jueves, 23 de marzo de 2017

Pastel turco de yogur con cobertura de jalea de arándanos rojos

A estas alturas a nadie se le escapa, por muy desconectado que esté del mundanal ruido, que la primavera ha llegado aunque parece que ha sido tímida y más que llegar se ha asomado, ha saludado y ha vuelto a salir corriendo porque el frío y la lluvia han vuelto rápidamente. Esto también es primavera al fin y al cabo ¿no?

Y aunque el tiempo no acompaña mucho los blogs están saludando a la primavera con sus mejores galas o lo que es lo mismo con muchísimas recetas hechas con fresas ¡qué colorido más bonito estoy disfrutando esta semana! Y es que yo soy una apasionada del color rojo y adoro las fresas así que estos días lo estoy pasando mejor si cabe que el resto del año visitando vuestros blogs.

Confesaré que tengo en pendientes un par de recetas recién horneadas ¡que son brutales! y aunque estoy deseando compartirlas con vosotros esta semana me desmarco y no sigo la tónica general de las recetas con fresas para dar la bienvenida a la primavera y traigo esta receta que es del chef Gordon Ramsay y a la que he dado mi toque personal.

Tengo tres poderosas razones para publicar esta tarta hoy.


La primera de ellas es porque quiero dedicársela a mi amiga Alma. Hace ya unos cuantos años, antes de tener el blog, hice esta tarta y la publiqué en mi perfil de Twitter. Ella se enamoró de la tarta y me pidió la receta para que se la hiciera su chico. Hace unas semanas volvió a pedirme la receta porque le apetecía repetir pero ya no la tenía y cai en la cuenta de que en casa nos había encantado y aunque la máxima de toda repostera que debe nutrir un blog es no repetir postre decidí que quería prepararla de nuevo para compartirla con todos vosotros y para que mi amiga la tenga siempre que quiera a mano y se la haga su chico todas las veces que se les antoje.

La segunda es porque hace unas semanas gané el libro Comidas fáciles en 30 minutos de Gordon Ramsay y aunque esta receta es bastante anterior me apetecía compartir con vosotros una de las recetas de este gran cocinero al que tanto admiro y del que tanto tengo que aprender ¡me quedo embobada viéndolo cocinar en cualquiera de los programas que hace!


Y la tercera y última es porque para esta elaboración me venía que ni pintado un bote de jalea de arándanos rojos que tenía en casa desde la primavera pasada (de hecho confesaré que hay más de uno) para darle mi toque personal a este delicioso pastel y para seguir cumpliendo mi propósito de dar salida a todos los productos que tengo atesorados en casa. Sin olvidar que tenía en la nevera un bote de un kilo de yogur de vainilla a puntito de caducar gracias a mi esposo que la mayoría de las veces se salta a la torera la lista de la compra que le doy.

Parece que los astros se alinearon para repetir este pastel que hace unos años estuvo muy de moda en la blogosfera y lo publicó casi cada hijo de vecino y que bajo mi humilde opinión merece ser rescatado de ese baúl de los olvidos y que volvamos a disfrutarlo.


El aspecto y la textura es muy similar a una tarta de queso, pero como os he adelantado se prepara con yogur, huevos y azúcar ¡todo productos de andar por casa! y no sabéis lo sumamente rica que está.

El chef Ramsay no le pone cobertura sino que la cala con un almíbar de limón. Yo para darle mi toque (y no sólo para dar salida al dichoso botecito) he pensado que una cobertura de arándanos rojos le iría bien y os aseguro que he acertado.

La jalea tiene una textura intermedia entre la gelatina y la mermelada. Al natural me pareció que era muy líquida así que la noche previa la metí en el frigorífico y a la mañana siguiente estaba mucho más compactada ¡ya la veis en las fotografías!


El sabor no es tan marcado como el de la mermelada ni tan insípido como el de las gelatinas de sabores porque a mí me parecen bastante sositas y nunca las tomo. La verdad es que me ha gustado aunque sin llegar a apasionarme. Ya estoy cabilando en qué usar el medio bote que me ha quedado (y los que quedan en el armario de la cocina ja ja ja)

Ha sido muy acertado utilizarla para esta tarta porque la jalea suelta líquido (no en exceso) y cala el pastel aportándole un plus de jugosidad. Suple muy bien la función del almíbar de la receta original sin resultar empalagoso y aportándole además un bonito color que hace más atractivo si cabe esta elaboración.

Con el paso de los días la jalea llega a teñir de rosado la capa más superficial de la tarta. Si os dura varios días lo iréis apreciando al partir raciones y comerlas. No queda feo, pero es algo a tener en cuenta si queréis prepararla con antelación pero no queréis que se tiña.

No sólo el aspecto es similar al de una tarta de queso sino que además está más rica de un día para otro ¡al menos a mí me lo parece!


También os la quiero enseñar sin cobertura para que veáis qué superficie tan perfecta le queda ¡no tengáis miedo por mucho que crezca en el horno que no se agrieta! pero luego los bordes se arrugan perfectamente dándole ese aspecto que tanto me gusta.






Os aconsejo que la preparéis al menos la víspera y que pueda reposar toda la noche en el frigorífico con la cobertura para que le aporte jugosidad. A mí me ha gustado mucho fría, entra muy bien (demasiado) resulta ligera y te apetece repetir porque ni empalaga ni llena en exceso.

¡Es una gran receta a tener en cuenta como colofón a alguna comida familiar o de amigos! Porque además no tiene dificultad alguna, se mezclan los ingredientes, se ponen en el molde, se mete al horno ¡y a otra cosa! 


Espero haberos convencido para darle una oportunidad a este delicioso pastel. En todo caso puede que este trozo al que os invito os acabe de convencer ¿os apetece?




¡Vamos con los ingredientes! 

Ingredientes:

* 600 gramos de yogur cremoso de vainilla
* 6 huevos
* 150 gramos de azúcar
* 75 gramos de harina
* Media cucharadita de levadura
* Esencia de limón. Yo le puse medio botecito de los que venden en LIDL, pero la receta original lleva el zumo de medio limón.
* Jalea de arándanos rojos para la cobertura.

Elaboración:

1. En un bol ponemos el azúcar y los huevos y batimos con un batidor manual hasta obtener una mezcla cremosa y blanquecina.

2. Incorporamos la harina y la levadura junto con la esencia (o el zumo) de limón y mezclamos hasta integrar.

3. Por último añadimos el yogur y mezclamos hasta que la mezcla sea homogénea. No hace falta batir, sólo lo justo para mezclar y que entre la mínima cantidad de aire en la masa.

4. Vertemos en un molde, a ser posible que no sea desmoldable ya que la masa es muy líquida y se podría salir, e introducimos en el horno precalentado a 160º C

5. Horneamos durante 60 minutos. 

6. Cuando veamos que está cuajado y que el interior está hecho (lo comprobamos pinchando con una brocheta de madera si esta sale limpia) apagamos el horno y dejamos reposar unos cinco minutos con la puerta entreabierta.

7. Pasado ese tiempo sacamos (o abrimos completamente la puerta del horno) y dejamos enfriar.

8. Cuando esté frío pasamos al plato en el que vayamos a presentar y cubrimos con la jalea de arándanos rojos, metemos en la nevera bien tapado y dejamos reposar al menos toda la noche.

Este pastel crece muchísimo en el horno, así que mi consejo es que uséis un molde con sufiente capacidad para que no se desborde y al bajarse quede desparramado y feo.


En cuanto se apaga el horno el pastel baja rápidamente y los bordes se arrugan dándole ese aspecto de pastel de queso. A mí me encanta el aspecto que tiene.

Yo uso un molde amplio de silicona que me encanta porque es muy fácil de desmoldar y porque me evito preocupaciones con las fugas. No queda muy alto, pero mejor así que da para más raciones sin excederse, no me gustan las tartas excesivamente altas ¡nunca sé cómo servir una ración!

La jalea de arándanos rojos la podéis cambiar por una mermelada a vuestro gusto. Yo aconsejo ponerla como cobertura la víspera porque suelta un poquito de líquido que empapa el pastel y queda absolutamente jugoso, sin llegar a estar excesivamente húmedo.

El yogur no tiene por qué ser de vainilla. De hecho Gordon utiliza yogur griego natural, así que usad el que más os guste pero que sea cremoso.

Es fundamental que repose varias horas en el frigorífico para que se asiente y adquiera la textura tan maravillosa que  tiene este pastel.

Espero que os animéis y si lo hacéis que me contéis qué os ha parecido.

Antes de despedirme aprovecho para daros las gracias a todos los que preguntáis por Lara. El viernes pasado cumplió ya trece meses y cada día está más despierta y más trasto. Ha estado un poco resfriada pero con estos cambios de tiempo es lo normal. También está un poco inquieta por los dientes. Le están rompiendo dos más y nos está costando muchísimo. Hasta el momento son los peores con diferencia.

Y como guinda del pastel mañana le ponemos la última dosis de la vacuna de la meningitis así que cualquier cosa es posible el próximo fin de semana, pero al menos nos pilla en casa a todos y la podemos cuidar y mimar nosotros y también aguantarla que para eso somos sus padres ¿no?

¡Ya os contaré la próxima semana! Espero que disfrutéis mucho del finde si el tiempo os lo permite y si no ¡a encender el horno!

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 16 de marzo de 2017

Mosaikó (μωσαϊκό), Kormos (κορμοσ), Salami (σαλάμι) o Dulce (Γλυκό)


Esta es la historia del tiempo que quiso ser primavera y no fue. 

La semana pasada disfrutamos de un tiempo más que primaveral casi veraniego aunque en nuestro fuero interno teníamos clarísimo que al invierno aún le quedan unas semanas con nosotros por mucho que la llegada oficial de la primavera esté a la vuelta de la esquina.

A todos los que por precavidos guardaron abrigos y botas ahora les toca volver a sacarlos del fondo del armario donde deben regresar los zapatos y las chaquetas livianas. Yo misma he vuelto a enfundarme los guantes y a darme dos vueltas con el pañuelo al cuello. La lluvia nos ha vuelto a visitar y en las cimas cercanas hasta la nieve ha hecho acto de presencia así que no es plan de ir contra viento y marea y empeñarse en vestidos vaporosos a costa de pescar una gripe tardía.

La receta que hoy os traigo huele a primavera y buen tiempo porque no requiere horno para prepararla pero os aseguro que se come mejor con tiempo fresco para evitar que se derrita y nos deje las manos manchadas aunque estoy segura que a más de uno le va a importar bien poco pringarse de chocolate.

Hace tiempo que esta preparación está en mis pendientes. La pasada navidad día sí y día también la veía publicada en alguno de los blogs que habitualmente visito pero no fue hasta que se la vi a Maria Zannia en su programa Cocina Griega de Canal Cocina  que decidí no aplazarlo más y hacerlo cuanto antes.

Me gusta mucho la cocina griega. En realidad todas las cocinas de la cuenca mediterránea me encantan pero tengo especial predilección por la griega ya que me trae buenos recuerdos de mis vacaciones en Grecia. He preparado varias recetas de esta chica, todas saladas por curioso que parezca, y siempre han sido un acierto así que dar el salto a las recetas dulces era el paso más lógico.

Mosaikó.

Esto puede ser cualquier cosa.

Incluso un insulto.

Pero no lo es. Igual una imagen esclarece mucho más que mil palabras.

En efecto. El mosaikó es lo que podríamos definir un salchichón o salami de chocolate. Hay otra versión italiana, típica de Silicia concretamente, que se diferencia de la griega en que se pasa por azúcar glas confiriéndole a simple vista el aspecto típico de un salami y convirtiéndolo en un trampantojo la mar de sencillo (y dulce) de preparar.

Por lo demás no hay mucha diferencia entre uno y otro.

Como buena receta típica no hay dos casas en las que se prepare de igual manera aunque el resultado final sea, al menos de aspecto, casi idéntico.

Es además una receta de aprovechamiento estupenda ya que en el mosaikó tienen cabida restos de frutos secos o de galletas que tengamos en casa. No hablo de restos de chocolate porque dudo mucho que en ninguna casa donde moren chocolateros exista tal cosa pero como para gustos los colores igual en algún hogar se da la circunstancia.

Los ingredientes básicos son las galletas y el chocolate y a partir de ahí podemos poner y quitar lo que nos guste o lo que tengamos en casa. También suele llevar frutos secos que yo no incorporé porque pensaba que iba pasada de galletas y que mi mosaikó no iba a tener forma de salchichón como más adelante os detallo en el paso a paso de la receta para que no os entre el miedo escénico como me pasó a mí al prepararlo y decidáis no añadirle más nada.

No he seguido la receta de María Zannia porque me ha parecido que incorporaba demasiado azúcar, mucha mantequilla y poco chocolate, así que he decidido adaptar la receta a mis gustos y hacer un mosaikó a mi manera.

Si alguien quiere preparar la receta tradicional, al menos como la hace esta chica, puede encontrarla en este enlace pero os aseguro que la versión que os traigo está muy rica y os animo además a que la preparéis adaptándola a vuestros gustos y utilizando esos productos que están rondando por los armarios de vuestra cocina.

Ya sabéis que este año tengo el firme propósito de ir dando salida a esos productos que he ido atesorando a lo largo del tiempo y que no utilizo por miedo a que se terminen ¡pues ya compraré más! ¡o compraré otra cosa!

No llevo mal camino pero no es sencillo dar salida a todo rápidamente ya que no es cuestión de llevarse un susto al subirse en la báscula (de mi propósito de perder cuatro kilos ya hablaré otro día, hoy no creo que sea un buen momento... ejem)

Estoy segura de que chocolate y galletas tenéis todos en casa así que os animo a que preparéis este postre con un nombre tan exótico y con el que váis a triunfar seguro. Sólo hacen falta cuatro ingredientes de andar por casa y en lo que más tardamos es casi en derretir el chocolate y partir las galletas con las manos.

Sencillo ¿verdad? Si tenéis niños en casa (algo más grandes que mi hija, por supuesto, que con 13 meses aún es pronto para meterla en la cocina conmigo aunque os aseguro que siempre está por allí y muy pendiente que las cacerolas que hay al fuego) es el postre ideal para preparar con ellos y veréis sus caritas de satisfacción cuando ataquen sin piedad esta delicia.


La única precaución que hay que tener es prepararlo de un día para otro para que pueda reposar una noche en frío o a lo sumo prepararlo por la mañana para consumirlo por la noche ¡hay que dar tiempo a que la masa endurezca!

Tan segura estoy de que es un postre de diez que he decidido lanzarme a la piscina y participar con esta receta en el concurso del blog Cocinando con las Chachas para celebrar su quinto aniversario. Conozco este blog desde antes de lanzarme a abrir el mío y le tengo mucho aprecio y mucho respeto porque sus recetas y su presentación son siempre un lujo pero siempre es divertido participar en estos eventos y he decidido hacerlo con mi versión personal del mosaikó griego.

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Espero que os animéis, si es que no lo habéis hecho ya, y disfrutéis de unos trocitos de esta maravilla aunque sea mientras véis la lluvia caer al otro lado del cristal.

Tardo más en escribir la entrada y redactar el paso a paso de lo que vais vosotros a tardar en tenerlo listo.

¡Vamos con los ingredientes!

Ingredientes:

* 200 gramos de chocolate para postres (yo he usado un chocolate puro con un 52 % de cacao)
* 100 gramos de mantequilla
* 2 cucharadas soperas de cacao en polvo
* Esencia de ron. He utilizado medio tubito de los que venden en LIDL, pero se puede sustituir por una copia de ron o de cualquier otro licor que os guste.
* 1 rulo de galletas María.

Elaboración:

1. Partimos en trozos la tableta de chocolate (bastará con golpearla cerrada un par de veces sobre la encimera de la cocina) y la colocamos en un bol junto con la mantequilla que colocamos sobre una cazuela con agua al fuego para derretir al baño María. También se puede hacer en el microondas pero cuando de chocolate se trata yo prefiero esta técnica para evitar que se queme.

2. Una vez derretidos removemos bien para que la mezcla sea homogénea y añadimos las dos cucharadas de cacao en polvo y la esencia (o la copa) de ron.

3. Troceamos las galletas con las manos de modo que nos queden unos trozos medianitos (del tamaño aproximado de una moneda de diez céntimos) y los vamos agregando a la mezcla de chocolate y mantequilla.

Para que el proceso sea sencillo mantendremos el bol sobre la cacerola de agua caliente y así no se solidificará la mezcla y podremos trabajar con tranquilidad y a nuestro ritmo.

4. Mezclamos con ayuda de una espátula para que todas las galletas se bañen bien en la mezcla de chocolate. 

Llegado este momento os parecerá que hay más galletas que chocolate y que algo no va bien. Tranquilos, que no cunda el pánico que vuestro mosaikó va a quedar estupendo, pero vaya por delante que a mí me pasó y prescindí de incorporar frutos secos que es en este momento en el que debéis integrar algún puñadito de nueces, avellanas o almendras si os apetece.

5. Cortamos un trozo de film transparente de unos 50 centímetros de largo y lo ponemos sobre la encimera o nuestra mesa de trabajo bien extendido.

6. Con la ayuda de una cuchara sopera vamos depositando montoncitos de la mezcla en el centro del film y a lo largo montanto muy toscamente la forma de un salami. El ancho será de unos cuatro dedos y el largo lo que os dé la masa.

7. Una vez no tengamos mezcla tomamos uno de los bordes largos del film y cubrimos nuestro mosaikó y a continuación tomamos el otro borde y tapamos por el otro lado tensando y apretando la mezcla. Debemos procurar que este segundo borde del film solape sobre el primero y envuelva bien nuestro salami de chocolate.

8. Giramos los extremos del film, apretando como si quisiéramos cerrar un caramelo y con las manos vamos compactanto el mosaikó y dándole forma. Veréis que aunque pareciera que había más galletas que chocolate toma forma redonda y al ir apretando por los extremos se compacta y queda estupendo. Es importante que vayamos apretando el film por los extremos para que la mezcla se haga un bloque y no queden huecos ni aire en el interior.

Es más fácil de hacer que de contar y le daréis forma por instinto.

9. Una vez lo tengamos bien compactadito y apretado lo envolvemos con un trozo de papel de aluminio y esperamos a que se enfríe.

10. Una vez frío volvemos a moldearlo si notamos que se ha aplastado demasiado por el lado en contacto con la encimera y que ha servido de base y lo metemos en el frigorífico para que se solidifique y podamos cortarlo perfectamente. Yo os aconsejo dejarlo reposar una noche, pero supongo que con unas horas será suficiente si tenéis más prisa.

11. Cuando vayamos a servirlo lo sacamos y que quitamos el papel de aluminio. Mantemenos el film transparente aún y sobre una tabla o superficie apta para cortar y con un cuchillo fuerte y bien afilado vamos cortando rodajas de al menos un dedo de grosor. Podéis intentar hacerlas más finas si sois muy diestros en el corte pero corréis el riesgo de que las rodajas se rompan y desmoronen.

Una vez cortadas las rodajas retiramos el film transparente ¡y ya podemos servir y disfrutar!

El motivo por el cual os aconsejo mantener el film es porque el chocolate al contacto del calor de la mano se empieza a derretir y nosotros a mancharnos además de que quedan unas rodajas poco bonitas estéticamente y que puede parecer poco higiénico.

Podéis optar por trocear todo el mosaikó y las rodajas que no consumáis mantenerlas en una lata bien cerrada en el frigorífico o bien cortar sólo los trozos que váis a consumir y conservar el resto envuelto en el film y en papel de aluminio guardado en el frigorífico.

Yo he puesto esencia de ron porque me gusta la combinación ron y chocolate pero en casa no tenemos ron ni puedo (ni quiero) tomar alcohol por el momento, así que la esencia me viene bien porque tengo el sabor y omito parte de las calorías y el contenido alcohólico. Podéis sustituirla por una copita de ron o de otro licor de vuestro gusto que tengáis en casa. Incluso por zumo o esencia de naranja.

Espero que os haya gustado la receta de hoy y si os animáis me encantará ver vuestra versión. Os deseo muy feliz y dulce fin de semana y nos seguimos viendo por vuestras cocinas. 

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 9 de marzo de 2017

Bundt cake de fresas y mascarpone

Si estuviéramos en el mes de febrero tiraríamos del refranero popular y diríamos eso de "Febrerillo el loco..." para referirnos al tiempo que estamos teniendo en los últimos días.

Como estamos en el mes de marzo simplemente decimos que el tiempo es caprichoso y voluble y pasamos de tiempo primaveral a frío, lluvia y hasta nieve y vuelta a las temperaturas agradables y así tenemos los armarios que no sabemos qué ponernos cada mañana y optamos por el modelito cebolla compuesto de muchas capas de ropa fáciles de llevar y de quitar si fuera menester.


De lo que no hay duda es de que estamos en tiempo de fresas y es el momento de disfrutar de ellas, de repostear y de dejar que vistan de colores nuestras cocinas (físicas y virtuales) porque no me negaréis que todo lo que se prepara con fresas es bien bonito ¿no?



Esta receta lleva en pendientes más de un año. De hecho me acuerdo muy bien de ella porque fue lo último que reposteé antes de que naciera Lara. Una pena que cuando nos marchamos al hospital quedase un tercio de este bundt en el frigorífico porque al volver las fresas se habían puesto muy oscuras y aunque no olía mal mi madre casi me obligó a tirarlo para prevenir alguna intoxicación alimentaria ¡qué pena tan grande! Os prometo que no estoy preparada para tirar comida y mucho menos si son dulces...

Si lo llevo a saber me lo zampo recién horneado (que además me sirvió para estrenar el molde de rosa que recién había comprado en LIDL) y me quito de penas posteriores.

Por todo ello tenía una espinita clavada y aunque las fotos no sean las mejores del mundo no quería dejar de compartir más pronto que tarde esta receta por si os animáis a prepararla y disfrutarla aprovechando la temporada de fresas ¡seguro que no os arrepentís!


Sabéis de mi gusto desaforado por repostear con fruta y si añadimos queso a la masa ¡no hay bizcocho mejor! Aunque el propósito de dar salida a todo lo "acumulado"  en mi cocina es de este año os aseguro que cuando preparé este bizcocho fue para dar salida a una tarrina de mascarpone que seguramente estaba caducada o a punto y no quería que se quedara más en el frigorífico porque temía acabara en la basura. Tampoco podía dejar las fresas mucho porque ya había pasado mi fecha de parto y era cuestión de horas o de días tener que salir para el hospital.


Afortunadamente a día de hoy no tengo esas "prisas" pero es bonito recordar aquellas sensaciones y rememorar los últimos días de Lara en mi barriga y estas recetas que tenía pendientes abren esa caja maravillosa de los recuerdos.

¿Qué os puedo decir por tanto de este bizcocho? si a pesar del tiempo transcurrido es ver las fotos y acordarme perfectamente de esa textura suave, cremosa, esponjosa, húmeda y muy aromática gracias a las fresas ¡qué delicia!


El olorcito en el horno es embriagador y se mantiene en la masa ¡una maravilla! si te gustan las fresas, te encantará este bundt.

No me enrollo más, que sigo pelín corta de tiempo, y os dejo con la receta ¡espero que os animéis!


Ingredientes:

* 40 gramos mantequilla
* 250 gramos queso mascarpone
* 125 gramos de yogur de vainilla
* 200 gramos de azúcar blanca
* 3 huevos
* 300 gramos de harina
* 1 pellizco de sal
* 1 cucharada de bicarbonato
* 250 - 300 gramos de fresas

Elaboración:

1. En un bol ponemos la mantequilla, el queso, el yogur y el azúcar y batimos hasta obtener una mezcla cremosa.

2. Añadimos los huevos de uno en uno y no incorporamos el siguiente hasta que el anterior no está bien integrado.

3. Incorporamos la harina, la sal y el bicarbonato y mezclamos bien.

4. Por último troceamos las fresas, le añadimos una cucharada de harina y mezclamos para que queden bien enharinadas (esto hará que no se hundan todos los trozos de fresas al hornearse y queden bien repartidos en la masa). Las incorporamos a la masa y con ayuda de una espátula mezclamos hasta que queden repartidas por toda la masa.

5. Untamos con mantequilla el molde que vayamos a usar (en mi caso como es de silicona no me ha hecho falta) y vertemos la mezcla en él.

6. Llevamos al horno precalentado a 180ºC y horneamos durante unos 50 minutos aproximadamente. Comprobamos el punto pinchando con una brocheta de madera y si sale limpia nuestro bundt está listo.

7. Dejamos templar unos minutos con la puerta del horno entreabierta. Después desmoldamos sobre una rejilla y dejamos enfriar. Si notáis la masa muy blandita y quebradiza es mejor esperar a que se enfríe un poco porque lo más probable es que en caliente acabemos rompiéndolo.



Para conservarlo, como siempre os recomiendo, nada mejor que envolverlo en film transparente y meterlo en la nevera, especialmente porque tiene fruta natural y queso que tienden a estropearse en poco tiempo si no están bien conservados. Así os aguantará húmedo, jugoso y blandito muchos días.

Estoy segura de que no os durará demasiado ¿acaso no veis la buena pinta que tiene ese corte? ¡Tengo que repetirlo pero ya!

Me despido de vosotros hasta la próxima semana. Gracias por vuestras visitas y vuestros comentarios, es un placer recibiros en mi cocina. Pido que me perdonéis si a veces tardo en ir a vuestros blogs, no es falta de interés ni me olvido de vosotros, pero no siempre dispongo del tiempo que me gustaría.

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 2 de marzo de 2017

Torta de aceite y azúcar

El pasado martes, día 28 de Febrero, celebramos el día de Andalucía. 

Los más afortunados han disfrutado de un bonito puente de cuatro días. Los menos, entre los que me encuentro, el lunes tuvimos que estar en nuestros puestos de trabajo. Así la semana se hace un poco extraña con el arranca y para que supone un día festivo ahí en medio y con la sensación de haber vivido dos lunes (¡horror!) 


Aunque es un poco tarde quiero festejarlo y rendir un pequeño homenaje a mi tierra en el blog con esta deliciosa torta de aceite muy tradicional de la zona en la que vivo. En su día ya publiqué en el blog la receta de las tortas de aceite con las que muchas generaciones desayunamos en los recreos y merendamos viendo Barrio Sésamo. Son recetas casi primas hermanas. La de hoy deriva de la de entonces, a la que he ido dando pequeños toques personales hasta dejarla a mi gusto.

En mi pueblo es tradicional que cuando va llegando la primavera las mujeres van a las panaderías y hacen sus propias tortas. Las elaboran con la masa madre que les da el panadero en función de los litros de aceite que quieran utilizar. La receta para hacerla en casa es complicado de encontrar, así que ha sido cuestión de ir probando hasta dar con una textura y un sabor que haya sido de mi gusto.
 

Algunos de vosotros ya pudisteis ver la semana pasada en mi Instagram (muchos igual no me tenéis porque me lo acabo de abrir, pero os dejo el enlace aquí por si me queréis seguir por allí también, que a veces hasta alguna fotillo de Lara se escapa)  lo que estaba amasando en mi cocina a altas horas de la noche, que es cuando las madres trabajadoras podemos hacer las cosas.

La razón de que yo andara metida en harinas en medio de la semana es que el viernes 24 se festejó en la guardería de Lara el Día de Andalucía y se convocó un concurso de recetas típicas del pueblo para las madres, padres, abuelas o abuelos que quisieran inscribirse. A una semana de celebrarse el concurso solamente había cuatro madres inscritas y yo no me lo pensé y me lancé de cabeza ¡ya vería de dónde sacaba el tiempo para preparar algo!

En un principio tenía intención de preparar algún plato salado, pero después me acordé de las tortas de aceite y me pareció una receta ideal porque además casi todos los niños podían probarla ya que lleva muy pocos ingredientes y tanto la textura como el sabor les suele gustar bastante.

Barajé la posibilidad de hacer tortas pequeñitas pero caí en la cuenta de que podía hacer una grande y que después de la valoración del jurado se hiciera trocitos pequeños para que otras madres y los niños pudieran probarla ¡y así surgió esta torta de aceite y azúcar!


Se ve que muy mala no fue la idea porque me concedieron el tercer premio (ganó un remojón alcalaíno el primer premio y el segundo fue para un conejo en tomate) y todo el mundo le decía a mi marido (que fue el que pudo asistir a la cata y entrega de premios) lo buena pinta que tenía la torta y lo rica que estaba.

Mi intención no era para nada ganar sino más bien hacer bulto. Es increíble cómo habiendo muchas madres que no trabajan fuera de casa pasan del tema ¿cómo queremos que el centro se vuelque en nuestros hijos si nosotras no somos capaces de involucrarnos con el centro?

Es cierto que el concurso de recetas no es crucial para la educación de los pequeños pero es una actividad lúdica más con la que estrechar lazos entre padres y centro y me sabe fatal no estar ahí cuando el centro lo pide. Al fin y al cabo el cuidado de mi hija está en sus manos y quiero que se note que me intereso por la guardería y colaboro en lo que está a mi alcance.


Lo mejor es que lo pasé bien elaborando esta torta, que ha gustado y que los pequeños echaron un buen rato con las recetas de su pueblo. Además hice mi ensayo días antes en casa, de ahí que tenga estas fotos para compartir con vosotros, y poder rectificar ingredientes para que quedara una masa a mi gusto.

Si alguna vez habéis probado estas tortas sabréis lo esponjosas que son (salvo que nos pasemos con el tiempo de horneado en cuyo caso la corteza queda un poquito más dura, pero el interior sigue teniendo una miga blandita) y el sabor tan característico que tienen, que depende de un buen aceite de oliva y de lo que la cocinera tenga a bien ponerle para aromatizar.

En mi caso he usado anís y canela, pero podéis prescindir de ellos si no son de vuestro gusto, que también se hacen las tortas sólo con aceite (aunque sean un poquito más sosas).


Lo que más me gusta es el olorcito a anís y canela que de desprende del horno casi al instante de meter la masa y que impregna la cocina y toda la casa, y no podéis imaginar lo suave que es la masa cuando está recién salida del horno ¡parece algodón! Cuando se enfría es menos delicada y con el paso de los días se vuelve dura pero ¿acaso no habéis oído el refrán de que a falta de pan buenas son tortas? pues eso, que en mi zona es muy tradicional mojar las tortas en la leche cuando llevan hechas un tiempo y están menos blanditas.


Espero que os animéis con la receta que de vez en cuando disfrutar de un dulce tradicional y más si nos trae recuerdos de la infancia no está de más. Por no decir lo sencillo que es de preparar, ya que la mayor complicación es esperar los tiempos de levado y eso no requiere de ningún trabajo por nuestra parte, sólo paciencia.

Y por supuesto, si os animáis, estaré encantada de que me contéis que os ha parecido y de que me mandéis alguna foto de vuestra versión de mi torta de aceite y azúcar.

¿Vamos con la receta?
Ingredientes:

* 200 ml de agua mineral (mejor evitar la del grifo sobre todo si vivís en zonas con mucha cal en el agua como es mi caso)
* 150 ml de aceite de oliva virgen extra
* 40 ml de anís dulce (o seco si os gusta más)
* 1 huevo
* 3 cucharadas soperas de azúcar
* 1 cucharadita de postre de matalaúva
* 1 cucharadita de postre (generosa) de canela en polvo
* 500 gramos de harina de fuerza
* 1 pellizco de sal
* 1 sobre de levadura seca de panadería


Para la superficie

* 1 cucharadita de aceite de oliva virgen extra
* Azúcar blanca para espolvorear 


Elaboración:

1. En la cubeta de la panificadora ponemos los ingredientes en el orden en el que están escritos. El huevo lo añadimos ligeramente batido y la matalaúva me gusta pasarla por el mortero y machacarla ligeramente para que dé más sabor. 

2. Seleccionamos el programa de amasado de quince minutos y cuando termine dejamos reposar unos diez minutos y volvemos a seleccionar otros quince minutos de amasado.

3. Cuanto termine engrasamos con aceite de oliva un bol bastante amplio, hacemos la masa una bola y la colocamos en el bol. La giramos para que quede impregnada de aceite de oliva por todos lados, la tapamos con un film transparente que esté directamente en contacto con la masa y a continuación cubrimos el bol con un paño de cocina limpio.

4. Dejamos reposar en un lugar cálido y alejado de corrientes de frío hasta que duplique su volumen. Yo suelo prepararla por la noche y así al levantarme ya está levada.

5. Ponemos nuestra masa sobre la encimera bien limpia o directamente sobre un papel de hornear. Amasamos ligeramente para que pierda el aire y con las manos o con ayuda de un rodillo extendemos y le damos forma de torta. Yo os aconsejo dejarla con medio centímetro de grosor aproximadamente. Así os ocupará casi toda la bandeja del horno.

6. Pasamos a la bandeja del horno, tapamos con un paño limpio y dejamos levar hasta que duplique su tamaño. 

7. Una vez levada pintamos la superficie con una cucharada de aceite de oliva y espolvoreamos con abundante azúcar blanca toda la superficie.

8. Introducimos en el horno precalentadoa 200º C y horneamos durante unos 20 minutos aproximadamente.

Si vemos que la superficie se dora en exceso tapamos con papel de aluminio. Tened cuidado que gracias al aceite de oliva se dora muy rápidamente, pero si no lo ponéis se queda blanca.

9. Apagamos el horno, dejamos unos diez minutos con la puerta entreabierta y a continuación pasamos a una rejilla donde dejamos que se enfríe completamente.

Como ya os he comentado la torta tiene una miga suave y blandita que con el paso de los días se vuelve más dura y compacta. Para conservarla en buen estado mi consejo es meterla en una bolsa y cerrarla bien o envolverla en film transparente.


El único inconveniente que tiene esta manera de conservarla es que propicia que el azúcar de la superficie se derrita lo que no supone ningún problema de cara al sabor o la textura pero igual sí al aspecto. Si lo que queréis es llevar esta torta a alguna merienda o desayuno y queréis que luzca impecable mi consejo es que la preparéis lo más cerca posible al evento y la guardéis en el horno (totalmente frío el horno y totalmente fría la torta) con la puerta cerrada. Así no se endurece y no se le derrite el azúcar, y si notáis que se ha derretido pues volvéis a espolvorear y asunto resuelto.

De todos modos el tema del horno nos soluciona el problema durante unas horas, lo mejor es conservarla dentro de la bolsa o envuelta en film que se mantiene más blandita aunque corramos el riesgo de que el azúcar se pueda derretir.


Como siempre gracias por pasar por mi cocina, por preguntar por Lara y por dejar tan cariñosos comentarios a pesar de que llevo unas semanas un tanto perdida de vuestros blogs por culpa del trabajo ¡estoy intentando ponerme al día con las visitas!

Nos vemos la semana que viene ¡feliz y dulce fin de semana!

¡Ah! y por si alguno se lo está preguntando. El regalo por haber ganado el tercer premio es un delantal que tiene en el pecho bordado el premio obtenido en el certamen gastronómico y el nombre del centro. ¡Ya os enseñaré alguna foto! 

Manos a la masa y ¡bon appétit!