lunes, 29 de junio de 2015

Trenza de hojaldre rellena de cerezas y queso

Aunque parezca que era ayer cuando estábamos preparando turrones y amasando el roscón estamos a punto de dar carpetazo al mes de junio y con él a medio año ¡¿cómo puede irse tan rápido el tiempo?!

Esta es mi última receta del mes, y además el último lunes que trabajo por la tarde. El horario de verano se hace de rogar, pero al final siempre llega el uno de julio y con él las jornadas laborales que terminan a las tres y las tardes libres. Ahora tengo muchos proyectos para estas tardes aunque en realidad muchos se quedarán pendientes como ha pasado todos los veranos desde que estoy en mi actual empleo.

Sin duda estamos en verano. No porque lo diga el calendario, sino porque ya se huele, se escucha y se siente el verano. Y es que la estación estival no llega cuando empieza a hacer calor, no sino que llega cuando...

... sales por la mañana de casa y te recibe una ligera brisa, fresca aún, pero el sol te acaricia la cara y te recuerda que en un par de horas no será tan agradable estar bajo sus rayos.

... vas a la misma hora de cada día para el trabajo y de repente te das cuenta de que la calle está medio vacía. Hay menos tráfico, no ves el autobús que cubre la ruta escolar por tu barrio, echas en falta a los niños que cada mañana te empujan y casi te atropellan con sus mochilas-carro (cuando llegue septiembre, sin duda, los echarás de más) y a las madres que les van gritand.

... acabas de trabajar por la tarde (a una hora que en invierno sería casi indecente por el buen rato que hace que el sol se puso) y hay tanta luz que necesitas ponerte las gafas de sol además de encontrarte las calles llenas de niños con bicicletas, patines, perros, helados... y todo lo típico y tópico de estos meses

... te lanzas a la calle cuando el sol se está poniendo y aunque el termómetro marque treinta grados comentas que es agradable el fresquito que se levanta al caer el sol. 

... los vecinos vuelven a sacar las sillas a las puertas de las casas y se sientan a última hora de la tarde a tomar el fresco (y a comentar, que no criticar, de todo el que pase) tras haber regado la puerta de casa con un cubo de agua y al pasar te recibe el olor de la calle recién mojada y el vapor que se levanta del pavimento y la acera que han pasado todo el día a pleno sol.

...escuchas a los niños jugando en la calle pasada la media noche y te acuerdas de lo necesarios que son los horarios (por no decir que te acuerdas de otras cosas) porque al día siguiente tú sí que tienes que madrugar para ir a trabajar

... te apetece sentarte en una terraza de verano y tomarte unas cervezas y unas tapas y no tienes prisa por volver a casa porque en la calle se está mejor que tirado en el sofá (y además te encantan las terrazas de verano porque no tienes una debajo de las ventanas de casa y aunque sí que tienes un parque infantil al menos te ahorras el olor a bar entrando a tu salón)

Aunque aún se me queda algún signo que marca para mí el inicio del verano tampoco es plan de hacer eterna la entrada y estaría bien pasar a la receta de hoy, que es simple, simple y sencilla, sencilla. Las protagonistas son las cerezas, esa fruta que anuncia que llega el buen tiempo y que tan bonita queda en nuestras mesas y en nuestros postres ¿no os parece?
Esta trenza se prepara en pocos minutos (lo más laborioso es deshuesar las cerezas) lo que la convierte en una receta ideal para una visita imprevista o un antojo repentino de algo dulce porque hacen falta muy pocos ingredientes que son de andar por casa.
No hay foto del corte, lo lamento, pero para cuando me quise dar cuenta ¡no quedaba! El interior no es complicado imaginarlo, una capita de queso (que se pone de color rosa o violeta por el jugo que sueltan las cerezas al hornearse) cubierta por deliciosas cerezas horneadas. Se intuye un poco a través del trenzado del hojaldre para que os hagáis una idea.

La próxima vez que prepare una trenza no me pasa, porque nada más hacer las fotos la cortaré porque dejarla para hacer las fotos cuando la comamos es imposible ¡ya me ha pasado dos veces!
Para ser lunes me estoy enrollando de lo lindo. Os dejo con la receta que como os he dicho es de lo más fácil del mundo.
Ingredientes: 

* Un lámina de hojaldre (siempre uso la de LIDL que me gusta mucho y está bastante bien de precio)
* Una tarrina de queso de untar (creo que tienen 250 gramos y además podéis usar light, que es el que yo utilicé)
* 2 cucharadas soperas de azúcar glas (si os gusta más dulce podéis poner más, por supuesto)
* 150 gramos de cerezas ya deshuesadas
* Un huevo
* Azúcar blanca para espolvorear.

Elaboración:

1. Ponemos el queso en un bol, añadimos el azúcar glas y mezclamos. Guardamos en la nevera (si no hace mucho calor podemos dejar la mezcla en la encimera, pero no queremos que se vuelva muy líquida)

2. Sacamos nuestra lámina de hojaldre y la cortamos como os explicaba en esta receta Básicamente es dividir la masa en tres partes igual de anchas tomando el lado corto de la lámina de hojaldre y cortarlas siguiendo este esquema (que he encontrado en internet) 

3. En la parte central ponemos el queso y procuramos que quede repartido de manera uniforme y sobre el queso distribuimos las cerezas.

4. Cerramos trenzando las tiras que hemos hecho a ambos lados y presionamos bien los extremos para que queden sellados.

5. Batimos el huevo y con ayuda de un pincel pintamos nuestra trenza. Para terminar espolvoreamos con azúcar blanco .

6. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos de 25 a 30 minutos o el tiempo necesario para que nuestra trenza esté hecha y dorada.

7. Apagamos el horno y dejamos enfriar.
Como tiene cerezas naturales y queso no hace falta que os diga que hay que conservarla en el frigorífico o en menos de 24 horas estaría mala, aunque igual no dura tanto, porque está bien rica y eso que tiene cuatro ingredientes que casi todos tenemos por casa.
Animaos con ella, es perfecta para dar salida a ese puñado de cerezas que lleva unos días dando vueltas en el frigorífico y nadie se lanza a terminar con ellas.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 25 de junio de 2015

Brownie de cerezas

Me encantan las cerezas. Y me encanta repostear con ellas, aunque este año me dedico más a comérmelas que a preparar postres con ellas y no por falta de ganas sino más bien por las circunstancias que ya sabéis que la vida es caprichosa y al destino le viene en gracia hacer giros inesperados.

Y como vuestras cocinas sí están llenas de recetas con cerezas la semana pasada me enamoré de este brownie que publicaban en el blog Jengibre y canela  y que rápidamente preparé el fin de semana porque no podía quedarme sin probarlo. 
Le he hecho mis pequeños cambios en función de lo que tenía en casa y de lo que en ese momento me apetecía ponerle y ha quedado un brownie brutal. Nunca lo había preparado con fruta y le aporta una jugosidad increíble.
Esta vez quería que el interior se quedara muy blandito y un poco más y lo tenemos que comer a cucharadas porque no contaba con el punto que las cerezas le iban a dar. Aunque os confieso que yo encantada porque el contraste con los trozos de galleta que le puse (porque tenía un paquete abierto y me pareció muy buena idea ponérselas al brownie y quitarlas del armario de la cocina) y con las nueces (porque un brownie sin nueces no acaba de ser un brownie) es absolutamente perfecto.
Y como ocurre con la mayoría de los brownies tardaré más en escribir la receta que vosotros en prepararla en casa. Os animo a que la preparéis en casa porque si os gustan las cerezas y el chocolate seguro que os encanta, y si no tenéis cerezas ¡también podéis preparar el brownie sin ellas! aunque soy consciente de que ya empieza a hacer calor suficiente como para ir dejando el horno de lado, pero se tarda tan poco en hornearlo que casi ni te enteras.

¿Vamos con la receta?

Ingredientes:

* 200 gramos de chocolate negro para postres
* 85 gramos de yogur cremoso de chocolate (podéis poner la misma cantidad de mantequilla si no tenéis yogur, o incluso yogur natural, de vainilla...)
* 130 gramos de azúcar blanco
* 3 huevos
* 60 gramos de harina de repostería
* Una cucharadita de esencia de vainilla
* Un pellizco de sal
* Media cucharadita de bicarbonato sódico
* 150 gramos de cerezas deshuesadas
* 4-5 galletas María
* Un puñado generoso de nueces.


Elaboración:

1. Ponemos el chocolate a derretir al baño maría (o en el microondas) y dejamos que se temple.

2. En un bol ponemos los huevos y el azúcar y batimos hasta que blanqueen.

3. Añadimos la vainilla y el yogur e integramos.

4. Incorporamos el chocolate derretido.

5. Por último añadimos la harina junto con la sal y el bicarbonato y mezclamos hasta que nuestra masa sea homogénea

6. Incorporamos las cerezas deshuesadas, las nueces y las galletas troceadas con las manos. Con ayuda de una espátula repartimos bien por la masa.

7. Untamos nuesto molde con mantequilla o bien lo cubrimos con un papel de horno que nos facilitará muchísimo el desmoldado y vertemos la mezcla.

8. Introducimos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 25 minutos para que el interior se quede muy blandito o unos 35 si lo queremos con más cuerpo. Para comprobarlo iremos pinchando con un palillo. Si este sale ligeramente manchado, repito, ligeramente, el interior será muy blandito, de esos que casi te tienes que comer a cucharadas. Si sale limpio el palillo el brownie estará perfectamente cocinado.

9. Dejamos templar unos minutos, desmoldamos y dejamos enfriar por completo. Partimos en trozos ¡y a disfrutar! 

Como tiene cerezas naturales os aconsejo que lo guardéis en el frigorífico que con el calor que ya nos acompaña se puede poner malo en pocas horas. De hecho, ahora en verano, todo mejor en la nevera ¡más seguro para todos!
Os deseo muy feliz finde, y si estáis a punto de empezar las vacaciones espero que las disfrutéis muchísimo. Nos vemos de vuelta el lunes.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 22 de junio de 2015

Tiramisú rústico de melocotón

Recién estrenamos el verano y además, al menos donde yo vivo, es el primer lunes sin colegio. Recuerdo perfectamente la sensación de libertad que sentía cuando acababa el curso y por delante tenía la promesa de un largo verano, aún sin estrenar, para llenar con todo aquello que se me ocurriera. ¡Si había tiempo hasta para aburrirse!

Y para celebrarlo ¿qué mejor que la propuesta del mes de junio para mi adorado Reto Color y Sabor de Temporada?

Este mes vuelvo a cocinar con la fruta propuesta por Pilar que como habréis podido adivinar es el melocotón (es que la verdura me iba a resultar particularmente difícil para preparar un postre, porque no conozco ningún pastel con nabos) y aún no tenía ninguna receta con esta fruta publicada en mi blog. 
Tenía varias opciones y al final tiré por la que es más sencilla de preparar y posiblemente sea también una de las más ricas. Al menos en mi casa ha triunfado y no nos comimos los cuatro tiramisús de una vez por vergüenza y porque al final yo tengo que jugar el papel de la mala y poner algún límite o acabaríamos redondos.
La idea ha surgido de varias recetas. Una fue el tiramisú sin huevo que publiqué el año pasado y la otra los tiramisús de fresas que me enamoraron en varios blogs hace unos meses y que se me quedaron pendientes de preparar hasta la próxima temporada. Así que me dije ¿y por qué no un tiramisú con melocotones? Y con un poco de cada lado he preparado una versión libre, rústica y personal de este postre italiano conocido mundialmente.
Sé que tiene muy poco que ver con el original aunque por otro lado las versiones hacen grandes a las recetas tradicionales. Si os animáis disfrutaréis de un postre refrescante, nada empalagoso y en cierto punto hasta sano porque todo lo que lleva fruta es sano y no debe dar cargo de conciencia. Se puede preparar con antelación y también para un imprevisto porque con una hora que esté en el frigorífico para que la crema tome cuerpo será más que suficiente. Incluso se puede tomar recién hecho, pero la crema estará más blandita.

Lo miréis por donde lo miréis son todo ventajas ¿no os parece?
Con las cantidades que os pongo sale para cuatro raciones justas como las de la foto. Mis boles tienen nueve centímetros de diámetro y de alto calculo que serán cinco o seis. Que por cierto ha sido comprarlos y estrenarlos con este tiramisú, aunque casi seguro que no es la única vez que los vais a ver por el blog porque fue amor a primera vista ¡si hasta a mi marido le han gustado! (o al menos no se enfadó mucho cuando aparecí por casa con ellos)

¿Vamos con la receta?

Ingredientes:

* 4-5 melocotones
* 200 ml de nata para montar
* 250 gramos de queso mascarpone
* Dos cucharadas soperas de azúcar glas
* Virutillas de chocolate para decorar (opcionales)

Elaboración:

1. En un bol ponemos la nata y las dos cucharadas de azúcar y empezamos a montarla con las varillas eléctricas. 

2. Cuando esté parcialmente montada añadimos el queso y acabamos de montar.

3. Pelamos los melocotones, los deshuesamos y los cortamos en láminas

4. En los boles que vayamos a montar el tiramisú colocamos una primera capa de melocotón, cubrimos con una capa de crema, ponemos otra capa de melocotón y acabamos con otra capa de crema. Podéis poner tantas capas como os apetezca o podáis según la profundidad de vuestro molde.

5. Por último decoramos con unas virutillas de chocolate. También podéis espolvorear con cacao en polvo.

6. Mantenemos refrigerados y tapados con un film transparente para evitar que se reseque la crema hasta el momento de consumir.
Como podéis comprobar tardo más en contar la receta que lo que se tarda en prepararla. Como siempre os animo a que preparéis postres con fruta y que os paséis a curiosear las recetas de mis compañeras de reto que seguro os lleváis un montón de buenas ideas. Y espero que os animéis y nos acompañéis en el reto el próximo mes. ¡Ya estoy deseando conocer la fruta y la verdura elegidas para el siguiente reto! 
Os deseo muy feliz semana y a los que ya tenéis a los peques en casa ¡paciencia! que hay muchas cosas que podréis hacer juntos ahora que ha terminado el colegio.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 18 de junio de 2015

Cherries & Coke mini bundt cakes

Cerezas y Coca Cola. No me negaréis que es una combinación cuanto menos curiosa.
Hace bastante tiempo que le tenía echado el ojo pero esperaba pacientemente a que llegase la temporada de las cerezas. Y como a veces la vida parece conjurarse para empujarte a preparar un postre Mara y Bea del blog I love bundt cakes llegaron con un fantástico concurso para celebrar el primer aniversario de su blog. 

Para participar sólo es necesario preparar una receta de plum cake, bundt cake, cheesecake... y yo he optado por preparar una de las recetas que tienen publicadas ¡lo complicado es elegir sólo una porque todo tiene una pinta deliciosa! He estado a punto de no poder participar porque ya sabéis que mi padre ha estado en el hospital, pero por suerte ya está en casa, recuperado, y yo puedo volver poco a poco a encender el horno que por cierto últimamente apetece porque el tiempo ha dado un paso atrás y nos vuelve a sorprender, a estas alturas del año, con frío.
Cuando repasé su listado de recetas tuve clarísimo que esta era la elegida aunque la he adaptado un poco a lo que tenía en casa y también le he dado mi toque personal. El nivel del concurso es elevadísimo y yo soy muy realista así que para mí ya es premio suficiente formar parte de este primer aniversario y haber descubierto este blog y por ende conocido a Bea y Mara y sus respectivos blogs personales de los que siempre saco un montón de buenas ideas.
Supongo que también os estaréis preguntando qué me ha parecido la receta porque la mezcla llama la atención sí o sí ¿verdad? ¡Pues nos ha gustado muchísimo! No sabe a Coca Cola (a ver, no es como estar masticando una Coca Cola), pero utilizarla le da una textura esponjosa y húmeda increíble que junto con las cerezas ¡¿qué queréis que os diga?! Es increíble, de verdad, sobre todo teniendo en cuenta que muchos bizcochos de cacao tienden a ser secos ¡pues este es justo lo contrario!
Como lo he hecho en moldes mini de bundt cake te los comes sin darte cuenta ¡con uno sólo no es suficiente! Ya estoy pensando en repetir la receta y usar otros moldes. Quiero saber qué textura tiene "a lo grande" y no en versión mini que ya sabéis que el tamaño del molde influye en el resultado final de la receta, aunque vuelvo a repetir que estoy la mar de contenta con haberlos hecho en versión mini.
¿Os animáis?

Ingredientes:

* 160 gramos de azúcar moreno
* 90 ml de aceite de girasol
* 1 huevo
* 125 ml de Coca Cola de cereza o Cherry Coke. Se encuentra ya en muchos supermercados ¡si hasta en mi pueblo hay!
* 65 ml de agua hirviendo
* 15 gramos de cacao en polvo
* 1 cucharadita de extracto o pasta de vainilla
* 175 gramos de harina para repostería
* 2 gramos de levadura química
* 2 gramos de bicarbonato sódico
* un pellizco de sal
* Dos cerezas por cada molde de mini bundt cake más otras cuantas para decorar (estas últimas son opcionales)

Elaboración:

1. En un bol ponemos la harina, el cacao, la levadura, la sal y el bicarbonato. Mezclamos y reservamos.

2. En otro bol mezclamos el agua hirviendo (nos os compliquéis la vida y calentadla en el microondas) con la Coca Cola. Reservamos también.

3. En un bol amplio ponemos el aceite y el azúcar y comenzamos a batir. Yo lo hice a mano y te ahorras ensuciar la batidora eléctrica.

4. Cuando la mezcla sea homogénea añadimos el huevo y batimos hasta que esté integrado.

5. Añadimos la vainilla y mezclamos.

6. Ahora que tenemos una mezcla integrada vamos añadiendo, alternando, la mezcla de ingredientes secos (harina, cacao, levadura...) y la mezcla de ingredientes líquidos (agua y Coca Cola). Empezamos y terminamos con la harina y no pasamos a añadir otros ingredientes hasta que no esté todo bien mezclado.

Yo lo hice añadiendo en cuatro veces la mezcla de harina y en tres la de Coca Cola.

7. Lavamos y deshuesamos las cerezas y las troceamos.

8. Llenamos nuestros moldes (podéis dejar un poquito sin llenar que durante el horneado crecen) y añadimos las cerezas picadas en cada uno de los moldes. 

9. Introducimos en el horno, precalentado a 180º C, y horneamos unos 20 minutos o hasta que al pincharlos con un palillo de madera este salga limpio.

10. Dejamos templar durante unos minutos en el horno con la puerta entreabierta antes de sacarlos y esperamos al menos quince minutos antes de desmoldarlos, que son muy delicados y se rompen con facilidad. Os lo digo yo que por ansiosa rompí tres 

11. Después de desmoldar dejamos enfriar por completo sobre una rejilla. Si es necesario emparejamos la base usando un cuchillo o una lira (mejor el cuchillo al ser tan pequeños) para que asienten bien y decoramos con cerezas.
Para conservarlos lo mejor es meterlos en un recipiente hermético con tapa y guardarlos en el frigorífico, sobre todo porque tienen fruta natural y se puede poner mala rápidamente en verano.

Si no tenéis cerezas naturales se pueden usar cerezas en conserva.  De hecho tengo pensado utilizarlas más adelante para ver qué tal quedan, aunque teniendo ahora cerezas naturales la opción para mí estaba bien clara.
Ah! Si queréis darle un toque especial y hacéis mini bundts rellenadles antes de servirlos el hueco con mermelada de cereza ¡les da un toque irresistible! También podéis poner sirope de chocolate (la opción de mi marido) aunque yo los prefiero con mermelada.
Espero que os haya gustado la receta que os traigo hoy y que os animéis con ella ¡que merece la pena probarla! Y si os apetece pasad por I love bundt cakes que os va a encantar. Y si os dáis prisa podéis aún participar en el concurso ¡el plazo termina a las 24:00 del día 19 de junio! Un poco precipitado, lo sé, pero no imposible.
Primer Aniversarios http://ilovebundtcakes.blogspot.com
Y para cerrar, una buena noticia ¡mi padre está en casa desde el lunes! Así que espero poder retomar un ritmo normal de visitas a vuestros blogs. Gracias a todos los que os habéis interesado por él y gracias por todos los comentarios de ánimo que habéis ido dejando.

Os deseo un feliz y dulce fin de semana.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 15 de junio de 2015

Crumble de moras

La primavera y yo no somos compatibles. Ella es la reina del polen y yo soy la reina de las alergias así que nuestra convivencia es bien complicada y yo siempre estoy deseando que acabe cuanto antes (porque además el principio del verano supone el cambio de horario en mi trabajo y a las tres de la tarde soy libre ¡ya me queda menos! ¡puedo contar los madrugones!)

Sin embargo hay una cosa que me gusta de la primavera y es que trae consigo mucha variedad de frutas de temporada, algunas de las cuales, como estas moras las podemos encontrar gratis, y cuando digo gratis no me refiero a cogerlas cuando el dueño del árbol no nos ve (que esa forma de gratuidad es bastante dudosa) sino que me refiero a que hay muchas moreras en los parques y en algunas calles y que podemos aprovechar las moras que a mí me da mucha pena verlas tiradas en el suelo sin que se les saque ningún partido.

Precisamente en la avenida que lleva a mi casa hay una morera enorme y desde hace un par de semanas tiene sus frutos maduros. Es horrible pasar por debajo de ella ahora porque la acera está llena de moras maduras que se han ido cayendo y han formado una pasta.

Sin embargo mi marido y yo nos armamos de valor el sábado a última hora de la tarde y allá que nos fuimos a recoger moras, aunque yo era más un apoyo que una recolectora, porque a duras penas llegaba a recoger ninguna ¡menos mal que mi costillo es muy alto! No entraré en detalles del color que volvieron los bordes de las suelas de las zapatillas porque prefiero no recordarlo.

Igual alguno estaréis pensando que os daría vergüenza ¡pues yo me lo pasé estupendamente y me volví a casa con una buena carga de moras! ¡Y la mar de contenta! porque en mi pueblo es complicado encontrarlas naturales en las fruterías o los supermercados y si alguna vez las encuentras parece que estés comprando platino.

Es un gustazo repostear con moras y con las más maduras decidí preparar un crumble que se prepara en un pispás, es ideal para aprovechar la fruta más madura, está muy rico, necesitas cuatro ingredientes contados de los que casi siempre hay en casa y no tiene complicación.

Esta vez probé una receta nueva para el streussel pero me ha gustado menos porque hay que refrigerarlo aunque de sabor está espectacular. Si no tenéis tiempo o ganas de refrigerar podéis usar la receta que utilicé para el crumble de fresas o si lo preparáis en gran cantidad usad la del crumble de peras

La receta es de lo más simple, básica a más no poder, así que no hay excusas para dejar de prepararla aunque no entréis en la cocina más que a poneros un vaso de leche. Ya lo he dicho en otras ocasiones, tardo más en contarlo que en hacerlo, pero ¡no os voy a dejar sin receta!


Con esta receta participo de nuevo en el 6º reto BBSS El frescales de mi compañera y amiga Marisa porque me parece una iniciativa estupenda de la que quiero ser parte y poner mi granito de arena para difundirla. Hoy es el último día para aportar recetas a este reto, pero en nada habrá uno nuevo y espero que forméis parte de él. Como siempre os animo a que visitéis la página del reto y toméis buena nota de todas las ideas fantásticas y deliciosas para elaborar platos sanos, ligeros, económicos ¡y sobre todo muy fresquitos para este verano!

6º Reto BBSS

Ingredientes:

* 250 gramos de moras negras
* Dos cucharadas de azúcar moreno
* El zumo de medio limón pequeño
* 60 gramos de mantequilla o margarina
* 60 gramos de azúcar moreno
* 60 gramos de harina de repostería


Elaboración:

1. Lavamos bien las moras (especialmente si son cogidas directamente del árbol como las mías) las ponemos en un bol, les añadimos el zumo de limón y las dos cucharadas de azúcar moreno. Mezclamos bien y dejamos reposar.

2. Para preparar el crumble ponemos en otro bol la mantequilla a temperatura ambiente, el azúcar moreno y la harina y mezclamos hasta obtener una masa homogénea. La hacemos una bola, la envolvemos en papel film y guardamos en el frigorífico o en el congelador hasta que endurezca y la podamos rallar con un rallador de cocina.

3. Distribuimos las moras entre los cacharros que hayamos elegido para hornear el crumble. Si lo vamos a hacer en un molde más grande podemos mezclar la fruta con el azúcar y el limón directamente en el molde.

4. Sacamos la masa del frigorífico, la rallamos y cubrimos totalmente la fruta de nuestros moldes. Si preferís no esperar en lugar de rallar la masa podéis desmenuzarla a pellizcos recién hecha, así tendréis listo el crumble en un momento.

5. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos durante unos 30 minutos aproximadamente o hasta que veamos el streussel dorado y crujiente. Si es que queda streussel visible y no ha sido engullido por las moras al hornearse (no me digáis que no es bonito el borde del crumble ¡y lo rico que está!)

6. Dejamos enfriar antes de comerlo. Lo podemos tomar templado o frío. A mí este me ha encantado frío, creo que se potencia el sabor bastante al tener tiempo de integrarse la mermelada en la que se convierte la fruta en el horno y el streussel


Con las cantidades que os he dado salen cuatro ramequines como los que véis en la foto (bueno, sólo hay tres porque el cuarto no llegó) que son de unos 9 centímetros de diámetro. Estaban llenos casi hasta el borde cuando los preparé pero las moras perdieron mucho al pasar por el horno, así que no tengáis miedo en llenar vuestro molde.

Siento que las fotos no sean más nítidas ni más claras, pero es que tengo la negra y no llueve nunca salvo cuando yo tengo que hacer las fotos para el blog (que ese es uno de los motivos de que un bol de crumble no llegase a la foto, que nos lo zampamos mientras esperábamos a que se marchara la tormenta que por cierto no se marchó)

Ah! y si no tenéis moreras cerca de casa y os apetece disfrutar de moras os recomiendo un paseo por el campo a partir de mediados de agosto o principios de septiembre para buscar zarzamoras o lo que es lo mismo moras de zarzas. A mí me gustan quizá más que las de morera, porque tienen un punto ácido más interesante, aunque las de morera son más cómodas de coger y no te andas pinchando.

Quiero daros las gracias a todos los que os habéis interesado por la salud de mi padre y habéis dejado mensajes de ánimo. Sigue en el hospital, pero cada día que pasa falta un poco menos para que vuelva a casa ¡no hay que dejar de ser positivos! Gracias de corazón por vuestras palabras

 Manos a la masa y ¡bon appètit!




miércoles, 10 de junio de 2015

Pryaniki

Después de pasar en casa el último reto de Reposteras por Europa en junio volvemos a coger la maleta y nos marchamos a Rusia de la mano de nuestra anfitriona Magdalena del blog Dulces postres Magdalena 

Al principio el destino no me convenció nada. Depués del veto ruso a los productos españoles lo último que me apetecía era preparar una receta rusa, pero luego pensé que el país no es culpable de las decisiones de sus dirigentes y que es una pequeña venganza preparar sus recetas típicas con productos 100% españoles ¡no cabe duda de que van a estar mejores que las originales porque la matería prima es mucho más espectacular! 

De la repostería tradicional de este país sólo conocía la tarta milhojas o tarta Napoleón y aunque tengo ganas desde hace mucho tiempo de ponerme con ella no acababa de convencerme así que me armé de paciencia y me puse a buscar ¡menuda odisea! ¡para el próximo destino quiero un país más asequible en lo que a idioma se refiere! 

La suerte es que rápidamente encontre las pryaniki, me enamoré de ellas y abandoné la búsqueda ¡cuantas menos complicaciones mejor! Son unas galletas especiadas muy populares y típicas en Rusia en todas las grandes ocasiones (nacimientos, bodas, funerales y por supuesto en fiestas como la Navidad) Las pryaniki son la versión rusa del pan de jengibre.
Los ingredientes fundamentales de estas galletas son la harina, la miel y las especias pero podemos encontrar muchas versiones de las mismas (grabadas, modeladas, recortadas...) y algunas están rellenas con mermeladas, pasas... ¡Hay versiones para todos los gustos! 

Yo he optado por hacer las más básicas, cuya forma recuerda a un pan, al menos yo es lo primero que pensé al sacar la primera hornada, y os aseguro que son una delicia. Da la sensación de que van a ser unas galletas duras, pero nada más lejos de la realidad. Por fuera tienen una fina corteza que a mí me recuerda mucho a la corteza del pan aunque no es crujiente y por dentro son tremendamente blanditas.
Por si fuera poco el olor mientras las horneas es toda una gozada y el sabor... ¡el sabor sorprende! porque aunque las galletas huelen muy bien, cuando las muerdes, al principio te sientes un pelín decepcionada porque esperas más sabor, pero después descubres que el sabor que esperabas estaba ahí, pero que se hace de rogar. 

Fijaos si me parece que son buenas que pasé de darles el glaseado. Estaba yo con todo listo para preparar el glaseado cuando me volví a comer otra galleta y decidí que para mí eran así absolutamente perfectas. Que no les iba a poner más azúcar, porque estropearía y enmascararía el delicioso sabor que tienen ¡y así las he dejado! Tal cual salen del horno.
Ah! Y si no os gusta la miel os aseguro que el sabor se nota pero no es predominante, ni son unas galletas empalagosas ¡no dejéis de prepararlas por eso! 

Con las cantidades que os doy a mí me salieron 50 galletas cuyo tamaño está entre una modeda de euro y una moneda de dos euros. Ya sabéis que aunque se ponga todo el empeño del mundo haciendo las bolitas a mano es imposible que salgan todas exactamente iguales.
¿Vamos con la receta?

Ingredientes:

* 450 gramos de harina para repostería
* 265 gramos de miel (os aconsejo que uséis una miel de calidad, no lo que venden en los supermercados por miel que tiene más azúcares que otra cosa)
* 40 gramos de mantequilla con sal. Si ponéis sin sal añadid a la masa de las galletas un pellizco de sal.
* 2 huevos
* 3 cucharaditas de levadura química
* Una cucharadita de canela molida
* Media cucharadita de jengibre molido
* Media cucharadita de nuez moscada
* Un pellizco de pimienta molida. Yo le puse negra. Si tenéis dudas no la pongáis, pero yo os animo a que seáis atrevidos, que os aseguro que las galletas no pican ni nada.

Elaboración

1. En un bol amplio ponemos la mantequilla a temperatura ambiente (incluso la podéis poner derretida), los huevos y la miel y batimos hasta integrar. No será más de un minuto con las varillas manuales.

2. A continuación incorporamos la harina, la levadura y las especias y mezclamos hasta obtener una pasta homogénea. En un par de minutos la tendremos lista ¡y a mano!

3. Tapamos el bol y metemos en el frigorífico. Yo la dejé unas siete horas, pero con que la masa sea manejable para hacer bolitas con las manos será suficiente.

4. Cuando la masa sea manejable forramos nuestra bandeja de horno con papel sulfurizado o una lámina de silicona y vamos haciendo bolitas que colocaremos separadas un poco entre sí porque durante el horneado se aplastan un poco (yo les dejaba una separación de unos tres centímetros y no se me juntaron)

5. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos 15 minutos. Entiendo que cada horno es un mundo, pero cuando las veáis doradas os aconsejo sacar, que nadie quiere unas galletas duras ¿verdad? Nada mejor que ir controlando el tiempo y probar el punto de cocción tras la primera hornada.

6. Cuando las saquemos del horno las pasamos a una rejilla y las dejamos enfriar. Una vez frías podemos guardarlas en un lata hermética o bien optar por acabar con todas ¡están tan ricas que la tentación es enorme! (sí, volví a quemarme por impaciente al sacar la primera hornada por no esperar lo suficiente para probarlas)

Creo que son unas de las galletas más sencillas y rápidas que he hecho nunca ¡si en buscar los ingredientes por mi cocina, prepararlos y hacer la masa no se va más de un cuarto de hora! y también unas de las más ricas ¡menos mal que no he dejado de participar este mes en el reto!
Y aunque a priori 50 galletas puedan parecer muchas ¡no son tantas! y si no siempre podéis preparar la mitad de los ingredientes y las haréis en una sola hornada.

Un consejo que me parece muy importante. Guardad siempre la masa en el frigorífico mientras se hornea una tanda de galletas. Así evitáis que se ponga blanda y no se pueda manejar, por muy poco tiempo que penséis que va a ser menos tiempo aún necesita una masa de galletas para ponerse blanda y pegarse a las manos.
Como todos los meses os invito que miréis las recetas de mis compañeras y si os pica el gusanillo viajero-repostero que os unáis a nosotras el próximo mes.
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Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 8 de junio de 2015

Crema de galletas María

Vamos a abrir de nuevo hoy la caja de los recuerdos...

¿Quién no ha desayunado o merendado un vaso de leche mojando galletas María en él? (si hablamos del desayuno iba acompañado de la caída de un chorreón de leche en la ropa fijo, sobre todo si en nuestro colegio había que llevar uniforme)

¿Quién no se ha puesto a trocear las galletas, echarlas en la leche y al final había tantas galletas en el vaso (que antes la leche con Cola Cao (que el Nesquik llegó bastante después, al menos en mi pueblo) se tomaba en vasos de cristal de Duralex y teníamos menos tazas y menos tonterías para elegir) que era una pasta de galletas en la que la cuchara se quedaba clavada? 
Pues en homenaje a estos desayunos y meriendas míticos hoy os traigo una crema de galletas María en la que meter cuchara como en aquella época sin tener que escuchar a nuestras madres diciendo que no teníamos cálculos ni los íbamos a echar nunca (y no entendían que la culpa era suya por poner a nuestro alcance todo el paquete de galletas). 
Porque este desayuno y merienda representa a toda una generación de niños que estudiábamos EGB, jugábamos en la calle, veíamos Barrio Sésamo al salir del colegio y no necesitábamos ordenadores ni videoconsolas para divertirnos. Esta crema está dedicada a todos vosotros que sabéis de qué os hablo.

Además con esta receta participo en el 6º Reto BBSS "El frescales" organizado por Marisa en el que aún estáis a tiempo de participar puesto que acaba el 15 de junio. ¡Ya veis que llego con el tiempo muy justo! Y si no podéis no dejéis de visitar el reto que os vais a llevar un montón de platos la mar de frescos para este verano ¡además de sanos y hechos con ingredientes baratos y de los que siempre suele haber en casa! Estoy segura de que os va a gustar porque es un reto en el que se buscan recetas sencillas, sanas, nutritivas, divertidas y baratas. La iniciativa me parece perfecta y me encantaría que os pasárais por la página y echéis un vistazo.

6º Reto BBSS
¿Vamos con la receta?


Ingredientes:

* 20 galletas María
* 250 gramos de yogur natural (el que tengáis en casa)
* 750 ml de leche (la de casa es semidesnatada)
* 100 gramos de azúcar blanca
* 30 gramos de caramelo líquido (casero o del comprado) o de sirope de caramelo ¡lo que tengáis en casa!
* 1 sobre de preparado para cuajada

Elaboración:

1. En el vaso de la batidora ponemos todos los ingredientes menos el sobre de cuajada y un poquito de leche y dejamos que las galletas se reblandezcan un poco. Metemos la batidora y batimos hasta que no quede resto de galletas.

2. Disolvemos la cuajada en la leche que habíamos reservado.

3. Ponemos nuestra mezcla en un cazo y ponemos a fuego medio-alto, removiendo de vez en cuando.

4. Cuando la mezcla esté a punto de romper a hervir añadimos la leche son el sobre de cuajada y mantenemos al fuego (que bajaremos un poco) durante 5-10 minutos.

5. Vertemos en los moldes que hayamos elegido y podemos decorar con galletas María o con lo que se nos ocurra.

6. Dejamos templar y metemos en el frigorífico hasta que cuaje. 
Es un postre fresquito, sencillo de preparar, muy barato ¡y absolutamente irresistible! Si os gustan las galletas no podéis dejar de prepararlo ¡estoy segura de que no os va a defraudar!
Os deseo muy feliz semana. Si en los próximos días me véis menos por vuestras cocinas es porque la vida a veces te cambia en un minuto y desde el sábado mi padre está en el hospital. Las recetas de esta semana las tengo programadas y espero poder seguir por aquí y por vuestras cocinas porque sería señal de que mejora, pero con estas cosas nunca es posible hablar de tiempo...

Manos a la masa y ¡bon appétit!