jueves, 30 de abril de 2015

Cupcakes de frutos del bosque

Las hojas del calendario van pasando y aunque a veces no somos conscientes de lo rápido que pasan mañana ya es 1 de Mayo y la mayoría de los trabajadores lo festejamos no trabajando ¡y además este año tenemos fin de semana largo! ¡oh qué felicidad! 

¿Y qué anuncia el 1 de Mayo? Muchas cosas, como el inicio de las fiestas de los patios de Córdoba o las fiestas de las Cruces que se celebran en Granada y en muchos otros pueblos andaluces, pero hoy no voy por ahí (mi época de pasar esas fiestas en la calle de día y de noche ya han pasado) sino que tengo la mira puesta en el primer domingo de mayo, o lo que es lo mismo el Día de la Madre.
Ya sabéis que no soy en absoluto de fiestas comerciales y quitando las manualidades tan horrorosas pero tan cargadas de cariño que todos hemos hecho en el colegio mi madre nunca ha recibido un regalo en esta fecha aunque siempre nos hemos acordado de felicitarla y de darle un achuchón y un beso (y mi padre igual)
Pero que no caigamos en la trampa consumista no quiere decir que no podamos tener un bonito detalle con nuestra madre y endulzarle ese día con un postre o una merienda especial ¿verdad? 

También soy consciente de que mucha gente lo pasa mal con este día porque su madre ya no está aquí, pero eso no quiere decir que no se pueda celebrar algo en su honor y recordar las grandes mujeres que hemos perdido y que gracias a ellas hemos llegado a ser lo que somos.
Todo esto es para contaros que mi entrada está preparada para aportar una humilde idea para celebrar ese día, y como a casi todas las madres le gustan las flores (me gustan hasta a mí que soy alérgica al polen) mi propuesta son estos cupcakes de frutos del bosque cuyo frosting recuerda a una rosa.
Ya sabéis que la empresa Kelmy me hizo llegar muy amablemente una selección de sus productos para repostería y aún tenía en casa un bote de frosting de frambuesa que además de estar muy rico tiene un color precioso ¿no os parece? así que lo rescaté del fondo del armario para crear estos cupcakes tan vistosos y cuyo sabor tiene la acidez de los frutos del bosque matizado por la dulzura del frosting que es más dulce de lo que yo esperaba para este sabor aunque no llega a empalagar.
La receta de la masa es mía, así que si os animáis a prepararlos espero que os gusten.

Ingredientes:

* 150 gramos de harina
* 100 gramos de mantequilla (yo la puse light)
* 125 gramos de azúcar
* Un yogur de frutos del bosque (125 gramos) (si tiene trozos de fruta mejor)
* 2 huevos
* Una cucharadita de esencia de vainilla
* Dos cucharaditas de levadura química en polvo
* Frosting de frambuesa de Kelmy

Elaboración:

1. Templamos la mantequilla en el microondas y la dejamos blandita, pero sin llegar a derretirla.

2. En un bol ponemos la mantequilla y los dos tipos de azúcar y batimos. No hace falta la batidora eléctrica ya que con unas varillas manuales será más que suficiente.

3. Añadimos los huevos de uno en uno y no añadimos el próximo hasta que el anterior esté perfectamente integrado.

4. A continuación ponemos el yogur y volvemos a batir.

5. Por último añadimos la harina y la levadura y mezclamos bien hasta obtener una masa homogénea.

6. Disponemos las cápsulas en una bandeja para muffins y cupcakes y con la ayuda de una cuchara para helado repartimos la masa en las cápsulas.

7. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos veinte minutos o hasta que los cupcakes estén listos.

8. Los dejamos reposar cinco minutos en el horno y pasamos a una rejilla hasta que se enfríen completamente.

9. Una vez fríos (a mí me gusta esperar algunas horas al menos) pasamos a decorar con el frosting. Podéis hacerlo con la manga o con espátula que es como lo he hecho yo.

Mi consejo es que los guardéis en el frigorífico hasta que los vayáis a comer para que el frosting esté firme porque a mí no me gusta blanducho y si sobran, como siempre, y más ahora que empieza a hacer calor, se conservan en un recipiente, muy bien tapados y en el frigorífico.

Con estas cantidades me dio para diez cupcakes, os lo cuento porque siempre viene bien saber para cuánto da una masa ¿verdad?
Sólo me queda desearos un feliz y dulce fin de semana, que esta vez es más largo, y hagáis lo que hagáis espero que lo disfrutéis y lo paséis muy bien. Si os toca trabajar ¡mucho ánimo! Nos vemos el lunes

Manos a la masa y ¡bon appétit!
 

lunes, 27 de abril de 2015

Muffins de fresa

Con todo el dolor de mi corazón esta sea probablemente la receta que pone fin a la temporada de fresas por este año en mi blog. ¡No sabéis la pena que me da! Me gusta mucho usarlas en repostería, pero tampoco puedo abusar porque los postres con fruta tardan poco en ponerse malos y no es cuestión ni de invadir el frigorífico con pastelitos de fresas ni de darnos cada día un atracón de dulces para que yo repostee todo lo que me apetece.
Así que mi lista de recetas con fresas sigue creciendo de un año para otro y antes casi de que las fresas desaparezcan de las fruterías yo ya estoy deseando que vuelvan.

Los muffins que os traigo llevaban bastante tiempo entre mis pendientes y cuando el otro día estaba repasando las recetas con fresas supe que mi búsqueda había acabado y que tenía que prepararlos sí o sí. Además he visto que muchos estáis ya en plena operación bikini y que estos muffins sean light (al menos Alma Obregón, de cuyo blog saqué esta receta, asegura que son lights) les hicieron ganar más puntos aún, aunque no necesitaba demasiadas razones para ponerme con ellos.
He hecho algunas modificaciones en la receta y el resultado han sido unos muffins espectaculares, muy húmedos y jugosos, cargaditos de trozos de fresa... ¡una maravilla! y es que cada vez me gusta más preparar muffins ¡adoro estos dulces bocaditos! 

Además creo que como capricho dulce están muy bien, porque te comes uno y acabas con la necesidad de algo dulce y la ración es pequeñita. La teoría es perfecta ¿verdad? aunque luego la práctica ¡es algo diferente! porque sólo uno no es suficiente y es misión imposible resistirse a la tentación de coger un par de ellos. Mi truco es coger uno, guardar los demás y después comérmelo, porque si me lo como mientras el resto están delante ¡cae otro fijo! 
Pasemos a la receta que es lo interesante y dejemos los remordimientos de conciencia aparcados en un cajón ¿no os parece?

Ingredientes:

* 275 gramos de fresas limpias (el peso es sin las hojas)
* 80 gramos de azúcar moreno
* 160 gramos de harina para repostería
* Un huevo
* Una cucharadita y media de levadura química
* Media cucharadita de bicarbonato sódico
* Un pellizco de sal
* Una cucharadita de canela
* 250 ml de leche semidesnatada (o de la que tengáis en casa)
* 60 ml de aceite de girasol
* Una cucharadita de zumo de limón
* Una cucharadita de extracto de vainilla

Elaboración:

1. Una vez tengamos las fresas sin hojas, lavadas y secas las partimos en trocitos y reservamos.

2. Echamos el zumo de limón en la leche y dejamos reposar unos cinco minutos.

3. Pasados los cinco minutos ponemos en un bol la leche, el huevo, el aceite y la vainilla y mezclamos.

4. En otro bol ponemos la harina, el azúcar, la canela, la levadura, el bicarbonato y la sal y tamizamos sobre el bol de los ingredientes líquidos.

5. Con ayuda de una espátula o una cuchara de madera mezclamos, sin batir, los ingredientes con el mínimo de movimientos para evitar que entre aire en la mezcla.

6. A las fresas que teníamos reservadas les añadimos una o dos cucharaditas de harina y mezclamos bien. Con esto conseguimos que no se vayan al fondo de la masa y queden esparcidas.

7. Añadimos a nuestra mezcla y con ayuda de una espátula las integramos.

8. Ponemos las cápsulas de papel en nuestra bandeja para muffins y con la ayuda de una cuchara de helado distribuimos la masa en las cápsulas.

9. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 25 minutos o hasta que nuestros muffins estén cuajados.

10. Dejamos reposar unos cinco minutos y ponemos sobre una rejilla hasta que estén completamente fríos.

Con estas cantidades salen unos doce aunque depende del tamaño del molde que uséis.
Ahora sólo queda disfrutar de ellos en el desayuno, la merienda, la cena o el postre y aunque os lo digo siempre no me importa repetirlo y recordaros que hay que guardarlos en un recipiente cerrado en el frigorífico ya que los dulces con fruta necesitan conservarse en frío para que no se pongan malos de un día para otro, y además os aconsejo consumirlos en tres o cuatro días a lo sumo, para evitar que los trozos de fresas se estropeen y nos encontremos con una sorpresa poco agradable.
Estoy empezando a estar más por aquí, aunque aún me queda una montaña regular de trabajo que tengo que acabar antes de finales de mes, es por eso que no siempre me véis por vuestros blogs y cocinas, aunque hago todo lo que puedo por ponerme al día.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

miércoles, 22 de abril de 2015

Mousse de yogur y limón

Otro mes más se ha pasado y llega el día 22 y con él la cita con el Reto Color y Sabor de Temporada. Para este primaveral mes de abril Pilar nos ha propuesto como fruta el limón y yo encantada porque es una elección tan versátil y que te permite hacer tantos postres que había mucho donde elegir
He optado por preparar una mousse sin gelatina ni claras de huevo que llevaba un tiempo esperando en mis pendientes y que me ha parecido muy apropiada ya para estos meses en los que cada vez nos apetecerá menos encender el horno.
  
Además se prepara en cuestión de minutos y siguiendo un par de pautas básicas y muy sencillas el éxito estará asegurado. Es tan fácil de preparar que casi da vergüenza llamar a esto receta, pero no hay duda de que es un postre apto incluso para los que jamás han pisado la cocina.
¿Os animáis con él?
Ingredientes:

Con estas cantidades me han salido cuatro vasos 

* 3 yogures griegos sin azúcar
* 200 gramos de queso de untar (puede ser light)
* El zumo y la ralladura de un limón de tamaño mediano (o dos pequeños)
* 5 cucharadas soperas de azúcar glas

Elaboración:

1. En un bol ponemos todos los ingredientes (que deben estar bien fríos) y batimos con la varilla eléctrica hasta que esté bien montado.

2. Vertemos en los vasos o boles en los que vayamos a servir

3. Tapamos y metemos en el frigorífico varias horas para que se queden bien cuajados


Un par de aclaraciones de las que dependerá el éxito de la receta:

Para que la mousse monte bien es imprescindible que el queso y los yogures estén bien fríos, así que ya sabéis, en cuanto los saquéis del frigorífico preparáis la receta, nada de que se queden esperando una hora en la encimera de la cocina.

También es fundamental meter la mousse una vez montada en el frigorífico y a poder ser en la parte más baja, darle su tiempo para que cuaje y cuando los saquemos que sea para servir y consumir. Digo por experiencia que la mousse no quiere calor ni interrupciones en su enfriado, y no es un buen postre para llevar a ningún lugar, sino para consumir en casa, porque apenas lo saquéis tendréis una crema, con un delicioso sabor a limón, pero una crema.
En cuanto a la cantidad de azúcar es indicativa. Yo prefiero que la mousse sepa más a limón y que tenga un toque ácido en lugar de dulce, pero es cuestión de que probéis y pongáis a vuestro gusto. También podéis usar yogures con azúcar y en ese caso necesitaréis menos azúcar (o no) e incluso ponerle más o menos limón según queráis o no potenciar su sabor.

No os agobieis si por una u otra razón no queda con textura de mousse, decís que es una crema de limón y quedáis tan ricamente ¡que no falten recursos! Lo importante es disfrutar en la cocina
Como cada mes os invito a conocer el resto de propuestas de mis compañeras de reto y os animo a participar el próximo mes ¡estoy deseando conocer la fruta que nos propone Pilar para el mes de mayo! ¡Nos vemos dentro de nada!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 20 de abril de 2015

Cabello de ángel


Mientras escribo esta entrada no hago más que pensar en las vueltas que da la vida.

Si hace seis o siete años alguien me dice que iba a comer cabello de ángel me hubiese reído, pero si alguien me dice que yo misma iba a hacer cabello de ángel creo que directamente me hubiese dado un ataque de risa porque me hubiera parecido la más disparatada de las ideas.
Y es que a mí el cabello de ángel hasta hace un par de años ni fú ni fa. No era de las personas que no pueden con él, pero prefería no comerlo, aunque realmente no recuerdo que me pareciera especialmente desagradable por el sabor o la textura. Por más vueltas que le doy creo que era más una cabezonería que arrastraba desde pequeña (igual escuché alguna vez a alguien decir que no podía con el cabello y yo decidí que tampoco) que una realidad.

Y aunque ahora mismo el cabello no es algo que me apasione sí que me gusta y ya no digo "no gracias, que tiene cabello de ángel y no me gusta". Y el culpable es mi marido, que él si que es un apasionado de este relleno, y desde hace años me pedía cordobesas, hojaldres, tartas... con cabello de ángel y poquito a poco, probando uno y catando otro pues me fui aficionando yo también, aunque de manera más moderada.

Pero de no gustarme el cabello a ponerme a prepararlo en mi casa hay todo un abismo ¿verdad?  y os estaréis preguntando cómo se da ese salto. La respues es sencilla: por antojo, por capricho, por envidia... llamadlo como queráis pero en cuestión de pocos días ví a Elisa de Que no te falte un perejil y a Raquel de Mi diversión en la cocina publicar sus recetas de cabello de ángel casero y me dije ¡yo también!
Y es que, casualidades de la vida, a principios del último otoño un vecino le regaló a mis padres una cidra. Él siembra todos los años porque su mujer y su hija preparan cabello de ángel casero desde siempre y como el hombre se enteró de que me gusta hacer dulces les dio la calabaza a mis padres para mí.

Mi cara fue todo un poema cuando me lo dijeron porque yo nunca había hecho cabello y la pobre calabaza se quedó en la cochera de casa de mis padres a la espera. Y menos mal que visitar otros blogs anima a cocinar porque es posible que si no veo la receta no me hubiese acordado más de la cidra, que además estaba en perfecto estado a pesar de llevar allí varios meses, y he vuelto a constatar que lo casero no tiene comparación con lo industrial y en contra de lo que pueda parecer hacer cabello es de lo más sencillo del mundo, casi como preparar una mermelada, así que no hay excusas para ponerse con ello.

De lo que no estoy segura es de si ahora se pueden encontrar cidras en las fruterías, porque su temporada es a finales de verano y principios de otoño, pero por preguntar no se pierde nada ¿verdad?
¿Vamos con la receta?

Ingredientes:

* Una cidra (una calabaza especial para elaborar cabello de ángel)
* Dos limones pequeños
* Una rama de canela
* Azúcar blanco (el mismo peso que la cidra una vez cocida. Lo explico mejor en la elaboración)

Elaboración:

1. Partimos la cidra. Para ello la metemos en una bolsa limpia, la atamos, y la estrellamos varias veces contra el suelo hasta que se haga pedazos.

Confesaré que cuando leí este paso pensé que por qué no se cortaba con un cuchillo, que era una manera más civilizada de partir la calabaza, y yo me puse con el cuchillo, y no me llevo una mano por delante (porque además más que un cuchillo aquello parecía una katana) por pura suerte, porque la cáscara es tan dura que de partir con el cuchillo y acabar con ambas manos os olvidáis.

2. Ponemos los trozos de la cidra en una cacerola con agua con la piel hacia la parte de fuera  la pulpa hacia dentro y llevamos al fuego hasta que la pulpa esté cocida.

3. Escurrimos el agua y con ayuda de una cuchara desprendemos la pulpa de la cáscara. Dejamos en un escurridor enfriando para que suelte el máximo de agua posible.

4. Cuando esté tibia al menos (porque si no os vais a dejar las huellas dactilares como mínimo) quitamos las pipas de las hebras de la pulpa ¡paciencia! que son muchas pero merece la pena el esfuerzo y el tiempo.

5. Una vez cocida y limpia la pulpa la pesamos.

6. En una cacerola ponemos la pulpa, el zumo de los limones, la rama de canela y el azúcar. De azúcar vamos a necesitar el mismo peso que tenga nuestra cidra una vez cocida y limpia.

7. Ponemos a fuego medio y removemos con frecuencia hasta que reduzca el agua que soltará, espese y adquiera su característico tono dorado.

8. Para conservar el cabello de ángel lo podemos poner en botes y cocer al baño maría. También en un bote bien cerrado y en el frigorífico aguanta de tres a cuatro semanas perfectamente.

Ahora sólo nos queda dejar volar la imaginación y buscar recetas para utilizarlo si es que no caéis en la tentación de acabar con él a cucharada limpia como pretendía uno que yo me sé.
A los que no os gusta el cabello de ángel no os preocupéis, que el miércoles es día de reto y vuelvo a estar por aquí con una receta nueva que espero sí os guste.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 16 de abril de 2015

Crumble de fresas

Seguimos en plena temporada de fresas ¿verdad que están preciosos los puestos de los mercados y las estanterías de las fruterías cargados de esta fruta? 

A mí lo que más pena me da es el poquito tiempo que podemos disfrutar de ellas porque siempre tengo mil recetas pendientes por preparar y no puedo hacer más que un puñadito en toda la temporada porque los postres con fruta no se pueden conservar mucho y porque podía repostear y hornear sin parar pero a ver quién se come todo sin morir en el intento.

Poco a poco me voy conformando y voy haciendo aquellas recetas que más me apetecen como este crumble que es perfecto para aprovechar aquellas fresas más maduras y es que en todas las casas siempre hay alguien que le pone reparos a comerse la fruta que se está empezando a poner pocha ¿verdad? Y las fresas son tan delicadas que por mucho mimo que les tengas en pocos días empiezan a ponerse menos bonitas.
Esta receta es apta para cualquiera, porque es tan sencilla que por muy poca maña que se tenga en la cocina es seguro que va a salir perfecta y además requiere cuatro ingredientes de los que siempre tenemos en casa y se prepara en poquísimo rato, así que no hay excusa para no ponerse con ella.
Además sólo con echar un vistazo al borde del crumble que las fresas han teñido de rojo durante el horneado y que se ha caramelizado se le hace la boca agua a cualquier persona a la que le guste esta fruta.
No os lo penséis más, buscad esas fresas maduras que tenéis en el frigorífico o salid corriendo a la frutería o el mercado y no os quedéis con las ganas de probar esta delicia.

Vamos con la receta ¡que es sencillísima!

Ingredientes:
* 200 gramos de fresas maduras
* 80 gramos de harina
* 50 gramos de mantequilla
* 50 gramos de azúcar moreno
* 2 cucharadas de azúcar blanco
* Canela molina.

Elaboración:

1. Lavamos y secamos bien las fresas y las cortamos en láminas

2. Las ponemos en un bol y le añadimos dos cucharadas de azúcar blanco y un poquito de canela. Movemos bien y dejamos macerar

3. Para preparar el crumble ponemos la mantequilla (que debe estar a temperatura ambiente), la harina y el azúcar moreno en un bol y amasamos con las manos hasta que la textura sea como la de la arena mojada y la apariencia sea la de unas migas.

4. En un molde apto para horno ponemos las fresas y las cubrimos con el crumble procurando que no quede ningún hueco sin cubrir por la superficie.

5. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 30 minutos o hasta que el crumble esté dorado.

No os preocupéis porque los bordes del crumble empiecen a teñirse de rojo, pasará en cuando la fresa comience a hacerse una mermelada y os aseguro que esos bordes son lo mejor del crumble.
Esta maravilla la podemos tomar fría o templada ¡de cualquier manera está buenísima!  Estas cantidades son para un molde pequeño, el mío tiene unos 15 centímetros y un par de ellos de profundo ¡un postre ideal para dos o para uno solo y darse un atracón de los buenos! Pero se puede hacer para grandes cantidades de fruta, sólo hace falta incrementar los ingredientes para que el crumble pueda cubrir toda la superficie. Aquí podéis ver las cantidades para una fuente de horno grande.
 
Me gustaría pediros disculpas porque desde principios de mes estoy bastante ausente de mi blog y de vuestras cocinas por las que no puedo pasar tan a menudo como me gustaría, pero estoy agobiadísima de trabajo y hasta que no pasen unos días no podré retomar mis "buenas costumbres" ya que a duras penas tengo tiempo de preparar las entradas, así que quiero agradeceros que sigáis pasando por aquí y desearos, como siempre, feliz y dulce fin de semana.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 13 de abril de 2015

Bread and butter pudding

¡Día del reto Reposteras por Europa!

Sí, lo sé, hoy no es día diez que es cuando publicamos, pero en abril nos hemos tomado un pequeño respiro para pasar las vacaciones de semana santa como mejor nos apeteciera y que no nos pillase en plena búsqueda y elaboración del perfecto postre inglés. 

Nuestra anfitriona Noemi del blog Todo Cooking ha elegido el Reino Unido como destino y yo tenía clarísimo lo que quería preparar pero aún así me puse a investigar ¡y cambié de receta!

Hasta principios del siglo pasado el Reino Unido era todo un referente gastronómico y actualmente cuando nos hablan de comida inglesa inmediatamente nos viene la idea de platos de mala calidad, poco elaborados... como si los ingleses no disfrutasen comiendo sino que pensaran en alimentarse como un trámite más tal como dormir o ducharse.

¿Qué originó ese cambio? Dos guerras mundiales, gran escasez de productos básicos y un racionamiento feroz que hizo que tuvieran que agudizar el ingenio para seguir comiendo y después de este periodo la cocina del Reino Unido nunca volvió a ser lo que fue.

Sin embargo grandes postres han salido de los fogones ingleses como los scones, la tarta de zanahoria, la tarta colibrí, el banoffee pie, el mince pie... Seguro que son postres que a todos os suenan y que probablemente en muchos casos desconocíamos su origen ¿verdad? y sin lugar a dudas son recetas con las que lucirse y quedar como reinas.

Como os comentaba tenía muy claro qué iba a preparar cuando el destino fuese el Reino Unido pero me puse a mirar postres típicos, a leer un poco sobre la historia de la gastronomía inglesa, a llevarme recetas para hacer aún más eterna mi lista de recetas pendientes y decidí hacer un homenaje a la historia gastronómica inglesa eligiendo una receta sencilla de esas que con cuatro ingredientes tienes un postre delicioso y que se prepara en un momento y que no por ello deja de ser una maravilla.

Por eso elegí este pudding de pan y mantequilla que son dos ingredientes básicos y de lo más común en cualquier hogar, como el resto de ingredientes que lleva (leche y huevos) lo que permite poder preparar esta receta en cualquier momento y sin necesidad de pasar por el supermercado previamente (salvo que tengamos la nevera pelada, claro)
Salta a la vista que es una receta sencilla y modesta, pero a mí me ha gustado mucho y me parece perfecta para un desayuno especial o una merienda. El sabor me ha recordado mucho a nuestras torrijas, aunque sin lugar a dudas las torrijas me gustan bastante más ¡que no se diga!, pero tienen muchos ingredientes en común y al final encuentras el parecido.

¿Pasamos a la receta?
 
Ingredientes:

* Pan de molde. El número de rebanadas dependerá de lo grande que sea vuestra fuente. Yo he usado 7.
* Mantequilla para untar el pan.
* Un puñado de pasas (las mías son tamaño XL como podéis comprobar en las fotos ¡una maravilla!)
* 400 ml de leche semidesnatada (o la que toméis en casa)
* 2 huevos
* 40 gramos de azúcar blanca 
* Canela en polvo
* Azúcar moreno
* Nuez moscada

Elaboración:

1. Engrasamos nuestra fuente de horno con mantequilla

2. Untamos las rebanadas de pan de molde con mantequilla sólo por una cara y las cortamos en triángulos.

3. Colocamos las rebanadas de pan con la cara untada de mantequilla hacia arriba en la fuente y al colocar la primera capa de pan esparcimos las pasas y después las cubrimos con otra capa de pan. En la receta original esparce las pasas por la superficie solamente, pero mi experiencia no ha sido muy buena, ya que las pasas que se han quedado en la superficie amargaban (no sé si por hornearse o por las especias con las que se espolvorea antes de hornear) y las que se habían colado entre capas estaban buenísimas. Si no os gustan las pasas podéis no ponerlas.

4. Espolvoreamos la superficie con canela molida.

5. Ponemos la leche a calentar a fuego medio-bajo

6. En un bol batimos los huevos y el azúcar. Con la cantidad de azúcar que he puesto no resulta un pudding dulce (y os aseguro que la cantidad que indicaban en la receta que he seguido era aún menor) y mira que a mí no me gustan las cosas excesivamente dulces, pero la próxima vez pondré al menos 80 gramos de azúcar blanca.

7. La leche no debe romper a hervir, y cuando esté justo para empezar a hervir retiramos del fuego y añadimos los huevos batidos sin dejar de remover para que no se nos vayan a cuajar.

8. Vertemos esta mezcla sobre el pan procurando que todas las rebanadas se empapen.

9. Espolvoreamos con azúcar moreno y nuez moscada. 

10. Dejamos reposar treinta minutos.

11. Pasado el tiempo metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante media hora o hasta que la superficie del pan esté dorada y la masa (que es como unas natillas) cuajada..
Podéis disfrutar de este pudding recién horneado y si os sobra, o no lo váis a consumir después de hornear, lo calentáis unos segundos en el microondas antes de comer y está igual de bueno.
Como os he comentado el sabor recuerda a las torrijas y es posible que la próxima vez lo prepare con pan de barra y no con pan de molde, aunque reconozco que con pan de molde está bastante rico y que el puddin duró bastante poco en casa. 
No dudéis que si experimento y hago algún cambio volveré a compartirlo con vosotros. Mientras tanto os invito como cada mes a que le echéis un vistazo a las recetas que han preparado mis compañeras de reto ¡yo voy ahora mismo a seguir cogiendo ideas! 

Y el mes que viene os espero puntuales de nuevo en el destino que nos toque ¡qué ganas tengo de conocerlo!

Manos a la masa y ¡bon appètit! 


jueves, 9 de abril de 2015

Pan de fresas

¿Nunca os ha pasado que os enamoráis de una receta y no os la podéis quitar de la cabeza hasta que la preparáis? Eso me pasó a mí con este pan de fresas que encontré en el blog Guindilla & Canela el verano pasado cuando ya no había fresas de temporada y he esperado pacientemente muchos meses porque no quería prepararlo con fresas congeladas.

Y es que nunca he trabajado con fruta congelada hasta ahora porque prefiero esperar a que llegue su momento y comprarla de temporada. ¡Creo que ya os he comentado en alguna ocasión que soy muy maniática!


Aseguro que la espera ha merecido la pena y que es una auténtica delicia. Las fotos no le hacen justicia en absoluto y además elegí un molde para plum cake poco apropiado (demasiado corto)  pero aún así no quería dejar de compartir esta maravilla de receta con vosotros.


No sé por qué se llama pan (de hecho muchos bizcochos preparados con frutas se denominan panes como el de limón o el de plátano ¡una cosa pendiente de averigüar!) porque la miga es de bizcocho, tierna y muy jugosa gracias a las fresas.

Aunque los bordes y la superficie son ligeramente más duros que los de un bizcocho normal, igual por eso se le llama pan, aunque dista mucho de tener la dureza de una corteza de pan o de ser tan crujiente. Cuando lo hagáis me entenderéis.

Y por si esto fuera poco se acompaña de un glaseado de queso y fresa ¡que es una delicia! ¿Os acordáis de aquellos postres rosas de nuestra infancia que a algunos (los más afortunados) les daban dos y que ahora tienen nombre de dinosaurio de dibujos animados? Pues el sabor es bastante parecido aunque con fresa natural y no a base con colorante y aromas artificiales.


 Si os gustan las fresas creo que no necesitáis ninguna razón más para poneros con esta maravilla de receta que os conquistará desde el primer bocado.

Ingredientes:

* 250 gramos de fresas limpias
* 100 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 140 gramos de azúcar blanca
* 2 huevos
* 250 gramos de harina para repostería
* 2 cucharaditas de harina para enharinar las fresas
* 130 ml de leche
* 1 cucharadita de pasta o extracto de vainilla
* 5 gramos de levadura química
* Un pellizco de sal

Para el glaseado

* 150 gramos de fresas limpias
* 150 gramos de queso de untar
* 150 gramos de azúcar glas.

Elaboración:

1. Lavamos las fresas, les quitamos las hojas, las dejamos escurrir y las partimos en trocitos. El tamaño es a vuestro gusto, pero si son trozos muy pequeños ni se verán al hornearlos y si son muy grandes no será fácil integrarlos en la masa y que queden esparcidos.

2. En un bol batimos la mantequilla con el azúcar hasta que estén integradas y formen una mezcla cremosa.

3. Añadimos los huevos de uno en uno y no añadimos el siguiente hasta que el anterior no esté integrado.

4. Añadimos la vainilla y la leche y mezclamos.

5. Tamizamos la hariza junto con la levadura química y la sal e integramos hasta obtener una mezcla homogénea, que será un poquito densa.

6. Añadimos a las fresas las dos cucharaditas de harina y mezclamos bien para que queden enharinadas todas y así no se vayan al fondo de nuestro bizcocho.

7. Las incorporamos a la masa con ayuda de una espátula con cuidado para no romperlas y procurando que queden bien esparcidas.

8. Untamos con mantequilla nuestro molde para plum cake o lo forramos con un papel sulfurizado.

9. Vertemos la mezcla en el molde y metemos en el horno precalentado a 180º C

10. Horneamos durante unos 50 minutos aproximadamente o hasta que al pinchar con un palillo este salga limpio. Os aconsejo vigilar a partir de los 30-40  minutos de horneado.

11. Dejamos templar unos minutos en el horno con la puerta entreabierta, desmoldamos y dejamos enfriar completamente sobre una rejilla.

12. Para preparar el glaseado lavamos las fresas, les quitamos las hojas y las trituramos hasta hacerlas puré con la batidora.

13. Batimos el queso con el azúcar y cuando estén integrados añadimos el puré de fresas. Quedará una mezcla bastante líquida que guardaremos en el frigorífico hasta el momento de glasear el bizcocho.

14. Cuando el bizcocho esté completamente frío colocamos bajo la rejilla una bandeja y glaseamos. Esperamos a que el glaseado se seque (si podemos, claro) antes de servir.


Como glaseado os va a sobrar bastante podéis servir el pan bañado en él ¡que lo hace más irresistible aún!


 Os aseguro que os váis a pelear por el glaseado ¡ya me lo diréis!

Y si os sobra (tanto bizcocho como glaseado) no os olvidéis de guardarlo en el frigorífico, que ya empieza a hacer calor y el bizcocho que lleva fruta no tarda nada en ponerse malo.


Espero que os animéis con esta receta que merece mucho la pena aunque en estas fotos no parezca nada del otro mundo.

Por cierto, he cambiado la dirección de correo electrónico del blog porque tenía ciertos problemas para abrir la de hotmail en algunos dispositivos y al final tardaba mucho en poder revisarlo, así que ahora la he hecho con Gmail. Lo comento por si alguno la tiene grabada en su libreta de direcciones para que la cambie, porque aunque siga echando un vistazo a la otra de vez en cuando será esta la que mire a diario.

¡Feliz y dulce fin de semana y nos vemos de nuevo el lunes que toca reto! 

Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 6 de abril de 2015

Pestiños de la abuela

Mi abuela Magdalena (el nombre era bastante premonitorio) era la reina de la repostería frita. Ella dominaba todas las recetas tradicionales que había heredado de su madre, sus tías, sus abuelas... sin necesidad de tablet, PDA, portátil ¡ni tan siquiera un triste papel! porque mi abuela no sabía leer ni escribir y todo lo guardaba en la memoria.

Es increíble que después de tantísimos años todo le siguiera saliendo perfectamente y es una lástima que nos dejara y no hubiésemos tomado la precaución de anotar cómo hacía tantas y tantas cosas. Y es que todo le salía tan bueno que siempre lo hacía ella y aunque mi madre se metió mil y una veces con ella en la cocina de algunas recetas no se acuerda, o más bien no se acuerda de las medidas, porque como es de esperar mi abuela no pesaba ningún ingrediente, sino que reposteaba midiendo con un cuenco, una taza, un vaso... Seguro que alguna vez os han dado una receta así.
Esta receta la habíamos perdido porque mi madre no se acordaba de la cantidad de harina y a base de pedir recetas a conocidas a ver si encontrábamos una que se aproximara a la de mi abuela dimos con esta que la única diferencia que tiene respecto a la de mi abuela es el uso de levadura, que mi madre asegura que mi abuela nunca la usó, pero de sabor son de lo más parecido a lo que recordamos (más bien recuerdan mi madre y mi padre, porque yo era tan tonta entonces que prefería un bollycao o un paquete de donuts a los dulces de mi abuela ¡así de redonda me criaba!)
Soy consciente de que nunca vamos a preparar unos pestiños iguales porque lo que los hace diferentes es lo que yo llamo "el toque" y que es esa peculiaridad que tiene cualquier receta (dulce o salada) que aunque tú veas hacer un millón de veces y le pongas exactamente lo mismo nunca te va a salir como a quien te la ha dado, y estoy segura de que entendéis a qué me refiero.
Así que aunque ya haya pasado Semana Santa y tengamos que volver a la rutina (algunas comunidades afortunadas tienen hoy día de fiesta que los demás ya disfrutamos el pasado jueves) quería compartir con vosotros estos pestiños porque me niego a que las buenas recetas vengan con fecha en el calendario. Ya me gustaría a mí que los hubiese hecho mi abuela ¡menuda colaboración de oro en mi blog! pero los hemos hecho codo a codo mi madre y yo la tarde del domingo de ramos. La masa la prepara una servidora y luego nos vamos turnando para hacer los pestiños y para freirlos y rebozarlos en azúcar.

Antes yo preparaba los pestiños y mi madre los freía siempre, pero ella se empeña en mover constantemente la sartén y se acaban abriendo y a mí me quedan más bonitos y no paro de regañarle. Es todo un orgullo cuando me dije "¡Hija mía eres igual de maniática que tu abuela que en cuanto me ponía con la sartén me quitaba porque no me salían las cosas a su gusto!" ¡Es todo un honor haber heredado su gusto por la repostería!
Este es el homenaje que le brindo a mi abuela desde aquí porque esté donde esté confío en que siga viendo cómo su nieta se ata el delantal, se recoje escrupulosamente el pelo en un moño y mete las manos en harina como ella hacía en su tiempo.
¡Espero que disfrutéis de estos pestiños!

Ingredientes:

Para la masa

* Una medida de aceite de oliva virgen extra
* Una medida de vino
* Cuatro medidas de harina
* Una copita de anís
* Dos pellizcos de matalahúva. Incluso medio más si hacemos más de un kilo de harina.Eso depende de que os guste más o menos el sabor de la matalahúva.
* Un sobre de levadura (si usamos una medida pequeña y utilizamos entre medio kilo y uno de harina pondremos medio sobre, y si es menos de medio kilo de harina una cucharada de postre) 

Cuando hablo de medidas me refiero al cacharro que tengáis en casa y más rabia os dé. Un vaso, una taza, una jarrita... ¡lo que queráis! os aseguro que con cualquier cacharro que uséis como medida salen siempre bien.

Al hablar de pellizcos me refiero  a la cantidad que puedes coger entre los dedos índice y corazón. Y la copita es el equivalente a un vaso de chupito, aunque las copas de cristal tallado o al ácido de nuestras abuelas tenían mil veces más glamour.

Además necesitaremos

* Una cáscara de naranja o de limón
* Abundante aceite de oliva para freir los pestiños
* Azucar para rebozar
* Canela molida

Elaboración:

1. En una sartén ponemos una medida y un poco más (para asegurarnos que después vamos a tener aceite suficiente) de aceite de oliva virgen extra junto con la cáscara de la naranja o el limón (lo que tengáis en casa o lo que más os guste) y la ponemos al fuego para tostar el aceite. ¡Ojo! he dicho tostar, que no quemar, para quitar el sabor a aceite crudo. Esperamos a que se temple y retiramos la cáscara.

2. En un bol amplio, y quiero subrayar la importancia de que sea bien amplio, ponemos el aceite, el vino y el anís y mezclamos con la ayuda de un tenedor.

3. Machacamos un poquito la matalahúva con el mortero (mi abuela siempre lo llamaba el almirez) y la añadimos al bol.

4. Ponemos la harina (una medida tras otra, sin miedo, y sin necesidad de tamizar) y por último la levadura. Incluso podéis prescindir de ella, aunque a mí me gusta para que le dé un poquito de esponjosidad al pestiño y no sea una masa reseca y ahogadiza.

5. Con una mano sujetamos el bol y con la otra empezamos a mezclar. Obvia decir que tendremos las manos limpias limpísimas desde el momento de ponernos a hacer la masa.

6. Cuando la masa vaya cogiendo forma y deje de ser pegajosa (uno o dos minutos, no más, se hace bien rápido, incluso con una cantidad grande de ingredientes) podemos amasar con las dos manos para terminarla. La masa estará lista cuando sea elástica y fácilmente manejable, podamos hacer bolitas con las manos sin que se nos pegue y no deje un rastro excesivamente pringoso de aceite en las manos. 

Lo normal es que con estas medidas no haga falta rectificar la masa, pero hay veces en las que la harina no admite bien los líquidos y queda la masa muy blanda o aceitosa, con lo que vamos añadiendo harina poquito a poco y seguimos amasando hasta tener una masa elástica.

También se podría dar el caso de que la masa quedase dura, así que podemos añadir un chorrito de vino y otro de aceite, amasar y añadir más si fuera necesario. Pero os aseguro que nunca se nos ha quedado dura, en todo caso pelín blandita y se ha solucionado con un puñado de harina.

7. Cuando tengamos la masa lista (lo más probable es que os salga a la primera sin necesidad de rectificar nada) la dejamos reposar en el bol tapada con un paño de cocina unos 15 o 20 minutos.

8. Para hacer los pestiños estiramos porciones de masa con el rodillo (el grosor será de dos a cuatro milímetros) y cortamos cuadrados y plegamos como más nos guste. Los pestiños tradicionales se hacen juntando dos picos opuestos del cuadrado en el centro, pero nosotras los doblamos como mi abuela, cortamos un rectángulo y doblamos el pico superior a la derecha y el pico inferior opuesto a la izquierda y quedan tipo rizados como podéis ver en las fotos. 

9. Ponemos abundante aceite de oliva (como somos de Jaén siempre hemos hecho la repostería frita con aceite de oliva, nada de aceites de semillas) en una sartén amplia y honda y cuando esté caliente empezamos a freir nuestros pestiños.

Mi consejo es que el aceite no esté muy frío porque entonces los pestiños se van a abrir y a empapar de aceite, pero que tampoco esté excesivamente caliente porque entonces se hará rápidamente por fuera y por dentro quedará crudo.

En cuanto al número de pestiños que echamos en la sartén cada vez ¡pues los que buenamente quepan! Una cantidad razonable que nos permita moverlos y darles la vuelta con comodidad.

10. Cuando los pestiños estén dorados por ambos lados los sacamos y los dejamos escurrir en una bandeja sobre papel de cocina y un par de minutos después, mientras aún estén calientes, rebozamos con azúcar o con azúcar y canela ¡a vuestro gusto!
Si os salen muchos ¡no os preocupéis! Se guardan perfectamente en un tupper o en una lata bien cerrados, aunque mi abuela los guardaba en ollas de porcelana. Eran marrones por fuera y azules por dentro y seguro que también la mayoría de vosotros las conocéis. Un día de estos las voy a buscar para aquellos que nunca las hayan visto, aunque en Andalucía en todas las casas de las abuelas siempre he visto las mismas ollas.
 
Los pestiños los podéis tomar solos (ya veréis cómo los ratoncillos vuelven a acudir a la lata) o acompañados de un café, un chocolate caliente, una copa de anís o de vino dulce. Ahora que ya ha pasado y no hay posibilidad de gafarla confesaré que prefiero cuando en semana santa hace frío, porque apetece aún más tomarse estos pestiños acompañados de una bebida caliente o una bebida de las que calientan por dentro, pero aún con calor se disfrutan igual.
Manos a la masa y ¡bon appètit!