jueves, 30 de noviembre de 2017

Bizcocho de mermelada de pera y crema de cacao

Último día de noviembre y el otoño parece que por fin se ha decidido a visitarnos.

No sé donde vosotros vivís (las del hemisferio sur no os debéis dar por aludidas que allí está llegando el buen tiempo) pero en mi pueblo los árboles seguían con las hojas verdes. Hace dos o tres semanas nos pidieron en la guardería de Lara que llevásemos bolsas con hojas caídas y yo tuve que emplear dos tardes en el parque que hay al lado de casa para poder coger una mísera bolsa, que por cierto no estaba llena, cuando el año anterior tardé un par de minutos en llenarla ¡y eso que ya tenía en casa algunas hojas que he utilizado para las fotos de algunas de las recetas! 

Una pena que no se pueda echar la culpa a nadie del tiempo que os acompaña y de la falta de lluvia ¡ojalá estuviera en manos humanas poner remedio a esta pertinaz sequía! No obstante creo que todos podríamos colaborar un poquito porque el que más el que menos se llena la boca diciendo que lo del cambio climático es un bulo, o está exagerado, pero yo creo que no hay más que comparar los inviernos que pasábamos cuando éramos críos con los que tenemos ahora y nos damos cuenta de la diferencia.

Cuando me he sentado a escribir la entrada de hoy no era mi intención sacar este tema pero me apetece sacar mi vena reivindicativa que hace mucho que no aparece y eso no es propio de mi. Hace muchos años que en cualquier ciudad o pueblo, por pequeños que sean, contamos con contenedores que nos permiten el reciclado de los residuos y basuras que generamos en casa. Todos sabemos qué hay que depositar en cada contenedor e incluso en muchos envases actualmente te indican en qué contenedor hay que depositarlos. Entonces ¿por qué narices va todo al cubo de la basura?

Alguna vez os he comentado que vivo en una zona residencial muy nueva, que a duras penas tendrá 15 años (eso las primeras edificaciones del barrio) y por tanto la mayoría de familias son muy jóvenes. Eso implica que todos hemos recibido una educación y una formación en torno a la importancia del reciclaje de residuos y cómo hay que separar en casa.

Pues me enciendo cada vez que abro el contenedor de los residuos orgánicos (el cubo de la basura de toda la vida, vamos) y veo las bolsas con envases de plástico, con latas, botes de vidrio, cajas de cartón... ¿qué trabajo costará echar cada cosa en un contenedor? ¡si de hecho están uno al ladito del otro! Que eso pase en una calle donde vive mucha gente mayor puedo llegar a entenderlo (y sin embargo es soprendente ver cómo los mayores han aprendido perfectamente a separar y reciclar) pero que pase donde la media de edad de los hogares no llega a los 45 años me pone enferma.

Supongo que es más cómodo y ocupa menos espacio en casa tener un único cubo donde se echa todo y después lanzamos la bolsa al contenedor sin tener que mirar nada mas. 

Será la misma comodidad que nos impulsa a ir con el coche aunque solo vayamos a cualquier lugar que esté  a cinco minutos de casa caminando a pesar de saber que aparcar allí es casi imposible y acabemos aparcando en una calle cualquiera que nos obliga a caminar hasta nuestro destino más aún que si hubiésemos ido andando desde casa. Hay algunos que no van al baño en el coche porque no les cabe por el pasillo del piso...

Y a tenor de como se quedan cada tarde las calles del barrio, las pistas deportivas y el parque deduzco que esa misma pereza es la que nos impide explicar a nuestros hijos que los envases de todas las porquerías industriales que les damos de merendar (desde bollos a zumos hiper-mega azucarados pasando por gominolas y snacks diversos hasta llegar a refrescos de cualquier clase) no se tiran al suelo sino que van a una de las muchas papeleras que tenemos.

Es que me hierve la sangre cuando veo comportamientos tan poco cívicos y que van tan en contra de la buena educación y convivencia vecinal.

Lo más penoso es que no es un caso aislado y probablemente el que más el que menos os sentiréis identificados con lo que cuento hoy.

Para quitarnos el mal sabor de boca hoy os traigo un bizcocho hecho con mermelada de pera y crema de cacao ¡que está para ponerle un piso! 

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Es otra receta de las que se había quedado pendiente de publicar desde hace tiempo y con lo bueno que está me negaba a que quedara relegado al olvido. No son las fotos más bonitas del mundo, es evidente, pero son más que suficientes para que os hagáis una idea de la maravilla que nos traemos entre manos.

Ni siquiera tenía una foto del corte, pero os podéis imaginar una miga jugosa, húmeda y deliciosa gracias a la mermelada de pera y al queso de untar.

Yo la hice con mi mermelada de pera casera cuya receta ya compartí hace mucho tiempo y que podéis ver haciendo click aquí  si os apetece meteros en conservas dado que las peras las encontramos todos los días en las fruterías. Si no siempre podéis usar cualquier mermelada que tengáis en casa adaptando la receta a vuestro gusto.

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Crema de cacao no lleva mucha. Sé que ahora no está nada de moda tomar estas cremas porque llevan aceite de palma que no es precisamente lo mejor del mundo, pero tengo que dar salida a los botes que tengo en casa y que por muy poco saludables que sean a mí me siguen sabiendo a gloria bendita y eso que lo que empalaga no va mucho conmigo.  Pero en pequeñas cantidades es toda una tentación.

La crema crea una corteza ¡es está de escándalo! Te dan ganas de dejarla para lo último porque es un bocado sublime (y es precisamente lo que hice casi siempre que me comí un trocito) y combina a la perfección con la mermelada de pera que por si os lo preguntáis su sabor no se nota en exceso en el bizcocho.

Es una lástima que haya recetas que no repetimos porque cuando nos metemos en harinas queremos preparar algo nuevo para siempre disponer de material que compartir en el blog. Y como desgraciadamente no nos podemos alimentar de dulces en exclusiva con un postre o dos si hay suerte (y mucha gente con la que compartir) a la semana vamos contentos.

Aunque sé que vuestras listas de pendientes son al menos tan largas como la mía si alguna vez tenéis un bote de mermelada dando vueltas por el frigorífico o la despensa ¡acordaos de este bizcocho que tan buenos ojos os pone!

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Ingredientes:

* 200 gramos de queso de untar (puede ser light)
* 2 huevos
* 95 gramos de yogur natural (yo usé griego desnatado)
* 60 gramos de azúcar blanca
* 250 gramos de mermelada de pera
* 240 gramos de harina de repostería
* 1 sobre de levadura química
* 2 cucharadas de leche.
* 2-4 cucharadas de crema de cacao

Elaboración:

1. En un bol ponemos el queso crema y el yogur y batimos hasta obtener una crema.

2. Añadimos los huevos de uno en uno y cuando estén integrados ponemos la mermelada y batimos hasta que nuestra mezcla sea homogénea.
3. Incorporamos el azúcar y las dos cucharadas de leche y por último la harina y la levadura y mezclamos hasta obtener una masa cremosa.
4. Untamos nuestro molde con mantequilla o lo forramos con un papel de hornear y vertemos la masa en él. En la superficie ponemos la crema de cacao y con un tenedor o un palillo mezclamos superficialmente con la masa del bizcocho.
5. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 45 minutos. Antes de apagar el horno comprobaremos que está perfectamente hecho pinchando con una brocheta de madera en el centro.
Es posible que cuando lleve unos 20-30 minutos tengáis que cubrirlo con papel de aluminio para que la superficie no se dore en exceso.
6. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta unos diez minutos y a continuación sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/bizcocho-de-mermelada-de-pera-y-crema-de-cacao

La mejor manera de conservarlo es envolverlo en film transparente. Si no hace calor en casa podemos dejarlo fuera del frigorífico, pero si lo guardamos dentro mejor que mejor. De todos modos tampoco dura tanto como para dar pie a que se ponga malo. Y si fuera necesario se puede congelar cortado en porciones.

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Aunque las fotos que os he enseñado últimamente en Instagram den pie a creer lo contrario la pasada semana fue bastante regular con Lara. Esa tos no auguraba nada bueno y los mocos se le bajaron al pecho. Hasta hoy estamos con inhaladores y con antibiótico y dando gracias de que la cosa no vaya a más porque estuvo con 39 de fiebre todas las noches de la pasada semana y yo ya me veía con la niña ingresada en el hospital.

Se pasa fatal cuando los peques están malitos, encima no puedo evitar una sensación de ser mala madre porque mi hija se ha puesto enferma aún a sabiendas de que no ha sido por dejadez ya que el pediatra la vio dos veces la pasada semana y no tenemos a la niña en la calle a horas intempestivas ni tampoco va desabrigada. En la guardería están casi todos con una tos similiar y allí ya se sabe que es un cultivo para cualquier virus que entre.

Aún así siempre me pregunto si podría haber hecho algo para que no enfermara.

Dada la atención que ha requerido (entre otras cosas he estado durmiendo con ella cinco noches seguidas) la que está enferma esta semana soy yo. Supongo que también ayuda que el otro día "jugando" me metiera en la boca una manita llena de mocos y babas ¡así es imposible no contagiarse!

Cruzo los dedos para que salgamos medianamente indemnes de esta y ojalá sea el susto más grande que nos llevemos este invierno.

Me despido hasta la próxima semana y voy a ver si soy capaz de ponerme al día con las visitas que tengo pendientes ¡que voy con mucho retraso! Por cierto la semana próxima tendré una publicación muy especial ¡no os la perdáis!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 23 de noviembre de 2017

Oreo & Lacasitos light temptation (o casi)

Estamos teniendo un mes de noviembre más primaveral que otoñal porque en las horas centrales del día no hace el frío que acostumbramos a estas alturas del año. Como os conté la semana pasada desde principios de mes tengo temporalmente un horario de trabajo diferente (que yo he llamado horario de otoño) que me permite pasar las tardes con Lara.

La semana pasada, cuando íbamos ya para casa, pasamos por la puerta de los padres de mi amiga N. y en esos momentos salió su hermana. Fue un encuentro fortuito que me hizo caer en la cuenta de lo rápido que se va el tiempo. Parece que era ayer cuando estaba tocando en aquella misma puerta porque habíamos quedado para hacer un trabajo o para ir juntas a la biblioteca.

Sí, ayer... ¡pues han llovido 20 años! y esa misma calle nos ha visto ir al colegio, al instituto, a la universidad, pasear con nuestros novios, desfilar vestidas de novia el día de nuestra boda y a día de hoy nos ve paseando a nuestras hijas. 

No es que viva en una burbuja aislada del mundo, soy consciente de que tengo 35 años y que ya no soy una niña, que tengo una hija, un trabajo, una casa... pero fue encontrarme en aquella puerta que se abrió a mi paso y que era exactamente igual que hace tantos años lo que me hizo entender de golpe que parece que los días pasan pero que no pasa nada y no es cierto. 

Los días pasan, las horas se van y de nosotros depende aprovecharlos o dejar correr nuestro tiempo viendo la vida pasar y esperando un día más propicio para intentar algo.

Sé que con esto que os cuento no os descubro nada nuevo, pero me fascina comprobar cómo determinadas imágenes o aromas nos hacen ser conscientes de repente de lo que han cambiado las cosas. Y da un poco de vértigo, la verdad.

Aunque estamos casi a finales de noviembre y los comercios, las calles y muchos blogs comienzan a preparar la navidad (algunos desde octubre) a mí personalmente me cuesta mucho arrancar motores tan pronto. No soy mucho de estas fiestas y si empiezo pronto antes del sorteo de la lotería ya estoy deseando que terminen.

Que sí, que la navidad es muy bonita, que es necesario planificarse con tiempo y todas las razones que me deis me parecen válidas pero a este paso estamos comprando mantecados en traje de baño y aunque pueda parecer exagerado dentro de unos años igual es lo que los centros comerciales nos proponen ¡y nosotros entraremos al trapo! 

Por tanto las recetas navideñas se hacen de rogar un poquito más en mi cocina pero en compensación os traigo una receta ¡para hacerle la ola! 

Hace unos años publiqué Oreo & Lacasitos Temptation que nos encantó pero que tenía calorías para dar y regalar. Más tarde vino el Capricho de café, Lacasitos & Oreo que era menos pecaminoso y ahora le toca el turno a una versión más ligera pero no por ello menos buena.

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No os voy a engañar. La textura no es la misma, el primero era más tipo bizcocho, el segundo algo más húmedo y este es el más cremoso de todos siendo su textura más parecida a un cafloutis que a un brownie, pero el sabor sigue siendo increíble. 

Y aunque en esta vida el único postre sano es la fruta la verdad es que tiene muchísimas menos calorías que la primera receta que preparé y eso siempre es bienvenido más si estamos intentando guardar las formas de cara a las fiestas.

Es una receta ideal para compartir. Es más yo os aconsejo compartirla porque si la dejáis en casa es una auténtica tentación y no quiero ser yo la causa de ninguna dieta abandonada. Es una opción ideal para las tardes de reuniones de amigos y de cara a las fiestas es algo original y diferente a lo que se suele preparar.

Porque en navidad son muy típicas las cenas (de empresa, de amigos, de primos, de antiguos compañeros de la facultad...) y todo el mundo va loco cuadrando agendas, pero ¿qué queréis que os diga? si a mí me dan a elegir yo prefiero una merienda. Se pierden menos los papeles (no conozco a nadie que meriende con vino) y si la cosa se alarga podemos desembocar en una cena tan ricamente.

Igual es que ya tengo el modo madre ON y lo de trasnochar no va conmigo, pero antes de Lara también prefería salir a mediodía o por la tarde a quedar por la noche. Además parece que cuesta menos quedar para un café que para una cervecita nocturna ¿o no os pasa?

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Bueno que al final me pongo a hablar de quedadas navideñas y acabo tirando al tema que no pretendía sacar. De todos modos creo que la receta que os traigo se vende sola y vais a saber perdonarme que la haya tenido tantísimo tiempo en borradores.

No es que con mi madre fuera de juego no pueda repostear, es que se han cruzado un par de planes de fin de semana que me han robado el poco tiempo libre que me quedaba además de hacer que vuelva a casa cargadita de dulces y tampoco es plan de ponerse morado una semana, así que el horno en reposo hasta el próximo aviso.

Además me apetece ir sacando las recetas que tengo en pendientes ¡no sólo hay que hacer limpieza de armarios de cocina sino de "despensa" del blog también!

Si os animáis a prepararla mi consejo es que la preparéis el mismo día que la vayáis a consumir ¡recién hecha está suprema! No es que no aguante bien el paso de los días (que tampoco dura muchos) sino que al ser una textura húmeda hace que la cobertura de colores de los Lacasitos de la superficie se derrita como si de calor se tratara.

Ya sé que no es algo que impida que nos lo comamos pero estéticamente no queda bonito si tienes invitados a merendar ¿no? y como a mí me gusta ser clara como el agua no podía obviar este detalle.

Las cantidades son para un molde cuadrado de 26x26 ¡no os asustéis! Si os parece excesivo se prepara con la mitad de los ingredientes y solucionado, aunque está tan rico que estoy segura no quedarán ni las migas por muy grande que lo hagáis.

Aquí está vuestro trozo ¡¿quién trae el café/té/chocolate?!

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Ingredientes:

* 300 gramos de yogur griego light (también puede ser del normal)
* 3 huevos
* 200 gramos de azúcar moreno
* 200 gramos de leche
* 475 gramos de harina
* 2 cucharaditas de esencia de vainilla
* Una bolsa de lacasitos
* Dieciséis galletas oreo

Elaboración:

1. En un bol ponemos el yogur, la vainilla, los huevos y el azúcar y mezclamos hasta obtener una crema homogénea.

2. Vamos incorporando la harina y la leche y mezclamos bien, lo suficiente para integrar sin que metamos mucho aire en la masa.

3. Añadimos los lacasitos (reservando un puñadito para decorar una vez horneados) y los esparcimos bien.

4. Untamos con mantequilla el molde elegido o lo encamisamos con un papel para hornear. y vertemos la masa.

5. Partimos las galletas en trozos y los vamos poniendo en la masa empujando para que queden ocultos.

6. Introducimos el molde  en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 30 minutos aproximadamente o hasta que veamos la masa cuajada.

7. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta, desmoldamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

8. Una vez frio decoramos con más lacasitos. Esperad a que esté frío o con el calor la cobertura de los Lacasitos se derretirá como me pasó a mí por impaciente.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/oreo-lacasitos-light-temptation-o-casi

Decir pecaminoso es decir poco, lo sé, pero ¿verdad que apetece un trocito?

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Me gustaría agradeceros a todos los mensajes de ánimo, cariño y apoyo que he recibido desde la pasada semana. Mi madre lo lleva lo mejor posible y los demás intentamos que sea una situación llevadera para ella. Yo me organizo lo mejor posible con la niña (es cierto que mis jefes han sido muy comprensivos pero tened en cuenta que llevo aquí diez años y que antes he transigido yo con muchísimas cosas, aunque siempre podían no haberlo entendido y haber dicho que me las arreglara como pudiera) para que ella no se sienta mal y aunque esté reventada jamás le digo que estoy cansada o que algo se me ha quedado sin hacer. 

Porque a pesar de estar en casa a las cinco de la tarde tengo tiempo de hacer menos cosas y además acabo el día agotadísima porque no descanso ni paro un momento desde que me levanto hasta que logro dormir a Lara y hacer lo más imprescindible para el día siguiente.

Tampoco es que haga nada excepcional, miles de mujeres soportan una carga similar o incluso superior cada día ¡y aún así no he bajado ni un gramo de los dos kilos que el verano me regaló! ¡esto no es justo! 

Lara sigue en su línea. Ya le ha roto el primer colmillo y parece que está menos inquieta con el tema de los dientes (que por cierto tuvimos que darle el chupete hace dos semanas cuando nunca lo había tenido para que lo mordiera porque en la guardería se dedicaba a quitárselo al resto de niños) Por contra desde el sábado está con tos, especialmente cuando se acuesta, lo que es molesto porque a veces se despierta y llora porque tiene mucho sueño, y acaba tosiendo más y llorando más y termina vomitando ¡qué odio le tengo a los vómitos! y qué mal los llevo. Pero esto toca y nos resignamos porque la cosa podría ser peor.

Me despido hasta la semana próxima ¡feliz y dulce fin de semana! Y ahora me voy corriendo a visitar vuestras cocinas


Manos a la masa y ¡bon appétit!






jueves, 16 de noviembre de 2017

Coca de calabaza con costra de azúcar y canela

¿Nunca os ha pasado que la vida, con ese peculiar sentido del humor que tiene, un día cualquiera decide darse un giro y os pone todo patas arriba? Y de repente te ves a ti misma preguntándote qué ha pasado porque no te cabe en la cabeza que sólo un día atrás todo estuviera bien y ¡zas! en un abrir y cerrar de ojos tienes que cambiarlo todo.

Pues bien, eso nos pasó a nosotros hace ya casi quince días, aunque la semana pasada no conté nada porque la entrada estaba dedicada a mi amiga Marisa y no me parecía oportuno empañar la ocasión con mis cuitas caseras. 

El primer domingo de noviembre mi madre tuvo una caída en casa de lo más tonta y se ha roto la muñeca, el cúbito y el radio. ¿Resultado? una bonita escayola que le llega a la axila y encima hay que dar las gracias porque no ha sido necesario entrar a quirófano y en unas horas se pudo marchar a casa.

No sólo está el inconveniente de tener a una madre "averiada" y que por tanto necesita que le echemos una mano (y nunca mejor dicho) en algunas tareas domésticas en las que no se apaña con mi padre (por ejemplo la plancha) sino que ella se quedaba por las tardes con Lara porque teníamos que recogerla de la guardería antes de las cinco y yo hasta las ocho de la tarde no salgo de trabajar. 

¿Qué se hace entonces cuando de la noche a la mañana te ves con que no puedes seguir con tus rutinas? Cabilar, idear y pedir favores. Mis jefes han sido muy benevolentes y me permiten trabajar de nueve a cuatro y media de forma continuada y así puedo recoger a la peque y nos vamos juntas a casa.
A mí me toca achuchar para que mi trabajo siga saliendo puntualmente (ellos no me lo han dicho, pero mi conciencia no estaría tranquila si no sacara el mismo trabajo) y si le miro el lado bueno al asunto tengo la suerte de poder disfrutar un montón de tardes con mi hija que de otra manera no hubiera sido posible. 

Ya sé que podía haber sido algo mucho peor, pero eso no quita que la vida se nos haya trastocado en un momento y estemos aún buscando un nuevo equilibrio para poder seguir haciendo todo lo que hacíamos. Si mis jefes no hubieran accedido a que hiciera este nuevo horario no sé qué hubiera hecho, pero mejor no lo pienso y doy gracias por la fortuna que hemos tenido dentro de nuestra "pequeña desgracia" 

He querido compartirlo con vosotros porque sois muy listos y el que más el que menos algo ha pillado en lo que he comentado en alguna publicación en mi perfil de Instagram y como aquí estamos para compartir lo bueno y lo malo hoy toca de lo segundo e intentaremos endulzar el trago con la receta que os traigo.

Siguiendo en mi línea de publicar postres típicamente otoñales (salvo la semana pasada por motivos más que justificados) hoy vuelvo a abrir mi cocina a mi adorada calabaza. Si hace unos años me dicen que iba a engancharme tanto a esta hortaliza creo que me hubiera carcajeado en la cara del que me lo hubiera dicho ¡si es que nunca sabemos las vueltas que nos va a dar la vida! y ahora no puedo pasar sin ella y sin los deliciosos postres que preparo (y preparáis vosotros que menuda lista de pendientes tengo por hacer)

Y como una no es de piedra y lleva algunos años paseándose por la blogosfera ¿cómo no iba a enamorarme de la coca de calabaza o coca de carabassa que mis amigos levantinos comparten otoño sí y otoño también?
Lo extraño es que la preparé el pasado otoño y no sé por qué no la compartí entonces porque os aseguro que está para ponerle un piso. ¿Veis que es grande? ¡pues nos supo a poco! y es que la combinación calabaza & aceite de oliva & canela es una apuesta ganadora siempre.
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¡Ojo! que no digo que esta sea la receta tradicional ni mucho menos. Consulté distintas recetas y al ver que más o menos los ingredientes y las proporciones son las mismas o muy similares cogí ingredientes de aquí y allá y puse cantidades a mi gusto ¡et voilà! un resultado increíble.

La coca es jugosa, esponjosa, tierna y el sabor...¡mmm! indescriptible. Si os animáis a prepararla no le quitéis la costra de azúcar y canela. Que sí, que resta calorías, y yo soy la reina de quitar todas las calorías que se pueda, pero os aseguro que estas bien merecen la pena.

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El molde que yo utilicé es de 26x26 (aproximadamente) y como os comentaba no nos sobró nada, ni llegó a ponerse dura ni nada ¡qué buen diente tenemos en casa! Pero si os parece mucho siempre podéis hacer la receta con la mitad de los ingredientes o incluso congelarla en trozos y sacarlos a medida que los vayáis a consumir ¡estará perfecta! 

Si tenéis calabazas en casa y os gustan los postres con ella no os perdáis esta coca que os aseguro está para repetirla una y otra vez ¿acaso no os convence este maravilloso corte tan esponjoso? ¡si os está llamando a gritos!

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Os dejo la receta que además es sencillísima de preparar ¡espero que os animéis con ella!

Ingredientes:

* 500 gramos de puré de calabaza
* 5 huevos
* 100 ml de aceite de oliva virgen extra (AOVE)
* 250 gramos de azúcar blanca
* 3 sobres completos (uno azul o morado y otro blando) de gaseosillas 
* 500 gramos de harina de repostería
* 4 cucharadas soperas de azúcar y una de canela para espolvorear
* Mantequilla para untar el molde

Elaboración

1. En un bol muy amplio ponemos el puré, los huevos, el aceite y el azúcar y batimos hasta obtener una masa homogénea.

2. Añadimos los tres sobres de gaseosas y mezclamos. Veremos cómo nuestra masa sube y se esponja.

3. Incorporamos la harina y mezclamos con cuidado procurando que la masa no se baje en exceso

4. Untamos con mantequilla el molde que vayamos a usar o lo forramos con papel para hornear.

5. Vertemos la masa dentro del molde.

6. En un bol ponemos el azúcar y la canela en polvo, mezclamos bien y con ayuda de una cucharilla espolvoreamos por toda la superficie de la masa.

7. Introducimos el molde en el horno precalentado a 180ºC y horneamos durante unos 30 minutos o hasta que al pinchar con un palillo de madera en el centro de la coca este salga limpio.

8. Dejamos reposar con la puerta del horno entreabierta unos minutos, sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.


https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/coca-de-calabaza-con-costra-de-azucar-y-canela
Para conservarla, ahora que no hace calor, podemos envolverla en film transparente y dejarla en la encimera de la cocina o en algún armario (si no están tan saturados como los míos) y si tenéis hueco en el frigorífico ¡adentro con ella! Al estar envuelta va a conservar la jugosidad hasta el último día aunque os aseguro que en cuanto la probéis no vais a parar hasta verle el fin.

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Cuando hago postres con calabaza me surge una duda ¿por qué me quedan menos naranjas que los de mis compañeras? Supongo que depende de la variedad de calabaza que utilicemos, y las calabazas que yo tengo son naranjas pero no tan naranjas como las típicas que vemos para Halloween por ejemplo. No obstante siempre me queda la duda de saber si hay algún truco para que las masas queden más naranjas ¡curiosa que es una! 

Hoy sí tenemos Crónicas de Lara que como es evidente echa de menos a su "Lela" pero que se está acostumbrando a la nueva situación. Mira a mi madre con recelo porque no quiere que tenga la escayola y por tanto no quiere acercarse mucho a ella. A mi madre le fastidia pero como adulta debería de entender que los niños son así, aunque está tan sensible que todo lo afecta el doble.

En la guardería les están haciendo hoy las fotos ¡a ver si no llora y sale medio guapa! ja ja ja Con la poca vergüenza que tiene a saber cómo sale porque los niños nos sorprenden e igual se echa a llorar cuando vea al fotógrafo o lo mismo saca toda su picardía.

Con la comida avanzamos pasito a pasito. Últimamente cuando nos ve comer pide algunas cosas (un trocito de pizza casera, una varita de merluza, una albóndiga...) se come algunos trocitos, otros los escupe y el resto lo amasa y lo planta en el suelo, el sofá, los juguetes...¡las cosas de los niños! Es complicado comer a la misma vez los fines de semana porque Lara tiene un horario en la guardería que mantenemos cuando no va y comer a las doce de la mañana ¡es poco habitual para los adultos! Si no se duerme sí que la sentamos a la mesa con nosotros, pero avanzamos muy lentamente aunque yo estoy contenta porque voluntariamente pide alimentos y los prueba (o juega con ellos, según le parezca)

Los que seguís mi Instagram ya sabéis que el fin de semana pasado visitamos el Belén de Chocolate de Rute y habéis visto alguna foto de la peque que hace prácticas de bailarina abriendo las piernas hasta que no puede más y tenemos que acudir a darle un punto de apoyo porque sola no sabe retornar.

Me despido ya hasta la próxima semana y ahora me voy corriendo a visitar vuestras cocinas.


Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 9 de noviembre de 2017

Tarta de chocolate blanco y cerezas

¿Y esto?

¿Tarta de cerezas? ¿En noviembre?

Suena raro ¿verdad? Llevo más de un mes pidiendo frío y otoño en las calles mientras en mi cocina comparto postres con ingredientes típicos de la estación y ahora que llega el frío y la lluvia parece que asoma por algunas zonas ¡zas! llego con las cerezas a la mesa cuando el resto del mundo está haciendo el (temido) cambio de armario.

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Los que me seguís habitualmente sabéis que apuesto siempre por una cocina de temporada aprovechando las frutas y verduras típicas del tiempo que están mucho más ricas y a mejor precio. Por otro lado no tiene ningún sentido que en febrero me ponga a publicar una tarta con castañas o en agosto una mousse de mandarina ya que por mucho que os guste la idea no podéis salir corriendo en ese momento y haceros con un puñado de castañas o medio kilo de mandarinas. 

Sabéis que soy miembro honorífico del Club Culo Veo Culo Quiero (o Club C.V.C.Q manera más elegante que tiene mi amiga Patty de referirse a él) y por tanto no suelo publicar recetas que no podáis hacer sobre la marcha si os apetecen. Pero como todas las reglas tienen su excepción la mía surge en el mes de Noviembre de la mano de mi amiga Marisa del blog Thermofan y su reto Congelando el verano que este año celebra su segunda edición.

El año pasado ya tuve la fortuna de participar y este año no quería perdérmelo tampoco. Ya sabéis que desde que llegó Lara dejé los retos en los que participaba de manera periódica pero intento acudir a los que tienen un holgado tiempo de preparación y participación ¡así me da tiempo a organizarme!

Cuando Marisa publicó que este año iba a repetir experiencia acababan de regalarlos unas hermosas cerezas cuando ya dábamos por finalizada una temporada que no había sido especialmente buena. En realidad este año no será recordado por la abundancia de ninguna cosecha porque la falta de lluvias nos ha regalado un verano largo y yermo.

Lo tuve claro y rápidamente deshuesé unas cuantas hasta llegar a medio kilo, las puse en una bolsita para congelar y las metí en el congelador lo más horizontales y planas que pude para evitar que se congelaran haciendo una bola. No sé vosotros pero el congelador de mi casa además de pequeño siempre está lleno ¡y eso que no me gusta demasiado congelar! y es complicado darle el espacio suficiente a según qué cosas y que queden congeladas de manera bonita y no hechas una bola.

El resultado fue que algunas cerezas acabaron congelándose pegadas entre sí y haciendo por tanto bola aunque con las manos se podía deshacer (si la bola no era muy grande) Dada mi experiencia congelando moras el verano pasado tengo clarísimo que se pegan por el líquido o la humedad que tenga la fruta. Si las hubiera congelado sin deshuesar (cosa que me parecía poco práctica porque en primer lugar me obligaba a tener que descongelarlas sí o sí para usarlas y en segundo lugar porque estoy segura de que deshuesarlas después de descongeladas iba a ser más tedioso porque la fruta soltaría más jugo y probablemente estarían menos tersas así que acabaría manchándome más)  seguro que no se habían pegado entre sí.

La semana pasada ya publiqué en mis redes sociales una imagen de las cerezas recién salidas del congelador para preparar esta tarta cuya receta está incluída en el libro que hay en la imagen.

Mi idea cuando congelé las cerezas no era hacer una tarta. Esta vez iba a tirar (qué raro en mí) por unos muffins que me llevan rondando en la mente casi un par de años, pero cuando este librito cayó en mis manos y vi la tarta de chocolate blanco y cerezas fue un flechazo  y supe que las cerezas que había en el congelador eran perfectas para prepararla y presentarla en este reto.

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Soy muy chocolatera pero tengo que confesar que el chocolate blanco no está entre mis predilectos. Me resulta muy graso, muy dulce y me empalaga fácilmente. En repostería no lo había utilizado mucho hasta que me hice con una caja de un kilo de perlas de chocolate para fundir y llegó el momento de darles salida porque no se puede atesorar en casa que el espacio es limitado y a veces pienso que tengo más género que algunas tiendas de barrio.

La masa de la tarta me recordó mucho al cafloutis cuya receta fue la primera que compartí en el blog (y ya entonces hacía toda una declaración de intenciones acerca de cocinar con fruta de temporada) pero me intrigaba mucho qué podría aportar el chocolate en la mezcla y sólo podría saberlo si la preparaba. En realidad no he seguido la receta al pie de la letra ya que he reducido un poco la cantidad de nata y he aumentado la de leche y también he puesto más cerezas, pero el resto no lo he tocado.

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Es una receta sencilla, muy simple, con la que casi no se ensucia nada y que por tanto es apta para que cualquiera la elabore en casa. El resultado a simple vista no es nada espectacular y en la primera cata (que fue en la sesión de fotos, de un trocito que se rompió, no más de una cucharada) no me estuvo especialmente buena. No fue hasta el día siguente, cuando me comí un trozo con todas las de la ley cuando pude apreciar los matices y la combinación de sabores.

El chocolate blanco se deja notar al final, hace una aparición tardía en el paladar, pero se nota. Me ha gustado comprobar que no predomina en el postre ni lo convierte en excesivamente dulce o pesado, por el contrario es fresco y apetece comerlo gracias al contraste y la frescura de las cerezas.

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Que por cierto yo las descongelé previamente pero estoy segura de que para hacer esta tarta podría haberlas puesto congeladas (como hago cuando preparo muffins o bizcochos con fruta congelada) que no habría supuesto problema alguno. Os lo comento para que lo tengáis en cuenta.

La textura es similar al cafloutis, un poco más densa que un flan o un pudin, así que se puede cortar y servir perfectamente.

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Quizá el aspecto más negativo que le veo al uso de chocolate blanco es el exceso de grasa que tiene y que en lugar que facilitar el desmoldado de la tarta lo dificulta. No es la primera vez que unto un molde con mantequilla ni la primera vez que utilizo este molde, pues os aseguro que sacar el primer trozo de manera decente fue misión más que imposible. Y le hecho la culpa al chocolate blanco porque también preparé hace unos meses unos muffins con él y costaba la vida sacarlos de las cápsulas cuando con otras elaboraciones esas mismas cápsulas se han desprendido perfectamente.

Además creo que la grasa del chocolate al enfriarse la tarta es la que ha hecho una especie de bolitas en la superficie que no es que conviertan la tarta en el postre más feo del mundo pero no tenían que estar ahí.

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Y después de sacarle todos los defectos del mundo mundial porque ya sabéis que a mí me gusta contarlo todo muy claro ¡a ver cómo os convenzo para que la hagáis! Creo que es una tarta ideal para reuniones donde hay mucha gente y cada cual con su gusto. El sabor es sutil, no es nada dulce (advertidos quedáis los dulceros), es fresquita y entra bien después de una buena comida, incluye chocolate y también fruta ¡tiene un poco de todo! Como bien sabéis contentar a todo el mundo es complicado pero con este postre creo que llegáis a una gran mayoría.

Esta vez también tuve problemas con las fotos porque la tarde avanzaba y avanzaba y mi niña no estaba dispuesta a dormirse y con ella montar este circo es complicado. Al final el sueño la venció a las cuatro y cuarto de la tarde y yo deprisa y corriendo para aprovechar el último rato de luz medio decente ¡y soy afortunada porque a mi casa le da la luz todo el día!

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Me gusta mucho el contraste entre las cerezas que siempre anuncian la llegada del verano y las hojas y las semillas de otoño (por si faltaba algo ya estoy recogiendo "mierdas" de la calle bajo la mirada horrorizada de mi señor marido) Quería plasmar en las fotos que había congelado un trocito de verano para sacarlo en pleno otoño y disfrutar de él (aunque casi no se había ido cuando he preparado esta tarta) y es posible que esa luz de final de la tarde ayudase a crear esa atmósfera.

Me dejo por fin de rollos y os invito a un trozo mientras os cuento cómo prepararla.

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Ingredientes: 

* 500 gramos de cerezas
* 200 gramos de chocolate blanco
* 200 ml de nata para montar 
* 250 ml de leche
* 75 gramos de azúcar
* 100 gramos de harina de repostería
* 75 gramos de mantequilla + 1 nuez de mantequilla para untar el molde (salvo que sea de silicona)
* 3 huevos
* 2 cucharaditas de azúcar de vainilla y ron.

Elaboración:

1. Ponemos la leche a calentar y la retiramos cuando esté a punto de romper a hervir. Yo lo hice en el microondas que tarda menos de dos minutos.

2. En un bol amplio ponemos el chocolate blanco en trozos y la mantequilla y vertemos la leche caliente sobre ellos. Dejamos reposar unos minutos y el calor los derretirá.

3. Mientras podemos untar  el molde que vayamos a utilizar con mantequilla por el fondo y los laterales para que sea más sencillo desmoldar la tarta.

4. Colocamos las cerezas en la base del molde y reservamos. Yo las descongelé previamente (en cuyo caso tendremos que escurrir el jugo que hayan soltado) pero no creo que haya problema alguno en ponerlas congeladas. Si preparas la tarta en verano, en época de cerezas, tendrás que deshuesarlas previamente.

5. Removemos la leche, la mantequilla y el chocolate con unas varillas (a estas alturas ya tienen que estar líquidos) y añadimos la nata y el azúcar. Mezclamos.

6. A continuación vamos añadiendo los huevos de uno en uno y mezclamos bien en cada adicción. No incoroporamos el siguiente hasta que el anterior no está bien integrado.

7. Por último añadimos la harina y mezclamos hasta obtener una masa homogénea que vertemos en nuestro molde, sobre las cerezas, con mucho cuidado para que se desplacen las menos posibles. Tampoco os frustréis mucho si  se mueven (que lo harán) ya que con una espátula podemos intentar recolocarlas (aunque al hornearse, cuando la tarta comienza a cuajar, también se van a desplazar ligeramente) 

8. Introducimos el molde en el horno precalentado a 180 º C y horneamos hasta que la tarta esté cuajada, lo que tardará aproximadamente, y según el diámetro de vuestro molde (el mío es de 26 centímetros) de 35 a 45 minutos. Siempre comprobamos que esté cuajada pinchando con una brocheta de madera antes de apagar el horno.

9. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta (bajará ligeramente) y cuando pase un rato sacamos y dejamos sobre una rejilla hasta que se enfríe por completo. Tapamos con film transparente y pasamos al frigorífico para que termine de asentarse.

10. Antes de servir espolvoreamos un par de cucharaditas de azúcar con vanilla y ron . Si no tienes utiliza azúcar de vainilla o lo que tengas en casa.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tarta-de-chocolate-blanco-y-cerezas

Cuando la tarta lleve unos 15-20 minutos en el horno es posible que tenga la superficie ya dorada porque el chocolate blanco es muy delicado y se quema con mucha facilidad. Para que no acabe negra tápala con un trozo de papel de aluminio ¡pero ten cuidado al retirarlo para que no se pegue a la superficie y acabe arrastrando la capa superior!

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No dejéis la tarta rato y rato en el horno porque acabará endureciéndose y la textura será más de goma que otra cosa. Entiendo el miedo a que se quede sin cuajar, pero pasado el tiempo que os indico, salvo que el molde sea muy alto la podéis apagar que con el calor residual y el posterior reposo en el frigorífico estará perfecta.

Las cerezas como os comenté se mueven durante el horneado. Unas suben a la superficie, otras se quedan en el fondo... El corte se ve estupendo, os lo aseguro.

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Es más que probable que muchos de vosotros participéis en este reto (si es que no habéis publicado vuestras recetas ya). Los que no lo conociérais pinchad en la imagen que hay más abajo y os llevará directo a él, allí podréis ver todas las receta que estamos elaborando y os invito a que lo tengáis en cuenta para el verano que viene y os animéis a uniros a nosotros ¡se aprende muchísimo!

http://thermofan.blogspot.com.es/2017/06/congelando-el-verano-ii.html

Aunque suene pretencioso os aseguro que ya tengo pensada la fruta que quiero congelar el verano próximo. Este año me he quedado con todas las ganas porque las pocas que han caído en mis manos me las he zampado alegremente ¡ni para repostear he tenido! pero el verano próximo intentaré congelar. Espero que a alguien se le haya ocurrido este verano y no ir a ciegas porque el pasado no se congelaron y no sé si se podrá o no. Y no digo más que no se pueden adelantar acontecimientos (soy muy maniática y creo que se gafan...)

Me despido hasta la próxima semana, donde tendremos Crónicas de Lara de nuevo que hoy me he enrollado como sólo yo sé hacerlo.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 2 de noviembre de 2017

Tarta de castañas y chocolate

Después de la noche de Halloween y de vivir el día de Todos los Santos retomamos la rutina y seguimos nuestras vidas a una velocidad de vértigo dirección terminar el año que da miedo sólo pensarlo.

En mi zona lo tradicional el día de Todos los Santos es visitar el cementerio y la víspera encender una vela para recordar a nuestros difuntos. Gastronómicamente no hay grandes tradiciones para esta jornada y las que comienzan a verse en los obradores de pastelería del pueblo como los buñuelos o los huesos de santo son de "moderna" aceptación.

Mi abuela para este día preparaba gachas y también castañas asadas. Las batatas asadas al horno (cuya receta os enseñaba aquí hace pocas semanas) no sé si para ella serían típicas o no de este día ya que en su casa las había para el postre desde que llegaban al mercado hasta que se terminaban.

Como la semana pasada publiqué un postre relacionado con Halloween esta semana quería preparar algo que tuviera relación con la festividad de Todos los Santos y que me trajera recuerdos de mi infancia. Como gachas no he preparado nunca (y no recuerdo muy bien su sabor si en su momento me digné a probarlas) y no he tenido tiempo de ponerme con mi madre a prepararlas he optado por tirar por la calle de en medio y hacer una tarta con castañas, muy típicas del otoño y que va que ni pintada para estos días.

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En realidad la decisión también se ha ajustado a seguir cumpliendo el propósito que arrastro desde principios de año y que comparto con mi amiga Olga de dar salida a  todo lo que tengo acumulado en los armarios ¡que en las tiendas no se agotan los productos! En este caso tenía por casa un bote (en realidad dos) de crema de Marrón Glacé desde el invierno que estaba embarazada de Lara (un antojo como otro cualquiera) y al que ya era hora de darle salida (aunque la fecha de caducidad sea 2019)

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Por otro lado ya me dolía no tener ninguna receta con castañas en el blog, porque me gustan mucho y porque son tan típicas del otoño que parecía más que irónico que una Autumn Divine como yo no tuviera al menos un postre con ellas en su cocina virtual.

Aunque utilizar la crema no sea exactamente lo mismo que usar las castañas directamente me vais a permitir esta licencia con la promesa de publicar un postre usando castañas acompañando un trocito de esta tarta de hoy (que creo es bastante apta para el soborno)

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Con las castañas tengo un problema. Me gustan mucho pero soy tremendamente perezosa para pelarlas. ¿Resultado? Aquella que pelo aquella que me la como. No hay más. Mi Señor Costillo sí que suele hacer un puñadito en el microondas y le pongo tantos ojitos de pena que al final me pela tres o cuatro para que quite esa carita. Sin embargo alguna vez he dejado caer la posibilidad de asar en el horno un kilo para hacer mermelada o un puré para un postre y me ha dicho que las pele yo si quiero repostear. Algo tremendamente injunsto cuando los postres que yo preparo se toma él en una proporción mínima del 65 %

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Es posible que en unos años pueda sobornar a Lara para que me ayude a pelar castañas igual que hace muchos años mi madre nos ponía a mi hermano y a mí a limpiar lentejas para cocinarlas al día siguiente, pero esta historia os la cuento en otra ocasión.

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Estuve chafardeando un rato por internet y buscando recetas de tartas con castañas y también eché un vistazo a los libros que tengo en casa y al final decidí hacer lo que me dictaba la razón y utilizar además unos yogures que tenía en la nevera y que parecia que iban a comprarse una parcela en la balda en la que estaban colocados.

Total que la receta en mi mente comenzaba a coger forma y sinceramente me gusta más la idea de poner yogur a poner mantequilla. Cuento calorías y nos ahorramos un buen puñado ¿eh? Estaba indecisa en cuanto a usar sólo la crema de castañas (en cuyo caso las cuentas sólo me salían si ponía los dos botes en la tarta y tenía mis dudas de que fuera demasiado) o combinarla con chocolate (y es que poner chocolate es casi siempre un triunfo) y al final ganó la idea del chocolate y como no podía ser de otra manera el elegido fue el chocolate negro.

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¿El resultado? Una tarta cremosa y muy rica que combina el sabor de las castañas y el chocolate ¡todo un acierto! Evidentemente azúcar no hay que añadirle al relleno ¡sólo faltaba! y aún así resulta un postre contundente del que mejor servir trocitos pequeños para no saturarnos y evitar el espesamiento de la sangre.

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Si no tenéis crema de marrón glacé no es problema alguno. Puré de castañas o mermelada os darán el mismo resultado, e incluso mejor porque contienen menos cantidad de azúcar. Queda en mis pendientes repetirla con puré de castañas porque estoy segura de que quedará aún más buena al rebajar la cantidad de azúcar.

Y en cuanto a la elaboración la tendréis lista para meter en el horno en menos de quince minutos y el resto... ¡el resto es cosa de nuestro amadísimo horno! Así que no hay excusa para no hacerla. Yo os dejo la receta y lo demás queda de vuestra mano.

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Ingredientes:

* 1 lámina de masa quebrada
* 1 bote de crema de marron glacé (285 gramos)
* 200 gramos de chocolate negro para postres
* 3 yogures griegos (375 gramos) (yo usé yogur griego con stracciatella que era el que tenía en casa)

* 3 huevos

Elaboración.

1. Ponemos el chocolate a derretir. Yo lo hice al baño maría, pero lo podéis hacer en el microondas en cortas tandas de tiempo para evitar que el chocolate se queme.

2. Cuando el chocolate esté derretido añadimos la crema de Marrón glacé y removemos bien para que se mezcle. El calor del chocolate hará más manejable la crema. Si has derretido el chocolate al baño maría mantén el bol sobre el agua caliente ya que así la crema se reblandecerá rápidamente.

3. A continuación añadimos los yogures de uno en uno (y retiramos el bol del agua caliente en caso de haber derretido el chocolate al baño maría) y mezclamos hasta integrar. Como los yogures los habremos tenido en la nevera ayudarán a bajar la temperatura de la mezcla y si los tenemos a temperatura ambiente tendremos que esperar unos minutos a que la mezcla se temple antes de continuar.

4. Una vez templada la mezcla añadimos los huevos de uno en uno. Es importante que no esté muy caliente o los huevos podrían cuajarse y estropear el relleno. No añadimos el siguiente hasta que el anterior no esté bien integrado.

5. Desenrollamos la lámina de masa quebrada y si es necesario estiramos con el rodillo. La colocamos sobre el molde (yo suelo dejar el papel de hornear que la envuelve en la base para que sea muy sencillo desmoldar la tarta) y vertemos el relleno.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180ºC y horneamos 30 minutos. Pasado ese tiempo bajamos la temperatura a 170º C y horneamos hasta que esté cuajada. Iremos pinchando con una brocheta de madera y apagaremos el horno cuando esta salga  limpia. Dependerá un poco del diámetro del molde (el mío es de 24 centímetros) pero serán aproximadamente de 15 a 25 minutos más una vez bajemos la temperatura.

7. Dejamos templar en el horno, con la puerta entreabierta y pasados 15 minutos sacamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla. Tapamos con film transparente y guardamos en el frigorífico.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tarta-de-castanas-y-chocolate

Lo mejor es dejarla reposar de un día para otro para que el relleno asiente y tome textura

Tendremos que gastar cuidado y no hornearla en exceso o la superficie se puede agrietar.

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Durante el horneado el relleno crece un poquito, pero al apagar el horno y perder temperatura baja y queda una superficie lisa y homogénea ¡no la toquéis en caliente para intentar bajarla o la estropearéis! 

Y aunque no lo parezca esta tarta es uno de los postres que más me ha costado fotografiar. Probé con tres escenarios distintos y la muy puñetera no quería salir en ninguno bien ¡lo que cuesta que el chocolate quiera salir en las fotos! Además quería esta tarta sí o sí para hoy así que no podía invertir más tiempo porque para más emoción estaba haciendo las fotos el pasado domingo ¡con el nuevo horario recién estrenado! y las horas de luz iban en mi contra.

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Al final he quedado más o menos contenta con el resultado aunque tenía otra idea que ya intentaré más adelante con otro postre.

Seguro que más de uno ha visto el disfraz de Lara para celebrar Halloween en la guardería. Sí, será una moda importada, pero se lo pasan pipa. Y entiendo el razonamiento de más de uno que dice que España es un país de tradición católica, pero tenemos que entender que no todos los españoles son actualmente católicos e igual que pedimos respeto para las tradiciones y las creencias que profesamos respetar las que profesen otros. 

Está entrando en una fea fase de mamitis y no quiere que yo me vaya. Ella no tiene problema en estar en la guardería o en casa de mis padres, pero no puede ver que me voy... Un poco complicado sí. Especialmente cuando nos separamos por la mañana, porque como tengo jornada partida es mi madre la que la recoge en la guardería y se la lleva a casa así que hasta por la noche no nos vemos ¡cosas de madres trabajadoras!

Espero que hayáis disfrutado mucho de estos días y voy corriendo a vuestras cocinas para ver las cosas tan ricas que habéis compartido con nosotros ¡nos leemos la próxima semana!

Manos a la masa y ¡bon appétit!