jueves, 27 de octubre de 2016

Tartitas ligeras de calabaza y canela edición especial Halloween

¿A todos se os va el tiempo igual de rápido que a mí o soy la única que siente que las hojas del calendario van que vuelan? Y es que ya estamos tocando con los dedos el final del mes de Octubre y por si acaso hay algún despistado la blogosfera se está vistiendo de naranja y negro y son muchos los blogs que desde hace ya varios días van sacando sus mejores recetas y/o decoraciones para despedir este mes y festejar Halloween.

Sé que ya os he dicho que yo no la celebro, que prefiero nuestro patrio Día de Todos los Santos con sus tradiciones y recetas populares y que me da cierta rabia que de un tiempo a esta parte esté siendo eclipsado por esta celebración importada.

Pero hoy vengo a confesar que es una fiesta que me llama bastante la atención y que si viviera en Estados Unidos estoy segura de que sería uno de mis días favoritos del año. Me encanta la imagen de Halloween que se da en las series y películas americanas. Esas casas terroríficamente engalanadas tanto por dentro como por fuera, las fiestas, la comida temática, los disfraces, el famoso Trick or treat (truco o trato en español), las películas de terror (de las que soy una enamorada desde hace mil años) las calabazas... ¡ay! sobre todo las calabazas con ese precioso color naranja y talladas con mil y una caritas. Si pudiera llenaría mi casa de calabazas ¡palabra!

Desde hace años vengo mirando con cierta envidia los cubos con forma de calabaza que venden en los bazares y que muchos niños llevan el día 31 al colegio o por las calles cuando van pidiendo caramelos. Quería hacerme con uno pero ¿para qué? si en casa no había niños ¿qué hacíamos con él? Así que este año en cuanto llegaron al chino que hay cerca de casa compré uno para Lara.

Ella no entiende de Halloween (ni de ninguna fiesta en realidad) pero es la mar de feliz con su cubo naranja que ya tiene más de un golpe dado porque se dedica a aporrearlo contra el suelo felizmente. No creo que llegue vivo más allá de navidad, pero a mí este año me han quedado unas fotos muy ad hoc para este día.
Porque no celebramos Halloween en casa pero desde el blog abrimos una ventana a esta fiesta y gracias al molde que compré el año pasado en LIDL (y que este año no han puesto a la venta por cierto) traigo unas tartitas ligeras de calabaza (no podían ser con otro ingrediente) y canela engalanadas para este día.
La receta no tiene misterio alguno. Hacen falta cuatro ingredientes de los de andar por casa y se tarda menos en prepararla de lo que yo estoy tardando en redactar esta entrada.
El sabor, si eres amante de la calabaza y la canela, es una pura delicia y la textura es cremosa y muy suave ¡están de miedo! ¡y más terrorífico aún es pensar que para ser un postre no tienen apenas calorías! ¿Te hacen falta más razones para prepararlas?
No tener el molde de calabazas no es excusa. Cualquier molde será bueno y también quedarán estupendas presentadas en vasito ¡es tiempo de calabazas! ¡es tiempo de estas tartitas!
Os dejo la receta, que es de mi cosecha propia, y si tenéis puré de calabaza ¡no os olvidéis de ella!
El atrezzo de las fotos hay que agradecérselo a mi hija Lara que ha cedido gustosamente su cubo de calabaza, a mi madre Carmen que le compró a Lara un paquete de chocolatinas de Halloween en Mercadona (y Lara aún no come chocolate, evidentemente) y a mi señor esposo que compró dos cajas de chuches de Halloween en DIA diciendo que eran para la peque (ejem, esas se las piensa zampar él)

Ingredientes:

* 280 gramos de puré de calabaza
* 320 gramos de leche semidesnatada
* 40 gramos de azúcar
* 1 cucharadita generosa de canela en polvo
* 4 láminas de gelatina neutra

Elaboración:

1. Ponemos a hidratar la gelatina en agua fría.

2. En una cacerola ponemos el resto de ingredientes y llevamos a fuego medio. Removemos con frecuencia para evitar que se pegue.

3. Cuando rompa a hervir escurrimos las hojas de gelatina y añadiños. Mantenemos al fuego removiendo hasta que rompa a hervir de nuevo.

4. Retiramos del fuego y vertemos en nuestros moldes.

5. Cuando templen tapamos y metemos en el frigorífico hasta que cuajen.

Desmoldamos unos minutos antes de comer. Aunque la textura es firme a medida que toman temperatura ambiente se tornan más blanditas, no se deshacen pero sí que se notan más suaves.
Para mí son perfectas tal cual porque me encanta el sabor de la canela y la calabaza, pero si os apetece las podéis servir acompañadas de caramelo líquido o sirope de chocolate ¡están espectaculares! y como no tienen demasiadas calorías son un capricho que os podéis permitir sin remordimientos de conciencia.
Si celebráis esta fiesta espero que la disfrutéis mucho y que estas tartitas os sirvan de idea para preparar un postre terrorífico. Igual también os interesan  estos pastelitos rellenos que preparé el año pasado y también están de muerte!

Nos leemos la próxima semana ¡feliz y dulce finde!

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 20 de octubre de 2016

Cheesecake de crema de cacao

Mi vuelta al blog no podía ser completa sin traer una tarta de queso. Sé que en las últimas semanas os he descolocado un poco con recetas como el bizcocho de helado,  los gofres de calabacín y sobre todo con los muffins de mayonesa y canela así que hoy quería traer una receta más sencilla y tradicional sin renunciar al sabor y a la glotonería extrema porque amigas y amigos esta tarta de queso con crema de cacao es pura tentación, gula en estado extremo, un pecado culinario en el que caer una y otra vez...
¿Verdad que no se nota que las tartas de queso me vuelven loca?

Esta tarta es bastante especial para mi porque fue la primera receta dulce que pude preparar tras el nacimiento de Lara ¡para festejar su segundo cumple mes! (al principio yo contaba hasta las semanas que tenía la niña) Y aunque no tiene dificultad alguna tardé casi dos días en tenerla acabada ¡fijaos si llegué a tener poco tiempo libre en aquellos momentos! 

Como ya os comenté, al principio se me hizo bastante duro ese cambio tan radical en mi vida y por eso no me gusta contar las cosas con medias verdades. Porque está claro que podría contaros lo bien que me va y lo feliz que estoy. Que llevo para delante mi casa, mi niña, mi trabajo (a jornada completa y con horario partido para más emoción) el blog, mi marido, la vida social... y todo eso sin despeinarme y quedándome aún tiempo para pintarme de colores las uñas. Y vosotros podéis o no creerme, que al fin y al cabo la que se engaña soy yo.

Pero la realidad es que lo llevo todo (menos la vida social que para eso ya no tengo fuelle) robándole horas a mi descanso, perdiendo el tiempo que dedicaba a leer y a correr, que he pasado a comprar por internet casi todo menos la compra semanal que aún la hace mi marido cuando antes íbamos los dos tranquilamente el sábado por la tarde, que hay días que me cuesta encontrar un rato a una hora decente para secarme el pelo, que las uñas ya no me las pinto de colores (bueno, antes casi que tampoco ja ja ja)...

No soy una super mujer ni una super mamá, no hago ni más ni menos que lo que la mayoría de mujeres trabajadoras y madres hacen a diario en nuestro país, porque si aún no os habíais dado cuenta en España la conciliación laboral y familiar es una utopía. Una trabajadora que decide ser madre se tiene que concienciar a hacer una renuncia contra otra para criar y educar a sus hijos además de hacer malabares con los horarios. Y yo estoy de suerte porque no he tenido que renunciar a mi empleo (a pesar del horario tan horrible que tengo) porque cuento con la inestimable ayuda de mis padres que se hacen cargo de Lara cuando acaba el horario de la guardería o cuando está enferma y no la puedo llevar a la guardería. 

No era mi intención hablar hoy de esto, pero me ha salido así y ahí queda. No seré la primera ni la última en alzar la voz por este tema aún a sabiendas de que es una batalla perdida porque ningún grupo político que gobierne va a hacer nada para que la conciliación laboral sea una realidad al menos en los próximos años. Ellos se preocupan más de rescatar bancos, de tapar medianamente sus desfalcos y de asegurarse sus pensiones vitalicias por haber ostentado el cargo de ministros, diputados o senadores. Lo que hagamos las madres y padres de este país no les importa mientras sigamos trabajando y pagando impuestos con los que abonar sus nóminas y pensiones. Después si hace falta nos quejamos de que el país está envejeciendo. No tengo ni idea de por qué puede ser.

Y a pesar de todos los sacrificios a los que he tenido que enfrentarme estoy plenamente feliz de haber tenido a Lara. No tiene precio verla crecer no sólo en tamaño sino cómo aprende cada día algo nuevo y esa felicidad que se pinta en sus ojos con cada descubrimiento. Por cosas como estas merece la pena levantarse cada día aunque sólo hayas dormido cuatro o cinco horas esa noche y apretar los minutos para poder hacerlo todo, y aunque los que gobiernan el país y los que mandan en las empresas no lo ponen nada fácil que sepan que sí se puede ser madre y trabajadora porque lo hacemos miles de mujeres cada día a pesar de todas sus trabas. Y que si lo facilitaran igual seríamos hasta más productivas porque vendríamos más motivadas al trabajo.

Mientras tanto, a seguir plantándole cara al mundo cada día.
Y dicho todo esto (¡qué a gusto me he quedado!) vuelvo a la tarta de queso y chocolate que es lo que pone hoy el punto dulce a esta entrada.

Los que me seguís desde hace un tiempo sabéis de mi amor por estas tartas (aunque curiosamente aún no tengo publicada la cheesecake americana tradicional) y era de esperar que una vez pudiera empezar a repostear de nuevo preparase una.

Hoy la comparto con vosotros para celebrar que Lara cumplió el lunes ¡8 meses! y que por el momento (y tocamos madera) está recuperada de todos los catarros, otitis y diarreas y para daros las gracias a todos por haberos preocupado por ella.

Sé que hoy estoy mucho bla-bla-bla y no os estoy vendiendo en absoluto la receta como es costumbre en mí, pero viendo las fotos (entended que no son las mejores pero bastante son para tener a Lara casi en los brazos) ¡esta tarta se vende sola!
Es cremosa, con un delicioso sabor a queso y crema de cacao, y su preparación no entraña dificultad alguna.

Además queda con una superficie perfecta ¡con lo complicado que es de conseguir que una tarta de queso no agriete la superficie al enfriarse! Por eso yo os la enseño sin ningún tipo de cobertura o ganache, porque es perfecta tal cual, sin acompañamiento alguno, además de parecerme un poco excesivo añadirle más chocolate o crema o... ¡es que no se me ocurría nada poco pecaminoso!
¿De verdad os tengo que convencer para que la preparéis en casa? Es una adaptación de una receta de Alma Obregón. Al llevar una cantidad importante de crema de cacao yo decidí prescindir de añadir azúcar, así no es nada empalagosa, pero si os gusta que tenga su punto dulce debereis añadirle a la masa azúcar o acompañarlo de algún sirope o cobertura dulce.

Os dejo con la receta y espero que os animéis a prepararla porque va bien en cualquier ocasión.

Ingredientes:

* 600 gramos de queso crema
* 200 gramos de requeson
* 230 gramos de crema de cacao
* 2 cucharadas soperas de maizena
* 4 huevos
* Un rulo de galletas
* 100 gramos de mantequilla

Elaboración:

1. Comenzamos pulverizando las galletas (con la picadora o con un rodillo) y las mezclamos en un bol con la mantequilla derretida (y si os parece poca crema de cacao en el relleno ponemos un par de cucharadas para la base)

2. Vertemos nuestra mezcla en la base de un molde desmoldable y con ayuda de un tenedor, una cuchara o las manos presionamos para compactar y hacer una bonita base de galleta. Reservamos en el frigorífico.

3. Para preparar el relleno ponemos en un bol amplio el queso crema, la crema de cacao, la maizena y el requesón y mezclamos hasta que estén integrados y formen una crema. Imprescindible que estén a temperatura ambiente.

4. Añadimos los huevos de uno en uno y no añadimos el siguiente hasta que el anterior no está integrado.

5. Sacamos el molde del frigorífico y vertemos la mezcla.

6. Intoducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante 15 minutos. A continuación bajamos la temperatura a 150º C y seguimos horneando 60 minutos más o hasta que veamos la tarta cuajada (el centro debe parece ligeramente húmedo)

7. Apagamos el horno y dejamos templar con la puerta entreabierta unos 10-15 minutos.

8. Para que no se agriete, al sacarlo del horno pasamos una espátula alrededor y lo soltamos del molde. Así se rompe la tensión y no aparecerán grietas al irse enfriando. Dejamos sobre la encimera hasta que esté frío y a continuación lo pasamos al frigorífico donde lo mantendremos hasta consumir.
Mi consejo es que repose toda la noche en el frigorífico como mínimo y a poder ser prepararlo con un día de antelación porque está más rica cuanto más tiempo pasa.
Si no os gusta el requesón o no tenéis en casa lo podéis sustituir por queso crema, mascarpone o ricotta. Yo se lo puse porque tenía una tarrina en casa y no sabía que hacer con ella, pero cualquier queso le irá bien.

Espero que os animéis con esta maravilla que va a hacer las delicias del que la pruebe ¡ya me contaréis! Os deseo muy feliz y dulce fin de semana y os aseguro que en estos días me pondré al día con vuestras cocinas ¡a ver si baja mi ritmo de trabajo y encuentro cuatro ratillos!


Manos a la masa y ¡bon appétit!




jueves, 13 de octubre de 2016

Muffins de mayonesa y canela con streusel de avena

No. No me he vuelto loca aunque alguno lo penséis al leer el título de la receta de esta semana.

Y sí. Sí son unos muffins dulces, no son salados. Sigo en mi línea de publicar sólo dulcerías tentadoras y (casi) pecaminosas. Y si pueden ser sencillas, rápidas y deliciosas como estos muffins muchísimo mejor.

Además me ha dado por hornear muffins en las últimas semanas y siempre que Lara me ha dejado un ratillo libre (porque hemos pasado unos días con mocos y garganta que para nosotros quedan además de la dichosa diarrea que nos ha dado más de un quebradero de cabeza) así que a riesgo de que me llaméis cansina vais a ver más tentaciones como esta en mi cocina a lo largo de las próxima semanas.

Los que me seguís hace tiempo sabéis que me gusta probar masas que a priori puedan sonar extrañas. Como muestra este bundt cake de patata y chocolate especiado con pimienta rosa, este plum cake de cerezas, Coca Cola y chocolate, o estos gofres de calabacín y chocolate. Más alguna receta que está pendiente de publicar y que os va a sorprender bastante ¡estoy deseando enseñárosla!

Sé que esta masa con mayonesa no suena mucho mejor pero palabra de Cuca que el resultado es impresionante de ricos que son además de quedar unos muffins muy bonitos.
Cuando recibí en casa un lote de productos de Chovi supe que había llegado el momento de preparar una masa con mayonesa. No estoy inventando nada nuevo. Las masas con mayonesa tuvieron su momento de auge hace un tiempo y aunque a priori puede resultarnos extraño si lo pensamos objetivamente la mayonesa no es más que huevos y aceite emulsionados, ingredientes ambos que usamos habitualmente en repostería y no nos resulta raro leerlos en la lista de ingredientes de ninguna masa que se precie.

Como supongo que os pasa a todos vosotros tengo una lista de recetas pendientes de hacer que igual supera a la de libros pendientes de leer (de esto ya hablaremos otro día) y entre ellas había más de una masa hecha con mayonesa. Cogí una receta (arrancada de una revista por cierto) la adapté a mi gusto añadiéndole canela y poniéndole un bonito streusel de avena (que lo vais a ver en más de una ocasión porque se ha convertido en un must have este otoño en mi cocina) ¡et voilà! estos deliciosos muffins que son muy esponjosos, muy húmedos y tienen un delicioso sabor a canela y un toque especial con el streusel de avena.
No es que me haya vuelto ahora loca con la avena que parece se ha puesto muy de moda en los últimos meses, la tomo desde hace mucho tiempo con yogur, fruta fresca o desecada o con leche pero a pesar del montón de recetas que circulan por la red no la había llevado a mi cocina para preparar nada con ella

Os aseguro que el resultado es bueno y os adelanto que estoy preparando alguna cosilla más que publicaré en breve. Pero si la avena no es santo de vuestra devoción podéis sustituirla en el streusel por la misma cantidad de harina, e incluso podéis prescindir del streusel, pero yo os animo a que los preparéis tal cual que les aporta un punto diferente.
Creo que salta a la vista que son unos muffins muy apetecibles, con un bonito color dorado gracias al azúcar moreno y que combinan perfectamente con un café, un vaso de leche, un chocolate, un batido, un zumo natural ¡e incluso solos son una delicia!

Por si os lo preguntáis, que seguro alguno recela, no saben en absoluto a mayonesa. Si no lo decís nadie jamás adivinaría con qué están preparados.  Aunque los ingredientes son muy sencillos como veréis después, el truco para que estos muffins sean una verdadera delicia es utilizar productos de buena calidad, en especial la mayonesa, que sea con cuerpo como la de Chovi para que la masa quede tan bien. Por una vez y aunque ya sabéis que me encanta quitar calorías no os puedo decir que uséis una mayonesa light porque suelen ser más líquidas y no estoy segura que el resultado sea igual.

Con estas cantidades da para 10 muffins y el streusel llega sobrado para ellos. Pero si os parecen pocos podéis aumentar las cantidades ¡ya os adelanto que están tan ricos que no durarán mucho!
 
Espero que las fotografías os hayan convencido y os animéis a prepararlas. Esta semana la entrada es más corta de lo que acostumbro pero es que estas delicias se venden solas y además sigo regular de tiempo entre el trabajo que estos días es agotador y la peque que sigue un poco malita. Mi marido por suerte mejoró en unos días. Gracias a todos los que os habéis preocupado por ellos.

Sin más vueltas os dejo con la receta que como podréis comprobar es sencillísima y se prepara en un pispás.

Ingredientes:

* 125 gramos de mayonesa Chovi
* 125 gramos de azúcar moreno
* 125 gramos de leche semidesnatada (o la que tengáis en casa)
* 200 gramos de harina para repostería
* Cucharadita y media de levadura química en polvo
* Media cucharadita de bicarbonato sódico
* Una cucharadita (generosa) de canela en polvo 

Para el streusel:

* 50 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 30 gramos de azúcar
* 35 gramos de harina
* 45 gramos de avena (copos pequeños a poder ser)
* Media cucharadita de canela en polvo


1. Para preparar el streusel ponemos todos los ingredientes en un bol amplio y vamos mezclando hasta que quede con una textura como de arena mojada o unas migas. Podemos mezclas con una cuchara y un cuchillo o directamente con las manos. Como os resulte más cómodo.

2. Para preparar los muffins ponemos en un bol la mayonesa, el azúcar y la leche y batimos hasta integrar. A continuación añadimos la harina, la levadura, el bicarbonato y la canela y batimos lo justo para integrar los ingredientes y la mezcla sea homogénea. Cuando preparamos muffins no nos interesa añadir aire a la masa, eso es para las magdalenas.

3. Ponemos las cápsulas de papel en nuestra bandeja para muffins y con ayuda de una cuchara para helados distribuimos la mezcla en las cápsulas. Como le vamos a poner el streusel no debemos llenarlas hasta arriba sino dejar como medio centímetro vacío, como mínimo, hasta el borde.

4. Una vez repartida la mezcla ponemos por encima el streusel.

5. Introducimos en el horno precalentado a 200ºC y horneamos unos 15 minutos. Pasado ese tiempo bajamos la temperatura a 180ºC y horneamos hasta que estén listos. Tardarán unos 10-15 minutos más. Comprobamos pinchando con una brocheta de madera antes de apagar el horno.

6. Dejamos templar unos diez minutos con la puerta del horno entreabierta y después quitamos de la bandeja y colocamos sobre una rejilla para que se enfríen por completo.
Los podemos guardar en una lata o un tupper bien tapados o bien congelar y sacar a medida que vayamos a tomarlos. 
Yo los guardé en un tupper y se mantuvieron esponjosos, húmedos y deliciosos hasta el último día (que fueron algunos más de los que suelen durar habitualmente porque mi esposo pilló como os comenté una gastroenteritis y no podía hincarles el diente)

Antes de despedirme desear a los lectores de Zaragoza muy felices fiestas y a los demás un feliz y dulce fin de semana, que esta va a ser más corta ya que ayer la mayoría no trabajamos.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 6 de octubre de 2016

Galletas de arándanos y chocolate blanco

Hay muchas cosas sobre la maternidad que hasta hace bien poco nadie se ha atrevido a contar al menos abiertamente y a cara descubierta. No sé si es por miedo a ser tachada de mala madre o con la mala idea de que tus familiares, amigas y conocidas no conozcan la realidad y "caigan" igual que tú en la "trampa" de la maternidad.

Los que me seguís desde hace tiempo sabéis que soy clara y directa y no me gustan las medias tintas ni las medias verdades. La maternidad es dura. Es muy dura. Y aquellas mujeres que quieren vender la imagen idílica de un bebé precioso que come y duerme perfectamente desde el primer momento, que paseas feliz en su carrito donde disfruta como un bendito, que cuando llega el momento de empezar con la alimentación complementaria se come cada papilla de frutas, verduras o cereales que le pongas por delante sin protesta ni mancha alguna hacen un flaco favor al resto de mujeres en general y a la maternidad en particular.

Igual hay algún bebé idílico pero la realidad es bastante más dura y de repente te encuentras que en tu vida hay una personita que no entiende de horarios ni de normas, que duerme cuando le viene en gana (si le viene en gana dormir, por supuesto) que no quiere parar quieto en ningún lado, que llora por motivos desconocidos (después descubres que son gases y que sólo el tiempo los cura), que te has gastado un dineral en un carrito y que llora cada vez que sales a la calle con ella montada en el carro, que después del parto igual tienes más puntos de sutura que los que hacen falta para que con la tarjeta de puntos de la gasolinera te regalen un crucero para dos, que hay un bajonazo de hormonas increíble del que nadie te habló y que tienes ganas de llorar a todas horas, que se acabó la vida con normas y horarios y que las cosas se hacen cuando buenamente puedes así que igual un día estás almorzando a la una y otro son las cinco y el bebé no te ha dejado sentarte a comer y si tienes suerte te puedes duchar todos los días...

A todo ello hay que sumar las visitas, que la gente se piensa que en casa estamos encantados de recibirlos y allí que se plantan en el sofá sin prisa y probablemente con pretensiones de que los invites a merendar cuando tú tienes ganasde quedarte a solas y descansar si a tu hija le viene a bien cerrar los ojos cinco minutos. Por no entrar a comentar las horas que tiene la gente para hacer visitas, que esa es otra... Menos mal que al cabo de tres o cuatro o cinco meses al fin acabas con la obligación de tener que estar en casa dispuesto a recibir al que no se le ocurre nada mejor que hacer que ir a ver al bebé.

Por mi experiencia tengo clarísimo que la maternidad te quita temporalmente (porque antes o después se vuelven a tener horarios, eso ni se duda) unas cosas que se ven compensadas (sobradamente) por otras como la primera vez que tu hija dice mamá, que te reconozca y se le pinte una sonrisa tan grande que no le cabe en la cara, la primera vez que gatea, se sienta o se pone en pie, la primera vez que le entra la risa y se ríe a carcajadas... Son mil cosas que pasan muy rápido aunque cuando la vida se te pone patas arriba crees que el tiempo se ha detenido, que cada día es igual y que nunca más tendrás una vida ordenada.
Entre las cosas que la maternidad me quitó al principio estaba la posibilidad de repostear. A duras penas sacaba tiempo para preparar la comida o una simple ensalada para la cena como para meterme en jaleos de hornos, dulceríos y demás. Además me vi agasajada con cajas de bombones a los que había que dar salida (sinónimo fino de zamparse alegremente) antes del verano y dadas las circunstancias nos dedicamos a comprar algunas cosas que nos habían llamado la atención en el supermercado pero que nunca comprábamos porque reposteaba yo en casa y dejábamos lo industrial para otra ocasión.
Una de estas cosas fueron unas galletas de arándanos y chocolate blanco que no vienen muchas en el paquete y la relación precio-cantidad hace que sean un poco caras pero que nos encantaron y yo me decidí a encontrar la receta para prepararlas en casa.

Estuve mirando en varios libros que tengo de galletas y me encontré esta receta en uno de LIDL y me pareció a partir de las fotografías que podía ser similar. Hice algunos cambios (porque usaba cerezas y no llevaba chocolate blanco por ejemplo) para intentar adaptarla a las que yo había probado y aunque no es la textura de las galletas que compramos el sabor es muy parecido.
No cejaré en mi empeño de encontrar una receta similar en textura y mientras tanto iré compartiendo aquellas recetas que considere merecen la pena dar a conocer porque estas no serán como las industriales pero ricas están un rato.

Lo fundamental es una buena materia prima, en este caso unos buenos arándanos y un buen chocolate blanco y lo demás vendrá rodado porque las galletas son muy fáciles de preparar (como la mayoría de galletas) y necesitamos cuatro ingredientes de los de andar por casa.

Tened en cuenta que yo por el momento no me puedo meter en recetas complicadas ni que requieran muchos pasos ni mucha elaboración porque Lara se despega de mamá más bien poco y mi tiempo libre es bastante escaso.
Espero que os animéis a prepararlas ¡os van a encantar!

¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

* 200 gramos de chocolate blanco
* 80 gramos de arándanos desecados
* 350 gramos de harina
* Media cucharadita de bicarbonato
* Media cucharadita de canela en polvo
* 170 gramos de mantequilla
* 130 gramos de azúcar blanco
* 120 gramos de azúcar moreno
* Una cucharadita de vainilla
* 2 cucharadas de leche
* 2 huevos

Elaboración:

1. Derretimos la mantequilla y la mezclamos con los dos azúcares hasta que la masa esté blanquecina y 

2. Añadimos la vainilla, la leche y los huevos y mezclamos hasta integrar

3. Incorporamos la harina, con el bicarbonato y la canela. 

4. Por último agregamos los arándanos y el chocolate en trozos y mezclamos procurando que queden bien esparcidos por la mezcla.

5. Dejamos reposar en el frigorífico toda la noche si nos es posible. Así los sabores estarán más asentados y la masa será más manejable. Si no podemos esperar pasamos a hornear directamente.

6. Sobre un papel de hornear o una lámina de silicona para el horno ponemos cucharadas de masa más o menos separadas porque tienden a crecer un poquito.

7. Horneamos a 180º C durante 13 minutos.

8. Retiramos las galletas de la bandeja con ayuda de una espátula pasados unos minutos y las dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

Se conservan perfectamente en una lata o un envase que cierre bien ¡ojo con los ratoncillos que dejan las tapas a medio cerrar después de asaltar la lata de las galletas!
Aunque os aseguro que una vez hechas duran más bien poco ¡ya lo veréis!
Os pido disculpas porque esta semana estoy un poco ausente de vuestras cocinas pero el mes de octubre tengo liquidaciones trimestrales y estoy un poco agobiada de trabajo. Además tengo a la peque resfriada y a mi señor esposo con gastroenteritis ¿alguien da más? Con un poco de suerte me podré poner al día con visitas y recetas en breve. Espero sepáis perdonar mi ausencia de vuestras cocinas ¡es sólo temporal!

Os deseo muy feliz y dulce fin de semana ¡nos leemos en breve de nuevo!

Manos a la masa y ¡bon appétit!