruta y verdura a diario, me ve comerlas todos los días.

Sé que esto se corregirá (o no) con el tiempo. Que yo el brócoli no lo probé hasta los 30 años y no me ha pasado nada. Ante la disyuntiva de si los malos comedores nacen o se hacen mi experiencia personal es que nacen. Al menos algunos. Lara entró con poco más de seis meses en la guardería donde les ofrecen muchos alimentos cocinados de maneras distintas. Si hubiera estado conmigo en casa me habría echado todas las culpas de por vida por mucho que hubiera hecho. Con todas y con esas en el fondo me siento culpable de que esto nos esté costando tantísimo porque siempre me pregunto si no podría haber hecho algo más.

Al final me he alargado más de lo que quería para ser el primer día. La semana que viene os hablaré de la vuelta al cole de Lara y Elena, que en realidad no es vuelta para ninguna porque Elena ha comenzado en la guardería y Lara comenzará en el colegio ¡Tengo la sensación de que las madres lo sufrimos más que ellos!

Espero que todos hayáis tenido un bonito verano. Poco a poco me voy poniendo al día. Gracias por volver a mi cocina una vez más.

Manos a la masa y ¡bon appétit!