lunes, 30 de marzo de 2015

Roscos fritos de mamá Carmen

Mi madre no tiene muy claro lo que es un blog. Sabe que su hija publica recetas en internet, y aunque a veces le he enseñado alguna entrada estoy segura de que no acaba de hacerse a la idea de lo que esto es.

No obstante yo tengo muy claro que la curiosidad está ahí y que le está cogiendo el gusto a aparecer por aquí de vez en cuando porque fue ella la que hace casi un mes me dijo una noche cuando hablábamos por teléfono que estaba pensando en hacer roscos para Semana Santa y que si quería les podía hacer fotos y publicarlos en mi blog.

Además cuando publiqué el dulce de membrillo estuvo como un par de semanas preguntando si había gustado la receta, si yo podía saber si la había visto mucha gente...¡no veáis si se preocupó por su receta! Y como se ve que la experiencia le dejó un buen sabor de boca hoy le cedo con todo el gusto del mundo mi cocina virtual a ella que ha decidido deleitarnos con sus roscos fritos de Semana Santa que yo he rebautizado porque roscos de Semana Santa hay muchos pero roscos fritos de mamá Carmen sólo hay unos.
Y es que en este rinconcito no podía faltar alguna receta que nos recuerde las fechas en las que estamos que a mí me gustan porque se tira del recetario más arraigado y tradicional; de esos platos que han pasado de generación en generación y que cuando los comes es como si el tiempo se parase y te llevan a recordar años pasados.

En casa de mis padres siempre hemos sido muy relajados con las costumbres gastronómicas propias de Cuaresma con la excepción del viernes santo que mi madre no quiere que se coma carne, pero prepara tantas cosas para comer que no echas de menos un filete a la plancha o unas lonchas de jamón. Además todos los años se preparan los mismos platos, que según mi padre hay que probarlos todos, así que comemos raciones minis de cada uno de ellos, y como mi madre prepara de cada comida una cantidad industrial me llena un montón de tuppers que se adueñan de todas las baldas de mi frigorífico y mi marido y yo estamos comiendo "de restos" casi una semana, lo que por un lado es fantástico porque te ahorras cocinar y por el otro es un fastidio porque quieres variar el menú pero como yo soy incapaz de tirar comida ni preparar otra cosa sabiendo que algo se puede poner malo aguanto el tirón y la cara larga de mi costillo que anda clamando por comer carne.

Y así año tras año (y que se repita muchas veces más porque eso quiere decir que seguimos todos juntos)
El postre y la merienda del viernes santo es uno de los momentos más esperados, porque aunque hemos comido un montón de cosas siempre hay hueco para los caprichos dulces ¡y tampoco hay queja por tener que comerlos días después! ¡que sólo nos quejamos de lo que no nos gusta...! 

Como podréis suponer estos roscos forman parte de esa sobremesa aunque mi madre siempre los prepara mínimo con una semana de antelación y desde entonces ya los comemos. Gustan tanto que lo normal es que los prepare dos o tres veces al año porque las buenas recetas no deberían de tener fecha marcada en el calendario.
Lo más curioso es que hasta que no me he puesto a escribir esta entrada no he caído en la cuenta de que con mi madre he cocinado, al menos una vez, todos los platos que recuerdo "tradicionales" en casa salvo estos roscos que nunca los ha preparado estando yo por allí para meterme entre sartenes ¡¿sería para no darme la receta?! Pues menuda intención fallida porque no sólo me la ha dado a mí sino que además ha querido compartirla con vosotros.
De estos roscos no voy a decir nada, Creo que las fotos hablan por sí solas y se puede apreciar lo esponjosos que son. Incluso puedo aportar algún testimonio que lo corrobore si  mi marido, mi hermano o mi cuñada quieren dejar un mensaje en esta entrada. Y ahora sí que no me enrollo más y paso a la receta, que como veréis va parte expresada en medidas, pero no os resultará complicada de preparar.

Ingredientes:

Para la masa
* Un kilo de harina de repostería
* Un vaso (de los de toda la vida, de unos 250 ml aproximadamente) de aceite de oliva virgen extra
* Un vaso de zumo de naranja
* Un vaso de azúcar blanca
* 6 huevos
* 2 sobres de levadura química
* La ralladura de un limón y de una naranja
* Una cucharadita de canela
* Una copita de anís. Es opcional, porque mi madre a veces le pone y otras no y siempre salen muy buenos. De hecho en los que ha preparado esta vez no ha puesto anís.

Para freir

* Aceite de oliva virgen extra

Para rebozar

* Azúcar blanca

Elaboración:

1.  En un bol muy amplio ponemos el aceite, el zumo de naranja (recién exprimido) y el azúcar.

2. Batimos los huevos como si fuésemos a hacer tortilla y también los añadimos al bol

3. Incorporamos las ralladuras de limón y naranja, el anís si lo vamos a poner y la canela y mezclamos bien.

4. A continuación añadimos los dos sobres de levadura y tres cuartas partes de la harina y batimos. Y el resto de la harina la incorporamos poco a poco a la mezcla. La consistencia tiene que ser blandita y un poco pegajosa (a duras penas para hacer bolitas con las manos) para que queden unos roscos blanditos y muy esponjosos. Si añadimos más harina para que la mezcla sea menos pegajosa los podremos manipular mejor peor el interior del rosco quedará más compacto y menos esponjoso y tardarán menos tiempo en ponerse duros. Es posible que al preparar la masa necesitéis algo menos del kilo de harina o añadir un poco más.

5. Dejamos reposar como mínimo una hora (aunque lo ideal son dos) la masa en un lugar cálido de la cocina. Según mi madre esto hace que la masa esponje mejor.

6. Ponemos una sartén amplia y con fondo al fuego y ponemos a calentar una cantidad generosa de aceite de oliva.

7. Cuando el aceite esté medianamente caliente (si quema mucho los roscos se pondrán por fuera de momento y por dentro se quedarán crudos) vamos añadiendo roscos. Los haremos sobre la marcha para ponerlos en el aceite, ya que la masa es muy blandita y no se pueden preparar y dejar sobre una bandeja para irlos pasando por la sartén. Para hacer los roscos hacemos bolitas con la masa y con el dedo les hacemos un agujero en el centro.

Si se pega mucho en las manos os podéis poner un poquito de aceite.

8. Freimos por ambos lados a fuego medio y cuando los roscos estén doraditos sacamos de la sartén y dejamos sobre una bandeja con papel de cocina para que escurra el aceite e inmediatamente pasamos por azúcar. Debe de ser con los roscos calientes, porque si se enfrían el azúcar no se les pegará.

¡Y no hay más que comerlos y disfrutarlos! 

Los roscos los podéis conservar en tuppers muy bien cerrados y aguantan sin ponerse malos bastante tiempo, aunque sí que se van poniendo duros. Si hacéis muchos y no podéis acabar con todos ellos y los queréis blanditos los podéis congelar que se conservan ¡de lujo! Mi cuñada ha hecho la prueba y quedan estupendos una vez descongelados.
Si os animáis a probarlos espero que me contéis qué os parecen.
Ya sólo me queda despedirme de vosotros y desearos que disfrutéis mucho estos días libres. Los más afortunados algo más de una semana, los menos (como yo) cuatro diítas, aunque lo importante es estar todos de vuelta el lunes que viene. Como todos tenemos planes para estos días (playa, turismo, procesiones, visitas a la familia, relax... ¡hay para todos los gustos y bolsillos oiga!) también le doy unas mini vacaciones a mi cocina y volveré con nuevas recetas el próximo lunes. Aprovechad mucho el tiempo libre y nos vemos en unos días

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 26 de marzo de 2015

Muffins de fresa y plátano

Aunque por falta de tiempo (y no de ganas) no pueda ya contestar a todos los mensajes que me dejáis en cada entrada os aseguro que leo todos y cada uno de ellos y con las últimas recetas he visto crecer la protesta generalizada de que mis reposteos no ayudan nada a mantener la lorza (la navideña, supongo, que se agarra con fuerzas la muy maldita) a raya.

Como soy la primera que vive cada día contando las calorías que ingiere decidí ponerme el pasado fin de semana con una receta un poquito más light que las que estoy horneando ultimamente y os traigo recién salidos del horno (literalmente) estos deliciosos muffins hechos con plátanos y fresas.
Los que lleváis un tiempo pasando por mi cocina sabéis de mi aficción a repostear con frutas y verduras que además de unos postres tiernos y jugosos nos ofrecen caprichos "admisibles" con un nivel aceptable de calorías. Y del sabor no os digo nada, porque todo lo que diga se queda corto.

Sin embargo es la primera vez que puedo preparar un postre con plátanos. Suena raro ¿verdad? porque tenemos unos maravillosos plátanos de Canarias que encontramos todo el año en la frutería y además a un precio razonable. ¿Por qué no he preparado nunca nada con plátanos? Os lo contaré con una historia de las mías.

Cada fin de semana cuando íbamos a hacer la compra para la semana yo compraba plátanos, los más verdes que encontraba, con la esperanza de que madurasen a lo largo de la semana y estuvieran en su punto justo el sábado próximo y así  poder preparar un postre ¡sólo uno! con plátanos por primera vez en mi vida.

El planteamiento era buenísimo ¿verdad?

Pues cada vez que he comprado plátanos, y sin excepción alguna, al llegar el próximo fin de semana ¡no ha quedado ni uno en casa! Daba igual que comprase un kilo o dos, que en cuanto estaban medio amarillos ¡iban cayendo uno tras de otro!
¿Os acordáis que hace unos días os dije que tenía un ratoncito en casa? Pues viendo el gusto que tiene por los plátanos ha tenido que salir también medio mono porque por mucho que yo rogase que dejara algún plátano para el fin de semana porque pensaba hacer una tarta jamás se apiadó de mis súplicas.

Pensaréis que también podía haber comprado los plátanos y ponerme a hacer una tarta pero en mi frutería rara vez tienen plátanos lo suficientemente maduros para ello, al menos no los sábados, y tampoco era una cuestión de vida o muerte.
¿Y como he conseguido tener plátanos esta vez? Escondiéndolos. Tengo un frutero de cajones y guardé unos cuantos al fondo de un cajón bien tapados por verduras. No es que sea muy ético ni tampoco algo necesario cuando de adultos se trata, pero como no somos capaces de atender a razones habrá que emplear el juego sucio...

Y encima, cuando probamos estos muffins, tenemos la desfachatez de preguntar por qué no había hecho antes nada con plátano... ¡qué paciencia! A ver si logro que queden algunos plátanos de vez en cuando para repostear ¡ya os contaré!
Lo que yo os diga, tengo historias para todo. Pero os aseguro que estos muffins bien merecen todas las historias del mundo si al final podemos disfrutarlos. Si os gustan estas dos frutas ¡no dudéis en prepararlos cuanto antes que estamos en plena temporada de fresas!

¿Vamos con la receta?

Ingredientes:

* 2 plátanos grandes maduros
* 175 gramos de fresas 
* 270 gramos de harina para repostería
* 160 gramos de azúcar moreno
* 2 huevos
* 115 ml de aceite vegetal
* 2 cucharaditas de levadura química
* Un pellizzo de sal
* Una cucharadita de pasta de vainilla.


Elaboración:

1. Pelamos los plátanos y los machacamos con un tenedor.

2. Lavamos y secamos las fresas y las cortamos en trocitos.

3. En un bol batimos los plátanos machacados con el aceite, los huevos y la vainilla.

4. Añadimos el azúcar e incorporamos.

5. Sobre esta mezcla tamizamos la harina junto con la levadura y la sal y continuamos batiendo hasta obtener una masa homogénea.

6. Añadimos a nuestras fresas una cucharadita de harina y movemos bien para que queden bien enharinadas. Esto es para que los trozos queden bien repartidos por la masa y no se vayan todos al fondo al hornear.

7. Incorporamos los trozos de fresa en la masa de los muffins con ayuda de una espátula. Procuraremos no romper los trozos y que además queden bien esparcidos por toda la masa.

8. Preparamos nuestra bandeja para cupcakes y le colocamos cápsulas de papel.

9. Con la ayuda de una cuchara de helados llenamos las cápsulas hasta el borde (si queremos un gran copete) o 2/3 si los queremos menos altos

10. Metemos al horno precalentado a 200ºC y horneamos durante siete minutos.

11. Pasados los siete primeros minutos bajamos la temperatura a 180º C y horneamos unos veinte minutos más o hasta que al pincharlos con un palillo este salga limpio.

12. Dejamos reposar cinco minutos en el horno con la puerta ligeramente abierta y luego ya los podemos sacar y dejar enfriar sobre una rejilla.

Recién hechos no tienen demasiada gracia, o al menos a mí no me lo pareció, pero tras veinticuatro horas ¡están de muerte!

Como llevan fruta os aconsejo que los guardéis en un tupper o una lata, bien tapados, y en el frigorífico, y que los comáis antes de tres o cuatro días, porque los dulces con fruta se estropean bastante rápido y no queremos que nadie se ponga malito.
Con estas cantidades salen doce muffins normales y además me quedó masa para dos pequeñitos (en moldes de tartaleta) de prueba, que así nos quitamos el gusanillo en cuanto salen del horno y puedo hacer las fotos con tranquilidad.
Sólo me queda despedirme y desearos un feliz y dulce fin de semana ¡que para muchos es el comienzo de las vacaciones! ¡Afortunados! Además toca cambio de hora ¡cómo odio que nos quiten una hora del fin de semana! Estaré de mal humor unos cuantos días sólo por eso... Como yo trabajo hasta el miércoles inclusive, el lunes estaré de nuevo por aquí con una receta muy especial

Manos a la masa y ¡bon appètit!

domingo, 22 de marzo de 2015

Tarta de fresas y nata

De nuevo en domingo por aquí gracias al Reto Color y Sabor de Temporada donde Pilar este mes nos proponía fresas y brócoli para que cocinásemos y/o reposteásemos y yo encantada con la elección porque tenía en mente varias recetas.

Pues entre unas cosas y otras al final traigo una receta que ni era lo que tenía en mente ni estoy demasiado contenta con ella porque no me ha quedado como esperaba, aunque el sabor es espectacular y por eso he decidido publicarla y que sea mi propuesta para el reto.
 
No sé qué me pasa que últimamente tengo tantas cosas por hacer los fines de semana que me falta tiempo para todo lo que tengo en mente, y estar haciendo algo pensando en lo que tienes que hacer a continuación no es nada aconsejable ¡ya decía mi abuela que las prisas no eran buenas! 

Espero poder tomarme la vida con más calma en los próximos fines de semana y dedicarme con tranquilidad a repostear para que además de postres ricos salgan bonitos.

Si hay una combinación clásica y típica (incluso tópica) es sin lugar a dudas fresas y nata. Es casi imposible encontrar a alguien que no las haya comido así y que además no sea combinación favorita ¡si hasta en las fruterías de los supermercados tenemos los botes de nata en spray al lado de las fresas! 
Está claro que yo nací para romper normas y aunque he probado las fresas con nata no me apasionaban especialmente aunque a veces las comía. Entonces ¿por qué he preparado una tarta de fresas con nata? Porque a mi marido le gusta mucho tomar las fresas acompañadas de nata y he vuelto a descubrir que lo casero no tiene nada que ver lo con industrial.

El primer bocado y he caído rendida a ese sabor de la nata montada en casa, las fresas en su justo punto de maduración y la esponjonsidad del bizcocho ¡menuda maravilla! Está feo que lo diga yo que soy la que ha "creado" esta tarta, pero igual que digo que hay algo que no me convence en cómo ha quedado montada (y encima no sé lo que es) también digo que sabe maravillosamente. ¡Sinceridad ante todo! 
Como es domingo y además tengo, como buena andaluza, una cita con las urnas no me enrollo más y paso a la receta ¿os animáis a sorprender hoy a vuestra familia con una nueva versión de las clásicas fresas con nata?

Ingredientes:

* 4 huevos
* 1 yogur natural (yo puse griego sin azúcar)
* 300 gramos de azúcar
* 500 gramos de harina
* 100 ml de aceite de girasol
* 90 ml de leche 
* Una cucharadita de pasta de vainilla (o aroma, esencia... lo que tengáis en casa)
* Un sobre de gaseosillas (los dos sobres, el blanco y el azúl o morado, según marcas)

Para la cobertura:

* 200 ml de nata para montar minimo 35% m.g.
* 200 gramos de queso de untar tipo philadelphia
* Azúcar glas
* 250 gramos de fresas.

Elaboración:

1. En un bol amplio ponemos los huevos, el yogur, la leche, la vainilla, el aceite y el azúcar y batimos, con las varillas manuales, hasta obtener una mezcla homogénea.

2. Incorporamos, tamizando, la harina junto con las gaseosillas e integramos bien con las varillas o con una espátula, como os sea más fácil, hasta tener una masa sin grumos. Sí, es un poquito espesa y al final cuesta un pelín, pero es sencilla de manejar sin necesidad de batidor eléctrico.

3. Untamos el aro de nuestro molde desmoldable con mantequilla y en la base ponemos un papel de hornear lo que nos facilitará el desmoldado. 

4. Vertemos la masa y metemos en el horno, precalentado a 180ºC, y horneamos en torno a una hora o hasta que al pinchar con un palillo en el centro salga limpio. Si durante el horneado veis que la parte superior empieza a dorarse peligrosamente tapadla con papel albal.

5. Dejamos templar en el horno apagado unos minutos una vez esté listo, desmoldamos y dejamos enfriar completamente sobre una rejilla.

6. Con la lira o con un cuchillo y mucha maña para cortar partes iguales, partimos el bizcocho por la mitad. Con estas cantidades, y usando un molde de 22 centímetros me ha salido un bizcocho del que he sacado dos mitades como las que véis en la foto. Si sólo queréis una base de bizcocho reducid las cantidades a la mitad. Para esta tarta sólo vamos a usar una de las mitades.

7. Lavamos y secamos muy bien las fresas y las cortamos en láminas.

8. En un bol ponemos la nata, que tiene que estar bien fría, y empezamos a montarla con las varillas eléctricas. Cuando esté semi montada le añadimos el queso y el azúcar glas (no he puesto cantidad porque esto va según lo dulce que os guste. Yo creo que le puse unas cuatro cucharaditas) y continuamos batiendo. Estamos siempre muy pendientes para no batir en exceso, ya que en caso contrario la nata se convierte en mantequilla y habría que volver a empezar. No sé si al añadirle el queso puede pasar lo mismo, pero prefiero no averiguarlo, que con hacer mantequilla una vez tuve suficiente.

9. Extendemos una capa fina de nata sobre el bizcocho y a continuación disponemos una capa de láminas de fresa por toda la superficie. Si quereis podéis dejar sobresalir algunos trozos de fresa por el borde.

10. Cubrimos la capa de fresas con el resto de la nata y podemos decorar la superficie con algunos trozos de fresa.

11. Metemos en el frigorífico hasta el momento de servir para que la nata adquiera firmeza y no se desmorone, especialmente si hace calor.

Como podéis comprobar la cobertura no es sólo de nata, pero el queso le da un sabor espectacular (al menos a mí me ha gustado mucho) y firmeza al montar, por lo que no hay miedo a que se desmorone (al menos no tanto). Si sois más puristas con las recetas y la nata montada es nata montada con azúcar y nada más es tan sencillo como no poner el queso y duplicar la cantidad de nata.
Espero que os animéis a hacerla porque el sabor no os va a defraudar ¡ya me lo diréis si la probáis! Me despido deseandoos un feliz domingo y como siempre os invito a echar un vistazo a las recetas de mis compañeras de reto y a participar alguna vez.
Reto Color y Sabor de Temporada
Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 19 de marzo de 2015

Cortadillos de limón

Ya os venía comentando en las últimas entradas que ha sido subir las temperaturas (no digo salir el sol porque por desgracia este invierno ha sido bastante seco y la lluvia ha brillado por su ausencia) y mis compromisos y planes para el fin de semana se han disparado.

Es agradable romper con la rutina, aunque ello se traduzca en menos tiempo para otras cosas, como meterme en la cocina y repostear, o tener que tirar de recetas más sencillas, que de vez en cuanto también se agradece poder hacer un parón repostero.

La receta de hoy es una receta 100% de aprovechamiento. Muchas veces al preparar alguna tarta nos sobran recortes al igualar la superficie del bizcocho o al darle forma y lo mismo pasa con cremas y rellenos, que guardamos en un tupper en la nevera diciendo eso de "a ver si lo puedo usar para otra cosa..." y a la postre las opciones son dos: acabamos con él a cucharada limpia (con un cargo de conciencia importante y un incremento indeseado de lorzas en zonas varias) o pasado un mes encontramos al fondo de una balda del frigorífico el tupper con el relleno y resulta que el relleno ha mutado (no voy a entrar en más detalles que estoy segura que a todos nos ha pasado en alguna ocasión)
Sé que desde hace uno o dos años se puso muy de moda guardar los recortes (así como los restos duros de bizcochos y magdalenas, cosa que si en mi casa sucediera sería casi tan milagroso como que nos tocase la lotería o encontrar petróleo debajo del sofá ¡qué marido tengo que no deja que nada de lo que reposteo se ponga duro o malo!) para hacer cakes pop, pero a mí me impacientaba ir guardando tapas y recortes de bizcocho en el congelador hasta tener cantidad suficiente para ponerme a hacer cakes pop y que mereciera la pena ponerse manos a la masa, aparte de tener un congelador pequeño en el que las cosas no pueden quedarse demasiado tiempo.

Además seguimos teniendo el problema del relleno que sobra (sí, ya hemos valorado la opción de comerlo a cucharadas, pero estamos intentando buscar otras alternativas)

Para dar solución a estos problemas tan existenciales surgieron lo que en mi casa llamamos cortadillos (no sé ni cómo se nos ocurrió este nombre) que se han rellenado de todas las opciones posibles: restos de rellenos y coberturas, cremas (como el lemon o el orange curd), crema de cacao, mermelada... La idea es dar salida a lo que hay en el frigorífico.
 
Hablar de receta es hasta pretencioso porque esto se hace casi por instinto, aunque no tengas experiencia en la cocina, pero de todos modos lo explico, por si a alguien le viene bien

Ingredientes:

* Las tapas y recortes de haber emparejado un bizcocho (yo usé las tapas de la Bica)
* Retos de cobertura, cremas, mermeladas o cualquier cosa que tengáis en el frigorífico (yo usé la crema de la cobertura de la Bica )

Elaboración:

1. Cortamos las tapas y recortes de bizcocho que tengamos en cuadraditos de bocado (aproximadamente de un centímetro de lado)

2. Ponemos el relleno que tengamos por casa en la mitad de los cuadraditos y tapamos con la otra mitad

Es una receta tan complicada que no sé si la habré explicado bien ji ji ji

 
Ahora en serio, espero haberos dado una nueva idea para aprovechar lo que nos queda de otras recetas, y que os animéis a darle una nueva vida para acompañar un café o un té ¡que quedan la mar de sofisticados!

Sólo me queda desearos muy feliz y dulce fin de semana ¡y en nada nos vemos de nuevo por aquí porque el domingo es día de reto!

Manos a la masa y ¡bon appètit!


lunes, 16 de marzo de 2015

Galletas de mantequilla de cacahuete con chips de chocolate

Si creyera en los propósitos de año nuevo uno de mis propósitos fijos para cada año (porque este iba a ser duro de cumplir y necesitaría varios años de buena voluntad y esfuerzo) sería dejar de ser tan caprichosa. Como no creo en que hacerse buenos propósitos en enero sirva más que para haberlos olvidado antes de que acabe el mes me reprendo a mí misma cada vez que me encapricho de algo pero está más que claro que soy poco severa porque antes de veinticuatro horas ya se me ha olvidado.

El año pasado por primavera pusieron a la venta en esa cadena de supermercados alemanes que tanto nos gusta porque vende tantas marranaditas un montón de productos americanos. Estaba yo echando un vistazo al folleto cuando me fui a enamorar de algo tan típico como la crema de cacahuete.

Ya os he comentado más de una vez que me encantan las americanadas, sobre todo aquellas cosas que llevamos viendo en dibujos, series y películas toda la vida y nada hay más americano, al menos para mí, que la mantequilla de cacahuete ¡si hasta se hacen sandwiches con ella!

Caigo en la cuenta de que nunca la he probado, de que he visto un montón de recetas con esta famosa crema y que por tanto es algo que necesitaba comprar con tal urgencia como si mi vida dependiera de ello. Es más, decido que un sólo bote no es suficiente (no, entonces no sabía que en otros supermercados la venden como la crema de cacao o el dulce de leche, porque jamás había sentido la necesidad de buscarla) ¡y nos hacemos con dos botes!

Una vez en casa fueron a un armario de la cocina y ahí se quedaron esperando porque la imperiosa necesidad de probarla o de preparar alguna receta con ella desapareció en cuanto pasé por caja.

¿Y hasta cuándo han estado olvidados los pobres botes en la cocina? Hasta que este año vuelvo a mirar el folleto del supermercado, veo que vuelven a traer productos americanos ¡y que la crema de cacahuete está entre ellos!

Entonces son todo prisas por sacar uno de los botes del armario y preparar alguna de las recetas que tenía en casa aguardando desde hace más de un año a ver si la crema me gustaba en repostería para comprar más (en efecto, seguía sin saber hasta hace unas semanas que la venden en casi todos los supermercados del país) porque igual después de esa semana había una catástrofe en el mundo y se acababan los cacahuetes y ya no habría nunca jamás crema de cacahuete así que yo debería atesorar en casa todos los botes posibles por si acaso al probarla decidía que me encantaba...

Vale. Ya no sé si soy una caprichosa o estoy loca...

Así que decidí empezar por una receta bastante básica y sencilla a ver si la crema nos hacía tilín o no.
 No sé si en otras recetas nos va a gustar, pero os aseguro que no me importaría gastar todos mis botes de reserva (ahora os cuento) en preparar galletas porque están de muerte.

Prueba de que están ricas de verdad es que mi marido se planta por su cuenta en el supermercado en cuestión el día que empiezan a vender los productos americanos ¡y se me presenta en casa con dos botes más de crema de cacahuete! ¡Como si no hubiera mañana!
Y sin comerlo ni beberlo me encuentro con tres botes y medio de mantequilla de cacahuete con los que tengo que hacer recetas cual adicta a la crema en cuestión (que por cierto la probé y yo no me comía un sándwich de esto ni loca y mucho menos le ponía mermelada, gelatina ni las guarradas que vemos en las películas).

Días después, haciendo la compra de la semana, mi marido se planta en medio de un pasillo del supermercado con una sonrisa de oreja a oreja y un bote de mantequilla de cacahuete en la mano y dice ¡pero si aquí lo venden también! Y yo, cargada de ironía (que él no captó en ese momento) le digo ¡pues vamos a llevarnos un botecito, que igual tenemos poca en casa! Y él, hombre racional, responde que mejor cuando se acabe el bote que tenemos empezado. De los tres de reserva no dijo ni mu.
 Tengo ya varias recetas listas para empezar a repostear y espero que sean tan ricas como estas galletas que son un vicio y que no saben a mantequilla de cacahuete en estado puro, sino que su sabor es una delicia ¡qué bien combina con el chocolate!

Os invito a que os animéis a prepararlas si como yo aún no habéis probado la crema de cacahuete y tenéis curiosidad. La podéis comprar en casi todos los supermercados sin necesidad de atesorarla como hacemos en mi casa... ¡es que no tenemos remedio! 
Ingredientes

Con estas cantidades me salieron 36 galletas.

* 100 gramos de margarina sin sal
* 200 gramos de mantequilla de cacahuete
* 150 gramos de azúcar moreno
* 200 gramos de harina de repostería
* 1 cucharadita de bicarbonato sódico
* 1 cucharadita de levadura en polvo
* 1 cucharadita de pasta de vainilla
* 1 pizca de sal
* 4 cucharadas soperas de leche
* Un puñado generoso de gotas de chocolate

Elaboración:

1. Batimos la mantequilla de cacahuete junto con la margarina y el azúcar hasta tener una masa cremosa. Para ello es imprescindible que la margarina y la mantequilla estén a temperatura ambiente.

2. Incorporamos el resto de ingredientes y amasamos hasta obtener una masa homogénea y manejable. No se pega a las manos pero es aceitosa.

3. Podemos hacer las galletas inmediatamente o dejar reposar la masa, bien tapada, en el frigorífico. A mí me gusta dejarla toda la noche y sacarla un rato antes de ponerme a hornearla porque se maneja perfectamente.

4. Para hacer las galletas hacemos bolitas del tamaño de una nuez y las aplastamos ligeramente con la mano. Yo no las aplasté mucho porque me gustan las galletas gorditas, pero eso ya según vuestro gusto.

5. Las ponemos en la bandeja del horno cubierta por un papel de hornear o una lámina de silicona con separación entre ellas, aunque estas galletas no se aplanan mucho, al menos las que yo horneé que sí que dejé reposar toda la noche en el frigorífico.

6. Si queremos podemos poner más pepitas de chocolate por la superficie.

7. Introducimos la bandeja en la parte central del horno precalentado a 180º C y horneamos durante 13 minutos. 

8. Sacamos la bandeja, dejamos templar dos o tres minutos y pasamos a una rejilla donde dejaremos enfriar por completo.

El tema del horneado es fundamental ya que por un par de minutos o tres las galletas pueden acabar duras y convertirse en armas arrojadizas una vez frías. Yo aconsejo que estéis pendientes del horno en la primera bandeja de galletas y que saquéis cuando empiecen a verse ligeramente doradas.

Es preferible que las primeras queden poco hechas en el centro (tipo brownie, buenísimas) a que queden duras como piedras. Aquí la diferencia de un par de minutos cuenta ¡y mucho! 

Probáis las galletas de la primera hornada y rectificáis el tiempo de horneado si es necesario. Como cada horno es un mundo aquí es complicado hablar de tiempos exactos de horneado, pero una tiempo estimado siempre viene bien ¿verdad?
De esta receta me encanta que la galleta no se aplasta sino que se queda gordita y es un gustazo morderla. Si os gustan más finas bastará con que aplastéis más las bolitas antes de hornearlas.

Se conservan perfectamente en una lata bien cerradita (que ya sabéis que a veces los ratoncillos cogen galletas a escondidas pero son tan chapuceros que cierran mal la lata y dejan pistas...) durante varios días ¡aunque veréis que duran muy poquito porque están riquísimas!
¿Os animáis con esta nueva americanada que os propongo?

Manos a la masa y ¡bon appètit! 

viernes, 13 de marzo de 2015

Trenza de hojaldre rellena de cabello de ángel, pasas y nueces

No sé si os pasará lo mismo, pero cuando empieza a hacer calor a mí los días en el trabajo se me hacen infinitamente largos y parece que nunca va a llegar el fin de semana en especial si tengo planes que me apetecen ¡qué lástima haber nacido pobre y tener que trabajar para vivir! aunque también es una suerte que cada lunes me tenga que levantar para venir a la oficina.

Para poner broche final a esta semana os traigo una receta sin chocolate (porque soy consciente de que desde finales de enero parece que sólo reposteo con chocolate y os aseguro que no tengo acciones de ninguna empresa del sector) que necesita muy pocos ingredientes de los que solemos tener por casa (y que es toda una receta de aprovechamiento con la que acabé el cabello de ángel que me quedó después de hacer la Cuajada de Carnaval y un puñadito de pasas que llevaban rodando por los armarios de la cocina lo más grande) y que se prepara en muy poco tiempo (por lo que no tendremos que renunciar a nuestro capricho dulce ni a disfrutar del fin de semana al aire libre) ¿Verdad que os apetece poneros a prepararla?
La inspiración para esta trenza me la dio mi marido que es un apasionado del cabello de ángel y aunque unos días después de hacer la Cuajada de Carnaval le di permiso para acabar a cucharada limpia lo que había quedado empezó a decir que había visto hojaldre en el frigorífico (sería una novedad para él aunque en casa siempre hay una o dos láminas de hojaldre) y que podía preparar ¡una empanada de hojaldre! 

Este hombre siempre pensando a lo grande sin caer en la cuenta de que a duras penas quedaba un tercio de la lata de cabello de ángel y que con eso no daba para una empanada ni yo estaba dispuesta a preparar una empanada tamaño familiar que él se hubiese comido en un día y sin remordimiento de conciencia alguno.
No obstante la idea no me parecía mala y tras darle un par de vueltas (y de pasar de la propuesta de la empanada de cabello a unas napolitanas de cabello) me acordé de las trenzas de hojaldre que tantas veces he visto en vuestros blogs y que yo jamás me había puesto a preparar y con tres cositas que tenía en casa salió esta maravilla.

Ya tengo peticiones populares (siendo sólo dos en casa ya sabéis quién aclama) para repetir y hacer más trenzas de hojaldre aunque con la sugerencia de la próxima con crema de cacao (veremos) y a mí que se me han ocurrido algunas propuestas más sanas pero no por ello menos buenas ¡ya les llegará el momento!

Os explico brevemente cómo prepararla y os advierto que tardo más en explicarlo que ne hacerlo, porque esta es una receta de lo más sencilla, pero seguro que a alguien le viene muy bien.
Ingredientes:

* Una lámina de hojaldre (la mía de LIDL)
* Cabello de ángel (yo usé aproximadamente un tercio de una lata que me sobró de preparar otra receta)
* Un puñado generoso de pasas
* Un puñado de nueces
* Un huevo
* Azúcar blanca

Elaboración:

1. Desenrollamos y extendemos la lámina de hojaldre. Aprovechamos el papel en el que viene envuelta para hornearla. Si es necesario le pasamos el rodillo

2. Tenemos que dividir ¡mentalmente! nuestra lámina en tres partes tomando como base el lado corto del rectángulo de la lámina de hojaldre. 

Si no os fiáis mucho de vuestra capacidad de hacer las cosas a ojo podéis marcar el hojaldre con la parte que no corta de un cuchillo para llevar una guía.

3. De las tres partes en las que dividimos nuestra lámina de hojaldre la central no se toca y las de los laterales las cortamos en líneas oblicuas de unos dos centrímetros de grosor partiendo desde el lado que pega a la parte central y hacia el borde exterior de la lámina de hojaldre

Como no hice foto he buscado un esquema en internet que espero os ayude
http://www.recipe-quest.com/messages/11264/16605.jpg 

4. En el centro ponemos el cabello de ángel y encima las pasas y las nueces. Yo puse pocas nueces porque mi marido dudaba si los ingredientes iban a armonizar bien y me equivoqué claramente porque estaban deliciosos, así que poned sin miedo (pero con cierto cálculo que luego hay que cerrar el hojaldre.

5. Para hacer la trenza vamos doblando sobre el centro cada uno de los cortes que hemos hecho en los laterales. Empezamos por los de arriba bien por la derecha o por la izquierda, lo que más rabia os dé, y cruzamos el primero de la derecha, el primero de la izquierda, el segundo de la derecha, el segundo de la izquierda... y así hasta llegar al final. No os preocupéis si entre tira y tira de hojaldre cruzadas queda algún hueco, que se cerrará al hornear, y si no se cierra también va a quedar muy bien.

6. Presionamos bien con los dedos los extremos de la trenza para que queden sellados.

7. Batimos en un bol el huevo como si fuésemos a hacer tortilla y con la ayuda de un pincel de cocina pintamos nuestra trenza de hojaldre.

8. Por último espolvoreamos con azúcar la trenza para que adquiera un bonito color en el horno.

9. Metemos en el horno precalentado a 180º C hasta que el hojaldre esté hecho y dorado. En mi caso fueron unos veinte minutos.

10. Sacamos del horno y dejamos enfriar por completo ¡mucho cuidado que el hojaldre caliente es muy frágil!
Como os dije es una receta de lo más tonto del mundo, pero en un momento dado nos puede sacar de un apuro ante una merienda o un postre imprevisto. También es ideal para llevarla como postre para una comida en el campo o tentempié tras una larga caminata, que ahora que tenemos buen tiempo apetece salir y disfrutar al aire libre ¿verdad?
Sólo me queda despedirme hasta el lunes y desearos como siempre y feliz y dulce fin de semana

Manos a la masa y ¡bon appètit!

martes, 10 de marzo de 2015

Tarta Sacher

No sé si os pasará como a mí pero yo escucho determinados nombres de postre ¡y se me alegra el día! ¡y a veces hasta la semana! Es lo que me pasa con esta tarta que curiosamente aún no había preparado en casa.

Hoy es día 10 y como sabéis las chicas de Reposteras por Europa llegamos a nuestro destino que este mes, como habréis podido intuir, es Austria y lo ha elegido Carolina del blog Carri's Cupcakes

Le tenía unas ganas locas a este país porque sabía que iba a preparar este postre que no he hecho antes en casa porque no estaba segura de que fuera prudente prepararlo dada mi adicción al chocolate. Evidentemente no es una tarta para prepararla cada fin de semana salvo que queramos ver subir nuestros niveles de glucosa y colesterol y nuestra talla de ropa a la velocidad de la luz.

Pero, un día es un día, y por un capricho ocasional ¡y repito lo de ocasional! no pasa nada.
 
Además es una tarta con historia, y creo que merece que forme parte de nuestra vida al menos en una ocasión. Esta tarta fue inventada en 1832 por Franz Sacher cuando era sólo un aprendiz de pastelero para deleitar al príncipe del Imperio austríaco Klemens Wenzel von Metternich.

A mediados del siglo XX estalló una batalla legal entre el Hotel Sacher y el café Demel para dirimir quién de los dos era propietario de la receta y podía usar el término Original para comercializarla. El asunto no era nada sencillo de resolver ya que el hotel había sido fundado por Franz Sacher y era regentado por sus herederos y Eduard Sacher, su primogénito, había sido aprendiz de repostero en el café Demel.

El conflicto judicial se alargó durante nueve años ¡ahí es nada por una receta! y al final resolvieron que el Hotel Sacher tenía la razón y comercializaría  la tarta bajo la denominación Original Sacher-Torte y el café Demel la denominaría Eduard Sacher-Torte.
El Hotel Sacher no sólo ganó el juicio sino que le ha ganado la batalla a la cafetería Demel ya que su producción anual de tartas quintuplica las del café, además de que el precio de sus tartas es bastante superior. Por lo visto es bastante complicado distinguir entre las tartas de ambos establecimientos (salvo porque una tiene dos capas de bizcocho y una de mermelada y otra tres capas de bizcocho y dos de mermelada) así que si pasais por Viena no dejéis de visitar el café que os saldrá más económico el trozo de tarta.
Dejo las intrigas legales aparte (que no aportan nada a la receta a mí estas historias me encantan) y os acabo contando que la receta original, como podéis suponer, es secreta, así que todo lo que podemos encontrar en recetarios e internet son aproximaciones que se hacen, que difieren entre ellas en muy poco, pero hay mil y una versiones diferentes aunque todas parezcan iguales.

Yo he elegido una que me ha parecido fiable, y de sabor es una maravilla, pero para degustar la original, la de verdad verdadera no nos queda más remedio que acercarnos por Austria. ¡El viaje merece la pena! A mí seguro.

Me dejo de historias, intrigas y curiosidades y paso a la receta que seguro lo estáis deseando

Ingredientes:

Para el bizcocho

* 60 gramos de almendra tostada molida
* 50 gramos de harina de respostería
* 50 gramos de azúcar blanca
* 50 gramos de azúcar glas
* 50 gramos de mantequilla sin san a temperatura ambiente
* 3 huevos
* 75 gramos de chocolate de buena calidad
* 5 gramos de levadura química
* 1 cucharadita de pasta de vainilla

Para el relleno

* Mermelada de albaricoque. La mía casera, podéis ver la receta aquí 

Para la cobertura

* 200 ml de nata para montar
* 200 gramos de chocolate para postres
* Una cucharadita generosa de mantequilla.

Elaboración:

1. Derretimos el chocolate al baño maría o en el microondas y dejamos templar.

2. Batimos el azúcar glas junto con la mantequilla.

3. Separamos las claras de las yemas.

4. A la masa anterior añadimos las yemas de una en una y batimos hasta obtener una masa homogénea.

5. Añadimos el chocolate fundido y templado y volvemos a mezclar.

6. A continuación añadimos la vainilla y las almendras y batimos.

7. Tamizamos la harina junto con la sal y la levadura y mezclamos hasta que la masa sea homogénea y sin grumos. Será una masa dura y un poquito difícil de mezclar.

8. Montamos las claras a punto de nieve y cuando estén medio montadas les añadimos el azúcar y seguimos montando.

9. A la masa del bizcocho vamos a ir incorporando en pequeñas cantidades las claras montadas  e integrándolas con movimientos envolventes con la ayuda de una espátula.

Este paso hay que tomarlo con tranquilidad para que quede una textura esponjosa y suave que hará nuestro bizcocho muy esponjoso y liviano.

10. Untamos el aro de nuestro molde desmoldable con mantequilla y el fondo lo cubrimos con un papel de hornear que fijamos colocando encima el aro del molde.

11. Vertemos la mezcla en el molde y alisamos la superficie.

12. Encendemos el horno y precalentamos a 150º C y mientras dejamos reposar nuestra masa en el molde.

13. Horneamos en torno a cuarenta o cuarenta y cinco minutos.

14. Dejamos templar, desmoldamos y damos la vuelta al bizcocho sobre una rejilla para que se acabe de enfriar. En este caso la parte de arriba de nuestra tarta será la parte inferior del bizcocho que sale perfectamente lisa y nivelada.

15. Cuando el bizcocho está perfectamente frío (lo ideal es dejarlo varias horas para que no se rompa al cortarlo) lo partimos por la mitad con ayuda de una lira para tartas o un cuchillo y rellenamos con mermelada de albaricoque a discrección.

La cantidad es a vuestro gusto, pero los extremos no son nada aconsejables: si ponéis poca porque le faltará el toque de la mermelada, que además os aseguro es absolutamente maravilloso en esta tarta pero que al comerla no sabríais indicar de qué es la mermelada porque armoniza tan bien con los sabores del bizcocho que no destaca, y si ponéis mucha porque acabará desparramándose por los bordes al poner la otra parte del bizcocho encima.

16. Para preparar la cobertura de chocolate ponemos en un cazo la nata y la mantequilla a calentar y cuando esté para romper a hervir retiramos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Esperamos un par de minutos y removemos con las varillas manuales hasta que esté derretido el chocolate y tengamos una crema homogénea (y deliciosa)

17. Esperamos a que temple y se espese un poco. Mientras colocamos el bizcocho sobre una rejilla y debajo una fuente o un trozo de papel de hornear para recoger el chocolate que va a chorrear.

18. Bañamos nuestro bizcocho en chocolate echando el chocolate por la superficie y dejando que caiga por los bordes.

19. Esperamos a que deje de gotear, ponemos sobre la fuente o plato donde vayamos a servir y metemos en el frigorífico para que el chocolate se termine de endurecer.

Sencilla y deliciosa ¿verdad?
Sólo le falta escribir Sacher en la superficie, pero he pasado, porque esta no la ha hecho Sacher sino Cuca y porque no me fío yo de mi habilidad escribiendo con la manga pastelera...
Como siempre os invito a que visitéis el resto de propuestas de mis compañeras de reto y a que volváis a ser puntuales el próximo mes a ver qué destino nos toca. Intentaré no caer por tercera vez consecutiva en la tentación de preparar una tarta de chocolate ¡pero no puedo prometer nada!

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 5 de marzo de 2015

Cupcakes de chocolate y vainilla

Estos son mis primeros cupcakes.
Y no me refiero a que sean los primeros cupcakes que publico en el blog, que también lo son, sino a que es la primera vez que hago cupcakes. Y no tengo ni idea de por qué he tardado tanto en ponerme con ellos porque me llaman muchísimo la atención y además tengo miles en mi listado de recetas pendientes.
Y el momento les ha llegado más por casualidad que por otra cosa ¡benditas casualidades!

Hace unos días estaba a las tantas de la noche (ese es el horario habitual de las que trabajamos con jornada partida) ordenando uno de los armarios de la cocina (imposible aplazarlo más) cuando apareció un bote de frosting de vainilla que la empresa Kelmy tan amablemente me había enviado el verano pasado.
¡Me había olvidado por completo de él! Comprobé la fecha de caducidad y menos mal que no había caducado porque pocas cosas me sientan peor en la vida que tener que tirar comida así que lo siguiente fue ponerme a buscar una receta sencilla de cupcakes porque mejor empezar desde abajo y con algo bien sencillo y estos cupcakes de chocolate me enamoraron desde el principio. Aunque el frosting era diferente (también de chocolate) me resultó bastante graciosa la combinación chocolate y vainilla, un clásico que me recuerda a mi infancia, donde el mundo de los sabores no era tan amplio como ahora.
La elección ha sido todo un acierto porque el bizcocho del cupcake queda amargo (volví a usar mi cacao orgánico de la República Dominicana regalo de mi hermano y mi cuñada) pero al ponerle el frosting se queda completamente equilibrada la receta quedando un bocado dulce sin llegar a empalagar, lleno de los matices del chocolate y con un delicioso toque de vainilla.
Espero que tengáis en cuenta que son mis primeros cupcakes y que tendrán muchos fallos, pero a mí me hace mucha ilusión compartirlos con vosotros y que de aquí en adelante sólo cabe ir mejorando.
Ahora sólo queda ir con la receta. Con estas cantidades a mí me ha dado para 12 +1 cupcakes (yo no soy supersticiosa pero por si acaso alguno de vosotros lo sois). Mi bandeja es para una docena, así que el último lo hice en un molde de silicona y es el "cupcake de prueba" que en mi casa es el que mi marido se come casi nada más salir del horno y así me deja tranquila que el resto se enfríen y los pueda decorar. Con un poco de suerte puedo coger un pellizquito para comprobar si la receta ha salido buena. Si en casa tenéis un goloso inquieto sabréis a qué me refiero...
Ingredientes

* 115 gramos de mantequilla sin sal a temperatura ambiente (la mía era light y han salido perfectos)
* 120 gramos de azúcar blanco
* 2 huevos 
* 150 gramos de harina para repostería
* 50 gramos de cacao sin azúcar añadido
* 1 cucharadita y media de levadura química
* 1 cucharadita de pasta de vainilla
* 140 ml de leche (usé semidesnatada)
* 130 gramos de chocolate blanco hecho trocitos.
* Un bote de 250 gramos de frosting de vainilla Kelmy

Elaboración:

1. Batimos la mantequilla con el azúcar hasta obtener una mezcla integrada y cuyo color se aclare

2. Añadimos los huevos de uno en uno y no añadimos el siguiente hasta que el anterior no está bien integrado.

3. En un bol aparte ponemos la harina, la levadura y el cacao en polvo.

4. A nuestra mezcla anterior añadimos la mitad de la harina y batimos hasta incorporar

5. Añadimos la leche y la pasta de vainilla y volvemos a batir.

6. Añadimos el resto de la harina y batimos hasta que la masa sea homogénea.

7. Para terminar añadimos los trocitos de chocolate blanco y los repartimos bien por la masa con ayuda de una espátula o con la varilla manual.

8. Preparamos nuestra bandeja para cupcakes con las cápsulas de papel.

9. Con ayuda de una cuchara para helados vamos llenando las cápsulas intentando no pasar de los dos tercios de su capacidad. (A mí siempre se me va un poco la mano)

10. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 20 minutos. Siempre comprobamos antes de apagar pinchando en el centro con un palillo.

11. Dejamos reposar unos cinco minutos en la bandeja y sacamos los cupcakes y los dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

12. Cuando estén completamente fríos (los dejé algunas horas) pasamos a decorarlos. Yo he usado una tarrina de frosting de vainilla de Kelmy y como me resultaba muy densa para utilizarla con manga ponía una cucharadita de frosting sobre el cupcake y con una espátula, girando el cupcake, lo extendía primero hacía los bordes, para que quedase bien tapadito y después hacia arriba para hacerle las marcas que le veis.

 
Nunca había decorado con espátula y me ha resultado más fácil de lo que imaginaba aunque igual es que ha ayudado bastante la textura de este frosting que os recomiendo probéis si tenéis la oportunidad porque tiene bastante cuerpo y es muy fácil de trabajarla con espátula (igual es porque donde yo vivo hace mucho frío y estaba más dura) 
De sabor también es muy rica. Según mi marido sabe más a chocolate blanco que a vainilla (y él encantado), aunque yo le noto perfectamente el sabor a vainilla, y me ha sorprendido mucho que no sea muy dulce ni se haga empalagoso. He quedado muy contenta y seguro que utilizo más veces su frosting.
Sólo me queda animaros a que preparéis estos cupcakes porque están de muerte ¡siempre podéis preparar una cobertura en casa si no tenéis la que yo he usado! porque la textura y el sabor son expectaculares ¡así que creo que van a caer muchas más veces!

 
Por cierto, la semana que viene publico el martes en lugar del lunes ¡que toda receta del reto Reposteras por Europa! Disfrutad mucho del fin de semana ahora que las temperaturas nos dan una tregua.

Manos a la masa y ¡bon appètit!