lunes, 30 de noviembre de 2015

Mini tartas de praliné de crema catalana

La mayoría de los blogs están ya con el modo navideño puesto. No hay más que darse una vuelta por la blogosfera para vernos arrastrados por el espíritu de las fiestas que están a la vuelta de la esquina y que cada año nos anuncian antes en supermercados y centros comerciales.

Todos traemos las mejores recetas que se nos ocurren para  esos días y nuestras cocinas están a pleno rendimiento desde hace bastante para no llegar tarde a esta cita y compartir nuestras mejores ideas. Mi reto para esta navidad es publicar recetas fáciles, que se puedan preparar con antelación y que además de económicas puedan ser de aprovechamiento de otros productos que tengamos en casa. 

Porque creo que somos todos los que al final de las fiestas nos vemos con un aluvión de turrones, dulces, bombones... ( además de patés, conservas, embutidos, quesos... que en un blog de respostería es complicado aprovechar, pero que en la vida real hay que darles salida) que se quedan en el armario de la cocina y no sabemos qué hacer con ellos.

Esta receta ha surgido de la necesidad de dar salida a unas cuantas tabletas de turrón y praliné del año pasado que aún tengo en casa ¡y algunas a punto de caducar! y con ella pretendo colaborar con mi amiga Marisa en su Reto Recetas BBSS que en su séptima edición se viste de Navidad.

Seguro que muchos de vosotros ya lo conocéis, pero por si hay algún despistado yo explico en qué consiste a ver si os animáis a participar porque no dudo de que vais a pasar por allí para llevaros un montón de ideas estupendas para estos días. 

Marisa nos ha pedido este año que participemos con recetas navideñas que cumplan cuatro sencillos requisitos:  tienen que ser recetas baratas, buenas, sencillas y sanas. Porque cuando en las noticias escucho que cada español se va a gastar de media 600 (o 500 u 800) euros a mí las cuentas no me salen y estoy segura de que por el país habrá quien se gaste mi parte y la de toda mi familia porque preparar un menú apetecible, rico y variado no tiene que ser sinónimo de gastarse un dineral.

Además yo intento comprar con sensatez y aventurarme en el supermercado en estas fechas con una lista cerrada (o todo lo cerrada posible porque al final siempre acabo cayendo en alguna tentación) y tras haber pensado lo que vamos a comer. 

Reconozco que alucino con la gente que lleva dos carros rebosantes. Me consuelo pensando que serán muchos a cenar o comer, pero otras veces estoy segura de que compran como si no hubiera mañana y que estarán todo el mes de enero tirando de lo que compraron para navidad. Si soy yo que le regaño a mi madre y compramos lo justo y al final acabo con el frigorífico lleno de tuppers con los restos de cenas y comidas (y casi que llego a enero sin tener que cocinar nada) y con la despensa llena de tabletas de turrón o cajas de bombones porque mi madre alega que en su casa no se pueden quedar para quitarse las tentaciones y que yo ya les daré salida con alguna receta (claro, y que me crezca el culo a mí o la barriga a mi marido) así que no puedo imaginar lo que queda cuando te llevas el coche lleno cual si se acercase el fin del mundo (o como mínimo un tornado)
Para este reto yo traigo un postre ¡no podía ser menos! que es lo más sano posible que un postre navideño puede ser y con el que podréis dar salida a esa tableta de turrón que igual aún está en el fondo del armario desde las navidades pasadas (que nadie ponga cara de que eso no le ha pasado nunca porque no me lo creo) 

Para estas mini tartas he elegido un praliné de crema catalana que en casa nos gusta mucho pero como todo dulce navideño posee una enorme carga de calorías así que lo he usado en una receta con otros ingredientes más sanos (y que están en mayor cantidad) para disfrutar de él con muchos menos remordimientos de conciencia y muchas menos calorías ingeridas por porción.
Además sólo se necesitan tres ingredientes y poco más de quince minutos (el tiempo de reposo en la nevera aparte) para disfrutar de ellas que se pueden preparar con antelación y olvidarnos de las preocupaciones por el postre. 

Si no tenemos moldes individuales suficientes podemos poner la mezcla en vasitos o en un molde grande y partir porciones a la hora de servir ¡esta receta se adapta a todas las circunstancias! Lo único que de verdad necesita es un hueco en el frigorífico, aunque con el frío que se nos ha metido de golpe igual la podéis dejar en el alféizar de la ventana si tenéis la nevera a tope en esos días que probablemente esté más igual o más fría.
Es un postre que se agradecerá después de una comida copiosa porque es fresquito y entra con ganas, las porciones además son pequeñas (al menos las que yo hice) y aunque tiene un sabor a praliné de crema catalana es muy suave y nada dulce ni empalagoso, así que será bienvenido por casi todo el mundo.

Si en casa sois muy dulceros entonces no quedará más remedio que añadir dos tabletas en lugar de una o reducir la cantidad de leche (si queréis un sabor más intenso) o bien poner azúcar hasta conseguir el punto de dulzor que os guste. 
No me enrollo más porque resulta que estoy tardando más en escribir la entrada de lo que vais a tardar vosotros en preparar la receta si os animáis con estas mini tartas que os propongo hoy.

Ingredientes:

* 600 ml de leche (la que uséis en casa)
* Una tableta (200 gramos) de praliné de crema catalana (yo la compro en DIA de su marca, pero también lo tenéis de otras marcas)
* 7 hojas de gelatina

Elaboración:

1. Ponemos a hidratar en agua las hojas de gelatina.

2. En una cacerola ponemos el praliné picado. Como es blando es muy fácil hacerlo escamas (pasando un cuchillo por la parte corta de la tableta como si intentásemos cortar láminas muy finas del turrón) y tardaremos muy poco en tener lista nuestra receta.

3. Añadimos la leche y ponemos la cacerola a fuego medio (yo a 5 en mi placa de inducción que llega hasta el 9) y vamos removiendo de vez en cuando para que no se nos pegue.

4. Cuando esté llegando al punto de ebullición sacamos la gelatina del agua, escurrimos e incorporamos a la cacerola.

5. Mantenemos al fuego removiendo con frecuencia para garantizar que la gelatina se deshace durante unos cinco minutos más.

6. Retiramos del fuego y vertemos la mezcla en los moldes elegidos. Dejamos enfriar en la encimera de la cocina y una vez fría tapamos (para evitar que se haga costra o que se le pueda pegar el olor de otros alimentos que tengamos) y metemos en el frigorífico donde mantendremos hasta que esté totalmente cuajada. 

Yo aconsejo prepararlas de un día para otro como mínimo, o en todo caso por la mañana para consumirlas por la noche para que estén perfectamente cuajadas y no nos llevemos una mala sorpresa al desmoldar.
Se pueden presentar solas, o acompañar de chocolate, nata montada, trocitos de turrón, sirope de caramelo... aunque os aseguro que merece la pena tomarlas solas porque son un postre nada pesado y al final de las fiestas vuestra báscula os lo agradecerá, pero si os queréis lucir con la presentación hay muchas posibilidades. 

Con estas cantidades me ha dado para cinco moldes de mini bundt cakes como los que veis en las fotos y para cinco moldes de silicona para muffins y magdalenas de IKEA que son un poquito más grandes e ideales para los que tienen más saque.

Por supuesto podéis preparar la receta con el praliné o el turrón que más os guste, que tengáis en casa o haya de oferta en el supermercado ¡qué debilidad tengo yo por las ofertas y cuando veo 3x2 o la segunda unidad al 70% de descuento no me puedo resistir! por eso mi marido prefiere que no vaya en esta época a comprar.

No dejéis de pasar por la página del reto ¡hay un montón de ideas que os van a encantar! y si podéis ¡animáos a participar y aportad vuestras recetas BBSS!
http://recetasbbss.blogspot.com.es/2015/10/7-reto-bbss.html

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 26 de noviembre de 2015

Galletas de turrón de Jijona

Con el paso de los años me he dado cuenta de que la mayoría de la gente va de moderna y liberal y finge respetar las decisiones y la forma de vida de los demás pero en el fondo son unos falsos que se esconden bajo una máscara hipócrita.

Por esta razón y aunque llevemos cuarenta años viviendo en democracia (que se dice pronto...) hay cosas que es mejor no reconocer en voz alta ni tampoco por escrito porque hay quien no deja de escandalizarse y acabas siendo el demonio pinchapapas como mínimo. 

Sin embargo yo soy de la opinión de que hay que ser claros y reconocer las cosas, no decir lo que opine la mayoría por miedo a qué pensarán, porque esos testimonios a veces ayudan a mucha gente. Es por eso que en un arrebato de sinceridad (de esos que tanto le gustan a mi amiga Silvia del blog Silbando aromas) hoy he decidido compartir con vosotros un secreto.

Confieso que a mí los bebés y los niños en general no me gustan y que he sido una de las mujeres con menos instinto maternal que haya pisado la faz de la tierra. Jamás he visto un sólo niño que haya hecho que quiera tener uno propio y cuando la gente empezó a preguntar que cuándo íbamos a tener hijos (el pasado septiembre mi marido y yo cumplimos cinco años de matrimonio) mi respuesta sí que era digna del demonio pinchapapas...

Sin embargo a mi marido se le cae la baba cada vez que ve un niño y el pobre tuvo que hacerse a la idea de que probablemente no íbamos a tener ninguno porque yo no encontraba jamás el momento adecuado para ponernos a ello. Un día no hace muchos meses empecé a pensar que era muy egoista por mi parte ni siquiera intentarlo por muy poco que me gustasen los niños y con la idea de que quedarse embarazada era algo complicado (la gente siempre te cuenta lo mucho que se tarda y que con mi edad ya eres vieja y no vas a poder sin ayuda médica) nos pusimos a ello y la vida nos premió con un embarazo en el primer mes que los intentamos.

Reconozco que la vida tiene un sentido del humor bastante peculiar porque a mí que no tenía ganas ningunas de ser madre me premia así mientras hay mujeres que lo desean con todo su ser desde hace años y no lo consiguen. Sinceramente no me parece justo pero nada en este mundo parece serlo.

La cuestión es que en cuanto me confirmaron que estaba embarazada algo dentro de mí cambió. No me gustan más los niños de los demás aunque es cierto que los miro con otros ojos, pero por mi hija peleo con uñas y dientes. Lara no ha llegado aún y que se prepare el que ose siquiera rozarme la barriga.

Me habían dicho muchas veces que podía no tener instinto maternal o no gustarme los niños, pero cuando fueran míos todo cambiaría y yo no daba crédito. Ahora sé que es verdad y quería compartir mi experiencia con vosotros porque sé que no soy la única a la que le ha pasado, así que yo digo con total sinceridad que si tenéis dudas como yo tenía y le estáis dando vueltas intentadlo al menos que no hay nada tan bonito como sentir a tu bebé dentro y esperar con todas las ganas del mundo que llegue el momento de que nazca.

Y tras este arrebato de sinceridad con confesión pública incluída paso a la receta de hoy.

Mi intención no era inaugurar la temporada de recetas navideñas hasta la próxima semana, pero como para el reto del pasado domingo me quedaron unos muffins que a mí me recuerdan a la navidad he pensado poner el modo Merry Christmas ON y que sea lo que tenga que ser. 

Espero no saturarme antes de que lleguen las fiestas y abandonar las recetas temáticas. Creo que no, que tengo muchas cositas en mente por preparar (y un gran catador a mi lado para que las disfrute)
 
Estas galletas las conocí hace cuatro o cinco años gracias a mi amiga Isa que las publicó en su blog y que es una de las grandes culpables de que este blog exista hoy. Hubo un tiempo que las preparé con bastante frecuencia y ya entonces hice algunas variantes como ponerle bombones troceados o turrón de chocolate para dar salida a los "restos" de las fiestas.

Sin embargo el otro día caí en la cuenta de que hace al menos dos años que no las he preparado y supe que este año tenían que estar en mi blog. 
Sé que no es ninguna receta "novedosa" y que la mayoría de vosotros ya las conocerá, pero están tan ricas que se merecen su hueco en mi cocina. 

Además yo soy una gran defensora de que las recetas siempre vienen bien para aquellos que inician su andadura en la cocina y para los que ya llevan más tiempo porque pueden recordarnos cosas que preparamos hace ni se sabe y de las que ya nos hemos olvidado.
Si os gusta el turrón de Jijona (o turrón blando) y las galletas ¡esta es vuestra receta! ¡Menudos desayunos y meriendas os váis a dar con ellas estos días! Y si ahora no os da tiempo a prepararlas tenedlas en cuenta para enero cuando queráis dar salida a las tabletas que se quedan en casa o que nos "colocan" como hace mi madre para ella no tener nada en la despensa...

La cuestión es que no dejéis de hacerlas porque os van a encantar (y probablemente enganchar como me pasó a mí cuando las hice la primera vez). Por fuera son crujientes y quedan con los bordes caramelizadas, pero por dentro están tiernas y tienen un sabor lleno de matices y aromas que no os va a dejar satisfechos con sólo una.
Además quedan muy doraditas gracias al azúcar moreno (que es mi favorito para hacer galletas) y al turrón de Jijona. Y la masa es muy sencilla de manejar y no se pega a las manos gracias a la grasa que tiene este turrón ¡os aseguro que es un gustazo hacerlas! ¡No os quedéis con las ganas de disfrutar de ellas!

¿Metemos las manos en harina?

Ingredientes:

* 250 gramos de harina
* 260 gramos de turrón de Jijona (el turrón de almendra blando para que no haya dudas). Esa es la cantidad que tenía la tableta que yo compré, pero si tenéis una de 200 gramos también será suficiente, y si es de 300 mejor.
* 70 gramos de azúcar moreno
* 100 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 1 huevo
* 1 cucharadita de bicarbonato sódico

Elaboración:

1. En un bol batimos la mantequilla con el azúcar hasta obtener una mezcla cremosa.

2. Añadimos el huevo y seguimos batiendo hasta que esté integrado.

3. Incorporamos el turrón desmenuzado y mezclamos.

4. Por último añadimos la harina junto con el bicarbonato poco a poco y vamos mezclando. Es posible que al final haya que amasar a mano.

5. Tapamos la masa con film transparente y metemos en el frigorífico mínimo un par de horas aunque a mí me gusta dejarlas toda la noche.

6. Hacemos bolitas con la masa y las aplastamos un poco. Las vamos colocando en la bandeja del horno cubierta con una lámina de papel sulfurizado o una lámina de silicona para hornear. Procuraremos que estén un poquito separadas para que no se nos peguen aunque estas galletas no crecen demasiado en el horno.

7. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 13 minutos, según el grosor de nuestras galletas, para que no nos queden duras. En cuanto veaís que están doraditas y la superficie se empieza a resquebrajar será el momento de sacarlas.

8. Retiramos de la bandeja, dejamos sobre la rejilla hasta que estén totalmente frías, momento en el que podremos guardar en una lata o recipiente con tapa.

Con estas cantidades a mí me salieron 36 galletas, pero da para 40 perfectamente, ya que en la primera hornada sólo puse 16 en la bandeja cuando caben 20 sin problema ya que no crecen, así que para la siguiente hice algunas más grandes para que no me sobrara masa.
 
Os aconsejo que no metáis las galletas en la lata ni las tapéis hasta que estén totalmente frías, ya que con el vapor que desprendan se pueden humedecer y ponerse blandas e incluso rancias ¡y queremos unas galletas deliciosas y crujientes! 
 
Y nada más por esta semana. Nos veremos de nuevo el lunes seguro que cargados de recetas estupendas porque con el frío que hace encender el horno es una de las opciones más interesantes que se me ocurren ¿a vosotros no? ¡Feliz y dulce fin de semana!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

domingo, 22 de noviembre de 2015

Muffins de naranja con fruta escarchada y gotas de chocolate

¡Toc, toc!

¿Hay alguien ahí?

Soy consciente de que es domingo y que a más de uno le costará asomar la nariz fuera de las sábanas a estas horas. Además la temperatura ha bajado y en la cama se está mejor que en ningún otro lado.

Sin embargo yo ya llevo un ratito levantada y mi horno funciona a pleno rendimiento ¿no os llega el aroma que sale de mi cocina? ¿a qué os huele? ¿no notáis la naranja? ¿ni el chocolate? ¿y la fruta escarchada? Sin que fuera mi intención he preparado unos muffins que huelen a navidad o al menos a mí me recuerdan a la navidad. Y ya sabéis que yo no soy muy navideña ni tenía pensado empezar la "campaña" hasta diciembre, pero si me recuerdan a esa época me la recuerdan y como soy muy clara y directa os lo digo.
¿Os animáis entonces a salir de la cama y desayunar conmigo?

Porque la culpable de que yo esté por aquí un domingo a estas horas (aunque prometo que ya no estoy en pijama y que me he peinado) es Pilar y su Reto Color y Sabor de Temporada que este mes nos proponía como fruta la naranja para que preparásemos una receta y cual fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que en casa consumimos al menos el 60% de la producción nacional de mandarinas, naranjas y clementinas cada otoño-invierno pero en el blog no tenía ni una sola receta con ellas ¡y esto es imperdonable! 
 
Así que me he puesto a darle vueltas a la cabeza y al final han salido estos muffins, receta original de Cuca, en los que he puesto en práctica algunas cosillas que hacía tiempo quería probar, como poner la naranja entera en una masa, lo que le aporta una jugosidad, un sabor y un aroma increíbles que no se consigue poniendo únicamente la ralladura y el zumo.

Si nunca lo habéis probado yo os lo aconsejo ¡¿y qué mejor receta que estos muffins que se preparan en un abrir y cerrar de ojos para empezar?! ¡Qué bien me vendo! 

Están tan ricos que no sé por dónde empezar a contaros. Lo primero de todo es el olorcito que sale del horno cuando llevan unos diez minutos ¡os hará desear que el tiempo pase más deprisa para poder hincarles el diente! La masa huele a naranja y chocolate y es un placer ver cómo crecen y van cogiendo un bonito color dorado.
Cuando por fin están fríos (o al menos templados) os encantará la textura que a pesar de tener cuerpo es suave, blandita y nos ofrecen un interior húmedo y jugoso gracias al queso y la naranja.
 
Y el sabor es una maravilla porque cada bocado nos ofrece la posibilidad de disfrutar de la naranja que junto con el chocolate y la fruta escarchada brindan distintos matices que harán que no queramos que nuestro muffin acabe nunca y será bien complicado contentarse con sólo uno.

De hecho yo ya llevo dos (los dos de prueba conste ji ji ji) que no es posible hablar de las maravillas de esta receta sin haberlos saboreado y degustado convenientemente ¿no creéis? Pero no sufráis que hay de sobra para compartir con vosotros y ninguno os quedaréis sin uno, así que mientras preparamos el café, el chocolate y el té para que cada uno los acompañe con lo que más le guste yo os cuento la receta ¿os parece?
 Con estas cantidades os dará para 14 muffins aproximadamente, ya que dependerá del tamaño de la cápsula que utilicéis.

Ingredientes:

* 250 gramos de harina
* 1 sobre de levadura
* 100 gramos de azúcar
* 250 gramos de queso de untar
* 1 naranja grande. No pesé la que utilicé pero las que tenía en casa estaban entre los 350-400 gramos.
* 35 gramos de aceite de oliva
* 2 huevos
* 100 gramos de fruta escarchada en trocitos.
* 80 gramos de gotas de chocolate

Elaboración.

1. Lavamos bien la naranja para eliminar las ceras que pueda tener la piel. La secamos y la partimos sin quitarle la piel en trocitos.

2. La ponemos en un bol amplio (si tiene tapadera mejor junto con el queso, los huevos y el azúcar y pasamos la batidora hasta obtener una crema homogénea. Tendremos especial cuidado en que no queden trozos de la naranja.

3. Añadimos el azúcar, la harina y la levadura y mezclamos hasta integrar. Como la cantidad de líquido que aporta la naranja a la masa es relativa si la masa queda muy líquida añadiremos un poquito más de harina y su fuera demasiado seca añadiríamos unas cucharadas de leche.

4. En un bol ponemos la fruta confitada y el chocolate. Espolvoreamos con una cucharada de harina y mezclamos bien hasta que todos los trocitos estén impregnados en harina. Así conseguiremos que se distribuyan por toda la masa y no se vayan al fondo.

5. Añadimos la fruta y el chocolate a nuestra masa y con ayuda de una espátula procuramos que quedan bien distribuidos en la mezcla.

6. Ponemos cápsulas de papel en nuestra bandeja para muffins y con la ayuda de una cuchara para helados ponemos la masa en las cápsulas. 

7. Introducimos en el horno precalentado a 200º C y horneamos durante 10 minutos pasados los cuales bajamos la temperatura a 180º C y horneamos durante 10 minutos más o hasta que al pincharlos con un palillo este salga limpio.

8. Dejamos templar en el horno con la puerta entreabierta durante 5-10 minutos, los sacamos, quitamos de la bandeja y dejamos enfriar sobre una rejilla.

Para conservarlos como siempre os recomiendo una lata o un tupper que cierren muy bien y que tengáis mucho cuidado con los ratoncillos que a hurtadillas cogen uno y dejan como prueba de su delito la tapadera mal puesta porque se pondrán duros.
 
Esta vez sólo nos han durado cuatro días pero estaban como recién salidos del horno e incluso os diría que cada día más ricos porque los sabores estaban más asentados, aunque os aseguro que recién hechos, calentitos ¡están para perder el sentido!
La fruta escarchada que he usado es un paquete que venden en LIDL de fruta escarchada variada que ya viene en trocitos y que a mí me encanta por el colorido pero también podéis utilizar un sólo tipo o si tenéis trozos más grandes (en algunas confiterías los venden al peso y en algunos supermercados los hay en bandejas) partirlos a vuestro gusto y poner distintas frutas o solo un tipo.
Si no os gusta la fruta escarchada podéis hacerlos sin ella, sólo con gotas de chocolate. Y si no os gusta el chocolate (que hay gente a la que no le gusta, como mi madre) los hacéis sólo con fruta escarchada. E incluso sin nada, que solos también tienen que estar buenísimos.

No sé por qué pero a mí me recuerdan a mini panettones aunque la textura y la forma de prepararlos son diferentes pero el sabor y el olor son muy similares. De lo que no hay duda es de que son muy bonitos...
Como todos los meses os invito a que echéis un vistazo a las recetas de mis compañeros de reto y espero que os animéis a acompañarnos el próximo mes ¡que nos pillará a las puertas de navidad! ¡Qué emoción! 


Os deseo muy feliz domingo y que disfrutéis de las horas que nos quedan antes de que suene el despertador y nos avise de que empieza una nueva semana.

Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 19 de noviembre de 2015

Plum cake de calabaza y crema de cacao

Aunque sea un secreto a voces voy a reconocerlo públicamente ¡¡estoy total y absolutamente enganchada a los postres con calabaza!!

Ea, ya lo he dicho.

Toda la vida preguntándome a qué sabía la Pumpkin Pie americana y hasta el año pasado no me atrevo a prepararla en casa ¡si llego a saber que iba a descubrir el ingrediente de mi vida (o casi) no hubiera tardado tanto!

No puedo evitar que aún me sorprenda verme partiendo una calabaza y asándola en el horno. No me canso de repetir que esta aventura es un aprendizaje continuo y que gracias a vosotros yo me he lanzado con muchas recetas que de otra manera estoy segura que nunca hubiera hecho y que han dado un giro radical a nuestros gustos y han abierto muchísimo nuestras miras.

Me gustan tantísimo los postres y dulces con calabaza que voy rastreando por vuestras cocinas todo lo que la lleve, me copio la receta y va a mi apartado de recetas con calabaza que aumenta peligrosamente. Aunque no sé si es peor que cuantas más recetas pruebo más me guste porque esto se está empezando a convertir en un círculo vicioso.

Por todas estas razones ¿cómo no me iba a enamorar de esta maravilla cuando se la vi a Mara y Bea del blog I love bundt cakes? Os podéis imaginar que yo leo calabaza y crema de cacao y dejo de ser una persona razonable automáticamente y una vez más mi ojo para las recetas no me ha traicionado, aunque en esta ocasión el riesgo era bien pequeño porque preparar una receta de estas chicas tan estupendas es garantía asegurada de éxito ¡¿qué digo éxito?! ¡de exitazo!
La textura es esponjosa, húmeda ¡increíble! y el sabor ¡¿qué os puedo decir del sabor?! La mezcla del cacao, la calabaza y las especias es brutal y pasados un par de días o tres desde que lo horneé era aún más bueno porque los sabores estaban perfectamente mezclados y armonizados (en especial el cardamomo)
Yo ajusté la cantidad de puré de calabaza que incrementé porque era el peso que había congelado en bolsitas individuales y no iba a dejar un resto que al final habría acabado en la basura y la crema de cacao la puse a ojo así que no sé si puse más o menos (aunque conociendo lo generosa que yo soy con las cucharadas casi seguro que puse más).Son pequeños cambios que supongo no han cambiado en exceso la receta original (y no descarto prepararla de nuevo y ponerle más calabaza ¡soy todo un caso!) pero  comparto las cantidades que utilicé (y de paso me sirven de recordatorio para el futuro)
 
Aparte de ser una receta absolutamente deliciosa es muy bonita, tanto por dentro, donde la crema de cacao hace efecto marmolado (e incluso si no integramos mucho la crema podemos tener la gran suerte de encontrar una bolita de crema en medio del bizcocho) como por fuera, porque a mí me vuelve loca esa superficie que se agrieta en torno a las ondas que hacemos con crema de cacao y aunque la parte donde está la crema se ve más oscura os aseguro que no está quemada y que sabe deliciosamente bien... ¡no sabéis el antojo que me está entrando de un trozo mientras escribo esta entrada!
 
Vamos al lío con la receta...

Ingredientes:

375 gramos de harina de repostería
200 gramos de azúcar moreno
120 gramos de mantequilla a temperatura ambiente (podéis usar mantequilla light)
2 huevos
1 cucharada de vainilla en pasta
125 ml de leche
360 gramos de puré de calabaza 
2 cucharaditas de levadura
1 y 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
1 cucharadita de canela
Las semillas de dos vainas de cardamomo molidas
1/2 cucharadita de jengibre molido
3 cucharadas soperas generosas de vuestra crema de cacao favorita para la masa y 2 o 3 cucharadas soperas de crema de cacao para la superficie.

Elaboración:

1. En un bol amplio ponemos la mantequilla a temperatura ambiente y el azúcar y empezamos a batir que esté cremosa.

2. Añadimos la vainilla y los huevos de uno en uno y batimos hasta que la mezcla sea homogénea.

3. A continuación añadimos el puré de calabaza y volvemos a batir.

4. Añadimos, tamizando, la harina junto con la levadura, el bicarbonato y las especias.

5. Por último añadimos la leche y mezclamos hasta que la masa sea homogénea. No es nada difícil de hacer con una varillas manuales.

6. Una vez tengamos nuestra masa lisa pondremos tres cucharadas generosas (es decir enormes y con mucho colmo) de crema de cacao sobre ella y con ayuda de una espátula o de las varillas mezclaremos levemente con el resto de la masa. La idea no es integrar la crema en la masa sino sólo incorporarla para que luego quede el interior con efecto marmolado. 

No os preocupéis si no queda muy esparcida. Lo "peor" es que al cortar un pedazo encontréis una bolita de crema ¡oh qué horror más grande! 

7. Untamos con mantequilla nuestro molde o bien le ponemos un papel sulfurizado. A mí cada vez me gusta más lo del papel porque te aseguras un desmoldado perfecto.

8. Vertemos la mezcla en el molde y sobre la mezcla ponemos dos o tres cucharadas de crema de cacao y con la punta de un cuchillo la extendemos formando ondas sobre la superficie.

9. Metemos en el horno precalentado a 175º C y horneamos unos sesenta minutos o hasta que al pinchar con un palillo en el centro éste salga limpio.

10. Dejamos reposar cinco o diez minutos en el horno apagado con la puerta entreabierta y después sacamos y desmoldamos. Dejamos enfriar sobre una rejilla.

Es que mientras escribo me acuerdo de lo buena que está esta receta y se me hace la boca agua... Tengo que repetirla porque no queda ni miguita y de hecho lleva esperando un tiempo a ser publicada ¡qué egoista soy que no la he sacado hasta ahora!
Pero todo ha sido por una buena causa y era esperar a que fruterías y supermercados se llenaran de calabazas y no os fuera complicado encontrarlas para preparar esta delicia.
 
Para conservarlo lo mejor es que lo envolváis en film transparente y lo metáis en el frigorífico pero ya os aseguro yo que os va a durar bien poco.
Y si tenéis miedo de que alguien no lo quiera porque lleve calabaza ¡no se lo contéis! Que sea vuestro secreto porque jamás lo adivinaría y se pondrá ciego con este bizcocho.

Hace días que no os cuento nada de mi embarazo aunque algunas os enteráis de algunas cosillas por Facebook. El 30 de octubre empecé con los cursillos de educación maternal y llevo ya seis clases. Además el teléfono sigue sin sonar lo que supongo es buena señal y no tengo diabetes gestacional aunque en el fondo sigo teniendo mis dudas porque a una amiga hace tres meses no la llamaron por error y se enteró en la siguiente revisión rutinaria. No es lo habitual pero el "miedo" está ahí y hasta la próxima revisión no estaré tranquila del todo pero no puedo evitar estar contenta.

Por lo demás sigue todo perfectamente y os doy las gracias a todos los que preguntáis y os interesáis por mí y por Lara. Os deseo muy feliz y dulce fin de semana y nos vemos de vuelta el lunes.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 16 de noviembre de 2015

Bocaditos (pecaminosos) de Lacasitos y nubes

Hay recetas que nada más verlas ya sabes que son un auténtico pecado y que es mejor que no sigas leyéndolas y que por nada del mundo deberías copiarlas y que mucho menos deberías prepararlas, pero tú haciendo oídos sordos a la razón y a tu conciencia de repente te encuentras metiendo el molde en el horno y en un abrir y cerrar de ojos aparece ante tí esta receta que atacas sin piedad.
¡¿Qué importa lo que ginecóloga y matrona te digan sobre el peso en el embarazo?! (total, aún faltan unos cuantos días antes de la próxima revisión, y si cae bronca pues pasamos un mal rato y que nos quiten lo comido...) Además el teléfono no ha sonado, lo que es buena señal a priori y significa que no hay diabetes gestacional y esta navidad podré atacar sin restricciones la caja de los bombones, las hojaldrinas, el roscón, la bandeja de turrones, los nevaditos... No obstante no me quedo tranquila porque en alguna ocasión se les ha pasado llamar así que hasta la revisión del día 20 no estaré totalmente segura.
Ya sabéis que yo intento llevar una dieta estricta y no hacer excesos amparándome en que estoy embarazada y debo comer todo lo que se me antoje, pero cuando vi esta maravilla en el blog de Mara supe que tenía que prepararla en casa aunque eso significara estar una semana entera a base de verdura todo el santo día porque ahora no puedo salir a correr y meterme 15 kilómetros en el cuerpo para expiar mis pecados reposteros.
No tenía ni idea de cómo llamar a esta maravilla pero creo que viendo las imágenes bien sobran las palabras ¿verdad? Y si tenéis niños en casa van a alucinar con esta receta aunque no sea la merienda más aconsejable para ellos por una vez no va a pasar nada, pero una vez se prueba ¡vais a querer repetirla una y otra vez! 

No sé si me gusta más la masa en sí o que esté recubierta con nubes y Lacasitos lo que hace que cada bocado sea espectacular y no quieres que tu trozo se acabe nunca. Porque será una tentación, pero hay que ponerle límites para no terminarlo de una sentada... Así que cuantos más trocitos hagáis ¡mejor para vuestra cintura!
Una cosa está clara ¡esta receta no deja indiferente a nadie! si hasta Lara se me revoluciona en la tripa cuando me como un trozo ¡qué lista va a ser esta niña! Aunque supongo que mucho tendrá que ver la gran cantidad de azúcar que tiene y lo mucho que los bebés se mueven cuando hay un nivel alto de azúcar en sangre. De hecho sólo la he notado tan activa con esta receta y cuando como picante, que es uno de mis "antojos" de embarazo (tampoco es nada nuevo, que a mí el picante me tira desde siempre) y que por el momento no me sienta tan mal como le sienta a la mayoría de embarazadas. Conste que siempre lo tomo con moderación y de manera excepcional que todo abuso en esta etapa de mi vida no es nada beneficioso.

No tengo más argumentos para que preparéis esta maravilla. Sé que últimamente todo lo que traigo es pecaminoso y digo que me deja sin palabras ¡pero es la pura verdad! y si pudiera os enviaría un trocito a cada uno para que lo probáseis en casa y me diérais la razón. Además mi conciencia lo agradecería (y mi matrona también ji ji ji) Bah!  no me hagáis caso que no he engordado tanto que aún me sigo poniendo mis pantalones aunque me los bajo un poco por delante para colocarlos justo debajo de la tripa.

Espero que os animéis, y si tenéis dudas, dejad la receta para navidad. La lleváis a una reunión familiar o de amigos, compartís las calorías con ellos y quedáis de lujo con todo el mundo. Y si os gusta mucho, mucho, mucho ¡siempre podéis preparar más a la vuelta a casa!
 
Yo os dejo la receta y vosotros buscáis la ocasión ¿os parece?


Ingredientes:

* 100 gramos de mantequilla (yo la puse light)
* 100 gramos de chocolate con leche
* 250 gramos de azúcar (moreno o blanco, el que tengáis a mano, yo lo prefiero moreno)
* 2 huevos
* 220 gramos de harina
* Unas diez nubes (aunque igual con 7-8 hay más que suficientes)
* Lacasitos (yo soy de cantidades generosas) 

Elaboración:

1. Ponemos a fundir al baño maría el chocolate y la mantequilla. También se puede hacer en el microondas pero a mí me agobia un poco estar pendiente de que no se queme el chocolate.

2. Una vez derretidos y bien mezclamos añadimos el azúcar y la integramos.

3. Incorporamos los huevos de uno en uno y no añadimos el siguiente hasta que el interior no está bien integrado.

4. Por último añadimos la harina y mezclamos bien hasta tener una masa homogénea.

5. Forramos un molde alargado con papel de hornear para que el desmoldado no suponga problema alguno (el mío es de 25x18 centímetros aproximadamente) y vertemos la masa. Alisamos la superficie con la ayuda de una espátula de silicona.

6. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 25 minutos.

7. Sacamos el molde del horno (que mantendremos encendido y con la puerta cerrada) y ponemos lacasitos a nuestro gusto (yo muchos) y las nubes troceadas distribuidas por la superficie. 

8. Volvemos a meter en el horno durante unos 5-8 minutos más hasta que las nubes comiencen a derretirse y ponerse doradas. Yo no esperé a que se pusieran doradas porque aguanté la mezcla 30 minutos y me daba miedo que se pusiera dura o demasiado reseca pero quedó bien.

9. Apagamos el horno, dejamos enfriar, cortamos en trozos (es complicado con las nubes que se pegan al cuchillo y estiran las muy puñeteras y además en mi caso con el exceso de lacasitos que no se aprecian todos porque están camuflados con las nubes pero no había por dónde meter el cuchillo sin partir ninguno) y los lanzamos a por ellos sin piedad

¡Noooooo! Mejor un trocito y el resto guardados en una lata que tape bien que no hay que olvidar que son lo más pecaminoso del mundo...
Yo hice doce trozos. No son muy bonitos después de cortarlos por los inconvenientes que os he contado así que si los queréis para foto perfecta poned menos nubes y menos lacasitos, pero si lo que queréis es DISFRUTAR co letras mayúsculas de esta maravilla olvidáis del corte perfecto y sed generosos ¡que al fin y al cabo es de lo que se trata! 
Y conste que los dos primeros trozos fueron más grandes que los que veis en las fotos y es que había que probarlo ¡a lo grande! Aunque el tema del tamaño ya depende de vosotros y de vuestra conciencia.
Espero haberos endulzado el lunes y os deseo que tengáis una muy feliz semana y como siempre que el fin de semana nos llegue pronto. Me voy corriendo a visitar vuestras cocinas y ver qué se cuece en ellas...

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 12 de noviembre de 2015

Bizcocho de batata asada


Soy de otoño,
de hojas caídas trasportadas por el viento,
de su origen hasta llegar al suelo,
soy de versos sin rima,
de poemas sin letra,
soy de otoño, triste y melancólico.

El cielo es teñido de gris ceniza,
mi sentimiento se viste de negro,
la lluvia son lágrimas derramadas,
mi cuerpo se cubre de niebla,
y mi corazón se sumerge de recuerdos,
soy de otoño, abatido y demacrado.

Una estación para pensar,
una etapa de la vida para recordar,
un periodo de tiempo para reflexionar
así es otoño.
un ciclo de hojas secas
esparcidas por el suelo,
que se ven pisadas,
recuerda, soy de otoño.


Aunque dadas las temperaturas de los último días parezca que se avecina el calor estamos en otoño y ya sabéis que yo 100% de esta estación así que cuando encontré este poema en internet no pude resistirme a compartirlo ¡es toda una declaración de intenciones que me va absolutamente perfecta!

Como esta estación nos ofrece un montón de frutos con los que disfrutar en nuestra cocina y en nuestra mesa yo sigo reposteando con ellos y por ello hago a la batata protagonista de mi blog de nuevo este otoño con este bizcocho que está absolutamente espectacular.
Y es que después de toda la vida sin comer batatas ha sido necesario un embarazo para que me apetezcan y descubrir el montón de posibilidades que este tubérculo me ofrece en repostería. Me consuelo pensando que nunca es tarde y que quedan otoños suficientes para recuperar el tiempo perdido.

Hace unos días publiqué la Crema de batatas asadas que pasó un tanto desapercibida porque estábamos de puente la mitad del país y que si os habéis perdido os aconsejo echéis un vistazo a la entrada porque os va a encantar.
 
La receta del bizcocho no le va a la zaga y sinceramente no podría decidir cuál me gusta más. Lo que sí tengo claro es que ambas se van a repetir en mi cocina porque nos han encantado.

Con estos antecedentes es más que evidente que es la primera vez que utilizo batata en una masa ¡y el resultado es increíble! Ha quedado un bizcocho muy aromático, con una miga húmeda y un interior suave, esponjoso y delicado que invitaba a comer un trozo tras otro.
Además tiene un color anaranjado precioso, el aroma que inunda la cocina mientras se hornea es irresistible y el sabor es una maravilla ya que la costra de azúcar y canela con la que se cubre la masa conjuga perfectamente con el sabor de la batata.
De hecho mi marido que fue el primero en probarlo (siempre es el primero en probarlo todo, os lo aseguro) dijo que le recordaba a las torrijas. Y es cierto que la mezcla de azúcar y canela junto con el bizcocho te las recuerda aunque en realidad sean postres muy diferentes.

¿Y qué me decís de esa superficie agrietada? Es que a mí me enamoran los bizcochos que se rompen así al hornearse. Creo que los dota de mucha personalidad y me parecen especialmente bonitos porque se nota con un simple vistazo que son caseros
¿Acaso no se nota que estoy enamorada de esta receta? ¿No os están entrando unas ganas tremendas de prepararlo? ¡Pues os dejo la receta que no quiero que si no lo hacéis sea por culpa mía!

Ingredientes:

* 300 gramos de batata asada
* 2 huevos
* 100 gramos de azúcar
* 50 ml de aceite de oliva
* 100 ml de leche
* Un sobre de levadura química
* 200 gramos de harina para repostería
* Una cucharadita de canela molida

Para la cobertura:

* Una cucharadita de azúcar blanca
* Una cucharadita de azúcar moreno
* Una cucharadita de canela molida.

Elaboración:

1. En un bol ponemos la batata asada y la aplastamos con un tenedor hasta hacerla puré. Tampoco pasa nada si queda algún grumo.

2. Añadimos los huevos y el azúcar al puré y batimos hasta que tengamos una masa cremosa.

3. Incorporamos el aceite y la leche e integramos.

4. Por último añadimos la harina, la levadura y la canela y mezclamos bien hasta que nuestra masa sea homogénea.

5. Untamos con mantequilla nuestro molde o bien lo forramos con un papel de hornear y vertemos la mezcla dentro.

6. En un bol ponemos los dos tipos de azúcar y la canela y mezclamos bien.

7. Espolvoreamos la superficie de la masa del bizcocho con esta mezcla hasta que quede perfectamente cubierto.

8. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 40 minutos. Antes de apagar el horno comprobamos que esté bien cocido pinchando con un palillo de madera en el centro.

9. Dejamos templar y desmoldamos.

10. Dejamos enfriar completamente sobre una rejilla.

Tened mucho cuidado a la hora de desmoldar porque en caliente es un bizcocho tremendamente blandito y por tanto frágil así que se puede romper con mucha facilidad. Yo os recomiendo forrar el molde con papel de hornear, así no habrá riesgo de roturas al desmoldar.
Para conservarlo yo sigo con mi método que consiste en envolverlo en film transparente y guardarlo en la nevera. El otoño pasado por estas fechas no me hubiese importado dejarlo fuera pero con el embarazo estoy la mar de precavida con todo lo que preparo y cómo se conservan los alimentos y como lleva huevos y la batata asada me daba miedo que con este calorcito tardío se pusiera malo.
 
Os aseguro que así se mantiene perfectamente durante cinco o seis días que es lo que duró en casa y que cuantos más días pasan más rico está ¡cómo me gustan estas masas que van a más con el paso del tiempo en lugar de ir a menos y ponerse duras y ahogadizas!
 
Con esta receta participo en el sorteo del 5º aniversario del blog Las cosas de mi cocina  ¿os animáis vosotros también? El regalo es un fantástico lote de productos Lekuè

 

Y por hoy me despido y os deseo como cada jueves muy feliz y dulce fin de semana.Disfrutad de este buen tiempo tardío que cuando se nos vaya entrará la cara más cruda del otoño que anuncia realmente el invierno.

Manos a la masa y ¡bon appétit!