jueves, 28 de enero de 2016

Pastel de coco y piña

Esta es una entrada de despedida y de bienvenida.

Hace meses que sabíamos que este día tenía que llegar lo que no hace que sea menos doloroso por una parte y feliz por la otra. Es curioso la cantidad de matices y de emociones que una misma ocasión puede suscitar.

Siempre es complicado despedirse. Aunque sea algo temporal. Aunque sepa que es un simple hasta luego. Podría poner mil aunques y no sería menos dura la idea de no publicar durante un tiempo. Sé que me repito cuando digo que jamás cuando abrí el blog podía hacerme la idea de que se iba a convertir en un proyecto tan especial y que iba a conocer a tanta gente que a través de la pantalla iba a tocarme muy profundamente y se iba a preocupar por mí y yo por ellos.

Igual hay gente que no entiende cuando decimos que el que tiene un blog acaba teniendo una familia bloguera, pero los que nos movemos en este mundo sabemos de lo que hablamos y el tesoro que tenemos.

Sobra decir lo que os voy a echar de menos estos meses, pero hay una personita que está a punto de llegar al mundo a la que hay que dar la bienvenida y dedicar todo nuestro tiempo porque tiene que convertirse en un miembro más de la familia y lo mismo que nosotros nos tenemos que acostumbrar a su presencia y cambiar nuestras vidas por ella, ella también tiene que acostumbrarse a nosotros.

Lo mejor de esta entrada va a poder ser darle la bienvenida a Lara y compartirlo con vosotros

Querida Lara

Parece que ayer era el caluroso día de junio cuando nos enteramos de que venías de camino y estamos ya a finales de enero esperando ansiosos tu llegada.

Siempre pensé que estos meses se me iban a hacer más largos y entre nosotras ¡se me han pasado volando! Supongo que día a día he comprendido que no tenía que alcanzar una meta sino realizar un trayecto que culminaría con tu nacimiento y disfrutar de cada pequeño (gran) cambio que ibas sufriendo y que yo iba notando. 

Estas cuarenta semanas (bueno, aún no hemos llegado a las cuarenta semanas) han sido el inicio de una relación que va a durar toda la vida. Hasta ahora he sido la privilegiada de sentirte casi en exclusiva pero cuando llegues hay muchas manos preparadas para acunarte, achucharte y consentirte .

Después de un embarazo tan bueno me parece egoista pedir nada, pero yo lo dejo caer por si las fuerzas que mueven el mundo quieren escucharme. Lo único que pido es que tu llegada sea fácil y poco traumática para ti y que llegues sana. Lo demás no importa.

Estoy deseando llevarte a casa y que rompas el silencio, la tranquilidad y la paz que hasta ahora reina con tus risas y tus llantos, pero no te olvides de dar algunos momentos de tregua para que mamá pueda seguir disfrutando de las pequeñas cosas como un buen libro o meterse un ratito en la cocina (de las siestas de fin de semana he decidido olvidarme directamente)

Quiero hacer de ti una niña feliz y espero saberte inculcar los valores y tradiciones que recibí de mis padres y abuelos así como enseñarte a amar los pequeños placeres de la vida como la lectura, el deporte, la pintura (podrás recordarme estas palabras cuando pintes las paredes de casa tal y como yo hacía cuando era pequeña), la música (por favor, no tengas el gusto de que hasta la vecina del tercero escuche lo que tú escuches), la buena comida (incluida la buena repostería), los días de lluvia, las mañanas de sol... que hacen que este viaje merezca ser disfrutado cada minuto.

Tengo tantos proyectos para ti (y me consta que más de uno lo tiene también) que ya sólo falta que llegues para hacerlos realidad.


Y para hacer redonda esta despedida he querido compartir con vosotros la tarta que preparé por mi cumpleaños que no quiero que se quede demasiado tiempo en pendientes porque es una absoluta delicia y no tiene complicación alguna.

A mí me gustan las recetas sin pretensiones, muy sencillas, porque por lo general suelen ser las más ricas, y hacía tiempo que esta estaba entre mis pendientes, así que la saqué hace poco, la modifiqué a mi gusto reduciendo cantidades de azúcar y cambiando parte de la mantequilla por yogur ¡y el resultado ha sido delicioso!
Además tenía muchas ganas de utilizar la leche de coco, que tenía una lata en casa desde el verano y ahí estaba la pobre muerta de pena. Eso sí, ha sido abrirla y utilizarla enterita para esta y otra receta ¡y ya estoy pendiente de comprar más porque quiero seguir trabajando con este ingrediente que me ha gustado mucho!

Aunque reconozco que no ha sido lo que yo esperaba porque suponía que tenía un sabor a coco más intenso, pero es bastante sutil, y en la receta queda más mermado de lo que esperaba. Que está bien porque no sabe sólo a coco y tiene un equilibrio delicioso entre el coco y la piña, sólo que yo me esperaba otra intensidad.

Ah! y si es la primera vez que vais a usarla os doy un consejo ¡agitadla antes de abrirla! o bien coged una cuchara y movedla bien una vez abierta porque la mía supongo que por el frío tenía una pasta arriba y agua abajo, y como yo no tenía claro como era la textura de la leche de coco la empecé a poner hecha una pasta pura en la masa de la tarta hasta que llegué a la parte más líquida.
 
¿Qué os cuento de esta tarta? Que está muy rica es obvio. La textura es húmeda pero esponjosa y es una gozada encontrar los trozos de piña en su interior y el contraste con la cobertura de queso que es muy básica, pero muy light y sencilla de preparar, y que a mí me gusta mucho usar para no sobrecargar las tartas de calorías innecesarias.
 Además se mantiene igual durante días sin llegar siquiera a resecarse ni por el corte (que ya sabéis que otras recetas aunque estén bien tapadas o envueltas se resecan).

Mi consejo es que la preparéis al menos con un día de antelación para que se asiente y tome la textura ideal y la cobertura endurezca. ¡Merecerá la pena la antelación!

Y no dejéis de hacerla porque "no seáis mucho de coco" que yo siempre he huído de lo que tiene coco rallado porque no me gustaba morderlo y esta tarta me ha abierto los ojos y el gusto por este ingrediente ¡la de cosas que estoy probando durante el embarazo por "antojo" repentino y lo que me están gustando!

Y sin darle más vueltas os dejo con la última receta por un tiempo pero cuando menos lo esperéis me tendréis de regreso porque no me imagino no retomar este proyecto que tantas alegrías me ha dado y no saber nada más de vosotros.

Ingredientes:

* 125 gramos de yogur natural
* 50 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 200 gramos de azúcar blanca
* 3 huevos
* 250 gramos de harina
* 200 ml de leche de coco
* 60 gramos de coco rallado
* 2 sobres completos de gaseosas (dos blancos y dos azules)
* 1 pellizco de sal
* 1 cucharadita de vainilla
* 4 rodajas de piña en su jugo (aproximadamente 250 gramos)
Para la cobertura
* Una tarrina de queso para untar
* 3 cucharadas soperas de azúcar glas
* 2 cucharaditas de coco rallado

Elaboración:

1. En un bol ponemos la mantequilla junto con el yogur y el azúcar y batimos hasta obtener una mezcla cremosa.

2. Incorporamos los huevos de uno en uno y no añadimos el siguiente hasta que el anterior está bien integrado.

3. Ponemos la esencia de vainilla, el coco rallado y la leche de coco y volvemos a mezclar.

4. Añadimos la harina junto con la sal y los sobres de gaseosillas y mezclamos bien.

5. Por último incorporamos las rodajas de piña cortadas en trozos pequeños. No pasa nada si han soltado un poquito de jugo. Con ayuda de una espátula repartimos bien por la masa.

6. Untamos con mantequilla nuestro molde (que sea desmoldable, por supuesto) y vertemos la masa de la tarta en él. Alisamos la superficie con una espátula.

7. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y al meterlo bajamos la temperatura a 170º C. Horneamos de 50 a 60 minutos o hasta que al pinchar el centro con un palillo de madera este salga limpio.

Es posible que en torno a los 40 minutos tengáis que taparlo con un papel de aluminio porque la superficie esté ya dorada para que no se queme.

8. Apagamos el horno y con la puerta entreabierta dejamos templar unos 5 o 10 minutos. A continuación sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla para que la base no se humedezca.

9. Para preparar la cobertura ponemos todos los ingredientes en un bol y mezclamos con ayuda de una espátula.

10. Una vez la base esté fría la cubrimos con nuestra crema. A mí me gusta hacerlo con una cuchara sopera para darle un toque rústico.

11. La metemos en el frigorífico para que la crema endurezca.

Una vez esté endurecida la cobertura la podemos tapar con un film transparente sin miedo alguno, porque la crema no se pegará al papel, para que no se reseque. Así se mantendrá absolutamente deliciosa hasta que deis buena cuenta de ella.
Creo que no me queda nada más que contaros de esta delicia y ya sólo queda por tanto decir hasta muy pronto y daros las gracias por seguir aquí conmigo hasta el final, aunque haya estado tan perdida de vuestras cocinas y por preocuparos tantísimo por Lara y por mí a lo largo de este bonito camino que ha sido mi embarazo.
Como he dicho al principio no es una despedida es sólo una parada por una maravillosa causa durante la que no me voy a olvidar de vosotros (y espero que vosotros tampoco os olvidéis de mí) e intentaré seguir reposteando y preparando dulces secretos que compartir con vosotros dentro de unas cuantas semanas.

Sed muy felices en mi ausencia y disfrutad de muchos dulces momentos que alguna vez os recuerden a mí.

Manos a la masa y ¡bon appétit!


lunes, 25 de enero de 2016

Celosía de hojaldre rellena de cabello de ángel y manzana con toques de canela

Empiezo la semana con una receta la mar de sencilla para que todo el mundo se anime con ella ¿quién puede resistirse a un delicado hojaldre relleno de manzana y cabello de ángel? y si encima es la receta más fácil del mundo ¡no hay excusa para no prepararla en cualquier momento!
Ya sabéis que últimamente tengo bastante poco tiempo para pasar por mi blog y para visitar los vuestros. Más que para visitarlos para dejar comentarios porque procuro estar atenta a todo lo que publicáis aunque pase de puntillas y en silencio ¡pero no os pierdo la pista!

Está siendo un mes de enero bastante intenso con el trabajo y los preparativos para la llegada de Lara, y aunque a más de uno le parezca una locura que a tres semanas del parto siga trabajando yo agradezco estar en tan buen estado físico, para poder seguir con mis rutinas y mis obligaciones y no pasarme el día en casa dándole a la cabeza y pensando en tonterías.

El jueves pasado tuve la última visita con la matrona ¡y la niña está muy encajada! Es una noticia maravillosa, las que hayáis pasado por la maternidad ya lo sabéis, porque es un agobio estar pensando si se colocará o no llegado el momento o si te programan directamente una cesárea. Esto no quiere decir que me haya librado de la cesárea, pero sí que todo marcha como debería y os aseguro que es un alivio.

Además esta es mi última semana de trabajo y los días que quedan hasta que llegue mi princesa serán para hacer el vago y terminar de preparar sus cositas y las mías ¡que no nos queda nada! Y eso contando con que todo marche según las fechas previstas, que a estar alturas ¡puede llegar en cualquier momento!
Y como ya no me van a pesar más quiero repostear muchas cosas ricas y sencillas como esta celosía de hojaldre que es prima hermana de las trenzas que en otras ocasiones he publicado y que como os comentaba al principio no tiene misterio ninguno.
Con tres o cuatro cositas tendréis una merienda o un postre delicioso ¡sin complicación! y que no os robará más que unos minutos, básicamente los que se van en pelar y partir las manzanas.

Y como yo cuento con la ayuda de mi maridín que todo aquel postre que lleve manzana lo pierde he tardado menos aún.
Es casi de vergüenza dejar la receta, ni llamar a esto receta porque no tiene misterio alguno y porque se tarda más en explicarlo que en hacerlo, pero está tan rica que se merece un hueco, sí o sí, en mi cocina virtual.

¡Espero que os animéis con ella!

Ingredientes:

* Una lámina de hojaldre
* 2 manzanas pequeñas o una mediana
* Cabello de ángel (receta casera aquí o también podéis usarlo de lata que venden en algunos supermercados como Mercadona)
* Un huevo
* Azúcar moreno para espolvorear
* Canela molida

Elaboración:

1. Pelamos las manzanas y las cortamos en láminas.

2. Sacamos la lámina de hojaldre y la patimos en dos mitades iguales siguiendo el lado largo.

3. En una de las partes extendemos el cabello de ángel dejando un margen de aproximadamente un dedo por todos los lados.

4. Colocamos encima las láminas de manzana y espolvoreamos con un poquito de canela molida.

5. En la otra parte del hojaldre realizamos varios cortes verticales con un cuchillo siguiendo el lado corto separados un par de centímetros los unos de los otros.

6. Con ayuda del papel de hornear que trae la lámina de hojaldre colocamos la parte de hojaldre con los cortes sobre la otra y presionamos los bordes con los dedos para sellar bien nuestra celosía.

7. Batimos un huevo y con ayuda de un pincel de silicona pintamos la superficie y a continuación espolvoreamos con azúcar moreno.

8. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos hasta que el hojaldre se haya hecho capas y esté dorado, lo que serán aproximadamente unos 20 minutos.

9. Apagamos el horno y dejamos templar dentro con la puerta entreabierta.

Sólo tendremos que esperar un ratito a que esté tibia para disfrutar de esta deliciosa celosía, aunque fría también está absolutamente deliciosa.
Si no os gusta el cabello de ángel podéis prescindir de él y rellenarla sólo de manzana o sustituitlo por crema pastelera (o su versión más rápida y socorrida por unas natillas industriales que sean espesitas)

Hoy me vais a permitir que antes de despedirme dé las gracias públicamente a una persona que he conocido gracias a mi blog y que se ha convertido en alguien muy especial para mí y a la que últimamente no he podido hacer mucho caso con el embarazo y el trabajo pero que ha estado ahí siempre que la he necesitado.

Ella es Manoli  que seguro conocéis porque le he "robado" alguna factura de las que he publicado por aquí y porque tiene dos blogs estupendos y maravillosos que si no conocéis id pinchando aquí y aquí porque os van a encantar, pero sobre todo os va a enamorar ella que es toda ternura y corazón.

Además de ser una gran cocinera y repostera Manoli es toda una virtuosa de las labores y tiene unas manos increíbles para el punto, el encaje de bolillos, el bordado... Lo sé porque me ha ido enseñando fotos de lo que estaba haciendo, y porque la semana pasada llegó a mi casa con paquete con un precioso regalo para Lara que a mí me ha tocado el alma y que ha encantado a todo el mundo que lo ha visto, y que por supuesto quiero compartirlo con vosotros y espero que mi queridísima Manoli no se enfade por hacerlo público.
¿Verdad que es una cucada? No encuentro palabras para describir lo agradecida y emocionada que estoy por este regalazo y por haberme cruzado con ella. ¡Qué sol eres Manoli!
Y con este precioso regalo me despido hasta el jueves ¡a ver si puedo visitar vuestras cocinas esta semana y dejaros comentarios como bien os mereceis! ¡Feliz y dulce semana!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 21 de enero de 2016

Muffins de mantequilla de cacahuete con cacahuetes bañados en chocolate de colores

Los muffins me encantan. Me resulta bastante complicado resistirme a estos bocaditos que son tan sencillos de elaborar, admiten casi cualquier ingrediente y quedan tan monos en las fotos. Además si somos capaces de resistir la tentación de repetir con sólo uno al día no pecamos en exceso...

Mi conciencia no me permitía tomarme mi descanso bloguero sin compartir antes con vosotros esta receta que está ¡DE - LI - CIO -SA! y además me ha venido muy bien para dar salida a parte de mi arsenal de mantequilla de cacahuete (del que ya os he hablado en otras ocasiones) y a unos preciosos cacahuetes bañados en chocolate que tenía en casa y que podéis ver en las fotografías.
 
Como los preparé en un bonito día de sol que entraba a raudales por la ventana empecé a pensar en la primavera, de ahí el fondo tan florido, y que queda tan bonito con los cacahuetes de colores, pero os aseguro que hacía bastante frío y que son de horneado reciente. Y como no está de más poner color a la vida cada día más cuando hace una mañana tan gris y triste como hoy creo que estos muffins nos van a alegrar el jueves a todos.
Me vais a permitir que hoy utilice la entrada para contestar al último comentario que mi gran amiga Concha del blog De buena mesa me hizo en la entrada dedicada a mi cumpleaños en la que me preguntaba si alguna vez había considerado dedicarme a escribir.

Querida Concha, ser escritora es una de mis vocaciones frustradas o uno de mis proyectos a realizar. Con 34 años recién estrenados me queda vida por delante para intentarlo pero igual ya es un poco tarde para empezar ¿no? Lo veo algo tan complicado... Porque soy lectora desde que tengo conciencia y además bastante exigente así que lo que yo quiero es ser una escritora brillante, de esas que con palabras son capaces de pintar escenas y transportarte allá donde transcurre la historia, hacerte vivir y despertarte sentimientos, recuerdos y sensaciones.

Y eso no es fácil. Sólo son unos pocos los tocados con este don, pero yo no pierdo la esperanza de que un día me surja una idea brillante con la que dar cuerpo a este sueño.

Mientras tanto yo sigo con los quehaceres de mi vida monótona y rutinaria, como la de todo hijo de vecino, y agradezco esta tranquilidad y la falta de sorpresas porque a mí me gusta lo conocido y generalmente no me llevo bien con los cambios aunque en los últimos meses la vida se ha presentado con más de uno.
Y una de las cosas de mi rutina que más me gustan son este rinconcito donde vengo a encontrarme con vosotros aunque ya sabéis que cada vez estoy más perdida y dispongo de menos tiempo para visitaros o dejar algún comentario ¡pero no es por falta de ganas! y por supuesto donde comparto las recetas que descubro, sobre todo si me parecen tan increibles como estos muffins de hoy.

Creo que viendo las fotos sobran las palabras, pero por si no estáis convencidos aún del todo os diré que son unos bocaditos esponjosos, suaves, tiernos... que contrastan a la perfección con esos cacahuetes enteros bañados en chocolate ¡qué maravilla cuando en un bocado te encuentras con ellos! Y como yo soy bastante generosa a la hora de poner "tropezones" era fácil hacerse con un cacahuete mínimo en cada bocado.
También he aprendido una cosa y es que el chocolate de colores no hornea bien. Ya veis el color tan bonito que tienen mis cacahuetes chocolateados y al hornearse han terminado todos del mismo color... ¡marrones!...

No es que queden mal, pero hubiera preferido que hubiera más colores en la superficie de cada muffin. En el interior sí que se ven los colores, sobre todo el de los que están bañados en chocolate rosa, pero vaya por delante que destiñen, aunque queda muy mono, o al menos a mí me gusta.
Confesaré que no me ha pillado por sorpresa. Ya sospechaba que el chocolate blanco y el rosa no iban a aguantar bien el horneado, porque son muy delicados, pero por probar...¡¿qué perdía?! Además de que he quedado muy contenta con el resultado aunque no se haya mantenido el color original.

Me dejo de divagaciones porque sé que ya estáis convencidos de poner al menos en vuestra lista de pendientes estos muffins y porque además no tengo mucho tiempo para preparar la entrada porque estoy un poco liada con el trabajo para dejar terminados varios asuntos antes de marcharme y con los últimos preparativos antes de que llegue Lara. El lunes os cuento qué tal la visita de hoy a la matrona.
¡Espero que os animéis con esta receta!

Ingredientes:

* 50 gramos de harina integral
* 150 gramos de harina de trigo blanca
* 100 gramos de azúcar moreno
* 85 gramos de mantequilla
* 125 gramos de mantequilla de cacahuete
* 1 huevo
* 7 gramos de levadura química
* 150 ml de leche
* 1 cucharadita de vainilla
* 150 gramos de cacahuetes bañados en chocolate (los míos eran de chocolate negro, con leche, blanco y rosa que los compré en Rute en mi visita prenavideña al Belén de Chocolate)

Elaboración:

1. En un bol ponemos la mantequilla y la mantequilla de cacahuete a temperatura ambiente ambas, el azúcar y la esencia de vainilla y batimos hasta obtener una crema.

2. Añadimos el huevo y batimos hasta que esté integrado.

3. A continuación ponemos las harinas y la levadura y vamos mezclando a medida que añadimos la leche, sin batir en exceso, hasta que nuestra mezcla sea homogénea.

4. Por último añadimos los cacahuetes bañados en chocolate y con ayuda de una espátula los repartimos bien por la masa.

5. Ponemos las cápsulas que elijamos en nuestra bandeja para muffins y con ayuda de una cuchara de helados las rellenamos sin llegar al borde.

6. En la superficie podemos poner algunos cacahuetes (aunque con los míos he comprobado que no hornean bien y que el chocolate, sea del color que sea acaba de color marrón)

7. Introducimos en el horno precalentado a 200º C y horneamos durante 10 minutos. Bajamos la temperatura y horneamos unos 20 minutos más a 180º C. Antes de apagar el horno comprobamos que estén hechos pinchando con una brocheta de madera en el centro de uno de nuestros muffins.

8. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta durante unos 5 minutos para que no se baje el copete.

9. Desmoldamos de la bandeja y dejamos enfriar por completo (si podéis resistir la tentación) sobre una rejilla.

Como siempre os aconsejo conservarlos en una lata que tape bien o en cualquier recipiente con cierre hermético (tuppers en nuestro idioma coloquial aunque se trate de una fiambrera de los chinos de abajo ji ji ji)

Se mantendrán estupendos desde el primer al último día y descubriréis que el último día está bastante cercano al primero ¡porque están tan ricos que no es posible comer sólo uno!

Gracias por seguir por aquí a pesar de lo dispersa que voy en las últimas semanas y disfrutad mucho del fin de semana que parece que el sol nos va a acompañar.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 18 de enero de 2016

Tarta Ferrero Rocher

El tiempo pasa tan rápido las hojas del calendario que mañana es mi cumpleaños.

Parece que fue ayer mismo cuando celebraba con vosotros mis 33 años y mañana caerán los 34. Efectivamente a mí no me importa decir mi edad porque he vivido y disfrutado a mi manera cada uno de los años que acumulo.

Si el año pasado por estas fechas me dicen que un año después iba a estar a punto de ser madre no hubiera podido creerlo porque ya sabéis que era lo último que se me pasaba por la cabeza. Sin embargo a veces la vida se da la vuelta como un calcetín (pero un calcetín elegante, nada de un calcetín de deporte sucio o roto o con tomates... que aquí hasta los calcetines tienen glam...) y nos trae una grata sorpresa y un nuevo motivo por el que ilusionarse y ahí estoy yo, encantada de haberme conocido, es decir, encantada de haberla conocido a ella y de sentirla cada día más grande moverse en el escaso espacio que le queda.

Cuando se acerca mi cumpleaños nunca he planteado qué quiero que traiga ese nuevo año. Será quizá porque ha pasado muy poco desde nochevieja y hace ya un buen puñado de años que no hago lista de propósitos de año nuevo porque siempre acababa desistiendo al pasar reyes, pero hoy tengo ganas de pedirle cosas a mis futuros 34 y compartir esos deseos contigo.

Queridos 34 años

Vosotros no lo sabéis porque estáis a punto de llegar a mi vida, pero vais a ser un año afortunado. Hasta ahora a ninguno de los años que estaba por llegar les he pedido algo, pero como vais a ser mi año especial por una vez en la vida vamos a cambiar esta costumbre.

Mañana es el día de vuestro debut, no estéis nerviosos, que el primer día es complicado, pero nos quedan 364 (bueno, esta vez 365 porque estamos en año bisiesto) días para conocernos. Lo primero que debéis saber es que hay una personita compartiendo mi espacio, se llama Lara y sin haber nacido aún es mi princesa así que este será el primer año que los deseos de alguien vayan por delante de los míos propios.

Lo primero que os pido (y si sólo se puede formular un deseo también es lo único) es que hagáis que su llegada al mundo sea fácil para ella. A mí me da igual pasar 30 horas dilatando, con contracciones y sin epidural si Lara sufre lo menos posible y llega sana a la vida.

Llenad estos días de cosas pequeñas a las que no se da importancia pero que hacen la vida más feliz como un cielo azul, una tarde de lluvia en casa, un bizcocho recién hecho mojado en una humeante taza de chocolate, una sonrisa sincera al final del día cuando sientes que ya no puedes más, una buena historia en el libro menos pensado, esa canción que hace mil años que no escuchas y de repente suena en la radio...

Que los malos momentos que vengan, porque días malos siempre han de venir, sean llevaderos y saque fuerzas y energías de donde haga falta para afrontar los problemas y que además me preocupe sólo por los problemas de verdad y a las tonterías les dé carpetazo rápidamente.

Que este año siga siendo dulce y cuente con la compañía de gente que merece la pena, y la que no lo merece que se siga manteniendo al margen o al menos que sepa seguir ignorándola.

Quiero un año lleno de cosas sencillas de las que te recuerdan que por muy gris que se presente el día siempre hay una razón para sonreir y para salir de la cama una mañana más. Os va a ser sencillo cumplir mis deseos, bastará con hacer sonreir a Lara, con que nos coja un dedo con su manita o se quede dormida en nuestros brazos.

Sin duda mis queridos 34 vais a ser uno de los mejores años de mi vida y eso que aún no habéis llegado...

Después de mi lista de deseos llega la tarta ¡no os podía dejar sin algo dulce! Como mi cumpleaños no es hasta mañana no traigo la tarta que he elegido para esta ocasión ¡está aún sin terminar pero guardadme el secreto! así que voy a compartir con vosotros la tarta que preparé para el cumpleaños de mi marido que ya os comenté en la entrada anterior que fue el 26 de diciembre (el pobre no tiene por qué quedarse sin tarta por haber nacido en plena navidad) y que nos gustó muchísimo.
 ¿A quién no le gustan estos bombones? ¿y quién se resiste a no comprar una cajita en navidad? y una vez que están en casa ¿quién se resiste a coger uno de vez en cuando? y claro, entre tentación y tentación  ¡michelín que aparece! 

Debo reconocer que había oído hablar de esta tarta pero nunca le había hecho mucho caso, así que cuando se me ocurrió la idea para el cumple de mi costillo (y de paso quitar media caja de bombones de circulación) me puse a investigar por la red y vi que había mil maneras de hacerlas, así que tomando de cada receta lo que más me gustaba y poniendo un poco más de mi cosecha surgió esta tarta.
¿Qué os puedo decir de ella si sabiendo que está hecha con estos bombones ya os podéis hacer a la idea del sabor y lo rica que puede estar? Y aunque a simple vista no parezca nada espectacular os aseguro que su sabor y su textura tan cremosa en contraste con el crujiente de la cobertura sorprende e invita a repetir (si es que queda, claro) y a desear no compartirla con nadie (ser así de egoista con la comida no puede ser sano...)
No me quiero enrollar demasiado que estamos a lunes y a todos nos cuesta arrancar. Así que os dejo la receta y ya vosotros ponéis la ocasión ideal (que puede ser cualquier día, que un capricho nos lo merecemos siempre) para disfrutar de ella. ¡Veréis que sencilla es de preparar!

Ingredientes:

* Un rulo de galletas
* 60 gramos de mantequilla
* 500 ml de leche
* 250 gramos de yogur griego (el mío 0%)
* 2 sobres de preparado para cuajada
* 100 gramos de azúcar blanca
* 1 cucharada sopera de crema de cacao
* 8 bombones Ferrero Rocher (o su equivalente en marca blanca)

Para decorar:
* Crema de cacao
* Crocanti de almendra

Elaboración:

1. Empezamos con la base de la tarta para lo cual reducimos a polvo las galletas con ayuda de la picadora, derretimos la mantequilla en el microondas y la incorporamos al polvo de galletas. Mezclamos bien y vertemos en nuestro molde aplastando con un tenedor hasta que quede una base uniforme y compacta. 

2. En la jarra de la batidora ponemos 300 ml de la leche, el yogur, la crema de cacao el azúcar y los bombones y batimos hasta que no queden trozos de bombones.

3. Vertemos en una cacerola y llevamos a fuego medio, removiendo con frecuencia hasta que esté a punto de romper a hervir.

4. En los 200 ml de leche restantes disolvemos los dos sobres de cuajada.

5. Cuando la mezcla que tenemos en el fuego rompa a hervir añadimos la leche en la que hemos disuelto la cuajada y mantenemos al fuego removiendo  hasta que vuelva a romper a hervir.

6. En ese momento vertemos sobre la base de galletas, esperamos que enfríe, cubrimos con film transparente y metemos en el frigorífico para que termine de cuajar

7. Antes de servir desmoldamos, cubrimos la superficie con crema de cacao y espolvoreamos crocanti de almendras por encima. Mantenemos en el frigorífico tapada hasta consumir para que la crema endurezca.


Es fundamental que esté bien tapada para que no se reseque ni haga costra. La textura es muy suave y el constraste con el crocanti es espectacular ¡no os quedéis sin probarla!

Y por último, y no menos importante, os cuento qué tal en la última ecografía. Lara está perfectamente, ha crecido a un ritmo normal y pesa ya 2,700 kilos ¡y aún nos quedan casi cuatro semanas más para seguir creciendo! Yo espero que haga el peso que quiera, pero a poder ser que yo ya no pese más, que con diez kilos creo que está muy bien la cosa, aunque también os confieso que no sé dónde están metidos porque mis pantalones me siguen entrando perfectamente (si, confieso que cada poco tiempo me pruebo alguno) aunque me falta un dedo o dos para abrocharlos porque la barriga la tengo baja.

Además está muy bien colocada y a priori no habría problema para un parto natural. Lo que ocurre es que eso no es algo que se pueda predecir. Ya sólo me quedan los análisis de sangre para la epidural y la última visita a la matrona que será el jueves ¡y a esperar que salga! que ya hay muchas ganas, la verdad.

No me enrollo más y os deseo muy feliz y dulce semana

Manos a la masa ¡y bon appétit!

jueves, 14 de enero de 2016

Muffins de plátano y crema de cacao

Un año nuevo pero las prisas y la falta de tiempo siguen siendo viejas conocidas y compañeras del día a día.

No sé a vosotros pero a mí me hacen falta días de 40 horas como mínimo para llegar a todo lo que quiero (y tengo) que hacer. Hoy cumplo 36 semanas de embarazo y sigo al pie del cañón en el trabajo y en casa. Bendito buen embarazo que estoy teniendo que si no fuera porque la barriga me crece día a día nadie diría que estoy embarazada porque sigo haciendo las mismas cosas que hace un año o incluso más.

Sé que ya debería estar en casa, tranquila, pero como no tengo molestias y este es el mes más complicado en mi trabajo no veo el momento de irme, ni me apetece cogerme la baja para sentarme a esperar ¿a esperar qué? yo creo que me desesperaría, así que si todo sigue bien voy a seguir trabajando unos días más aunque también he de reconocer que voy un poco más relajada con el horario y si me canso me levanto y me marcho.

Por cierto, mañana tengo la última ecografía (si esta vez tienen a bien no cambiarme la cita de nuevo) así que en breve vendré con noticias frescas sobre la pequeña Lara que cada día está más inquieta y no deja de moverse en el espacio cada vez más reducido que tiene.

Será el último mal trago con la báscula y a pesar de ser después de navidad y del cumpleaños de mi marido (26 de diciembre) y de mi padre (11 de enero) creo que me he portado muy bien y que no me llevaré bronca de la ginecóloga. Espero que el poco peso que he aumentado lo haya hecho la pequeña, que ya el 22 de diciembre pesaba 2,100 kilos ¡no quiero ni imaginar lo grande que puede estar ya! Estoy deseando verla de nuevo.
Para hacer la espera más llevadera me acompaño de estos muffins ¡que llevan plátano! Increíble pero cierto ¡plátanos maduros en casa para repostear! Reconozco que estaban un pelín ocultos al fondo del cajón del frutero, pero creo que esta receta bien lo merece.

Son más ricos que bonitos están en las fotos, que además el tiempo últimamente no acompaña nada con tanto día nublado y me complica bastante este paso y hace que esté poco creativa para el momento foto (y mira que yo soy simple para las fotografías por falta de tiempo). Incluso me había planteado no publicarlos, pero están tan ricos que no me los podía guardar para mí sola.
La culpa de que no me hayan salido tan bonitos como otros es mía, porque me gusta llenar el molde hasta el borde casi para que suban bien y tengan copete, pero marmolilla de mí no sabía que al poner una cucharada de crema de cacao en la superficie no suben  hacia arriba sino hacia los lados (vamos, el mismo crecimiento que experimentan nuestros michelines en navidades ja ja ja) y por eso tienen ese aspecto de "voy a rebosar en cualquier momento".

Y como nos han gustado tantísimo (ni os imagináis a qué velocidad han ido cayendo) es seguro que los repetiré, pero no podía esperar tanto para compartirlos en el blog y aunque las fotos sean más feillas la receta os la tenía que dejar antes de que llegue Lara.
Sé que confiáis en mi palabra y si os animáis tendréis unos muffins de escándalo, esponjosos, suaves, con un delicioso sabor a plátano y con una abundante (si sois tan brutos como yo) cantidad de crema en cada pastelito que hará que empecéis a comerlos por abajo para dejar la superficie para el final y disfrutar del chocolate mezclado con el plátano... Mmmm es que se me hace la boca agua sólo con pensarlo ¡y es que llevo unos días con un hambre atroz!

Os dejo la receta, que la he adaptado de Alma Obregón  (poniendo más plátano, que queda siempre de muerte) y vosotros ya decidís si caéis en esta tentación o no
Ingredientes:

* 285 gramos de harina (en la receta original eran 300 pero no me quedaba más en el paquete)
* 5 plátanos de Canarias maduros (os repito que no estarán igual de ricos si el plátano procede de otro lugar)
* 1 huevo
* 100 gramos de azúcar blanco
* 75 gramos de azúcar moreno
* 50 ml de aceite de girasol
* 1 cucharadita de levadura química
* 1 cucharadita de bicarbonato sódico
* Vuestra crema de cacao favorita

1. Pelamos los plátanos, los ponemos en un bol amplio y los aplastamos con un tenedor hasta hacerlos puré. No pasa nada si quedan algunos trocitos más grandes, al hornearlos no se van a notar.

2. Añadimos el huevo, los dos tipos de azúcar y el aceite y mezclamos hasta que nuestra masa sea homogénea.

3. Incorporamos la harina, la levadura y el bicarbonato y mezclamos sin batir hasta que todos los ingredientes estén integrados. 

4. Disponemos nuestras cápsulas de papel en la bandeja para muffins y con la ayuda de una cuchara para helados distribuimos la masa en las cápsulas. Os aconsejo no llegar al borde (con medio centímetro que dejéis será suficiente) para que suban y queden más bonitos. Las que se me fue la mano y llené en exceso crecieron también a lo ancho al subir como os he comentado antes.
5. Una vez llenas las cápsulas ponemos una cucharadita de crema de cacao (sed generosos, que los agradeceréis al comer cada muffin) en la superficie y con la ayuda de un palillo de madera mezclamos un poco con la masa.

6. Metemos en el horno precalentado a 200º C y horneamos diez minutos pasados los cuales bajamos la temperatura a 180º C y mantenemos diez minutos más o hasta que al pinchar nuestros muffins con un palillo este salga limpio.

7. Dejamos templar diez minutos en el horno con la puerta entreabierta, sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla (si es que sois capaces de resistir la tentación con el olorcito tan bueno que sale del horno)
Los conservamos en una lata o un recipiente de plástico que tape bien donde aguantarán perfectamente como el primer día. No durarán mucho, ya os lo advierto, porque están tan ricos que es complicado contenerse una vez pruebas el primero.
Sólo me queda despedirme y sé que muchos estáis haciendo un gran esfuerzo para compensar los excesos de navidad (es raro hablar ya de las fiestas y no hace más que una semana que han terminado) pero eso no quita que no os podáis recrear con estos dulceríos, que mirar no engorda (o eso nos quieren hacer creer) y siempre se pueden guardar las recetas para más adelante ¿verdad?
Pasad muy dulce y feliz fin de semana y nos vemos el lunes de nuevo.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

martes, 12 de enero de 2016

Kakaós Csiga

La mayoría de vosotros sabéis que todos los meses el día 10 tengo una cita con el reto Reposteras por Europa, pero para empezar el año sin prisas ni agobios tras las fiestas navideñas la cita se pospone al día 12 para que todas podamos llegar con tranquilidad a nuestro destino que este mes y para inaugurar 2016 es Hungría y lo ha elegido Kim de Mango y Cereza 

Además es un destino especial para mí porque será el último que haga antes de que nazca Lara y me tomaré unos meses de descanso de los dos retos en los que participo porque a estas alturas no estoy para cumplir compromisos y aunque voy a seguir reposteando no quiero sentirme obligada a nada.

Cada mes que pasa es más complicado encontrar receta. Los países se van agotando y el idioma se no facilita la labor, pero esta vez tuve suerte y encontré la receta del Kakaós Csiga bien pronto y fue además un flechazo a primera vista. Quizá el nombre no os diga mucho (aunque el tema del cacao se intuye un poco) pero si os digo que son rollos de chocolate.. ¡la cosa va tomando otro color! 
Por primera vez he hecho una adaptación de la receta que intento seguir siempre al pie de la letra sin permitirme licencias en este reto para disfrutar de la repostería del país que toque en estado puro y no siguiendo mi estado de ánimo el día que me pongo a prepararla.

Como os he dicho esta era la receta de unos rollos a caballo entre los rollos de canela que todos conocemos (yo tengo dos recetas publicadas en el blog que podéis ver aquí y aquí) y las caracolas de chocolate que acompañaron algunos recreos sobre todo del instituto de mi generación (antes de ser erradicadas por aquellas que venían plastificadas y que a día de hoy se siguen vendiendo...) que yo decidí hornear en forma de rollo, cual brazo de gitano, y creo que he acertado porque ha quedado una masa esponjosísima que ha aguantado casi como el primer día ¡toda una semana! Lo nunca visto en una masa casera...
Esta decisión está motivada por el tipo de masa al que nos enfrentamos. No es una masa pegajosa, se puede manejar con facilidad, pero sí que es una masa muy húmeda que cuesta más enrollar que otras con las que he trabajado y al ser más blandita los rollos iban a quedar aplastados y poco bonitos al cortarlos, además de ser más difícil de enrollar sobre sí misma. También me daba miedo que el relleno se desparramase al hornearlos, así que decidí una vez que la tenía enrollada que sellaba los extremos lo mejor posible (y aún así salió un poquito del relleno en el horno) y que en lugar de cortar antes de hornear cortaba después ¡y que pasara lo que tuviera que pasar!

Sinceramente no me arrepiento porque estoy segura de que si hago los rollos antes no hubieran quedado tan esponjosos ni hubieran durado blanditos tanto tiempo. Fue una gran idea hacerlo en forma de gran rollo tipo brazo de gitano (sin duda haré más así) porque la textura al probarlo recién hecho (y aún tibio) fue de comer algodón de azúcar de lo blandito y esponjoso que era ¡si casi se deshacía en la boca! Ya os digo que es la masa más tierna y esponjosa que he hecho hasta ahora y que sin duda repetiré aunque buscándole una forma de hornearla y presentarla más adecuada para la textura de la masa en crudo.
El relleno es también delicioso ¡lo tengo bien apuntado para hacerlo en más ocasiones!

Como podéis leer estoy contentísima con mi elección y aunque la presentación no es lo que había imaginado cuando me hice con la receta gana tanto en textura y sabor que no me arrepiento de haberla adaptado (aunque debería haber intentado la receta original)
¿Os animáis a hacerla en casa? Si tenéis panificadora no tardaréis nada en hacerla ¡y os aseguro que repetireis!

Ingredientes:

* 300 ml de leche
* 1 huevo
* 3 cucharadas soperas de miel 
* 100 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 550 gramos de harina de fuerza
* 1 sobre de levadura de panadero
* 1 pellizco de sal

Para el relleno:

* 40 gramos de mantequilla
* 3 cucharaditas de miel
* 20 gramos de cacao en polvo.

Elaboración:

1. Ponemos los ingredientes de la masa en el orden en que están escritos en la cubeta de la panificadora y seleccionamos el programa de amasado. En mi caso opto por el programa de amasado de pasta (programa 7 de la panificadora de LIDL) que sólo tarda 15 minutos en tener la masa lista.

2. Untamos un bol con aceite y ponemos dentro la masa, hecha una bola y cubierta con film transparente. Dejamos levar hasta que haya doblado su volumen. El tiempo dependerá de la temperatura de casa.

3. Para preparar el relleno derretimos la mantequilla junto con la miel en el microondas, añadimos el cacao y removemos hasta que la mezcla sea homogénea. Reservamos.

4. Una vez la masa está levada ponemos sobre la superficie de trabajo, amasamos ligeramente a mano para desgasificarla y extendemos con ayuda del rodillo dándole forma rectangular. La masa debe quedar con un centímetro de grosor aproximadamente.

5. Con ayuda de un pincel de cocina pintamos la superficie con el relleno salvo y dedo por uno de los lados largos para poder sellar nuestro rollo.

6. Enrollamos con mucho cuidado, porque es una masa muy elástica y aunque no es pegajosa es de consistencia blanda  así que ¡paciencia!

7. Ahora debemos cortar el rollo en rodajas de unos 2 centímetros de grosor. Como la masa era tan blanda y el relleno es líquido a mí me daba miedo que al cortarlo saliera un churro, así que decidí hornearlo tipo brazo de gitano y creo que merece la pena porque queda muy esponjoso. ¡Eso ya depende de vosotros!

8. Dejamos levar de nuevo nuestros rollos (o nuestro gran rollo como en mi caso) que habremos colocado en la bandeja del horno sobre un papel de hornear durante unos 25-30 minutos y cuando hayan aumentado de volumen metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante aproximadamente 20 minutos.

9. Dejamos enfriar y ya podemos disfrutar de estas delicias.

Si optáis por hacerlo en forma de rollo os aconsejo que lo envolváis en film transparente ¡se conservará casi como el primer día! Si lo hacéis cortando rollos individuales guardadlos en un recipiente con cierre hermético.
Ya veréis lo ricos que están y lo poco que duran.... ¡si yo ya estoy pensando en prepararlo de nuevo! y es que en casa nos ha encantado.

Como cada mes os invito a que visiteis las propuestas de mis compañeras de reto y os animo a participar el próximo mes (aunque esta vez yo no compartiré destino porque estaré a un día de llegar a mi fecha de parto prevista.
 http://1.bp.blogspot.com/-Oz8YZY9QtiY/VYJ9i3AZCfI/AAAAAAAAIh0/1hF37a4upUc/s1600/IMG_6697.JPG
Sólo me queda desearos muy feliz y dulce semana y os adelanto que el viernes tengo la última ecografía ¡la de las 36 semanas! El tiempo se va volando...

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 7 de enero de 2016

Crema de turrón de chocolate blanco

Se acabaron las navidades.

Parece que no iban a llegar nunca cuando los turrones estaban colocaditos en las estanterías de los supermercados en la segunda quincena de octubre pero ya se han terminado. 

Hoy es día de resaca y el país despierta sumido bajo toneladas de papeles de regalo hechos bolas y cajas que abarrotan los contenedores del papel con la mente puesta en desmontar el árbol o el nacimiento (si es que no se hizo ayer) y los comerciantes en cambiar los escaparates para sumergirse en la vorágine de las rebajas.

Porque por muchas cosas que nos hayan regalado seguro que necesitamos muchas más y esperábamos con ansia las rebajas a ver si nos hacemos con alguna ganga de esas que escuchamos hablar pero que jamás nos hemos topado con ellas ¡son más complicadas de encontrar que un décimo de El Niño premiado! 

Es posible que nos propongamos limpiar nuestra casa de los adornos navideños el fin de semana, porque la vuelta a la rutina es ya bastante dura (los menos afortunados no tenemos vacaciones en estas fechas) y porque sinceramente no tenemos la misma ilusión y las mismas ganas cuando sacamos los adornos que cuando hay que quitarlos. Ahora es una tarea fastidiosa, las cosas no caben donde antes cabían (lo que ocurre con diversas partes de nuestro cuerpo tras tres o cuatro semanas de celebraciones) y no hay tantas manos voluntarias para colaborar.

También toca hacer balance de los restos que han quedado en el frigorífico y en los armarios de la cocina y su destino dependerá de lo que la dichosa báscula marque esta mañana, o quizá mejor nos pesamos el domingo por la mañana, no sea que estemos reteniendo líquidos y nos llevemos un disgusto a lo tonto. Así nos da tiempo a terminar el trozo de roscón que hay en la cocina, algunos bombones, unas tabletas de turrón que se han quedado a medias... 

Lo que explicaría que en lugar de retener líquidos lo que nuestro cuerpo retiene son en realidad sólidos alrededor de la cintura y las caderas que igual se quedan ahí hasta el verano, pero mejor no pensar en ello, vamos a hacer un esfuerzo y a terminar lo que queda, que no está la vida para tirar...

¡Benditas navidades que empiezan y acaban todas exactamente igual! 

Y yo empiezo el año en la misma linea que acabé el pasado compartiendo con vosotros recetas para dar salida a los turrones que en la mayoría de casas españolas se atesoran durante meses en la cocina porque las ofertas del supermercado son tentadoras y nosotros muy débiles.

No voy a decir que la crema de hoy sea light ¡ya me gustaría! pero es menos pecaminosa que comerse de una sentada media tableta de turrón. Porque seamos sinceros, cuando queremos limitar nuestro consumo calórico es precisamente cuando más nos llaman las tabletas de turrón o de chocolate, los bombones, y cualquier otro resto de dulces que tengamos en casa.

Da igual que estén en la balda más alta e innaccesible de los armarios de la cocina que la tentación acaba por vencernos y sucumbimos a ella. Así que la mejor opción es usar el turrón en alguna receta y de paso ir acabando con él para que no esté ahí en pleno mes de agosto. 
Yo propongo una crema (sí, me ha dado por las cremas, pero es que últimamente meto lácteos en todo lo que puedo porque es lo más beneficioso durante el embarazo y porque además me apetecen muchísimo) que también nos podría haber valido como postre en cualquier comida navideña, y aunque no es cuestión de ir pensando los menús para la próxima navidad cuando aún tenemos en la garganta los últimos dulces de esta yo simplemente hago un apunte y que cada cual tome nota de la receta para la ocasión que mejor le convenga.
Es un postre sencillo de preparar, que requiere pocos ingredientes de los que habitualmente tenemos en casa y además tardaremos poco más de un cuarto de hora. 
Si no os animáis a prepararla es o porque no tenéis restos o porque estáis demasiado perezosas tras las fiestas.

Yo os dejo la receta, que de verdad tardo más en redactarla que lo que tardé en prepararla y ya vosotros os animáis o no con ella.

Ingredientes:

* 1 tableta de turrón de chocolate blanco
* 600 ml de leche (la que tomamos en casa casa es semidesnatada)
* 125 gramos de yogur griego (el que yo usé era light)
* 1 cucharada sopera de maizena

Elaboración:

1. En una cacerola ponemos el turrón de chocolate troceado junto con el yogur y la leche salvo una tacita más o menos que reservamos.

2. En la leche reservada deshacemos la cucharada de maizena.

3. Ponemos nuestra cacerola a fuego medio-bajo (yo el 5 y mi placa llega hasta el 9) y vamos removiendo de vez en cuando hasta que el turrón se derrita y no se nos vaya a pegar.

4. Cuando el turrón esté derretido y la mezcla a punto de romper a hervir añadimos la leche con la maizena disuelta, bajamos un poquito la intensidad del fuego y removemos con frecuencia. Pasados unos 8 -10 minutos retiramos del fuego.

5. Distribuimos en los vasos o las copas que hayamos elegido y esperamos a que estén fríos. Tapamos y pasamos al frigorífico donde debemos dejar unas horas para que quede cuajada.

Aunque veáis la crema totalmente líquida al retirar del fuego os aseguro que al enfriarse queda bastante cuajadita y aunque no tiene la consistencia de un flan por ejemplo sí que adquiere textura de crema sin necesidad de gelatinas ni de sobres de cuajada.

Los cereales que tiene el turrón del chocolate al principio flotan en la crema pero a medida que se va calentando se van deshaciendo y luego casi no se notan. Lo comento porque igual a alguna os preocupa y ya estábais pensando en pasar la crema por la batidora antes de verter en los vasitos.
La crema para mi gusto no necesita añadir azúcar extra ¡bastante dulce es ya de por sí el turrón de chocolate blanco! Además queda un postre con un sabor muy sutil que se agradece mucho fresquito y que entra muy bien porque resulta muy ligero.
Con estas cantidades me dio para cinco vasitos pero como véis los lleno bastante. Si queréis tener para más bastará con llenar menos los vasitos que no es cuestión de pasarse en estos días.

Por supuesto los podéis presentar sólos o decorados por ejemplo con un barquillo de canela o unos trocitos de turrón por encima. Eso a vuestro gusto (y a vuestra conciencia o a vuestra báscula, que estos días es la que manda)

Creo que no me queda nada más que añadir. Me despido hasta el martes ¡que es día de reto! Pasad un bonito fin de semana y disfrutad de estar en casa que parece que es lo que más va a apetecer. Si sois osados ¡salid a las rebajas! o comprad cómodamente desde casa que es todo un vicio... ¡ains! que no me lea mi marido...

Manos a la masa y ¡bon appétit!