jueves, 29 de junio de 2017

Magdalenas de horchata y naranja

El calendario sigue pasando páginas y mañada despedimos el mes de junio y con él medio año. Estamos sumergidos en pleno verano, los niños acaban de estrenar sus vacaciones y sin embargo antes de que queramos darnos cuenta estaremos con las miras puestas en navidad.

Sé que parece exagerado sacar a colación el tema de las fiestas cuando estamos preparando el bañador para darnos el primer chapuzón de la temporada pero en un abrir y cerrar de ojos tendremos los estantes del supermercado haciendo hueco para los turrones (aunque el otro día estuve en una tiendecita de barrio que aún tenía un pequeño surtido de dulces navideños ¡OMG! )

Con la necesidad que tiene el comercio por adelantarlo todo están en plena campaña de venta de libros de texto para el nuevo curso cuando los niños casi aún no han terminado este ¡eso son prisas y lo demás tonterías! Yo entiendo que tienen que seguir vendiendo y quieren que pasemos por caja, pero hagamos las cosas a su debido tiempo que la vida no nos da para más.

Es que es de traca ir a buscar un bañador a finales de junio y que te digan que lo que ves es lo que queda que ya se ha vendido todo ¿cuándo? porque llevamos dos semanas de calor y encima somos de secano... Os prometo que no me cabe en la cabeza tanta antelación.

Pero voy a dejar el tema ahí y me voy a centrar en la receta de hoy. Soy consciente de que esta semana muchos compañeros cuelgan el delantal y cierran su cocina por vacaciones. Llevamos muchos días al pie del cañón desde septiembre y con el calor que nos asfixia la mayoría busca tomarse un descanso de las obligaciones cotidianas y hasta de los hobbies.


Aunque yo voy a seguir al pie de los fogones durante unas semanas más para hoy he querido preparar estas deliciosas magdalenas de horchata y naranja ¡me ha quedado una receta de lo más valenciana oiga! 

El pasado verano compartí con vosotros este delicioso bizcocho de horchata y me dejé en la despensa estas magdalenas ¡que no podían esperar más a ver la luz! 

Lo sé, hace calor. También sé que el otro día dije que quedaba inaugurada la temporada de postres fresquitos en el blog ¡lo recuerdo! pero ¿no os parece casi un crimen que esta receta siga sin publicar? Además recordad mi teoría de que el horno es fresquito porque una vez metes la bandeja puedes cerrar la puerta de la cocina y te tumbas bajo el chorro del aire acondicionado, te tiras a la piscina o te sales al balcón a quejarte de que son las nueve de la mañana (o de la noche) y no corre ni una mísera brisa.

Antes de que quieras darte cuenta las tienes listas para disfrutarlas en el desayuno o la merienda acompañadas de un vaso fresquito de horchata o de leche o de zumo natural o de lo que más se te antoje en el momento...

Quedan unas magdalenas muy tiernas y esponjosas, con un delicioso aroma y esa costra de azúcar tan tentadora y apetecible coronándolas ¡el esfuerzo de encender el horno merece la pena! 

Además con estas cantidades dan para 18 unidades ¿verdad que compensa? Porque bien tapadas en una lata o un tupper aguantan perfectamente pero si crees que se te pueden poner malas las metes en una bolsa ¡y al congelador! Las vas sacando un rato antes de comértelas ¡y como recién hechas! ¡algo bueno tenía que tener este calor ¿no?! 

Hoy voy a ser breve que estoy segura ya te he convencido y vas a incluir la horchata en tu lista de la compra para prepararlas.

¿Vamos con la receta?

Ingredientes:

* 160 gramos de azúcar
* 3 huevos
* 300 gramos de horchata
* 100 ml de aceite de girasol
* 1 sobre de levadura química
* 400 gramos de harina para repostería
* 100 gramos de naranja confitada (yo uso la de LIDL)

Elaboración:

1. En un bol ponemos el azúcar y los huevos y batimos hasta que estén cremosos

2. Añadimos la harina y la levadura y vamos mezclando a la vez que incorporamos poco a poco la horchata y el aceite.

3. Añadimos una cucharada de harina a los trozos de la naranja confitada y mezclamos bien. Los incorporamos a la masa y mezclamos con ayuda de una espátula para que queden bien esparcidos.

4. Reservamos en el frigorífico la masa bien tapada y dejamos reposar varias horas (o toda la noche a ser posible) Si no tenéis tanto tiempo podéis hornear directamente.

5. Preparamos nuestra bandeja para muffins colocando las cápsulas de papel.

6. Con ayuda de una cuchara para helados vertemos la mezcla en las cápsulas.

7. Espolvoreamos con azúcar por encima de la masa (si lo preferís podéis obviar este paso)

8. Introducimos en el horno precalentado a 200º C y tras diez minutos bajamos a 180ºC y horneamos 10-12  minutos más.

9. Dejamos templar unos minutos con la puerta del horno entreabierta, sacamos de la bandeja de muffins y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.


https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/magdalenas-de-horchata-y-naranja






¿Verdad que queda una merienda de lo más marinera? ¡Dan ganas de ponerse a comer ahora mismo!

Me ha venido genial tenerlas "en la despensa" porque el finde pasado tampoco pude preparar ningún postre. Lara se ha resfriado y ha estado de lo más inquieta y me ha tenido dos noches en vela. Me ha dado tiempo a hacer lo más imprescindible y a estar agotada al máximo pero hay que afrontar la semana lo mejor posible. Me consuelo pensando que la próxima semana tendré horario de verano y estaré por las tardes en casa. Espero poder sacar tiempo para repostear y hacer fotografías decentes además de disfrutar mucho de la princesa de la casa.

Nos vemos la semana que viene si seguís al pie del fogón como yo ¡feliz finde y felices vacaciones para aquellos que os despedís hasta septiembre!

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 22 de junio de 2017

Tarta de galletas y leche condensada con limón

Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.

En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.

En el cénit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.



Antonio Machado.



Ya es más que oficial. Nos hemos zambullido de pleno en el verano de 2017 que el muy pillo le ha quitado unas semanas a la primavera y mucho me temo que le robe unas cuantas más al otoño antojándosenos eterno.

Muy probablemente si pudiera permitirme el lujo de pasar el estío junto al mar o viajando a mi antojo sin preocuparme por el dinero o el trabajo el verano me gustaría, es más ¡estoy segura de que me encantaría! Pero como mis veranos no son como los que pretende vendernos la publicidad a toda costa desde que a una mente privilegiada se le ocurrió el slogan "ya es verano en El Corte Inglés" (muy útil para cada temporada por cierto) pues esta estación se me hace más bien machacona y casi casi interminable.

Pero como no va a terminar antes ni a ser menos inclemente por mucho que me queje de ella intentaré sobrellevarla lo mejor posible y aprovechar las cosas buenas que tiene ¡como el horario de verano! Me parece mentira que en menos de dos semanas a las tres de la tarde voy a estar saliendo de la oficina hasta el próximo día ¡voy a poder disfrutar mucho de mi hija! ¡o a disponer de mucho tiempo para "pelear" con ella!

Otra de las cosas a disfrutar este verano es el aire acondicionado. Lo cierto es que en casa siempre hemos pasado el verano más o menos bien, pero el pasado ya me resultó un poco penoso y este, tal y como ha comenzado, nos ha lanzado de pleno a poner el dichoso aparatito.

¡Menudo fin de semana! Parece increíble que una cosa tan pequeña en apariencia pueda ponerte patas arriba media casa ¡como para meterme en una reforma! No me véis pero os aseguro que casi, casi, casi me estoy haciendo cruces...

Lo bueno es que ya está instalado y en casa se vive de otra manera. Eso no quita que por las noches pasemos calor como todo hijo de vecino (me niego a dormir bajo el abrazo del frío) pero el resto del día es más llevadero dentro de casa y sobre todo Lara suda menos.

Con tremendo jaleo no me dio tiempo (ni ganas tenía de buscarlo como he hecho en otras ocasiones) de preparar ningún postre. Mi suerte es que hace unas semanas preparé esta deliciosa tarta y he pensado que era el momento ideal de compartirla con vosotros ¡antes de que la blogosfera se vaya quedando vacía por vacaciones y la mitad os la perdáis! 

La receta no es en absoluto novedosa, me topé por casualidad hace casi un año con ella e investigando un poquito porque en un principio me parecía bastante improbable que el resultado fuera tan bueno con tan pocos ingredientes y tan poca dificultad pude comprobar que hace un tiempo estuvo muy de moda y la compartieron muchísimos blogs.


Creo que merece la pena rescatarla y darle una segunda era de gloria porque os aseguro que se tarda muy poquito en hacerla y que está rica a rabiar.

Además no necesita horno y si seguís los pasos y la lista de ingredientes sin hacer cambios el resultado os va a encantar ¡en casa estamos deseando repetir! 

El único ingrediente que se puede cambiar son las galletas. Podéis utilizar las que os dé la gana, las que tengáis en casa o las que más os gusten.

Lo que no admite cambios es la leche condensada y la nata.  La marca la dejo a vuestra elección pero para esta receta no son válidas las lights o bajas en calorías que por otro lado tanto me gustan a mí. Tienen que ser las clásicas, las que engordan muchísimo porque necesitamos el efecto del zumo de limón sobre la materia grasa para que la mezcla cuaje.

Si variamos los ingredientes no puedo asegurar que el resultado sea bueno. De sabor seguro que está rico pero igual no cuaja. 

Si alguien quiere hacer la prueba y compartirla con nosotros ¡somos todo oídos! 

Pero como un día es un día y total a la operación biquini de este año no llegamos podemos prepararla con toda tranquilidad.

El resultado salta a la vista. Es una tarta cremosa que mezcla el dulzor de la leche condensada junto con el ácido del limón quedanto muy equilibrada en sabores y texturas gracias a las galletas.

No es para nada empalagosa y se tarda muy poquito en prepararla ¡qué peligro tienen estos postres! porque a lo tonto, si tienes los ingredientes, en un ratillo la tienes en el frigorífico ¡y una vez cuajada es visto y no visto! 

Poco os puedo decir para animaros a prepararla ¡creo que habla por sí sola!

¿Verdad que este trocito os está llamando?


¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

* 370 gramos de leche condensada clásica
* 400 ml de nata para montar con un 35% m.g.
* 150 ml de zumo de limón
* Un paquete de galletas rectangulares (yo he usado galletas napolitanas, que son las que llevan en la superficie canela y azúcar)
* 100 ml de leche


Elaboración:

1. Preparamos un molde de plum cake forrando su interior con film transparente para que podamos desmoldar con facilidad y sin riesgo de estropicio nuestra tarta una vez cuajada. Reservamos.

2. Exprimimos los limones hasta obtener 150 ml de zumo de limón.

3. En un plato hondo ponemos la leche y reservamos

4. En un bol ponemos la leche condensada y la nata y mezclamos.

5. Añadimos el zumo de limón y volvemos a batir. Veremos que la mezcla se vuelve más espesa.

6. En la base del molde vertemos una capa de crema.

7. A continuación empapamos galletas en la leche y cubrimos la crema. Yo las he mojado solamente por la capa que no tiene azúcar y canela contando un,dos, tres y sacándolas de la leche para que no se reblandezcan demasiado.

He puesto sobre la crema la cara con el azúcar porque al desmoldar daremos la vuelta a la tarta aunque al cortarla no se va a notar la diferencia.

8. Cubrimos las galletas con una capa de crema y esta de nuevo la cubrimos con otra tanda de galletas.

9. Continuamos haciendo capas de crema y galletas hasta que se termine la crema. La última capa la pondremos de galletas ya que nos servirá de base.

10. Tapamos con film transparente y metemos en el frigorífico al menos cuatro o cinco horas para que cuaje aunque mi recomendación es que la dejéis reposar al menos una noche entera.

11. Antes de servir sacamos, destapados y tiramos del film que cubre el molde. Nos será sencillo desmoldarla sobre la fuente que hayamos elegido.

12. Cubrimos la superficie con un par de galletas pulverizadas o como más nos guste.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tarta-de-galletas-y-leche-condensada-con-limon

La que sobre bastará con cubrirla con film transparente y guardarla en la nevera o bien podemos pasarla a un envase y taparla bien para que no se reseque.

Pero tranquilos, que está tan rica que no estará ocupando sitio en el frigorífico demasiado tiempo.

Lo mejor es que la hagáis para compartir que la tentación es demasiado grande y no vais a parar hasta terminarla. Eso sí, vais a quedar como reyes y nadie creerá que se prepara de manera tan sencilla ¡es uno de los postres más fáciles y resultones que he hecho nunca!

Aunque os he dicho que no se pueden variar ingredientes mi cabeza le está dando vueltas a una idea. Si resulta va a estar bien rico. Si sale mal... ¡nos lo comeremos a cucharadas y asunto resuelto! Le doy una vuelta de tuerca a mi idea y a ver si dentro de poco vengo con una versión ¡igual de calórica o más! 

Como sabéis el martes día 20 fue la fiesta de la guardería de Lara. ¡Lo pasamos estupendamente! Los niños son muy graciosos y las profesoras y todo el personal del centro se lo curró a lo grande. He de decir que los de nido (que son los más pequeños y donde está Lara) actuaron los primeros pero se limitaron a quedarse parados en el escenario. Allí nadie movió ni un pie, sólo miraban para la gente en plan "¿y qué hacen aquí todas estas personas?" Y yo muy orgullosa de que Lara (que estaba monísima como la guía del autobús) no llorase ni intentara bajarse. De hecho es que los que había de pie ni se menearon y los que había sentados en las tronas por motivos obvios tampoco se movieron.

No he subido fotos porque está con más niños. Voy a ver si consigo alguna de las que hizo el centro en la que esté sola o al menos se pueda recortar para que no aparezca ningún niño más y compartirla porque a mí no me gustaría que nadie subiera fotos de mi hija sin mi conocimiento ni consentimiento.

Después de todas las actuaciones nos tomamos un apertitivo en los jardines de la guardería donde habían dispuesto mesas con la comida que habíamos aportado los padres. El centro puso las bebidas y organizó lo que cada clase tenía que aportar. A los de nido nos tocaron los aperitivos tipo patatas, gusanitos, aceitunas, almendras... así que este año me libré de cocinar. Los mayores pusieron los dulces ¡qué locura! ¡Más de cincuenta! Cuando iba por el décimo trozo paré. Creo que voy a estar un mes sin comer para compensar el exceso de esa noche ¡pero estaba todo tan rico! aunque he de decir que la mayoría eran encargos a los obradores del pueblo. Una pena que la gente no se implique y los prepare caseros ¡cuando a mí me toque los haré yo! 

En fin, que nos gustó mucho y yo en parte estoy deseando que llegue la del próximo año aunque por otro lado no porque será señal de que ha pasado un año más.

Termino la receta de hoy deseándoos muy feliz fin de semana y que no paséis mucho calor ¡nos vemos el próximo jueves!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 15 de junio de 2017

Vasitos de cheesecake de cereza invertido

Al verano de este año le importa un pie que aún falten 6 días para el solsticio. En las últimas semanas se ha ido asomando y desapareciendo, como jugando al esconder con nosotros, pobres mortales, para martirio de armarios y madres y todo ser viviente que deba salir vestido a la calle (o sea, todos, y yo me alegro de que así sea aunque más de uno y una en verano deje poco a la imaginación)

El próximo miércoles amaneceremos en un verano de pleno derecho aunque por la ola de calor que arrasa el país bien podemos dar por inaugurada la temporada estival en playas, piscinas, terrazas de verano ¡y por supuesto en los blogs!

A pesar de ser de secano adentro y por mucho que el termómetro del patio se empeñe en acercarse más a los cuarenta que a los treinta más de un día me cuesta horrores no encender el horno. Ya sea para recetas saladas o dulces es casi seguro que uno o varios días a la semana acabo sucumbiendo a la tentación y me pongo a hornear.

Por darle una vuelta de tuerca a la situación hay veces que creo que con recetas horneadas paso menos calor que si preparo algo en la plancha o en la placa. Preparo las cosas, las meto en el horno, cierro la puerta de la cocina ¡y yo a otra cosa! Que sí, que luego parece un infierno, pero así tengo la excusa para estar menos aún en la cocina para las tareas de limpieza.

Tranquilos, que la receta de hoy no requiere horno y se prepara en menos de treinta minutos ¡lo más laborioso es deshuesar las cerezas! con eso os lo digo todo.

Este año hay frutas cuyas temporadas se me están haciendo muy cortas. Me pasó con las fresas y ahora ha ocurrido con las cerezas que ha sido un visto y no visto. Igual la culpa es de la falta de lluvias de los tres últimos inviernos, seguramente así sea, pero este año empezar y terminar con las cerezas ha sido todo uno.
Como os he comentado en otras ocasiones tengo la fortuna de no tener que comprar cerezas ya que algunos vecinos del campo tienen cerezos y le ofrecen a mi padre que coja las que quiera. Mi padre que sabe que me encantan me va preguntando cómo voy de reservas y dos o tres veces en semana me trae una bolsa que en mi casa dura un suspiro.

Otros veranos estoy segura de que duraban más, pero las de este año nos las hemos comido como pipas ¡si pensaba que no iba a poder preparar ningún postre con ellas! La suerte es que el pasado viernes mi padre me trajo un buen cargamento y el sábado me puse a preparar este postre ¡las cerezas que aparecen enteras en las fotografías son de otra bolsa porque las que tenía en casa no llegaron para la foto! ¡Qué locura!


Además de preparar algo con cerezas quería darle salida a un yogur cremoso de cereza que hace un par de semanas compramos en LIDL (primo hermano del yogur de café que utilicé para esta receta) y que creo que no siempre tienen a la venta.

Si no lo encuentras (igual hay de otra marca) no es problema ¡un yogur natural y asunto arreglado! y si lo quieres con color a cereza lo bates con un buen puñado y más sano imposible.


Mi idea inicial era preparar unos vasitos tipo tarta de queso pero en el último momento se me ocurrió invertir el orden y poner la cobertura y la fruta en el fondo y espolvorear con la galleta molida la superficie ¡han quedado de lo más vistosos!


La ventaja de la presentación individual de los postres es que no tenemos que ir partiendo raciones ni entramos en la polémica de los trozos más grandes para los más golosos, las raciones más pequeñas para los que quieren guardar el tipo (aunque después acaben repitiendo porque total, como solo es un cachín...)

El inconveniente es que en función de los cacharros que utilicemos requieren más o menos espacio en el frigorífico y eso en verano suele ser un gran problema porque mi nevera, y supongo que la de la mayoría de vosotros, está hasta los topes y cada trocito es aprovechado al máximo.

Pero con una buena planificación de compras, comidas y postres siempre es posible encontrar un hueco ¡os aseguro que estos vasitos lo merecen!

No le he puesto azúcar a la crema (que lleva sólo yogur y queso de untar) porque con la galleta y la mermelada de cereza el dulzor se compensa, pero si sois más golosos probad la mezcla y añadid azúcar si lo veis necesario.

Una vez las cerezas deshuesadas os aseguro que en menos de diez minutos tendréis los vasitos listos ¡y sin casi ensuciar nada! ¡Venga! ¡animaos! que la temporada de cerezas está terminando y no podéis dejar de probar esta cheesecake invertida ¡os va a encantar!

¿Qué os parece si os tiento con un vasito? ¿verdad que os apetece bien frío?


¡Vamos con la receta! Con estas cantidades me dio para ocho vasitos como los de las fotos ¡y no sobró nada!

Ingredientes:

* 200 gramos de queso crema tipo Philadelphia
* 500 gramos de yogur de cereza
* Galletas (yo necesité ocho galletas, una por cada vasito)
* Cerezas (yo puse tres cerezas en el fondo de cada vasito y otras doce o quince troceadas en la mezcla de yogur y queso)
* Mermelada de cereza (receta aquí) (cantidad a gusto, según lo que queramos poner en la base)


Elaboración:

1. Empezamos deshuesando las cerezas. Como no son muchas tardaremos muy poquito. Si no queréis deshuesarlas con un cuchillo y no tenéis la maquinita probar con el tubo de un boli Bic.

2. Disponemos los vasitos que vayamos a utilizar y en el fondo ponemos un par de cucharadas de mermelada de cereza y tres cerezas cortadas en trocitos. Las mías eran hermosas, si las que tienes son más pequeñas pon cuatro.

3. Sacamos el queso y el yogur del frigorífico y los ponemos en un bol. Con ayuda de una varilla manual batimos hasta mezclar.

4. Añadimos un puñadito de cerezas cortadas en trozos.

5. En cada vasito vertemos la mezcla de queso y yogur sin llegar hasta arriba.

6. Tapamos y guardamos en el frigorífico hasta el momento de consumir.

7. Antes de servir espolvoreamos con galleta molida (la podemos pulverizar con la trituradora o a mano con el rodillo o en un mortero)

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/vasitos-de-cheesecake-de-cereza-invertido

¡No me digáis que no son bonitos! Visten tanto como postre que da igual que no estén buenos (que os aseguro que lo están) con lo monísimos que quedan presentados casi que es suficiente.


Porque estaréis de acuerdo conmigo en que un postre además de rico si es bonito ¡mucho mejor! no es que a la mayoría haya que insistirle para atacar algo dulce pero si llama la atención ¡el éxito está asegurado! 

En el frigorífico aguantan bastante bien durante cuatro o cinco días pero mi consejo es que los preparéis la víspera de consumirlos. El motivo es muy sencillo ¡las cerezas maceran y sueltan jugo! así que la mermelada se vuelve un poquito más líquida. Que no es un problema ¡conste! pero ya sabéis que me gusta contar todo lo que pasa para que no os encontréis con sorpresas que no esperábais.


Ya os he comentado que si no encontráis yogur de cereza lo cambieis por uno natural o incluso podemos pasar el yogur natural por la batidora con un buen puñado de cerezas (deshuesadas). En caso de que no tengáis mermelada de cereza la podéis sustituir por otra mermelada o sirope "rojos" tipo fresa o frutas del bosque.

Y si no tenéis cerezas ¡es cuestión de usar la imaginación para crear el postre más apropiado a lo que nos guste o tengamos en casa!


Me gustará que me digáis qué os ha parecido si os animáis, pero sobre todo me encantará que confiéis en mi receta y os animéis.

Y como viene siendo costumbre en las últimas entradas antes de despedirme os cuento un poquito de la princesa de la casa que muchos de vosotros, los que me seguís en Instagram, veis cada semana y sois testigos de que esta niña, que el sábado cumple 16 meses ¡empieza a saber latín! 

No lo diré muy alto, y a la vez tocaré madera, pero llevamos algunas noches que duerme mejor ¡y sobre todo duerme toda la noche en su cuna! ¡lo que se agradece que no esté dando patadas y empujones toda la noche! Los dientes... ¡ahí siguen! tiene siete, le falta un incisivo abajo que se resiste a salir y el otro día pude comprobar que se le marca una muela (no me dejó seguir investigando porque me dio tal mordisco en el dedo que pensé que me lo iba a cortar ¡qué poco le gusta que le toquen en la boca!)

Con la comida vamos mejorando. Tiene rachas muy buenas, en las que se lo come todo, pero llevamos un tiempo que se resiste a comer y cuesta la vida darle la fruta y los purés. Parece que estamos un poquito mejor pero no todo lo bien que hemos estado en otras ocasiones. Y de comer sin que sea triturado ¡nos olvidamos! fuera de los gusanitos (que para eso no hay problema) el pan y alguna galleta (que la mayoría de las veces después de hacer una bola en la boca acaba escupiendo) ¡olvídate de que pruebe nada! 

También soy consciente de que es muy chica aún por muy grande de tamaño que se la vea y no le presiono para nada ¡ya comerá! que a los quince años ninguno llega comiendo puré (que por supuesto se lo hago yo en casa, los "potitos" ¡ni los ha olido! es que no he comprado ni uno "por si acaso" como me dicen otras mamis que al final acaban por darle la comida industrial. Que no digo que sea mala, pero estoy segura que es mejor la que le hago yo)

En fin preciosos, espero que el calor no os quite las ganas de hacer cositas el finde y sobre todo que seáis muy felices ¡nos leemos la próxima semana! ¡y os cuento sobre la fiesta de la guardería de Lara que es el día 20!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 8 de junio de 2017

Pastel turco marmolado de yogur y mermelada de cereza

Nos guste o no el calor ha llegado y con él sus cosas típicas : los días casi eternos, los niños jugando en la calle hasta que se hace de noche, las ventanas abiertas, buscar la acera con sombra, los abanicos en el bolso, los temidos modelitos de verano (que con la excusa de ir fresquitos algunos van disfrazados) el final del curso escolar (y el a ver qué se hace con los niños cuando los padres trabajan) el contar los días que nos faltan para tomarnos unas vacaciones que invariablemente siempre nos saben a poco, los negocios que empiezan a colgar el cartel de cerrado por vacaciones...

Por muchos años que pasen los veranos siempre son iguales. Reconozco que a mí me cuesta un poquito hacerme con los días con tantas horas de luz. Parece que es temprano y sin embargo cuando quieres darte cuenta es tardísimo. Las tardes parecen eternas y ya no se te ocurre qué hacer para entretener las horas y ahora con la niña es incluso peor porque con tanta luz fuera a ver cómo la acuestas...

De corazón os digo que los días no han terminado de alargar y ya estoy deseando que empiecen a acortar las horas de luz.

Cuando era estudiante estaba deseando que llegase el verano para descansar y hacer lo que me gustaba pero al cabo de dos o tres semanas estaba tan aburrida de descansar, leer, ver la televisión (entonces no había internet ni móviles) salir a veces a la calle con mis amigas (que mi padre no me dejaba ser una niña callejera y estar todo el día por ahí) que ya no sabía qué inventarme para llenar las horas de un verano que se las prometía casi eterno.

Entonces llegaba mi madre y soltaba eso de "si tan aburrida estás coge un trapo y ponte a limpiar el polvo" ¡horror! ¡¿para qué había dicho nada?! y quien dice limpiar el polvo dice limpiar cristales o fregar los azulejos del cuarto de baño...

Otra de las frases favoritas de mi madre era "vente a la cocina y échame una mano" y después todo el rato con el sermón " te vas a hacer una mujer y no vas a saber ni freir un huevo" ¡no os podéis hacer una idea de lo que odiaba aquella cantinela! y yo mientras pelando cebolla, ajos, tomates, zanahoria... para hacer un sofrito (que más de una vez se me quemaba por falta de interés y atención) o para hacer gazpacho o salmorejo o lo que mi madre decidiera que se comía aquel día.

Os prometo que salí de mi casa para estudiar en la universidad y no había hecho una comida por mí misma creo que nunca (salvo pasta algún día) pero la sorpresa fue mayúscula al descubrir que después de diez o doce años de los eternos veranos en la cocina pelando verduras sin ganas ni vocación a fuerza de ver a mi madre poner lentejas, potajes, preparar arroces... tenía más que claro cómo se hacía cada comida y a fuerza de pruebas, fracasos y algún acierto se me fue metiendo el gusanillo de la cocina y hasta hoy.

Ya podemos dar por bien empleados esos veranos y la cantinela de mi madre que supongo más de una madre habrá repetido también y que yo temo repetir con Lara

La receta que os traigo no sabía si publicarla ya o esperarme unos meses. Por un lado empieza a hacer mucho calor como para animarse a encender el horno (aunque yo sigo horneando todas las semanas aunque tengamos 40º a la sombra) y además hace bien poco que publiqué la receta de mi adaptación del Pastel turco de yogur de Gordom Ramsay de la que deriva esta que os propongo hoy. 

Pero por otro lado estamos en temporada de cerezas y me parecía propicio publicar la receta por si os decidís a preparar mermelada que tengáis una tartita deliciosa y muy sencilla de preparar para aprovecharla.

Además no sé si este año voy a poder preparar alguna receta más con esta fruta que tanto me gusta pero que necesita de tiempo para poder deshuesarlas y con Lara pululando por la cocina no siempre es sencillo disponer de demasiado tiempo para preparar nada.

Tampoco está siendo una cosecha demasiado vistosa y aunque a mi casa han llegado algunas cerezas aceptables (regalo de algunos vecinos de finca) en el mercado estoy viendo cerezas caras y no demasiado buenas y es una lástima.

Hace mucho tiempo que quería preparar algún postre con efecto marmolado y nunca me atrevía. Al igual que me pasaba con la charlota el principal motivo era el miedo. Temía que las masas se mezclaran y acabara todo con un color "sucio" y poco definido.

Ojalá todos los males fueran ese porque independientemente de que las masas se mezclen o no el sabor iba a ser bueno pero yo ahí sin lanzarme ¡el que no arriesga no gana! 

Tras muchas vueltas decido que empiezo por este pastel, que ya cuando lo hice en invierno mi intención era esta pero me arrepentí en el último momento, en lugar de hacerlo por un bizcocho o unos muffins que serían más sencillos de manejar ¡y sorprendentemente me ha salido bien!

Y digo sorprendentemente porque como la adaptación es mía. He sido yo la que acertada o erróneamente he ido decidiendo en cada momento qué hacer o cómo ir vertiendo la masa por tanto que haya salido bien y vistoso ha sido más cuestión de azar que otra cosa.

Y así ya me he quitado la espinita y espero "marmolear" más postres ¡acabo de abrir la veda! 


La verdad es que la mermelada de cereza no se nota en exceso en el sabor pero le da un color tan bonito que ha merecido la pena el experimento. Para aprovechar la que quedaba en el bote le ponía un poquito por encima a cada trocito en el momento de servirlo y así se pontenciaba el sabor. 

Si no tenéis mermelada de cereza ¡no hay problema! cualquier mermelada de color intenso (arándanos, frambuesa, fresa, frutos rojos...) os servirá. Y os digo que sea de color intenso porque al mezclarla con el yogur el color se diluye y aclara considerablemente. En este caso podemos hacer uso de un colorante alimentario o dejarlo tal cual haciendo gala de un tono natural ¡eso a vuestra elección!


El resultado es una tarta fresquita y ligera que no empalaga y es muy sencilla de comer ¡peligro! que a lo tonto pueden caer dos trozos y aunque igual ya no nos da tiempo a llegar a la operación biquini con dignidad tampoco es cuestión de aumentar impunemente las lorzas de nuestra propiedad. 

A simple vista parece una tarta de queso ¡todo el mundo lo piensa! e igual si no decimos que sólo lleva yogur no lo notan porque hay tartas de queso que llevan más cantidad de nata y de yogur que del propio queso y por tanto apenas se diferencia su sabor.

Para ser el primer marmolado que preparo creo que no ha quedado mal ¿verdad? Todo es mejorable, no cabe duda, pero estoy contenta.

¿Os apetece un trozo mientras os cuento la receta?

¡Vamos con ella!

Ingredientes:

* 600 gramos de yogur griego natural
* 6 huevos
* Un limón grande
* 125 gramos de azúcar
* 200 gramos de mermelada de cereza
* 100 gramos de harina
* Una cucharadita de levadura química
* Colorante rojo (opcional)

Elaboración:

1. Exprimimos el zumo del limón y reservamos.

2. En un bol amplio ponemos 400 gramos de yogur griego, 4 huevos, 100 gramos de azúcar y50 gramos de harina y mezclamos hasta obtener una masa homogénea. Se puede hacer perfectamente con una varilla manual y tardaremos sólo uno o dos minutos.

3. Añadimos la mitad de la levadura y unos dos tercios del zumo de limón que hayamos obtenido. Volvemos a mezclar y dejamos reposar.

4. En otro bol ponemos 200 gramos de yogur, 2 huevos, 25 gramos de azúcar, 50 gramos de harina y los 200 gramos de mermelada de cereza y mezclamos.

5. Añadimos el resto del zumo de limón y de levadura, volvemos a batir y dejamos reposar unos minutos.

6. En el molde que vayamos a utilizar para hornear nuestro pastel vamos echando cucharadas de ambas masas de manera aleatoria hasta quedarnos sin masa. Yo he utilizado dos cucharas de servir helados.

7. Podemos terminar de mezclar con la ayuda de un palillo para hacer dibujos en las masas.

8. Introducimos en el horno precalentado a 160ºC y horneamos durante unos 60 minutos aproximadamente o hasta que lo veamos cuajado.

9. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta.

10. Cuando esté completamente frío lo tapamos con film transparente y lo metemos en el frigorífico. Lo dejamos reposar varias horas, mejor toda la noche o de un día para otro.

11. Antes de servir desmoldamos y podemos cubrir la superficie con mermelada para presentar.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/pastel-turco-marmolado-de-yogur-y-mermelada-de-cereza

Es una receta facilísima y espero que si aún no os habéis animado con el pastel turco de yogur lo hagáis con cualquiera de las dos versiones que os he compartido en las últimas semanas ¡os va a encantar!


Esta semana se me está haciendo particularmente larga y dura. La alergia no me está dando tregua y parezco un alma en pena con los ojos llorosos y la cara hinchada... ¡qué horror de primavera!

Lara por suerte parece no haber heredado mis alergias ¡y yo encantada! esto sería demasiado para un bebé tan pequeño. Aunque es pequeña de edad, que en cuanto a tamaño... ¡ya la habéis visto en Instagram! La niña crece que da gusto aunque llevamos un par de semanas bastante reacios a abrir la boca ¡lo que nos cuesta darle de comer!

No sé si serán los dientes, el verano o simplemente que nos hacemos mayores y echamos más carácter pero se me van las horas para darle la comida. Por contra va haciendo monerías propias de la edad y cada día me sorprende más porque aunque no habla (aparte de papá y mamá no dice nada) lo entiende absolutamente todo.

Me despido esta semana de vosotros con un delicioso y fresquito trozo de pastel ¿verdad que os apetece?

Nos leemos la próxima semana ¡sed felices!

Manos a la masa y ¡bon appétit!



jueves, 1 de junio de 2017

Bizcocho de zanahoria y coco con frutos secos

Y sin darnos cuenta estrenamos el mes de junio y casi mediamos el año ¿alguien sabe dónde han ido a parar nuestros días? me lo explique por favor que yo no me he enterado y de repente me veo sacando la ropa de verano ¡con lo poco que me gusta!

Me consuelo pensando que tras el verano llegará mi adorado otoño con sus tardes cortas, sus cielos grises y sus ocres divinos... y sobre todo esos jerséis "salvadores" que ocultan todas las lorzas posibles.

La pasada semana hubo una gran revolución con el "método Cuca" para evitar las tentaciones y os aseguro que es menos de lo que os pensáis pero os lo cuento para que os quedéis tranquilas.

En casa siempre hay muchas cosas tentadoras (chocolate, dulce de leche, crema de cacao, bombones, ciertos tipos de galletas...) a veces porque las compré para hacer tal o cual receta pero no la hice y otras porque aprovechando alguna oferta se han venido a casa. Las menos son fruto de un regalo o han llegado como recuerdo de un viaje (propio o ajeno)

Os aseguro que gran parte es fuerza de voluntad (con deciros que dejé de fumar dos veces y fumaba más de una cajetilla al día os hacéis una idea (tranquilidad que no pienso volver a ponerme un cigarro en la boca)) pero también soy débil y hay días en los que arrasaría con una tableta de chocolate de 300 gramos yo sola (sí, soy de tabletas grandes)

Mi truco para no caer en la tentación es colocar todo lo tentador en el armario más alto de la cocina. Es un armario que hace esquina, y la tercera balda me resulta accesible sólo con escalera, pero escalera de las grandes, nada de dos peldaños ni similares.

En esa balda, al fondo, está todo lo pecaminoso ¡es la balda de los tesoros! Además por delante hay un montón de latas y paquetes que hay que mover para llegar a ellos. Quien quita la tentación quita el peligro y os aseguro que es un truco infalible porque rara vez me da por ir a buscar la escalera (tengo que salir al patio) pero si la cojo es tal el trabajo de desmoltar el fortín de latas que al final prevalece la conciencia sobre el deseo desaforado de arrasar con el chocolate.

En cuanto a lo que preparo en casa y publico en el blog eso os aseguro que nos lo comemos mi maridín y yo casi todo. Alguna cosa se comparte, y alguna reparto, pero la mayoría va a parar a nuestros cuerpos serranos. Pero no en la misma proporción porque las raciones de mi costillo son el doble que las mías ¡él se lo come encantado y yo feliz de la vida porque lo que él se coma no me tienta a mí!

Mi metabolismo no ayuda y si estoy delgada os aseguro que es a base de sacrificio. Como de todo, pero sobre todo frutas, legumbres, verduras y pescados. Mis raciones son pequeñas para poder tomar postre a mediodía y mis cenas son casi siempre ensaladas o yogur y fruta. Hasta que nació Lara salía a correr todos los fines de semana. A estas alturas no he podido regresar pero por otro lado bastante corro detrás de la peque ¿no?

No hay ningún truco mágico. Básicamente mi método se resume en esconder y atiborrar al prójimo y sobre todo en equilibrar las comidas. Os aseguro que se puede aunque cada cuerpo es un mundo y cada cual sabe dónde se encuentra su límite.

Si alguna vez me concedieran un deseo creo que no pediría ser rica. Pediría comer todo lo que me diera la gana sin engordar y sin que supusiera un trastoque en mi salud ¿no sería la más pura felicidad?

Mientras nos conceden el deseo, que estoy segura más de una os apuntáis a él, esta semana os dejo una receta bastante más ligera y sana que la anterior.


La tenía guardada en pendientes desde que estaba embarazada y aprovechando que las temperaturas han bajado un poquito la comparto por si os apetece preparar un delicioso bizcocho de zanahoria y coco que yo he acompañado con ciruelas y pasas pero que podéis cambiar por lo que os guste (nueces, avellanas, chocolate...)

Como todos los bizcochos que incorporan verdura en la masa es muy jugoso y el coco le aporta un puntito bastante interesante.


El contraste con las pasas y las ciruelas terminan de redondear este bocado y hacerlo perfecto para empezar la mañana con energía y afrontar la recta final del curso o las últimas semanas antes de las esperadas y ansiadas vacaciones.

Además es muy sano y no sólo porque lleve zanahoria sino porque no lleva aceite ni mantequilla, y para hacerlo más sano aún podéis sustituir el azúcar moreno por miel o por otro endulzante libre de calorías.

El coco le aporta una textura divertida pero si no os gusta ¿qué tal si lo cambiamos por avena por ejemplo?


Las posibilidades son infinitas para llevar a nuestra mesa un bizcocho sano y rico que no supone ningún esfuerzo ni ensuciar mil cacharros en la cocina ¿os apetece?
Ingredientes:

* 125 gramos de yogur natural (yo utilicé griego bajo en calorías)
* 160 gramos de harina
* 1 sobre de gaseosillas
* 1 huevo
* 120 gramos de azúcar moreno
* 300 gramos de zanahoria (ya pelada)
* 50 gramos de coco rallado
* 60 gramos de frutos secos (yo puse pasas y ciruelas)
* 50 gramos de leche
* 1 cucharadita de canela en polvo
* 1 pellizco de sal

Elaboración:

1. En un bol ponemos el huevo, el yogur y el azúcar y batimos hasta que estén integrados.

2. Añadimos la harina, la canela, la sal, el sobre de gaseosillas y mezclamos poco a poco añadiendo la leche.

3. Pelamos y rallamos la zanahoria y la incorporamos junto con el coco rallado al resto de ingredientes. Mezclamos bien.

4. Por último añadimos los frutos secos (si lo preferís los podéis cambiar por perlas de chocolate, nueces o no añadir nada).

5. Engrasamos nuestro molde o lo forramos con un papel de hornear y vertemos la mezcla

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 45 minutos aproximadamente.

7. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta durante unos 10 minutos, desmoldamos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/bizcocho-de-zanahoria-y-coco-con-frutos-secos

¡Ya tenemos un sanísimo bizcocho para desayunar! 


 Esta semana me he portado muy bien para compensar los excesos a los que os sometí el pasado jueves ¡no digáis que no soy buena!

Para conservarlo le damos una vuelta con film transparente y lo metemos en el frigorífico que ya hace mucho calor para dejarlo fuera. Se mantendrá jugoso y blandito hasta el último día.

De la princesa de la casa (un día una de vosotras dijo que Lara es la niña más famosa de la blogosfera y me hizo mucha gracia) poca novedad os puedo dar. Alguna foto habéis visto por Instagram, seguimos ahí ahí con los cambios de temperatura y algún moco que cuelga y sobre todo estamos muy mal con los dientes y despertamos noche sí y noche también llorando. Creo que las muelas piden camino aunque no se deja mirar y cuando consigo calmarla no quiere regresar a la cuna y prefiere dormir con mamá ¡y así vamos! Algún día dormirá del tirón ¿no?

Me despido hasta la próxima semana ¡a ver si maquino alguna receta sana!

Manos a la masa y ¡bon appétit!