jueves, 19 de enero de 2017

Tarta cremosa de trufas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.



Este poema se le atribuye en varios foros a Mario Benedetti aunque la página de su fundación desmiente que sea del autor. Sea de quien fuere me encanta leerlo porque insufla ganas de enfrentarte a la vida y te recuerda que por muchos escollos que haya en el camino al final el viaje merece la pena y hay que esforzarse por seguir adelante.

Los que me conocéis desde hace tiempo habéis visto mi vena revolucionara, sincera, reivindicativa, luchadora... quizá mi faceta filosófico-poética es la que muestro menos en el blog, pero también la tengo. 

Hoy vengo quizá un poco tonta porque es mi cumpleaños. 35. Y seguimos contando (durante mucho tiempo espero). 

Asusta bastante ver el giro que ha dado mi vida del año pasado a este. El balance es positivo, pero el camino está siendo muy duro. Mi más sincera enhorabuena a aquellas madres que dicen que sus hijos no les quitan de hacer nada. Yo debo de ser una madre pésima porque el tiempo se me va entre las manos y hay cosas que he tenido que dejar de hacer como leer libros o salir a correr y otras que hago a duras penas como dormir o arreglarme que voy a lo imprescindible para tener un aspecto presentable en el trabajo.

Los días que siento que ya no puedo más miro a Lara y me digo que no va a ser un bebé toda la vida y que antes de que quiera darme cuenta será mayor y podré volver a tenerlo todo organizado. Mientras dejo que la vida pase y lo intento hacer lo mejor que pueda a pesar de todas las dificultades.

Sin duda alguna ser madre es la tarea más complicada del mundo pero cuando veo que todo el mundo ha podido me digo que yo también voy a poder y que hay que tirar para delante. 

No sé qué me van a deparar los 35. Suena a cifra importante. A recta final del camino a los 40 ¡barrera psicológica donde las haya! Pero lo que traigan, problemas o alegrías, tomaremos y seguiremos por el camino sorteando los escollos y disfrutando los buenos momentos.
Para celebrarlo con vosotros he elegido esta tarta de trufas, una receta además de aprovechamiento, y sencilla ¡como las que tanto me gustan últimamente! Es una receta propia para dar salida de golpe y porrazo a una caja de trufas que estaba dando vueltas en los armarios de la cocina desde la navidad de 2015  y el resultado me ha sorprendido gratamente.

De paso estrené el molde que compramos en LIDL hace unos meses que tiene una forma acanalada muy bonita.
En un principio no las tenía todas conmigo. Calculé la gelatina para asegurarme que cuajara bien y se desmoldara, pero tenía serias dudas de si más que una tarta sería puro plástico, así que tiré para delante y crucé los dedos ¡por una vez el resultado fue bueno a la primera!
Me sorprendí gratamente al ver que desmoldaba perfectamente y más aún cuando probé el primer bocado y vi que era una tarta cremosa y que se deshace perfectamente en boca. Ya sabéis lo que pasa con los "experimentos" y esta vez estoy muy contenta de que haya salido bien a la primera.

El sabor además no es nada empalagoso ¡qué peligro tiene! porque te comes un trozo y de buen grado repites ¡sin caer en la cuenta de que es una pequeña bomba de calorías! pero total, por una vez... ¿verdad que estáis de acuerdo?

Que sí, que soy consciente de que todos nos hemos propuesto perder esos kilitos que la navidad nos ha dejado de propina (lo mío es peor aún que Lara tiene ya 11 meses y sigo con cuatro kilos del embarazo que no me quito por pereza, porque entro en mi ropa perfectamente y como no son tantos no me lo tomo en serio cuando sería bien sencillo dedicarle un mes y olvidarme del asunto ¡a ver si lo hago antes de su primer cumpleaños!) pero hoy me vais a perdonar el desliz porque es mi cumple. 

Y si lo pensáis friamente ¡es una receta de aprovechamiento! Calórica, pero de aprovechamiento al fin y al cabo y que os salva de la tentación de arrasar impunemente con la caja de trufas que ha quedado después de navidad.
Y si no tenéis y os apetece en el supermercado (creo) siempre tienen trufas y podéis comprarlas para preparar esta tarta que seguro os va a encantar

¡Vamos con la receta que es de las que se tarda más en redactar que en preparar!

Ingredientes:

* 1 caja de trufas (la mía de 250 gramos)
* 400 gramos de nata para montar
* 400 ml de leche (semidesnatada)
* 2 cucharadas soperas de caramelo
* 9 láminas de gelatina neutra

Para el molde y decorar:

* Caramelo líquido
* Escamas de chocolate

Elaboración:

1. En un bol ponemos a hidratar la gelatina en agua fría.

2. En una cacerola ponemos las trufas, la nata, la leche y el caramelo líquido y llevamos a fuego medio. Removemos de vez en cuando para que no se quemen las trufas .

3. Cuando esté a pundo de romper a hervir añadimos las hojas de gelatina escurridas. Movemos bien para que se disuelvan y mantenemos al fuego hasta que esté de nuevo a punto de hervir.

4. Caramelizamos el molde que vayamos a usar y vertemos la mezcla en él.

5. Dejamos enfriar en la encimera y cuando esté frío tapamos con film transparente y lo metemos en la nevera hasta que cuaje.

6. Cuando vayamos a servir sacamos el molde unos minutos antes para que sea sencillo desmoldar.

7. Una vez desmoldado decoramos con escamas de chocolate ¡o con lo que os apetezca!

Lo que nos quede hay que taparlo muy bien para meterlo en el frigorífico o se resecará y endurecerá  perderá la cremosidad y la gracia.
 
Si no os gusta el caramelo podéis suprimirlo ¡que la receta va a seguir estando igual de rica!

Os pido disculpas si estos días me veis menos por vuestras cocinas. El mes de enero es muy intenso de trabajo para mí y me resulta más complicado arañar ratillos de descanso para visitaros. Y en casa, con la niña, es casi misión imposible encender el ordenador por las noches, en todo caso algún fin de semana y ni eso últimamente.
 
Quiero agradeceros a todos los que os habéis preocupado por nosotras. Lara esta semana ya ha regresado a la guardería y crucemos los dedos para que siga estando bien, que aquí hemos llegado a alcanzar los 7 y 8 grados bajo cero los últimos días. Yo estoy recuperándome, me siento bien, pero no me acabo de terminar de curar ¡es lo que pasa por obligarse a seguir con la rutina antes de estar restablecida del todo!
 
Abrigaos mucho y pasad un feliz y calentito fin de semana. Gracias a todos por seguir aquí y acompañarme un año más el día de mi cumpleaños.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 12 de enero de 2017

Bizcocho de calabacín y limón

No hace ni una semana que terminó el día de Reyes y parece que las navidades acabaron hace mucho tiempo.

Sin embargo en según qué zonas aún se pueden en ver los contenedores (y alrededores) los restos que evidencian una bacanal de papeles de regalo y cintas de colores que deja tras de sí como traca final el periodo de fiestas y celebraciones por excelencia del año.

Los hay que tienen tanta prisa en quitar los adornos navideños como tuvieron en su momento por sacarlos y dar así por terminadas las navidades.Y es que estamos deseando que lleguen estas fiestas casi tanto como deseamos que terminen ¡el ser humano es de naturaleza caprichosa! 

Ahora toca pasar página y centrarnos básicamente en dos acontecimientos: devolver todos los regalos que sus Majestades erraron y poner los pies sobre la báscula y entreabrir la pestaña para ver a dónde nos han llevado los días de alegría, paz, amor... ¡para que luego digan que la buena voluntad no engorda! 

Ningún año falla. Nada más terminar las navidades todas las cadenas de televisión mandan a un reportero al mercado y/o a un nutricionista y coliflor en mano (o brócoli, apio o zanahoria) nos dan las pautas para quitarnos esas bellas mantecas que se nos han pegado en el abdomen, las caderas y los muslos.

¡Todos los años lo mismo...! y sin aprender ni uno, oiga. 

Yo no quiero quitarle la buena intención a nadie y por eso hoy traigo un bizcocho con verdura. Y todos sabemos que si tiene verdura ¡es sano! O eso decía mi madre y ya sabemos que a las madres no se les lleva la contraria. Que está feo y eso.

Puestos a elegir lo más sano sería comernos el calabacín y dejarnos de bizcochos ¿pero qué sería de la vida sin un poquito de azúcar? ¿dónde reside la gracia? Podemos lamentarnos todo lo que queramos de lo que hemos comido desde nochebuena hasta nochevieja aunque yo creo que cuenta más lo que comemos desde nochevieja hasta la próxima nochebuena ¿no os parece? 

Así que volvamos a hacernos el firme propósito de comer sano y equilibrado y para empezar podemos preparar este delicioso bizcocho que gracias al calabacín queda húmedo y jugoso y que el toque de limón lo hace irresistible.

 Las imágenes hablan por sí solas y se ve lo tierno que queda ¿verdad?

Y si a eso le unimos que lo preparé con los calabacines del huerto de mi padre ¿verdad que no se le puede pedir más?

Aunque no estamos en temporada de calabacín se puede encontrar en cualquier frutería y supermercados así que no hay excusas para no hacerlo y recordad que no supone saltarse la dieta porque lleva verdura (o igual sí, pero la conciencia se aplaca ¿verdad? )

No me extiendo en la entrada de hoy. Todos tenemos el coger el ritmo tras las vacaciones y a mí este mes me resulta especialmente agotador en el trabajo, así que os dejo ya con la receta

Ingredientes:

* 300 gramos de calabacín (con la piel y sin pepitas)
* 100 gramos de mantequilla (puede ser light)
* 150 gramos de azúcar
* 3 huevos
* 125 gramos de yogur natural o de vainilla
* 150 gramos de harina integral
* 150 gramos de harina de repostería
* 1 sobre de levadura química
* 1 cucharadita de bicarbonato sódico
* 1 limón

Elaboración:

1. En un bol amplio ponemos el azúcar y la mantequilla derretida y batimos hasta obtener una mezcla cremosa

2. Incorporamos los huevos de uno en uno sin añadir el siguiente hasta que el anterior esté bien integrado.

3. Añadimos el yogur y el calabacín rallado (yo lo meto en la picadora) y mezclamos bien.

4. Incorporamos el zumo del limón y el bicarbonato (la mezcla esponjará)

5. Por último ponemos la harina y la levadura y mezclamos hasta obtener una masa homogénea.

6. Untamos con mantequilla o forramos con papel de hornear nuestro molde. Vertemos la mezcla.

7. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 45 minutos aproximadamente. Comprobar el punto de cocción pinchando con un palillo de madera en el centro. Si sale limpio está listo. 

8. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta durante unos minutos, sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

A los 25-30 minutos es posible que necesitéis tapar con papel de aluminio el bizcocho para que la superficie no se siga dorando o se quemará.
Para conservarlo os recomiendo lo de siempre: envolverlo en film transparente y meterlo en la nevera. Así se mantendrá muy jugoso hasta el último bocado.

Espero que os animéis a prepararlo que ya veis que es muy sencillo y ya os aseguro yo que está bien rico y jugoso y hará que empezar el día sea un poquito más fácil.


Nos vemos la próxima semana y mientras aprovecho para ir visitando vuesras cocinas en los cuatro ratillos libres que me deje el trabajo y Lara que al igual que yo ha empezado el año malita y ahí estamos luchando a brazo partido contra los mocos y la tos

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 5 de enero de 2017

Roscón de Reyes de chocolate y ron

La primera entrada del año y es justo el día de Navidad que más me gusta junto con el día del sorteo.

No me negaréis que el día 5 de enero tiene algo de mágico y la ilusión flota en el ambiente por muy mayores que seamos y por muchas navidades que hayamos vivido.

Para nosotros está siendo una navidad especial por ser la primera que vive Lara que a sus diez meses y medio se entera de más de lo que creíamos y se porta peor de lo que pensábamos porque en las cenas de nochebuena y nochevieja ha sido pelín traviesa y ha sido complicado sentarnos todos a la mesa ¡igual el próximo año!
Como no podía ser de otro modo 2017 abre mi cocina virtual con el tradicional roscón que más de uno estaréis preparando ya en casa para disfrutar de un buen trozo acompañado de chocolate caliente esta noche al regresar de la cabalgata o mañana por la mañana para desayunar antes o después de abrir los regalos que seguro amanecen a los pies del árbol porque todos hemos sido muy buenos. 
 
Este año os traigo un roscón diferente al tradicional que los amantes del chocolate disfrutarán muchísimo. Aunque tiene un toque de ron es apto para pequeños también ya que he utilizado esencia, pero si no os gusta la podéis suprimir y todos contentos. 
 
Al contrario de lo que pueda parecer preparar un Roscón de Reyes  no es nada complicado. La única pega es amasar si no se dispone de una panificadora o un robot de cocina que lo haga y sobre todo esperar a que la masa leve, que con el frío no siempre es tarea fácil. 
Desde que llegó Lara intento no complicarme. Cuando se duerme por la noche hago la masa y la dejo levar hasta la mañana siguiente ¡comodísimo! Así al día siguiente sólo hay que amasar un poquito, darle forma de roscón y esperar que vuelva a levar antes de llevar al horno. 
 
El resultado es buenísimo y aunque el roscón se puede comprar en todos los supermercados y en todos los obradores de pastelería del país os aseguro que no tiene punto de comparación uno comprado con uno casero ¡y también nuestro bolsillo lo nota! porque hay algunos sitios en los que cobran el roscón a precio de oro. Con el cuento de que es la tradición y que este día no hay casa en la que no haya uno ¡hacen su particular agosto en pleno mes de enero! 
Cuestiones monetarias aparte (que no obstante hay que tener en cuenta que para más de uno se inicia una bonita cuesta este mes) la satisfacción personal de llevar a la mesa un roscón preparado por nosotros mismos no tiene precio. 
 
Además si nunca lo intentamos jamás sabremos si somos o no capaces de prepararlo y aunque pueda dar un poquito de respeto lo peor que puede pasar es que salga mal ¡pues corriendo al súper más cercano a ver si queda alguno! aunque os aseguro que no habrá que llegar a eso y que como recompensa sacaréis de vuestro horno un delicioso roscón.
 
El que os traigo está muy rico y para mí es perfecto sin necesidad de relleno pero mi marido no concibe un roscón sin su crema pastelera y a rellenarlo ha tocado. A ver si para el próximo año negociamos y toca uno sin relleno. 
La combinación chocolate y ron es fabulosa y como os decía antes es una receta apropiada para niños porque no lleva alcochol. Acompañado de una buena taza de chocolate caliente ¡hará las delicias de todos en casa! Y aunque pueda parecer empalagoso os aseguro que no lo es en absoluto ¡tenéis que probarlo para descubrir su fantástico sabor! 
 
¿Os animáis a prepararlo en casa?

Ingredientes:

Para la masa.

* 185 gramos de leche
* 2 cucharadas soperas de agua de azahar
* Unas gotitas de esencia de ron (o una copita de ron o cualquier otro licor) En todo caso es opcional. Yo puse medio bote de los que venden en LIDL y le dio un sabor bastante intenso.
* 40 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 3 huevos 
* 500 gramos de harina de fuerza
* 40 gramos de cacao en polvo
* Media cucharadita de canela
* 1 pellizco de sal
* 1 sobre de levadura seca de panadero.

Para el relleno y para decorar.

* Crema pastelera para el relleno (receta aquí)
* 100 gramos de chocolate de cobertura
* Escamas de chocolate blanco.


Elaboración:

1. Ponemos los ingredientes en el cubo de la panificadora en el orden en el que aparecen listados. Elegimos el programa de amasado. Yo tengo la panificadora del LIDL y utilizo el programa Pasta (el 7) que amasa en quince minutos. Puse la panificadora para que amasara dos veces.

Si no tenemos panificadora mezclamos la harina con el cacao y la canela, los ponemos en un bol amplio, hacemos un agujero en el centro tipo volcán, ponemos el resto de los ingredientes en el centro y amasamos a mano.

2. Una vez lista nuestra masa ponemos un poquito de aceite en un bol amplio, hacemos la masa una bola, la colocamos, le damos la vuelta para que se impregne de aceite por todos lados, la cubrimos con papel film (que debe tocar la masa) y la dejamos levar toda la noche. Si la preparáis por la mañana bastará con esperar a que la masa duplique su volumen.

3. Al día siguiente ponemos la masa sobre nuestra superficie de trabajo ligeramente enharinada, amasamos a mano para que pierda el aire, hacemos una bola, le hacemos un agujero en el centro y empezamos a estirar levantando la masa para que por el peso de la gravedad vaya tomando forma de roscón. De hecho tiene que quedar más grande, casi cual rueda de bicicleta, para que al levar y al hornearse no se cierre.

4. En el centro colocamos cualquier utensilio de cocina redondo que pueda ir al horno para evitar que nuestro roscón a pesar de nuestras precauciones se quede sin agujero. Yo uso una flanera de metal grande, pero podéis utilizar un aro de emplatar o cualquier otro molde.

5. Tapamos con un paño limpio y dejamos levar de nuevo hasta duplicar aproximadamente su tamaño. El tiempo depende del calor de nuestra cocina.

6. Una vez levado pintamos con huevo batido y metemos en el horno precalentado a 180º C durante unos 20 minutos aproximadamente. Ojo con pasarse con el horneado que nos quedará una masa dura y seca.

7. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta y al cabo de diez minutos pasamos a una rejilla para que se acabe de enfriar por completo.

8. Con paciencia y mucha maña abrimos por la mitad y rellenamos con la crema pastelera o dejamos sin rellenar que para mí es suficiente así pero no para mi marido.

9. Derretimos el chocolate de cobertura y lo vertemos por la parte superior del roscón. Espolvoreamos con escamas de chocolate blanco.

Para conservarlo lo mejor es envolverlo en film transparente y si lo rellenáis como yo he hecho tenéis que guardarlo en el frigorífico para evitar que la crema pastelera (o la nata o la trufa, el relleno a vuestra elección) se ponga mala.
El inconveniente que tiene guardar el roscón en el frigorífico es que las masas se endurecen más rápidamente y es una lástima porque sale muy tierno y esponjoso

No os olvidéis de poner alguna sorpresa en su interior ¡que no se pierda la esencia de tan patria costumbre!

Espero que disfrutéis mucho de esta víspera de Reyes, que lo paséis muy bien en la cabalgata y os pongáis tibios de roscón ¡ya sacaremos la báscula el lunes! (más que nada por no amargarnos el fin de semana e ir acabando con todos los dulces que tenemos en casa)
Y si sois más del roscón tradicional aquí podéis ver la receta y si os apetece algo más internacional aquí tenéis de la galette de rois francesa.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 29 de diciembre de 2016

Un nuevo punto final

Una vez más el año se nos ha ido volando y me encuentro preparando la última entrada
No sé si será sólo cosa mía pero 2016 se me ha ido especialmente rápido ¡y eso que han sido 366 días! 

Ha sido un año muy intenso en lo personal y lo profesional pero mi balance es positivo. 

La maternidad no es tan idílica como muchas mujeres se empeñan en pintarla pero sin duda deja más cosas buenas que malas así que la llegada de Lara ha sido por supuesto lo más destacado del año.

Descubrir que un bebé entra en tu vida y la pone patas arriba cual torbellino y que hay que empezar a crear unos hábitos y costumbres nuevos desde su nacimiento ha sido duro y enriquecedor. He aprendido en carnes propias que las madres estamos hechas de otra pasta y que cuando pensabas que las horas no te daban para más te ves arañando segundos de aquí y allá para volver a traer a tu día a día todo lo que habías tenido hasta ahora.

Además he contado con vuestro cariño y apoyo y ha sido emocinante sentir cómo a través de una pantalla se crean vínculos de amistad. No os agradeceré lo suficiente vuestras llamadas, mensajes, correos y hasta regalos recibidos desde que nació Lara ¡sois sin lugar a dudas lo mejor de esta aventura! Y por supuesto gracias por seguir visitando mi cocina tras los largos cinco meses que estuvo cerrada ¡es complicado mantener los seguidores después de tanto tiempo y me ha emocionado ver que me seguíais esperando!
En la entrada de hoy no hay una receta ni un recopilatorio. He preferido cargarla de palabras (qué raro, si yo apenas hablo/escribo) y meter dentro los mejores deseos para todos los que me seguís cada día, los que comentáis cada receta, los que proponéis cambios para mejorar el blog, los que visitáis esta cocina y no os atrevéis a dejar ningún comentario, los que os registráis como seguidores y los que no, los que preparáis mis recetas y me comentáis cómo os han quedado, los que incluso las publicáis en vuestros blogs...

En definitiva, a todos los que alguna vez habéis formado parte de Los dulces secretos de Cuca quiero desearos un feliz 2017 que venga cargado de buenas recetas y de mejores momentos.

Porque si las cosas buenas se comparten son mejores

Al igual que las penas compartidas con menos penas ¿verdad?

A tan sólo un puñado de horas de que 2016 termine me encantaría compartir con vosotros una copa cargada de ilusión y esperanza en el nuevo año que estamos a punto de estrenar y que nos ofrece 365 días para llenarlo de cosas bonitas. 

Para mí sería un placer seguir contando con vosotros en mi cocina y en mi vida ¿os apuntáis?





¿Qué le queréis pedir al año nuevo? Aún os queda tiempo para pensarlo y formular vuestros deseos mientras nos tomamos las uvas.

Nos vemos en unos días.

Como "regalo anticipado de Reyes" os dejo el enlace a la página en Facebook de Los dulces secretos de Cuca. No tengo mucho tiempo libre pero espero tener una mínima presencia en redes sociales. Si os apetece podéis entrar desde aquí 


jueves, 22 de diciembre de 2016

Panettone de chocolate negro y naranja

Hoy sí que huele a Navidad.

Vengo todo el camino pensando que en cuanto llegue a la oficina hay que conectar la radio para escuchar el sorteo en directo.

El soniqute del bombo marca para mí el pistoletazo de inicio de la Navidad y me recuerda aquellas navidades de la infancia estrenando posiblemente el primer día de vacaciones y viendo en la televisión en blanco y negro (la tele en color llegó a mi casa cuando tenía seis o siete años) un sorteo del que no entendía su importancia pero sabía que la tenía habida cuenta del interés que mi abuelo o mi madre le ponían. 

Recuerdo la alegría de los agraciados año tras año en las noticias y la envidia sana con la que me gusta ver el telediario este día especialmente cuando ves que le ha tocado a personas a las que les hacía falta y van a dormir bastante más tranquilos esta noche.  

Me gusta sentir las mariposillas en el estómago cada mañana del día 22 pensando que igual en unas horas soy yo la que sale en televisión este año aunque sé lo complicado que es pero siempre jugamos un único décimo que mantiene viva esta ilusión.

No es el sorteo en el que más dinero toca pero desde luego es el que más ilusión despierta ¿verdad?
Para festejar el inicio oficial (para mí, por supuesto) de la Navidad os traigo una receta que aunque es italiana de origen milanés en los últimos tiempos se ha internacionalizado y es muy sencillo encontrarla en obradores de pastelería y en todos los supermercados de nuestro país. 

También son muchos los blogs que año tras año nos la presentan y aunque pueda parecer laboriosa por los diversos amasados y los tiempos de levado os aseguro que el trabajo merece la pena. 

La receta que os traigo hoy la he adaptado de esta. No es la receta tradicional, los más puristas igual se llevan las manos a la cabeza por la ausencia de prefermentos y la falta de un levado, pero os aseguro que queda un panettone ES-PEC-TA-CU-LAR.
La miga es muy esponjosa, parece algodón de azúcar porque casi se derrite en la boca y dura así de tierna tres días y los dos siguientes (nos duró cinco días en casa) sigue estando tierna pero es ya menos suave. Creo que está muy bien si tenemos en cuenta que las masas caseras tardan menos en endurecerse que las industriales porque no llevan ningún aditivo para mantenerse tiernas.

Para mí es la receta casi perfecta de panettone, y digo casi porque tiene un fallo, que igual no es de la masa precisamente sino mío. En muchos blogs aseguran que extienden la masa con el rodillo, esparcen las frutas, pasas, chocolate o lo que les venga en gana poner en su panettone, cierran la masa haciendo una bola en cuyo centro se quedan los tropezones y colocan en el molde esa bola dejando en la base la parte fea (o lo que es lo mismo donde hemos ido cerrando la masa tapando los trozos) Y luego, por arte de birlibirloque y tras el último levado y posterior horneado los tropezones quedan esparcidos por toda la masa.

Pues será en otras masas porque en la mía los trozos se quedaron arriba y en los lados como podéis ver en las fotos. Que yo podía haberme callado, no poner foto del corte y decir que todo sale perfectísimo, pero ya sabéis que me gusta ser clara a rabiar y contar todos los problemas con los que me he encontrado, que hay blogs con recetas absolutamente perfectas y en las que parece que no haya que tener especial cuidado con nada ni que nada pueda salir mal.
Nada más lejos de la realidad, que cuando nos metemos en harina (y en este caso nunca mejor dicho) hay mil cosas que pueden fallar y que nuestra receta no se parezca en nada a lo que pretendemos hacer. Así que os pase lo que os pase ¡tranquilidad! que nadie en esta vida nació enseñado (eso lo decía mi abuela y me encanta repetirlo y a veces hasta soy capaz de aplicármelo)

No es un gran fallo, después de mi experiencia seguro que a vosotros os sale bien, y tiene otras ventajas que la hacen muy atractiva como la ausencia de prefermentos o masas madre y la posibilidad de amasarla en panificadora (como he hecho yo) o en cualquier otro cacharro de cocina lo que no sólo nos quita trabajo sino que le confiere mucha esponjosidad a la masa. Además la miga es muy suave pero no es necesario colgarlo boca abajo para que no se baje la miga al enfriarse.
Os lo cuento y parece una versión destilada del panettone e igual algún milanés (e incluso algún purista de las recetas de cualquier nacionalidad) esté planeando aniquilarme por tal aberración, pero yo os aseguro que queda un dulce estupendo, sin muchas complicaciones, y que nos evita la tentación de comprarlo industrial que siempre será mucho peor que el hecho en casa (e igual se hace siguiendo una receta aún más aberrante que la mía)
Yo os la dejo, os cuento mi experiencia y mis trucos, y ya vosotros decidís si merece la pena ponerse con ella.
Ingredientes:

Para la masa

* 200 ml de leche (yo puse semi que es la que tomamos en casa)
* 1 huevo 
* 60 gramos de mantequilla (la mía es light con sal)
* 100 gramos de azúcar blanca
* Unas gotas de esencia de naranja. Yo uso los botecitos de LIDL y puse medio. Si no tenéis podéis poner ralladura de naranja (una o dos según la intensidad que queráis)
* 2 cucharaditas de agua de azahar (para mí imprescindible en este tipo de elaboraciones)
* 1 pellizco de sal
* 500 gramos de harina de fuerza
* 1 sobre de levadura seca de panadero

Para el relleno

* 100 gramos de naranja confitada en trocitos (yo uso un paquete que venden en LIDL pero que este año no he encontrado, suerte que tenía del pasado)
* 400 gramos de chocolate negro (en mi caso dos tabletas cortadas en trozos generosos)

Para la superficie

* 1 cucharada sopera de mantequilla
* Azúcar glass para espolvorear


Elaboración:

1. En la cubeta de la panificadora ponemos en el orden indicado los ingredientes de la masa. El huevo lo pondremos batido como para hacer tortilla y la mantequilla derretida. Elegimos el programa de amasado. En el caso de mi amasadora (la del LIDL) he puesto dos programas de amasado de 15 minutos cada uno. 

Si no tenéis amasadora ni robot se puede hacer a mano haciendo un volcán con la harina y poniendo en el centro el resto de ingredientes. Amasamos hasta que la masa sea elástica y manejable.

2. Untamos un bol amplio con aceite de oliva, sacamos la masa de la cubeta, la hacemos una bola, la ponemos en el bol y la giramos para que quede impregnada de aceite por todos lados. La tapamos con film transparente y la dejamos levando toda la noche.

Para mí es más cómodo prepararla la noche previa y dejarla levando mientras duermo. Si tenéis una cocina muy calentita podéis hacerla por la mañana y esperáis a que la masa duplique su volumen.

3. Cuando la masa haya levado espolvoreamos con harina nuestra zona de trabajo, desgasificamos la masa golpeándola con una mano y amasamos ligeramente. 

4. La extendemos con las manos o con ayuda del rodillo, esparcimos la naranja y el chocolate (en mi caso dos tabletas troceadas toscamente a mano para que los trozos sean grandes) y amasamos para que queden todos los trozos bien esparcidos (y no os ocurra como a mí). Este paso también se puede hacer poniendo la masa de nuevo en la panificadora y añadiendo la naranja y el chocolate y programando un nuevo amasado.

5. Cuando hayamos terminado de amasar hacemos una bola con nuestra masa y la colocamos en el mode dejando hacia arriba una superficie lisa y bonita.

Yo he usado un molde de papel de 17 cm de ancho, que en las tiendas aseguran que es para un panettone de kilo.

6. Tapamos con papel film y dejamos levar hasta que llegue al borde del molde o incluso suba un dedo más. Cuidado al poner el film, que tape la masa pero que no se quede muy justa por los lados porque si no al crecer la masa puede quedar atrapado entre el molde y la masa y hacer que por un lado crezca menos.

7. Retiramos el film, hacemos un corte en cruz en la superficie del panettone con un cuchillo o con las tijeras (para que la cúpula no se estropee al honearla) y pintamos con mucho cuidado con una cucharada de mantequilla derretida.

8. Introducimos en el horno precalentado a 180ºC. Ponemos la rejilla en la segunda posición contando desde abajo. Lo importante es que quede centrado en el horno y no muy pegado arriba o abajo para que el horneado sea homogéneo.

9. A los 10 minutos aproximadamente tendremos que taparlo con un trozo de papel de aluminio para que no se queme la superficie. Estad muy atentos que yo me despisté un poco y me quedó más dorado de lo que me gusta.

10. Horneamos durante unos 40-45 minutos aproximadamente.

11. Dejamos enfriar sobre una rejilla o si lo preferís lo podéis colgar hacia abajo para que se enfríe, aunque os aseguro que la cúpula no se baja.

12. Una vez frío espolvoreamos con azúcar glass ¡y a disfrutarlo!

El panettone es ideal para el desayuno o la merienda. Será casi pecaminoso tomarlo con un buen chocolate calentito y buena compañía pero es a lo que invitan estas fiestas.
Para conservarlo yo lo he envuelto en papel film y en un paño de cocina que tengo reservado para estos menesteres. Como os he comentado me ha aguantado muy bien los cinco días que duró. No sé si hay otra manera de conservarlo mejor, si la conocéis me encantaría que me la contáseis.
Por supuesto si no os gustan las frutas escarchadas podéis poner sólo chocolate en el relleno, o frutos secos o trocitos de toffee o lo que más os guste, pero que no sean los "tropezones" lo que os impida realizar esta deliciosa receta.

Yo sigo a la zaga del panettone perfecto ¡la navidad  próxima será! Mientras tanto esta está más que bien.
Muchos de vosotros habéis pasado en los últimos días por mi cocina para despediros hasta después de las fiestas.

Quiero aprovechar esta entrada para daros las gracias por seguir acompañándome un año más y por todo el cariño recibido a lo largo de estos meses especialmente desde que nació Lara. Quiero enviaros mis mejores deseos a todos y espero que 2017 venga cargado de estupendas recetas y mejores momentos compartidos en esta pequeña gran familia bloguera que nos reunimos en torno a unos fogones y un horno virtuales.

Gracias por ser tan maravillosos y formar parte de esta aventura.

¡Manos a la masa y bon appétit!

jueves, 15 de diciembre de 2016

Crema de turrón de Jijona y caramelo en vasitos

No me negaréis que hablar de Navidad y pensar en turrón es todo uno. Es uno de los productos típicos españoles de estas fechas que a la mayoría de nosotros nos puede acabar saturando ya que están en el supermercado desde el mes de Octubre pero que algunos compañeros que viven fuera echan de menos a rabiar ya que no es sencillo (ni barato) encontrar en otros países.

Otra cosa bien típica nuestra es echar de menos fuera lo que dentro echábamos de más.  En fin, es la naturaleza humana.

Ni qué decir tiene que hoy día no hay receta que se nos pueda ocurrir y que no encontremos en la red ni producto con el que a alguien no se le haya ocurrido hacer cualquier plato. Muchas de estas recetas surgen de la necesidad de dar salida a las temidas "sobras" navideñas bien para que no se pongan malas o bien para que no nos sigan tentando desde los armarios de la cocina ¿quién no ha sentido la llamada de esa tableta de turrón de chocolate que se ha salvado desde reyes y no ha sucumbido a la tentación? ¡todos sabéis de lo que hablo! ¿y quién no se ha sentido saturado sólo con ver el kilo de polvorones o mantecados que han quedado después de las fiestas?

Por mucho que nos lo propongamos todos los años preparamos (y también compramos, porque a mí los dulces navideños me tientan desde los estantes del supermercado, especialmente si es turrón de chocolate y reposa sobre un cartel de oferta del tipo 3x2 o segunda unidad al 70% ¡soy muy débil con los descuentos!) dulces para alimentar un regimiento y es imposible acabar con ellos antes de que los Reyes Magos nos visiten así que tenemos que agudizar el ingenio para darles una salida que no sea acabar con ellos a bocado limpio.
De estas recetas de aprovechamiento surgen auténticas delicias que pasan a ocupar un lugar distinguido en nuestros menús de fiesta y nosotros pasamos a incluir en nuestras listas de la compra productos navideños no para el consumo directo sino para repostear con ellos.

Es lo que ocurre con el turrón de Jijona. Si buscas por internet tienes mil una recetas para todos los gustos: flan, bizcocho, helado, muffins, tartas de queso, semifríos, galletas (como las que compartí el año pasado y podéis ver pinchando aquí) y en denifitiva todo lo que se os pueda pasar por la imaginación.
Con esta crema no invento nada nuevo porque hay miles por la red pero le pongo mi toque personal y me decido a compartirla con vosotros porque me parece una gran opción para el postre de nochebuena o de navidad.

Como últimamente me he vuelto tan fan del caramelo (que ya antes me gustaba pero ahora me ha dado por añadirlo en todas las recetas que puedo) le he puesto un poquito a esta crema ¡y no sabéis el toque tan irresistible que le da! ¡uf qué rica queda! Sin duda alguna os puedo asegurar que cada vez que la haga será con caramelo. Podré variar otras cosas, pero el caramelo no le va a faltar.

Y lo mejor es que al tomarla es muy difícil adivinar qué es ese ingrediente que la hace tan buena, así que si no quieres que alguien en tu familia  (esa prima que todo lo sabe, esa tía que siempre lo hace todo mejor que el resto del mundo y ese largo etcétera en el que seguro estás pensando) la prepare igual le das la receta omitiendo el "ingrediente secreto" y jamás le saldrá tan rica como a ti.
Es una receta sencilla y rápida de preparar. Tan sencilla que yo la iba preparando un domingo a mediodía mientras le daba a Lara la comida ¡eso ya dice mucho de lo rápida que es de hacer! Requiere pocos ingredientes y además baratos y puedes prepararla con varios días de antelación (si fuera necesario) y olvidarte del postre (para preocuparte de otros menesteres como el qué me pongo, por qué no entro en el vestido del año pasado y a ver dónde me siento para que mi cuñado/suegra/primo/tío/abuela no me den el tostón ja ja ja)
Otro punto a favor es que se sirve en vasitos (o en copas, lo que tengáis en casa) individuales lo que es muy cómodo porque no hay que andar cortando y sirviendo raciones. Quizá lo más engorroso es el espacio que ocupan en el frigorífico, pero con un poco de maña se pueden apilar o servir de base y colocar encima bandejas y fuentes. ¡Que todo espacio en el frigorífico es bien preciado en estas fechas!
Igual a estas alturas los más precavidos habéis elegido ya todos los platos que formarán parte de vuestros menús pero si aún estáis decidiendo lo que vais a tomar espero que tengáis en cuenta esta deliciosa crema.

Y si no cae ahora tenedla en cuenta en mayo cuando os encontréis la tableta de turrón de Jijona al fondo del armario ¡os va a conquistar! ¡sabéis que nunca os engaño! 
Os dejo la receta que es de esas que tardo más en redactar que en preparar.


Ingredientes:

* 1 tableta de turrón de Jijona (la mía tenía 260 gramos, pero si es de 300 mejor)
* 600 ml de leche semidesnatada
* 400 gramos de nata para montar 
* 50 gramos de caramelo líquido (casero o del comprado)
* 30 gramos de azúcar
* 1 sobre de preparado para flan o pudin para 500 ml de leche (yo he usado el que venden en DIA de su marca que tiene un toque de vainilla)
* Crocanti de almendra para decorar (opcional) 

Elaboración:

1. En una cacerola ponemos la mitad de la leche, la nata, el caramelo, el azúcar y batimos con unas varillas manuales hasta disolverlo todo.

2. Troceamos con un cuchillo la tableta de turrón, lo añadimos a la cacerola y ponemos a fuego medio-bajo (5 en mi placa de inducción que llega hasta el 9) y removemos con frecuencia para que no se pegue.

3. En el resto de la leche disolvemos el sobre de preparado para flan y reservamos.

4. Cuando el turrón se haya deshecho (que se deshace, no tengáis prisa, que cuando llegue su momento es un visto y no visto) y la mezcla vaya a romper a hervir (notaréis además que la mezcla está espesando) añadimos la leche en la que hemos disuelto el sobre de preparado y removemos para integrar. Mantenemos al fuego hasta que espese un poquito y esté de nuevo a punto de romper a hervir.

5. Vertemos la mezcla en una jarra y vamos poniéndola en los recipientes que hayamos elegido. Si no tenemos jarra repartimos con ayuda de un cucharón de sopa por ejemplo.

6. Esperamos que la crema haya enfriado, cubrimos nuestros recipientes y guardamos en el frigorífico.

7. Antes de servir ponemos crocanti de almendra en la superficie ¡y a disfrutar!

Con estas cantidades a mí me ha dado para ocho vasitos bastante generosos. Si usáis vasos o copas más pequeños tenéis para más raciones.
Algunas variantes que admite la receta son utilizar un sobre de preparado para cuajada en lugar de un sobre de preparado para flan o espolvorear por encima con virutas de chocolate en lugar de almendra. 

Preparando así la crema quedan los trocitos de almendra que haya en el turrón. Si no queréis tropezones como paso previo debéis pasar por la batidora el turrón junto con la leche, la nata, el caramelo y el azúcar y batir antes de poner al fuego hasta que quede todo líquido, líquido, líquido. A mí personalmente me gusta más que tenga algunos trocitos porque son pocos y no molestan al comer.

El crocanti se pone un ratito antes de servir o corremos el riesgo de que el azúcar de la almendra se derrita. No es que sea un desastre pero queda más elegante con el crocanti intacto.

Y sin más me despido de vosotros hasta la próxima semana que estaremos metidos en plenas fiestas. Perdonad mi ausencia de vuestras cocinas en los últimos días pero voy un poco justa de tiempo. No penséis que no me acuerdo de vosotros, que antes o después aparezco por allí.

Ah! Hoy siguiendo los consejos de mis amigas Patty y Concha he puesto las fotos en grande, por probar. Según salga el "invento" seguiré haciendo ¡quiero vuestra opinión!

Manos a la masa y ¡bon appétit!