jueves, 25 de julio de 2019

Natillas de chocolate con leche de soja y sin huevo

Escúchame, Malena. Ya me he dado cuenta de que no te hace mucha ilusión, pero sin embargo este diario te puede ser muy útil. Escribe en él. Escribe sobre las peores cosas que te pasen, esas tan horribles que no se las puedes contar a nadie, y escribe sobre las mejores, esas tan maravillosas que nadie las comprendería si se las contaras, y cuando sientas que no puedes más, que no vas a aguantar, que sólo te queda morirte o quemar la casa, no se lo cuentes a nadie, escríbelo aquí y volverás a respirar antes de lo que te piensas, hazme caso.

Malena es un nombre de tango.
Almudena Grandes

Los libros son para el verano.

Sé lo que vais a decirme, que los libros son para todo el año, pero en verano tener un libro entre las manos es un placer mayor.

Cada lunes, de cada verano, durante muchos años salía de casa temprano camino de la biblioteca. Llevaba tres libros apretados contra el pecho y la cabeza en plena ebullición pensando qué tres libros me iban a acompañar de vuelta.

Por aquel entonces la biblioteca era una sala pequeña situada en los bajos del edificio donde estaba (y sigue estando) el juzgado y el registro civil.

Era un espacio diáfano, de planta rectangular, con estanterías pegadas a las paredes y el centro poblado con mesas y sillas que en los meses de verano sólo ocupaba algún que otro opositor que buscaba un lugar tranquilo donde labrar su futuro  y algún jubilado que ojeaba perezosamente el periódico o algún folleto.

Llegaba y devolvía mis tres libros y después le iba dando la vuelta a toda la biblioteca curioseando entre los libros disponibles. Había semanas que llegaba con las ideas muy claras y sabía lo que quería llevarme a casa. En otras ocasiones prefería dejarme tentar desde las baldas por algún título del que quizá había leído algo en mis libros de texto o en la sección cultural de algún periódico o que quizá simplemente me seducía por el título o la magia de su contraportada.

Así volvía al cabo del rato a casa, con otros tres libros apretados con fuerza (entonces sólo podías sacar tres libros en préstamo a la vez, no sé cómo se hará ahora) y muchísimas ganas de perderme entre sus páginas.

Cuando terminábamos de comer me encerraba en mi habitación y me ponía a leer. Por lo general no llegaba al fin de semana sin haberlos terminado de leer.

Con el paso de los años fui comprando más libros que empezaron a nutrir mi biblioteca personal y entraron en mi vida otras actividades que hicieron que fuera abandonando progresivamente esas visitas a la biblioteca. Lo que no abandoné fue mi pasión por la lectura.

Cuando casi cada rincón fue ocupado por libros, y quizá un poco en contra de mi lado lector más clásico y conservador, llegó a mi vida un lector electrónico (un kindle que me regaló mi hermano) y he de confesar que caí rendida a sus pies por la comodidad que supone sujetarlo a la hora de leer (que se puso de manifiesto en su máximo esplendor cuando Lara llegó a mi vida y pasaba horas y horas sentada con la niña en el pecho y con la mano que tenía libre iba leyendo en el kindle)

Echo de menos no obstante el olor de los libros y el tacto de las páginas. Me consta que no soy la única que cierra los ojos y se pierde en el olor de un libro recién abierto, pero siempre puedo hacerlo con los libros que ya tengo y con los que sigo comprando en papel, que son los menos, pero hay imprescindibles que deben estar en mis estanterías.

Hoy he querido compartir con vosotros esta cita de Almudena Grandes que me enganchó la primera vez que leí Malena es un nombre de tango (fue precisamente un verano) para invitaros a pasar lo que queda del verano con un buen libro entre manos y para dejaros con buen sabor de boca durante mi ausencia.

Lo sé, acabo de llegar y me marcho. Pero el verano es así. Me tomo unas semanas de vacaciones para disfrutar (o pelear) con mis dos princesas. Estando todos en casa no voy a sacar mucho tiempo para conectarme. Bien podía dejar unas entradas programadas pero la blogosfera se está quedando vacía así que he decidido echar el cierre por vacaciones como el resto del país en el mes de agosto y regresar con fuerzas e ideas renovadas.

El punto dulce a esta despedida lo ponen estas natillas de chocolate.

Natillas de chocolate con leche de soja y sin huevo Bebida vegetal Postre fresquito, sencillo, de verano, sin horno. Cuca

Sé que repito receta con leche de soja pero estoy publicando recetas que tengo en borradores desde hace bastante tiempo y es bastante probable que estas natillas las hiciera en fecha similar al arroz con leche que os enseñaba la semana pasada pero no lo recuerdo ya. Lo que es seguro es que fue para dar salida a leche de soja que había en casa.

Lo tengo clarísimo. Porque después del nacimiento de Lara no he vuelto a comprar bebidas vegetales (mi amiga Patty me comentaba el otro día que no se debe usar el término leche para referirse a bebidas vegetales aunque a mí me cuesta bastante y soy consciente de que ya lo he hecho varias veces a lo largo del poco texto que tengo redactado) y si alguna ha llegado a casa ha sido en la cajita de productos a la que estoy suscrita. Estoy en una de esas fases de "abstinencia" de las que alguna vez os he hablado.

No sé si os pasa pero hay días en los que de repente necesito organizar algo. Igual estoy colocando la ropa, abro un cajón, me parece que está hecho un desastre y acabo sacando y ordenando toda la ropa de una mesita, del sinfonier o de una puerta del armario.

En la cocina o el baño me pasa igual. A veces llega mi marido con la compra (porque por lo general la compra la hace él) me pongo a sacar las cosas y me veo en la necesidad de reorganizar un armario de la cocina o uno del baño para hacer hueco a lo que ha traído. Así hay días que he recolocado casi todos los armarios (los de comida) de la cocina.

Lo que es casi seguro es que en uno de mis arrebatos de todo fuera y todo dentro con mejor orden acaba apareciendo "algo" que llevaba ahí un tiempo y de repente me entran unas ganas locas de darle salida right now.

Puede llevar ahí tres meses o un año y mi conciencia estar tranquila. Pero en esos momentos es como si me estorbara que siguiera ahí y quiero hacer algo a la de ya para no verlo más.

Así que muchas veces tiro de recetas sencillas y que no requieren mucho tiempo para prepararse y hay veces en las que mientras termino de sacar, limpiar y volver a colocar tengo un postrecito hecho.

Si es que soy la mar de apañada (y hoy me he levantado y me he venido arriba y no necesito (ni tengo ya) abuela que me lo diga)

Natillas de chocolate con leche de soja y sin huevo Bebida vegetal Postre fresquito, sencillo, de verano, sin horno. Cuca

Hacía tiempo que quería hacer unas natillas sin huevo (que no es que yo tenga nada en contra del huevo, pero siempre es divertido probar cositas nuevas) y aprovechando que iba a usar una bebida vegetal era la ocasión perfecta para suprimirlos.

Diría que os traigo un postre apto para veganos y vegetarianos (siempre y cuando el chocolate que utilicéis no tenga ningún ingrediente de origen animal) para alérgicos e intolerantes a la lactosa y la proteína de la vaca y para alérgicos al huevo. Pero no lo afirmo con rotundidad porque aún tengo muchas dudas en estos temas y no quiero que nadie se me ponga purista.

Lo que tengo muy claro es que las natillas de chocolate ¡están para ponerles un piso las hagas como las hagas! Estas sin huevo están muy ricas (y una preocupación menos en verano al suprimirlo) pero no podemos olvidar estas con chocolate y café, estas con chocolate y bebidas de avellanas o estas con chocolate y galletas Oreo tuneadas para Halloween.

Y no os preocupéis que no son difíciles de hacer en casa. Sólo hay que tener paciencia y una temperatura constante. Si seguís el paso a paso y los consejos que os doy os saldrán unas natillas para chuparse los dedos.Y durarán un suspiro.

Yo les puse unas galletitas para decorar, pero podéis servirlas solas o acompañadas o decoradas con lo que tengáis en casa.

Como siempre tengo un bol reservado para compartirlo con vosotros mientras os cuento la receta ¡las buenas costumbres no se pierden!

Natillas de chocolate con leche de soja y sin huevo Bebida vegetal Postre fresquito, sencillo, de verano, sin horno. Cuca

Ingredientes:

* 1 litro de leche de soja
* 60 gramos de azúcar
* 60 gramos de harina de maíz (maicena)
* 200 gramos de chocolate negro (o el que a vosotros os guste)
* Galletas para adornar


Elaboración:

1. En una cazuela ponemos la leche de soja (menos 150 ml que reservamos) y el chocolate troceado y la ponemos a fuego medio (5 en mi placa de inducción que llega hasta el nueve) y vamos removiendo de vez en cuando con ayuda de unas varillas manuales (o una espátula, lo que tengáis en casa, aunque os aconsejo las varillas para este postre) para ayudar a deshacer el chocolate y para evitar que se quede en el fondo y se pueda quemar.

2. Mientras en un bol ponemos la harina de maíz, el azúcar y la leche que habíamos reservado y removemos hasta que quede una masa homogénea y sin grumos (especialmente de la harina de maiz). Puede parecer que es imposible pero os aseguro que antes de que os déis cuenta lo tendréis integrado. 

El fundamental que le leche esté fría o al menos a temperatura ambiente para que la harina de maíz se disuelva bien sin formar grumos.

3. Cuando el chocolate esté derretido y la leche esté a punto de romper a hervir retiramos la cazuela del fuego y vamos añadiendo la mezcla de leche , azúcar y harina poco a poco, en un hilo continuo, a la vez que vamos removiendo.

4. Cuando lo hayamos vertido todo ponemos de nuevo la cazuela en el fuego y le ponemos un fuego medio tirando a bajo ¡y constante! Es fundamental no someter las natillas a cambios de temperatura para cuajarlas porque acabarán cortadas. Yo le pongo también el 5 en mi placa que llega a 9 y nunca he tenido ningún problema.

5. Una vez en el fuego vamos removiendo continuamente (así evitamos que puedan romper a hervir porque se acabarían cortando y también que se puedan quemar) hasta que veamos que las natillas comienzan a espesar. El tiempo dependerá de cada placa y de cada cazuela (`porque distribuyen de diferente manera el calor) pero oscilará entre 5 y 15 minutos como mucho.

6. Vertemos en los vasitos o boles en los que vayamos a presentar, dejamos que se templen, tapamos y guardamos en la nevera.

7. Antes de servir adornamos con unas galletas ¡y listo!

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Como os había prometido una receta sencilla, con pocos ingredientes y muy resultona. Y si además da salida a productos que tenemos en casa ¡mejor que mejor!

Natillas de chocolate con leche de soja y sin huevo Bebida vegetal Postre fresquito, sencillo, de verano, sin horno. Cuca

En verano no apetece estar pasando demasiado calor y postres así se agradecen. Además hago mía la reivindicación que hacía el otro día mi amiga Elisa. Todos nos quejamos del calor del horno (o la vitrocerámica) y nadie se queja del calor que desprende nuestra amiga la plancha y lo tiesa que se queda la ropa tendida a la mínima que te descuidas y por ende más rato de plancha que se necesita.

Encima este verano el aire acondicionado en mi casa está restringido al ser Elena tan pequeña y sólo lo ponemos cuando ella no está para ir bajando la temperatura de las habitaciones, así que lo de planchar bajo el chorro fresquito ¡nada de nada! Aunque jamás he sido muy amiga de estar bajo el aire acondicionado que mi garganta es muy delicada y de momento está afectada.

El fin de semana pasado fue bastante intenso. Creo que aún no me he recuperado y es que eso de estar fuera de casa dos días por uno u otro motivo es agotador ¡más con dos niñas! ¡y tanto calor!

Lara se portó fatal en la iglesia. No es que se portara fatal, es que se portó como una niña. Lo de hablar bajito no es algo que ella entienda y lo de estarse quieta tampoco. Y yo la entiendo porque estaban sus primos y ella quería jugar.

Además se pasó todo el rato preguntando ¿y a Elena también le van a echar agua? ¿y a Elena también le van a echar aceite? y yo siempre "a Elena no le van a hacer nada"

Como ella veía a Elena tan pequeña como el resto de los bebés a los que el sacerdote sí que les "hacía cosas" Lara suponía que a su hermana le harían lo mismo. Yo pasaba de darle explicaciones más allá de decirle que a Elena nadie le iba a echar ni agua ni aceite.

Al final, cuando los padres y la familia comienzan a hacerse las fotos en el altar mayor, Lara ya estaba corriendo y jugando con sus primos. Llegó un momento en el que estaba tan cansada de repetir que allí no se corría, ni se hablaba alto, ni se jugaba que me senté en un banco y le dije a mi marido "creo que nos van a echar, pero como sólo venimos una vez cada cuatro o cinco años déjala que cuando volvamos no se acuerdan de nosotros"

Y he tomado la firme decisión de que llevar a la iglesia a unos niños tan pequeños no es buena idea porque un ratito está tranquila pero si hay más niños acabamos perdiendo toda la autoridad moral que tenemos como padres en beneficio al juego, las risas y la curiosidad.

Elena se portó mejor. Con unos buenos brazos y un abanico que morder a su aire está más que feliz.

El domingo lo pasó peor porque estuvimos comiendo en el Club y hacía muchísimo calor. Así que mis padres en cuanto acabamos de comer se fueron y se la llevaron y los demás nos quedamos en la piscina. Lara lo pasó mejor porque el agua la pierde y aunque llora si alguien le coge sus juguetes agradece tener a mamá sólo pendiente de ella.

Y ahora sí ha llegado el momento de echar el cierre por calor, digo por vacaciones, y darle un respiro a mi cocina virtual (la real no para nunca) aunque sea por poquitos días. En septiembre volveré a encender los fogones regresando con ideas y fuerzas renovadas (esto último con dos niñas en casa no lo tengo tan claro), con más historias para compartir en las Crónicas de Lara (y Elena) y espero encontraros a todos de regreso después de vuestros parones estivales.

Mientras tanto sed felices, no paséis mucho calor y pensad que una vez finiquitado Agosto hemos pasado al menos la mitad del verano y estamos a un paso de empezar la campaña de navidad en los supermercados (si es que este no es el año que empieza en septiembre con la vuelta al cole). ¡Hasta pronto!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 18 de julio de 2019

Arroz con leche de soja y chocolate blanco

Verano.

Horas eternas de luz que se arrastran lentamente por las paredes. Calor que penetra en todos los átomos que te rodean. Fuego en el aire que te abrasa hasta los pulmones.

El verano se te pega en la piel y en el alma sin tregua. Es imposible huir de él, ni dentro ni fuera, ni de noche ni de día, allá donde estés el verano te acompaña rompiendo nuestras rutinas en una sensación de días y noches que se arrastran y se estiran hasta antojarse eternos.

Nos regala junglas de asfalto vacías, domingos en penumbra, persianas bajadas y balcones callados. Las calles cobran vida cuando el sol se va. Nos vuelve nocturnos y noctámbulos y nos obliga a una duermevela entre sábanas revueltas y corrientes esquivas que no acaban de colarse por nuestra ventana.

Con el devenir de los años te trae recuerdos dulzones de veranos mejores, en parte reales, en parte idealizados, que se escaparon entre los dedos como polvo en el aire a los que nunca podrás volver por mucho que regreses al mismo lugar donde los viviste.

Parece que es sencillo ser feliz en verano. Sol, agua, tiempo y aire libre... y sin embargo el verano agota el cuerpo y el alma hasta luchar a brazo partido por vivirlo y sobrevivirlo. Porque siempre los veranos han sido mejores en los recuerdos.

Hoy me he levantado con las fuerzas por el suelo pero la vena poética en plan diva.

Para aquellos que no podemos poner nuestras vidas en stand by estos meses el verano es agotador. A veces da la sensación de que los días van con un ritmo diferente, que el mundo gira en sentido contrario o que todo lo que te rodea ha decidido seguir un paso que nadie te ha enseñado. Aunque he de reconocer que el verano tiene una cosa buena. Y no es otra que ser la antesala del otoño.

En un intento de hacer estos días un poco más llevaderos rescato de entre mis recetas pendientes de publicar este arroz con leche de soja y chocolate blanco.

Arroz con leche de soja y chocolate blanco. Bebida vegetal. Postres sencillos, fáciles, rápidos, fresquitos, de verano, sin horno. Cuca

En alguna ocasión os he contado de mi relación de amor y odio (más que odio es alejamiento) con las bebidas vegetales, en especial la de soja, que he tenido épocas en las que no he podido pasar sin ellas y de repente, y sin venir a cuento, he dejado de tomarlas.

Entonces más de una vez se ha quedado algún brick dando vueltas por los armarios de la cocina y la mayoría de las veces le he tenido que dar salida con una receta.

Fue el caso de este arroz con leche.

Arroz con leche de soja y chocolate blanco. Bebida vegetal. Postres sencillos, fáciles, rápidos, fresquitos, de verano, sin horno. Cuca

¿Qué hago? ¿qué no hago? me decido por un postre de toda la vida y a ver qué sale de aquí.

El resultado es bueno. El color del arroz un poquito más oscuro, dado que la bebida que utilicé es de color marfil y no blanca como la leche de vaca y con el toque del chocolate blanco (esta fue una época en la que le ponía chocolate blanco a muchos postres) queda un poquito más cremoso y con un sabor bastante rico.

Arroz con leche de soja y chocolate blanco. Bebida vegetal. Postres sencillos, fáciles, rápidos, fresquitos, de verano, sin horno. Cuca

Yo no le noté mucha diferencia en sabor respecto a como lo hemos hecho siempre en casa. Pero tiene un punto distinto, eso no se puede negar.

Tuve la precaución de ajustar un poquito la cantidad de azúcar porque para mi gusto estas bebidas ya son suficientemente dulces (ya os he dicho muchas veces que  no pongo azúcar ni ningún tipo de edulcorante en el café, la leche o el té) y como además tenía en mente añadir un poquito de chocolate al final no quería que quedara demasiado empalagoso.

Arroz con leche de soja y chocolate blanco. Bebida vegetal. Postres sencillos, fáciles, rápidos, fresquitos, de verano, sin horno. Cuca

Es un postre sin complicación alguna. Sólo hay que estar pendiente de remover con cierta frecuencia (salvo que lo hagas en algún robot de cocina tipo Thermomix o Monsieur Cuisine) y tener la paciencia suficiente para dejarlo templar y enfríar después en la nevera.

Bien es cierto que el arroz con leche tiene su punto tibio, pero con la poca tregua que nos está dando el mercurio a mí personalmente me gusta mucho más frío si bien tengo la precaución de sacarlo unos 15 minutos o así antes de tomarlo ¡así es como mejor está para mí!

Os dejo la receta y un bol para compartir con vosotros. No me extiendo más que con este tiempo no apetece leer demasiado delante de una pantalla.

Arroz con leche de soja y chocolate blanco. Bebida vegetal. Postres sencillos, fáciles, rápidos, fresquitos, de verano, sin horno. Cuca

Ingredientes:

* 1 litro de leche de soja
* 100 gramos de azúcar
* 50 gramos de chocolate blanco
* 180 gramos de arroz redondo
* 1 rama de canela


Elaboración:

1. En una cazuela ponemos al fuego la leche de soja junto con la rama de canela y vamos removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue en el fondo.

2. Cuando esté a punto de romper a hervir añadimos el arroz, removemos bien para distribuirlo y cocinamos a fuego medio removiendo con frecuencia para que no se pegue.

¡Ojo! mejor no tapéis la cazuela que corréis el riesgo de que la leche suba y se derrame

3. Vamos probando el punto de cocción del arroz y cuando esté casi hecho y sólo quede un poquito duro por el centro añadimos el azúcar. Removemos muy bien para disolverla y evitar que se vaya al fondo y se caramelice y acabe quemándose.

4. Cuando el arroz esté blandito retiramos del fuego, quitamos la rama de canela, añadimos el chocolate blanco y removemos para que se derrita con el calor.

5. Vertemos en los boles en los que vayamos a servir, y una vez fríos tapamos y los guardamos en el frigorífico hasta el momento de tomarlos.

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Como os he dicho es una receta fácil, fácil, apta incluso para verano ya que no se pasa mucho calor, pero que tiene un toque diferente al arroz con leche tradicional.

Arroz con leche de soja y chocolate blanco. Bebida vegetal. Postres sencillos, fáciles, rápidos, fresquitos, de verano, sin horno. Cuca

Por supuesto podéis hacerla con cualquier otra bebida vegetal que tengáis en casa o incluso con leche de vaca y poniendo sólo el chocolate blanco como "novedad" respecto a la receta tradicinal ¡os va a encantar el toque que le da!

Esta vez no le he puesto canela por encima a la hora de servir pero, entre nosotros, la canela siempre viene bien en todos los postres ¡sobre todo si es una buena canela!

Arroz con leche de soja y chocolate blanco. Bebida vegetal. Postres sencillos, fáciles, rápidos, fresquitos, de verano, sin horno. Cuca

Mi receta va directa además para el reto 1+/-100 desperdicio cero de mi amiga Marisa ya que surgió fruto de aprovechar ese brick de leche de soja que llevaba mil dando vueltas en la cocina y un resto de chocolate blanco ¡espero que le guste la idea! Y como siempre os invito a participar en él y a no dejar que ningún alimento se ponga malo y haya que tirarlo.


Lara y Elena siguen creciendo.

La primera está atravesando una fase en la que llora por todo. En cuanto lo más mínimo se le tuerce se pone a llorar. Espero que dure poco porque es demasiado frustrante.

La segunda le ha pillado el truco a girarse y en cuanto no puede o no es capaz de sacarse el brazo de debajo de la panza ya la tienes chillando o llorando según le pille el humor.

Todo un espectáculo cuando se juntan las dos. Hay veces que dan ganas de coger la puerta y no regresar a casa.

Y el fin de semana se presenta movidito. El sábado tenemos un bautizo y el domingo una comida en nuestro club de campo (al menos para esta no hace falta arreglarse, cosa que se agradece) todo esto aderezado con un festival que se celebra en nuestro pueblo y que lo convierte en territorio comanche y durante tres días esto es una ciudad (casi) sin ley tomada por los festivaleros y que hace difícil moverse a pie y casi imposible en coche.

Temiéndole estoy al sábado ¡no sé dónde vamos a aparcar el coche! Os aseguro que promete la jornada ¡ya os contaré!

Nos leemos la semana próxima ¡sed felices y no paséis mucho calor!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 11 de julio de 2019

Crema de limón, coco y yogur.

A veces tengo la sensación de que soy una madre muy poco al uso.

Cuando nació Lara y llegó el momento de comenzar con las "temidas" vacunas (es decir, a los dos meses, eso sin contar la que entonces se le ponía recién nacida en el hospital que ahora (y sólo han pasado tres años) ya no se pone) escuchaba de otras mamis comentarios del tipo "qué lástima con lo pequeños que son" "hay que ver lo que sufren" "lo paso peor que ellos" y similares pero yo era incapaz de ponerme en la piel de esas madres tan sufridoras y tan atemorizadas frente a esa situación.

Suponía que tendría que pasar con ella por esa primera vacuna para comprender lo que esas madres me querían transmitir pero a día de hoy sigo sin entenderlo ¡y he pasado por más de una vacuna ya!

A mí no me da pena tener que vacunar a mis hijas. Es más, espero casi con ansia el momento de vacunarlas.

Con cada vacuna que les ponemos mis hijas van reforzando sus defensas y yo me siento más tranquila.

Durante mi primer embarazo se dieron varios casos en España de muerte de bebés muy pequeños por tosferina. Y se armó la revolución. En cuestión de semanas hubo un cambio en los protocolos y en la mayoría de las comunidades autónomas la vacuna de la tosferina comenzó a suministrarse a todas las embarazadas casi al término de la gestación.

Yo estaba vacunada de tosferina (allá cuando era niña). Además la tuve con tres años con lo cual debería tener anticuerpos suficientes para pasárselos a mi bebé. Aún así me vacuné.

En el embarazo de Elena no sabía si me iban o no a vacunar en mi centro de salud, pero sí tenía claro que si no estaba financiada y no era contraproducente volverme a vacunar la iba a pagar de mi bolsillo. No fue necesario porque se sigue con el mismo protocolo.

Con todo esto lo que os quiero explicar es que las vacunas no me dan miedo. Ni para mí, ni para mis hijas. A mí lo que en realidad me asusta son las enfermedades. Bien es cierto que en cada vacuna hay un riesgo: de reacción, de secuelas...pero el riesgo mayor es dejarlas sin vacunar y exponerlas a enfermedades cuyas secuelas podrían ser mucho peores.

En nuestro país tenemos mucha suerte porque el sistema sanitario financia bastantes vacunas. Y las que no financia nosotros las hemos pagado. Lo tuvimos clarísimo con Lara y hemos repetido con Elena. No por ello somos mejores ni peores padres. Símplemente vivimos en un país libre y tenemos el derecho de decidir. Y eso hemos hecho.

Este es un tema candente en los últimos años. Cada vez hay más padres que optan por no vacunar a sus hijos y están en su derecho. Hasta ahí todos de acuerdo. Pero su decisión no sólo afecta a sus retoños. Nos afecta a todos. Y ahí comienzan las discrepancias.

Es muy bonito no vacunarse y beneficiarse de la inmunidad de grupo (coloquialmente conocida como inmunidad rebaño) pero cuando cada vez hay más niños que no se vacunan y además nos movemos por el mundo como antes nos movíamos por nuestro pueblo el riesgo de contraer enfermedades que estaban erradicadas va en aumento.

Intento comprender las razones de los padres que no quieren vacunar a sus hijos y me cuesta. No me cabe en la cabeza que si hay una posibilidad de prevenir una enfermedad (y hablamos de enfermedades que pueden acarrear graves consecuencias) se obvie. Que puede o no tocarnos, cierto, pero mejor estar preparados si nos toca ¿no?

Y ya lo que me deja loca completamente son aquellos padres que dicen "yo les pongo las vacunas gratuitas, pero las pagadas no porque esas no son importantes"

¿Hola?

¿Que no son importantes?

Tanto como las otras, lo que ocurre es que el sistema sanitario no puede financiarlo todo.

Y ya cuando te ponen la excusa de que las pagadas no las ponen porque su economía no da para todo, ahí yo ya me bajo del mundo porque la economía da para lo que queremos que nos dé. Sobre todo si te dicen eso mientras se toman una cerveza, tienen un paquete de tabaco en el bolso o te cuentan dónde se van a ir (o han estado) de vacaciones.

Que son prioridades. Lo sé. Que cada uno hace en su casa lo que le da la gana. Lo entiendo. Pero no me vendas la moto. No digas nada, no te justifiques, no pongas excusas. Símplemente cállate y no me vengas con ningún cuento porque yo no te he pedido explicaciones. Y si las estás dando por algo será.

No sé si la solución está en que las vacunas pasen a ser obligatorias, lo que sé es que casos como el de la familia francesa que llevó el virus del sarampión a Costa Rica donde estaba erradicado hace cinco años da mucho que pensar.

Por lo que pueda pasar mis hijas se vacunan y en lugar de pasarlo mal cuando las llevo salgo un poco más aliviada. Y sigo sin entender los movimientos antivacuna que tanto auge tienen últimamente y mucho menos a los que le ponen unas sí y otras no en función de que afecten o no directamente a su bolsillo porque a estos sí que no los puedo (ni los quiero) entender.

Para endulzarnos el día, y de cara al fin de semana, os traigo un postre con mucho sabor veraniego porque a mí la combinación limón y coco me sabe a verano.

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Es curioso cómo el paladar se educa con el paso del tiempo. Hasta hace pocos años habría leído coco y habría salido corriendo. Ahora es uno de mis sabores favoritos.

En realidad lo que a mí no me terminaba de gustar era la textura del coco rallado al morderla. Esos trocitos con esa textura entre blanda y crujiente no eran de mi devoción y el sabor tampoco acababa de conquistarme ¿para qué nos vamos a engañar?

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Pero con el paso del tiempo y mi incursión en la blogosfera al final un día me veo dándole una nueva oportunidad y probando, probando surgió el idilio y llegaron recetas tan buenas como la tarta de masa filo y leche de coco, los muffins de leche de coco con arándanos y chocolate negro o el pastel de coco y piña por nombrar algunas de las que podéis encontrar en mi blog ( y alguna que otra que aguardan en los borradores a ver la luz)

A veces es cuestión de insistir. En otros casos no hay solución posible ¿verdad?

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Esta crema surgió de unos limones que me embriagaron con su aroma en la frutería. Me encanta el sabor y el olor del limón pero lo compro solo cuando lo voy a utilizar. O esa es mi (buena) intención.

Fui a comprar un limón para otra receta pero olían tan bien que acabé llevándome un kilo. Era de esa fruta que huele a fruta de verdad y cuando das con ella quieres llevarte mucha aún a riesgo de que al llegar a casa no sepas muy bien qué hacer como me pasó a mí.

Como os he dicho me gusta el limón pero aquellos que llegan a casa sin un propósito definido corren el riesgo de rodar por el frutero hasta terminar en el frigorífico donde comienzan a ponerse duros.

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Estos estaban en el frutero. Llevaban allí muchos días. Tantos que podrían comenzar a plantearse pedir la nacionalidad en la república independiente de mi casa. Y no les daba utilidad más allá de la de perfumar (maravillosamente) mi cocina.

Una mañana que estaba dormida Elena entré en la cocina y decidí que había llegado su momento. Me enfrenté a ellos y a lo que había en el frigorífico y surgió esta crema. Fue un mucho de improvisación (porque yo en lugar de decidir la receta y comprar los ingredientes elijo los ingredientes que tengo en casa e improviso una receta) y un poco de adaptación porque desde que hice la tarta de galletas y leche condensada con limón no he dejado de experimentar con otros ingredientes como ocurrió con el queso en estos vasitos de tarta de queso con limón y leche condensada

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Esta vez le llegó el turno a los yogures griegos ¡prescindiendo de la leche condensada! ¿Espesará o no espesará? me preguntaba mientras preparaba la receta. Y sí, espesan con el limón, pero no tanto como si llevaran leche condensada ¿eh? Pero se agradece prescindir de esa bomba de calorías por mucho que nos guste en los postres.

No sé si alguna vez os lo he comentado, pero a mí la leche condensada no me gusta. Hay quien metería la cuchara en la lata y no pararía hasta dejarla limpia, quien la pone en el café (en realidad es que ni al café ni al té le pongo ningún endulzante) o acompaña con ella otros postres como helados o flanes. Yo no puedo con su sabor a leche mega-extra-súper azucarada. Me empalaga. Pero en postres me gusta cómo funciona siempre y cuando no se note el sabor. Y mezclada con el limón se consigue una mezcla brutal (y bastante peligrosa, todo hay que decirlo)

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Sea como fuere yo a esta crema no se la he puesto, por el hecho de aligerar calorías (y porque no tenía en casa), pero sois completamente libres de añadir una latita y darle un punto más dulzón si os apetece.

Que ya sé que estamos en pleno verano, pero lo que no hayamos conseguido a estas alturas dificilmente lo vamos a conseguir. Así me mejor nos compramos un bañador nuevo y nos damos un caprichito. O bien nos damos un caprichito y un paseo tremendamente largo para compensarlo ¿os parece?

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

El toque del coco le va muy bien a esta crema, así como la ralladura del limón. A mí esta combinación, como os he dicho al principio me sabe mucho a verano y me gusta que la crema tenga textura con el coco rallado. Esta vez he usado unos copos de coco, que son un poco más gruesos que el coco rallado que utilizamos habitualmente y me ha gustado mucho el resultado pero siempre podéis usar el de toda la vida.

Y lo mejor de todo es que se ensucia bien poco: un bol y unas varillas para hacer la mezcla, el rallador para la piel del limón y el exprimidor para el zumo ¡pocas veces con tan poco esfuerzo se obtienen postres tan ricos!

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Para decorar he utilizado unas mini galletas que tenía en casa, y me ha gustado mucho el contraste entre la crema, que queda con un sabor ácido, y el dulce de la galleta. Vosotros podéis dejar volar vuestra imaginación y tirar además de lo que tengáis en casa.

Como he utilizado poca azúcar no es un postre que empalague, de hecho creo que se queda cortito en dulzor si sois un poco golosos, así que podéis plantearos añadir más azúcar, un poquito de leche condensada (que ayudará a que sea una crema más espesa) o cualquier endulzante que os apetezca. Por no hablar de alguna decoración un poquito más golosa para equilibrar.

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Espero que os animéis con estos vasitos y si es así me encantaría verlos ¡no olvidéis etiquetarme si subís las fotos a las redes sociales! ¡o dejarme un comentario en la receta para saber que la habéis hecho!

Como siempre tengo un vasito guardado (en realidad esta vez he dejado alguno más) para disfrutarlo en vuestra compañía mientras os cuento cómo hacer esta crema ¡que no puede ser más fácil!

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca


Ingredientes:

* Cuatro yogures griegos naturales (500 gramos)
* 200 gramos de queso de untar
* 200 ml de nata de montar
* 50 gramos de azúcar glas
* 50 gramos de coco rallado
* 150 ml de zumo de limón (aproximadamente el zumo de tres limones)
* La ralladura de un limón
* Galletitas para decorar


Elaboración:

1. En un bol ponemos los yogures, el queso, la nata y el azúcar y batimos hasta obtener una crema lisa y sin grumos.

2. Añadimos la ralladura y el zumo de limón y removemos bien hasta integrar y ver que la mezcla espesa.

3. Por último ponemos el coco rallado y volvemos a batir.

4. Vertemos en los vasitos donde vamos a presentar, tapamos y reservamos en el frigorífico hasta el momento de consumir.

5. Antes de servir decoramos con mini galletas (o con lo que nos apetezca)


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¿Sencilla verdad? Esto está listo en unos minutos y queda un postre muy resultón y no excesivamente calórico. Esta semana he intentado ser un poco más benevolente para compensar el postre de la semana anterior.

Crema de limón, coco y yogur. Postre de verano sencillo, fácil, rápido, refrescante, en vasito, sin horno, para novatos. Cuca

Muchos me habéis preguntado por la herida de Lara. Está cerrada y la cicatriz va remitiendo. Poquito a poco. Los niños suelen recuperarse muy bien de las heridas de guerra pero esta está en un sitio muy visible y nos ha tocado una época muy mala porque con el sol se le puede manchar y quedar ahí para siempre.

Le pongo crema protectora de factor 50, cuando vamos a la piscina se la tapo y además estoy tras ella con aceite de rosa mosqueta y con Bio oil que me quedó del embarazo de Elena y que por lo visto para estas cosas da muy buen resultado.

Si alguien tiene alguna sugerencia será muy bien recibida.

El martes fue el último día de trabajo del personal de la guardería. Desde el miércoles y hasta el último día del mes están con las "seños de vacaciones" Precisamente el martes me dijo Lara que había pensado que ella no quería ir al cole nuevo, que mejor seguía en el de siempre.

No quiero ser pesada ni insistir demasiado con el tema para que no le tome manía y armemos un espectáculo el primer día de clase, pero tampoco me quiero hacer la loca y darle la razón a la niña y que se haga la idea de que va a ser lo que ella quiera y como ella diga.

En el mes de marzo hubo unas jornadas de puertas abiertas en el nuevo colegio. Dejé a Elena con mi madre y me llevé a Lara. Pensé que sería bueno para ella ver el nuevo colegio, el patio, las aulas y tener una imagen real del centro, de lo que se iba a encontrar y que "el cole de mayores" no fuera algo abstracto y dejado de la mano de su imaginación.

Le gustó bastante y a partir de ahí parecía bastante más convencida así que no sé por qué ahora salta con esto. Supongo que además estará cansada de todo el curso escolar y unido a la despedida habrá decidido que para qué cambiar si está bien donde y con quien está.

Otra de las bazas que juego para el cambio (además de que va su mejor amiga de la guardería al mismo colegio) es que yo trabajo justo en el edificio de al lado. Le explico que todos los días vamos a ir y a volver juntas del colegio y que si pasa algo de momento estoy ahí y que cuando salga del colegio puede llegar a mi oficina y visitar a mis compañeros.

Le falta mucho, lo sé, pero no me gustaría que fuera un cambio traumático para ella.

A Elena la habéis visto en mi Instragram. Si Lara canta o salta ella le hace los coros ¡ni os imagináis cómo chilla! y ya ha aprendido a darse la vuelta y se pasa el día haciendo la croqueta. Se acabó lo bueno y poder dejarla en cualquier lugar, ahora hay que estar con mil ojos para evitarnos un buen susto.

Y así lentamente transcurre nuestro verano. Os espero la semana próxima con más recetas y más historias amén de las Crónicas de Lara (y Elena). Mientras tanto sed felices

Manos a la masa y ¡bon appétit!


 

jueves, 4 de julio de 2019

Crema de nubes (en Monsieur Cuisine Plus)

Esta semana Lara ha comenzado su último mes de guardería.

Recuerdo como si fuera ayer el día que fuimos a presentar la solicitud con Lara en su carrito que no paró de llorar desde que salimos hasta que regresamos a casa.

Recuerdo la buena impresión que me causó el centro, lo familiar que me pareció todo, lo felices que parecían los niños allí y las ganas de conseguir una plaza con las que llegué a casa así como el miedo a que la niña no entrara en esa guardería que me conquistó en aquella primera visita.

Recuerdo las dudas que me dejé sembrar unos días antes de que comenzara su primer curso acerca de estar haciendo lo correcto. Tuve que escuchar tonterías del tipo "es una pena que siendo tan pequeña la dejes en la guardería" "con el tiempo comprenderás que igual te compensa dejar de trabajar y poder comprar menos cosas pero estar con tu hija" pero siendo primeriza te dejas arrastrar y dudas de tus convicciones.

Como anécdota os contaré que una de las que me lo dijo, al año siguiente llevó a su bebé recién nacido a la guardería ¡sin estar siquiera trabajando! Y ahora con Elena, que ha intentado hacerme sentir de nuevo mal por regresar a mi trabajo se ha tenido que comer mi respuesta que os podéis imaginar y que para nada se esperaba.

No sabéis como me acuerdo del primer día de guardería de Lara. Como si la hubiera dejado esta misma mañana. No se me ha olvidado ni la ropa que llevó ese día y han pasado casi tres años.

Ni qué decir tiene que esas dudas y miedos se disiparon rápidamente. Los habituales de mi cocina virtual sabéis lo contenta que estoy con el centro y como muestra Elena entrará en septiembre.

Cuando nació Lara escuché (y leí en vuestros comentarios miles de veces) que lo disfrutara todo que el tiempo pasa muy rápido. Y no lo comprendía. Lo estaba viviendo y no era capaz de verlo.

Aquellos primeros meses fueron muy duros para mí y los días se sucedían todos iguales y no veía ningún avance en un bebé que lloraba día y noche así que yo sólo quería que el tiempo pasara muy rápido y encontrarme con una niña que hablara y pudiera expresar lo que le pasaba para ponerle solución.

Las cosas comenzaron a ser más sencillas sin necesidad de que el tiempo corriera tanto y la realidad me ha dado en la cara cuando he comprendido que Lara ha vivido ahí tres cursos completos, que ya hemos disfrutado de tres fiestas de fin de curso y sobre todo que entró siendo un bebé de seis meses y sale siendo una niña de tres años muy dinámica, muy parlanchina, con una curiosidad enorme por todo lo que le rodea y que sabe tantas cosas que me quedo alucinada muchas veces con ella.

Lara cierra esta etapa y a mí me entra una pena infinita porque dejamos atrás muchas cosas bonitas. 

Bien es cierto que llega el turno de Elena y que no nos desvinculamos (aún) del centro, pero en septiembre todo será diferente porque nos toca volver a empezar.

Lara ha tenido muchísima suerte con las profesoras que le han tocado. Este año hemos tenido la fortuna de trabajar con una persona tan maravillosa que lo ha hecho todo tan sencillo que ahora duele pensar que el próximo curso ya no la tenga.

Quien se dedica a esto tiene que tener una vocación muy grande, nadie trabaja con niños por descarte o porque "algo hay que hacer", tengo clarísimo que trabajar en una guardería es vocacional, pero cuando además das con alguien que trata a los pequeños como si fueran suyos propios entonces no quieres que los días pasen para que tu pequeña pueda seguir disfrutando y aprendiendo de alguien así.

Porque Lara no sólo ha recibido unos conocimientos y una atención docente, Lara ha recibido cada día cariño, apoyo, comprensión, risas, juegos, cuentos, canciones, complicidad, toneladas de besos y abrazos y purpurina ¡kilos y kilos de purpurina, sellos y pegatinas!

Ella no lo sabe, pero ha recibido unos cimientos maravillosos para el resto de su vida, y esto no hay dinero que lo pague ni palabras suficientes que lo agradezcan.

Es una maravilla ver cómo va feliz a la guardería porque tiene ganas de estar con "su seño" y se te parte el alma cuando le tienes que explicar que el próximo curso estará en otro "cole" y que en ese cole hay otras seños pero no su seño Isabel. 

Pero el tiempo corre, para bien o para mal, y esta etapa toca a su fin.

Al principio lloraba mucho. Ella quería su cole nuevo pero con la seño Isabel. Poco a poco ha ido comprendiendo que hay que cambiar y de repente un día dijo "vale mamá. La seño Isabel para el Elena" y la pobre está convencida de que el próximo curso seguirá viendo cada día a su seño cuando dejemos a Elena en la guardería.

Yo ya he dejado caer en el centro que el próximo curso estaría encantada de que Isabel estuviera en nido con Elena. Lo he repetido varias veces, hasta Lara se lo ha dicho a la directora, a ver si el universo se alinea y tenemos la suerte de compartir tres años más con ella. Seguramente la suerte no nos acompañe, pero cruzaremos los dedos por si acaso.

Cuando Lara comenzó en la guardería pensé que yo no podría trabajar alli. Pensaba en encerrarme en un aula sola con diez o quince niños con los que había que trabajar, enseñarles cosas, conseguir su atención, darles de comer, cambiarles el pañal, jugar...y me entraba pánico. 

Tres años después sigo pensando que yo no podría trabajar en una guardería. Pero no por el miedo a quedarme con un puñado de niños a mi cargo. Yo no podría trabajar en una guardería, querer y criar a un puñado de niños y verlos partir de mi vida para siempre cada dos o tres años. La capacidad de dar amor de estas mujeres es infinita así como también lo es su capacidad de pérdida. Y sinceramente yo no sería capaz.

Así que aprovecho mi rinconcito para darle las gracias a todo el personal del centro y muy especialmente a Isabel por todo lo que nos llevamos de ella y por haber formado parte de nuestras vidas. Ojalá el año que viene pase a ser parte de la vida de Elena ¡nada nos gustaría más!

Crema de nubes en Monsieur Cuisine Plus marshmallows malvaviscos Postre sin horno, sencillo, rápido, rico, fresquito, de verano, fresa, mermelada, Cuca

Y al hilo de esta entrada tan melodramática os traigo una receta muy golosa, mega calórica, muy poco saludable (así que los amantes de lo healthy, fit y demás mejor cierren los ojos) pero que está tan tremendamente rica que no os vais a arrepentir de prepararla.

Todos sabéis que siempre estoy dándole vueltas a las cosas que tengo en el armario y que quiero que lo que tengo rote rápidamente en un intento de no acumular. La teoría es sencilla, la práctica no tanto como ya comentábamos la pasada semana.

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Pues bien, hace no sé cuánto tiempo (años, confesemos) se me ocurrió la idea de hacer fondant de nubes. Mi señor esposo se presentó en casa con dos bolsas (es que una le parecía poco) y pasó lo de siempre ¡se quedaron en el armario! 

De hecho no en un armario cualquiera de la cocina no. En el armario más inaccesible de mi cocina. Ese que es esquinero y que para alcanzar a la balda superior hace falta la escalera, subir hasta arriba y aún así cuesta trabajo llegar a lo que hay en el centro. 

Ese fue precisamente el sitio que le dimos a las nubes (para no comérnoslas, creo que queda claro) y ahí continuaban día tras día.

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En uno de mis arrebatos de limpieza durante la baja topé con las bolsas. La fecha estaba pasada, pero las nubes parecían intactas. Las abrimos, estaban bien, así que mi conciencia no me permitía deshacerme de ellas ¡había que hacer un reciclaje y cuanto antes mejor!

Cuando yo empecé a moverme en estos lares había una tarta de nubes que estuvo muy de moda durante un tiempo. Después no la he visto mucho más, así que empecé a mirar algunas recetas que tenía guardadas y al final terminé haciendo lo que a mí buenamente me pareció mejor. 

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Abramos la caja de los recuerdos ¿alguna vez habéis quemado nubes con el mechero? Yo lo descubrí en el instituto y hubo un tiempo en el que me volví adicta.

Y muchos os preguntaréis ¿qué hacía un grupo de adolescentes en el instituto con mechero? Obvio ¡quemar nubes! Y fumar, porque alguno fumaba. Que esto es previo a la ley anti tabaco y hasta los profesores fumaban por los pasillos por no hablar de que había algunos que hasta lo hacían en el aula.

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Pero no es de esto de lo que yo quiero hablar. Si alguna vez habéis comido nubes derretidas con el mechero (o en el fuego, muy a lo campamento yanqui) ya conocéis el sabor de esta crema y seguramente os estarán entrando muchas ganas de prepararla.

Y no es para menos porque en casa fue un visto y no visto.

Os aseguro que para mí fue toda una sorpresa porque cuando se terminó de hacer el aspecto no me gustó nada. Como las nubes tenían tonos blancos, rosados, naranjas y amarillos, aunque todos muy pálidos, la crema tenía un color amarillento anaranjado nada apetecible así que tiré de colorante rojo (porque tenía unos tubitos de colorante líquido desde hace ni me acuerdo tampoco) 

Al principio ponía una o dos gotas y mezclaba. Iba con mucha precaución. Al final me vine un poco arriba y ha quedado más rojo que rosa que era mi idea inicial, pero como ya había una base de color previa no puedo quejarme.

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Y no sólo he reciclado parte de las nubes que había en casa ( la otra parte la empleé en otra receta que próximamente verá la luz) sino que salió sobre la marcha un yogur a punto de caducar, un sobre para preparar gelatina (que a mí no me gusta pero a mi costillo sí y mira que es tan simple como calentar agua pero nunca se la preparo ni él tampoco lo hace) un resto de mermelada y unos fideos de colores que estaban ahí muertos de risa.

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La receta la he preparado con mi nuevo cacharrito. Algún despistado preguntó la semana pasada qué tipo de cacharro es. La Monsieur Cuisine es la versión "pobre" de la Thermomix así que la receta se puede adaptar perfectamente de un robot a otro, pero si no lo tenéis o preferís hacerlo en el fuego se puede hacer también sin problema alguno. Más abajo os indico el paso a paso.

Como hace mucho calor no me extiendo más que no pega demasiado estar delante del ordenador pasando calor pero sí disfrutando de uno de estos vasitos que con tanto cariño he reservado para vosotros.

Y después de dar buena cuenta de ellos todo el mundo a la piscina o a darse un largo paseo a la caída de la tarde para quemar esas calorías tan innecesarias pero tan tremendamente ricas ¡ya me lo diréis si os animáis!

Crema de nubes en Monsieur Cuisine Plus marshmallows malvaviscos Postre sin horno, sencillo, rápido, rico, fresquito, de verano, fresa, mermelada, Cuca


Ingredientes:

* 200 gramos de nubes
* 500 mililitros de leche
* 125 gramos de yogur natural
* 120 gramos de mermelada de fresa
* Un sobre de gelatina de fresa
* Colorante rojo (opcional)
* Fideos de azúcar de colores para decorar.

Elaboración:

1. Ponemos en el vaso las nubes y 300 ml de leche. Programamos 4 minutos y medio, velocidad 2, 90 grados.

2. Añadimos  el yogur, la mermelada y resto de leche y programamos 15 segundos velocidad 5

3. Añadimos el  sobre de gelatina y programamos 4 minutos y medio, velocidad 3 90 grados

4. Cuando termine añadimos unas gotitas de colorante rojo si queremos un tono más intenso y programamos a velocidad 5 unos segundos para que se reparta de manera homogénea.

5. Vertemos en los vasitos en los que vayamos a servir, dejamos templar en la encimera, tapamos bien y pasamos al frigorífico.

6. Antes de servir ponemos unos fideos de colores en la superficie o cualquier otra cosa que se os ocurra. 

Elaboración tradicional:

1. Ponemos a fuego bajo en una olla las nubes y 300 ml de leche.Vamos removiendo hasta que las nubes se hayan derretido

2. Añadimos el yogur y la mermelada  y mezclamos hasta integrar.

3. Retiramos el fuego y añadimos el  sobre de gelatina. Mezclamos hasta disolver y añadimos el resto de la leche. Removemos bien.

4. Añadimos unas gotitas de colorante rojo si queremos un tono más intenso y batimos para que se reparta de manera homogénea.

El resto de los pasos igual que con la preparación en Monsieur Cuisine.

https://sites.google.com/s/1jC1VClKBwj3si07hxbe_FZ73gaEeYK1x/p/1Ra8GsIL0ljyxK9gq2suirL6w_vLjhzjl/edit

Si usáis algún tipo de decoración de azúcar (ya sean fideos como yo, bolitas o cualquier otra cosita que tengáis en casa) os aconsejo ponerlos justo antes de servir o acabarán derretidos.

Falta no es que le haga, pero quedan más monos y de paso le daba salida a unos poquitos que quedaban en el armario.

Crema de nubes en Monsieur Cuisine Plus marshmallows malvaviscos Postre sin horno, sencillo, rápido, rico, fresquito, de verano, fresa, mermelada, Cuca

Como mi receta es 100% de aprovechamiento, que no me cansaré de decir que no se debe tirar nada, también va para el reto 1+/-100 desperdicio cero de mi amiga Marisa en el que os invito a participar como cada vez que os hablo de él.




La entrada se me está alargando pero no quiero despedirme sin contaros que la fiesta de Lara fue estupenda a pesar del calor que caía sobre nosotros y la gran afluencia de familiares que hubo. Es la tercera fiesta a la que acudo y es la vez que más personas han asistido. Estaba tremendamente agobiada y menos mal que Elena estuvo durmiendo casi todo el rato.

Lara lleva el baile en las venas y cuando terminó mucha gente le decía ¡eres la que más has bailado de todo el cole! y es que la chiquilla lo dio todo.

A Elena le he cortado el pelo. Se le había caído por partes, el que no se le ha caído lo tenía muy largo y así no había manera ni de peinarla por lo que a la peluquería de cabeza. Y el martes le tocó la segunda vacuna de la meningitis. Igual soy una mala madre, pero a mí no me da pena vacunarlas, yo casi deseo que llegue el momento de hacerlo y doy gracias por tener acceso a tantas vacunas que pueden evitarnos males mayores. Además igual que hicimos con Lara estamos pagando todas las que no se financian en el sistema público pero que recomiendan poner a los niños como esta que le pusimos hace dos días. No voy a entrar en este tema hoy porque me gustaría sacarlo más adelante y porque esto se ha alargado ¡como viene siendo habitual en mí!

Nos leemos la semana próxima. Mientras tanto ¡sed felices y disfrutad del verano! 

¡Manos a la masa y bon appétit!