jueves, 29 de enero de 2015

Brownie de turrón de chocolate con toffees de turrón de almendra caramelizado

Sé que al pasar navidad prometí recetas ligeras, pero ¡es tan complicado mantener esa promesa!¡Si ya casi ha pasado un mes desde el día de reyes! (y no sé a vosotros, pero a mí me parece que haya pasado una eternidad) Y aunque está más que claro que un brownie no es precisamente un postre ligerito he intentado reducir al máximo las calorías. No me voy a creer la falacia (¡qué palabreja tan bonita aprendí en las clases de filosofía del instituto!) de que es un brownie light cuando le he zampado una tableta ¡enterita! de turrón de chocolate (unas 1.700 calorías de nada sólo con el turroncito...) pero algunas calorías sí que he podido arañar al quitar la mantequilla ¡lo que no es poco! 
Además no me digáis que no estábais deseando encontrar recetas de "aprovechamiento" porque estoy segura de que no soy la única que tiene un gran cargamento de restos navideños aún en casa a los que es necesario dar salida. 

Confesaré que yo tengo un problema. Desde hace unos años preparo muchos de los dulces típicos de esas fechas, pero no puedo evitar sucumbir a la tentación de comprar turrón aunque haga el mío casero. Soy de naturaleza débil y cuando voy al supermercado no puedo evitar que se me vayan los ojos a las ofertas 2x1, 3x2, la segunda unidad al 70% de descuento...

Y entonces las tabletas de turrón me llaman con sus brillantes envoltorios desde las estanterías y me gritan "¡cómprame, cómprame!" y las veo tan tristes allí, con tantas ganas de ser llevadas a casa ¡que al carro van! 

Mi marido protesta (todos los años lo hace aunque siempre le doy la misma respuesta) porque no entiende para qué compramos turrón industrial si ya preparo yo casero y me mira con cara de "esta mujer se ha vuelto completamente loca..." cuando le digo que me llevo las tabletas para hacer otras recetas. Entiendo que la gente normal busca recetas para aprovechar lo que queda en casa tras las fiestas y yo voy y compro para almacenar y después hacer recetas. Igual tiene razón y muy normal no es....

Y luego llega la segunda parte de mi "atesoramiento" y es cuando arreo con los restos de las toneladas de turrón que compró mi madre y no se han tocado. En mi defensa diré que siempre me niego a llevarlas a casa, porque bastante tarea tengo con darle salida a las que yo misma he comprado (las que hago siempre vuelan) sin que el culo me crezca un kilo por segundo en los dos meses posteriores a las fiestas navideñas, pero mi madre desarma todos mis argumentos cuando me suelta la frase "es una lástima, porque si no te los llevas tú, se acabarán poniendo malos y tendré que tirarlos a la basura..."

¡Juega sucio! ¡De hecho juega más que sucio! Porque sabe que yo soy incapaz de dejar que ningún alimento se tire a la basura y sabe que así acarreo con todo lo que quiera y le doy uso antes de que se estropee.

Si a todo esto le unimos que tenía un poquito de  mi turrón de almendra caramelizado guardado para esta receta y que además os había prometido traer algunos usos "extras" para este turrón ¡esta receta tenía que ser sí o sí! 

Y os aseguro que he sido bastante buena y la he aguantado en la "despensa" durante al menos mes y medio, primero porque puse recetas más típicas y segundo porque prometí recetas más ligeritas pero ya no podía aguantarla más guardadita porque quería salir a la luz cuanto antes.
 ¿Listos para dar salida a estas tabletas de turrón que se aburren en los armarios de la cocina? 

Ingredientes:

* Una tableta de 300 gramos de turrón de chocolate con leche. También puede ser de turrón negro o blanco.
* 125 gramos de yogur desnatado (también puede ser natural con azúcar, griego (normal o desnatado), de chocolate, de vainilla.... ¡el yogur que tengáis en casa y os apetezca ponerle!)
* 100 gramos de azúcar moreno
* 2 huevos
* 100 gramos de harina para repostería
* Una cucharadita de bicarbonato sódico
* Trocitos de turrón de almendra caramelizado. También podéis poner de turrón Jijona clásico, de turrón de chocolate, o simplemente trozos de chocolate, o algún fruto seco... ¡lo que tengáis en casa!

Elaboración:

1. En un bol al baño maría derretimos el turrón de chocolate y reservamos. También podéis hacerlo en el microondas en tandas cortas de tiempo y removiendo para evitar que se queme. Yo prefiero al baño maría, tarda un poco más pero es más "seguro" para el chocolate.

2. En otro bol ponemos los huevos, el yogur y el azúcar y mezclamos con las varillas eléctricas hasta que estén esponjosos y ligeramente blanquecinos.

3. Tamizamos la harina y el bicarbonato y vamos mezclando hasta que la mezcla sea homogénea.

4. Añadimos el turrón de chocolate templado, volvemos a integrar y cuando la mezcla sea homogénea de nuevo añadimos la mitad de  los trocitos de turrón caramelizado.

5. Untamos los bordes de un molde desmoldable con mantequilla y en la base ponemos un papel sulfurizado porque así será más fácil desmoldar.

6. Vertemos la masa y colocamos por la superficie el resto de trozos de turrón que habíamos reservado. Tranquilidad, que durante el horneado se irán hundiendo ¡no falla!

7. Metemos en el horno precalentado a 180 º C durante unos 20-25 minutos. En todo casi pinchad con un palillo, y si sale ligeramente húmedo podéis apagar. A mí se me fue el tiempo esta vez y quedó menos jugoso, pero os aseguro que queda perfecto si no os vais de tiempo de horneado.

¡Una vez tibio ya podéis disfrutar de él! Si es que podéis esperar...

Este brownie es toda una experiencia porque además de tener el delicioso sabor de vuestro turrón de chocolate favorito, en la masa os encontraréis el arroz inflado del turrón más los trocitos derretidos del turrón de almendra y... ¡no tengo palabras para contarlo! ¡esto sólo se puede entender probándolo! ¿Os animáis a prepararlo? No os lo penséis, que el finde está a la vuelta de la esquina y viene con lluvia, así que es un plan perfecto.


Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 26 de enero de 2015

Mini hojaldres rellenos de cabello de ángel. Homenaje libre a las cordobesas.

Por si alguien no lo sabe las cordobesas son un dulce típico de Córdoba (claro, no lo iba a ser de Teruel, pero yo lo cuento por si hay algún despistado) de unos 12 o 14 centímetros de diámetro elaborado a base de hojaldre y cabello de ángel y espolvoreado de azúcar.

A mi marido le gustan muchísimo (estaréis pensando que a mi marido le gusta todo, y yo os doy la razón ¡a pocas cosas le hace ascos!) y un día se le ocurrió que podía prepararlas en casa. Él es un poco patoso en la cocina y yo prefiero que no entre cuando estoy reposteando (o cocinando, porque el pobre entorpece más que ayuda por muy buena voluntad que le ponga) así que da ideas que a veces cojo y otras me hago la loca.

Pero esta vez apareció el pobre un día en casa con una lata de cabello de ángel, que también le gusta mucho, y me daba penita verlo mirar la lata cada vez que había el armario de la cocina, así que decidí hacer unas cordobesas expres aprovechando unas láminas de hojaldre que tenía en el frigorífico. 


Son una versión libre de este dulce, un poco diferentes de textura porque el hojaldre de las cordobesas no sube, y porque las cordobesas tienen un borde redondo y aunque yo se lo hice a mis hojaldres antes de meterlos al horno ellos decidieron que el borde, al subir, se desliaba, aunque no se abrieron, lo que quiere decir que las sellé bastante bien.


Prepararlas es muy fácil, se tarda poco tiempo y además se necesitan sólo cuatro ingredientes ¿os animáis a hacerlas? En poco rato tendréis una merienda deliciosa, aunque confieso que a mí me gustaron más a partir del día siguiente, que el hojaldre está un poco más húmedo (además caen menos migas y se ensucia menos ¡que hay que pensar en todo!)

Sé que os prometí recetas light después de navidad, pero os aseguro que esta no tiene peligro si os coméis sólo una.... Vale es bastante complicado no caer en la tentación de comer varias teniéndolas delante pero yo confío en vuestra fuerza de voluntad. Además seguro que esos kilillos de más están ya casi fuera ¿verdad? 

Ingredientes:

* 3 láminas de hojaldre (yo usé las de LIDL)
* 500 gramos de cabello de ángel (una lata)
* 1 huevo
* azúcar blanca

Con estas cantidades tuve para 18 cordobesas, porque de cada lámina obtenía doce círculos de hojaldre y en cada bandeja podía poner 9 cordobesas a hornear, pero esto dependerá del vaso o cortapastas que uséis para cortar los círculos. El que yo utilicé tiene unos nueve o diez centímetros de diámetro.

Elaboración:

1. Extendemos la lámina de hojaldre sobre la encimera de la cocina aprovechando el papel de hornear en el que viene enrollada.

2. Con un cortapastas o con un vaso o taza cortamos círculos de hojaldre procurando aprovechar al máximo posible la lámina.

3. En el centro de un círculo ponemos una cucharada generosa de cabello procurando dejar medio centímetro desde el borde hacia dentro limpio.

4. Ponemos otro círculo de hojaldre encima procurando que los bordes coincidan perfectamente y los presionamos con los dedos para que se sellen bien. A continuación vamos enrollando hacia arriba ese borde, porque aunque el borde no va a quedarse cuando se hornee ayuda a que los círculos no se separen y el relleno no se salga.

5. Repetimos los pasos 3 y 4 hasta que no nos queden círculos de hojaldre.

6. Los colocamos en la bandeja del horno sobre una lámina de papel para hornear y pintamos la superficie con huevo batido y espolvoreamos con una cantidad generosa de azúcar por encima

7. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 20 minutos o hasta que nuestros hojaldres estén doraditos.

8. Dejamos reposar cinco minutos dentro del horno, sacamos y ponemos a enfriar sobre una rejilla (si podéis esperar a que estén frías antes de hincarles el diente)

Las podéis guardar en una lata de cocina (de esas tan monas e imprescincibles que todos tenemos en casa) y os aguantarán perfectamente varios días, aunque os aseguro que están tan ricas que desaparecerán rápidamente. 


Por cierto, siento estar tan ausente en las últimas semanas, pero las liquidaciones de impuestos y los cierres contables requieren todo mi tiempo. Pronto acabará esta carrera contra el tiempo y los plazos y volveré a tener un poquito más de tiempo para visitar vuestras cocinas. Mientras tanto os doy las gracias por seguir pasando por aquí.
 Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 22 de enero de 2015

Mermelada amarga de pomelo con toques de canela y vainilla

Confesaré que esta no era mi primera opción para el Reto Color y Sabor de Temporada de este mes, en el que Pilar ha elegido la endibia y el pomelo para que nosotros pensemos una buena receta. 

Yo había preparado un bundt cake de muerte con pomelo, pero que por impaciente lo rompí al desmoldarlo. Y digo que estaba de muerte porque lo devoramos con auténtico deleite y prometo que dentro de un tiempo lo repetiré, seré menos impaciente por desmoldarlo y lo compartiré con todos vosotros en mi cocina.

Después del fracaso yo soy vulnerable a caer en la tentación y sabéis de mi debilidad por las tartas de queso,así que mi segunda (y yo creía que definitiva opción) fue una tarta de queso con cobertura de pomelo. Y ahí estaba yo con mi tarta de queso horneada haciendo la salsa de pomelo, cuando prueba que te prueba (porque es complicado encontrarle el punto justo para que no amargue) me di cuenta de que cada vez se parecía más a una mermelada de pomelo y que era lo suficientemente buena como para no compartir protagonismo con ninguna otra receta. Y así nació esta propuesta para el reto de enero.

Me dije que igual que hay mermelada de naranja amarga podía haber mermelada de pomelo, que no tengo ni idea de si se puede encontrar en tiendas, pero yo me quedo con la casera, que además ha surgido fruto de la casualidad.


Y se puede usar en recetas dulces, sobre todo como cobertura o relleno de postres muy dulces, porque ayuda a equilibrar el sabor (por ejemplo como relleno en una tarta de chocolate, para cubrir una tarta de queso) o como ingrediente de magdalenas, muffins o bizcochos y también lo podemos usar en recetas saladas, porque como acompañante del queso fresco está ¡de muerte! Y por supuesto untada en pan tostado está deliciosa (aunque os aconsejo poner poquita, para disfrutar de ella sin llegar a que nos amargue demasiado)

Tengo claro que esta mermelada te encanta o la odias, todo depende de que os gusten los sabores extremos o no, así como el contraste dulce-amargo o salado-amargo, pero si la curiosidad os está picando... ¡no dudéis en prepararla! Se tarda muy poco, hacen falta un puñado de ingredientes de andar por casa y nada mejor que opinar por nosotros mismos ¿verdad?
Con las cantidades que os doy a mí me salió un bote de mermelada. Como mi intención era hacer una salsa en lugar de mermelada no había pesado la fruta, y las cantidades no son pesadas, pero no tendréis problema en seguir la receta y prepararla.

Ingredientes:

* 2 pomelos grandes
* 3 cucharadas soperas de miel
* 4 cucharadas soperas de azúcar moreno
* 2 cucharadas soperas de azúcar blanco
* 1/4 cucharadita de canela
* 1 cucharadita de azúcar de vainilla

Elaboración:

1. Pelamos los pomelos, procurando que no queden restos de la piel blanca porque hará que amargue mucho, y los troceamos.

2. Los ponemos en un cazo a macerar junto con la miel y el azúcar moreno durante quince minutos más o menos.

3. Pasado el tiempo añadimos el azúcar de vainilla y la canela y ponemos a calentar a fuego medio, removiendo de vez en cuando.

4. Cuando empiece a hervir podemos bajar un poquito el fuego y removeremos con más frecuencia para evitar que se pegue. En este punto probaremos e iremos añadiendo el azúcar blanco según veamos que necesita para equilibrar un poquito el amargor. Yo aconsejo añadir poco a poco y continuar probando para darle el punto adecuado.

5. Retiraremos del fuego cuando empiece a esperar y entonces podemos pasar la batidora si no queremos encontrar ningún grumo o dejar tal cual.

6. Una vez templada ponemos en un bote de cristal o en un bol con tapadera y cuando esté fría la guardamos en el frigorífico, donde nos aguantará varias semanas.

Si hacéis más cantidad debéis conservarla en botes de cristal y hacerles el vacío al baño maría o poniendo la mermelada caliente en los botes, tapando bien y dando la vuelta al bote para que apoye sobre la tapadera hasta que se enfríe la mermelada.


Creo que la receta es bien sencilla y espero no tener tantas dudas para el próximo mes. Como siempre os animo a participar y a que no os perdáis las recetas que han hecho mis compañeras de reto

Reto Color y Sabor de Temporada 

Manos a la masa y ¡bon appètit! 

lunes, 19 de enero de 2015

Pastel de zanahoria y piña

Este pastel es muy especial, porque es el que he elegido para celebrar mi cumpleños.

¿Y cuando es mi cumpleaños? ¡Hoy! Si, si.... ¡Cuca está de cumpleaños! Y da igual que sea lunes, que haga frío y que esté hasta arriba de trabajo, estoy de buen humor porque hoy es mi gran día.

Es el primer cumpleaños que comparto con vosotros y estoy encantada de invitaros a un trozo de este delicioso pastel. No se me ha olvidado mi promesa de no venir con grandes tentaciones o en todo caso traer tentaciones compatibles con esos buenos propósitos de año nuevo y esta tarta es un buen ejemplo de ello.
Igual más de uno piensa que un pastel de zanahoria es una pobre elección para celebrar un cumpleaños pero en primer lugar a mí me encanta la tarta de zanahoria (y con piña está para morir) y en segundo lugar, y aunque sea una gran incongruencia teniendo un blog de repostería, soy una obsesa de la dieta sana, del running y de controlar las calorías que ingiero y nada mejor para ello que preparar en casa los caprichos reposteros que me permito, porque así sé qué hay en cada una de las delicias que os traigo a mi cocina.
Además, un sólo bocado de este pastel ¡y me entenderéis! ¡El paraíso existe y se alcanza con un puñado de zanahorias! y con un poquito de chocolate que he puesto para adornar ¡es que no podía faltar siendo mi cumpleaños!
Hace unos días repasaba las recetas que he compartido con vosotros y viéndolas nadie podría decir que soy una enamorada del chocolate. A mí misma me cuesta entender cómo siendo una apasionada del cacao (si, aún desayuno leche con cacao por la mañana porque soy incapaz a renunciar a él) no hay más recetas con chocolate en mi blog, aunque estoy muy orgullosa de que haya tantas con fruta y verdura ¡que no se diga que los postres no pueden ser sanos!

Así que todos los que paséis por aquí coged un trozo de pastel y compartid este día conmigo porque no hay mejor regalo que vuestra presencia en esta cocina con cada receta que publico. Y si a alguien le pica mucho, mucho, mucho la curiosidad y a pesar de que una dama nunca revela su edad (¿o era que a una mujer nunca se le pregunta su edad?) yo no tengo problema alguno en confesar que hoy cumplo 33 años ¡porque hace dos meses me echaron 23!
Y no sé qué le pasa al mundo que cuando tenía 17 o 18 años no tenía problema en entrar en discotecas o pubs para mayores de 21 y todo el mundo decía que aparentaba más años de los que tenía porque era muy madura, y ahora que paso de la treintena (aunque a mí me gusta decir que tengo treinta años desde hace tres ji ji ji) me dicen que aparento tener muchos menos años... ¿Habré hecho un pacto para ser eternamente joven sin enterarme? ¿soy uno de esos misteriosos casos que cuantos más años cumple mejor está?... Sea como sea, la edad es lo de menos, lo que de verdad importa es cómo nos sentimos y que estemos bien con nosotros mismos ¿no creéis?

Y después de echarme unas cuantas flores yo misma me pongo con la receta, que es por lo que estamos hoy aquí ¿verdad?

Ingredientes:

Para el bizcocho

* 200 gramos de azúcar moreno
* 140 ml de aceite de girasol
* 1 huevo
* 350 gramos de zanahoria picada
* 290 gramos de piña en su jugo troceada y escurrida
* 290 gramos de harina para repostería
* Una cucharadita de levadura química
* Una cucharadita de bicarbonato sódico
* Una cucharadita de canela
* Una cucharadita de pasta o esencia de vainilla
* Una pizca de sal

Para el frosting

* 200 gramos de queso de untar tipo philadelphia
* 85 gramos de azúcar glas
* Unas gotitas de esencia de limón (al gusto)

Para decorar:

* Escamas de chocolate

Elaboración:

1. Batimos bien el azúcar con el aceite.

2.  En un bol aparte batimos con el tenedor el huevo con la vainilla y lo añadimos poco a poco a la mezcla anterior, batiendo bien hasta que esté uniforme.

3. Añadimos la zanahoria y la piña y mezclamos.

4. En otro bol ponemos la harina, el bicarbonato, la levadura, la canela y la sal y tamizamos sobre la mezcla anterior incorporando con movimientos envolventes hasta obtener una masa homogénea.

5. Untamos un molde desmoldable con mantequilla, le ponemos un papel de hornear en la base y vertemos nuestra masa.

6. Horneamos a 180ºC unos 50 minutos o hasta que al pincharlo con un palito salga limpio

7. Dejamos templar, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

8. Para preparar el frosting ponemos en un bol todos los ingredientes (el queso a temperatura ambiente para que sea más fácil) y mezclamos con ayuda de una espátula.

9. Cuando el pastel esté completamente frío cubrimos con el frosting y decoramos con las escamas de chocolate. Guardamos en el frigorífico hasta el momento de servir.


A mí me gusta en los pasteles de zanahoria cubrir sólo la superficie y dejar los lados a la vista, porque suelen ser tan bonitos que merece la pena dejarlo con un aspecto más rústico. También podéis cortarlo y rellenarlo con la misma crema que usamos para cubrirlo, aunque habría que incrementar las cantidades ¡A vuestra elección!


De lo que estoy segura es de os va a gustar, porque es una tarta jugosísima y que estaréis encantados de repetir porque sólo con un trozo no va a ser suficiente.


Manos a la masa y ¡bon appétit!

miércoles, 14 de enero de 2015

Crema pastelera

Volvemos poco a poco a la normalidad después de las fiestas navideñas. Aunque sólo han pasado unos pocos días parece que ya están muy lejanas y que ahora nos toca seguir rascándonos el bolsillo en las rebajas (¡imposible resistirse a muchas de las gangas que encontramos!) y continuar con nuestros propósitos de año nuevo.

¿Cómo va esa dieta? ¿vamos perdiendo los kilos que la navidad nos dejó de propina? Yo no puedo quejarme, me he portado bien y con un mínimo esfuerzo vuelvo a estar como antes, aunque he de confesar que no siempre es sencillo vivir contando calorías, aunque es mucho mejor que tener que plantarte y ponerte a hacer una dieta seria, pero cada uno tenemos nuestro método.

Siguiendo con mi promesa de principios de mes vuelvo a traer una receta light. Bueno, no es light, pero por sí sola, no tiene peligro. Es la receta de la crema pastelera. No, es más que eso, es mi receta de la crema pastelera ¡infalible!

Y os aseguro que es infalible de verdad. La habré preparado cientos de veces y ni usa sola vez ha salido mal y eso que más de una vez he leído por blogs y foros que la crema no les ha cuajado, que les ha salido con grumos... ¡pues con esta receta se acabaron esos problemas! ¡Palabra de Cuca!

Con cuatro ingredientes y con poco más de cuatro pasos básicos que tenéis que seguir al pie de la letra tendréis la mejor crema pastelera del mundo y sin miedo a que no salga bien.

¿Os animáis?

Ingredientes:

* Medio litro de leche. Yo siempre la hago con semidesnatada que es la que tenemos en casa y sale perfectamente
* 125 gramos de azúcar blanca
* 4 yemas de huevo
* 40 gramos de fécula de maiz (lo que todos conocemos por Maizena)
* Una vaina de vainilla. Si no tenéis vaina la podéis sustituir por una cucharada de extracto de vainilla.


Elaboración:

1. En una cacerola ponemos la leche y la vaina de vainilla abierta a lo largo a calentar hasta llevar a ebullición. Si no tenéis vaina ponéis la leche a calentar sola.

2. En un bol mezclamos  las yemas, el azúcar y la fécula de maiz con la ayuda de las varillas manuales.

3. Cuando la leche comience a hervir retiramos del fuego y quitamos la vaina de vainilla. Si no tenemos vaina de vainilla y vamos a utilizar extracto este es el momento de añadirlo y removemos bien con las varillas.

4. Comenzamos a agregar a la leche caliente la mezcla de huevos, azúcar y maizena, muy poco a poco y sin dejar de mover la leche con las varillas para evitar que se cuajen las yemas y se formen grumos.

5. Cuando acabemos de incorporar la mezcla a la leche volvemos a poner al fuego. Si seguís el paso anterior no tendréis ningún grumo, pero si hubiera, debéis deshacer los grumos antes de ponerla de nuevo al fuego.

6. Removemos continuamente con unas varillas manuales para evitar que la crema se pegue hasta que espese, lo que no tarda más de cinco minutos ¡palabra!

7. Cuando espese retiramos del fuego y tapamos con un papel film para dejarla templar. Es imprescindible que el film toque toda la superficie de la crema para que no se forme telilla. Os prometo que aunque toque la superficie del cazo o cacerola que hayáis usado no se derrite y que cuando lo retiréis saldrá limpio ¡sin un sólo resto de crema!

Una vez templada ya tenéis una deliciosa crema ideal para rellenar tartas, hojaldres, roscones de reyes... ¡son miles las posibilidades de esta maravilla!

Es una receta básica que merece un hueco en vuestros recetarios. Nunca os va a decepcionar y con ella el éxito está asegurado.

Perdonad si no visito con mucha frecuencia vuestras cocinas, pero el mes de enero es brutal para mí porque ando de trabajo hasta arriba y los plazos de hacienda no entienden para nada de mis inquietudes reposteras. Os agradezco que sigáis pasando por aquí y en nada me tendréis como siempre por vuestros blogs

Manos a la masa y ¡bon appètit!

sábado, 10 de enero de 2015

Riwwelkuchen (pastel de manzana alemán)

¡Llega de nuevo el día 10 y con él llegamos a nuestro destino respostero en Europa! Esta vez viajamos a ¡Alemania! Confesaré que le tenía muchas ganas a este país porque desde hace bastante tiempo había en mi lista de recetas pendientes un pastel alemán de manzana con streusel con una pinta increíble y por una u otra cosa nunca le llegaba el momento.

Además, desde hace varios meses le debía a mi marido una tarta de manzana, que es su gran debilidad, así que era el momento perfecto.


Por curiosidad me puse a investigar un poco la repostería típica alemana y he aprendido que a riwwelkuchen también se le llama streuselkuchen, rivelkuhen y dinne kuchen pero no he sido capaz de encontrar dónde está la diferencia entre las recetas para que un mismo postre tenga diversos nombres porque las recetas son entre sí muy parecidas.

Lo que me ha quedado claro es que lo llame como lo llame ¡es una auténtica maravilla! Es una de las mejores tartas de manzana que he probado nunca, y el streusel le da un toque delicioso ¡no dudéis que lo volveré a utilizar en otras recetas! 


 El riwwelkuchen se toma templado, con el streusel crujiente (al día siguiente se ha reblandecido un poquito con la humedad de las manzanas en el bizcocho, pero aún así sigue siendo delicioso) y generalmente se acompaña de una bola de helado de vainilla. 

En resumen: manzanas, canela, azúcar moreno... ¿sois capaces de resistir la tentación? Imposible decir que no a esta tarta, aún estando en plena dieta post navideña que se corresponde al propósito número uno para este nuevo año.


La prueba de que está deliciosa es que en casa duró menos de veinticuatro horas ¡y sólo somos dos! ¡y yo soy una adicta a contar calorías y a llevar una dieta sana que incluye algún capricho dulce al día! 

Creo que sobran las palabras, las fotos de esta delicia hablan por sí solas ¿verdad?


Ingredientes

Para la masa del pastel:

* 175 gramos de harina para repostería
* 175 gramos de azúcar
* 175 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
* 3 huevos
* 5 gramos de levadura química
* La ralladura de un limón
* 4 manzanas
* 2 cucharadas soperas de leche

Para el streusel:

* 115 gramos de harina para repostería
* 40 gramos de azúcar blanca
* 45 gramos de azúcar moreno
* 85 gramos de mantequilla
* 2 cucharaditas de canela en polvo

Elaboración

1. Empezamos preparando el streusel y para ello mezclamos en un bol la harina, el azúcar, la canela y la mantequilla cortada en trozos y amasamos a mano hasta que tenga una textura de arena mojada. Lo hacemos una bola y lo envolvemos en papel film. Si lo preparáis con varias horas de antelación lo dejáis en el frigorífico, si no, lo mejor es meterlo en el congelador para que luego se pueda rallar bien.

2. Pasamos a la masa del pastel. En un bol mezclamos la mantequilla, a temperatura ambiente y el azúcar hasta tener una mezcla esponjosa y blanquecina.

3. Añadimos la ralladura de limón y los huevos, previamente batidos, de uno en uno y no añadimos el siguiente hasta que el anterior no está plenamente integrado con nuestra mezcla.

4. Tamizamos la harina y la levadura sobre nuestra mezcla y la incorporamos con una espátula o con las varillas manuales.

5. Cuanto la mezcla sea homogénea añadimos las dos cucharadas de leche y volvemos a mezclar para integrar bien.

6. Pelamos y cortamos las manzanas en láminas. 

7. Untamos bien un molde desmoldable con mantequilla y vertemos la mitad de la masa.

8. A continuación disponemos por encima la mitad de las láminas de manzana.

9. Vertemos el resto de la masa y cubrimos de nuevo con el resto de la manzana.

10. Sacamos nuestra masa de streusel del frigorífico o del congelador y con la ayuda de un rallador la rallamos hasta cubrir por completo la superficie de manzana. Si estuviese muy blanda y no rallase bien podéis desmenuzarla a pellizcos y repartirla por la superficie.

11. Metemos al horno, precalentado a 180º C y horneamos durante 45 minutos o hasta que al pincharlo con un palito de madera salga limpio. Si veis que el streusel se empieza a dorar demasiado podéis taparlo con papel albal para que no se queme.

12. Dejáis templar, desmoldáis y servís templado, acompañado o no por helado de vainilla, pero os aseguro que aunque sea invierno y no os apetezca tomar helado es toda una delicia tomarlo así ¡y sólo también.


Sé que prometí no traer grandes tentaciones para no interferir en la dieta post navideña, pero pensad que esta tarta tiene manzana, y la manzana es fruta, y si es fruta ¡es sana! Y si no entra dentro de vuestra dieta, siempre podéis guardar la receta para dentro de unas semanas, cuando volváis a estar estupendos y listos para daros caprichos reposteros de nuevo.


Me despido hasta la semana que viene, estaré por aquí de nuevo con receta el miércoles ¡e intentaré que no sea una gran tentación! Mientras tanto podéis echar un vistazo a las recetas de mis compañeras de reto ¡que son una maravilla seguro! ¡Yo no me las pienso perder! Y voy preparando las maletas para nuestro próximo reto que tengo muchas ganas de traeros nuevas recetas maravillosas.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 8 de enero de 2015

Lemon curd

Los contenedores están abarrotados con metros y metros de papel de regalo desgarrado y arrugado y las cajas de juguetes se amontonan encima bien porque no caben o bien por la pereza que supone plegarlas para meterlas en el contenedor.

El frigorífico sólo alberga tuppers que contienen las sobras de cenas y comidas familiares y llevamos días sin cocinar más que para las reuniones navideñas.

Rondan algunos trozos de roscón por la cocina a la espera de algún osado que aún no esté saturado de dulces navideños o al paso del tiempo que lo vuelta duro y lo convierta en un arma arrojadiza que acaba en muchas casas sin pena en el cubo de la basura como punto final poco glamouroso a las navidades.

Los adornos siguen puestos, pero la pereza nos vence, e igual llega febrero y siguen ahí, impasibles al paso del tiempo, o amontonados en una caja (de los regalos de reyes) donde los pusimos apresuradamente el día seis con la firme promesa de que el fin de semana envalaremos y guardaremos hasta el año que viene.

La mayoría de los regalos están aún en las bolsas, con su ticket regalo a la espera de pasar horas de cola en las rebajas para devolverlos o cambiarlos porque un año más el nivel de aciertos ha sido bajo ¡si es que los reyes están cada vez más mayores!

¡Es la resaca de la navidad! Como cada año. Como siempre ha sido y siempre será.

Intentamos poner en práctica nuestros propósitos para este año que está recién estrenado ¡tan bonito como un cuaderno al que sólo hemos escrito una página! y que son muy originales: adelgazar, dejar de fumar, comer de manera sana, hacer deporte, quedar más a menudo con los amigos...

Por eso ahora nos estamos lamentando porque en veinte días hemos ingerido más calorías que en los dos meses anteriores y nos estamos poniendo muy complicado cumplir con los propósitos de dieta. Sin embargo es probable que aún tengamos fuerza de voluntad para empezar una dieta  o al menos no caer en tentaciones hipercalóricas para acallar nuestra maltrecha conciencia. Y por eso yo no quiero ser la culpable (al menos esta semana) de que nadie deje la dieta sin empezar, o se la salte a la primera de cambio, así que traigo la receta de la crema de limón por excelencia. ¡El lemond curd! Ya sé que muy light no es, pero sola, como la traigo hoy, no supone ningún peligro.


Vale, sí lo supone, pero nadie va a salir corriendo a preparar lemond curd para comérselo a cucharadas (eso sólo se hace con lo que sobra cuando preparas una receta ¿no? ¡aunque sobre mucho!)
Me dejo de divagaciones y paso a la receta. Supongo que todos conocéis el lemond curd. Esa crema de limón maravillosa que una vez pruebas (y no te acabas el bote a cucharadas por vergüenza) te gustaría ponerlo en todo lo que reposteas y no lo haces porque ves la cantidad de huevo y mantequilla que hay que usar.


Hay otras recetas más lights que las he visto últimamente en algunos blogs, pero esta sale tan bien, con tan buena textura y tan buen sabor que nunca pruebo otra por miedo a que no sea lo que yo espero, aunque prometo intentarlo alguna vez a ver si podemos restar algunas calorías a los postres que preparemos con ella. ¡Y la compartiré con vosotros!

Pero por el momento os dejo esta receta ¡que es mortal! Si la probáis seguro que me dáis la razón, y si por alguna casualidad de estas que tiene la vida la preparáis y resulta que vosotros tenéis otra mucho mejor ¡me la pasáis!
Ingredientes:

* 250 gramos de azúcar glass
* 175 gramos de zumo de limón (aproximadamente es el zumo de cinco limones de tamaño mediano)
* 120 gramos de mantequilla
* 4 huevos
* La ralladura de un limón

Elaboración:

1. En un bol ponemos todos los ingredientes.

2. Ponemos nuestro bol al baño maría (dentro de una cacerola con agua) y vamos batiendo con las varillas manuales hasta que la crema espese lo que serán unos 20 minutos aproximadamente.

3. Dejamos enfriar y ya podemos utilizar como relleno para otras recetas (tengo preparada alguna que os traeré pronto) o ponerlo en un par de botes y guardarlos en el frigorífico donde nos aguantará varias semanas en perfecto estado (aunque ya os digo yo que no va a durar tanto)



Alguna vez lo he hecho poniendo directamente los ingredientes en un cazo al fuego y también sale buenísimo, pero si podéis hacerlo al baño maría ¡mucho mejor! así os evitáis que se pegue la crema.

Como os dije es una receta tremendamente sencilla y que dará juego para más de una receta. Para mí es un básico de repostería y no podía ser que no la compartiera con vosotros.

Por cierto, el sábado día diez subiré receta ¡porque toca reto! Os lo cuento por si alguno os queréis pasar por aquí el fin de semana ¡que tengo la cocina abierta! Bueno, la verdad es que siempre está abierta a todo el que quiera venir y a la hora que pueda pasar.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 5 de enero de 2015

Roscón de Reyes

Me llena de orgullo y satisfacción... 

Un momento, que estamos en la víspera de reyes  pero esta frase es de otro día navideño. Bueno, era de otro día navideño, porque ya forma parte de nuestras navidades del pasado.

Lo que os quería decir es que estoy muy orgullosa de traeros hoy esta receta con la que pongo punto y final a la temporada navideña en el blog porque hace ya cuatro años que se me ocurrió la idea de preparar yo el roscón y desde entonces siempre me he quedado con las ganas ¡hasta este año! porque me dije que no podía tenerle miedo eternamente a las masas y que lo peor que podía pasar era que no saliese bien y que siempre podíamos ir a comprar uno de última hora (que tanto en obradores como en supermercados siempre sobran) para no quedarnos sin roscón.

La receta que os traigo es obra del gran maestro de las masas Ibán Yarza y la "culpable" de que esta receta cayera en mis manos hace sólo unos días (porque yo tenía preparada otra receta para hacer mi primer roscón) es mi amiga Manoli de Los postres de Manoli, que es mi reina de las masas particular (si echáis un vistazo a su blog entenderéis por qué) y que cuando hace unas noches le contaba que iba a preparar roscón pero me daba miedo me dijo que esta receta salía siempre bien y me la pasó.
¡Y vaya si sale bien! Si a una novata de las masas como yo le ha salido un roscón aceptable ¡a cualquiera con cierta experiencia le sale un roscón de auténtico lujo! ¡Esta receta es digna de ser compartida con todo el mundo y de guardarla en ese apartado privilegiado de recetas infalibles!
Y aunque lo habréis leído mil veces en mi blog y en mil blogs más os aseguro que un roscón hecho en casa ¡no tiene nada que ver con los roscones que compramos! Yo no sé si me sabe mejor por la satisfacción de haberlo hecho yo, o porque pongo los ingredientes que me gustan o porque no está preparada la masa desde agosto y congelada o conservada en cámaras, pero os puedo asegurar que en casa no va a entrar nunca más un roscón comprado mientras pueda hacerlo yo.

Por eso si sois como yo y aún no os habéis decidido a poneros manos a la masa con el roscón por miedo os invito a que os quitéis el miedo, os pongáis el delantal y metáis las manos en harina ¡no os vais a arrepentir! Seguid bien los pasos que os cuento a continuación ¡y veréis con qué roscón de reyes desayunáis o merendáis mañana!

Ingredientes:

- Para el prefermento

* 90 gramos de harina de fuerza
* 50 ml de leche
* 2 gramos de levadura seca de panadería

- Para la masa

* 120 ml de leche
* La monda de una naranja
* Una rama de canela
* Agua de azahar (unas dos cucharadas)
* Ron (de dos a tres cucharadas)
* 340 gramos de harina de fuerza
* 70 gramos de azúcar
* 5 gramos de levadura seca de panadería
* La ralladura de un limón
* 2 huevos y uno más para pintar el roscón
* 60 gramos de mantequilla 
* El prefermento

 Elaboración:

1. Empezamos preparando el prefermento. Para ello colocamos la harina, la leche y la levadura en un bol, mezclamos bien y amasamos hasta obtener una bola manejable (es muy rápido de preparar, apenas un par de minutos). La dejamos reposar en el bol tapada con papel film durante tres horas o bien en el frigorífico durante toda la noche. Yo opté por prepararla la noche previa.

2. Cuando el prefermento lo tenemos listo es el momento de empezar con la masa. Para ello ponemos al fuego la leche con la monda de la naranja y la rama de canela e infusionamos (dejamos hervir, por si alguien no lo entiende) durante diez minutos.

3. Pasado el tiempo retiramos del fuego y quitamos la monda de la naranja y la rama de canela y añadimos el agua de azahar y el ron hasta volver a completar los 120 ml porque parte del líquido se pierde mientras infusionamos. Mezclamos bien y dejamos templar.

4. En un bol ponemos la harina, el azúcar, la levadura, la ralladura de limón y el prefermento hecho trozos y mezclamos.

5. Añadimos los huevos y la mitad de la leche (no hace falta medirla, bastará con que lo hagáis a ojo) y empezamos a amasar. Si a nuestra masa le faltan líquidos (se queda arenosa y hay parte que no se incorpora con el resto de la masa) iremos incorporando más leche poco a poco. Yo utilicé tres cuartas partes de la leche o quizá un poco más porque me quedó el equilavente a dos cucharadas.

6. Por último incorporamos poco a poco la mantequilla y seguimos amasando. Debe estar a temperatura ambiente, pero si hace mucho frío (como ha sido mi caso) y la mantequilla está muy dura la podéis meter unos segundos en el microondas sólo para que se ponga blandita sin llegar a hacerse líquida.

7. Al principio la masa es bastante pegajosa, pero a medida que la vayamos trabajando se volverá uniforme, manejable sin pegarse a las manos y elástica. Yo al final me ayudé de la amasadora, pero no necesitó ya más de un par de minutos para dejar la masa perfecta.

8. Ponemos un par de gotas de aceite de oliva en el fondo de un bol y con ellas untamos ligeramente el bol. Hacemos una bola con nuestra masa, la ponemos en el bol, la tapamos con film transparente y esperamos pacientemente a que leve y duplique su tamaño. El truco está en poner la masa en un sitio cálido y alejada de corrientes de aire ¡no hay más! Como donde yo vivo llevamos unos días con varios grados bajo cero le llevó casi seis horas, pero lo normal es que si dais con un buen sitio desde el principio tarde de una a dos horas.

9. Una vez levada la masa, sacamos del bol, desgasificamos (basta con apretar levemente la masa levada con el puño), volvemos a amasar y damos forma de bola a la masa.

10. Ahora sólo queda darle forma de roscón. Para ello metemos los dedos en el centro de la bola de masa y vamos abriendo poco a poco con cuidado y paciencia. Si queremos darle forma ovalada o alargarlo un poquito necesitamos que el agujero del centro nos permita meter la mano y vamos levantando la masa un poco de la mesa de trabajo y dejamos que la gravedad "tire" de él. 

11. Si lo ovaláis bien no se corre el riesgo de que al levar y hornearse se cierre el agujero del roscón, pero si sólo abrimos un agujero en el centro sí, así que untáis levemente con aceite de oliva un aro de emplatar y lo colocáis en el centro del agujero que hemos abierto. Si no tenéis aro de emplatar en casa podéis usar, como yo hice, una flanera metálica de las grandes, o cualquier otra cosa.

12. Pintamos la superficie de nuestro roscón con huevo (yo no lo hice porque este paso no lo leí y me dí cuenta después), tapamos con un paño limpio y volvemos a dejar levar hasta que vuelva a doblar la masa su volumen. Como antes tenemos que buscar un lugar muy cálido de casa. El mío tardó unas dos horas, quizá un poquito más.

13. Una vez levado podemos decorar la superficie del roscón con lo que más nos guste. No os he puesto nada en ingredientes porque esto va a gusto de cada casa. Lo tradicional es almendra laminada o en crocanti, guindas, fruta escarchada, azúcar volado... pero como es vuestro roscón lo podéis hacer a vuestro gusto.

13. Precalentamos el horno a 180º C y horneamos nuestro roscón durante 20 minutos.

14. Dejamos enfriar sobre una rejilla y bien podemos abrirlo por la mitad y rellenarlo con lo que más nos guste o dejarlo tal cual y disfrutar de él sin relleno ¡eso según vuestra preferencia! Yo lo he rellenado de crema pastelera, que es nuestro relleno favorito, y he espolvoreado un poco de azúcar glas. ¡Y no olvidéis poner dentro las sorpresas! El rey, el haba...¡y lo que se os ocurra!

Como veis es fácil prepararlo, la mayor complicación es esperar a que leve, lo que puede hacer que estéis todo el día pendientes del bendito roscón como me pasó a mí, aunque merece la pena la espera por la satisfacción de poder desayunar mañana con nuestro propio roscón.

Además estoy segura de que si le dejáis un trocito a los reyes ¡os dejarán el doble de regalos! (u os dejarán sin roscón ja ja ja).
Disfrutad mucho de hoy, de la cabalgata y de la ilusión de estas horas, que yo las vivo con la misma magia que hace ya unos cuantos años, y aunque no tengo niños a los que llevar siempre me acerco a ver las carrozas de los reyes y a dejarme envolver por la ilusión  y la alegría de los más pequeños. 

 Manos a la masa y ¡bon appètit!