jueves, 26 de febrero de 2015

Oreo & Lacasitos Temptation

No sabía qué nombre dar a esta receta, y creo que tentación (en english queda de lo más cool) la define perfectamente.

Desde que la vi en Más dulce que salado, el blog de Mara, no he podido quitármela de la cabeza y no he parado de acordarme de esta maravilla hasta que la he hecho, y ahora que la he probado ¡tampoco voy a poder dejar de pensar en ella! Para que os hagáis una idea os contaré que mi marido, después del primer bocado, me preguntó que cuándo iba a volver a hacerlos...


Os aconsejo que sólo la preparéis si habéis encontrado la manera de acallar vuestra conciencia, si disponéis de una caja fuerte en casa para guardarla y no ir devorando un trozo tras otro, si tenéis una gran fuerza de voluntad para coger un trozo y parar aunque hasta el último átomo de vuestro cuerpo os grite que sigáis comiendo o si tenéis invitados a merendar y la firme convicción de que cuando salgan por las puertas no van a quedar ni las migas para caer en la tentación.


¿Exagerada? ¡Nah!

Prudente más bien. Ya me daréis la razón cuando lo hagáis en casa.

Es curioso que esta receta me llamase tanto la atención porque opino que cuando algo es bueno no hace falta acompañarlo de nada más, pero os aseguro que en este caso las galletas Oreo y los Lacasitos ¡están más buenos si cabe! Porque la masa es... mmm.... ¡irresistible! Parece mentira que se puedan mejorar pero os aseguro que aquí tenéis la clave para hacerlo posible.

Si os parece me dejo de darle vueltas a esta maravilla porque creo que estáis más que convencidos y paso a explicárosla porque además es de lo más sencillo del mundo y se tarda nada en prepararla ¡si es que todos los astros se han alineado para que la horneemos!

¿Vamos con ella?

Las cantidades son para un molde de 26 x 26, os lo cuento para que os hagáis una idea ¡y no os asustéis al leer los ingredientes!

Ingredientes

* 300 gramos de mantequilla (yo la usé light, y no he ido al infierno repostero, así que tomad buena nota)
* 2 huevos
* 400 gramos de azúcar moreno
* 480 gramos de harina de repostería
* Una bolsa de Lacasitos (creo que tiene 175 gramos, es la que venden en Mercadona)
* 2 cucharadas de pasta de vainilla. La mía es regalo de mi hermano y mi cuñada de su viaje a la República Dominicana ¡una maravilla! También puede ser extracto o aroma ¡lo que tengáis en casa!
* 25 galletas Oreo (yo le puse menos y claramente habría admitido más ¡ponedle sin miedo)

Elaboración:

1. Derretimos la mantequilla en el microondas.

2. En un bol batimos, con la varilla manual, los huevos junto con el azúcar y la pasta de vainilla

3. Añadimos la mantequilla y mezclamos bien.

4. Tamizamos la harina y la integramos sin batir demasiado, lo imprescindible para obtener una masa homogénea.

5. Hacemos las galletas trozos y las incorporamos a la masa. Procuramos que queden bien repartidas. Si queréis podéis reservar parte y añadirlas una vez esté la masa en el molde.

6. Cogemos nuestro molde y en el fondo ponemos un papel de hornear y untamos con mantequilla el aro.

7. Vertemos la masa en el molde y alisamos con una espátula. Si hemos reservado parte de las galletas es el momento de incorporarlas y las hundimos  totalmente en la masa.

8. También incorporamos los lacasitos. Podemos meter algunos en la masa si queremos y el resto todos en la superficie. Yo los puse casi todos en la superficie.

9. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos de 25 a 30 minutos. Ante la duda pinchad siempre con un palillo.

10. Sacamos del horno y dejamos templar, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

Debemos ser pacientes para esperar a que se enfríe completamente si queremos que el corte sea perfecto y no se desmorone, que es lo pasará si está caliente, pero tranquilos, que con el frío que hace no tardará demasiado, y una vez cortado.... ¡desaparecerá!


Los trozos que queden (porque alguno quedará, aunque sea por vergüenza) o que decidáis guardar al cortarlos por lo que pueda pasar después se pueden conservar perfectamente en una lata durante varios días, aunque la opción de la caja fuerte es mucho más segura ¡os lo dije al principio!


Espero que os animéis con esta receta porque de verdad os va a encantar. Le estoy dando vueltas para hacerla un poquito más light y si lo consigo ¡volveré a compartirla con vosotros! Aunque por el momento voy a esperar unas semanas antes de repetirla ¡que esto es mucho vicio!


Sólo me queda despedirme y desearos un feliz y dulce fin de semana ¡en el que haya mucho tiempo para repostear! Para mí esos son los mejores. Además aprovecho para felicitar a todos los andaluces, ya que el sábado es el día de nuestra comunidad. ¡Ya podía ser el domingo y tener el lunes de fiesta! Por cierto, cuando volvamos a vernos ¡estaremos estrenando el mes de marzo! Menos mal que tenemos un montón de recetas buenas para acompañar el paso del tiempo ¿no os parece?

Manos a la masa y ¡bon appètit!

domingo, 22 de febrero de 2015

Tarta de peras con chocolate y almendras

¡Toc, toc!

Ya sé que es domingo y que probablemente para muchos de vosotros estas no sean horas decentes, pero hoy mi cocina abre porque es día 22 y toca receta para el reto Color y Sabor de Temporada

La propuesta de Pilar para el mes de febrero ha sido la pera y la alcachofa, y mi elección está más que clara, porque con alcachofas ¡no creo que se puedan hacer tartas dulces! aunque todo puede ser ponerse a investigar.

Confesaré que me ha sorprendido mucho la fruta elegida para el mes de febrero, porque la pera es una fruta de verano (o al menos el peral que nosotros tenemos en el campo se empeña en darlas sólo en los meses de calor y ahora mismo está con las ramas peladas) pero como se puede encontrar todo el año en las fruterías no ha sido difícil conseguirlas (no sé si son de importación o de las que llevan en cámaras desde el verano).

Por otro lado me ha alegrado mucho que elija esta fruta, porque el verano pasado estuve probando recetas con ella y quedan buenísimas, así que espero ampliar mi repertorio de "dulceríos" con pera para prepararlos cuando tenga mi casa invadida por las peras de nuestra finca (¡y suerte que es sólo un peral!)

La tarta que he elegido llevaba en mi listado de recetas pendientes mucho tiempo y me alegro mucho de que al fin le haya llegado el turno. 


No cabe duda de que es una tarta bastante vistosa y que llama mucho la atención, y en boca sorprende por su sabor suave y armónico. Esperaba más intensidad de chocolate al probarla (creo que haber preparado tantas recetas de chocolate últimamente me está transtornando) así que me llevé una gran sorpresa porque el sabor es sutil, nada empalagoso y la crema contrasta muy bien con las peras que quedan en un punto delicioso después de pasar por el horno.


Si alguna vez tenéis que preparar un postre para una reunión numerosa creo que esta tarta es de lo más apropiada porque además de bonita con su sabor suave conquistará a todo el mundo.


¿Vamos con la receta? 

Ingredientes:

* Una lámina de masa quebrada
* 200 ml de nata para montar
* 2 yogures naturales desnatados (o con azúcar, griegos, de chocolate... como siempre os digo los que tengáis en casa o más os gusten y que veáis que le van a ir bien a la receta)
* 3 huevos
* 130 gramos de almendra tostada molida (si os gusta más la podéis poner cruda, pero yo la prefiero tostada porque tiene más sabor)
* 100 gramos de azúcar blanca
* 2 cucharadas soperas de cacao sin azúcar (el que yo tengo ahora es una maravilla, regalo de mi hermano y mi cuñada que estuvieron en septiembre de vacaciones en la República Dominicana ¡esto sí que es un regalazo)
* 2-3 peras

Elaboración:

1. El un bol batimos los huevos con el azúcar. No nos hace falta ningún aparato, con la varilla manual es más que suficiente.

2. Añadimos la nata y los yogures y mezclamos hasta que la masa sea homogénea.

3. Por último añadimos la almendra molida y el cacao y removemos bien hasta que el cacao haga que nuestra masa tengo un bonito color bombón.

4. Untamos nuestro molde para tartas con mantequilla, o bien aprovechamos el papel de hornear que envuelve la masa quebrada refrigerada lo que nos facilitará enormemente desmoldarla y colocamos la masa quebrada en el molde.

5. Vertemos nuestra mecla sobre la masa quebrada.

6. Pelamos las peras , las partimos en mitades y les quitamos las pepitas. Las distribuimos sobre la masa como más nos guste. Yo sólo puse dos peras porque me daba miedo desbordar la mezcla, pero creo que otra más le hubiera cabido sin riesgos (claro, a toro pasado)

7. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante 40-45 minutos o hasta que veamos que la mezcla está cuajada y los bordes de la masa dorados.

8. Dejamos templar y cuando esté fría desmoldamos. En caliente corremos el riesgo de romperla y aún en frío es bastante delicada.

9. Conservamos en la nevera hasta el momento de servir.

¿Verdad que es muy sencilla? Es que se prepara en un tris y queda tan bonita y elegante que no creo que podáis resistiros a prepararla en vuestro próximo evento familiar o con los amigos ¡y lo bien que váis a quedar con este postre!


 Y si sobra la podéis guardar en la nevera, bien tapadita y os aguantará varios días, aunque no creo que dure demasiado.


Y como cada mes os invito a que paséis por la página del reto y visitéis el resto de propuestas de mis compañeras que siempre merecen la pena y harán que os llevéis un montón de ideas nuevas.

Disfrutad de lo que queda de fin de semana y espero que empecemos con muy buen pie la nueva semana ¡que ya es la última de febrero! ¡cómo se nos va el tiempo!

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 19 de febrero de 2015

Bica con doble crema de limón

Aunque en mi pueblo ya se puso punto y final el domingo pasado al Carnaval hay  muchas zonas en las que la fiesta sigue a lo largo de toda la semana y el próximo fin de semana, así que he pensado que esta tarta era muy apropiada para el día de hoy porque con el confeti de azúcar resulta la mar de festiva y recuerda mucho a las celebraciones de estos días ¿no os parece?


No me acordaba de que llevaba tanto tiempo esperando  en la despensa de mi cocina para ser publicada y es que con las recetas navideñas, las lights post navideñas y la chocoadicción de los últimos días se había ido quedando al fondo ¡y mira que está rica!

De hecho la bica la he hecho ya un montón de veces porque queda tan esponjosa y jugosa que es una receta comodín cuando quiero acertar, y el relleno y la cobertura los he ido cambiando y probando distintas cosas y siempre he quedado contenta.

Os digo que merece la pena darle una oportunidad a esta bica (receta de origen gallego, muy similar al bizcocho. Lo aclaro porque hasta que no busqué por internet qué era una bica no aprendí la diferencia entre bica y bizcocho, porque a simple vista no la encontraba) y si os animáis a prepararla os doy un consejo ¡hacedla al menos 24 horas antes de consumirla!

Ya sé que no siempre se dispone del suficiente tiempo para preparar una tarta con antelación, yo soy la primera que trabaja con jornada partida y me paso el día entero fuera de casa, pero si es necesario robadle horas al sueño (sí, aún más, que todavía se puede) y hornead por la noche o de madrugada, y en cuanto la bica esté fría rellenadla porque se asienta mucho mejor la miga y el relleno impregna perfectamente la tarta...

Esta vez yo la rellené sólo un par de horas o tres antes de comerla, y estaba buena pero nada del otro mundo ¡y al día siguiente estaba espectacular! Me da mucha rabia cuando pasa eso, sobre todo cuando lo has preparado para postre de una comida o celebración.
Aclarado esto ¿qué os parece si vamos con la receta?

Ingredientes:

Para la bica

* 3 huevos
* 200 gramos de harina para repostería
* 200 gramos de azúcar blanca
* 100 ml de nata para montar
* 100 gramos de mantequilla sin sal
* Un sobre de sodas o gaseosillas para bizcocho (los dos sobrecitos que vienen juntos)

Para el relleno

* Lemon curd (receta aquí)

Para la cobertura

* Una tarrina de 250 gramos de queso para untar tipo Philadelphia
* 80 gramos de azúcar glas
* La ralladura de un limón
* Una o dos cucharadas de lemon curd

Para decorar

* Confetis de azúcar

Elaboración:

1. Con ayuda de unas varillas eléctricas batimos los huevos junto con el azúcar y la mantequilla derretida hasta que blanqueen. También se puede hacer con varilla manual, pero tardaremos un poco más. Yo lo he hecho de las dos maneras y ambas quedan muy bien.

2. Añadimos la nata y volvemos a batir hasta que esté integrada.

3. Tamizamos la harina junto con el sobre de gaseosillas y mezclamos hasta obtener una masa homogénea.

4. Untamos con mantequilla los bordes de un molde desmoldable y en el fondo colocamos un papel sulfurizado porque nos facilitará enormemente desmoldar y vertemos la masa.

5. Metemos al horno precalentado a 160º C y horneamos durante unos 40-45 minutos. Siempre comprobamos el punto de cocción pinchando con un palillo de madera, y cuando salga limpio apagamos el horno.

6. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta, desmoldamos pasados unos minutos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

7. Para preparar el frosting ponemos en un bol el queso, el azúcar, la ralladura de limón y las cucharadas de lemon curd y mezclamos con la ayuda de una espátula. Podéis poner más o menos lemon curd según queráis la cobertura con un sabor más o menos intenso a limón o usar aroma o esencia de limón. Reservamos en el frigorífico.

8. Para el montaje de la tarta partimos el bizcocho por la mitad con una lira o un cuchillo. Y si es necesario cortamos también la parte superior para emparejar. Yo esta vez utilicé un molde de 26-27 centímetros de diámetro y horneé los bicas, pero con esas cantidades hay suficiente para un molde de entre 20 y 23 centímetros.

9. Rellenamos con el lemon curd a nuestro gusto, pero si ponéis mucho os aconsejo que no os acerquéis mucho al borde para evitar que se desparrame al poner la plancha de bizcocho superior.

10. Ponemos la otra capa de bizcocho, sacamos el frosting de limón que teníamos reservado en la nevera y cubrimos la superficie, y si queremos también los bordes. Yo es que prefiero las tartas más rústicas.

11. Por último esparcimos confetis de colores y dejamos en el frigorífico hasta el momento de servir.

Repito que esta tarta está espectacular si la montamos al menos con 24 horas de antelación, y que la parte del bizcocho que cortéis al igualar las capas ¡no se tiran! podéis congelarlas y más adelante reutilizarlas en otras recetas ¡pronto traeré alguna!
Lo mismo ocurre con la crema que la podéis aprovechar para otra receta (o caer en la tentación de comerla a cucharadas, aunque sea poco sano) y que en un cacharro que cierre bien aguanta unos cuantos días en la nevera.

Por supuesto para cortar el bizcocho tenemos que esperar a que esté frío, porque en caliente corremos el riesgo de romperlo.

Espero que os animéis con esta receta ¡porque no os va a defraudar en absoluto! y descubriréis una receta básica que será un fijo en vuestras cocinas.
Sólo me queda despedirme y desearos que tanto si seguís (o empezáis) de Carnaval o si ya lo habéis acabado tengáis un feliz y dulce fin de semana y como siempre...

Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 16 de febrero de 2015

Cuajada de Carnaval

Los que os hayáis pasado por el apartado ¿Quién soy? de mi blog sabréis que vivo en un enclave privilegiado, Tierra de Frontera lo llaman, porque me encuentro casi a la misma distancia de tres capitales de provincia andaluzas y auno tradiciones de todas.

Aunque muchos de nosotros hayamos dado por terminado el Carnaval el fin de semana pasado y hayamos disfrutado de pasacalles, concursos de agrupaciones, concursos de disfraces... oficialmente acaba mañana que es Martes de Carnaval.

En los tiempos que corren no le damos la importancia que antes tenía este día y que yo aprendí escuchando a mis abuelos. El Martes de Carnaval precede al Miércoles de Ceniza, que da comienzo a la Cuaresma periodo durante el cual había que privarse y abstenerse de muchas cosas (ejem) lo que lo convertía en un gran día de fiesta, donde la gente se permitía todos los excesos que podía antes de esos cuarenta días tan estrictos (al menos para los pobres y temerosos de la ira divina que no podían permitirse pagar bulas)

Menos mal que soplaron aires de progreso y gozamos de ciertas libertades que han hecho que muchos de nosotros no sepamos ni lo que era el Martes de Carnaval y si nos suena es por haber escuchado a nuestros mayores contar sus historias al amor del brasero o de la lumbre que en febrero es lo que más apetece.

Como homenaje a este día que era celebrado y temido a partes iguales (celebrado por la permisividad y temido por ser la antesala de un largo periodo de sacrificios) hoy quiero compartir con vosotros una receta que es típica de Granada en estas fechas.


La cuajada de carnaval es un postre que se puede encontrar en las pastelerías tradicionales granadinas desde que pasa el Día de Reyes  hasta el Carnaval. El origen de esta receta se desconoce aunque hay algunos que lo atribuyen a la época de Al-Ándalus a pesar de que la teoría cae por su propio peso ya que se elabora con mantecados o polvorones que llevan manteca de cerdo.

Lo que está clarísimo es que es una receta antiquísima y que se elabora para dar salida a los restos de mantecados y polvorones que quedan en casa después de las fiestas navideñas. Se presenta en una Fajaluza, que es un lebrillo (fuente) de cerámica granadina de color blanco y decorado en tonos verdes y/o azules, y en el que no puede faltar una granada en el fondo.
Yo no tenía fajaluza en casa pero eso no es excusa para no disfrutar de esta maravilla porque se puede preparar en un molde desmoldable  y presentar tipo tarta, en cualquier otro tipo de fuente o en boles más pequeños para servirlos de manera individual ¡tenemos que ser reposteros con recursos!
Si os gusta el cabello de ángel, la crema pastelera, las almendras, la canela y además queréis dar salida a los restos que aún pululan de navidad ¡no dejéis de preparar esta maravilla granadina! ¿Vamos con la receta?

Ingredientes:

* 450 gramos de polvorones o de mantecados
* 160 gramos de almendra frita picada en trozos (tipo cubos de los que encontramos en el crocanti de algunas tartas o helados)
* 25 gramos de harina de maiz (maizena)
* 3 huevos
* 100 gramos de azúcar blanca
* 300 ml de leche
* La ralladura un limón
* Una lata de cabello de ángel (sobrará la mitad más o menos)
* Azúcar glas y canela en polvo para espolvorear

Elaboración:

1. Comenzamos desmenuzando los polvorones o mantecados hasta que sean harina.

2. Batimos los huevos ligeramente con un tenedor como para preparar tortilla.

3. Los ponemos en una cacerola junto con la leche, el azúcar, la ralladura de limón y la maizena y mezclamos con las varillas manuales fuera del fuego y reservamos.

4. Si tenemos previamente la almendra frita y picada mejor porque vamos más rápido. En caso contrario freimos la almendra en aceite de oliva, escurrimos sobre papel de cocina para quitar los restos de aceite y picamos. Yo recomiendo freir la almendra entera y picarla después y no hacerlo al contrario porque es más fácil que la almendra picada se queme al freirla.

5. Ponemos a fuego medio y no dejamos de remover hasta que la mezcla espese. Se parece mucho a una crema pastelera con almendras (los ingredientes son casi los mismos). Serán como mucho unos cinco minutos y retiramos del fuego.

6. Añadimos las almendras picadas a la mezcla anterior e integramos.

7. Ahora ha llegado el momento de montar la cuajada. Tanto si usáis un único molde o varios más pequeños el procedimiento es el mismo.

8. En el fondo del molde ponemos una capa (como de medio centímetro de espesor) de polvorones machacados procurando que nos quede nivelada y bonita.

9. A continuación ponemos una capa finita, repito, finita, de cabello de ángel.

10. La siguiente capa es de crema y es un poquito más gruesa que la de cabello.

11. Cubrimos con una nueva capa de polvorones, después otra de cabello de ángel, a continuación otra de crema y esta la volvemos a cubrir con otra capa de polvorones. Y la receta tradicional ya no tiene más capas.

12. A continuación espolvoreamos y cubrimos totalmente de canela.

13. Por último espolvoreamos con azúcar glas. Lo tradicional es poner una plantilla de una granada, el símbolo de la ciudad de Granada antes de espolvorear con azúcar glas, pero podéis usar cualquier otra plantilla o no poner ninguna.

14. Dejamos en la nevera como mínimo treinta minutos ¡y ya podemos disfrutar de esta maravilla de postre!

Este postre está más rico si lo dejamos reposar al menos de un día para otro, y aunque sea muy dulce ¡no se hace empalagoso!

Con estas cantidades salen seis boles justitos de los que veis en las fotos, o tendréis suficiente para un molde de 20-22 centímetros de diámetro.


Como podéis comprobar es muy sencillo de hacer, así que espero que os animéis con esta cuajada y que os acerque a una ciudad tan maravillosa como es Granada. Ni qué decir tiene que esta es la receta tradicional, y que por internet pululan algunas recetas rápidas que utilizan ingredientes como las natillas que esta receta no ha llevado nunca. Supongo que el resultado es parecido, pero yo prefiero la receta de siempre, que en la cocina la prisa no es buena compañera y al fin y al cabo esta receta tampoco requiere de tanto tiempo para preparar la crema.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

viernes, 13 de febrero de 2015

Amor de chocolate y canela

San Valentín es un día cruel.

Sé que la versión más extendida entre los detractores de este día es que San Valentín es un día comercial (a ver, algo había que inventar para que sigamos gastando una vez pasadas las navidades y cuando en las rebajas sólo quedan cuatro mierdas que no quiere nadie) pero desde hace unos cuantos años yo pienso que es un día cruel.

Igual es una idea difícil de comprender para el que tiene pareja o el que no la tiene porque ha decidido hacer el camino de la vida, o al menos una etapa, en solitario, pero últimamente estoy conociendo a mucha gente entre los treinta y los cuarenta que están solteros y no lo llevan nada bien.

Por circunstancias de la vida no han encontrado a nadie y de repente se han encontrado solos, con sus amigos casados (o al menos emparejados), incluso con hijos, y a un nivel diferente (ni mejor ni peor, simplemente diferente al de su entorno) en el que no acaban de sentirse cómodos.

Porque en la vida no hay nada peor que vivir una situación a la que llegamos poco a poco pero de la que tomamos consciencia un día de repente en el que la realidad nos cae encima como un jarro de agua fría y no logramos saber cómo hemos llegado ahí pero si lo analizamos con detenimiento vemos  cada uno de los pasos de los que no hemos sido conscientes.

Y lo malo viene cuando quieres cambiarla, pero no sabes cómo. Porque dar consejos es muy sencillo, y yo digo eso tan manido de ¡pues sal y conoce gente!¡seguro que acabas encontrando a alguien!  pero muchos me responden ¡tú no sabes como está el mercado a estas alturas! (mal y pronto se resume como antes he hablado de las rebajas ji ji ji)

Confieso que a mí con la edad que tengo me daría mucha pereza salir los fines de semana de bar en bar de copas o que alguna compañera de trabajo o amiga me dijera que conoce a un chico estupendo para mí y nos organizara una cita... ¡argh! ¡qué horror!

Estoy segura de que si no tuviera a mi marido no me agobiaría estar sin pareja ¡lo que me agobiaría sería presionarme por encontrar a alguien! pero no sabéis cómo me puedo poner en la piel de aquellos que se han visto solos sin buscarlo y sin quererlo y son incapaces de encontrar a alguien con quien compartir su camino.

Por eso para mí San Valentín es cruel, porque sirve para recordarle a estas personas que el resto del mundo vive feliz en pareja y que ese día nos lanzamos a comprar horteradas rojas o con corazones (cuanto más ñoñas y vomitivas mejor), ropa interior (picante u hortera, o ambas cosas a partes iguales), ramos de flores que se marchitan en días a precio de oro e incluso nos matamos por reservar mesa en algún restaurante que intenta hacer su agosto en pleno febrero anunciando a bombo y platillo una cena especial para el día de San Valentín por la que nos meten una clavada y nos sirven cuatro porquerías que compran precocinadas y de postre una tartita industrial cargada de nata y alguna cobertura roja que no sabe a nada y empalaga hasta la saciedad....

Para quitarnos el mal sabor de boca que este día nos pueda dejar traigo una tarta muy sencilla pero absolutamente irresistible ideal para compartir o para sacar el monstruo egoista que todos llevamos dentro ( y confieso que el mío llega a ser enorme en muchas ocasiones) y darnos un homenaje y una capricho para nosotros solos porque nos los merecemos.
He decidido llamarla amor de chocolate y canela porque hará que os volváis a enamorar de estos ingredientes, pero se puede prescindir de la canela si no os gusta, e incluso del cacao y el chocolate y cubrirla con nata, frutas o mermelada, y por supuesto yo os la presento en forma de corazón, pero la forma del molde es totalmente opcional. En definitiva, que hagáis con la receta lo que os dé la gana, pero que os animéis a prepararla.

¿Vamos con la receta?

Ingredientes

-  3 huevos 
-  125 gramos de yogur desnatado (o con azúcar, griego, de sabores... ¡el que os apetezca!)
-  125 gramos (una medida del yogur) de aceite vegetal
-  100 gramos de azúcar blanca
-  100 gramos de azúcar moreno
-  250 gramos de harina para repostería
-  50 gramos de cacao en polvo
-  Un sobre de levadura química
-  Una cucharadita generosa de canela (o dos, según vuestro gusto)

Para la cobertura

- Una tableta de chocolate de cobertura
- 200 ml de nata para montar 35% m.g.
- Una cuchararita de extracto, pasta o aroma de vainilla

Podéis reducir estas cantidades a la mitad porque es más o menos lo que necesitaréis, o bien guardar en un tupper el resto en el frigorífico y aprovecharlo para otra tarta, galletas, madeleines... Aguanta bastante bien de dos a tres semanas en la parte más fría. Incluso podéis congelarlo. Cuando queráis usarlo de nuevo bastará con calentarlo en el microondas o al baño maría hasta que esté líquido de nuevo.

Elaboración

1. En un bol batimos los huevos con el azúcar hasta que empiecen a blanquear.

2. Añadimos el yogur y el aceite y mezclamos hasta integrar.

3. Tamizamos la harina junto con el cacao, la canela y la levadura y batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

4. Untamos el molde que hayamos elegido con mantequilla, o ponemos un papel sulfurizado en la base y untamos las paredes del molde. Es muy práctico porque desmolda perfectamente.

5. Vertemos la mezcla en el molde y lo golpeamos contra la encimera para que se unifique la superficie y por si ha quedado algo de aire en la masa que salga.

6. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 40-45 minutos o hasta que al pinchar en el centro con un palillo este salga limpio

7. Dejamos templar unos minutos, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

8. Para preparar la cobertura de chocolate ponemos la nata a calentar a fuego bajo y cuando esté a punto de romper a hervir añadimos el chocolate troceado, retiramos del fuego y mezclamos bien hasta que se derrita. A continuación añadimos la vainilla y volvemos a mezclar.

9. Dejamos templar de diez a quince minutos y ya podemos volcar sobre la superficie de nuestra tarta. 

10. Metemos en el frigorífico para que se solidifique el chocolate (en mi pueblo con el frío que está haciendo no es necesario este paso) y pasadas una o dos horas ya podemos disfrutar de esta maravilla.
Como véis es una receta la mar de sencilla, variante mía del clásico bizcocho 3,2,1, que se puede preparar con sólo un bol y una varilla manual en muy poco tiempo.


Intentaré dejar al margen el chocolate por unos días, porque de no tener casi ninguna receta con chocolate he pasado a publicar casi cada día una receta chocolateada ¡así voy a resultar más empalagosa que el día de San Valentín!
Y tanto si celebráis como si no este día os deseo un feliz y dulce fin de semana y si sois más de carnaval ¡espero que disfrutéis mucho y que el tiempo os acompañe para vivir la fiesta en la calle!

 Manos a la masa y ¡bon appètit!

martes, 10 de febrero de 2015

Tarta Garash

Dia 10 del mes. Y en febrero viajamos a Bulgaria de la mano de Patty del blog Patty's Cake ¡y este mes no me adelanto a mis compañeras como me pasó en enero!

Confesaré que cada vez me da más miedo el destino elegido, porque cuando toca un país europeo más desconocido (al menos para mí) me cuesta mucho encontrar recetas y tener varias alternativas entre las que elegir. Esta vez me ha pasado esto ¡y si mal no recuerdo después de dos tardes buscando recetas sólo había encontrado dos o tres! 

Aunque siendo sincera me sobraban dos de las recetas desde el primer momento, porque la primera que encontré fue la de la tarta Garash que es una de las tartas más famosas de Bulgaria y que hizo que me pusiera a salivar nada más verla.
Fue amor a primera vista, aunque mi lado racional y sensato me pedía de todas las maneras posibles que siguiera buscando otras recetas y olvidara la tarta Garash, que tenía muy buen aspecto, pero que era una bomba de chocolate y de calorías y que mi conciencia estaría dándome la paliza mil horas por cada trozo, por diminuto que fuera, que metiera en mi cuerpo, y que ante el chocolate yo no sabía controlarme lo suficiente aún...
Los argumentos eran buenísimos y al principio me resistí y seguí buscando recetas más... menos... ¡si ni yo misma sabía lo que andaba buscando cuando era perfectamente consciente en lo más profundo de mí que era esta tarta para el reto de febrero o no era ninguna!
Por cierto ¿no decía en enero que no tenía apenas recetas con chocolate? Pues el destino (caprichoso y al que no se puede tentar) ha decidido echarme una mano para que esto cambie

Os aseguro que el destino repostero de este mes ha valido la pena porque esta tarta es... me faltan palabras porque ¿qué se puede decir de una tarta de cinco capas de una especie de merengue horneado con nueces molidas, que entre capa y capa de merengue lleva una crema de chocolate y que además va recubierto de chocolate?

Leo lo que acabo de escribir y me recuerdo a Triki sólo que en lugar del ser el monstruo de las galletas soy el monstruo del chocolate...

Aunque la tarta parezca pequeña (las cantidades que os pongo son para una tarta de 15 centímetros de diámetro) os aseguro que da para bastante ya que se presta a cortar trozos más bien pequeños salvo que queráis correr el riesgo de que se os espese la sangre. Sin lugar a dudas es una tarta para los muy chocolateros y si no sois grandes amantes del cacao ni se os ocurra prepararla ¡es sólo para grandes adictos! 
Hechas estas aclaraciones paso a dejaros la receta, que seguro que más de uno está ya nervioso por conseguirla y el resto habrá salido corriendo al ver tanta caloría y tanto chocolate junto...

Ingredientes:

 Para las capas de claras y nueces

* 4 claras de huevo
* 100 gramos de azúcar
* 100 gramos de nueces molidas (lo más molidas que podáis hacerlas antes de que empiecen a soltar su aceite y se hagan una pasta)
* 15 gramos de harina

Para la crema de chocolate del relleno

* 200 ml. de nata para montar 35% m.g.
* 85 gramos de azúcar blanca
* 225 gramos de chocolate negro de cobertura

Para la cobertura de chocolate

* 225 gramos de chocolate negro de cobertura
* 200 ml de nata para montar 35% m.g.
* Una cucharadita de extracto de vainilla

Para decorar

* Almendras

Elaboración:

1. Empezaremos por la crema de chocolate del relleno. Lo ideal es prepararla el día de antes para que tenga tiempo de templar y de reposar en el frigorífico toda la noche. Si no tenéis tanto tiempo como mínimo necesitará el tiempo para templar (que dependerá de vuestra zona y de la época del año en la que la hagáis) y tres horas de reposo en el frigorífico. 

Para preparar la crema mezclamos en un cazo la nata y el azúcar y las ponemos a fuego bajo, cuando empiece a hervir retiramos del fuego y agregamos el chocolate troceado, vamos removiendo hasta que el chocolate esté disuelto y tengamos una crema homogénea.

2. Ponemos nuestra crema en un bol, dejamos templar y metemos en el frigorífico tal y como os he explicado al principio.

3. Para hacer las capas batimos con las varillas eléctricas las claras y cuando comiencen a espumar vamos añadiendo poco a poco el azúcar sin parar de batir hasta que formen picos firmes.

4. En un bol mezclamos las nueces molidas y el azúcar y se lo vamos añadiendo al merengue poco a poco y mezclamos con la ayuda de una espátula con movimientos envolventes para evitar que las claras se bajen.

5. Para hornear podemos repartir la mezcla en cinco moldes de 15 centímetros, si es que los tenemos. Como lo más normal es que no tengamos tantos moldes de ese diámetro la solución pasa por dibujar sobre un papel de hornear círculos de 15 centímetros de diámetro (dos por papel, a mí no me cabían más) repartir la masa en los círculos, alisar bien la superficie y hornear a 160ºC hasta que los bordes se pongan doraditos.

Yo en lugar de dibujar los círculos me ayudé del aro de mi molde desmoldable de 15 centímetros. Lo ponía sobre el papel, ponía el merengue, extendía, retiraba el aro ¡y listo para meter en el horno!

6. Los sacamos del horno, los dejamos reposar sobre una rejilla y cuando estén bien fríos los levantamos del papel. Es sencillo despegarlos, pero hay que tener paciencia para no dar tirones bruscos porque las capas son muy frágiles y las podemos romper con facilidad.

7. Sacamos la crema de chocolate del frigorífico y con las varillas eléctricas batimos hasta conseguir una crema suave y esponjosa ¡ojo con probarla o no quedará para la tarta!

8. Para montar la tarta empezamos con una capa de claras, cubrimos con una capa de crema de chocolate y seguimos alternando capas de claras y chocolate hasta terminar con una capa de claras. A mí la crema de chocolate me dio justo para las cuatro capas ¡está todo muy bien medido!

9. Metemos en el frigorífico de una a dos horas como mínimo antes de cubrir de chocolate.

10. Transcurrido el tiempo de refrigeración preparamos la cobertura de chocolate poniendo la nata a calentar a fuego bajo en un cazo y cuando esté a punto de hervir añadimos el chocolate, retiramos del fuego y mezclamos hasta que esté disuelto y tengamos una crema homogénea.

11. Por último añadimos la cucharadita de extracto de vainilla y volvemos a mezclar bien.

12. Dejamos templar hasta que esté tibio y un poquito más espeso, lo que dependerá de la temperatura ambiente, pero oscilará entre los 10 y los 20 minutos.

13. Sacamos la tarta del frigorífico, la colocamos sobre una rejilla y debajo de esta la bandeja del horno o un papel de aluminio o sulfurizado (podéis utilizar alguno de los que usamos para hornear las capas de claras y así evitamos un consumo excesivo de papel) y cubrimos la superficie con el chocolate, dejando que chorree por los laterales. 

14. Con la ayuda de una espátula extendemos mejor la cobertura y podemos optar por dejar la superficie y los laterales lisos y perfectos o más estilo rústico, que es como a mí me gusta, que las tartas tengan personalidad y no parezcan de esas industrializadas que podemos comprar en el supermercado.

15. Por último decoramos la superficie haciendo un círculo de almendra picada. Como en esos momentos mi picadora estaba en el lavavajillas opté por poner almendras tostadas enteras.

16. Ponemos sobre un soporte para tartas, un plato o una bandeja y refrigeramos como mínimo dos horas antes de servir, pero mi consejo es que si podéis la tengáis lista con un día de antelación ¡es ideal para que se asiente y tanto la textura como el sabor sean ideales!

Puede parecer complicado pero os aseguro que es sencilla de elaborar, sólo que requiere que le dediquemos algo de tiempo y que la dejemos reposar lo suficiente para estar en su mejor punto.


El corte es muy bonito y el sabor... ¡uf! podéis imaginarlo ¡chocolate, con chocolate y más chocolate...! Os repito lo que os dije cuando hice los bombones: el éxito de esta tarta depende de la calidad y el sabor del chocolate de cobertura que utilicemos.
Y si os sobra cobertura de chocolate de la tarta podéis guardarla en la nevera unas dos semanas y usarla para cualquier otra receta. Bastará con que la calentéis y estará lista para cubrir lo que queráis.
Ahora os dejo, que me voy a visitar las recetas de mis compañeras de destino, porque esta vez más que nunca estoy deseando ver qué delicias búlgaras han encontrado ellas ¡no os las perdáis! Y como siempre os recuerdo que cada día 10 tenemos una cita con la repostería europea y os animo a que participéis en el reto ¡no os váis a arrepentir! 

http://3.bp.blogspot.com/-DR1HgmsAqn0/U7d5BmX9aeI/AAAAAAAADTo/B_l9DKRDDu8/s1600/10178006_807668429260773_680835578_n.png 

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 5 de febrero de 2015

Bombones de avellana

Si la memoria no me falla, en la entrada del día de mi cumpleaños, os comentaba que el chocolate me encanta, pero que no hay casi ninguna receta "chocolateada" publicada en mi blog, así que hace un par de fines de semana decidí endulzarme la vida para endulzarosla a vosotros después y para dar salida a unas cuantas tabletas de chocolate que tenía en casa (que son una tentación en los armarios de la cocina y que por mucho que los coloque en la balda más alta y más inaccesible me siguen llamando).

Desde hace un puñadito de días estoy viendo que muchos blogs se están preparando para celebrar San Valentín, y yo no tengo aún nada especial (con corazones, de color rojo o similar...) preparado para esa fecha, aunque creo que una lata mona repleta de estos irresistibles bocados será un regalo más que digno para la ocasión (y para los días del padre y de la madre,  para navidad,  para ese cumpleaños que se te ha olvidado y no has comprado nada, para esas visitas que te avisan con poca antelación... y sobre todo, para los días que te merezcas darte un capricho ¡porque sí!)
Y para terminar de convenceros sólo me queda argumentar que estos bombones no son fáciles de hacer sino lo siguiente, y hay quien los ha probado y dice que les recuerdan a los de cierta marca que vienen envueltos en papelitos dorados. Además tienen tres tristes ingredientes ¡tres! ¿No pensáis que todo son ventajas?


Que la receta sea un lujo depende exclusivamente de la calidad de los ingredientes que utilicemos, especialmente del chocolate. Así que yo os recomiendo que utilicéis un chocolate que ya hayáis probado anteriormente y cuyo sabor os agrade. En el mercado podemos encontrar mil y una marcas de chocolate con leche y seguro que la mayoría de vosotros, tal y como yo he hecho, habéis probado unas cuantas a lo largo de vuestra vida y sabéis perfectamente que no todos los chocolates son iguales, y que no depende ni del precio ni de la marca, así que mi consejo es que para hacer estos bombones uséis ese chocolate que os encanta y no hagáis experimentos con alguna marca que no habéis probado o que estaba de oferta.


Las avellanas también tienen un peso importante en esta receta. Yo las he comprado con cáscara (en muchos supermercados las venden en bolsas e incluso en cierta cadena alemana las tienen para que las compres al peso) y las he partido en casa. Las he picado crudas, pero también podéis tostarlas enteras en el horno (sin la cáscara, aclaro por si acaso) y después picarlas, eso según vuestro gusto.

Como todos los frutos secos es mejor consumirlas cuanto antes porque se pueden humedecer o poner rancias, pero siempre podéis partirlas con una antelación de una o dos semanas y convervarlas ¡enteras! en una lata que cierre muy bien o en un bote de cristal con la tapadera muy bien apretada. Nunca las piquéis para guardarlas porque más rápido se pondrán malas.

A veces también las podemos encontrar peladas y tostadas en el supermercado ¡ojo que no sean saladas! y en algunas tiendas especializadas en encurtidos y frutos secos. La única precaución si las compráis peladas al peso es que no estén blandas porque no hayan estado bien conservadas.


Y por último nos queda el muesli que podemos encontrar en todos los supermercados y elegir entre  diversas marcas o marca blanca. Lo dejo a vuestra elección, pero yo huiría de los extra azucarados salvo que os gusten las cosas muy, muy, muy dulces. Si no habéis probado ninguno y queréis saber el que yo usé no tenéis más que mandarme un mail y con mucho gusto os lo diré ¡es de los poco azucarados!

Perdonad la perorata, pero es que la receta es tan simple que se presta a hacer estas observaciones para asegurar el éxito ¡que no quiero que estas maravillas no os enamoren cuando las preparéis en casa!


Ingredientes:

* Tres tabletas de 150 gramos cada una de chocolate con leche (es el tamaño estándar de tableta que encontramos en el supermercado sea de la marca que sea)
* 120 gramos de muesli crujiente de chocolate
* 175 gramos de avellanas (pesadas sin la cáscara)


Elaboración:

1. Picamos las avellanas hasta dejarlas hechas trocitos

2. Picamos el muesli. Esto va según gustos y según el muesli que compremos. El que yo usé tenía algunos copos de avena muy azucarados y hechos bolitas, así que los desmenucé con las manos porque eran muy poquitos y listo, pero si el vuestro es más "grueso" podéis poner el muesli en una bolsa de congelar y pasar el rodillo o meterlo en la picadora. Mi consejo es que no lo reduzcáis a polvo, ni hagáis trozos demasiado pequeños.

3. En un bol ponemos el chocolate troceado al baño maría hasta que se derrita. También podéis hacerlo en el microondas, batiendo cada poco para que el chocolate no se queme.

4. Cuando esté bien derretido añadimos las avellanas y el muesli y mezclamos.

5. Vertemos en los moldes que hayamos elegido (en mi caso unas cápsulas para bombones de las de toda la vida) y dejamos enfriar y endurecer. Si optáis por las cápsulas y tenéis bandejas para hornear mini cupcakes os aconsejo que os ayudéis de ellas porque será más fácil llenarlas.

Y un último consejo, bastante útil. Dejad el cacharro dentro de la cacerola con el agua caliente mientras rellenáis las cápsulas, porque si lo sacáis la masa se empieza a endurecer rápidamente en el bol y así podéis llenar los moldes con total tranquilidad.

6. Dejamos enfriar para que se endurezcan. En invierno lo hacen perfectamente en cuestión de minutos a temperatura ambiente (al menos en mi casa, que vivo en una zona fría, fría, fría...) pero si no es vuestro caso los metéis de quince a veinte minutos en el frigorífico y ¡listos para ser devorados!

Más fáciles imposible ¿verdad? y de sabor... ¡os van a encantar! Con estas cantidades a mí me han salido 44 bombones, pero depende de las cápsulas que uséis (las mías eran de 2,5 centímetros de diámetro) y de lo que llenéis las cápsulas. Si os parecen muchos, ya sabéis ¡a dividir ingredientes! pero os animo a que no os quedéis sin probarlos ¡no os lo perdonaríais!
 
Antes de despedirme y de desearos un feliz y dulce fin de semana sólo me queda deciros que el lunes no habrá receta, pero sí el martes día 10 ¡que toca reto europeo! así que os espero ese día. También me gustaría daros las gracias por seguir pasando por mi cocina a pesar de que he tenido unas semanas tan agobiantes de trabajo que casi no he podido asomar por las vuestras ¡prometo visitaros a todos y ponerme al día con vuestras recetas!
Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 2 de febrero de 2015

Rollos de canela especiados

La felicidad está en las pequeñas cosas. No tengo duda alguna. 

Así que yo no dejo pasar los minutos de mi vida haciendo planes que parecen más el cuento de la lechera (si me tocara la primitiva, si me tocara la lotería de navidad, si me casara con George Clooney... esto, quizá ese "posible" no iba en esta lista, aunque no hay duda de que dispone de más "sueltecillo" que yo) sino que invierto cada uno de esos minutos en cosas que me hacen feliz y me gustan que así se hace este "camino" más ameno y llevadero.

Y una de las cosas que más felices me hacen es meterme en la cocina para preparar comidas y repostear, aunque la parte de limpiar después no me hace tan feliz. ¡Bendito lavavajillas! El día que inventen el lavacocinas automático seré un poquito más feliz aún.

Pues os aseguro que hace unas semanas (porque estas delicias llevan esperando en mi despensa para ser publicadas casi dos meses, pero se coló la campaña de navidad y luego la de post navidad) mi cara era pura felicidad (bueno, al principio creo que era puro miedo por enfrentarme a una masa) cuando veía la masa crecer. 

Y es que después de varios meses enamorada de estos rollos que ví en el blog de Alma Obregón y de haber sido Suecia (país del que son originarias estas delicias) destino del reto Reposteras por Europa me dije que ya era hora de perder el miedo y ponerme manos a la masa (nunca mejor dicho) que no importa el número de fracasos cuando al final lo logras.


Lo malo es que yo soy muy mala perdedora y los fracasos, aunque sean culinarios, me sientan bastante mal. Lo bueno es que pasadas unas horas y digerido el cabreo inicial intento sacar lo bueno del intento, buscar los fallos y animarme a volver a intentarlo de nuevo.


Y es que mi relación con las masas no había sido nada buena hasta ahora. Recuerdo, allá en mis años de universidad, a tres pavas metidas en la cocina para hacer masa de focaccia ¡utilizando levadura Royal y harina de rebozar! Por supuesto después del horneado aquello no era una masa de focaccia sino una costra dura que a punto estuvo de saltarnos algún diente.

Luego vino la segunda oportunidad (también con una focaccia, yo tropiezo todas las veces que haga falta con la misma piedra), cuando ya me habían presentado la harina de fuerza y la levadura de panadero, pero la masa no subía, todo el mundo tenía hambre, así que a estirar la masa y al horno ¡con calor sólo por abajo! Os podéis imaginar que tampoco salió lo que esperábamos.

Con semejantes antecedentes ¡como para no cogerles miedo! Claro, así estaba yo, el viernes por la noche repasando la receta para ver si tenía todo lo que necesitaba y muerta de miedo pensando que la masa a mí no me iba a subir. Pero sí que subió ¡vaya si lo hizo! Y mi cara era de felicidad pura, y no paraba de mirar el bol donde estaba ¡pero si no se iba a ir rodando!


Ese día me dí una lección a mí misma y prometo no tenerle miedo nunca más a ningún "reto", a no tomarme a pecho los fracasos sino a aprender de ellos, y a no cejar en mis empeños porque al final obtengo mi recompensa ¡y bien dulce en este caso! 

Una vez engrosado mi ego un poquito más si cabe me centro en los rollos de canela ¡que son los verdaderos protagonistas! Sólo os voy a decir una cosa ¡merecen todos y cada uno de los minutos que hay que esperar a que la masa leve! Mi marido decía que me iba a pasar todo el día en la cocina para hacerlos y que dudaba que compensara tanto tiempo y trabajo. Cuando les dio el primer bocado se calló para siempre.

Mientras se hornean la cocina huele de muerte y lo mejor viene, sin duda, cuando los sacas del horno ¡es un suplicio esperar a que se templen! Son perfectos para desayunar o para una merienda tranquila acompañados de un buen chocolate, café o té.

Yo pongo la receta y vosotros ponéis el momento ideal ¿os parece?


Si seguís los pasos y tenéis la paciencia necesaria ¡tenéis el éxito garantizado!

Ingredientes:

Para la masa

* 675 gramos de harina
* 7 gramos (1 paquete) de levadura seca de panadero
* 250 ml de leche
* 75 gramos de mantequilla
* 75 gramos de azúcar
* Un pellizco de sal
* 3 huevos

Para el relleno

* 150 gramos de azúcar moreno
* 35 gramos de harina
* 120 gramos de mantequilla fría cortada en cubos muy pequeños
* Una cucharadita de canela
* Un clavo de olor molido
* Media cucharadita de nuez moscada
* Media cucharadita de jengibre

 Para la superficie

* Nata de montar

Elaboración:

1. Ponemos 350 gramos de harina junto con la levadura en el bol de la batidora eléctrica y mezclamos bien. Los 325 gramos restantes de harina los reservamos en otro bol.

2. En un cazo ponemos a fuego lento la leche, la mantequilla, el azúcar y la sal hasta que la mantequilla se derrita pero sin que llegue a hervir. Para lograrlo lo mejor es fuego bajo y no dejar de remover con las varillas manuales.

3. Añadimos la leche poco a poco a nuestro bol con harina y levadura. Yo lo hice añadiendo un cucharón de leche cada vez y batiendo a mano (si pongo la batidora eléctrica para eso hubiese llegado la harina y la leche al techo de la cocina fijo)

4. A continuación añadimos los huevos uno a uno y no ponemos el siguiente hasta que el anterior no está bien integrado con la masa. El paso anterior y este son bien sencillos de hacer a mano porque la masa es bastante líquida y fácil de manejar.

5. Cuando nuestra masa es homogénea ponemos el bol en la batidora eléctrica y batimos a velocidad media-alta durante unos tres minutos para asegurarnos que no queda ningún grumo.
6. Cambiamos las varillas de batir por los ganchos de amasar, ponemos la batidora a velocidad baja y vamos añadiendo el resto de la harina poco a poco (yo lo hacía a cucharadas)
7. Continuamos batiendo hasta que la masa sea elástica y no pegajosa. No sé vuestras batidoras, pero la mía necesitó un poco de ayuda para que toda la harina se incorporase a la masa, así que tuve que irla parando e incorporar amasando un poquito a mano la harina que había en el fondo del bol.
8. Una vez hecha la masa la pasamos a un bol grande, la tapamos con film transparente y la dejamos reposar en un lugar calentito hasta que doble su volumen. El tiempo de espera es una incógnita. La mía tardó entre hora y media y dos en doblar el volumen.
9. Mientras podemos preparar el relleno. El un bol ponemos la mantequilla cortada en dados diminutos, el azúcar, la harina y las especias y mezclamos a mano o con las varillas manuales. A mí se me hizo una pasta y me resultó fácil de extender sobre la masa, aunque según la receta se debería quedar hecho tipo "migas" y repartirlas a mano sobre la masa. Para que se quede hecho tipo migas hay que mezclarlo con dos cuchillos, pero yo cuando llevaba varios minutos y aquello no progresaba me harté y lo hice a mano. Podemos guardar en el frigorífico

10. Cuando tenemos la masa "crecida" la golpeamos una o dos veces con el puño para que pierda el aire y volvemos a esperar diez minutos. Tanto esperar para pasar a deshincharla ¡qué frustración!

11. Espolvoreamos con harina la encimera (también podemos usar un tapete de amasado, yo opté por él, porque la encimera negra se pone hecha un asco con la harina) ponemos nuestra masa y la extendemos con el rodillo intentando darle forma de rectángulo y que quede con el grosor de aproximadamente un centímetro.

12. Echamos el relleno por encima procurando que cubra bien toda la masa salvo un dedo por uno de los lados largos que nos servirá para cerrar en rollo.

13. Enrollamos la masa y  el extremo que no hemos cubierto de relleno lo pintamos con nata de montar para ayudar a que la masa se selle y no se nos despegue.

14. Ahora sólo nos queda cortarlo en rollos de un centímetro de grosor, engrasar nuestro molde y colocar los rollos en su interior.

15. Dejamos el molde en un lugar calentito (¡sí! toca esperar otra vez) y esperamos una hora para que suban. Efectivamente el milagro se vuelve a obrar y la masa vuelve a subir.

16. Pasada la hora pintamos los rollos con un poquito de nata para montar, metemos en el horno precalentado a 190º C y horneamos durante una media hora o hasta que al pinchar los rollos el palito salga limpio.

Ahora sí ¡ya podemos disfrutar de ellos! ¡Y la espera habrá merecido la pena totalmente!


Con estas cantidades a mí me salieron dieciocho rollos que dieron justo para dos moldes redondos (el rojo es bastante grande, de más de 26 centímetros de diámetro seguro y el turquesa es de al menos 24) que os pongo en las fotos, incluídos los cortes de las puntas, que entraron en el segundo molde. Si queréis menos cantidad podéis reducir a la mitad los ingredientes, aunque os aseguro que están tan ricos que no daréis lugar a que se pongan duros



Manos a la masa y ¡bon appètit!