jueves, 26 de enero de 2017

Brownie de turrón blando de cacahuete

Hoy empiezo la entrada haciendo una advertencia.

Si estás a dieta esta no es tu receta. Puedes guardarla para más adelante, o directamente pasar del asunto y saltar a otra cocina virtual, pero si caes en la tentación de preparar este brownie ¡adiós a tus buenos propósitos de perder esos kilos que se te han pegado en navidad! Al menos mientras tengas esta delicia en casa.
Esta receta es una bomba de calorías. Pero lo peor no es eso. Lo peor (si es que acaso esto es malo) es que este brownie es un puro vicio. Yo, que tengo una capacidad de controlarme en la mesa inusitada, he sido incapaz de resistir la tentación y he llegado a engullir (comía tan rápido que casi no me daba tiempo a masticar de lo bueno que está) tres trozos en una sentada ¡toma operación post navideña!

Sé que todos tenéis muy buenos propósitos de alimentación desde principios de año, o igual debería decir después de comeros el roscón, pero a estas alturas, si habéis sido muy buenos, igual os podéis dar ya un capricho.

Yo no soy de hacer propósitos en año nuevo, más bien los hago para mi cumpleaños y a veces ni eso, pero este año he decidido que sean dos: perder los 3-4 kilos (exceso variante según la semana) que aún me quedan tras el parto ¡antes del primer cumpleaños de Lara! (mucho correr me parece, pero o me lo tomo en serio o se quedan conmigo para siempre) y dar salida a todos los productos que he ido comprando en los últimos tiempos para repostear con ellos y que siguen en los armarios bien porque no me acuerdo de que los tengo o porque ¡atención! me da pena usarlos porque se acaban.

Es de traca, lo sé, pero a veces me ocurre que si he comprado algo en un viaje o en alguna promoción me da pena gastarlo porque no sé cuándo podré comprarlo de nuevo. Con esa tontería me ha pasado que en alguna ocasión he dado lugar a que se pongan malos y entonces sí que me ha dolido porque ni lo he aprovechado ni me lo he zampado alegremente y porque además tirar la comida me duele en el alma.

Así que en 2017 voy a ir dando salida a las provisiones que cual hormiguita he ido atesorando en mi cocina. ¡A ver si lo consigo! Fruto de esta ventolera fue la tarta cremosa de trufas que os traje la semana pasada para festejar mi cumpleaños y por supuestísimo este brownie por el que no apostaba en exceso y que me enamoró al primer bocado.

Hace dos navidades (parece mucho tiempo pero es poco más de un año de lo que hablamos) que estuve con mis padres (y mi preciosa barriga de embarazada que no sabéis lo que echo de menos porque me encantaba) comprando en Mercadona y me hice con una tableta de turrón blando de cacahuete. No soy mucho de ir a Mercadona y suelo comprar muy pocos productos de su marca pero mi madre se paró a hablar con una amiga al lado del stand de los turrones y yo me puse a cotillearlos mientras.

Me llamó la atención este por su parecido con el de Jijona y porque además su precio sin estar en oferta era irrisorio. Si no recuerdo mal era un euro o algo menos. Fue directo al carrito con la intención de repostear con él. También cayó otro más pero ese sigue, por el momento, en el armario de la cocina, así que cuando llegue su momento hablaremos de él.



Cuando este año me he puesto a reorganizar los turrones, porque otra cosa no tendré pero organizada soy a más no poder y en mi cocina cada cosa tiene su sitio porque al menos así sabemos con un simple vistazo si hay o no lo que busquemos, me he topado con esta tableta que se había quedado muerta de pena y de olvido y además estaba recién caducada.

Había que hacer algo con ella sí o sí porque me negaba a tirarla. Así que tras comprobar que no se había puesto rancio (que por ejemplo es lo que le pasa al turrón de almendra y mucho me temo que a este le pueda pasar lo mismo si pasa mucho tiempo olvidado en la cocina) empecé a pensar qué preparar con él.

No le di muchas vueltas y decidí hacer un brownie y de paso dar salida a una bolsa de conguitos y a parte del arsenal de mantequilla de cacahuete del que hizo acopio mi marido y si no conocéis la historia o aún conociéndola queréis echaros unas risas de nuevo podéis leerla aquí

En un principio iba a hacer una receta básica de brownie: harina, mantequilla, azúcar y huevos al que iba a añadir el turrón pero después me acordé de la mantequilla de cacahuete y me dije que de perdidos al río y que por unas cuantas calorías más tampoco pasaba nada.

Acerté.

Ya la masa era tentadora en crudo (no sabéis el gusto que da poder volver a probar las masas así, que eso lo llevé fatal durante el embarazo) pero cuando empezó a calentarse en el horno el olorcito me confirmó que esta vez había triunfado.

Sólo quedaba probarlo para confirmar la evidencia, y está feo que lo diga yo que la receta es mía y me tiro flores solita, pero os aseguro que es un bocado delicioso, con un intenso sabor a cacahuete y con dos texturas. Más tipo bizcocho por los bordes y mucho menos hecho por el centro para contentarnos a todos en casa.



Mi favorita sin duda es la textura poco horneada y que por cierto no ha salido en las fotos, pero eso va en cuestión de gustos, porque este brownie está espectacular del borde al centro lo pilles por donde lo pilles siempre y cuando te guste el cacahuete porque como es de suponer a cacahuete sabe. No es que sea como comer cacahuetes a puñados pero llevando turrón de cacahuete y crema de cacahuete ¡tiene que saber a cacahuete!

Espero que si tenéis una de estas tabletas en casa o si aún se pueden conseguir en el supermercado os animéis con este brownie ¡que no os va a dejar indiferentes!

Que sí, que soy consciente de que las navidades han pasado hace menos de un mes y que igual aún estáis saturados de turrones, pero yo os aseguro que si lo hacéis ¡me hacéis la ola, un monumento o me ponéis un piso! Si es esto último, y puestos a pedir ¡que sea en Cádiz! 


No me enrollo más y os dejo con la receta

Ingredientes:

* Una tableta de turrón blando de cacahuete (300 gramos)
* 3 huevos
* 70 gramos de miel
* 30 gramos de azúcar
* 70 gramos de mantequilla
* 100 gramos de mantequilla de cacahuete
* 100 gramos de harina para repostería
* Una cucharadita de levadura química en polvo
* 125 gramos de cacahuetes bañados en chocolate

Elaboración:

1. Desmenuzamos el turrón de cacahuete. Tiene una textura idéntica al turrón de almendra blando (o de Jijona) y se puede hacer con un cuchillo y aplastando los trocitos con un tenedor o podemos meterlo en la picadora.

2. Al turrón desmenuzado le añadimos los tres huevos, la mantequilla derretida, la miel, el azúcar y la mantequilla de cacahuete y mezclamos hasta obtener una crema. Es muy sencillo y se puede hacer con una varilla manual.

3. Añadimos la harina y la levadura y mezclamos hasta integrar.

4. Por último ponemos los cacahuetes bañados en chocolate y mezclamos para que queden bien distribuidos por la masa.

5. Forramos nuestro molde con papel de hornear, para que sea más sencillo desmoldarlo, y vertemos la mezcla. Alisamos la superficie con una espátula.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 25 minutos. Así los bordes quedan más hechos y el centro más blando y húmedo.

Si lo preferís más hecho lo dejáis unos 30-35 minutos y si os gusta menos hecho con 18-20 minutos será suficiente.

El mío quedó en plan mixto y todos contentos. Mi marido porque lo prefiere más tipo bizcocho y se come encantado el borde y yo porque lo prefiero casi medio crudo y disfruto con los trocitos centrales (aunque tampoco le hago ascos a los bordes, que conste)
 

Para conservarlo yo lo guardo cortado en porciones envuelto en el propio papel en el que lo horneo en una lata bien cerrada.

Como hace tanto frío dejo la lata fuera del frigorífico. Tampoco nos duró tanto como para temer que fuera a ponerse malo. En realidad si alguna vez nos pasó con algún postre es con los que llevan fruta que tardan menos en descomponerse si no se guardan en la nevera.

Gracias a todos los que me felicitásteis la pasada semana y a todos los que os habéis preocupado por Lara. La pobre está recuperada de su resfriado pero desde hace una semana está padeciendo los efectos del virus mano, boca, pie que hay un brote en la guardería y tiene la boca llena de llagas (además de granitos alrededor de la boca y en las manos. Por suerte ni en los pies ni en la zona del pañal le han salido) y no puede ni comer ni casi dormir. Ya va un poquito mejor pero para nosotros quedan estos días.

Es lo que toca, pillarlo todo para ir generando defensas ¿o acaso no es lo que dicen todos los pediatras?

Os deseo muy buen fin de semana ¡nos vemos ya en febrero!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 19 de enero de 2017

Tarta cremosa de trufas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.



Este poema se le atribuye en varios foros a Mario Benedetti aunque la página de su fundación desmiente que sea del autor. Sea de quien fuere me encanta leerlo porque insufla ganas de enfrentarte a la vida y te recuerda que por muchos escollos que haya en el camino al final el viaje merece la pena y hay que esforzarse por seguir adelante.

Los que me conocéis desde hace tiempo habéis visto mi vena revolucionara, sincera, reivindicativa, luchadora... quizá mi faceta filosófico-poética es la que muestro menos en el blog, pero también la tengo. 

Hoy vengo quizá un poco tonta porque es mi cumpleaños. 35. Y seguimos contando (durante mucho tiempo espero). 

Asusta bastante ver el giro que ha dado mi vida del año pasado a este. El balance es positivo, pero el camino está siendo muy duro. Mi más sincera enhorabuena a aquellas madres que dicen que sus hijos no les quitan de hacer nada. Yo debo de ser una madre pésima porque el tiempo se me va entre las manos y hay cosas que he tenido que dejar de hacer como leer libros o salir a correr y otras que hago a duras penas como dormir o arreglarme que voy a lo imprescindible para tener un aspecto presentable en el trabajo.

Los días que siento que ya no puedo más miro a Lara y me digo que no va a ser un bebé toda la vida y que antes de que quiera darme cuenta será mayor y podré volver a tenerlo todo organizado. Mientras dejo que la vida pase y lo intento hacer lo mejor que pueda a pesar de todas las dificultades.

Sin duda alguna ser madre es la tarea más complicada del mundo pero cuando veo que todo el mundo ha podido me digo que yo también voy a poder y que hay que tirar para delante. 

No sé qué me van a deparar los 35. Suena a cifra importante. A recta final del camino a los 40 ¡barrera psicológica donde las haya! Pero lo que traigan, problemas o alegrías, tomaremos y seguiremos por el camino sorteando los escollos y disfrutando los buenos momentos.
Para celebrarlo con vosotros he elegido esta tarta de trufas, una receta además de aprovechamiento, y sencilla ¡como las que tanto me gustan últimamente! Es una receta propia para dar salida de golpe y porrazo a una caja de trufas que estaba dando vueltas en los armarios de la cocina desde la navidad de 2015  y el resultado me ha sorprendido gratamente.

De paso estrené el molde que compramos en LIDL hace unos meses que tiene una forma acanalada muy bonita.
En un principio no las tenía todas conmigo. Calculé la gelatina para asegurarme que cuajara bien y se desmoldara, pero tenía serias dudas de si más que una tarta sería puro plástico, así que tiré para delante y crucé los dedos ¡por una vez el resultado fue bueno a la primera!
Me sorprendí gratamente al ver que desmoldaba perfectamente y más aún cuando probé el primer bocado y vi que era una tarta cremosa y que se deshace perfectamente en boca. Ya sabéis lo que pasa con los "experimentos" y esta vez estoy muy contenta de que haya salido bien a la primera.

El sabor además no es nada empalagoso ¡qué peligro tiene! porque te comes un trozo y de buen grado repites ¡sin caer en la cuenta de que es una pequeña bomba de calorías! pero total, por una vez... ¿verdad que estáis de acuerdo?

Que sí, que soy consciente de que todos nos hemos propuesto perder esos kilitos que la navidad nos ha dejado de propina (lo mío es peor aún que Lara tiene ya 11 meses y sigo con cuatro kilos del embarazo que no me quito por pereza, porque entro en mi ropa perfectamente y como no son tantos no me lo tomo en serio cuando sería bien sencillo dedicarle un mes y olvidarme del asunto ¡a ver si lo hago antes de su primer cumpleaños!) pero hoy me vais a perdonar el desliz porque es mi cumple. 

Y si lo pensáis friamente ¡es una receta de aprovechamiento! Calórica, pero de aprovechamiento al fin y al cabo y que os salva de la tentación de arrasar impunemente con la caja de trufas que ha quedado después de navidad.
Y si no tenéis y os apetece en el supermercado (creo) siempre tienen trufas y podéis comprarlas para preparar esta tarta que seguro os va a encantar

¡Vamos con la receta que es de las que se tarda más en redactar que en preparar!

Ingredientes:

* 1 caja de trufas (la mía de 250 gramos)
* 400 gramos de nata para montar
* 400 ml de leche (semidesnatada)
* 2 cucharadas soperas de caramelo
* 9 láminas de gelatina neutra

Para el molde y decorar:

* Caramelo líquido
* Escamas de chocolate

Elaboración:

1. En un bol ponemos a hidratar la gelatina en agua fría.

2. En una cacerola ponemos las trufas, la nata, la leche y el caramelo líquido y llevamos a fuego medio. Removemos de vez en cuando para que no se quemen las trufas .

3. Cuando esté a pundo de romper a hervir añadimos las hojas de gelatina escurridas. Movemos bien para que se disuelvan y mantenemos al fuego hasta que esté de nuevo a punto de hervir.

4. Caramelizamos el molde que vayamos a usar y vertemos la mezcla en él.

5. Dejamos enfriar en la encimera y cuando esté frío tapamos con film transparente y lo metemos en la nevera hasta que cuaje.

6. Cuando vayamos a servir sacamos el molde unos minutos antes para que sea sencillo desmoldar.

7. Una vez desmoldado decoramos con escamas de chocolate ¡o con lo que os apetezca!

Lo que nos quede hay que taparlo muy bien para meterlo en el frigorífico o se resecará y endurecerá  perderá la cremosidad y la gracia.
 
Si no os gusta el caramelo podéis suprimirlo ¡que la receta va a seguir estando igual de rica!

Os pido disculpas si estos días me veis menos por vuestras cocinas. El mes de enero es muy intenso de trabajo para mí y me resulta más complicado arañar ratillos de descanso para visitaros. Y en casa, con la niña, es casi misión imposible encender el ordenador por las noches, en todo caso algún fin de semana y ni eso últimamente.
 
Quiero agradeceros a todos los que os habéis preocupado por nosotras. Lara esta semana ya ha regresado a la guardería y crucemos los dedos para que siga estando bien, que aquí hemos llegado a alcanzar los 7 y 8 grados bajo cero los últimos días. Yo estoy recuperándome, me siento bien, pero no me acabo de terminar de curar ¡es lo que pasa por obligarse a seguir con la rutina antes de estar restablecida del todo!
 
Abrigaos mucho y pasad un feliz y calentito fin de semana. Gracias a todos por seguir aquí y acompañarme un año más el día de mi cumpleaños.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 12 de enero de 2017

Bizcocho de calabacín y limón

No hace ni una semana que terminó el día de Reyes y parece que las navidades acabaron hace mucho tiempo.

Sin embargo en según qué zonas aún se pueden en ver los contenedores (y alrededores) los restos que evidencian una bacanal de papeles de regalo y cintas de colores que deja tras de sí como traca final el periodo de fiestas y celebraciones por excelencia del año.

Los hay que tienen tanta prisa en quitar los adornos navideños como tuvieron en su momento por sacarlos y dar así por terminadas las navidades.Y es que estamos deseando que lleguen estas fiestas casi tanto como deseamos que terminen ¡el ser humano es de naturaleza caprichosa! 

Ahora toca pasar página y centrarnos básicamente en dos acontecimientos: devolver todos los regalos que sus Majestades erraron y poner los pies sobre la báscula y entreabrir la pestaña para ver a dónde nos han llevado los días de alegría, paz, amor... ¡para que luego digan que la buena voluntad no engorda! 

Ningún año falla. Nada más terminar las navidades todas las cadenas de televisión mandan a un reportero al mercado y/o a un nutricionista y coliflor en mano (o brócoli, apio o zanahoria) nos dan las pautas para quitarnos esas bellas mantecas que se nos han pegado en el abdomen, las caderas y los muslos.

¡Todos los años lo mismo...! y sin aprender ni uno, oiga. 

Yo no quiero quitarle la buena intención a nadie y por eso hoy traigo un bizcocho con verdura. Y todos sabemos que si tiene verdura ¡es sano! O eso decía mi madre y ya sabemos que a las madres no se les lleva la contraria. Que está feo y eso.

Puestos a elegir lo más sano sería comernos el calabacín y dejarnos de bizcochos ¿pero qué sería de la vida sin un poquito de azúcar? ¿dónde reside la gracia? Podemos lamentarnos todo lo que queramos de lo que hemos comido desde nochebuena hasta nochevieja aunque yo creo que cuenta más lo que comemos desde nochevieja hasta la próxima nochebuena ¿no os parece? 

Así que volvamos a hacernos el firme propósito de comer sano y equilibrado y para empezar podemos preparar este delicioso bizcocho que gracias al calabacín queda húmedo y jugoso y que el toque de limón lo hace irresistible.

 Las imágenes hablan por sí solas y se ve lo tierno que queda ¿verdad?

Y si a eso le unimos que lo preparé con los calabacines del huerto de mi padre ¿verdad que no se le puede pedir más?

Aunque no estamos en temporada de calabacín se puede encontrar en cualquier frutería y supermercados así que no hay excusas para no hacerlo y recordad que no supone saltarse la dieta porque lleva verdura (o igual sí, pero la conciencia se aplaca ¿verdad? )

No me extiendo en la entrada de hoy. Todos tenemos el coger el ritmo tras las vacaciones y a mí este mes me resulta especialmente agotador en el trabajo, así que os dejo ya con la receta

Ingredientes:

* 300 gramos de calabacín (con la piel y sin pepitas)
* 100 gramos de mantequilla (puede ser light)
* 150 gramos de azúcar
* 3 huevos
* 125 gramos de yogur natural o de vainilla
* 150 gramos de harina integral
* 150 gramos de harina de repostería
* 1 sobre de levadura química
* 1 cucharadita de bicarbonato sódico
* 1 limón

Elaboración:

1. En un bol amplio ponemos el azúcar y la mantequilla derretida y batimos hasta obtener una mezcla cremosa

2. Incorporamos los huevos de uno en uno sin añadir el siguiente hasta que el anterior esté bien integrado.

3. Añadimos el yogur y el calabacín rallado (yo lo meto en la picadora) y mezclamos bien.

4. Incorporamos el zumo del limón y el bicarbonato (la mezcla esponjará)

5. Por último ponemos la harina y la levadura y mezclamos hasta obtener una masa homogénea.

6. Untamos con mantequilla o forramos con papel de hornear nuestro molde. Vertemos la mezcla.

7. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 45 minutos aproximadamente. Comprobar el punto de cocción pinchando con un palillo de madera en el centro. Si sale limpio está listo. 

8. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta durante unos minutos, sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

A los 25-30 minutos es posible que necesitéis tapar con papel de aluminio el bizcocho para que la superficie no se siga dorando o se quemará.
Para conservarlo os recomiendo lo de siempre: envolverlo en film transparente y meterlo en la nevera. Así se mantendrá muy jugoso hasta el último bocado.

Espero que os animéis a prepararlo que ya veis que es muy sencillo y ya os aseguro yo que está bien rico y jugoso y hará que empezar el día sea un poquito más fácil.


Nos vemos la próxima semana y mientras aprovecho para ir visitando vuesras cocinas en los cuatro ratillos libres que me deje el trabajo y Lara que al igual que yo ha empezado el año malita y ahí estamos luchando a brazo partido contra los mocos y la tos

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 5 de enero de 2017

Roscón de Reyes de chocolate y ron

La primera entrada del año y es justo el día de Navidad que más me gusta junto con el día del sorteo.

No me negaréis que el día 5 de enero tiene algo de mágico y la ilusión flota en el ambiente por muy mayores que seamos y por muchas navidades que hayamos vivido.

Para nosotros está siendo una navidad especial por ser la primera que vive Lara que a sus diez meses y medio se entera de más de lo que creíamos y se porta peor de lo que pensábamos porque en las cenas de nochebuena y nochevieja ha sido pelín traviesa y ha sido complicado sentarnos todos a la mesa ¡igual el próximo año!
Como no podía ser de otro modo 2017 abre mi cocina virtual con el tradicional roscón que más de uno estaréis preparando ya en casa para disfrutar de un buen trozo acompañado de chocolate caliente esta noche al regresar de la cabalgata o mañana por la mañana para desayunar antes o después de abrir los regalos que seguro amanecen a los pies del árbol porque todos hemos sido muy buenos. 
 
Este año os traigo un roscón diferente al tradicional que los amantes del chocolate disfrutarán muchísimo. Aunque tiene un toque de ron es apto para pequeños también ya que he utilizado esencia, pero si no os gusta la podéis suprimir y todos contentos. 
 
Al contrario de lo que pueda parecer preparar un Roscón de Reyes  no es nada complicado. La única pega es amasar si no se dispone de una panificadora o un robot de cocina que lo haga y sobre todo esperar a que la masa leve, que con el frío no siempre es tarea fácil. 
Desde que llegó Lara intento no complicarme. Cuando se duerme por la noche hago la masa y la dejo levar hasta la mañana siguiente ¡comodísimo! Así al día siguiente sólo hay que amasar un poquito, darle forma de roscón y esperar que vuelva a levar antes de llevar al horno. 
 
El resultado es buenísimo y aunque el roscón se puede comprar en todos los supermercados y en todos los obradores de pastelería del país os aseguro que no tiene punto de comparación uno comprado con uno casero ¡y también nuestro bolsillo lo nota! porque hay algunos sitios en los que cobran el roscón a precio de oro. Con el cuento de que es la tradición y que este día no hay casa en la que no haya uno ¡hacen su particular agosto en pleno mes de enero! 
Cuestiones monetarias aparte (que no obstante hay que tener en cuenta que para más de uno se inicia una bonita cuesta este mes) la satisfacción personal de llevar a la mesa un roscón preparado por nosotros mismos no tiene precio. 
 
Además si nunca lo intentamos jamás sabremos si somos o no capaces de prepararlo y aunque pueda dar un poquito de respeto lo peor que puede pasar es que salga mal ¡pues corriendo al súper más cercano a ver si queda alguno! aunque os aseguro que no habrá que llegar a eso y que como recompensa sacaréis de vuestro horno un delicioso roscón.
 
El que os traigo está muy rico y para mí es perfecto sin necesidad de relleno pero mi marido no concibe un roscón sin su crema pastelera y a rellenarlo ha tocado. A ver si para el próximo año negociamos y toca uno sin relleno. 
La combinación chocolate y ron es fabulosa y como os decía antes es una receta apropiada para niños porque no lleva alcochol. Acompañado de una buena taza de chocolate caliente ¡hará las delicias de todos en casa! Y aunque pueda parecer empalagoso os aseguro que no lo es en absoluto ¡tenéis que probarlo para descubrir su fantástico sabor! 
 
¿Os animáis a prepararlo en casa?

Ingredientes:

Para la masa.

* 185 gramos de leche
* 2 cucharadas soperas de agua de azahar
* Unas gotitas de esencia de ron (o una copita de ron o cualquier otro licor) En todo caso es opcional. Yo puse medio bote de los que venden en LIDL y le dio un sabor bastante intenso.
* 40 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 3 huevos 
* 500 gramos de harina de fuerza
* 40 gramos de cacao en polvo
* Media cucharadita de canela
* 1 pellizco de sal
* 1 sobre de levadura seca de panadero.

Para el relleno y para decorar.

* Crema pastelera para el relleno (receta aquí)
* 100 gramos de chocolate de cobertura
* Escamas de chocolate blanco.


Elaboración:

1. Ponemos los ingredientes en el cubo de la panificadora en el orden en el que aparecen listados. Elegimos el programa de amasado. Yo tengo la panificadora del LIDL y utilizo el programa Pasta (el 7) que amasa en quince minutos. Puse la panificadora para que amasara dos veces.

Si no tenemos panificadora mezclamos la harina con el cacao y la canela, los ponemos en un bol amplio, hacemos un agujero en el centro tipo volcán, ponemos el resto de los ingredientes en el centro y amasamos a mano.

2. Una vez lista nuestra masa ponemos un poquito de aceite en un bol amplio, hacemos la masa una bola, la colocamos, le damos la vuelta para que se impregne de aceite por todos lados, la cubrimos con papel film (que debe tocar la masa) y la dejamos levar toda la noche. Si la preparáis por la mañana bastará con esperar a que la masa duplique su volumen.

3. Al día siguiente ponemos la masa sobre nuestra superficie de trabajo ligeramente enharinada, amasamos a mano para que pierda el aire, hacemos una bola, le hacemos un agujero en el centro y empezamos a estirar levantando la masa para que por el peso de la gravedad vaya tomando forma de roscón. De hecho tiene que quedar más grande, casi cual rueda de bicicleta, para que al levar y al hornearse no se cierre.

4. En el centro colocamos cualquier utensilio de cocina redondo que pueda ir al horno para evitar que nuestro roscón a pesar de nuestras precauciones se quede sin agujero. Yo uso una flanera de metal grande, pero podéis utilizar un aro de emplatar o cualquier otro molde.

5. Tapamos con un paño limpio y dejamos levar de nuevo hasta duplicar aproximadamente su tamaño. El tiempo depende del calor de nuestra cocina.

6. Una vez levado pintamos con huevo batido y metemos en el horno precalentado a 180º C durante unos 20 minutos aproximadamente. Ojo con pasarse con el horneado que nos quedará una masa dura y seca.

7. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta y al cabo de diez minutos pasamos a una rejilla para que se acabe de enfriar por completo.

8. Con paciencia y mucha maña abrimos por la mitad y rellenamos con la crema pastelera o dejamos sin rellenar que para mí es suficiente así pero no para mi marido.

9. Derretimos el chocolate de cobertura y lo vertemos por la parte superior del roscón. Espolvoreamos con escamas de chocolate blanco.

Para conservarlo lo mejor es envolverlo en film transparente y si lo rellenáis como yo he hecho tenéis que guardarlo en el frigorífico para evitar que la crema pastelera (o la nata o la trufa, el relleno a vuestra elección) se ponga mala.
El inconveniente que tiene guardar el roscón en el frigorífico es que las masas se endurecen más rápidamente y es una lástima porque sale muy tierno y esponjoso

No os olvidéis de poner alguna sorpresa en su interior ¡que no se pierda la esencia de tan patria costumbre!

Espero que disfrutéis mucho de esta víspera de Reyes, que lo paséis muy bien en la cabalgata y os pongáis tibios de roscón ¡ya sacaremos la báscula el lunes! (más que nada por no amargarnos el fin de semana e ir acabando con todos los dulces que tenemos en casa)
Y si sois más del roscón tradicional aquí podéis ver la receta y si os apetece algo más internacional aquí tenéis de la galette de rois francesa.

Manos a la masa y ¡bon appétit!