jueves, 29 de septiembre de 2016

Muffins de pera y jengibre

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
enfrentemos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran

ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda

aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha.

Mario Benedetti




Los primeros días de otoño nos invitan no sólo a disfrutar plenamente de ellos como nos sugiere el maestro de las letras Mario Benedetti en este poema que no he podido resistir la tentación de compartir con vosotros sino que además nos sirve en bandeja poder aprovechar los frutos que el verano nos regala en su despedida.

En el sur seguimos teniendo calor durante el día pero las temperaturas son más suaves y al caer la noche refresca bastante. Donde yo vivo el otoño térmico es prácticamente inexistente y pasamos de un día a otro de ir en manga corta a sacar el jersey y el pañuelo para el cuello. Al menos podemos disfrutar de tus colores, de las tardes más cortas, de la caída de las hojas y de los frutos de otoño que invitan a hornear y a disfrutar de ellos en casa con toda la tranquilidad del mundo.

En nuestro caso la tranquilidad es bien poca desde que llegó Lara. Me emociona cuando leo vuestros comentarios y decís que la peque es parte de todos. Es cierto que somos una pequeña gran familia y es un privilegio que Lara cuente con vuestro cariño.

No hace un mes que la niña está en la guardería y gatea ¡que va que vuela! si se cansa avanza con las manos y arrastra la barriga y las piernas ¡es muy graciosa! Además se sienta ya solita y se pone de pie con un apoyo, ya sea la baranda de la cuna, el sofá, o el mueble del salón que es de módulos bastante bajitos, así como apoyándose en mamá. Y una vez puestos en pie ¡a echar los primeros pasos! Yo sabía que en la guardería espabilaban ¡pero no tan rápido! Porque en casa nunca la hemos puesto en pie ¡ya tendrá tiempo para que llegue la etapa rompe riñones! 

La semana pasada le pusimos la última dosis de vacunas hasta que cumpla el primer año y al bajarle las defensas ha pillado un catarro. No ha sido nada, hemos tenido mocos cuatro o cinco días y esporádicamente ha tosido, pero nos hemos perdido la feria (me niego a tener a la niña expuesta a cambios de temperatura cuando ya vendrán más ferias) y hemos alargado el fin de semana ya que el lunes por decisión de la abuela no la llevamos a la guardería (evidentemente la abuela loca por tenerla todo el día con ella en casa) 

Como es la primera vez que a la nena le ha pasado nada ahí estaban mis padres y mi hermano y mi cuñada preguntando por ella y yendo a verla y ella plenamente feliz al ver a todo el mundo tan pendiente de ella que aprovecha para hacer todo su repertorio de monerías. Lo que yo os diga ¡es muy lista! y le encanta ser el centro de atención.

Y en cuatro huequecitos que Lara me va dejando aprovecho para cocinar y hasta para repostear, aunque a veces tardo el triple en hacer cualquier cosa de lo que tardaba hasta el momento. No pasa nada, yo voy a ser mamá y repostera el resto de mi vida, pero Lara no será bebé por mucho tiempo y tengo que disfrutar todo lo que pueda de ella el tiempo que no tengo que estar en el trabajo. Porque la conciliación laboral y familiar es una utopía como una catedral en nuestro país, pero de eso hablaré en otro momento ¡que me da para ríos de tinta! 
Y hoy los protagonistas son estos deliciosos muffins elaborados con peras del campo de mis padres (este año la cosecha ha sido muy pobre) y aromatizados con jengibre. ¡Pura delicia! La receta es adaptada de este blog ¡verla y enamorarme fue todo uno! ¡y saber que tenía que prepararla con nuestras deliciosas peras vino a continuación! 
He esperado porque me ha venido en gana, ya que en el mercado encontramos peras todo el año pero para mí las nuestras son las más ricas y bien ha merecido la espera. 
Son unos de los muffins más ricos que he probado nunca con fruta y ese toque de jengibre le va perfecto. Como remate los espolvoreamos con azúcar moreno antes de hornearlos y le damos un punto crujiente y delicioso que nos enamorará al primer mordisco.
Las fotos no les hacen justicia y en este caso una imagen no vale más que mil palabras. Con estos muffins hace falta un mordisco para caer rendida a sus pies. A simple vista parecen unos muffins más pero son una maravilla en cuanto a textura (húmeda y jugosa) y a sabor.

Además quedan con un bonito color dorado y en su interior albergan deliciosos trocitos de pera que harán que no seas capaz de comer sólo uno.
Y os aseguro que esta vez no habla mi desaforado amor por los muffins, ni por repostear con fruta, ni por darle protagonismo a la pera en repostería, que parece la gran olvidada en el tema reposteril... Esta vez estoy siendo muy objetiva ¡porque objetivamente son pura delicia! 

Si tenéis peras en casa ¡no dudéis preparar con ella estos muffins! ¡No os váis a arrepentir! ¡Vamos con la receta!
¡Os he engañado! Antes de pasar a la receta os quiero contar una cosita. Mi amiga Marisa, del blog Thermofan que seguro más de uno conocéis ha creado un evento que se llama Congelando el Verano y que podéis conocer pinchando sobre el nombre o sobre el logo del evento que es muy bonito ¿verdad?

http://thermofan.blogspot.com.es/2016/09/congelando-el-verano.html
Marisa os lo explica mejor que yo, pero en resumen consiste en congelar una fruta o verdura de verano, descongelarla pasadas unas semanas y preparar con ella una receta que publicaremos en nuestros blogs hasta el 30 de noviembre. Ella tiene publicados unos tutoriales magníficos para congelar frutas y verduras y quiere con esta iniciativa enseñarnos a congelar adecuadamente y que además compartamos nuestra experiencia para engrosar y enriquecer estos tutoriales.

¿Verdad que os gusta la idea? Pues si queréis participar tenéis que mandarle un mail rápidamente ¡antes del 30 de septiembre! ¡que es mañana! Le decís que queréis participar y después ya congeláis la fruta ¡no tiene que ser antes! Animaos que va a ser muy divertido y vamos a aprender muchísimo con este evento y sobre todo pasad por su página que está todo mucho mejor explicado ¡yo he resumido lo importante y os meto prisa para que le mandéis el mail antes de mañana y podáis participar!

Ahora sí que os dejo la receta de los muffins.

Ingredientes:

* 250 gramos de harina para repostería
* 2 cucharaditas de bicarbonato sódico
* 50 gramos de azúcar moreno y un poquito más para espolvorear
* 50 gramos de azúcar blanco
* 100 gramos de leche
* 80 gramos de mantequilla
* 70 gramos de mermelada de pera (receta aquí)
* 2 huevos
* 1 cucharadita de jengibre molido
* Unos 200 gramos de pera pesada sin la piel y sin el corazón. Yo usé cinco peras de tamaño pequeño del huerto de mi padre.

Elaboración:

1. En un bol ponemos la mantequilla (derretida o a temperatura ambiente si hace mucho calor), los huevos, la leche y la mermelada y batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

2. A continuación añadimos el azúcar, el bicarbonato, la harina y el jengibre molido y mezclamos sin batir lo justo para que la masa se integre.

3. Pelamos, descorazonamos y partimos las peras en trocitos y las vamos añadiendo a la masa para que no se oxiden. Con ayuda de una espátula procuramos que queden bien repartidos por la masa.

4. En nuestra bandeja para magdalenas ponemos las cápsulas de papel y con la ayuda de una cuchara para helados las vamos llenando. Yo lo hago hasta el borde o casi porque me gusta que queden con un copete alto como esta vez.

5. Espolvoreamos por encima con un poquito de azúcar moreno

6. Metemos en el horno precalentado a 200º C y pasados 10-12 minutos bajamos a 180ºC y continuamos horneando otros 10-12 minutos hasta que los muffins tengan un bonito color dorado. No obstante antes de apagar el horno pincharemos uno en el centro para comprobar que la masa está cuajada.

7. Dejamos reposar en el horno cinco minutos con la puerta entreabierta para que no se bajen y después quitamos de la bandeja y dejamos enfriar completamente sobre una rejilla.

Si os animáis con ellos ya el olorcito que desprende el horno os convencerá de haber elegido la receta adecuada.
 
Para conservarlos nada mejor que una lata o un tupper que cierren bien, y si hace calorcito lo metemos en el frigo (y si hace frío y tenemos hueco también) para evitar que se pongan malos a los pocos días, que la repostería con fruta natural es muy delicada y las masas se conservan mejor en frío, permanecen húmedas y esponjosas por más tiempo.
Aunque no creo que duren mucho tiempo ¡son demasiada tentación para el desayuno, la merienda, para llevar al trabajo como tentempié y si hay peques en casa para comer en el recreo! Cualquier momento es bueno para disfrutar de ellos.

Si os animáis ya veréis que desaparecen en un suspiro.
Me despido de vosotros hasta la próxima semana ¡ya entrado el mes de octubre! Septiembre se me ha ido volando ¡con lo que me gusta!


Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 22 de septiembre de 2016

Gofres de calabacin y chocolate

El verano ha sido largo e intenso con ese calor que se te pega a la piel y se te mete por los poros, que te quita las ganas de hacer nada y hasta la nada te da pereza. Ese calor que te atonta minutos tras minuto y hace interminable cada día que nos regala tantas horas de luz. El que hace sudar hasta al asfalto y convierte en junglas de hormigón vacías las calles de ciudades y pueblos porque es misión suicida salir a la calle salvo imperiosa necesidad.

Afortunadamente hoy inauguramos el otoño y yo espero fervientemente que soplen aires de cambio que empujen al verano lejos de aquí, al final de las hojas del calendario, que es el lugar que ahora le corresponde y deje paso a las temperaturas agradables, a las tardes más breves, a los fines de semana en los que te apetece salir a pasear temprano y disfrutar de los colores ocres y de las mantas de hojas caídas.

Es tiempo de playas y piscinas vacías donde aún resuena el eco de las risas y juegos del último baño tardío, de guardar sandalias, pantalones cortos, cubos y rastrillos para jugar en la arena con la promesa de rescatarlos el próximo verano. De relegar al fondo del armario el bañador de la temporada donde le harán compañía los bañadores de veranos pasados y olvidados que seguirán ahí hasta que aceptemos (oh! cruel realidad...) que nunca más los volveremos a llevar.

Tenemos que hacer hueco al otoño y su mantita del sofá, su bebida caliente de media tarde, las primeras gotas de lluvia en los cristales, la rebeca al salir de casa por la mañana temprano, los primeros vientos que te saludan agitando tus cabellos al doblar la esquina, los platos de cuchara que reconfortan y alivian después de la jornada de trabajo, el olor de los bizcochos recién horneados...

¡No me digáis que no os apetece el otoño! Si pudiera yo viviría permanentemente en él.

El verano también tiene sus cosas buenas. Especialmente el final del verano que nos regala multitud de frutos de temporada (verduras y frutas) que nos ofrecen un amplio abanico de posibilidades en la cocina. Yo en estos días me vuelvo loca (otros veranos más que este) y aprovecho las tardes en la cocina preparando mermeladas y conservas caseras que nos traen un recuerdo del verano cada vez que abrimos un bote en pleno frío.

Como sabéis el huerto de mi padre me surte de hortalizas y frutas con más o menos abundancia según años y según las lluvias registradas. Este verano a pesar de que el invierno no fue profuso en agua no nos podemos quejar de la cosecha que yo aprovecho para hacer recetas dulces y saladas.
Mi pobre marido se queja (igual ya con razón) de que "tenemos verde hasta en los postres" pero a mí mi conciencia no me permite comprar otros alimentos para preparar la comida y dejar que las verduras del huerto se estropeen y haya que tirarlas. Hay demasiada gente pasando necesidades para que en casa nos permitamos el lujo de tirar comida. Es algo que llevo inculcado desde pequeña y que por conciencia social no pienso cambiar.

Existen varias razones para que hoy haya elegido esta receta.

La primera y más obvia es porque tenemos bastante calabacines en casa y hay que darles salida. La segunda es porque después del bizcocho de calabacín y chocolate que publiqué en los albores del blog me quedé enamorada de las masas dulces que se hacen con calabacín. La tercera es porque me enamoré de los moldes para gofres en el horno de LIDL, si no los compro me da un infarto, pero fue preparar los primeros gofres y se quedaron al fondo del armario sin volver a ver la luz. Y la cuarta es porque hoy es mi último día de trabajo de la semana. Mañana tenemos fiesta local por feria y la primera vez que me comí un gofre fue en la feria de mi pueblo, con mucho chocolate y con nata ¡me supo a gloria! 
 
Así que hoy en homenaje a las ferias y fiestas de los pueblos donde las privaciones gastronómicas quedan apartadas en la puerta del real y nos damos el gustazo de comernos unos montaditos de lomo, morcilla o chorizo regados con fino o cerveza o bien pedimos una patata asada, que todo el mundo llama patata de feria por razones evidentes y que en otras condiciones no eres capaz de acabarte solito no tenemos problema en acabar la visita con unos churros con chocolate, unos buñuelos o un buen gofre.

Los remordimientos ya vendrán mañana, pero un día ¡es un día!

Evidentemente estos gofres no son como los gofres de la feria. Son más ligeros y menos pecaminosos. Ideales para mentes atormentadas por el contador calórico como las mías pero que a la par no son capaces de renunciar al postre ¡benditas incongruencias!
Tienen la ventaja añadida de que puedes comerlos con nata montada, sirope de chocolate, helado, mermelada o cualquier otro acompañamiento que se te ocurra y sentir que pecas poco (en comparación con los gofres tradicionales) porque solos están ricos, sí, pero son un poco sosos habida cuenta de lo que es un gofre al uso.

Si hiciste como yo y caíste en la tentación de comprar los moldes de LIDL para gofres ¡no me digas que no te vas a animar a probarlos! ¡Si sé que te están tentando! ¡y eso que no los puedes oler (aún) a través de la pantalla!
Os dejo la receta que es una adaptación personal y libre de la primera que publiqué. Con estas cantidades da para seis gofres (los moldes del LIDL son para 6) y queda un poquito de masa que yo puse en un par de moldes para magdalenas de silicona ¡riquísimos! La masa no sube apenas y queda tipo brownie.

Ingredientes:

* 175 gramos de calabacín con la piel y si pepitas
* 350 gramos de leche (yo uso semidesnatada)
* 50 gramos de mantequilla
* 2 huevos
* 40 gramos de cacao en polvo
* 140 gramos de harina para repostería
* 1 cucharadita de canela en polvo
* Media cucharadita de bicarbonato
* 50 gramos de azúcar.

Elaboración:

1. En el vaso de la batidora ponemos la leche, el calabacín cortado en trozos con la piel, la mantequilla, los huevos, el azúcar y la canela y batimos hasta que sea todo un líquido homogéneo.

2. Añadimos la harina, el cacao, la canela y el bicarbonato y mezclamos con unas varillas manuales hasta que esté todo integrado y la mezcla no tenga grumos.

3. Vertemos en nuestros moldes para gofres hasta cubrir los cuadraditos e introducimos en el horno precalentado a 220º C durante diez minutos.

4. Desmoldamos y volvemos a meter en el horno diez minutos más para que se terminen de hacer (en este caso no se ponen doraditos, evidentemente)

Creo que es absurdo decir que esperéis a que se templen un poco ¡tientan tanto recién hechos! Los que no caigan en el primer asalto los guardáis en una lata o un tupper en el frigorífico ¡que se ponen malos rápidamente! 

Cuando los vayáis a comer bastará con un golpe de microondas para calentarlos ¡y tan ricos como recién hechos!
Me despido de vosotros hasta el lunes, que en unas horas estaré disfrutando de mi primer fin de semana largo tras mi vuelta al trabajo.

Antes de marcharme y a pesar de haberme extendido bien por hoy quiero agradecer a todos los que preguntáis por Lara cuando no comento nada en alguna entrada. La peque está estupendamente. Ya tiene 7 meses y hacemos desde unas semanas los primeros pinitos con la comida. Por el momento vamos despacio, hay que comprender que ella prefiera el pecho de mami. En la guardería le va muy bien y nosotros estamos encantados con el centro que hemos elegido. ¡Ya os contaré más en la próxima entrada!

Manos a la obra y ¡bon appétit!

jueves, 15 de septiembre de 2016

Tarta de queso e higos

15 de septiembre.

¿Esta fecha no os trae buenos recuerdos? Para los que fuimos a EGB el 15 de septiembre marcaba siempre el inicio del colegio. Era una fecha muy temida por unos y muy esperada por otros. Yo era de las que la esperaba. Los veranos se me acababan haciendo largos y desde mediados de agosto estaba esperando con ansiedad que llegase el día de volver a clase.

Me encantaba (y lo sigue haciendo) el olor de los libros recién comprados ¡y el del forro!  Era todo un ritual pasar una tarde entera dedicada a forrar los libros de texto y colocar las pegatinas con el nombre en el forro. Recuerdo que los abría con mucho cuidado, para no estropearlos, y podía pasar horas ojeando lo que me iba a deparar el nuevo curso.

Entonces estudíabamos "naturales" y "sociales" y no "cono" como los niños de ahora (que no sé si han vuelto a separar las asignaturas, lo que sería todo un acierto porque a mí esa unión jamás me convenció) e íbamos al colegio por las tardes, hasta las cinco, hora a la que salíamos corriendo para llegar a casa y ver Barrio Sésamo mientras merendábamos.

No cabe duda de que eran otros tiempos y aunque ahora soplan nuevos aires en el ámbito educativo en el fondo la vuelta al cole siempre va a traer mariposas en el estómago, llantos desesperados a la puerta del colegio, reencuentros con los compañeros que están más morenos y altos que al principio del verano y un largo curso lleno de cosas por descubrir.

Como os conté Lara empezó hace muy pocos días a ir a la guardería. La nerviosa en este caso era yo por ver cómo se iba a adaptar al centro y las cuidadoras pero después de su periodo de adaptación estoy más tranquila porque la niña no lo está llevando nada mal y os aseguro que ya se ve más espabilada. Estar con otros niños está siendo un gran estímulo para ella y ha pasado de arrastrarse por el suelo a gatear con soltura y querer ponerse de pie y hasta echar unos pasos ¡esta niña está corriendo antes de navidad! Me habían dicho que en la guardería espabilaban ¡pero no sabía yo que iba a ser tanto y tan rápido!
Como homenaje a esta vuelta al cole simbólica que marcaba casi de manera contundente el final del verano traigo como no podía ser de otro modo una deliciosa tarta de queso e higos.

Los que me seguís desde hace tiempo sabéis de mi pasión por las tartas de queso, por cocinar con fruta de temporada y por los higos ¡y este verano aún no había publicado ninguna receta con ellos!

Aunque sé que no a todos os gustan y que otros tenéis dificultad por encontrarlos en el mercado y si los encontráis son a precio de oro hay otros muchos con la suerte de contar con una higuera cerca y poder disfrutar de estos deliciosos frutos que son a la vez tan delicados y duran tan poco tiempo.

Los higos son tan traicioneros que cuando madura uno maduran todos y una vez recogidos hay que consumirlos rápidamente porque en el frigorífico aguantan muy poco, y fuera de él casi nada. Además son muy delicados y no se pueden amontonar porque de momento se aplastan y revientan así que como no es posible dar abasto para comérselos todos (yo igual sí podría aunque no creo que sea sano ni saludable y no me atrevo a probar...) hay que ingeniárselas para preparar dulces y mermeladas con ellos.
Esta vez la inspiración llegó de la mano del blog Dulces frivolidades. He adaptado su receta a los ingredientes que tenía en casa y el resultado ha sido espectacular ¿qué os voy a decir yo que soy una enamorada de las tartas de queso y de los higos?

Es una tarta de textura firme y cremosa a medio camino entre un pudin y un flan  pero con los bordes arrugados propios de una cheesecake americana tradicional. Es dulce sin llegar a empalagar y la base queda muy caramelizada por el almíbar que durante el horneado desprenden los higos. Cada bocado es una mezcla de texturas y sabores y es un placer encontrarte los trozos de higo con esas semillas crujientes. ¡La tomaría cada día de postre si fuera posible!
Si tenéis el privilegio de tener higos en casa estos días me encantaría que os animárais a prepararla porque estoy segura de que os va a encantar. ¡Os dejo con la receta!

Ingredientes:

* Higos. No pongo cantidad. Los que tengáis, cuantos más mejor.
* 600 gramos de queso crema
* 400 gramos de leche
* 3 huevos
* 100 gramos de azúcar
* 100 gramos de harina
* 1 cucharadita de canela en polvo
* 1 cucharadita de bicarbonato

Elaboración:

1. En un bol ponemos el queso a temperatura ambiente y el azúcar y batimos hasta obtener una crema.

2. Añadimos los huevos de uno en uno y no incorporamos el siguiente hasta que el anterior no esté bien integrado.

3. Añadimos la harina, el bicarbonato y la canela y vamos batiendo a la vez que añadimos la leche poco a poco. El resultado será bastante líquido.

4. Pelamos los higos y los cortamos en mitades (o en rodajas si son grandes) Disponemos sobre la base.

5. Vertemos la mezcla y ponemos el resto de higos en la superficie.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos hasta que esté cuajada, lo que será aproximadamente entre una hora y una hora y media en función del tamaño de nuestro molde.

A los 40-50 minutos la superficie estará dorada, así que será necesario taparlo con papel de aluminio para que no se queme.

7. Dejamos enfriar sobre una rejilla, tapamos con film transparente y pasamos al frigorífico antes de desmoldar. Lo ideal es dejarla reposar al menos toda una noche porque ganará en textura y en sabor.
 Esta tarta necesita conservarse en frío sí o sí. Primero porque gana en sabor y en textura y segundo, pero más importante, porque al llevar fruta fuera del frigorífico estará mala en cuestión de horas ¡más con el calor que estamos teniendo estos días! Que por cierto, alguno de vosotros me ha comentado que se le han estropeado algunos postres por no meterlos en el frigorífico y es que esta ola de calor tardía ha sido muy intensa a la par que traicionera.
Si habéis pasado por mi blog a lo largo de esta semana habréis visto que he hecho algún cambio. Quería hacerlo para mi vuelta, pero me había sido imposible, así que esta semana me he liado la manta a la cabeza y me he puesto con ello. Es básicamente un lavado de cara, pero me apetecía un nuevo look para esta temporada y hacer la página principal más dinámica. Espero que os gusten los cambios.

Y sin más dilación me despido de vosotros hasta la semana próxima y os deseo muy feliz y dulce fin de semana ¡no paséis mucho calor!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 8 de septiembre de 2016

Galette de ciruelas rojas


El calendario nos va acercando con sus hojas al final del verano aunque por el momento es un final teórico ya que el calor parece que no tiene intención de abandonarnos aún.

Desde mediados de agosto en televisión nos bombardean con publicidad que nos anuncia la vuelta de las vacaciones (como si no nos diésemos cuenta solitos de que se acaban) y la vuelta al colegio. Y yo me pregunto ¿y los que nunca nos fuimos? ¿para nosotros no hay anuncios? ¿y los que se van en septiembre? porque no me negaréis que es un mes bien bueno para cogerse las vacaciones con todos los destinos turísticos menos saturados y con unas temperaturas más suaves (o no, que el verano es así de caprichoso) 

A mí este tiempo me encanta. Si fuera posible viviría en un bucle permanente de septiembre y octubre, con su temperatura agradable, los días más cortos, las primeras lluvias, el cambio de tonos de los árboles y todas las frutas y verduras de temporada que estos dos meses nos ofrecen. 

Como buen ejemplo estas ciruelas rojas del campo de mis padres. En los últimos veranos este ciruelo no había tenido más que cuatro o cinco frutos (literales) que yo me comía de una sentada y a esperar hasta el próximo verano. Sin embargo este año se ha portado genial (a pesar de las lluvias escasas del pasado invierno) y además de disfrutar de sus ciruelas durante varios días he podido repostear con ellas ¡que tenía muchas ganas! 
En esta ocasión me he quitado dos espinitas reposteriles que tenía clavadas. Por un lado preparar algo con nuestras ciruelas rojas y por el otro preparar una galette, que es una tarta de origen francés que se prepara con masa quebrada y fruta, y llevaba en mi lista de pendientes muchos años.

¿Qué os puedo contar de esta experiencia? Simplemente me he enamorado de este tipo de tartas. Son muy sencillas de hacer (y yo simplifico aún más al usar una masa quebrada refrigerada) das salida a cantidad de fruta y ese aspecto rústico enamora a cualquiera.
Pero repostear con fruta tiene una dificultad que parece que el resto del mundo obvia al hablar de sus recetas o será que saben solventar el problema mejor que yo. Sea como fuere no recuerdo haber leído en ninguna receta que la fruta tiene jugo, que lo suelta al hornear y que no es algo que se pueda controlar. Al menos a mí me pasa con frecuencia, no sé si será porque uso fruta de la finca de mis padres y es más jugosa que las frutas que se compran en supermercados y muchas fruterías que ha sido recogida en muchas ocasiones antes de tiempo y ha madurado en cámaras frigoríficas o en contenedores de barco que surcan el océano.

Independientemente del motivo ya no me agobio cuando la fruta suelta su jugo. ¿Que se ha desbordado al hornear la galette? ¡sin problema! ¡quiere decir que la fruta es jugosa y está madura! No será una tarta perfecta como la que vemos en las revistas sin una mancha en el borde que más parece que la han dibuja a que la hayan horneado pero os aseguro que es absolutamente perfecta en cuanto a sabor y para mi gusto más bonita estéticamente porque enfatiza el aspecto rústico de este postre.
Es un postre sano (con la limitación de que es una tarta, por supuesto) y muy apetecible si te gustan las ciruelas. La masa quebrada combina perfectamente con el ácido de esta fruta y el postre resulta muy equilibrado en cuanto a sabores. Estéticamente a mí me resulta muy bonito, aunque eso ya va en función de gustos. 

A mi marido esta vez no le ha hecho demasiado tilín, pero es porque a él las ciruelas no le acaban de convencer con ese toque ácido y amargo que tienen, así que la tarta me la he comido yo sola prácticamente enterita ¡y sin ningún remordimiento de conciencia!
Esta vez las imágenes hablan por sí solas y espero que os animéis con esta receta si os gustan las ciruelas, así que no me lío más y os dejo la receta.

Ingredientes:

* Una lámina de masa quebrada
* Dos cucharadas soperas de maizena
* Dos cucharadas soperas de azúcar
* Ciruelas rojas

Elaboración:

1. Lavamos y secamos bien nuestras ciruelas. Las partimos por la mitad y les sacamos el hueso. Para que no sea una labor frustrante la ciruela tiene que estar madura pero firme al tacto. Si está blanda acabará espachurrada y si está un poco verde sacar el hueso sin destrozar las dos mitades será misión imposible.

2. Desenrollamos la lámina de hojaldre y la dejamos sobre el papel de hornear en el que viene envuelta.

3. Espolvoreamos la maizena sin llegar a los bordes. Dejaremos dos o tres centímetros sin maizena.

4. Espolvoreamos también una cucharada de azúcar.

5. Ponemos las ciruelas sobre la masa quebrada lo más juntas posible para evitar dejar muchos huecos.

6. Espolvoreamos otra cucharada de azúcar sobre la fruta.

7. Doblamos el borde de la masa quebrada que no habíamos espolvoreado con maizena y azúcar.

8. Introducimos en el horno precalentado a 190º C y horneamos durante unos 25-30 minutos o hasta que la masa quebrada esté dorada.

9. Dejamos enfriar o al menos templar antes de comer.

El motivo por el que se utiliza la maizena es para absorber el jugo que las ciruelas soltarán y que la masa no se ablande demasiado además de ayudar a que ese jugo espese una vez horneada la tarta y cree una mermelada natural riquísima.

Para conservarla la tapamos con film transparente y la guardamos en el frigorífico.
Podemos tomarla fría o templada, sola o acompañada de una bola de helado de vainilla o de caramelo que combinará perfectamente con nuestra gallette.
A todos los que estáis de regreso os deseo una feliz vuelta y a los que nunca nos hemos ido un feliz y dulce fin de semana.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 1 de septiembre de 2016

Bizcocho de helado de vainilla y caramelo

Septiembre.

Lo digo en voz alta y sonrío. Me gusta este mes desde su nombre hasta sus días. Más cortos, menos asfixiantes... Me gusta la vuelta a la rutina, soy un animal de costumbres, de horarios. Quizá un poquito maniática, quizá demasiado cuadriculada, tal vez excesivamente organizada. Por eso me gusta este mes que marca el final del verano y el caos que supone en nuestras vidas y da el pistoletazo al otoño, a sus colores, su calma y sus horarios.

Siempre me gustó la vuelta al colegio, y siempre me gustó llamarla así aunque estuviera ya en la universidad. Hoy vuelvo a vivir la "vuelta al cole" tras doce años ¡que se dice pronto! aunque hoy ya no soy alumna sino madre de alumna ¡y estoy tan nerviosa como el primer día!

Hoy empieza oficialmente el curso en la guardería de Lara y aunque ella hoy no va a ir yo sí que tengo que asistir a la reunión de padres ¡Reunión de padres de alumnos! ¡qué raro me suena! y es que yo aún asocio ese término a mis padres y por ende yo soy la alumna. Me va a costar asimilar que ahora la madre soy yo ¡y eso que Lara tiene ya seis meses y dos semanas! ¡y que dice mamá desde hace un tiempo! que podía ya ir haciéndome a la idea.

Imposible no sentir esas mariposillas en el estómago y las mil y una preguntas que revolotean en mi cabeza desde hace varios días ¿le gustará el centro? ¿se adaptará a las cuidadoras y compañeros? ¿llorará cuando no vea a sus padres o abuelos? ¿querrá comer o se negará en redondo? Sé que hemos elegido un centro estupendo, que lleva abierto más de 25 años, con cuidadoras entregadas a su trabajo y del que todos los padres hablan maravillas y repiten cuando tienen más hijos. Que te den plaza es bastante complicado, hemos tenido mucha suerte y sé que Lara estará bien. Tenía muy claro desde que estaba embarazada que tenía que ir a la guardería en septiembre ¡y sin embargo en los últimos días no he podido evitar sentirme inquieta!

Llevo ya dos meses trabajando y se queda con mis padres. Tengo la suerte de tenerlos a los dos recién jubilados y con muchas ganas de nieta, que es plenamente feliz con ellos. Sin embargo este cargo no puede ser a diario para ellos porque en verano tengo jornada intensiva y a las tres la recogemos, pero en invierno pasaré a mi jornada partida y son muchas horas con la niña. Y aún teniendo plaza en la guardería la recogerán y la tendrán un ratito por la tarde hasta que salga mi marido y se la lleve a casa.

Espero que igual que se adaptó a estar con ellos tras estar cuatro meses y medio siempre conmigo se adapte ahora al centro. Lo cierto es que mi peque no suele extrañar a nadie y cruzo los dedos para que pasemos bien el periodo de adaptación y no suponga un trauma para ella y para nosotros los primeros meses en la guardería ¡os iré contando si soy de las madres que llora al dejarla allí! aunque tal y como es Lara seguro que se queda feliz.
Para estrenar este mes que tanto me gusta y celebrar el inicio del curso he elegido este bizcocho de helado ¡que es una maravilla!

Ahora que el verano toca a su fin seguro que por ahí os queda alguna barqueta (casera o industrial) a la que queréis dar salida para hacer un huequecito en el congelador. No sé el vuestro, pero el mío está siempre hasta arriba, más este verano que he tenido además que andar congelando leche materna para preparar los cereales de Lara en mi ausencia, así que intento mantener las cosas justas congeladas.
Esta receta la tengo desde hace... ¡ni me acuerdo de tiempo! pero nunca llegaba su momento porque nos zampábamos todo el helado que llegaba a casa (mi experiencia preparando helado casero fue demasiado frustrante el verano pasado y el trauma aún no se me ha pasado como para volver a intentarlo este) pero este año encontré una oferta muy buena en el supermercado y aunque no me cabían las barquetas en el congelador me acordé de este bizcocho y lo compré ex profeso para preparar esta receta.

¿Resultado? ¡¿por qué habré esperado tanto para hacerlo?!

Analizándolo objetivamente es una receta sencilla, necesita de pocos ingredientes y se prepara en un abrir y cerrar de ojos. Además puede ser considerada una receta de aprovechamiento ya que sirve para dar salida al helado que pueda quedar en el congelador al final del verano.

El análisis subjetivo empieza en cuanto del horno brota un delicioso olorcillo que hace que te pegues a su puerta aún cuando hay más de treinta grados en la calle y esperas con ansiedad el momento de hincarle el diente. Ese precisamente es el instante en el que la receta te atrapa por completo ya que descubres una masa delicada, ligera, esponjosa, suave, muy aromática y absolutamente deliciosa.
Supongo que depende mucho del helado que compres y del sabor que elijas. Yo estoy encantada con este helado y quiero probar con otros sabores que también me gustan aunque no se puede abusar y hacer este bizcocho semana sí y semana también que light, lo que se dice light no es, pero por una vez ¡tampoco pasa nada!

Y si tienes helado casero ¡tiene que ser la bomba!

No dejes de hacerla. Aprovecha esa barqueta que tienes rodando en el congelador desde junio. Compra una barqueta que te encuentres en oferta o prepara un delicioso helado casero. ¡Pero no te pierdas este bizcocho! Te va a ¡¡¡EN CAN TAR!!! Sí, como lo lees, en letras mayúsculas y con muchas exclamaciones ¡te doy mi palabra!
Y como sé que ya te he convencido ¡vamos con la receta!

Ingredientes:

* Una barqueta de helado de unos 500 gramos (la mía era de 460 gramos)
* 180 gramos de harina
* 1 sobre de levadura
* 1 pellizco de sal
* Escamas de chocolate blanco para decorar.

Elaboración:

1. Sacamos la barqueta de helado de congelador y lo ponemos en el frigorífico para que se derrita. No hace falta que esté completamente líquido, será suficiente con que esté blando como para poderlo trabajar con facilidad con unas varillas manuales. 

2. Una vez descongelado ponemos el helado en un bol, añadimos la harina, la levadura y la sal y mezclamos con unas varillas manuales.

3. Untamos con mantequilla nuestro molde o lo forramos con papel de hornear y vertemos la masa. Alisamos con ayuda de una espátula y cubrimos de escamas de chocolate. Yo he usado blanco, pero es demasiado delicado para ir al horno y se dora, aunque da un sabor estupendo y combina muy bien con el helado que he usado así que no me importa que se dore. Podéis poner escamas de chocolate negro o con leche si lo preferís, o un combinado.

4. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante 30 minutos. Abrimos y cubrimos con un papel de aluminio para que no se queme la superficie y bajamos la temperatura del horno a 160º C para que se acabe de hacer, lo que serán unos 15 minutos más. Comprobamos siempre pinchando en el centro con una brocheta de madera.

5. Dejamos templar unos minutos en el horno con la puerta entreabierta, sacamos y dejamos enfriar casi por completo antes de desmoldar ya que el bizcocho es muy frágil y se puede romper con facilidad.
Como véis es muy sencillo de preparar y el sabor y la textura son absolutamente deliciosos.
Se conserva muy bien en la nevera envuelto en film transparente. Imprescindible conservarlo bien con este calor que los alimentos fuera del frigorífico se ponen malos en cuestión de horas (os lo aseguro que lo he vivido en plenas carnes y no daba crédito, así que ya no se queda nada fuera del frigo en casa mientras no termine el verano)
Espero que os animéis con él y me contéis. Me despido hasta la próxima semana y os iré contando qué tal los primeros días de Lara en la guarde. Seguro que los llevamos peor los padres y los abuelos que ella.
Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 25 de agosto de 2016

Brownie de plátano y chocolate

Este verano está siendo completamente atípico para mí. Es el primero que no disfruto ni una semana de vacaciones en plena canícula y el primero que vivo siendo mamá. También el tiempo está siendo un tanto atípico porque en pleno Agosto hemos tenido una ligera bajada de las temperaturas y hasta algunos ratitos de lluvia. 

¿Y qué se hace cuando el tiempo da un pequeño respiro? ¡hornear! Nada de pensar en dormir bien o salir a la calle sin sudar, yo pienso en hornear sin convertir mi casa en un infierno. Sinceramente yo tengo mono de horno todo el año y aunque con la pequeña Lara es más difícil meterse en la cocina intento sacar cuatro ratitos.
A este brownie le tenía muchas ganas desde hace infinidad de tiempo, pero el tema de repostear con plátanos en casa ya sabéis que es complicado. Sin embargo desde que Lara empezó a tomar fruta hay siempre de sobra porque le encantan pero con el calor se maduran rápidamente (además de que tenemos más tipos de frutas que empiezan a llegar ya de la huerta de mi padre y no comemos tantos) así que cuando vi que teníamos unos cuantos bien maduritos supe que era el momento idóneo para preparar esta delicia.

La receta la he adaptado muy libremente de un libro sobre brownies, cookies y donuts que compré en LIDL. Tan libremente que casi lo único que tienen en común es el título y algún ingrediente, pero estoy encantada con el resultado. 

Es un brownie jugoso, húmedo y ligero. No es nada empalagoso y el sabor del plátano y el chocolate juntos ¡es una delicia! ¡¿qué os voy a contar?! Si habéis probado esta combinación en cualquier receta sabéis a lo que me refiero.
Las fotos no le hacen justicia pero no quería dejar perdida esta receta porque está absolutamente deliciosa y quería dejarla anotada en mi cocina virtual ¡ya le llegará el turno de repetirla! y a ver si me llega la inspiración para hacer fotos mejores a los brownies porque entre la falta de musas y el poco tiempo el resultado es bastante pobre.
No me enrollo y os dejo con la receta que es muy sencilla y muy rápida de preparar ¡no se le puede pedir más!
 
 
Ingredientes:

* 250 gramos de yogur de chocolate
* 3 huevos
* 3 plátanos maduros
* 50 gramos de miel
* 150 gramos de harina
*  Una cucharadita de bicarbonato
* 60 gramos de nocilla
* 40 gramos de crocanti de almendra 

Elaboración:

1.  Batimos los huevos con un tenedor como si fuésemos a hacer tortilla.

2. Añadimos el yogur, la miel y la crema de cacao y batimos hasta obtener una crema.

3. Incorporamos los plátanos pelados y chafados con un tenedor (no pasa nada si queda algún trozo más grande

4. Añadimos la harina y el bicarbonato y cuando la mezcla sea homogénea incorporamos el crocanti de almendra.

5. Untamos con mantequilla o forramos con papel de hornear nuestro molde (yo he usado uno de 20x20) y vertemos la masa.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 30 minutos aproximadamente.

7. Dejamos templar y podemos desmoldar ¡y hasta hincarle el diente!

Templado está riquísimo y frío ¡también!
Como lleva fruta os aconsejo que lo guardéis en la nevera para evitar que el calor lo estropee rápidamente. Y si aceptáis un consejo ¡guardadlo cortado en trozos pequeños! Así cada vez que caigáis en la tentación vuestra conciencia no os remorderá tanto.

Espero que paséis muy feliz fin de semana ¡y nos volvemos a ver en septiembre! (lo que viene siendo la semana que viene)

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 18 de agosto de 2016

Panna Cotta de coco

Ahora sí que es cierto que el país se queda paralizado. Si durante los primeros días de Agosto somos pocos los que quedábamos al pie del cañón cuando llega la segunda quincena parece que sólo continuamos trabajando los pringadillos de turno. El cartel de abrimos en septiembre se cuelga en muchos comercios y sea cual sea tu urgencia en el mejor de los casos te toca esperar al próximo mes.

Y mientras parece que el país vive sin horarios a la orilla del mar o la clemencia de piscinas, pantanos y ríos ajenos a todo lo que ocurre en el resto del mundo nos van colando anuncios que nos recuerdan que la vuelta al cole está precisamente a la vuelta, que hay que rascarse el bolsillo para llenar la nevera tras las vacaciones y que te olvides de sacar el uniforme del curso pasado que tu precioso retoño ha crecido durante el verano pero no lo has notado porque los pantalones cortos lo disimulan muy bien.

A la misma vez aparecen anuncios de mil y una colecciones que de repente inundan los kioskos y es que septiembre es el mes de los buenos propósitos (casi más que el uno de enero) y aunque hayamos empezado mil y una colecciones al final de todos los veranos de nuestra vida y ninguna hayamos seguido más allá de octubre nos decimos que esta vez sí que vamos a ser constantes. Y si hablamos de colecciones para aprender idiomas, labores o a cocinar... ¡con esas tenemos perdida la batalla de antemano!
No obstante a mí me gusta esta vuelta a la rutina (y conste que no es ganas de fastidiar al personal que sí ha tenido vacaciones este verano) porque es la antesala del otoño que tanta vida me da aunque me quedan (nos quedan) días que sufrir de calor ¡que este año no da tregua señores!

Para paliar los rigores propios de estos días ¿qué mejor que postres fresquitos?A su favor tienen que suelen ser rápidos de preparar (impresncindible cuando tienes un bebé en casa que no duerme porque no le da la real gana) y que no necesitas perder kilo y medio en la cocina por el calor para prepararlos (aunque eso igual es un punto a favor si realmente pasando calor se perdiera tanto peso)
Mi propuesta para esta semana es una panna cotta de coco, muy sencilla de elaborar y con un intenso sabor. 

Fue una receta de pseudo aprovechamiento ya que abrí una lata de leche de coco para otro postre (que os enseñaré más adelante porque sí que requiere horno y no quiero que sudéis sólo con leerme) de la que usé sólo la mitad. No quiere decir que el resto me sobrara porque siendo mujer previsora somo soy cuando me decido a abrir una lata de leche de coco inmediatamente busco dos recetas para que no se quede la lata rodando por la nevera ¡en casa no se permite que ningún alimento se estropee!
A esta panna cotta le tenía muchas ganas ¡cualquiera diría que el coco no era un sabor muy apreciado por mí! En realidad el sabor (y el olor) a coco me gusta, lo que no me acababa de convencer es la textura en boca del coco rallado ¡pero a todo se hace uno con un poco de insistencia!

La había visto en algunos blogs por la red y cada cual la hace como mejor le parece, con o sin leche de coco, con o sin coco rallado, con esencia de coco... Así que me decidí a adaptar mi receta base de la panna cotta a lo que tenía en casa y me ha gustado el resultado.

No es el mejor postre del mundo mundial pero está rico ¡y fresquito! y en estos días creo que se agradece bastante. Además es tan sencillo de hacer que cualquiera lo puede preparar y como se puede hacer con antelación también gana puntos si lo quieres llevar a una comida o cena veraniega.
 ¿Le echamos un vistazo a la receta?


Ingredientes:

* 200 ml de leche de coco
* 200 ml de nata para montar
* 200 ml de leche
* 40 gramos de azúcar blanca
* 50 gramos de coco rallado
* 2 láminas de gelatina neutra (queda cuajada pero a medida que la vas comiendo se desmorona, así que con tres yo creo que quedaría perfecta)

Elaboración:

1. Ponemos la gelatina a hidratar en agua fría.

2. En un cazo ponemos todos los ingredientes menos la gelatina y el coco rallado y ponemos a fuego medio (yo pongo el 5 en mi placa de inducción que llega hasta el 9) hasta que esté a punto de empezar a hervir. Removemos para evitar que se pegue.

3. Escurrimos la gelatina y la añadimos al cazo que mantenemos a fuego mientras removemos hasta que esté disuelta y a continuación añadimos el coco rallado y removemos hasta que esté bien mezclado.

4. Vertemos en los boles en los que queramos servir, esperamos a que enfríe, tapamos y metemos en el frigorífico hasta que esté cuajada.

Al enfriarse el coco rallado va subiendo y hace una capita bastante rica en la superficie (por eso tiene ese aspecto rizado) pero si no os gusta (o simplemente preferís una superficie tersa y lisa) siempre lo podéis suprimir aunque así la panna cotta tendrá un sabor a coco menos intenso.
No me enrollo más que estar delante del ordenador mucho tiempo es complicado estos días. Os deseo muy feliz finde y si estáis de vacaciones ¡que disfrutéis mucho vuestro tiempo libre!

Manos a la masa y ¡bon appétit!