jueves, 25 de agosto de 2016

Brownie de plátano y chocolate

Este verano está siendo completamente atípico para mí. Es el primero que no disfruto ni una semana de vacaciones en plena canícula y el primero que vivo siendo mamá. También el tiempo está siendo un tanto atípico porque en pleno Agosto hemos tenido una ligera bajada de las temperaturas y hasta algunos ratitos de lluvia. 

¿Y qué se hace cuando el tiempo da un pequeño respiro? ¡hornear! Nada de pensar en dormir bien o salir a la calle sin sudar, yo pienso en hornear sin convertir mi casa en un infierno. Sinceramente yo tengo mono de horno todo el año y aunque con la pequeña Lara es más difícil meterse en la cocina intento sacar cuatro ratitos.
A este brownie le tenía muchas ganas desde hace infinidad de tiempo, pero el tema de repostear con plátanos en casa ya sabéis que es complicado. Sin embargo desde que Lara empezó a tomar fruta hay siempre de sobra porque le encantan pero con el calor se maduran rápidamente (además de que tenemos más tipos de frutas que empiezan a llegar ya de la huerta de mi padre y no comemos tantos) así que cuando vi que teníamos unos cuantos bien maduritos supe que era el momento idóneo para preparar esta delicia.

La receta la he adaptado muy libremente de un libro sobre brownies, cookies y donuts que compré en LIDL. Tan libremente que casi lo único que tienen en común es el título y algún ingrediente, pero estoy encantada con el resultado. 

Es un brownie jugoso, húmedo y ligero. No es nada empalagoso y el sabor del plátano y el chocolate juntos ¡es una delicia! ¡¿qué os voy a contar?! Si habéis probado esta combinación en cualquier receta sabéis a lo que me refiero.
Las fotos no le hacen justicia pero no quería dejar perdida esta receta porque está absolutamente deliciosa y quería dejarla anotada en mi cocina virtual ¡ya le llegará el turno de repetirla! y a ver si me llega la inspiración para hacer fotos mejores a los brownies porque entre la falta de musas y el poco tiempo el resultado es bastante pobre.
No me enrollo y os dejo con la receta que es muy sencilla y muy rápida de preparar ¡no se le puede pedir más!
 
 
Ingredientes:

* 250 gramos de yogur de chocolate
* 3 huevos
* 3 plátanos maduros
* 50 gramos de miel
* 150 gramos de harina
*  Una cucharadita de bicarbonato
* 60 gramos de nocilla
* 40 gramos de crocanti de almendra 

Elaboración:

1.  Batimos los huevos con un tenedor como si fuésemos a hacer tortilla.

2. Añadimos el yogur, la miel y la crema de cacao y batimos hasta obtener una crema.

3. Incorporamos los plátanos pelados y chafados con un tenedor (no pasa nada si queda algún trozo más grande

4. Añadimos la harina y el bicarbonato y cuando la mezcla sea homogénea incorporamos el crocanti de almendra.

5. Untamos con mantequilla o forramos con papel de hornear nuestro molde (yo he usado uno de 20x20) y vertemos la masa.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 30 minutos aproximadamente.

7. Dejamos templar y podemos desmoldar ¡y hasta hincarle el diente!

Templado está riquísimo y frío ¡también!
Como lleva fruta os aconsejo que lo guardéis en la nevera para evitar que el calor lo estropee rápidamente. Y si aceptáis un consejo ¡guardadlo cortado en trozos pequeños! Así cada vez que caigáis en la tentación vuestra conciencia no os remorderá tanto.

Espero que paséis muy feliz fin de semana ¡y nos volvemos a ver en septiembre! (lo que viene siendo la semana que viene)

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 18 de agosto de 2016

Panna Cotta de coco

Ahora sí que es cierto que el país se queda paralizado. Si durante los primeros días de Agosto somos pocos los que quedábamos al pie del cañón cuando llega la segunda quincena parece que sólo continuamos trabajando los pringadillos de turno. El cartel de abrimos en septiembre se cuelga en muchos comercios y sea cual sea tu urgencia en el mejor de los casos te toca esperar al próximo mes.

Y mientras parece que el país vive sin horarios a la orilla del mar o la clemencia de piscinas, pantanos y ríos ajenos a todo lo que ocurre en el resto del mundo nos van colando anuncios que nos recuerdan que la vuelta al cole está precisamente a la vuelta, que hay que rascarse el bolsillo para llenar la nevera tras las vacaciones y que te olvides de sacar el uniforme del curso pasado que tu precioso retoño ha crecido durante el verano pero no lo has notado porque los pantalones cortos lo disimulan muy bien.

A la misma vez aparecen anuncios de mil y una colecciones que de repente inundan los kioskos y es que septiembre es el mes de los buenos propósitos (casi más que el uno de enero) y aunque hayamos empezado mil y una colecciones al final de todos los veranos de nuestra vida y ninguna hayamos seguido más allá de octubre nos decimos que esta vez sí que vamos a ser constantes. Y si hablamos de colecciones para aprender idiomas, labores o a cocinar... ¡con esas tenemos perdida la batalla de antemano!
No obstante a mí me gusta esta vuelta a la rutina (y conste que no es ganas de fastidiar al personal que sí ha tenido vacaciones este verano) porque es la antesala del otoño que tanta vida me da aunque me quedan (nos quedan) días que sufrir de calor ¡que este año no da tregua señores!

Para paliar los rigores propios de estos días ¿qué mejor que postres fresquitos?A su favor tienen que suelen ser rápidos de preparar (impresncindible cuando tienes un bebé en casa que no duerme porque no le da la real gana) y que no necesitas perder kilo y medio en la cocina por el calor para prepararlos (aunque eso igual es un punto a favor si realmente pasando calor se perdiera tanto peso)
Mi propuesta para esta semana es una panna cotta de coco, muy sencilla de elaborar y con un intenso sabor. 

Fue una receta de pseudo aprovechamiento ya que abrí una lata de leche de coco para otro postre (que os enseñaré más adelante porque sí que requiere horno y no quiero que sudéis sólo con leerme) de la que usé sólo la mitad. No quiere decir que el resto me sobrara porque siendo mujer previsora somo soy cuando me decido a abrir una lata de leche de coco inmediatamente busco dos recetas para que no se quede la lata rodando por la nevera ¡en casa no se permite que ningún alimento se estropee!
A esta panna cotta le tenía muchas ganas ¡cualquiera diría que el coco no era un sabor muy apreciado por mí! En realidad el sabor (y el olor) a coco me gusta, lo que no me acababa de convencer es la textura en boca del coco rallado ¡pero a todo se hace uno con un poco de insistencia!

La había visto en algunos blogs por la red y cada cual la hace como mejor le parece, con o sin leche de coco, con o sin coco rallado, con esencia de coco... Así que me decidí a adaptar mi receta base de la panna cotta a lo que tenía en casa y me ha gustado el resultado.

No es el mejor postre del mundo mundial pero está rico ¡y fresquito! y en estos días creo que se agradece bastante. Además es tan sencillo de hacer que cualquiera lo puede preparar y como se puede hacer con antelación también gana puntos si lo quieres llevar a una comida o cena veraniega.
 ¿Le echamos un vistazo a la receta?


Ingredientes:

* 200 ml de leche de coco
* 200 ml de nata para montar
* 200 ml de leche
* 40 gramos de azúcar blanca
* 50 gramos de coco rallado
* 2 láminas de gelatina neutra (queda cuajada pero a medida que la vas comiendo se desmorona, así que con tres yo creo que quedaría perfecta)

Elaboración:

1. Ponemos la gelatina a hidratar en agua fría.

2. En un cazo ponemos todos los ingredientes menos la gelatina y el coco rallado y ponemos a fuego medio (yo pongo el 5 en mi placa de inducción que llega hasta el 9) hasta que esté a punto de empezar a hervir. Removemos para evitar que se pegue.

3. Escurrimos la gelatina y la añadimos al cazo que mantenemos a fuego mientras removemos hasta que esté disuelta y a continuación añadimos el coco rallado y removemos hasta que esté bien mezclado.

4. Vertemos en los boles en los que queramos servir, esperamos a que enfríe, tapamos y metemos en el frigorífico hasta que esté cuajada.

Al enfriarse el coco rallado va subiendo y hace una capita bastante rica en la superficie (por eso tiene ese aspecto rizado) pero si no os gusta (o simplemente preferís una superficie tersa y lisa) siempre lo podéis suprimir aunque así la panna cotta tendrá un sabor a coco menos intenso.
No me enrollo más que estar delante del ordenador mucho tiempo es complicado estos días. Os deseo muy feliz finde y si estáis de vacaciones ¡que disfrutéis mucho vuestro tiempo libre!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 11 de agosto de 2016

Trenza de hojaldre rellena de chocolate

Soy consciente de que hace mucho calor pero a pesar de vivir en plena Andalucía de interior (Jaén para ser más exactos) soy incapaz de darle a mi horno tres meses de vacaciones. 

No funciona a ritmo normal pero al menos una vez a la semana lo enciendo y aprovecho para hacer varias cosas (alguna cosa dulce cae siempre). Después de convertir en un infierno la cocina abro la puerta del patio y a esperar que el fresquito de la noche obre el milagro de devolvernos a una temperatura llevadera (es un decir con el veranito que estamos teniendo)
Fruto de esas jornadas clandestinas de horno es esta trenza de chocolate a la que le llegó el turno por varias razones. La primera y fundamental es porque le tenía muchísimas ganas, la segunda es porque se me había quedado una tableta de chocolate en los armarios de la cocina y odio que el chocolate pase los rigores del verano almacenado porque luego no sabe igual y la tercera es porque el domingo por la noche cargamos un cesto de viandas y nos vamos a una ermita que hay en lo alto de un cerro para ver el espectáculo de fuegos artificiales (que es en el centro del pueblo pero desde la ermita se ve perfectamente y sin riesgo, que yo soy muy miedica para estos asuntos)

Mi idea era tener lista esta trenza y llevarla para el postre (porque como podéis imaginar allí comemos de todo pero nada sano) ¡qué ilusa! Ha desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Mi marido empezó convenciéndome para que hiciera una foto del corte (y él comiéndose rápidamente ese corte) y después fueron cayendo cachitos diciendo que con media trenza sería suficiente (ergo "no queremos compartir postre") y después acabamos pensando que para lo que quedaba mejor nos lo acabábamos que igual con el calor se ponía malo...
Como este año tampoco tenemos que hacer operación biquini y siendo sinceros a estas alturas no hay tiempo material para que dicha operación funcione prepararé otro postre para el picnic nocturno del domingo y compartiré con vosotros la receta que es más rápida de hacer que de escribir.

De hecho estoy segura que tardo menos en hacer la trenza que en escribir la entrada ¡si me está entrando antojo de preparar otra! El problema es que una receta ligera no es pero entra que da gusto y cachito a cachito desaparece como por arte de magia tal y como ha pasado en casa.

A su favor tiene que se prepara en nada y que la puede hacer hasta el menos hábil en la cocina ¡es imposible que salga mal!

Dicho lo cual mi conciencia se queda tranquila. Yo pongo la tentación y vosotros buscáis el momento de caer en ella. ¿A que es un trato bastante justo?
¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

* 1 lámina de hojaldre (yo usé el hojaldre de mantequilla de LIDL que es redonda y me vino perfecta en cuanto a tamaño)
* 1 tableta de chocolate de 300 gramos (o lo que es lo mismo de las largas)
* 1 huevo
* Azúcar para espolvorear

Elaboración:

1. Desenrollamos la lámina de hojaldre y en el centro ponemos la tableta de chocolate

2. En el hojaldre de los laterales realizamos, de arriba a abajo, cortes en diagonal. El procedimiento es el mismo tanto si la lámina es redonda como rectangular.

3. Doblamos hacia el chocolate los extremos superior e inferior (con la lámina redonda sobra algo así como un dedo. Si nos queda más podemos optar por cortar el excexo o añadir algunos trozos más de otra tableta de chocolate) y a continuación empezamos a cruzar las tiras de hojaldre de cada uno de los laterales "trenzándolo" sobre la tableta de chocolate.

4. Batimos el huevo en un bol y con ayuda de un pincel de cocina pintamos la superficie de nuestra trenza.

5. Espolvoreamos con azúcar la superficie.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180ºC y horneamos hasta que esté dorado el hojaldre. En mi caso fueron 25 minutos.

7. Dejamos templar y ya podemos disfrutar de ella si queremos antes de que acabe de enfriarse ¡pero con cuidado que el chocolate estará caliente! 
Si la trenza es para compartir os va a durar una sentada. Si sois pocos en casa igual aguanta un par de días o tres (salvo que tengáis un marido goloso por naturaleza como el mío que es complicado contenerlo y que yo tampoco le pongo muchos impedimentos porque lo que se coma él deja de ser una tentación para mí) 
El chocolate que uséis puede ser el que más os guste o tengáis en casa. Yo usé uno de tres chocolates ¡espectacular para esta receta! Tened en cuenta que al variar el chocolate que le pongamos dentro variará nuestra trenza y tendremos muchas posibilidades ¡tantas como chocolate hay en el mercado!

Si no tenéis una tableta grande podéis usar dos pequeñas una al lado de la otra. Y por si alguien se lo está preguntando después de pasar por el horno el chocolate se queda cremoso pero no derretido ¡no es como comerse una tableta envuelta en hojaldre! Si queréis saber la textura ¡tenéis que hacer la receta!

No me extiendo más, que estamos a las puertas del puente de agosto ¡tan esperado por los que este año no tenemos vacaciones en verano! y en plenas fiestas patronales en todos los pueblos de España. Tanto si os váis a la playa como si disfrutáis de vuestras fiestas espero que lo paséis muy bien y si tenéis que coger el coche gastad mucho cuidado en los desplazamientos que estemos todos a la vuelta.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 4 de agosto de 2016

Tiramisú

¿Hola?

¿Queda alguien por ahí?

Llega Agosto y el país se queda paralizado. En las noticias nos bombardean con imágenes de las carreteras llenas de vehículos que teóricamente se desplazan a la costa (digo yo que alguno de los que aparecen estará hasta trabajando) y con imágenes de playas tan abarrotadas que no cabe una toalla más (ni siquiera de las de tamaño lavabo) Las junglas de asfalto que la mayoría llamamos ciudades se quedan vacías a merced del calor que con un poco de suerte a finales de este mes empezará a darnos una tregua y las calles de los pueblos se van llenando. Es tiempo de fiestas patronales y el que más el que menos regresa a sus orígenes, a disfrutar de la familia y a regresar con el coche lleno de viandas de la tierra que lo vio nacer. 

Y la blogosfera no iba a ser diferente. La mayor parte de los blogueros han colgado el cartel de Cerrado por vacaciones y los que quedamos por estos lares nos contamos con los dedos de las manos. Para mí es un verano atípico, acabo de incorporarme al trabajo y la vida es complicada barajando una niña de poco más de cinco meses, un trabajo y una casa que también requiere lo suyo. No hablemos ya de la vida en pareja, familiar y social porque son ya demasiados factores en una ecuación compleja de por sí.
Como hace poco que he regresado he decidido seguir publicando aunque quedemos muy pocos este mes por aquí ¡ya habrá quién disfrute de las recetas más adelante! y de paso aprovecho para ponerme al día con los blogs amigos y recuperar algunos que se me han despistado en los últimos tiempos.

La receta de hoy es todo un clásico de la cocina italiana que a buen seguro todo el mundo conoce. El tiramisú además de estar riquísimo tiene la ventaja de que es rápido de preparar y no requiere pasar calor lo que se agradece estos días. El mayor inconveniente que tiene es el uso de huevos crudos en su elaboración, pero preparándolo poco antes de consumirlo, conservándolo en la nevera una vez elaborado y guardando las normas básicas de higiene no debería suponer problema alguno.

A cambio obtendremos un postre fresquito y riquísimo que hará las delicias de cualquiera que lo tome y será ideal para cualquier reunión familiar que tengamos estos días ya que como mejor está es preparado la víspera y tras haber reposado al menos doce horas en la nevera.
 No he sido muy purista en la elaboración. Lo preparo así desde que estaba en la universidad y entonces mis compañeras de piso y yo batíamos la crema a mano ¡fijáos si era artesanal la cosa! Cuando lo preparo ahora no puedo evitar recordar aquellos tiempos y no me apetece cambiar la forma de prepararlo porque sería como traicionar una parte de mí.
 
No sigo con las historias que me pongo sentimental y con estos calores no apetece estar mucho rato frente a la pantalla así que pasamos directamente a la receta

¿Os animáis?


Ingredientes:

* Bizcochos de huevo. Creo que se encuentran en todos los supermercados. Yo esta vez usé los de DIA que además estaban en oferta y debo decir que están riquísimos
* 500 gramos de queso mascarpone
* 4 huevos
* 200 gramos de azúcar
* Un vaso de café (puede ser descafeinado)
* Cacao en polvo sin azúcar

Elaboración:

1. En un bol ponemos el azúcar, los huevos y el queso mascarpone. Procuramos que no caiga el líquido del queso y batimos con las varillas eléctricas hasta obtener una crema. 

2. Mojamos los bizcochos en el café y ponemos una capa en la base del molde que vayamos a utilizar. Cubrimos con una capa de nuestra crema.

3. A continuación ponemos otra capa de bizcochos y cubrimos de nuevo con la crema. Lo normal es que con estas cantidades nos dé para dos capas de bizcochos y dos de crema, pero si nos queda crema seguimos haciendo capas.

4. Una vez terminemos de hacer capas espolvoreamos con cacao en polvo sin azúcar, tapamos con film transparente y guardamos en el frigorífico hasta el momento de servir.

Lo normal en el tiramisú es terminar con una capa de crema, pero esta vez me quedaban unos poquitos bizcochos y decidí ponerlos en la capa superior porque sabía que si los dejaba se tirarían una eternidad rodando por los muebles de la cocina. 

Estéticamente es diferente a como lo solemos ver pero sigue no deja de estar riquísimo.
En el café se puede añadir algún licor. Yo no lo hice porque el alcohol no nos gusta mucho en casa y además al estar dando pecho prefiero ni olerlo. En otras ocasiones lo he hecho con un licor de café que le ha dado un punto delicioso.

Hace muchos años me explicaron que se usaba un chorrito de alcohol para que el postre no supiera a huevo crudo, pero cuando no se lo he puesto a mí no me ha sabido nunca a huevo crudo.
En cuanto al tema de los huevos, como os comentaba  al prinicpio mi recomendación es usar huevos recién comprados y preparar el postre la víspera antes de consumirlo para que pueda reposar al menos una noche en el frigorífico y las capas se asienten bien. Si sobra lo mejor es gastarlo antes de que pasen tres días para evitar riesgos innecesarios.
Espero que os animéis con este postre, aunque sea cuando acabe el calor. Os deseo muy feliz y dulce finde y si estáis de vacaciones ¡disfrutad mucho vuestro tiempo de descanso!

Manos a la masa y ¡bon appétit!