miércoles, 26 de noviembre de 2014

Pumpkin pie. Descubriendo el pastel de calabaza americano.

Lo confieso. Me encantan las americanadas. Llevo prácticamente toda la vida viendo The Simpsons a la hora de comer (y desde hace unos años casi que también a la hora de cenar) así como tropecientas mil series y películas americanas ¿cómo no voy a sentirme tentada por muchas de las cosas que veo en ellas? 

¿Habrá alguien que no se haya preguntado en la vida a qué sabía el pastel de cerezas que veíamos robar al Oso Yogui? ¿que no haya sentido la tentación de robar una tarta de manzana con su enrejado que se está enfriando sobre el alféizar de la casa de la vecina (la tentación es grande aunque las ocasiones pocas porque yo nunca me he encontrado con ninguna tarta en ninguna ventana)? ¿que no haya pedido un banana split cuando lo ha visto en la carta de una cafetería o restaurante? ¿que no haya querido un trozo de tarta de calabaza aunque en su vida diaria mantenga una distancia prudencial con frutas y verduras?

Yo digo sí a todo y a muchas cosas más de las que no voy a hablar primero para que no nos entren más antojos y segundo para que no vayáis a coger todos la maleta para iros a USA y dejarme sola en la cocina. 

¡¿Con quién comparto yo entonces mi pumpkin pie?! 

Porque no sé vosotros, pero a mí siempre me ha llamado poderosamente la atención el pastel de calabaza que toman de postre el Día de Acción de Gracias (para el que no lo sepa le cuento que se celebra el último jueves del mes de noviembre, vamos mañana, así que aún os da tiempo a preparar esta receta y "americanizaros" más) ya que en cualquier serie o película podían haberse dado un atracón digno de un banquete romano (pero sin las plumas ni los vómitos inducidos para seguir comiendo, que ya sabemos que el americano medio es de buen comer y tiene más saque que un romano de la época) pero todo el mundo dejaba un hueco para dar buena cuenta de esta tarta.

Y como por el momento sigue pendiente mi viaje a Estados Unidos (lo que igual es una bendición, porque como me dedique a comer todo lo que tengo en mi lista de cosas pendientes de probar fácilmente vuelvo con cinco kilos de más, y no precisamente en la maleta) pues hago que Estados Unidos venga a mi cocina. Y mirad que esto suena mucho más complicado...

Para mí ha merecido muchísimo la pena preparar esta tarta. Ha quedado menos naranja que las que he visto por internet y en televisión porque la calabaza que yo tenía era de un naranja pálido y no las de color naranja intenso que vemos que usan en América para las decoraciones de Halloween.

¿A qué sabe un trozo de pumpkin pie? Mi hermano os diría que a calabaza. ¡Qué original! Pero para mí la calabaza no tiene un sabor demasiado pronunciado, así que mi respuesta es que sabe a especias, sobre todo a canela. Reconozco que tiene un sabor peculiar coronado por la canela que para mí la hacen muy especial.


El relleno se queda bastante cremoso y es un gustazo comerse un trozo de esta tarta. Al principio la probé sola para saborearla en estado puro, pero luego ha caído un trozo con helado de caramelo ¡y estaba de muerte! Vamos, que esta tarta está rica la toméis como la toméis ¿No os animáis a prepararla en casa sólo por la mera curiosidad de descubrir a qué sabe? Os aseguro que es facilísima.


Ingredientes:

*  Una lámina de masa quebrada
* 600 gramos de puré de calabaza
* 400 ml de nata para montar
* 120 gramos de azúcar moreno 
* 95 gramos  de azúcar blanco
* Dos pellizcos de sal
* 3 huevos
* 2 cucharaditas de canela molida
* 1 cucharadita de jengibre molido
* Un cuarto de cucharadita de nuez moscada molida
* Un clavo molido
*  Las semillas de una vaina de cardomomo molidas


Elaboración:

1. Empezamos por el puré de calabaza. Abrimos la calabaza por la mitad, le sacamos las semillas, cubrimos la bandeja del horno con papel de aluminio, colocamos las mitades de calabaza con la zona del corte sobre el papel y horneamos a 180 º C hasta que al pinchar la cáscara con un cuchillo este la atraviese con facilidad. 

El tiempo depende de lo grande y lo gruesa que sea nuestra calabaza, pero oscilará entre media hora y una hora.

2. Sacamos la calabaza, la dejamos enfriar y le quitamos la piel. Podemos aplastar la calabaza asada con un tenedor o pasarla por la batidora para obtener el puré. Yo utilicé el tenedor porque estaba muy blandita.

Por supuesto el puré podemos tenerlo listo con anterioridad con lo que tardaremos mucho menos en preparar la tarta. La receta la encontraréis aquí.

3. En un bol grande batimos con un tenedor los huevos con el azúcar.

4. A continuación añadimos la nata, el puré de calabaza, las especias, los dos tipos de azúcar y la sal y mezclamos hasta que esté todo bien integrado. Os adelanto que será una masa líquida.

5. Untamos con mantequilla el molde que vayamos a utilizar, ponemos la masa quebrada y vertemos nuestra mezcla sobre la masa.

6. Metemos en el horno precalentado a 220º C durante 15 minutos y pasado este tiempo bajamos la temperatura a 175º C y horneamos durante 40-50 minutos o hasta que al pinchar con un palillo en el centro del pastel este salga limpio.
7. Dejamos enfriar ¡y ya sólo queda disfrutar de este delicioso pumpkin pie! Se puede servir sólo o acompañado de nata montada o helado. Aunque yo personalmente la prefiero sola.


Sólo una cosita más. La mezcla, durante el horneado, mengua un poquito. En mi caso estaba justo hasta el filo del molde y encogió bastante al cuajar. Lo digo para que no os preocupéis y dejéis un poquito vacio, porque crecer, no crece. Hecha esta última aclaración sólo queda decir...

Manos a la masa y ¡bon appètit!

sábado, 22 de noviembre de 2014

Hojaldres con crema de caqui

Cuando el mes pasado publicó Pilar la fruta para el Reto color y sabor de temporada del mes de noviembre ¡casi me echo las manos a la cabeza! La fruta elegida era el caqui, kaki o persimón ¡olé morena!

Os aseguro que para mí ha sido todo un reto esta vez primero porque no es una fruta que coma (y no es porque su sabor me desagrade, es que no me gusta la textura y prefiero tomar otras frutas, aunque los persimón le chiflan a mi marido por lo que pensé trabajar con ellos porque estaba segura que saliera lo que saliera él se lo iba a comer encantado) y segundo porque al igual que ocurre con otras frutas no son muy populares en repostería.

Eché un vistazo por internet y como yo esperaba había pocas recetas y ninguna acababa de gustarme para el reto. A base de darle vueltas pensé en hacer una tarta de queso con caqui (¿habéis oído el refrán "la cabra tira al monte"? pues yo tiro a las tartas de queso ¡qué debilidad!) pero la voz de la conciencia se impuso y dijo que ya estaba bien de tartas de queso para este reto ¡que una tregua siempre viene bien! 

Seguía sin receta y un día se me antojaron hojaldres y mientras pensaba si rellenarlos de lemon curd o crema pastelera de la de toda la vida se me ocurrió preparar una crema con caquis. Así que cogiendo ideas de una receta y otra la preparé ¡y ha sido todo un éxito! Caliente no es nada el otro mundo, pero pasadas unas horas, cuando ha reposado en el frigorífico ¡está espectacular! O al menos a nosotros nos ha gustado mucho porque el sabor es bastante interesante, con un toque cítrico muy peculiar y difícil de identificar de qué fruta proviene.


Os animo a que la preparéis, al menos una vez en la vida, y juzguéis por vosotros mismos. Porque la crema de limón y de naranja son muy populares, pero no se nos ocurre prepararla con otras frutas con las que también podemos triunfar. ¡Y hay que innovar! y si fracasamos, al menos lo hemos intentado.


Sin enrollarme más me pongo con la receta, que ciencia tiene poca.

Ingredientes:

* Una lámina de hojaldre
* 250 gramos de azúcar
* 120 gramos de mantequilla
* Unos 200 gramos de pulpa de caqui (dos caquis de tamano mediano) 
* 3 huevos
* Una cucharada de maizena
* Azúcar glas para espolvorear

Elaboración:

1. Cortamos la lámina de hojaldre en cuadrados o rectángulos a nuestro gusto.

2. Los disponemos sobre un papel de hornear en la bandeja del horno

3. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos hasta que el hojaldre suba y esté doradito por arriba.

4. Mantenemos en el horno durante unos minutos, hasta que estén templados y cuando estén fríos los cortamos por el centro. Si alguno ha subido de manera irregular (más por un lado que por otro) aprovechamos para cortar las capas internas que sean necesarias para dejar más o menos nivelado.

5. Con ayuda de una cucharilla sacamos la pulpa de los caquis y la ponemos en un bol con cuidado de que no caiga ningún trozo de piel. El peso es aproximado, no pasa nada si hay un poquito más del peso que os indico o un poco menos.

6. En un cazo ponemos la mantequilla, el azúcar, los huevos y la pulpa del caqui a fuego bajo (en mi placa de inducción que va del 1 al 9 utilicé el 5) y removemos continuamente con las varillas hasta que espese y adquiera la consistencia de una crema.

7. Cuando adquiera cuerpo le ponemos la cucharada de maizena para que sea una crema un poquito más espesa y podamos usarla en el hojaldre sin que se desparrame y removemos bien hasta que se disuelva y no queden grumos.

8. Retiramos del fuego y dejamos templar. Si nos hubiera quedado un poco de piel con la pulpa, cuando la crema se empiece a calentar flotará en la superficie y podremos retirarla con una cucharilla.

9. Cuando la crema esté templada ponemos un par de cucharadas en la mitad inferior de nuestros cuadrados de hojaldre, tapamos con la mitad superior y por último espolvoreamos los hojaldres con azúcar glas.

Para nuestro gusto los hojaldres están mejor de un día para otro, cuando las capas de hojaldre están humedecidas y blanditas por la crema, que nos gusta más que el hojaldre demasiado crujiente y que se desmiga a cada bocado, pero eso son preferencias personales.


Si quedan podéis conservarlos en un tupper o una latita durante unos días en el frigorífico.

Si os sobra crema (dependerá de lo grande que sea vuestra lámina de hojaldre o de la cantidad de hojaldres que queráis preparar) la podéis guardar en un bote, siempre en el frigorífico y utilizar en otra receta. Yo la aproveché horneando una lámina de masa con levadura que había comprado en el súper y que tenía muchas ganas de probar y convertí en brazo de gitano con esta deliciosa crema como relleno. Aunque confesaré que la masa no me convenció mucho y es posible que no repita.

No os perdáis las recetas que han hecho el resto de compañeros para este reto ¡yo estoy deseando verlas! Y como siempre os animo a que participéis el próximo mes ¡es interesantísimo trabajar con frutas y/o verduras! sobre todo si no forman parte de nuestra dieta diaria o no son frecuentes de utilizar en repostería. A ver con qué nos sorprende Pilar para diciembre.

Reto Color y Sabor de Temporada 

Como he publicado en sábado (hasta ahora nunca había subido una receta en fin de semana) la semana próxima no habrá receta hasta el miércoles ¡nos vemos entonces! (A esto se le llama adelantar pero bien la receta del lunes) Disfrutad del fin de semana.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 20 de noviembre de 2014

Cheesecake de calabaza

¿A quién de nosotros no le han contado algún cuento de princesas? Sus protagonistas son clásicos de nuestra niñez, tanto en libros, como en películas (que muchos tenemos seguro aún en video VHS) ¿Cómo olvidar a Blancanieves, la Bella Durmiente, Cenicienta...?

Bien. De esta última os quería yo hablar. Porque si la historia de Cenicienta se escribiera hoy en día, el cuento sería bien distinto.  Lo de convertir una calabaza en una carroza para una futura princesa está pasado de moda. Ahora lo más chic es convertir una calabaza en un rico postre, que las princesas ya buscamos solas a nuestros príncipes aunque por el camino nos hinchemos de besar sapos o decidamos cambiar el final y nos quedemos con el lobo feroz. ¡Que seguir siempre la norma es tela de aburrido!

Y la razón me la da internet y vuestras cocinas, que hace unas semanas los blogs se llenaron con tartas de queso y calabaza ¡y no con calabazas convertidas en carrozas! ¿Veis por lo que no he podido resistir la tentación de preparar yo mi propia versión de este postre?


Porque yo me dejo conquistar y no me resisto a una tarta de queso, así que como tenía un bol de queso fresco batido y varias bolsitas congeladas con puré de calabaza esperando ser convertidas en algo mágico me puse manos a la masa y creé mi propia tarta con lo que tenía en casa. ¡Que hay que aprovechar los productos de la temporada otoñal e inundar la casa con sus aromas! Que las calabazas no son sólo para la última noche de octubre, que son una delicia que nos brindan estos meses y no debemos pasar de ellas.


¿Qué os digo de esta tarta? Es que a mí el primer bocado me dejó sin palabras ¡me EN-CAN-TÓ! La calabaza le da un toque tan suave y delicado a la cheesecake que parece que ha sido creada precisamente para este postre. Además le puse muy poca cantidad de especias para dar un toque sutil y no enmascarar el sabor de la tarta y casi no se notan.


Como pasa siempre, o al menos a mí me lo parece, la tarta está más buena cuanto más tiempo lleve preparada, aunque es complicado que en casa dure demasiado un postre así porque son mi debilidad aunque cada vez consigo alargar más el tiempo que está en la nevera. No os digo más, espero que lo que os he contado y las fotos os convenzan

¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

* Un paquete de galletas María
* 100 gramos de mantequilla o margarina
* 500 gramos de queso fresco batido
* 500 gramos de puré de calabaza (receta aquí)
* 5 huevos (pero tras hacerla estoy segura de que con cuatro es suficiente)
* 200 gramos de azúcar
* 2 cucharaditas de levadura química
* Una cucharada de maizena
* Un sobre de preparado para natillas
* Media cucharadita de canela
* Media cucharadita de nuez moscada
* Nueces para decorar

Elaboración:

1. Empezamos con la base picando las galletas hasta reducirlas a polvo (con ayuda de la picadora o aplastándolas con el rodillo de amasar dentro de una bolsa) y le añadimos la margarina derretida en el microondas. Mezclamos bien y ponemos en un molde desmoldable apretando y compactando bien y poniendo especial cuidado en los bordes para que quede bonita. Metemos en el frigorífico.

2. En un bol amplio ponemos el azúcar y los huevos y batimos hasta que la masa sea muy esponjosa.

3. Añadimos el queso fresco y seguimos batiendo.

4. Incorporamos la levadura química, el sobre de preparado para natillas, la canela, la nuez moscada y la maizena y batimos de nuevo a velocidad baja para que se integren bien

5. Por último incorporamos con cuidado el puré de calabaza y la masa se hará bastante líquida. Batimos hasta que sea una masa homogénea.

6. Vertemos nuestra masa en el molde que teníamos en el frigorífico y metemos al horno precalentado previamente a 175º C

7. Horneamos durante 50 minutos o hasta que la superficie de la tarta se vea cuajada. Dejamos reposar en el horno con la puerta cerrada durante diez o quince minutos y después abrimos la puerta del horno para que la tarta se temple. Así evitaremos que la superficie se agriete.

8. Cuando la tarta se enfríe pasamos al frigorífico.

9. Antes de servir decoramos la superficie con nueces que acompañan perfetamente esta tarta de queso.

Como veis es muy sencilla de preparar y se requieren pocos ingredientes ¡y os aseguro que es una receta que os sorprenderá y os hará triunfar con el postre!


¿Este corte no os anima a prepararla? ¡No lo dejéis para más tarde, que igual ya no quedan calabazas en el mercado y os arrepentís! (El flash le ha dado un color rarísimo, pero como se hace de noche tan pronto, no siempre me da tiempo a hacer las fotos con luz natural)


Sólo me queda desearos un feliz y dulce fin de semana y avisaros de que el sábado (sí, sí, el sábado, habéis leído perfectamente) publicaré también receta ¡porque toca reto!

Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 17 de noviembre de 2014

Turrolate de almendra

Es posible que muchos de vosotros al leer el título os hayáis quedado igual que estábais.

¿Turrolate? ¿Qué será eso?

Claro que los que conozcáis este dulce ya os estaréis frotando las manos pensando que tenéis delante la receta de tan codiciado manjar.

Bien, dejaré de hacerme la interesante y os contaré qué es esto que os traigo hoy y que hace las delicias de más de uno (os aseguro que mi marido ha jurado y perjurado, con la boca llena de turrolate, que ahora que sé prepararlo en casa nunca jamás me va a dejar escapar. ¡Qué exagerado es, si el turrolate también se puede comprar!)

El turrolate es un dulce típico de la subbética cordobesa, especialmente de los pueblos de Rute y Priego de Córdoba donde se inventó allá por el siglo XVII. Este dulce se ha regalado tradicionalmente a las mujeres tras los partos por su alto valor nutricional ya que se elabora a base de cacao, azúcar, canela y almendras o cacahuetes.

Se puede tomar sólo, pero las abuelas siempre nos lo daban para la merienda acompañado de un hoyo o canto (pan con aceite, y en el caso de mi abuela un poquito de azúcar espolvoreada sobre el aceite) porque decían que el chocolate no se comía sólo sino con pan.

Lo encontramos en algunos supermercados y tiendas de alimentación de Andalucía y también se puede comprar en os despachos de las fábricas de Priego de Córdoba y Rute, y se vende en forma de barra de un centímetro de diámetro aproximadamente y envuelto en papel brillante. Generalmente en papel dorado los de almendra y plateado los de cacahuete.

No se encuentran en todo el país, porque en verano veo a muchos emigrantes andaluces e incluso hijos y nietos de estos emigrantes que vienen (aunque sea de paso para la playa) para comprar estos dulces y llevárselos en cantidad para casa.


Si nunca lo habéis probado, o si aún habiéndolo probado no lo encontráis en ningún sitio ¡estáis de suerte porque os traigo la receta para que los hagáis en casa! Es muy fácil, no se tarda demasiado y triunfaréis con vuestra familia y amigos.

¿Os animáis?

Ingredientes:

-250 gramos de harina
-200 gramos de azúcar glas
-Una pizca de sal
-10 gramos de cacao puro en polvo
-270 gramos de almendra tostada (también se puede hacer con cacahuetes fritos, pero no de los salados que venden para comer como snack)
- 15 gotas de aceite de canela
- Media cucharadita de canela
- Aceite vegetal (de girasol, por ejemplo)

Preparación:

1. Empezamos tostando la harina. Yo lo he hecho en una sartén, a fuego bajo para que no se me queme y sin dejar de remover. Tardaremos entre veinte minutos y una hora. También se puede hacer en el horno o incluso en algunos despachos de pan se puede comprar harina tostada. Recordad ese refrán que dice vísteme despacio que tengo prisa y en la cocina las prisas no son buenas para nada.

2. Seguimos con las almendras. Sí, tenemos un almendro en la finca, así que yo utilizo almendras de casa. Mi padre las ha partido, entre mi marido y yo le hemos quitado la piel y luego he continuado yo sola. Las he tostado en el horno  (las ponemos en la bandeja sobre un papel de hornear a 180ºC durante unos 20-25 minutos sin dejar de controlar y remover cada cinco o diez minutos y retiramos cuando empiezan a cambiar de color porque se queman en un plis) y las he picado hasta obtener una pasta. La almendra, como todos los frutos secos es rica en aceite y si se pica mucho acaban hechos pasta, que es lo que necesitamos para esta receta. Por supuesto podéis comprar las almendras crudas o tostadas las venden en muchos supermercados y sólo tendréis que picarlas en casa (o tostarlas y picarlas si optáis por la almendra cruda)

3. En un bol amplio ponemos la almendra picada hecha una pasta, el azúcar, la pizca de sal, el cacao y 150 gramos de la harina y amasamos con las manos.

4. A continuación ponemos la media cucharadita de canela y el aceite de canela y volvemos a amasar bien. Si no encontráis aceite de canela podéis poner tres cucharaditas de canela, pero lo venden en muchas tiendas de repostería y también por internet. Además no es muy caro, a mí me ha costado 1,85 €, y aunque es un bote pequeñito cunde bastante.

5.  A partir de aquí viene lo complicado, que es obtener la consistencia adeuada del turrolate. Dejamos reposar la masa un poquito en un lugar cálido para que la almendra suelte toda la grasa. La masa tiene que tener una textura húmeda pero manejable. Similar a la plastilina, que nos permita hacer "churros" que es la forma tradicional en la que se vende este dulce.

Si nuestra masa está muy arenosa añadimos un chorrito pequeño de aceite de girasol, volvemos a amasar y dejamos reposar sobre un cuarto de hora para dejar que la grasa del aceite actúe. Si está demasiado húmeda añadimos un poco de harina, amasamos y esperamos un ratito para ver la textura que tiene.

Insisto en lo de esperar, porque cuando yo lo hice obtuve la textura perfecta y me puse a hacer churros, pero luego apareció más grasa cuando los tenía todos hechos y me quedaron más blandos de lo que me hubiese gustado. De sabor muy ricos, pero se aplastaban. Y si queda la masa muy seca se resquebrajan y se rompen.

6. Cuando tenemos la masa con la textura adecuada, recordad, similar a la plastilina pero sin estar muy aceitosa, vamos cogiendo porciones y las hacemos barritas, que es la forma tradicional de este dulce. Debemos compactarlas bien. Si lo preferís podéis ponerlo en un molde para plum cake y presentarlo en forma de lingote y cortar trozos.

No os frustréis si las barritas no os salen muy homogéneas o se aplastan al ponerlas en la bandeja. El turrolate "profesional" lo compactan y le dan forma con máquinas, y a mano se logra lo que buenamente se puede.

El sabor del turrolate es muy característico en el que predomina la almendra con un toque de cacao y canela absolutamente irresistibles y os aseguro que con esta receta lo váis a obtener. El problema es dar con la textura adecuada porque es imposible controlar la cantidad de aceite que va a soltar la almendra que utilicemos por eso os aconsejo dejar reposar un poquito la masa. Además las barritas deben quedar un un ligero toque de aceite, ese brillo es absolutamente característico del turrolate. Consigáis o no la textura adecuada a la primera os aseguro que volará. ¡Es una auténtica delicia!
  

Para presentarlo podéis utilizar alguna lata o ponerlo en una bandeja. También podéis envolver cada barrita en papel brillante del que venden para las tabletas de turrón. Para conservarlo yo aconsejo guardarlo en el frigorífico en un recipiente hermético (el tupper de toda la vida) e incluso que lo envolváis individualmente porque es más práctico. Si no tenéis papel de turrones o papel encerado y es para vosotros podéis usar papel de aluminio de los de toda la vida.

Y perdonad las fotos, pero con tanta lluvia los fines de semana es imposible hacer nada mejor. Espero que os animéis a preparar esta delicia, que mucha gente considera típica navideña, pero que aquí se puede comprar todo el año. Si buscáis algo diferente con lo que sorprender a amigos y familiares en las próximas fiestas ¡no dudéis en preparar turrolate! ¡les va a encantar!


Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 13 de noviembre de 2014

Bizcocho de pera

No hay lugar a dudas de que el buen tiempo se ha ido ya. El cambio ha sido tan brusco que hemos pasado literalmente de ir en manga corta a ponernos el abrigo y las botas ¡así no se puede! Con lo que a mí me gusta el otoño y el muy traicionero a duras penas se deja ver donde yo vivo. Al menos en lo que a temperaturas se refiere, porque de sus productos y de sus colores sí que puedo disfrutar.

Además cuando la lluvia hace su aparición durante el fin de semana ¡no hay quien me saque de casa! Bastante tengo con salir cada día por la mañana y por la tarde para ir a la oficina (la jornada partida es un rollo total, paso todo el día en el trabajo) así que prefiero quedarme dentro calentita, meterme en la cocina y ponerme a repostear. ¿No os pasa lo mismo?

Fruto de estas tardes lluviosas de fin de semana otoñal os traigo una receta buenísima, al menos en casa nos ha encantado y estoy segura de que pronto vamos a repetir. Además os quiero traer alguna receta más "light" antes de que se abra la temporada de recetas navideñas ¡que en muchos blogs ya están asomando! y confesaré que en casa ya estoy preparando yo también alguna cosita ¡que cuando menos nos demos cuenta se nos ha echado el tiempo encima!

No hay muchas recetas con pera, no son frutas demasiado populares para repostería, supongo que porque son muy acuosas y es complicado trabajar con ellas, pero quedan muy ricas todas las recetas que hasta ahora he preparado con ellas.

Este bizcocho de pera es uno de los más jugosos que he hecho nunca, y como las peras sueltan tanto jugo al hornearlas, el centro se queda muy blandito, tipo crema, casi como el corazón de un coulant, gracias a la fruta que se deshace un poco en el horno y a todo el zumo natural que sueltan ¡una auténtica delicia!

Yo lo he preparado con peras de casa (sí, en la finca de mis padres hay casi un frutal de cada tipo, soy muy afortunada, ya os lo he dicho más de una vez) pero es un bizcocho atemporal ya que peras podemos comprar cada día del año en nuestra frutería o supermercado. Lo importante es que la pera esté madura pero firme y dura al tacto, si está demasiado blanda se va a deshacer completamente y queremos encontrar fruta dentro del bizcocho.

Además, por si fuera poco aliciente lo que ya os he contado y usar fruta para preparar un bizcocho, que parece que así la receta es más sana y dan menos remordimientos, la masa se prepara en un momento y hacen falta muy pocos ingredientes. ¡Vamos a ello!


Ingredientes:

* 150 gramos de azúcar blanco
* 3 huevos grandes
* 150 gramos de harina de repostería
* 150 ml de aceite de girasol
* 1 sobre de levadura en polvo
* 6 peras medianas

Elaboración:

1. En un bol ponemos los huevos y el azúcar y batimos con las varillas eléctricas hasta que doblen su volúmen y sea una masa de color blanquecino y muy esponjosa

2. Tamizamos la harina con la levadura, añadimos el aceite de girasol y batimos manualmente hasta que esté todo integrado y tengamos una mezcla homogénea.

3. Engrasamos un molde desmoldable y en la base ponemos papel de hornear para que sea mucho más fácil desmoldar.

4. Pelamos las peras. Yo puse dos hechas finas láminas en la base del molde y dos hechas trocitos en la masa. Si queréis las podéis poner las cuatro en la masa, o poner menos si son peras muy grandes.

5. Vertemos la masa en el molde y en la parte superior decoramos con las otras dos peras cortadas en gajos.

6. Metemos en el horno precalentado a 180º C y horneamos unos 35 - 40 minutos.

Es muy posible que al hornear la masa "se trague" las peras que había en la parte superior, o que sólo se vea parte de ellas.

7. Dejamos enfriar, desmoldamos ¡y ya sólo nos queda disfrutar con esta delicia! 

¿Os animáis a prepararla? Es perfecta como postre o para la merienda, y los niños (y también algunos adultos, que de todo hay) tomarán fruta sin darse ni cuenta. Espero que os guste mi receta y que caiga una de estas tardes grises y lluviosas ¡veréis qué rico está!

Aprovecho para daros las gracias por visitar mi blog con cada publicación y dejar vuestros mensajes y os pido perdón si tardo en pasar por vuestras cocinas, dejaros un mensaje o contestar a los que dejáis, pero ando bastante liada con el trabajo. Os pido paciencia, antes o después paso, leo vuestras recetas y os dejo un mensaje. A ver si en pocos días puedo ponerme al día. ¡Feliz y dulce fin de semana!


Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 10 de noviembre de 2014

Chokladbollar o bolitas de chocolate suecas

Otro mes más estrenamos el día diez y con él nuestra llegada a un país europeo de mano del reto Reposteras por Europa para disfrutar de su repostería típica. En esta ocasión el destino es Suecia y lo ha elegido Eva del blog Cuinant entre llibres.

Como me pasó el mes anterior volvía a no tener idea alguna de la repostería (ni la gastronomía, por supuesto) suecas, así que me volvió a tocar labor de investigación y hasta de traducción del sueco ¡bendito traductor! y de algunas recetas en inglés (para estas no necesité traductor, pero porque eran sencillas, no porque mi nivel de inglés sea maravilloso ¡ya me gustaría!)

Ha quedado patente que he visitado poco IKEA y mucho menos su cafetería ¡y es que los muy (... aquí ponéis el adjetivo que más os guste...) tienen la tienda más cercana a doscientos kilómetros de mi casa! Peor para ellos, que una de mis aficiones es comprar.

Me estoy dispersando y no es plan.

Con mi investigación he descubierto que esos fantásticos rollos de canela que son una de mis eternas recetas pendientes a pesar de babear cada vez que las veo en un blog ¡son suecos! Y yo que pensaba que eran americanos... ¡ahora resulta que tenemos un montón de recetas buenísimas de origen europeo en la que sólo hemos reparado cuando los americanos les han dado bombo! ¡Es que me parece increíble! 

Casi de inmediato decidí que esta sería mi receta, pero luego seguí investigando y llegué hasta las chokladbollar ¡¿y cómo no caer enamorada de estas bolitas de chocolate?! Ya disfrutaré de los rollos de canela que seguro preparan muchas de mis compañeras de viaje.


Y menos mal que opté por estas bolitas, porque mi tiempo libre ha sido tan escaso en los últimos fines de semana que un poco más y no llego al reto. No es que haya sido escaso, es que he estado más fuera que dentro de casa y así no es posible repostear.

¿Qué os cuento de las chokladbollar? ¡Para mí son una delicia! Me gusta mucho la combinación de chocolate y café así que las he disfrutado mucho y como llevan copos de avena (ideal para regular los niveles de glucosa en sangre y el metabolismo, reducir el colesterol, controlar la hipertensión y mitigar el cansancio son sólo algunos de sus beneficios) los estaría comiendo cada día sin tener remordimientos de conciencia.

Se hacen en muy poco tiempo (aunque yo confesaré no sin cierta vergüenza que entre preparar la masa y hacer las bolitas se me ha ido más de un día) y una vez hechas se comen en menos tiempo aún. ¡Con lo que me costó prepararlas y un poco más y no puedo hacer las fotos!


Ingredientes:

* 80 gramos de copos de avena.
* 50 gramos de mantequilla.
* 80 gramos de azúcar
* 1 cucharadita de azúcar vainillada
* 2 cucharadita de cacao puro en polvo
* 2 cucharadita de café molido
* 4 cucharaditas de azúcar glas o coco rallado


Elaboración:

1. En un cazo ponemos la mantequilla a calentar hasta que esté derretida.

2. La dejamos reposar unos minutos y la ponemos en un bol con el resto de ingredientes

3. Batimos hasta obtener una masa homogénea

4. Metemos nuestra mezcla en el frigorífico el tiempo que sea necesario para que se endurezca y podamos hacer bolitas sin armarla. En la receta ponía que eran diez minutos pero con eso no basta. Además si hace mucho calor en vuestra cocina a la cuarta bolita más que masa váis a tener un puré que no se puede manejar.

5. Hacemos bolitas con la masa (del tamaño que os guste, las mías son de unos dos centímetros de diámetro ¡de bocado!)

6. Pasamos las bolitas por el azúcar glas o el coco rallado. En mi caso he optado por azúcar glas, que el coco rallado y yo no somos demasiado amigos.

7. Volvemos a meter en el frigorífico durante al menos treinta minutos antes de servir ¡y ya podemos disfrutar de ellas!

Como véis la receta no puede ser más sencilla ¡apta incluso para los que nunca han pisado la cocina! No he querido cambiar nada porque aunque soy muy aficionada a darle mi toque personal a lo que preparo cuando es una receta para este reto procuro seguirla al pie de la letra para probarlo tal y como se hace en su país de origen ¡tiempo me queda después de hacer cambios si se me antoja! 

Las Chokladbollar son una idea fabulosa para preparar en cualquier reunión familiar, cumpleaños o merienda ¡vais a quedar como unas reinas!


Deseando estoy saber el nuevo destino porque cada mes descubro un montón de recetas que si no fuera por este reto casi seguro no habrían caído en mis manos. Además cada vez tengo más ganas de hornear los rollos de canela y creo que ya he encontrado una buena ocasión para prepararlos. Mientras tanto os invito a que echéis un vistazo a las recetas que han preparado mis compañeras de reto ¡que seguro os encantan y os dan un montón de ideas! Y como cada mes también os animo a que participéis porque es una experiencia enriquecedora.


Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 6 de noviembre de 2014

Bundt cake de nueces y pasas al té rooibos

La receta de hoy es bastante especial por tratarse de una colaboración que me hizo especial ilusión por dos motivos. El primero de ellos es que cuando Rosa de Teterum se puso en contacto conmigo me enamoré de su empresa (ahora después entenderéis por qué) y el segundo (y que me tocó muy adentro) es porque uno de sus clientes es lector de mi blog y fue quien me recomendó a Teterum para esta colaboración. No sé quién ha sido pero se lo agradezco de todo corazón. Es muy emocinante ver cómo mi trabajo os llega y pensáis en mí para este tipo de cosas. Es que no tengo palabras para agradecerlo.

¿Por qué me enamoré de Teterum en el primer mail? Por muchas razones. Si la conocéis me entenderéis perfectamente y si no, me vais a entender en un momento.

Teterum es una empresa solidaria que trabaja de acuerdo a cuatro principios básicos: Calidad, Sostenibilidad y Responsabilidad Social, Experiencia y Contenido, y Personalización.

Los packs de té que recibimos en casa son preparados por personas en riesgo de exclusión laboral por padecer una discapacidad intelectual o enfermedad mental . Son trabajadores con Síndrome de Down, Esclerosis Múltiple y enfermedades mentales a los que llaman Artesanos con Cariño

Me contaba Rosa además que el transporte en Madrid y Barcelona se hace en bicicleta y que están ampliándolo a otras ciudades. ¿Se puede pedir algo más bonito?

Cuando recibes un paquete lo primero que te saluda es un lema precioso y muy motivador "La vida está hecha de pequeños momentos. Descubre los tuyos". ¿A que es para que te arranque una sonrisa?

Pues hay más...

En la parte posterior está escrito el nombre de la persona que ha preparado el paquete. Te puedes conectar y a través de Facebook o Twitter dejar un mensaje diciendo que has recibido tu paquete y quién lo ha preparado, además de contar lo que quieras como tu primera impresión, lo que te ha parecido...

En Teterum hacen llegar ese mensaje a la persona que lo ha preparado estableciendo un contacto directo entre el consumidor y el creador. Rosa me cuenta que es un gesto que les motiva muchísimo.

El empaquetado además de precioso es respetuoso con el medio ambiente y la etiqueta de los tés está adaptada para personas con problemas de alergias.

Dentro del paquete yo encontré té rooibos (con el que he preparado la receta de hoy), té verde y té azul (este último era completamente desconocido para mí) acompañados de unas tarjetas de degustación para anotar el té que has probado y qué te ha parecido.

Además podéis entrar y comprar los productos que os gusten o hacer una suscripción mensual o bimensual y dejar que os envíen packs que os sorprendan y os descubran nuevos sabores... 

Hay mil cosas para contar de Teterum, podría hacer la entrada más larga del mundo, pero creo que con esto ya os han entrado unas ganas tremendas de conocerles y seguro que más de uno habéis hecho click en los enlaces que os he dejado. Y si no lo habéis hecho no podéis probar este delicioso bundt cake que he preparado con uno de sus tés....

Porque además la receta se me ha resistido ¡de lo lindo! Yo quería hacer algo especial con estos tés, pero quería una receta sencilla, de las que se preparan en familia y en la que los niños pueden participar, algo que trajera buenos recuerdos al primer bocado...

Pero no se me ocurría nada. Porque yo pienso en té y me imagino sentada en el sofá, tapada con mi manta, tranquila, disfrutando de un buen libro o de una conversación en familia con una taza humeante en la mano... y esos pensamientos no eran compatibles con los calores estivales. Y empezaba a agobiarme porque no quería "fracasar" con esta colaboración y día tras día pasaba en blanco. 

Menos mal que ha llegado el otoño, que me inspira ¡y se me ocurrió este bizcocho! ¿Hay algo más familiar que un bizcocho? ¿Quién no ha hecho uno siendo un crío con su madre, hermanos, abuelos, primos...y luego le ha sabido a gloria? Supe al instante que era la opción perfecta, y después de unas cuantas vueltas esta fue la receta que se me ocurrió.

Pero una vez que llegó la inspiración llegó también el fracaso, porque cuando preparé este bizcocho, que hará más de un mes ¡se rompió al desmoldarlo! Y he tenido que esperar varias semanas para poder prepararlo de nuevo porque los últimos fines de semana he parado en casa y entre semana tengo un horario de trabajo que no me deja nada de tiempo libre, y desde luego no pensaba repetirlo con prisas porque no hubiese encajado nada bien otro problema con esta receta.

Espero que después de una espera tan larga y de algún fracaso repostero os guste la receta.

Ingredientes:

* 300 gramos de harina 
* 200 gramos de azúcar 
* Una cucharadita de bicarbonato sódico
* 80 ml de aceite de girasol
* 1 huevo 
* 250 ml. de leche
* De ocho a diez gramos de té rooibos
* Un puñado de pasas
* Un puñado de nueces
* Azúcar glas para decorar

Elaboración:

1. Calentamos la leche y ponemos a infusionar el té. Cuando lo retiramos de la leche ponemos a macerar las uvas pasas y dejamos que se temple.

2. Batimos el aceite a temperatura ambiente con el azúcar con las varillas eléctricas, aunque también se puede hacer con la manual.

3. Cuando la masa sea homogénea añadimos el huevo y seguimos batiendo hasta integrar.

4. Tamizamos la hariza y el bicarbonato e integramos.

5. Añadimos la leche con las pasas y batimos. La masa ahora será muy fácil de trabajar.

6. Por último añadimos las nueces y mezclamos para que se queden bien repartidas en la masa.

7. Untamos con mantequilla nuestro molde, vertemos la masa y metemos en el horno precalentado a 180º C durante unos 40 minutos aproximadamente, o hasta que al pinchar con un palillo en el centro este salga limpio.

8. Dejamos reposar diez minutos y desmoldamos con cuidado sobre una rejilla donde dejaremos enfriar.

9. Cuando esté frío espolvoreamos con azúcar glas ¡y ya sólo nos queda disfrutar de este delicioso bizcocho!

He elegido el té rooibos porque se extrae de un arbusto africano y es ideal para todo el mundo porque no tiene teína ni cafeína, así que no hay problema en que nadie consuma este bizcocho. Si hay algún alérgico en la familia a las nueces las podéis cambiar por otro fruto seco, por perlas de chocolate o quitarlas ¡no hay problema!
No podía dejaros sin una foto del corte, para que veáis el color tan peculiar y apetitoso de este bundt cake


¿No os apetece un trocito?

Espero que os haya gustado la entrada de hoy y que os animéis a conocer Teterum y aunque a la navidad le faltan varias semanas aún he visto que muchas grandes superficies ya se han engalanado con cintas y luces de colores, así que yo aprovecho para daros la idea de regalar tés de Teterum en esas fechas (y también en cumpleaños, aniversarios, santos...). Siempre nos andamos quejando de que no se nos ocurren cosas que regalar así que me parece una opción perfecta regalar una selección de tés, porque además de original es una idea solidaria ¿os animáis?

Aprovecho por último para dar las gracias a Patricia y Rosa y les vuelvo a pedir perdón por haber tardado tanto en publicar esta colaboración.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

martes, 4 de noviembre de 2014

Dulce de membrillo

Hace pocos días descubrí el reto #díadeldulceTS 2014 del blog La cocina Typical Spanish que consiste en publicar el que para nosotros es el dulce típico español y si podía ser explicar por qué.

¿Qué queréis que os diga? A mí el reto me llamó muchísimo la atención y mi mente se puso en marcha en dos direcciones opuestas. Mi lado sensato me repetía que aunque el reto fuera muy interesante mi tiempo libre es muy limitado y últimamente todos los fines de semana tengo planes diversos que me olbigan a estar fuera de casa  y por tanto no puedo repostear. Que tengo un blog por diversión y no para agobiarme por marcarme plazos para llegar a retos y compromisos que no puedo adquirir sin pensar en que las fechas llegan por muy lejanas que las veamos. Y pensamientos por el estilo. Supongo que os podéis hacer una idea porque igual también a vosotros os ha pasado.

Mi lado repostero-aventurero sin embargo decidió adentrarse en el rincón de los buenos recuerdos y rescatar de la memoria los dulces que preparaba mi abuela Magdalena. Porque sinceramente para mí los dulces típicos españoles son los que ella, como el resto de las abuelas de mi generación, preparaban: pestiños, roscos, piñonate, gachas dulces, torrijas, pan de higos y chocolate, tortas de manteca... y un largo etcétera.

En un principio ganó mi lado sensato, porque era más que consciente de que con tanto plan de fin de semana no paro en casa y últimamente reposteo muy poco, pero una conversación telefónica con mi madre lo cambió todo.

Habían recogido los membrillos e iba a preparar dulce de membrillo (de hecho en la zona en la que vivo siempre se le ha llamado carne de membrillo, aunque las nuevas generaciones empezamos a utilizar más el término dulce de membrillo) y supe que esta iba a ser mi receta para el reto.


Uno de mis mejores recuerdos otoñales de pequeña era cuando se preparaba la carne de membrillo en casa de mi abuela. Me viene a la mente el olor que desprendían estos frutos en su casa porque lo más seguro era que llevasen al menos unos días allí esperando la llegada de la tarde elegida para preparar este dulce. También recuerdo que a los niños no nos dejaban estar por la cocina. Escuché tantas veces que era peligroso estar allí mientras se hacía la carne de membrillo que ahora cuando pienso en ella lo primero que me viene a la mente es "peligro" (que en parte tenían razón porque al poner a cocer el membrillo con el azúcar salpica mucho si no se están removiendo continuamente y las salpicaduras queman bastante. Además cuatro niños trasto dando martirio por allí tampoco es que sea lo más apetecible del mundo) aunque evidentemente no es para tanto. Sólo que las abuelas han sido siempre de lo más exageradas para las cosas.

Y por último el momento en el que vertían la carne, aún caliente y líquida, en los moldes. Y por moldes no me refiero a los que tenemos ahora tan bonitos y variados. Para hacer el dulce de membrillo se ha usado siempre lo que se tenía más a mano, especialmente las fiambreras de plástico (precursoras de los modernos tuppers) aunque el molde favorito de mi abuela eran las latas de galletas danesas. Mi abuela, que nunca había tenido muchas cosas cuando era joven, era muy dada a guardar todo envase o lata cuando se terminaba su contenido, porque además para todo encontraba algún tipo de utilidad. De hecho todos los utensilios de costura los tenía en una de esas latas.

El siguiente paso, que era el desmoldado al día siguiente, creo que siempre me lo he perdido. Pero lo que siempre me ha fascinado más era llegar a casa de mi abuela y encontrarme un montón de platos son el dulce de membrillo desmoldado para que se secara (mi abuela siempre decía que tenía la carne de membrillo puesta a orear) y a escondidas (porque por supuesto no te dejaban hacerlo) presionar con un dedo aquella masa que poco a poco se iba secando, haciéndo menos blandita y oscureciéndose un poco.

Hoy he querido traerlo como ella lo ponía en la mesa, desmoldado en un plato de los de uso diario (los de su casa eran aquellos platos míticos de duralex de colores, en color caramelo oscuro, que seguro muchos de vosotros conocéis). No hacía falta buscar la belleza, ni una bonita presentación, con el sabor de la carne de membrillo hecha con la receta que heredó de su madre o su abuela no eran necesarios adornos.

Además he usado uno de sus manteles que me lo quedé cuando ella nos dejó. Sólo me ha faltado uno de sus platos para que esta entrada fuera un auténtico viaje en el tiempo. Así que no serán las fotos más bonitas ni la mejor presentación, pero para mí esto representa a mi abuela 100% que es lo más importante.

Y antes de explicar cómo se prepara sólo quiero reconocer que hoy está aquí este dulce de membrillo gracias a mi madre. Yo nunca lo había preparado y aunque me ofrecí a ayudarla, lo mío fue más apoyo que cocinar, porque es ella la que realmente se desenvolvía bien con el dulce de membrillo y yo una mera pinche repostera.

Dicho todo esto, si aún no os habéis dormido con mi historia, os paso a contar cómo se prepara el dulce de membrillo en mi familia


Ingredientes:

* Membrillos
* El mismo peso de la fruta limpia en azúcar
* Agua

Elaboración:

1. Lo primero de todo es lavar los membrillos y quitarles el pelito que tienen. Lo podremos hacer frotando con las manos, con un estropajo suave (a poder ser nuevo) o incluso con un cepillo pequeño.

2. Les quitamos el rabito a los membrillos y cualquier parte que tengan fea o dañada y los ponemos en una olla con abundante agua al fuego. Los membrillos se cuecen enteros y con la piel.

3. Vamos controlando y cuando los membrillos estén blandos pero firmes los quitamos del fuego, escurrimos el agua y en un bol amplio los vamos haciendo trozos pequeños y aprovechamos para quitarles el corazón y cualquier parte dañada que se nos pasara al principio. Esto debemos hacerlo cuando los membrillos están aún calientes a temperatura que podamos manipular sin quemarnos

4. Una vez troceados y limpios pesamos la fruta y preparamos la misma cantidad de azúcar que de fruta.

5. En una cacerola amplia que nos permita mover la fruta con comodidad ponemos la fruta con el azúcar. Mezclamos bien y dejamos reposar hasta que el azúcar se disuelva. No tardará mucho si los membrillos están aún tibios.

6. Cuando el azúcar esté disuelta le pasamos la batidora y lo dejamos hecho una pasta.

7. Ponemos la cacerola a fuego medio tirando a alto (en la placa de inducción de 1 a 9 pusimos un 6 porque en el 7 salpicaba muchísimo) y vamos removiendo con mucha frecuencia para que no se pegue, pero sobre todo para que no salpique porque aparte de ponerlo todo pringado si te salpica a la piel quema bastante.

8. Continuamos con nuestro dulce al fuego hasta que veamos que está espesando y cueste trabajo moverlo. Nosotras hicimos dos kilos de fruta y fue casi una hora y media.

9. Retiramos del fuego y vertemos la mezcla en los moldes. Dejamos enfriar y reposar un día.

10. Pasadas 24 horas, e incluso menos, el dulce de membrillo ya habrá  cuajado y es el momento de desmoldarlo. Si lo hemos hecho bien caerá con facilidad al darle la vuelta al molde. Si el dulce de membrillo no ha cuajado es porque no lo hemos dejado tiempo suficiente al fuego, así que la solución es volver a ponerlo en una cacerola y repetir desde el paso siete.

11. Dejamos nuestro dulce de membrillo desmoldado en una bandeja en la cocina durante unos días, hasta que (palabras textuales de mi abuela) se oree (se le quite la humedad) para poder conservarlo mejor y durante más tiempo. Lo podéis guardar en tuppers o envasado al vacío si tenéis una maquinita de esas.

Lo bueno de este dulce de membrillo es que no váis a tener que esperar nada más que unas horas para poder degustarlo. Lo justo hasta que se pueda desmoldar y si sois muy impaciente podéis probar la masa aún líquida y caliente, aunque mi abuela decía que entonces te dolía la barriga. No sé si es verdad o mentira porque nunca nos dejó meter cuchara.

Sólo es una delicia (y confesaré que hasta hace muy poco a mí la carne de membrillo no me gustaba) pero también podéis tomarlo con galletas o con una rebanada de pan y una onza de chocolate, incluso con un poquito de miel si os gustan las cosas muy dulces. Yo os recomiendo que lo toméis en pequeñas cantidades porque es bastante dulce.

También está delicioso con unas lonchas de queso de burgos y un poquito de mermelada. La de cereza, fresa, frutos rojos... ¡le van de lujo!

Como siempre, a mí me gusta preparar las recetas como siempre se han hecho en casa. Por internet podréis consultar cómo preparar el dulce de membrillo en la olla expres y en la thermomix. Además de ser más rápido de preparar requiere menos esfuerzo ya que no hay que estar removiendo continuamente, pero personalmente el mejor resultado es hacerla al fuego, no sólo son de color diferente, sino que el sabor tampoco es el mismo, aunque para gustos los colores (en este caso también sabores).


Espero no haberos aburrido demasiado con esta entrada tan larga y que os animéis a prepararlo, además de dar una vuelta por las propuestas del resto de mis compañeros de reto. Podéis hacerlo pinchando aquí. Perdón por no traer la receta de la semana (con la que además estreno también las recetas del mes de noviembre ¡por favor cómo se va el tiempo!) hasta hoy, pero ha sido por una buena causa.


Manos a la masa y ¡bon appètit!