jueves, 28 de mayo de 2015

Galletas de calabaza con gotas de chocolate

Me encantan las galletas caseras. Nada se puede comparar a preparar una masa de galletas, darles forma y que te envuelva el aroma de las que se están empezando hornear.

Y aunque sólo tienen que estar unos minutos en el horno yo no veo que llegue el momento de poder probarlas. Me cuesta horrores sacar la bandeja y esperar unos minutos siquiera a que la galleta se temple ¡no me he quemado veces por impaciente! 

Para mí merece la pena el tiempo "extra" que hay que dedicarles para darles forma y hornear en varias veces ¡el sabor y el olor de cualquier galleta que se haga en casa paga con creces cada minuto que se les dedica! Y si andamos cortos de tiempo siempre podemos preparar la masa y hornearla en un molde haciendo una mega galleta gigante (que no sé si es una buena recomendación porque querrías acabar con ella a pellizcos)

Después llega el momento tentación y las continuas visitas a la cocina abriendo con disimulo la lata o el bote donde las he guardado que cada vez está más vacío sin que en casa nadie reconozca su parte de culpa ¡y eso que sólo somos dos!

Creo que queda claro que para mí hacer galletas es un placer desde que me pongo a buscar una receta hasta que la última galleta desaparece (que generalmente sólo toco a la mitad porque la compartimos mi marido y yo)

Las galletas que os traigo hoy son todo un descubrimiento y prometo que voy a seguir buscando recetas similares porque me han enamorado. Ya sabéis que a mí no me frena ninguna receta por "extraña" que parezca y que he publicado varias recetas con calabaza que adoro usarla en repostería y cada día me gusta más, pero aún así no acababa de ver la calabaza en unas galleta...
 
Pues menos mal que no la veía, porque si la llego a ver no encuentro el momento de dejar de hacer estas galletas ¡que ya he preparado la friolera de tres veces! Porque son unas galletas diferentes que no son crujientes ni se quedan duras cual armas arrojadizas si se te pasa el tiempo de horneado unos minutos sino que te sorprenden con un interior suave y agradable.

La pimera vez que las hice me sorprendió muchísimo que subieran en el horno. Empecé a sospechar que igual la culpa era mía porque habría medido mal la levadura o porque había dejado la masa de las galletas reposando en el frigorífico siete u ocho horas (aunque no entendía la relación que podía tener) y en la receta no ponía nada de dejar reposar pero a mí me gusta porque la masa se queda bastante más manejable.

Así que la repetí y sustituí la levadura por la mitad de bicarbonato y no dejé reposar la masa sino que la horneé directamente y el comportamiento de la masa en el horno es igual. También cambié las cantidades de azúcar, no porque pensara que podían influir en que levasen o no las galletas, sino para ver si adquirían un tono más dorado pero el resultado siempre fue el mismo.

He llegado a la conclusión de que la masa se comporta así por la calabaza, aunque bien poco me importa cómo se comporte porque las galletas son una auténtica delicia que en casa nos traen locos y sé que las voy a preparar muchas veces más.
 
A mí me gustan las galletas gorditas pero si las queréis más planas bastará con tomar menos masa y aplastarla más en la bandeja porque la masa no se aplasta y se extiende al hornearla.

¿Vamos con la receta?

Entre paréntesis os he puesto las cantidades por las que he sustituido determinados ingredientes para ver si la masa se comportaba igual o no al hornearla. Elijáis la variante de la receta que elijáis os aseguro que os van a quedar unas galletas de auténtico lujo.


Ingredientes:

* 300 gramos de harina para repostería
* 100 gramos de puré de calabaza (receta aquí)
* 100 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 70 gramos de azúcar moreno (100 gramos de azúcar moreno)
* 30 gramos de azúcar blanco (no le ponemos azúcar blanco)
* Una cucharadita de levadura química (media cucharadita de bicarbonato sódico)
* Un huevo
* Un pellizco de sal
* 120-140 gramos de gotas de chocolate (sí, son muchas pepitas)


Elaboración:

1. Batimos la mantequilla con el azúcar.

2. Añadimos el puré de calabaza y el huevo y seguimos batiendo hasta que la masa sea homogénea.

3. Incorporamos la harina, la levadura y la pizca de sal e integramos.

4. Por último añadimos las gotas de chocolate y con mucha paciencia las integramos bien en la masa para que queden esparcidas.

5. Dejamos la masa reposar en el frigorífico para que sea sencillo manejarla y hacer las galletas. Yo la suelo dejar una noche.

6. Cogemos porciones de la masa y le damos forma de galleta (no se aplastan en el horno) y las colocamos un poquito espaciadas en nuestra bandeja de horno sobre un papel para hornear o una lámina de silicona.

7. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 15 minutos.

8. Sacamos, ponermos sobre una rejilla y las dejamos enfriar.

Con estas cantidades a mí me salieron 18 galletas del tamaño que veis. Se conservan muy bien en una lata, bien tapadas aunque no duran mucho tiempo porque están tan ricas, y tienen tanto chocolate que no puedes evitar levantar la tapa disimuladamente y coger una.
Yo sólo os digo que por mucho que os cuente y os explique si queréis saber cómo son estas galletas tenéis que hornearlas ¡seguro que si las probáis os conquistan! Entre la textura blandita, el toque de la calabaza y el millón de gotas de chocolate que llevan ¡son irresistibles!
 

Animaos con ellas y me contáis. Me despido de vosotros hasta el lunes no sin antes desearos feliz y dulce fin de semana.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 25 de mayo de 2015

Tarta cremosa de manzana

Lunes de nuevo.

¿Puede alguien explicarme por qué las horas de los fines de semana pasan más rápido que las horas de los días de la semana? Porque en el colegio nos enseñaron que una hora son sesenta minutos y cada minuto sesenta segundos, pero lo que me ha demostrado mi experiencia es que los segundos de los fines de semana pasan bastante más rápido y eso no aparece en los libros de texto ¡y por supuesto no me parece ni medio bien!

Después de quejarme (poco para lo que yo protesto y para el día que es) os traigo una tarta que aúna mi postre favorito (tarta de queso) y el postre favorito de mi marido (tarta de manzana). Os he dicho mil veces que me gusta probar recetas nuevas tanto de una como de la otra y hace ya bastante tiempo que tenía vistas algunas recetas de tarta de manzana con queso y ganas de probarla no me faltaban, así que el otro día aprovechando todo lo que tenía en el frigorífico hice mi propia versión de esta tarta.
¿Resultado? Está buena pero no resuelve el conflicto "tarta de queso vs tarta de manzana" que hay en mi casa. No ha sido la mejor tarta de queso ni la mejor tarta de manzana que hemos probado pero el resultado es una tarta cremosa, refrescante y de un sabor suave que hará que le guste a todo el mundo.

Es de esas recetas que son la mar de útiles para preparar un postre cuando lo va a probar mucha gente, cada cual con sus gustos, porque dejará contentos a todos. No lo recordarán como el mejor postre de su vida pero os ayudará a salvar la situación y quedar la mar de bien con el personal.

Ya sabéis que a mí me gusta ser sincera y no pretendo vender ninguna moto. Hay recetas mejores, o que por la circunstacia que sea me gustan más y otras que aún estando buenas no me acaban de convencer, o no les encuentro nada en particular por lo que destaquen aunque en conjunto estén bien.
  
Y eso es lo que le pasa a esta tarta, que está buena, que es fácil de preparar, pero no es de esos postres espectaculares que recuerdas durante meses. O puede ser que yo cada vez le exija más a lo que preparo especialmente si de tartas de queso se trata.

Conste que no os quiero quitar las ganas de probarla porque por millonésima vez repito que está rica porque si no fuera así no la publicaba, pero me gusta dar una opinión sincera porque si os animáis a prepararla (que ya veréis que se tarda un tris) no quiero que nadie se lleve una desilusión si me dedico a venderla como la mejor tarta del mundo mundial.

Tampoco me toméis mucho en serio que estoy de lunes, con la alergia ensañándose conmigo (y conste que yo ninguna primavera la invito) y ando de peor humor que de costumbre (y os aseguro que es raro). Creo que en cuanto os dé la receta me voy a tomar un café o una tableta de chocolate, aún no lo he decidido.

Y ahora sí que paso a contaros cómo hacer esta tarta cremosa de manzana, aunque os advierto que tardaré más en escribirlo que vosotros en prepararla.


Ingredientes:

* Una lámina de masa quebrada
* 5 manzanas grandes de las que más os gusten (las mías pesaban en torno a un kilo)
* Una tarrina de queso de untar light (o clásico si lo preferís)
* Dos huevos
* Un limón mediano
* Un sobre de azúcar de vainilla
* Dos cucharadas soperas de azúcar de abedul Sucrafor. Las podéis sustituir por azúcar blanco. 
* Una cucharadita (generosa) de canela

Elaboración:

1. En un bol ponemos el queso, los huevos, la ralladura y el zumo del limón, los dos azúcares, la canela (podéis poner más o menos canela según vuestro gusto) y tres manzanas peladas, descorazonadas y partidas en trozos.

2. Metemos la batidora hasta dejarlo líquido.

3. Pelamos el resto de las manzanas, las partimos en trocitos y las añadimos a la mezcla anterior.

4. Ponemos la masa quebrada en un molde previamente untado de mantequilla (también podéis dejar el papel en el que viene envuelta la masa quebrada y que hará muy sencillo desmoldar) vertemos nuestra masa y procuramos que los trozos de manzana queden bien repartidos por toda la superficie.

5. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos treinta minutos aproximadamente o hasta que nuestra tarta esté cuajada. 

La masa subirá mientras se hornea pero después baja.

6. Como tiene queso debemos dejarla reposar en el horno unos cinco o diez minutos con la puerta cerrada cuando lo apaguemos para evitar que la superficie se agriete. Como abrí la puerta a mí se me rajó un poquito, pero aún así queda muy bonita y con personalidad.

7. Una vez fría meted en el frigorífico antes de comer porque así tiene más cuerpo y personalmente me resulta más rica.

 
Os animo a que un día que tengáis los ingredientes en casa, porque todo lo que necesitamos lo solemos tener en el frigorífico de manera habitual, la preparéis y me contéis qué os parece.


Me despido de vosotros hasta la próxima receta (esta semana el jueves, como suele ser habitual salvo que toque reto) y os deseo muy feliz y dulce semana (y que el maldito lunes pase rápido)

Manos a la masa y ¡bon appètit!


viernes, 22 de mayo de 2015

Tarta de calabaza española

Sí. Tarta de calabaza española. Porque está hecha con el maravilloso aceite de oliva de mi tierra y con calabaza de la huerta de mi padre. Y porque ese fue el nombre que se me ocurrió cuando probé el primer bocado de esta delicia que nada tiene que envidiar a la pumpkin pie americana que los que más los que menos hemos preparado en casa. Yo misma caí en la tentación el pasado otoño.
 
Igual os sorprende que en mitad de la primavera venga con esta receta hecha con calabaza. A mí también porque soy la primera que asocia las calabazas con el otoño así que me llevé una gran sorpresa cuando el mes pasado leí que para el Reto Color y Sabor de Temporada de mayo Pilar había elegido el aguacate y la calabaza.

Estuve indagando un poco por internet y he aprendido que la temporada de la calabaza comienza en primavera y acaba a finales de otoño. Así que a pesar de tener muchas ganas de trabajar con aguacate en un postre esta vez he optado por la verdura ya que me quedaban algunas calabazas del verano pasado y me gustaría aprovecharlas al máximo antes de que se pongan malas.
He elegido esta receta porque llevaba a saber cuántos años apuntada en un papel. Soy incapaz de recordar de dónde la copié porque ya desde bien pequeña iba atesorando páginas de recetas que encontraba en revistas o me dedicaba a copiar las recetas de Karlos Arguiñano lo mejor que podía porque era bien complicado ir anotando mientras veías el programa, sobre todo los ingredientes que te los ponían rápidamente al final.

Sea cual sea su procedencia esta tarta sólo tiene un inconveniente ¡y es no haberla hecho antes! porque os aseguro que está de  muerte y a pesar de lo grandota que es duró bien poco y esta vez no sólo se debe a que mi costillo se sirviera grandes raciones porque yo no me quedaba atrás.
 
La textura es cremosa y firme y cada cucharada casi se derrite en la boca... Es imposible explicar lo buena que está esta tarta y las fotos le hacen cero justicia porque el finde que la preparé fue quizá uno de los últimos que llovió y la luz natural brillaba por su ausencia.

Si queréis saberlo tenéis que probarla. Os aseguro que no os defraudará. Además la temporada de la calabaza es larga y cualquier momento será perfecto para disfrutar de ella.
Ingredientes:

* 1 kilo de puré de calabaza (receta aquí ¡muy sencilla!)
* 300 ml de leche semidesnatada (o la que tengáis en casa)
* 50 ml de AOVE
* 1 bote pequeño de leche condensada 
* 4 huevos
* 200 gramos de azúcar. Yo usé azúcar de abedul de Sucrafor, pero si no tenéis podéis poner azúcar blanco.
* 160 gramos de harina para repostería
* 1 sobre de levadura química
* 1 pellizco de sal
* Dos cucharaditas de canela en polvo.

Elaboración:

1. En un bol muy amplio ponemos los ingredientes en el orden en el que están escritos salvo los huevos.

2. Mezclamos bien hasta que estén todos integrados. Se puede hacer con la varilla manual y se tarda un par de minutos o menos.

3. A continuación vamos incorporando los huevos de uno en uno y no incorporamos el próximo hasta que el que hemos echado no está bien integrado.

4. Vertemos nuestra mezcla en el molde que hayamos elegido. Como es bastante líquida yo os aconsejo uno de silicona grande, pero si no tenéis usad uno desmoldable forrado con un papel de horno para evitar que la masa gotee.

5. Introducimos en el horno precalentado a 160º C y horneamos hasta que esté cuajada, lo que será aproximadamente una hora.

6. Dejamos en el horno con la puerta entreabierta hasta que se enfríe y después pasamos al frigorífico.

Mi consejo es que antes de consumir pase al menos veinticuatro horas en el frigo. Será más fácil desmoldarla y además el sabor será más intenso. Porque con esta tarta me ha pasado como con las tartas de queso y es que más rica me resultaba cuantos más días llevaba hecha.
El sabor y la textura son espectaculares (sí, ya sé que lo he dicho, pero me gusta insistir) y por si tenéis reparos no es como comer calabaza a cucharadas a pesar de la cantidad de puré que tiene. Os invito a disfrutar de las recetas de mis compañeros de reto y os deseo feliz y dulce fin de semana.

Manos a la masa y ¡bon appètit!




lunes, 18 de mayo de 2015

Blondie de plátanos y nueces

Hace unos días os contaba la historia de mi imposibilidad de repostear con plátanos y después de airear las intimidades de mi casa puedo asegurar que la situación sigue igual. Plátano que vemos ¡plátano que cae! ¡qué obsesión! y os aseguro que siempre hay montones de fruta ¡pues sólo queremos los plátanos! Ya le podía pasar como con las manzanas, que si no es en tarta no quiere ni olerlas, pero la tarta dura un suspiro, eso también os lo puedo asegurar.
Y no he vuelto a esconder (por el momento) más plátanos (es que leo lo de esconder comida y me da vergüenza propia y ajena), lo que ocurre es que este blondie lo preparé el mismo fin de semana que los Muffins de fresas y plátano ¡tenía que aprovechar los plátanos!
El blondie es el primo rubio del brownie. No lleva chocolate negro, pero no por ello deja de ser delicioso. Yo lo descubrí gracias a un Blondie con galletas rellenas de chocolate que me fascinó (si aún no lo has visto no dudes en pinchar en el enlace) pero hasta ahora no había vuelto a preparar ninguno ¡demasiadas recetas pendientes y muy poco tiempo además de muy pocos estómagos para repartirlas!
Esta receta se la había visto a Manderley del blog Guindilla y Canela y fue verla y caer total y absolutamente enamorada de ella. Después de probarla en casa sólo puedo decir ¡menuda vista tengo para las recetas! Lástima que aunque lleve plátano no sea un postre muy sano, porque a mí no me importaría comerlo a diario. Mientras sigo fantaseando con miles y miles de dulces y tartas que no engorden os cuento cómo preparar esta maravilla.

Ingredientes:

* 2 plátanos grandes maduros
* 100 gramos de azúcar moreno
* 2 huevos 
* 100 gramos de mantequilla (yo usé light, y funciona)
* 200 gramos de chocolate blanco
* 225 gramos de harina para repostería
* Una pizca de sal
* Dos cucharaditas de pasta de vainilla
* Un puñado (al gusto ) de nueces


Elaboración:

1. Ponemos el chocolate y la mantequilla a derretir al baño María. También se puede hacer en el microondas, es más rápido, pero yo siempre tengo pánico de que se queme el chocolate y prefiero hacerlo de la otra manera.

2. En un bol batimos los huevos, la vainilla y el azúcar, hasta que esta última no se note.

3. Añadimos los plátanos machacados sin llegar a formar un puré, sino algo más grueso para que se note y el chocolate y la mantequilla y mezclamos bien.

4. Añadimos la harina con la pizca de sal y batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

5. Por último añadimos las nueces (más o menos picadas según vuestro gusto) y las repartimos por la masa.

6. Untamos nuestro molde con mantequilla o aceite o bien lo cubrimos con un papel de hornear para que sea fácil desmoldarlo.

7. Vertemos la masa y metemos al horno precalentado a 180ºC

8. Horneamos unos 30-35 minutos. Sin pasarnos para que no quede demasiado reseco.

9. Dejamos templar en el horno unos minutos y después lo sacamos y dejamos enfriar completamente.

Si queréis antes de servir se puede decorar con trozos de nueces, chocolate o sirope ¡siempre pensando en light no se puede estar! 
Como véis el corte queda muy jugoso y os aseguro que es un bocado riquísimo. La única precaución a tener en cuenta es guardarlo en un recipiente bien tapado en el frigorífico ahora que el calor del verano parece que ha decidido llegar por adelantado y sin preaviso.

Os aseguro que está muy bueno ¡aprovechad los últimos días que se puede hornear para prepararlo! Porque dentro de nada conectar el horno será como abrir una puerta directa al infierno aunque yo no creo que pueda resistir tres meses sin encenderlo.

Por cierto, la próxima receta la publicaré el viernes en lugar del jueves porque es día de reto. Mientras tanto ¡pasad una feliz y dulce semana!

Manos a la masa y ¡bon appètit!

miércoles, 13 de mayo de 2015

Brioche de rosas a la canela

Hay fenómenos que se presentan pocas veces en nuestras vidas. Se me ocurre por ejemplo el paso del cometa Halley, un eclipse solar total, encontrar un billete de quinietos euros en la calle o más complicado aún ¡hacerse con una panificadora de LIDL!

Puede sonar exagerado pero que LIDL ponga a la venta su codiciada panificadora es todo un acontecimiento para los cocineros-reposteros de todos aquellos países en los que la cadena alemana opera. Los que ya la tengan o al menos hayan intentado hacerse con una de ellas sabrán a qué me refiero. A los que aún no se os haya ocurrido haceros con una os diré que es una misión complicada, que ese día os preparéis para ver colas en la puerta del supermercado, carreras por los pasillos nada más abrir y muy poca comprensión por nuestros semejantes ¡no hay piedad si de hacerse con uno de estos cacharros se trata! 

Lo cierto es que yo me fijé en la panificadora hace al menos seis o siete años. Curiosamente antes no eran tan objeto de deseo porque recuerdo que la vi una tarde en el supermercado (y también era más barata, o al menos yo recuerdo que costaba 30 euros) y al final no la compré porque pensaba que sólo valía para hacer pan y que sólo se podía hacer pan con los preparados que venden en LIDL.

Ignorante total, lo sé. Pero no hay mal que por bien no venga, porque ahora tengo un modelo bastante moderno.

Como imaginaréis soy una de las afortunadas que se hizo con una panificadora el pasado 13 de Abril. Vi el folleto en la web con bastantes días de antelación y las ganas de tenerla volvieron. Por si me faltaban motivos esa noche estuve de charla con mi amiga Manoli (El blog de Manoli y Los postres de Manoli) al menos dos horas vía WhatsApp. A Manoli yo la llamo la reina de las masas y si conocéis su blog entenderéis perfectamente por qué.

No sabéis cómo aumentaron mis ganas de hacerme con el cacharro. Y ya me había advertido Manoli que era bastante complicado, que había que estar bastante temprano en el supermercado, que había carreras, empujones y todo los que os he comentado porque ella ya se había hecho con una. Así que yo ideé la Operación Panificadora de la que formaron parte muchos valientes sin cuya colaboración no nos habríamos hecho con dos.

Sí, habéis leído bien, mi marido salió de LIDL con dos panificadoras y no perdió ningún miembro, ni fue atacado física ni verbalmente (al menos este último ataque de frente) aunque sí que notó miradas hostiles y bastante tensión en el ambiente. La razón para que fuera él es porque es el más alto y corpulento de la familia y por tanto el que más impone. ¡¿A ver quién se atreve a enfrentarse a mi costillo?!

Cuando la panificadora llegó a casa y pude por la noche echarle un vistazo al manual de instrucciones me entró pánico. ¡Por favor! Parecía que más que una panificadora me había hecho con una bomba atómica porque a cada línea que leía el aparato podía salir ardiendo ¡¿qué hace la gente con los electrodomésticos en sus casas para que en los manuales de instrucciones hagan semejantes advertencias?! 

Al final el pánico pasa cuando la utilizas por primera vez y compruebas que el manual exagera más que yo en esta entrada del blog y porque además yo tengo a Manoli a un golpe de tecla para resolver mis dudas ¡estoy aprendiendo de mi reina particular de las masas! 

Y aunque aún me falta mucho para estar a su altura en estos menesteres hoy traigo este brioche que preparé para merendar el pasado día de la madre y que además quiero dedicar a Manoli por la paciencia y el buen humor que siempre tiene conmigo y por esos maravillosos ratitos de charla que echamos con nocturnidad y alevosía (porque yo a otras horas no suelo poder) que en muchas ocasiones han pintado una sonrisa en mi cara al final de días malísimos.
Manoli gracias por estar ahí siempre que te necesito y si empiezo a hacerme demasiado pesada ¡mándame un ratito a tomar el fresco sin miramiento alguno! Este brioche que no es el más bonito del mundo pero para mí es muy especial porque es el primero que he hecho con la panificadora va dedicado a tí por esos buenos ratos que hemos pasado juntas (y los buenos que están por venir, por supuesto)
Ingredientes:

* 550 gramos de harina de fuerza
* 200 gramos de leche (sí, has leído bien, va pesada) (yo la puse semidesnatada)
* 2 huevos
* 50 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 100 gramos de azúcar
* 1 pellizco de sal
* Un paquete de levadura seca de panadero
* Dos cucharadas más de mantequilla para derretir
* Media cucharadita de canela en polvo.
* Otro huevo para pintar

Elaboración:

1. Ponemos los ingredientes en la cubeta de la panificadora según las instrucciones del fabricante. Para la mía son primero los líquidos (leche, dos huevos ligeramente batidos y mantequilla) y después los sólidos (azúcar, harina, sal y levadura)

2. Elegimos el programa de amasado. En mi panificadora es el 7 y dura quince minutos.

3. Untamos un bol grande ligeramente con aceite de oliva y cuando acabe el programa sacamos la masa, hacemos una bola con ella y la colocamos en el bol. También untamos ligeramente la superficie de la masa para evitar que se pegue.

4. Tapamos con un film transparente tocando la masa y si queremos el bol con un paño limpio y dejamos levar hasta que doble su volumen. En mi caso fueron unas dos horas.

5. Cuando haya levado espolvoreamos con harina nuestra superficie de trabajo, ponemos la masa, la desgasificamos (golpeamos con un puño para que pierda el aire) y dividimos en dieciséis porciones de unos sesenta gramos cada una.

6. Derretimos en el microondas un par de cucharadas de mantequilla y le añadimos la canela. Mezclamos bien hasta que la mezcla sea homogénea.

7. Estiramos una porción, intentando dejarla con forma rectangular o al menos ovalada de aproximadamente medio centímetro de grosor. Pincelamos la superficie con la mantequilla.

8. Estiramos otra porción, la colocamos sobre la porción anterior y pincelamos la superficie.

9. Seguimos estirando las porciones y apilándolas hasta hacer cuatro montones con cuatro porciones estiradas y pinceladas con mantequilla cada una.

10. Enrollamos cada uno de los montones dándole forma de brazo de gitano. Debemos tener cuatro rollos. Este paso es un poco más complicado porque al estar pinceladas de mantequilla cada capa estas son muy resbaladizas, pero con un poco te paciencia se hacen los rollitos.

11. Cortamos cada rollito en cinco porciones. Yo usé un molde de 26 centímetros de diámetro y me sobraron seis porciones, así que podéis hacer porciones más gruesas aunque sube bastante y os quedaría un brioche con mucha altura (aunque eso no es problema alguno seguro)

12. Untamos el molde con mantequilla. Podemos usar la que nos haya sobrado de pincelar la masa.

13. Ponemos los trozos de brioche en el molde como más nos guste y esperamos de nuevo a que leven y dupliquen su tamaño.

14. Cuando hayan levado pincelamos con mucho cuidado con huevo batido.

15. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos veinte minutos. Si el brioche se empieza a dorar mucho tapadlo con papel de aluminio.

16. Después de hornear dejar en el horno con la puerta entreabierta hasta que se temple.

Lo podéis tomar templado o frío, está rico de cualquier manera, pero mi consejo es que lo toméis recién hecho porque es una auténtica delicia tan esponjoso y suave. Para conservarlo yo lo tapé con film transparente y aguantó perfectamente cuarenta y ocho horas (y podía haber sido menos si no raciono lo que sobró de la merienda en casa de mi madre)

Si no os gusta la canela pincelad las capas de masa sólo con mantequilla. A mí me gusta tanto que se la he puesto aunque en la receta que he seguido (que llevaba mucho tiempo en mi poder y no sé ni de dónde la saqué porque la tengo anotada a mano, por lo que es antigua seguro) no le ponían. Como es muy poquita la que le puse no es el sabor dominante, sino que le da un toque muy interesante al brioche, pero eso depende de los gustos.
Ya sabéis el respeto que le tengo a las masas pero con la ayudante que me he buscado quiero perderles el miedo de una vez por todas y lanzarme con las recetas que hace tanto tiempo que tengo en pendientes. Y si hace tiempo que os ronda la idea de hacer un brioche no lo penséis que merece muchísimo la pena

Manos a la masa y ¡bon appétit!

domingo, 10 de mayo de 2015

Tortas de aceite

Este mes las participantes del reto Reposteras por Europa estamos de celebración porque ¡es el primer aniversario del reto! En mi caso no me uní hasta septiembre (es que en mayo del año pasado ni siquiera tenía el blog) y me perdí los tres primeros destinos pero aún así he disfrutado de viajes reposteros maravillosos y he aprendido un montón en mis búsquedas y con las recetas de mis compañeras.

Para festejar el primer año este mes el destino es ¡España! A priori puede parecer sencillo ya que la repostería de nuestro país es muy rica y variada y hay mil recetas entre las que elegir, aunque a mí me costó bastante decidirme. Pili nos pidió que preparásemos una receta típica de nuestra comunidad y usando un símil deportivo ahí sentí la presión que supone jugar en casa.

Con estos requisitos, que repito pueden parecer sencillos, yo quería preparar algo que tuviese un significado especial para mí y por más vueltas que le daba no se me ocurría nada, al menos nada que no tuviera ya publicado como el dulce de membrillo, los roscos, los pestiños, la cuajada de carnaval... Hasta que una mañana de camino al trabajo escucho a una madre preguntarle a su hijo si había cogido el bocadillo para el recreo y mi caja de los recuerdos se abrió como un torbellino y me transportó a mi época colegial y se hizo la inspiración.
Las tortas de aceite fueron para mi generación (nacidos en 1982, primos de Naranjito, los niños de la EGB) y también para algunas generaciones anteriores las protagonistas indiscutibles en los recreos escolares y las meriendas. En mi colegio eran los alumnos de 8º EGB los que cada recreo vendían dos sacos de tortas a cinco duros (25 pesetas, y aún así a la generación euro esto le sonará a chino) cada una para sacar algo de dinero para el viaje de estudios.

Y por la tarde cuando salías del colegio, porque íbamos a clase también por la tarde y salíamos a las cinco, corríamos hasta casa para no perdernos Barrio Sésamo y la merienda era una torta y un vaso de leche con Cola Cao. ¡Qué buenos tiempos aquellos!
Porque después llegaron los donuts, los bollycaos y los phoskitos que eran pasteles mucho más sofisticados y además envueltos individualmente por lo que también eran más cómodos y las tortas de aceite se fueron desterrando poco a poco de los patios de los colegios y las meriendas infantiles.

A pesar de eso las tortas de aceite se pueden encontrar en cualquier panadería de mi zona (Jaén y Granada) especialmente si son panaderías de pueblo y las mujeres siguen yendo a los hornos a prepararlas porque a pesar de que son fáciles de preparar en casa lo normal era hacer tortas en cantidades casi industriales y cocerlas en el horno de la panadería. Hace muchos años se conservaban en cajas de cartón o en canastos (cestos) de mimbre bien tapadas con paños de cocina o manteles según el tamaño del canasto. Ahora se conservan congeladas aunque para mí no hay nada como el sabor y el olor de una torta de aceite recién horneada.

Estoy muy contenta con mi elección para el reto de este mes porque conseguí mi objetivo que era preparar una receta que tuviera un significado especial para mí y que además fuera típica de mi zona y no se me ocurre nada mejor que estas tortas elaboradas con el maravilloso aceite de Jaén ¡oro líquido! Un último apunte antes de pasar a la receta. Las tortas de aceite tradicionales son las que os traigo que se hacen sin nin relleno pero también las podemos encontrar rellenas de chocolate (pero tienen muy poco chocolate, la presencia es más testimonial que otra cosa, aunque son una delicia) o con nueces y/o pasas bien en la superficie o en el interior del bollo que no dejan de ser todas una gran tentación y que  traeré poco a poco a mi blog.

Prometo no enrollarme más y os dejo la receta

Ingredientes:

* 500 gramos de harina de fuerza
* 200 ml de agua
* 150 ml de AOVE
* Un pellizco de sal
* Un sobre de levadura seca de panadero
* Azúcar blanca para espolvorear la superficie de las tortas.

Elaboración:

1. En un bol amplio ponemos la harina (en forma de volcán), la levadura, la sal y el agua y amasamos. Dejamos reposar unos treinta minutos.

2. Añadimos el aceite, amasamos hasta que la masa sea lisa, elástica y nada pegajosa y la ponemos en un bol tapada con un paño limpio hasta que doble su volumen.

3. Cuando la masa haya subido la desgasificamos (golpeamos con un puño para que pierda el aire) y la partimos en ocho porciones más o menos iguales. 

4. Le damos forma redonda a las tortas, espolvoreamos con abundante azúcar blanca. Dejamos levar de nuevo las tortas hasta que doblen su volumen.

5. Cuando leven es posible que el azúcar se haya "perdido" así que volvemos a poner azúcar sobre las tortas. El motivo de ponerla dos veces es que el primer azúcar que ponemos hace que la torta adquiera matices más oscuros al hornearse y el segundo azúcar que ponemos es el que hace que cada bocado de torta sea una maravilla ¡las tortas tienen que tener mucho azúcar encima! 

6. Metemos en el horno precalentado a 200º C y horneamos de quince a veinte minutos, hasta que veamos que la superficie está dorada. 

7. Dejamos templar y ya podemos disfrutar de ellas. Si las hacéis en casa no dejéis de probarlas calentitas ¡son una maravilla! 

Para conservarlas en perfecto estado podéis meterlas en una lata o en un recipiente hermético que aguantan varios días. Si es para más tiempo las podéis congelar y sacarlas un rato antes de comerlas.
Están buenísimas solas o acompañadas de un buen vaso de leche con cacao, un café, un café con leche, un batido... Espero que os animéis a probarlas si no las conocéis y que me contéis qué os han parecido estas tortas que marcaron a más de una generación.

Como todos los meses os aconsejo que os déis una vuelta y no os perdáis los postres y dulces que hayan traído mis compañeras de reto ¡yo voy volando a verlas!

¡Disfrutad mucho de lo que queda de este dulce domingo!

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 7 de mayo de 2015

Gofres

En más de una ocasión os he dicho que soy muy caprichosa y como algo se me antoje tened por seguro que antes o después cae.

También reconozco que muchas veces esos objetos de deseo que son tan imprescindibles al llegar a casa se quedan guardados en un armario o un cajón no sólo durante semanas, sino incluso meses (a veces muchos, muchos) aunque en mi defensa alegaré que antes o después lo utilizo casi todo.

Y antes mis antojos eran con ropa, zapatos, bolsos y libros, pero desde hace unos años se han unido moldes, utensilios y todo lo imaginable para cocinar y repostear. El resultado es una falta evidente de espacio en casa y aunque he podido solucionar el problema de los libros haciéndome con un Kindle (que también está lleno de títulos, vayáis a pensar que escarmiento) a otros problemas no les he podido poner solución tan fácilmente así que procuro pensarlo dos veces antes de llevarme nada nuevo a casa, aunque resulta bastante complicado. 

Explicadme cómo se resiste uno a comprar estos moldes de silicona para gofres cuando los ves tan baratos en el folleto de ese supermercado que tantísimo nos gusta porque cada semana trae tantas chorraditas para casa porque a mí me fue imposible hacerlo. Y si mi marido se presenta en casa sin ellos (porque él trabaja al lado del LIDL y es el que se encarga de llegar a comprar) ¡la que se arma! 

Porque yo además encuentro motivos la mar de objetivos para cada compra que hago. Por ejemplo estos moldes de silicona para gofres tenían la ventaja de costar mucho menos que una gofrera, que se pueden preparar muchos más gofres de una vez, que ocupaban muchísimo menos espacio en los armarios de la cocina, que son más sencillos de fregar, que la receta de gofres en el horno es mucho más sana... ¡Qué importaba que nosotros no hubíesemos hecho gofres en casa en la vida o que llevásemos quince años sin comernos un gofre! ¡Dejar pasar estos moldes era perder una oportunidad que se da pocas veces en la vida...!(Nótese el modo ironía ON)
Como ese día todos los astros se alinearon mi marido se pudo hacer con unos moldes sin correr ningún serio peligro (pelín exagerado para estos moldes, pero sabéis perfectamente que con otras cosas que ponen a la venta sí que se arma y por esta vez no digo más pero volveré sobre este tema próximamente) y aunque no los usé de momento creo que no estuvieron esperando su turno más de cuatro o cinco semanas.

La receta para los gofres en el horno la encontré en internet. Está en mil blogs y en casi todos para publicitar los moldes de cierta marca de artículos para repostería. Como receta básica no está mal, pero creo que en próximas ocasiones voy a intentar alguna cosa diferente (y no es precisamente añadirle una parte de cacao) porque los gofres solos están más bien sositos o será culpa mía que no supe pillarle el punto al segundo horneado aunque creo que si los dejo más se hubieran quedado bastante secos y no hubieran ganado para nada en sabor.
Lo que más me gusta de la receta es que la cantidad de mantequilla no es muy elevada y lleva mucha leche por lo que puedo controlar muy bien las calorías usando semi o desnatada así que no me siento demasiado culpable al caer en la tentación.
Además es una receta la mar de fácil, apta para todos, aunque no se haya pisado la cocina más que para visitar el frigorífico ¿vamos con ella?

Ingredientes:

* 110 gramos de mantequilla
* 3 huevos
* 4 cucharadas soperas de azúcar blanco
* 410 ml de leche (yo le puse semidesnadata)
* 240 gramos de harina para repostería
* 2 cucharaditas de levadura en polvo
* Una cucharadita de vainilla en pasta.
* Un pellizco de sal
* Azúcar moreno para espolvorear.

Elaboración:

1. Derretimos la mantequilla y la mezclamos con la leche, los huevos, la vainilla y el azúcar blanco.

2. Añadimos la harina, la levadura y la sal y mezclamos hasta que quede una masa homogénea. Yo lo hice con varillas manuales pero creo que lo mejor (y más rápido) es meter todos los ingredientes en el vaso de la batidora.

3. Si es la primera vez que usamos nuestro molde tenemos que untarlo con mantequilla (esto es para todos los moldes de silicona). Yo lo hice derritiendo una cucharada y ayudándome de un pincel. No se tarda nada y me parece una opción muy práctica para este molde.

4. Ponemos los moldes en la bandeja y vertemos la mezcla en cada hueco. Mover los moldes llenos no es nada sencillo ¡no os olvidéis! 

5. Metemos en el horno precalentado a 220º C y horneamos diez minutos.

6. Sacamos los moldes, desmoldamos los gofres y los colocamos de nuevo en la bandeja del horno, esta vez sobre un papel sulfurizado con el dibujo hacia arriba. En este momento yo le puse un poquito de azúcar moreno por encima.

7. Volvemos a hornear hasta que se vean dorados por encima. Yo esta vez bajé el horno a 180º C aunque en la receta original seguían con el horno a 220º C

8. Sacamos del horno, dejamos templar unos minutos y ya los podemos comer. También se conservan perfectamente en cualquier recipiente bien tapados y le podemos dar un golpe de calor en el microondas antes de comerlos.
Un par de cositas más:

Puede dar miedo llenar los moldes hasta el borde. Yo era la primera que pensaba que se iban a poner a subir por la levadura y se iban a pegar y miles de millones de cosas que no ocurren.

Los diez minutos son más que suficientes para que los gofres cuajen y los desmoldéis sin problemas. Mi consejo es que os ayudéis de una bandeja, porque están tan calientes que son muy quebradizos y se pueden romper fácilmente.
Os aseguro que tardo más en escribir los pasos que en hacer la receta, y que si tenéis la oportunidad de haceros con estos moldes no lo dudéis que tendréis un desayuno o una merienda ideales que podéis acompañar como más os guste.
Ya os he dicho que solos no son nada del otro mundo, pero yo los acompañé con mermelada y con unas virutas de chocolate que me había sobrado de decorar una tarta y estaban bastante ricos. Mi marido fue más clásico y tiró de crema de cacao (¡en abundancia!) y de nata montada. También con trozos de fruta fresca y sirope están de muerte. 
 
Dejad volad vuestra imaginación y montaos un desayuno ¡de día de fiesta! Como el fin de semana está a la vuelta de la esquina no hay mejor excusa ¿verdad?

Manos a la masa y ¡bon appètit!



lunes, 4 de mayo de 2015

Pan de limón

¡Cuántas ganas siempre de que llegue un fin de semana largo y qué rápido pasa! 

No sé a vosotros, pero a mí se me han ido los días volando y no me ha dado tiempo a hacer ni la mitad de cosas que tenía previstas, y sin darme cuenta ya me veo de nuevo de lunes y publicando la primera receta del mes de mayo.

A este pan de limón le tenía ganas desde hacía mucho tiempo y sinceramente no tendría que haber esperado tanto para prepararlo porque está absolutamente delicioso. El sabor es una maravilla y la textura es perfecta además de ser un pan muy bonito ¡es una gozada para todos los sentidos! 
Bajo mi punto de vista he elegido muy bien la receta para presentaros a un nuevo colaborador de mi blog: Sucrafor empresa especializada en endulzantes naturales que me envió a casa un bote de su azúcar de abedul (tamibén conocido como Xilitol) con stevia para que lo utilizase en mis recetas.

Este azúcar es apto para personas con diabetes y también para aquellas personas que estén a dieta ya que no tiene calorías de azúcares, así como para celíacos, veganos y fenilcetonúricos (personas que no tienen la enzima fenilalanina-hidroxilasa para metabolizar la fenilalanina que por lo general no podían tomar endulzantes bajos en calorías) Así como para todos los que queremos cuidarnos a diario y mantenernos sanos y cuidar nuestra línea.

A simple vista no sería capaz de distinguir este azúcar del azúcar blanco que siempre hemos tenido en casa y el sabor tampoco es diferente. Y al usarlo en repostería el resultado es muy bueno, nadie ha notado que se ha utilizado un azúcar bajo en calorías y no tenéis más que ver el corte de este bizcocho para comprobar que es muy esponjoso. En definitiva, que me parece una alternativa al azúcar perfecta.
Si os animáis a probarla la podéis encontrar en farmacias, parafarmacias, tiendas de repostería especializadas y en herbodietéticas, y si queréis saber más de este producto podéis visitar la página de Sucrafor donde explican las propiedades de este producto con mucho más detalle y estoy segura de que alguna os va a sorprender.
 
Y ya no me enrollo más , que estamos de lunes después de puente y todo cuesta demasiado ¿verdad? Menos mal que os traigo una receta sencilla y que se prepara en un pispás ¡así es más fácil enfrentarse al lunes!
Ingredientes:

* Un yogur griego sin azúcar (125 gramos) También nos vale un yogur natural o de limón.
* 200 gramos de azúcar. Yo he usado azúcar de abedul de Sucrafor
* 200 gramos de harina
* 2 huevos
* 80 ml de aceite de girasol
* 60 ml de leche
* 7 gramos de levadura química en polvo
* Un pellizco de sal
* La ralladura de tres limones de tamaño mediano
* 60 ml de zumo de limón (aproximadamente es el zumo de limón y medio)

Elaboración:

1. En un bol mezclamos la leche, el aceite, el yogur, los huevos, el azúcar, la ralladura y el zumo de limón. Se hace perfectamente con las varillas manuales.

2. Añadimos la harina junto con la levadura y la sal y batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

3. Untamos con mantequilla nuestro molde para plum cake, vertemos la masa y metemos en el horno precalentado a 180º C

4. Horneamos durante unos 45-50 minutos o hasta que al pincharlo con un palillo de madera este salga limpio. Si veis que la superficie se pone muy dorada lo podéis tapar con un trozo de papel de aluminio. 

5. Dejamos reposar en el horno con la puerta entreabierta unos cinco minutos, desmoldamos y pasamos a una rejilla donde dejaremos enfriar completamente. 

Fácil ¿verdad? Si lo más complicado es rallar y exprimir los limones... 
No me diréis que no es un pan precioso. A mí me tiene enamorada ¡si hasta la grieta de la superficie me parece absolutamente perfecta! Espero que os animéis con esta receta porque ya os digo yo que os va a encantar.
Para conservarlo en perfecto estado desde el primer hasta el último día (que es probable que sea el mismo día ji ji ji) lo mejor es envolverlo en film transparente y guardarlo en el frigorífico aunque estoy segura de que os va a durar muy poquito.
Manos a la masa y ¡bon appétit!