miércoles, 28 de marzo de 2018

Muffins de leche de coco con arándanos y chocolate negro

Ahora sí que estamos metidos de lleno en la Semana Santa y los que hemos seguido al pie del cañón estamos con un pie fuera del trabajo y pensando en estos cuatro días que al final se pasarán muy rápido pero ¿qué queréis que os diga? cuatro días sin trabajar son cuatro días sin trabajar.

Es el momento de hincarle el diente a torrijas, pestiños, roscos, leche frita, flanes, arroz con leche... y el resto de postres típicos de nuestras zonas para este periodo así que como todos estaréis hasta arriba de la repostería típica y más allá de Semana Santa sigue habiendo vida y el lunes volveremos a pensar qué desayunamos o qué preparamos para la merienda en lugar de tomarme vacaciones esta semana en el blog rescato de entre mis recetas pendientes de publicar estos muffins elaborados con leche de coco y repletos de arándanos y trozos (enormes) de chocolate negro.

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Los pobres llevan más de dos años esperando en borradores ser compartidos y aunque las fotos no son nada del otro mundo, ni hacen justicia a lo ricos que están, me ha parecido justo que vean la luz.

Aunque no los he hecho ahora son un perfecto ejemplo de mi propósito de sacar fuera productos almacenados en mi cocina porque en su día fue la receta ideal para acabar con media lata de leche de coco (la receta en la que usé la otra media sigue también en borradores) y para sacar de mi cocina una tableta de chocolate negro que no os podéis imaginar cómo me llamaba y estando en mi último mes de embarazo tampoco era plan de cebarse sin control.

Si no sois amantes del coco ¡tranquilos!  que el sabor es bastante sutil, la leche de coco aporta sobre todo cremosidad y jugosidad a las masas, y si suprimís el coco rallado (podéis sustituirlo por harina o por almendra molida por ejemplo) creo que no os daréis cuenta del sabor a coco.

Si aún así tampoco os fiáis podéis usar cualquier otra leche vegetal o bien leche de vaca.

Con el tiempo que ha pasado y aún recuerdo la felicidad al morder y encontrar un buen trozo de chocolate negro en el interior de los muffins ¡con qué poco se puede ser feliz! 

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Además como todos los muffins que suelo publicar la masa está lista en un momento y en menos de una hora tendremos resuelto el desayuno de unos pocos días porque están tan ricos que vuelan

Después de las largas entradas de las últimas semanas hoy nos toca un descanso a todos que nos merecemos empezar (o continuar) con las vacaciones pero sin perder las buenas costumbres y teniendo en mente alguna receta para preparar en casa.

Aún recuerdo la época en la que si el tiempo no acompañaba me pasaba estos días tumbada en el sofá y la cama devorando un libro tras otro ¡oh felicidad! con la racha tan mala (y tan excasa) que llevo de libros últimamente me dan mucha envidia esos tiempos.

Y las fotos de estos muffins me han recordado esos días al ver la noveda de Almudena que es una de mis escritoras favoritas aunque no sea este el libro que más me gusta de ella pero que os recomiendo si no lo habéis leído aún y el resto de los que tiene publicados de sus Episodios de una guerra interminable.

Y antes de liarme más os dejo el muffin que tengo reservado para vosotros, hoy acompañado de un té, para echar un ratito de charla antes de irnos pitando a desconectar y os cuento la receta ¡que espero os animéis a preparar!

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Ingredientes:

* 200 ml de leche de coco
* 50 gramos de leche semidesnatada
* 125 gramos de yogur natural
* 2 huevos
* 115 gramos de azúcar
* 60 gramos de coco rallado
* 265 gramos de harina
* 1 cucharadita de bicarbonato sódico (o levadura química)
* 1 pellizco de sal
* 100 gramos de chocolate negro
* 60 gramos de arándanos deshidratados


Elaboración:

1. En un bol ponemos las dos leches, el yogur y los huevos y batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

2. Añadimos el coco rallado y el azúcar y mezclamos hasta integrar.

3.  Incorporamos el bicarbonato sódico, la sal y la harina y batimos lo justo hasta integrar y que la masa sea homogénea.

4. Partimos el chocolate en trozos (también podemos poner pepitas de chocolate, aunque últimamente le estoy cogiendo el gusto a poner trozos grandes de chocolate ¡que son un gustazo cuando los encuentras!) y los añadimos a la mezcla junto con los arándanos. Con ayuda de una espátula los repartimos bien por la mezcla.

5. Ponemos nuestras cápsulas de papel en la bandeja para muffins y con ayuda de una cuchara para helados llenamos las cápsulas. Yo las lleno hasta casi el borde para que hagan un copete bonito y alto.

6. Introducimos en el horno precalentado a 200º C y horneamos unos 10-12 minutos. Después bajamos a 180º C y continuamos horneando hasta que estén listos. En total serán unos 22-25 minutos. Siempre comprobamos el estado pinchando con una brocheta de madera en el centro de uno de los muffins.

7. Dejamos templar con el horno apagado y la puerta entreabierta unos 10 minutos y a continuación retiramos los muffins de la bandeja y los dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/muffins-de-leche-de-coco-con-arandanos-y-chocolate-negro

¿Te han sobrado? Puede ser... así que los guardas en una lata o un tupper que cierren bien ¡ojo con los ratoncillos que las dejan medio abiertas! o bien los congelas y lo sacas un rato antes de atacarlo (quizá en el congelador tengan menos peligro ¡avisado estás!)

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No puedo marcharme de vacaciones sin invitaros a conocer el blog de mi amiga Alma que hace unas semanas se decidió a meterse en el mundo blogger y desde ese rinconcito nos abre la puerta a su locura. Os aseguro que es una chica divertidísima y aunque no sea imparcial porque la conozco desde hace mucho tiempo y nosotras desbarramos cada día si os dais una vuelta os daréis cuenta de que no os engaño.

Lara lleva unos días libre de mocos (aunque la tos es persistente aunque bastante esporádica) A ver lo que nos dura porque con el frío que nos sigue acompañando lo normal es que los niños pesquen de todo y miedo me da cuando el lunes próximo regresen todos a la guardería (esta semana asisten un tercio o menos de los niños) después de casi diez días en casa y en la calle pillando de todo.

Cada vez está más suelta hablando, forma frases a su manera y mantenemos conversaciones un tanto subrealistas porque a veces no le entiendo las cosas y le respondo a lo que a mí me viene en gana (generalmente para su enfado)

A veces incluso se interesa por algo que estamos comiendo y quiere probarlo aunque son las menos veces pero supone un paso adelante en su rutina de alimentación. Lo que mejor lleva es comer bombones ¡qué arte le da! y el abuelo la consiente y le da uno casi todos los días (tampoco podemos abusar por el tema del estreñimiento que aunque más o menos controlado ya de vez en cuando nos da un susto)

En fin, que espero que disfrutéis mucho de estos días, hagáis lo que hagáis y haga el tiempo que haga, que siempre hay algún plan interesante y si no pues descansamos que también es necesario.

Nos leemos la semana que viene (el jueves como siempre, que hoy la entrada es adelantada porque en Andalucía mañana es festivo) ¡sed felices!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 22 de marzo de 2018

Leche frita

Y en un abrir y cerrar de ojos ayer estábamos tomando las uvas y resulta que ya estamos en primavera y el domingo comienza la Semana Santa.

Sabéis que llevo un par de semanas publicando recetas que por uno u otro motivo para mí tienen relación con este tiempo y a través de vuestros comentarios veo que a pesar de la diferencia de edad que pueda haber entre muchas de nosotras por lo general guardamos recuerdos similares.

Para mí estos días no son "oscuros" porque yo no he conocido (o al menos no recuerdo) que se cerrasen los bares en esta época. De cines y teatros no puedo opinar porque no los había en mi pueblo cuando yo era pequeña (y ahora casi que tampoco) Sí que conocí la televisión con dos únicos canales y recuerdo las películas sobre la vida de Jesucristo cada Semana Santa, cosa que tampoco era novedad alguna ya que estudié en un colegio de monjas y unos días antes de las vacaciones pasábamos bastante tiempo viendo películas de este tipo.

Lo cierto es que yo esta época la recuerdo llena de tradiciones antiguas, quizá con cierto tufo a rancio, manteniendo algunas a día de hoy pero quizá sin el significado ni la esencia que en su día tuvieron y sin saber muy bien por qué las tenemos.

Viviendo en una zona rural de Andalucía la Semana Santa estaba (y sigue estando) marcada por procesiones. Era quizá una de las pocas niñas del colegio cuyos padres no pertenecían a una hermandad y no participaba en ninguna procesión. Sí que salíamos a ver alguna, pero no era algo que formara parte de manera importante de aquellos días en mi casa.

Años más tarde, cuando la adolescencia comenzaba a llamar a la puerta, llegaba el turno de salir con tus compañeras de colegio y ver la procesión era una excusa para llegar tarde a casa (en mi caso no solía funcionar porque mi padre alegaba que era igual cuando salía que cuando se encerraba y que yo no tenía las llaves de la iglesia para tener que esperar a que acabase y cerrar la puerta)

En realidad lo que buscabas era apostarte en todas las esquinas por las que pasaba la procesión porque cada paso tenía su agrupación musical y casi todos los niños y adolescentes pertenecían a una de ellas y allí estabas tú luciendo tus mejores galas deseando ver pasar al niño que te gustaba. Y si te sonreía o te saludaba (saltándose la seriedad que debía mostrar en la procesión) eso ya era lo más. 

El Viernes Santo era además el mejor día en mi pueblo porque había procesión por la mañana, por la tarde y por la noche. Con un poco de suerte (si pillabas a tu padre de buenas y además no llovía) salías a ver la de la tarde y enganchabas con la del silencio que salía a media noche. Era además las primeras veces que cenabas fuera de casa con tus amigas.

En mi pueblo no había muchos sitios donde ir entonces y ahora tampoco y vivíamos situaciones que entonces con catorce o dieciséis años ya me parecían kafkianas, como una amiga diciendo que se pedía un sandwich (de jamón de york y queso) porque ella cumplía la vigilia y el jamón de york no era carne... 

Como veis yo recuerdo la Semana Santa más como una excusa para salir que como un periodo oscuro lleno de restricciones e imposiciones que no sabes muy bien a santo de qué hay que cumplir.

Si en casa se notaba en algo que era Semana Santa era sin lugar a dudas por lo que comíamos Jueves y Viernes Santo que desde que tengo memoria no ha variado. El jueves potaje de garbanzos y alubias con bacalao y el viernes albóndigas de pescado, bacalao frito, tortilla de espárragos, tortilla de collejas (si el tiempo ha sido benevolente y se encuentran) y ensaladilla rusa. Y de postre arroz con leche, natillas y/o flan. Las torrijas podían o no llegar a este día porque igual nos las habíamos zampado antes. 

Leche frita Receta tradicional Semana Santa Cuaresma Repostería de sartén Desayuno Merienda Postre Canela Limón Vainilla Cuca

La leche frita nunca ha formado parte de mis Semanas Santas. De hecho no es un postre tradicional en mi entorno (que ya sabéis que todos lo largamos todo y de pequeños bien que sabemos contar a nuestros amigos y compañeros lo que comemos y no y de mayores nos encanta hablar de lo que hacemos en casa en tal o cual ocasión) y mira que me extraña porque vivo en "tierra de frontera" y al estar entre tres provincias andaluzas mi pueblo siempre ha sido una zona de mucho tránsito y de tener costumbres que han venido de distintos lugares.

Es más, el término "leche frita" siempre ha tenido una connotación peyorativa para mí porque en mi pueblo era el equivalente a decir que algo había quedado en nada o que era insignificante. Era (ahora no tanto) muy típico escuchar a las personas mayores (yo recuerdo sobre todo a mi abuela) decir cosas como "tanto preparar la comida y al final leche frita porque no vino nadie a comer" o si la pillabas de malas o estaba harta del maritrio que dábamos los nietos le preguntabas qué ibamos a comer y te decía "¡leche frita!" Incluso recuerdo que era lo que respondías cuando alguien te preguntaba que habías comido o qué ibas a comer y no querías decirlo...

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Desde que tengo el blog y me paseo por vuestras cocinas la leche frita adquirió otro significado para mí (aunque ya sabía que era un postre, que mi ignorancia no llegó tan lejos) y hacía tiempo que quería prepararla. 

Pero si hay una cosa que a mí me hecha para atrás es la repostería frita. ¡No sabéis lo que le temo a una sartén! por eso en mi casa casi nunca se comen fritos tampoco con lo bien que se le daba a mi abuela Magdalena este tipo de saraos y lo mucho que los disfrutaba ¡amén de la mano que tenía! 

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Como no se puede estar toda la vida en la zona de confort este último fin de semana me lié la manta a la cabeza ¡y a hacer leche frita! En realidad no ha sido nada espontáneo sino que llevaba al menos un par de semanas mirando recetas en los cuatro huecos que puedo sacar, estudiándolas y comparándolas. 

El año pasado mi amiga Olga intentó hacer leche frita de chocolate y el resultado no fue lo esperado, así que yo tenía miedo de lanzarme con una receta que acabara en fracaso más cuando tengo tan poco tiempo para repostear que si la receta que hago el fin de semana no sale nos pasamos el resto de la semana sin postre. 

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Por otro lado he visto que hay recetas de la leche frita para todos los gustos. Partiendo de la base de que al ser una receta tradicional cada cual la hace en su casa de una manera me llamaba mucho la atención que algunas recetas incorporasen yema de huevo o mantequilla. 

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Sin ser una experta en el tema porque jamás había probado la leche frita podía entender que en algunas zonas se les pusiera huevo porque esta época es muy propicia para la puesta de huevos y habría que dar salida a los excedentes. Pero lo de la mantequilla... lo de la mantequilla no lo entendía. De verdad que me costaba mucho imaginar a las abuelas y bisabuelas haciendo leche frita hace setenta años e incorporando mantequilla a la receta.

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Que no digo que no esté buena, pero me suena más a un añadido moderno que a otra cosa. Y como las recetas que incorporan yemas me recordaban más a una crema pastelera cuajada y frita y yo quería buscar la esencia más pura posible de este postre tradicional después de mucho indagar, comparar y descartar me quedé con la  receta de mi amiga Azucena y con los consejos de mi amiga Olga a la que la leche frita tradicional sí que le salió estupenda.

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¡Et voilà! aquí está mi leche frita y yo más feliz que unas pascuas con el resultado tanto que ni me acuerdo de cómo se puso la cocina de harina, huevo, y aceite al freir (sobre todo aceite), que eso es algo que nadie cuenta cuando trae la receta tan bonita y primorosa pero creo que deberíamos advertir que después hay que echar un buen rato de limpieza y fregado (aún teniendo lavavajillas en casa ¿eh?)

Además aproveché la "cosecha" de limones de mi limonero (la historia la puedes ver en mi perfil de Instagram) y creo que no podía haber elegido mejor receta porque le dio un sabor y un aroma increíble a la leche. Tanto que en un primer momento creí que iba a saber solo a limón, pero una vez frita y rebozada la leche todos los sabores se equilibran y el limón aparece al final para dejarte un sabor nada empalagoso en boca, lo que es todo un peligro porque te tercias un trozo y te quedas como si nada y repites con otro.

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Mientras la preparaba (sábado tarde justo cuando Lara se durmió porque con ella enredando esto era más que imposible) pensaba que era una atrevida, porque sin saber siquiera si nos iba a gustar yo me lancé a hacer ¡un litro de leche! Ya que pringo la cocina hago cantidad ¡y menos mal! porque a mi marido le ha gustado tanto que si hago menos el domingo ya no hubiera quedado nada. Al final como siempre en plan sargento y racionando la comida. Pero si no nos gusta a ver qué hago con los quince trozos que me salieron aunque poco riesgo corro porque este es de buen diente y todo postre que preparo le viene bien

A los que conocéis este postre poco os puedo decir y a los que no símplemente os animo a probarlo ¡merece muchísimo la pena! Recuerda un poco a las torrijas en apariencia, parte de la elaboración y hasta en el sabor (yo creo que esto es por el rebozado en azúcar y canela) aunque la textura es completamente diferente.

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Me sorprende que la crema se haya podido freir sin que se desparrame y quedar tan entera y a la vez suave... ¡ay! ¡esas abuelas sí sabían lo que se hacían! Porque hoy a golpe de click tenemos mucha información pero a mí me encantaría ver a la primera que se le ocurrió hacer este postre ¡menuda imaginación! ¡y menuda mano para la respostería! 

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Y al igual que las torrijas a medida que pasan las horas el azúcar del rebozado acaba derritiéndose y sueltan un ligero almíbar ¡tenedlo en cuenta por si vais a hacerle fotos! Que yo no me llevé la sorpresa porque fue terminar de freir, abandonar la cocina que estaba cual si hubiera pasado un tsumani (imaginad la sartén, la fuente con el papel de cocina para cuando sacaba las porciones fritas, el bol con el azúcar y la canela, el bol con la harina, el del huevo, las bandejas con los trozos terminados, la tabla donde había cortado la crema, la fuente donde se cuajó la crema... y como siga os quito las ganas de hacer esta receta) y montar para la foto no sólo porque temía que acabaran igual que las torrijas sino porque Lara seguía durmiendo y había que aprovechar que con ella alrededor es muy complicado hacerlas.

Sólo os puedo decir que a pesar de todo lo que se monta este postre lo repito. Igual no vuelve a caer hasta la Semana Santa próxima pero bien merece la pena.

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Para no perder las buenas costumbres os he guardado un trozo a cada uno para que lo disfrutéis mientras nos tomamos un café y os cuento cómo preparar esta maravilla en casa. Y de paso y dado que estamos a las puertas de Semana Santa y algún afortunado disfrutará de una semana de vacaciones (no es mi caso) me vais a  permitir que os recuerde que podéis preparar unos maravillosos roscos fritos (receta cortesía también de mamá Carmen) o estos pestiños muy parecidos a los que había mi abuela, además de las torrijas y el flan que no pueden faltar estos días en mi casa. ¡Menudo abanico de recetas típicas de estas fechas! ¡Espero que las disfrutéis mucho!

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Ingredientes: 

* 1 litro de leche (mejor si es entera)
* 80 gramos de harina de maíz
* 80 gramos de harina de repostería
* 200 gramos de azúcar blanca
* 1 sobre de azúcar de vainilla (opcional)
* 1 rama de canela
* 1 limón
* 1 cucharadita de aceite de girasol
* Aceite de oliva virgen extra para freir
* Dos huevos
* Harina para rebozar
* Azúcar y canela en polvo para rebozar

Elaboración:

1. Calentamos la leche y añadimos la rama de canela y la piel del limón cortada a tiras. Tapamos y dejamos infusionar.

Al calentar la leche al fuego debemos estar pendiente de ella y removerla con frecuencia para que no se pegue al fondo y se queme (me ha pasado un montón de veces) así que ahora la pongo en una jarra o un bol apto para el microondas y la caliento ahí.

Después añado el limón y la canela, tapo y dejo infusionar hasta que la leche se enfría. Aunque no es necesario tanto tiempo y con media hora será suficiente si tenéis más prisa.

2. Retiramos la cáscara de limón y la canela y colamos la leche pasándola a una olla limpia aunque reservaremos la cantidad equivalente a un vaso que dejaremos aparte.

3. En un bol ponemos las harinas y el azúcar y los mezclamos. Le añadimos la leche reservada (es fundamental que esté fría para que la harina de maiz se disuelva sin hacer grumos) y mezclamos hasta que estén todos los ingredientes integrados y no haya grumos.

Si se hicieran debemos pasar la batidora para deshacerlos.

4. Con una cucharada de aceite de girasol pintamos el interior (base y laterales) de la fuente en la que vayamos a verter la crema para dejarla enfriar y cuajar. Lo ideal es que sea cuadrada o rectangular.

5. Ponemos a fuego bajo la leche que teníamos en la cazuela y vamos removiendo para evitar que se pegue al fondo y se queme. 

6. Cuando esté caliente pero sin llegar a hervir añadimos la leche en la que hemos disuelto la harina y el azúcar y no dejamos de remover hasta que la leche espese y su consistencia empiece a ser densa .

7. Retiramos del fuego, vertemos en la fuente que teníamos preparada, alisamos la superficie y la tapamos con un film transparente tocando la superficie de la crema para que no se haga costra.

8. Dejamos enfriar por completo y pasamos al frigorífico donde dejamos reposar hasta el día siguiente o hasta que haya cuajado lo suficiente como para desmoldarla y poder cortarla en porciones.

9. Cuando vayamos a freirla ponemos aceite en una sartén no muy amplia (con freir un par de trozos a la vez es suficiente). En casa usamos el de oliva pero si lo prefieres utiliza el de girasol.

10. También preparamos un bol con harina y otro con un par de huevos que batimos como para hacer tortilla.

11. Para acabar los preparativos mezclamos en un plato azúcar y canela (no demasiada) para rebozar la leche una vez esté frita.

12. Sacamos la fuente del frigorífico, desmoldamos la leche (que debe estar perfectamente cuajada) y la cortamos en porciones (no muy grandes pero tampoco diminutas o estaremos frente a la sartén medio día)

13. Pasamos cada porción por harina y a continuación por huevo y las vamos poniendo en la sartén con el aceite caliente pero no demasiado. Las freímos por ambos lados y cuando estén doradas las ponemos en una fuente con papel absorbente para quitar el posible exceso de aceite e inmediatamente rebozamos en la mezcla de azúcar y canela.

14. Repetimos desde el paso doce hasta tener fritas todas las porciones. 

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/leche-frita


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Algunos consejos basados en mi experiencia para que la leche frita salga bien:

1. Ante todo ¡no tener prisa! Esta receta requiere sus tiempos (para infusionar la leche, para cuajar y reposar en frío y para el "momento sartén")

2. Prepararlo todo antes de espesar la crema (perdonadme que insista tanto pero la leche es traicionera y se quema antes de que queramos darnos cuenta ¡yo hace mucho que no le quito el ojo cuando hago postres con ella al fuego!)

3. Lo mejor es hacer la crema a fuego lento. Las prisas nunca han sido buenas consejeras y para un buen postre la prisa debe quedarse fuera de la cocina. Además de ser más fácil cuajarla porque va a romper a espesar despacio y hay menos riesgo de que se pegue y se queme, al cocinarla a fuego lento damos tiempo a que la harina se cocine y no tenga sabor a crudo.

4. Cuando vayamos a freir antes de desmoldar preparamos todo lo que vamos a necesitar (harina, huevo batido, azúcar con canela, la sartén con el aceite...) así la crema estará fuera del frigorífico el menor tiempo posible y será mejor manejarla.

5. La crema, al menos en mi caso, está cuajada, se puede manejar bien, no se va "derritiendo" ni ablandando a medida que pasa el tiempo fuera del frigorífico, pero hay que tener en cuenta que es delicada y si la apretamos en exceso puede desprenderse una parte. Ahora entiendo perfectamente por qué decía Olga que los trozos deben ser cuadrados porque los picos se pierden con facilidad durante el rebozado.

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6. El rebozado tiene que ser perfecto. Debe quedar muy bien pasada por harina y por el huevo. Si alguno de los laterales no ha pasado  bien por el huevo corres el riesgo de que el rebozado en la sartén quiera "escaparse" de la crema cuando le les la vuelta.

7. El aceite no puede estar ni muy caliente ni muy frio, pero cuando has frito los dos o tres primeros trozos le has cogido el truco perfectamente.

8. Si tienes alguien que te ayude ¡mejor! porque así el trabajo es más rápido, pero aún estando sola no tardas más de cuarenta minutos en prepararlo todo y tenerlo frito ¡y yo no soy muy rápida ni muy mañosa con la repostería de sartén!

9. Aún siendo una gran amante de la canela te aconsejo que no le pongas mucha para que no enmascare el limón.

10. Lo del sobre de azúcar de vainilla fue de mi cosecha para que siempre que haga alguna receta dar salida (si es posible) a algo que tenga almacenado. En realidad yo la vainilla no la noté en el sabor de la leche frita así que si no se lo pones tampoco pasa nada.

11. La cantidad de azúcar no me resultó excesiva. Por una vez no disminuí azúcar como es mi costumbre y  os aseguro que el postre está bastante bueno y no empalaga ¡que yo no puedo con las elaboraciones excesivamente dulces!

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¡Menuda entrada me ha quedado! Cada día escribo más ¿eh? Estupendas para pasar el rato mientras esperas pasar la ITV como mi amiga Isabel la pasada semana o esperas tu turno en el médico o en el banco. 

Las Crónicas de Lara esta vez serán cortitas para compensar. Está resfriada, sólo tos y mocos, y ha estado varios días con la abuela en lugar de ir a la guardería, cosa que no nos favorece en su réplica mañanera que tiene el lema "cole no, lela sí" pero mejor con la abuela y que se recupere a estar en la guardería expuesta a más virus y que acabemos con otitis o con fiebre y tomando antibiótico que esta vez parece que nos hemos librado (aunque hemos tenido aerosoles)

Mañana tiene revisión para que la pediatra le dé (o no) el OK cuando le vuelva a escuchar el pecho.

Si os tomáis vacaciones para disfrutar la Semana Santa sed muy felices, descansad (o no) y cargad las pilas para la vuelta, y si no os las tomáis la semana próxima volvemos a vernos por nuestras cocinas.

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 15 de marzo de 2018

Torrijas tradicionales de mamá Carmen

Aunque tengo la suerte de haber nacido cuando España era ya un país democrático mis padres y sobre todo mis abuelos venían de vivir en carnes propias una guerra y una posguerra en dictadura y en casa hemos recibido una educación que nos ha enseñado a valorar lo que tenemos, a ser conscientes del esfuerzo para conseguirlo y a comprender que aunque nos pueda parecer poco hay gente que tiene menos.

Esta manera de ver la vida tiene sus luces y sus sombras. De ella deriva mi gusto por la cocina de aprovechamiento y reciclaje que tanto comparto con vosotros y que además espero legar a Lara.

Pero a su vez es la culpable de mi gusto por atesorar cosas y que ha llevado a tener un montón de ingredientes en los armarios a los que con mucha paciencia voy dando salida desde hace ya un tiempo.

Si hay un episodio de mi infacia que tengo marcado (por repetirse casi año tras año) es a mi madre hablando con alguna amiga, vecina o mi abuela y contarles que se nos había quedado la ropa pequeña sin estrenar o con una o dos puestas.

Mi hermano y yo estudiamos en un colegio en el que los alumnos debían vestir uniforme y en los primeros años había clase también por la tarde. Esto suponía que nosotros por norma general no necesitábamos "ropa de calle" (que era cómo en el argot del colegio nos referíamos a las prendas ajenas al uniforme) entre semana porque íbamos con el uniforme escolar.

Mi madre tenía la costumbre de comprarnos cada temporada una muda de ropa muy bonita para "ocasiones especiales" que estaba primorosamente colocada en el armario y tú estabas rabiando por ponerte ese conjunto tan bonito, los zapatos y el abriguito tan ideal pero tu madre te repetía una y otra vez que era para arreglar. Cuando llegaba una de esas ocasiones o se daba cuenta de que no iba a llegar y que la temporada estaba peligrosamente a punto de terminar y la ropa seguía nueva o con una puesta en el armario te sacaba la ropa y ¡oh fatalidad! habías tenido la desfachatez de crecer y nada te venía.

Yo me pillaba unos rebotes increíbles, especialmente cuando era más grande y era consciente de que no había podido disfrutar esa ropa que tanto me gustaba y lo que era peor que la iba a heredar mi prima nuevecita y sin estrenar y la iba a disfrutar ella.

Mi madre se los pillaba mayores porque decía que era gastar dinero para que otros lo aprovecharan (porque entonces había menos tiendas de ropa infantil low cost o al menos no había en zonas rurales y capitales de provincia pequeñas) pero año tras año y temporada tras temporada la historia se repetía hasta bien entrada la adolescencia.

Tiempo después y de manera inconsciente volví a las andadas. Mis amigas y yo teníamos la que llamábamos "ropa de diario" (para ir a clase, a la biblioteca, el parque...) y la "ropa de salir" que sólo usábamos cuando tocaba jarana. Igual en mi época universitaria tenía más razón de ser (los fines de semana empezaban los jueves, con eso lo digo todo) pero llegó un momento en que salía menos y me di cuenta de que la "ropa de salir" era un absurdo, que yo salgo cada día a la calle y que lo bonito es mejor usarlo hoy que igual el mañana no va a llegar nunca.

Y aquí me tenéis abriendo armarios (no sólo de la cocina) y sacando todo lo almacenado para aprovecharlo al máximo.

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Si hay una receta de aprovechamiento típica de Semana Santa son sin duda las torrijas que durante años han dado salida a los restos de pan duro de las casas de la manera más dulce y deliciosa posible. Actualmente hay muchos panes "especiales" para torrijas en los supermercados y confieso que he sido la primera en caer en la tentación pero para mí como las torrijas hechas con pan sobrado no hay ningunas.

Y si son las torrijas de mi madre ¡esas no hay quien las supere! aunque entiendo que más de uno de vosotros estará diciendo que las que hace (o hacía) la vuestra son mejores aún. ¿Qué tendrán las madres que hacen tan ricas las cosas?

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Hace muchísimo tiempo que mi madre no asomaba por mi cocina virtual. Si sois habituales de mi blog igual os acordáis de su receta de la carne de membrillo o sus deliciosos roscos fritos (que arrasan en visitas) o de los pestiños que nos marcamos mano a mano con la receta que pude rescatar y que se parecen bastante a los que hacía mi abuela.

El otro día soltó como el que no quiere la cosa que tenía mucho pan duro, que podíamos hacer torrijas y así "ponerlas" en mi blog para Semana Santa. Y yo encantada porque las torrijas de mamá Carmen son las mejores del mundo mundial.

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El tema de las fotos fue cosa aparte porque hasta al día siguiente no pude hacerlas y os aseguro que ya no estaban ni la mitad de vistosas que están recién hechas pero la niña requiere su atención y la lluvia que nos acompaña hace casi dos semanas no hace precisamente fácil el momento "posado"

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Las torrijas de mi madre son tremendamente jugosas. Tan jugosas que pasadas unas horas el azúcar que las reboza se ha derretido y comienzan a soltar almíbar. Para mí esto no supone un problema. Me las como igual recién hechas (os aseguro que las dos primeras torrijas en salir de la sartén no llegan vivas a sacar las últimas rebanadas) que al día siguiente (tampoco es que duren mucho más porque le salen realmente deliciosas) aunque no estén igual de bonitas.

Es su don. He hecho con ella torrijas miles de veces pero a ella le quedan mucho mejor. Supongo que a mí aún me quedan muchos años de práctica con la repostería frita (que sabéis que me da mucho respeto) para llegar a su nivel aunque confieso que a ella le quedan tan bien que casi nunca las hago yo en casa y en caso de antojo se las pido porque sé que siempre tiene pan duro y a duras penas dejes caer la indirecta en pocos días tienes las torrijas en el tupper.

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A estas alturas la receta de las torrijas no tiene ningún misterio pero es más que justo que tengan su hueco en mi cocina y aunque nosotros solemos comerlas sea la época del año que sea está más que claro que es un postre típico de Semana Santa y es el momento propicio para compartirlas.

Espero que os animéis a quedaros un ratito más en mi cocina, lo justo para compartir una torrija y un café y que os cuente la receta y algunos truquitos para que salgan perfectas y deliciosas como las de mamá Carmen.

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Ingredientes:

* Pan duro (aproximadamente una barra)
* 2 huevos
* Medio litro de leche (a poder ser entera)
* Azúcar blanca
* Canela en polvo
* Aceite de oliva virgen extra

Elaboración:

1. Partimos el pan en rebanadas de un par de centímetros de grosor aproximadamente. Es importante que el pan sea al menos del día anterior (o un poco más a ser posible) para que la miga sea compacta y las rebanadas tengan cuerpo.

2. En una sartén no muy grande (no es necesario que nos quepan más de dos o tres torrijas a la vez) ponemos abundante aceite de oliva virgen extra  y la ponemos a calentar.

3. En un bol amplio ponemos la leche y en otro batimos los huevos como si fuésemos a preparar tortilla.

4. Ponemos un par de rebanadas de pan en el bol de la leche, las empapamos bien por ambas caras (deben estar bien mojadas en leche para que queden jugosas pero no hasta el punto de que el pan se vaya a deshacer al tocarlo) y las pasamos al bol del huevo.

Pasamos ambas caras de la rebanada de pan por el huevo batido, levantamos el pan con las manos  para escurrir el exceso de líquido y ponemos en la sartén con el aceite caliente.

5. Dejamos freir por una cara y damos la vuelta para hacer por la otra.Como os he dicho antes no os aconsejo freir más de dos torrijas a la vez para poder ir pasando por leche y huevo mientras las próximas rebanadas a freir.

6. Cuando estén hechas las sacamos de la sartén y las ponemos en un plato con azúcar blanco y canela en polvo. Las rebozamos bien, sacamos y colocamos en una fuente.

7. Repetimos desde el paso cuatro hasta terminar con todo el pan.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/torrijas-tradicionales-de-mama-carmen

Para obtener unas torrijas perfectas os dejo los trucos de mi madre.

1. Si vamos a hacer muchas torrijas tendremos que cambiar el aceite que estemos usando para freir. Las torrijas sueltan hilos de huevo que van oscureciendo y ensuciando el aceite y hace que las últimas torrijas salgan más oscuras y con los restos pegados. No altera el sabor pero estéticamente son menos bonitas.

2. Las torrijas fritas y rebozadas no se colocan unas encima de otras. Es normal que a medida que pasan las horas las torrijas comiencen a soltar almíbar y el centro "se encoja" al perder parte del líquido. Si ponemos unas sobre otras las de arriba quedarán muy secas y las de abajo completamente empapadas.

3. Para rebozar utilizamos una proporción de dos partes de azúcar y una de canela sobre todo si es una canela recién molida que huele y sabe mucho más que si es canela de bote de supermercado.

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4. El pan debe estar asentado pero no duro. Si está duro se va a romper al cortarlo, así que lo mejor es irlo conservando en una bolsa de plástico que evita que se ponga duro y el día previo a hacer las torrijas pasarlo a una bolsa de tela para que no esté con textura de goma.

5. Las cantidades de leche y huevo son meramente indicativas. A medida que vayas pasando el pan por los boles puedes ir añadiendo más leche o bien otro huevo batido si te hace falta.

6. El aceite de oliva es ideal para hacer las torrijas. En contra de lo que mucha gente dice no deja sabor ni "empapucha" las torrijas aunque entendemos que su precio es bastante superior al de otros aceites de semillas y mucha gente prefiera usar el de girasol por motivos meramente económicos.

7. Puedes utilizar la leche que tengas en casa pero la leche entera aporta más cremosidad a los postres y con las torrijas no iba a ser una excepción.

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Si a estas alturas no tienes unas ganas locas de salir corriendo a preparar torrijas ¡es que algo no he hecho bien!

Con esta receta participo en el Concurso del 6º Cumpleblog de Cocinando con las Chachas con mi versión de su receta de las torrijas sencillas de azúcar.



No me podía ir sin las crónicas de Lara que cada día está más suelta con las palabras pero he caído en la cuenta de que miente más que habla ¡qué imaginación tiene la niña!

La semana pasada me sorprendió mucho que fuera al baño mientras yo me desmaquillaba y me pidiera hacer pipí en el inodoro. Medio en serio medio en broma le quité el pañal, la senté y la niña hizo pipí ¡y yo alucinando! La pediatra en la revisión de los dos años me dijo de su cuenta (que a mí ni se me ocurrió plantear esta cuestión) que aún era pronto para quitarle el pañal y estuvimos planteando la posibilidad de intentarlo en verano así que hasta ahora no es algo que hayamos trabajado en casa pero a la vista de su iniciativa empezaré a hacerlo poco a poco a ver si para esto no es como para la comida.

¿A que no sabéis qué me dijo hace unas noches cuando estaba intentando que se sentara en la trona para cenar? Puré caca, quesito mmmm

Y no te ríes porque sólo falta que sepa que hace gracia, menuda ocurrencia, porque no sé de dónde ha sacado la idea pero tiene bien claro que prefiere los quesitos al puré. Y ahí estoy yo luchando cada día para que coma (convenciéndola sin forzarla) sin tirar la toalla pero con el firme convencimiento de que mi hija va a ser terrible para la comida.

Lo que me tiene casi preocupada es que llevamos tres semanas sin ir al pediatra ¿En serio? ¿tres semanas libres de mocos, tos, fiebre, otitis...? con deciros que estoy con el alma en vilo pensando que de un momento a otro va a pillar algo grandísimo. Y es que ser madre es un sinvivir: cuando está mala porque lo está y cuando está buena porque te pasas el día pensando que se va a poner enferma ¡qué locura! Pero no creo que dure mucho la calma porque desde ayer tiene tos y oteo un resfriado (esperemos que sólo sea eso) en el horizonte.

Y por si os lo estáis preguntando sí, le he hecho al blog un lavado de cara. Muy poca cosa en realidad pero cuando me aburro me da por cambiar las cosas y no va a ser menos en mi cocina virtual.

Os dejo por esta semana, que cada vez escribo más. Sed muy felices y nos leemos dentro de nada.

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 8 de marzo de 2018

Flan de huevo y nata

Y en un visto y no visto después del atracón de las recetas navideñas y de la orgía de corazones y color rojo que inundó la blogosfera cual dulce tsumani hace ya algunos días que estoy viendo por la red que las cocinas se están animando con las recetas típicas de Cuaresma y Semana Santa. 

En algunos blogs hablan de recetas de Pascua pero a mí este término os aseguro que me crea bastante confusión.

Cuando yo era pequeña cuando se aproximaban las navidades escuchaba a las personas mayores decir "han venido a pasar las pascuas en el pueblo" "no van a ir a la aceituna hasta que pasen las pascuas" "van a tener a los nietos en casa todas las pascuas porque los hijos trabajan y a ver qué hacen con los niños..."

Claramente la pascua era la navidad y seguramente a muchos de vosotros os habrán deseado Felices Pascuas en más de una ocasión para felicitaros las navidades. 

De hecho yo creía que hablar de Pascua era una influencia más de nuestros (no tan) vecinos americanos que no celebran la Semana Santa tal y como nosotros la conocemos pero tienen sus vacaciones de pascua ( Easter holidays) y sus huevos de pascua y sus conejos de pascua... todo muy bonito, muy colorido y muy laico.

Y como nos encanta apuntarnos a todas las modas y hace años que huevos y conejos de chocolate llenan los supermercados por esta fecha tenía la idea de que el término pascua lo habíamos importado también y era una forma más sofisticada de referirse a la Semana Santa de toda la vida.

¡Error! Hace poco en un arrebato de aburrimiento en el trabajo me dio por investigar y San Google me chivó que la Pascua es el último día de la Semana Santa católica (o eso entendí yo). También me dio la razón en que a las Navidades se les llama Pascuas en muchos lugares (el por qué se me ha olvidado) y por supuesto reafirmó mi idea de que hablar de Pascua y pensar en las americanadas de los huevos y los conejos está más que extendido.

Y después de este rollito que por lo general yo no suelo meterme en historias ni en beneficios de los ingredientes sino que soy más de enrollarme cual persiana o poner a caldo lo que se me cruce por delante ese día os presento la receta de hoy que es un delicioso flan de huevo y nata y con él doy por inaugurada la temporada de recetas de Semana Santa y me uno a la moda que reina por la blogosfera.

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Le he dado muchas vueltas porque en realidad para hoy había pensado otra receta pero al final me he decidido a empezar con recetas que puedes hacer en Semana Santa o el veintitrés de mayo (eso en realidada se puede hacer con cualquier receta) pero que yo relaciono con esta época del año por diversas razones (que por supuesto voy a contar en cada entrada)

Comienzo con el flan que es uno de esos postres típicos y que todos hemos comido al menos una vez en la vida (si no son muchísimas)

Estoy segura de que muchos lo recordáis como el postre de los domingos o los días de fiesta. Yo recuerdo perfectamente ir a bodas siendo pequeña y que la tarta nupcial te la sirvieran acompañada de un flan (con nata montada si tenías mucha suerte, aunque en ocasiones se pasaban y casi estaba enterrado en nata) una mitad de melocotón en almíbar y una rodaja de piña en almíbar también.

El flan es el clásico de los postres cuando comes fuera. No hay bar, cafetería o restaurante, de pueblo o ciudad, de mar o montaña en el que cuando llega el momento de elegir el postre el camarero no lo incluya en la lista de postres que más que contar te canta en muchas ocasiones.

Cuando éramos pequeños mi madre a veces nos compraba flanes en el supermercado. Entonces no había Mercadona, ni Lidl o DIA y las compras se hacían en el súper del barrio donde no había tantísima variedad como ahora. Mi hermano era muy malo para comer y si mi madre encontraba algo que el niño comía se lo daba hasta que acababa harto y había que buscar otra cosa que le gustase hasta saturarlo.

A veces conseguía que se comiera un flan, que recuerdo perfectamente eran de huevo, porque mi madre decía que llevaban más alimento que los de vainilla. Yo quería que comprara de vainilla porque mis compañeras de colegio decían que eran los que comían, nadie comía flanes de huevo y yo quería ser como el resto.

¿Y qué tienen que ver unos flanes industriales con la Semana Santa? Nada en realidad, pero esa es parte de mi historia con este postre. Pero os aseguro que llegamos ya.

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En mi familia, si ha habido un postre típico que no ha faltado a la mesa nunca jamás ninguna Semana Santa ha sido el flan, las natillas y el arroz con leche. Ya sea en casa de mi madre o en su época en casa de mis abuelas (y os aseguro que mi abuela Trini era tremendamente negada para la repostería y creo que sólo hacía estos postres) año tras año el Viernes Santo coronaba la comida un plato de arroz con leche, uno de flan y uno de natillas.

Cuando yo era pequeña recuerdo que preparaban los postres y los ponían en los platos de Duralex que había en casa. Entonces no había tantos boles, ni moldes ni fuentes como ahora. Eran unos platos de cristal de color marrón de Duralex, con el borde ondulado, a mí siempre me han recordado a una flor. He buscado por internet y he encontrado una foto de ellos que puedes ver pinchando en este enlace. Hace un tiempo le pregunté a mi madre y dice que están en una caja en el altillo de la cochera. A ver si sacamos tiempo un día y rescatamos algunos platos para las fotos del blog.

Como os comentaba en aquella época se preparaba el flan, las natillas y el arroz con leche y se vertían en un plato hondo que se tapaba con papel de aluminio o con otro plato puesto por encima e iban al frigorífico hasta la hora de comer que se ponían encima de la mesa y todo el mundo metía cuchara.

Por supuesto después de la comida (que era tremendamente abundante y que os contaré otro día porque el menú apenas ha variado desde que yo era pequeña) casi no había hueco para el postre y estabas un montón de días después comiendo flan, natillas y arroz con leche de Semana Santa.

Lo que me llamaba mucho la atención era que los mayores decían que el Viernes Santo había que probar de todos los platos que se servían a la mesa y que se servían raciones pequeñas de todo lo que se preparaba (aunque de cada plato se preparaba una cantidad ingente de la que echábamos mano en los días sucesivos para comidas y cenas. Era como las comidas y cenas de Navidad pero sin los adornos ni los anuncios de la televisión)

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Por tanto hablar de Semana Santa y pensar en flan es todo uno para mí. El flan que se preparaba entonces en mi casa era muy diferente al que os traigo hoy. Siempre hemos comido flanes preparados con los sobres de Flan Chino Mandarín pero sobre todo con los sobres de Flanín el Niño.

De hecho mi madre los sigue comprando y de vez en cuando hace un flan (al que le mete muchas capas de galletas a petición popular (especialmente porque a mi hermano le encanta así y ya sabéis que si algo tiene aceptación mi madre lo repite hasta el hastío) como los de aquella época aunque en lugar de ponerlo en un plato lo prepara en un tupper bien grande que es más cómodo.

Yo que soy más de meterme entre fogones (a lo que se une que el horno es un electrodoméstico que hoy en día está en todos los hogares pero en los años 80 y 90 no era tan común al menos en mi zona) me he decantado por un flan de elaboración tradicional.

En realidad la culpable de que esta receta esté hoy en el blog es mi madre. El año pasado vio a Eva Arguiñano prepararlo pocos días antes de Semana Santa y me dijo que buscase la receta por internet y lo preparara para el Viernes Santo.

Y como yo soy muy bien mandada y me gusta un postre más que a mi hija pintar en las paredes la localicé rápidamente y la preparé la Semana Santa pasada y ha esperado pacientemente hasta esta para ver la luz en mi cocina virtual.

Así me ha dado pie a compartir una receta de esta repostera que si bien nunca ha sido santo de mi devoción (confieso que me carga un poco cuando la veo cocinando con su hermano) sí que ha formado parte de mi educación y cultura cocinera y repostera porque llevo toda la vida viendo a Karlos Arguiñano cocinar y a su hermana en las ocasiones que lo ha acompañado y quieras o no esto es algo que se te graba a fuego y era justo que hubiera alguna de sus recetas en mi blog.

La receta es idéntica a la que ella hizo. El único cambio es que ella lo cortó en porciones y lo rebozó en galletas molidas pero a mí me parecía excesivo e innecesario.

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Como las fotos las hice antes de llevarlo a la comida no me pareció apropiado cortarlo porque aunque hay confianza es como llevar un postre "empezado" y gustó tanto que fue visto y no visto así que nos quedamos sin foto del corte pero os podéis hacer una idea de la textura tan cremosa que tiene por los ingredientes y por las fotos.

Es un flan de los que al desmoldarlo se ensancha, al más puro estilo Homer Simpson cuando se abre el botón de los pantalones. Es como si su cremosidad necesitara verse libre del molde que la oprime y no la deja expandirse a sus anchas. Estoy segura de que todos sabéis a lo que me refiero ¿verdad?

Si ya de por sí cualquier receta de flan es contundente esta al llevar nata sube la apuesta, pero os aseguro que bien merece la pena por la cremosidad que le aporta.

En cuanto al caramelo ya sabéis que me encanta pero odio los flanes o cualquier postre al que se añade tanto caramelo en el molde que se pierde la esencia y el sabor mismo del postre y al desmoldarlo cae litro y medio de caramelo.

Es por ello que prefiero un toque más ligero que deja un bonito color dorado.

La única complicación que tiene es hacerlo al baño maría en el horno. Sí, no me mireís raro. Ya sé que en teoría no tiene ningún misterio pero me consta que no soy la única que no está tranquila con este método ante la incertidumbre y la duda de si lo estaremos o no haciendo bien.

El desmoldado, al llevar caramelo, suele ser bastante fácil, así que estad tranquilos al respecto.

Espero que os animéis con esta receta. Os va a encantar seguro. Y si no llegáis para Semana Santa hacedla cualquier día que no hay fecha en el calendario para comernos un buen flan casero.

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Ingredientes:

* 4 huevos
* 200 ml de nata 35 % m.g.
* 300 ml de leche
* 65 gramos de azúcar
* Caramelo líquido para pincelar el molde

Elaboración:

1. En un bol ponemos los huevos y el azúcar y batimos hasta que la mezcla espume.

2.  Agregamos la nata y la leche y batimos hasta que nuestra mezcla sea homogénea.

3.  Pincelamos un molde con caramelo líquido. Yo le pongo poca cantidad, lo justo para que dé un poco de colorcito y que facilite el desmoldado porque no me gustan los postres "bañados" en caramelo porque acaba enmascarando el sabor del postre.

4. Vertemos la mezcla en el molde y lo tapamos con papel de aluminio.

5. Llenamos algo más de la mitad una fuente apta para el horno con agua caliente, lo suficiente para que al introducir el molde esté sumergido unos 2/3 de su altura.

Os aconsejo que el agua sea caliente para que tarde menos en hacerse el flan al baño maría.

6. Introducimos el molde en la fuente y la metemos en el horno precalentado a 130º C hasta que el flan esté cuajado.

El tiempo depende del tamaño del molde pero oscilará entre los 45 minutos y la hora casi con seguridad.

Para no pasarnos con el horneado vamos controlando pasados los primeros 30-40 minutos de horneado.


7. Una vez cuajado sacamos del horno y de la fuente con agua y dejamos enfriar completamente.

8. Lo guardamos en la nevera bien tapado para que la superficie no se reseque hasta el momento de consumirlo.

9. Lo desmoldamos antes de servir. No cuesta trabajo, pero si se os resiste esperad unos minutos con él fuera del frigorífico que suele ser más sencillo.


https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/flan-de-huevo-y-nata

Es una receta muy rica, con sabor a tradición, que no requiere mucha atención y te permite hacer otras cosas mientras se hornea.

Si os animáis espero que me contéis qué os ha parecido.

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Antes de que se me olvide, y dado que algunos me habéis preguntado en la entrada anterior, este año no he ganado ningún premio en la guardería de Lara. Mi receta ha quedado en cuarto lugar, empatada a puntos con la de otra madre y a sólo un punto de la que quedó en tercer puesto, tres del segundo y seis del primero. No hay duda de que la cosa ha estado bastante reñida y las 16 recetas que se han presentado han gustado mucho.

Por mi horario de trabajo no pude estar en la cata, pero he visto algunas fotos y todo tenía una pinta tremenda. 

El próximo año volveremos a probar suerte que además es muy divertido.

La princesa Lara sigue con sus correrías. Los mocos de los que os hablaba no fueron a más (ante mi enorme sorpresa) y ha ido todos los días a la guardería a pesar de su férrea oposición.

Cada día chapurrea más, no sólo palabras sueltas, hemos pasado a formar frases más o menos completas y a intentar comunicarse aunque no siempre la entendemos y se enfada. 

Seguimos a vueltas con la comida. Ahora no quiere puré pero tampoco quiere comer. Le pongas lo que le pongas esta niña se dedica a jugar y te frustra que ni siquiera haga por probar la comida. Eso sí, lo que le gusta bien que lo pide. A saber: quesitos(con los ascos que les hizo la primera vez lleva una semana que se come todos los que les des), yogur o petit (sobre todo los petis), gusanitos, chocolate (esto último bastante reciente) y patatas fritas (tipo Lays). También le encanta el queso rallado y creo que más nada compone su menú predilecto salvo la leche que se la toma generalmente sin poner pegas.

A veces tengo la tentación de no darle de comer en todo un día, a ver si al siguiente tiene hambre, aunque mi madre (que tiene experiencia con niños malos para comer gracias a mi hermano) dice que los que son malos para comer cuanto menos les insistas peores se vuelven (sin entrar en la crueldad de dejarla a su libre albebrío sin comer porque estoy segura que ella no iba a pedir nada)

Qué paciencia hay que tener con los niños...

Por cierto en los últimos días algunos me habéis comentado que se os abre una ventana de publicidad al entrar en mi blog. Me trae loca, de verdad. Yo no he metido ningún tipo de publicidad ni tengo monetizado el blog. Gracias a Ana creo que he dado con la raíz del problema (al menos a mí ahora no se me abre) pero os invito a que si veis algo raro me lo digáis con total libertad. Sé que hay dispositivos desde los que no se habría la publicidad (en el ordenador sí, en el móvil no, en la tablet según le pillara el día... al menos esa es mi experiencia en mi propia página) pero os pido que esta o cualquier otra cosa que os ocurra al entrar me lo comenteis para ponerle solución.

Por hoy no me enrollo más que bastante me he liado. Nos leemos la próxima semana ¡sed muy felices!

Manos a la masa y ¡bon appétit!