miércoles, 31 de diciembre de 2014

... y punto final

El tiempo avanza y estamos sólo a unas horas de despedir otro año más




Sé que os dije que estas dos semanas sólo habría receta los lunes, que son unas mini vacaciones blogueras, porque todos andamos muy liados estos días, aunque en mi trabajo yo sigo al pie del cañón y paso por vuestras cocinas.

No obstante me apetecía muchísimo escribir una entrada para poner punto final a 2014.

Y por una vez, intentaré ser muy breve, que ya sabéis que mis entradas se eternizan


Cuando en junio abrí el blog no pensé que me iba a enamorar tanto de la aventura que estaba emprendiendo.

Es un placer compartir recetas e historias con todos vosotros.

Aprender.

Descubrir.

Mejorar.

Compartir.

Reir.

Emocionarme.

Llorar. Porque sí, hay historias y comentarios que han hecho que se me salten las lágrimas.

Quiero dar las gracias a todos vosotros.

A los que pasáis en cada receta.

A los que me seguís.

A los que me dejáis esos largos comentarios cargados de cariño.

A los que me decís que os encantan las historias que os cuento y que aunque no tengáis tiempo no paráis de leer hasta llegar al final.

A los veteranos.

Y a los nuevos.

A los que pasáis cuando podéis robar unos minutos de vuestro tiempo para visitar esta humilde cocina. Aunque pasen semanas, vuestra visita es siempre bien recibida.


No puedo quejarme del año que se nos va.

Ni en lo personal

Ni en lo familiar

Ni en lo laboral

Y mucho menos en el blog

Así que mi deseo para 2015 es muy sencillo

Que todo se quede tal y como está

Que sigamos compartiendo buenos y malos momentos

Y que vuestros deseos se cumplan.

De nuevo, gracias por hacer este sueño posible.


Para celebrarlo me encantaría compartir este brindis con vosotros


Y desearos toda la suerte del mundo


Como no podía ser de otra manera

¡Feliz y dulce 2015!

lunes, 29 de diciembre de 2014

Flaugnarde de piña

Es la última receta que comparto con vosotros en 2014 ¡qué rápido ha pasado un año más!

En un principio había pensado poner el broche y final con otra, que me parecía mucho más navideña, pero después he pensado que a estas alturas empezamos a estar saturados de recetas contundentes y postres dulces e hipercalóricos y que el cuerpo empieza a pedirnos una tregua y algo diferente.

No sé si a vosotros os pasará pero a mí polvorones, mantecados, turrones, hojaldrinas y demás dulces típicos de estas fechas me pegan mucho más después de la cena y comida de nochebuena y del día de navidad respectivamente que después de la cena de nochevieja.  Esto no quiere decir que no los comamos a lo largo de todas las fiestas (y mucho antes y mucho después para acabar con todo ¡como en toda casa de vecino!) sólo que a veces nos gusta poner un postre "diferente" para terminar la cena.

Además yo libro una lucha titánica con estas fiestas para mantener a raya los excesos gastronómicos y los cambios de peso y aunque un anuncio en televisión nos quiere hacer creer que la vida no está hecha para contar calorías y en las comidas y cenas opíparas sea imposible hacer un cálculo ni siquiera aproximado de lo que nos metemos en el cuerpo yo sé qué son muchas, muchísimas ¡infinitas calorías! y que si no controlo el resto de los días voy a acabar con un mosqueo brutal al subirme en la báscula así que busco las alternativas más ligeritas que puedo encontrar para postres, aperitivos y cualquier receta que llevemos a la mesa.

Muestra de ello es este flaugnarde elaborado con piña, fruta que está muy presente en muchas de las mesas españolas durante navidad preparada de muchas maneras distintas, que será un final de cualquier cena y comida muy apreciado porque pone el punto dulce justo combinado con la acidez de la piña que ayudará nuestras digestiones y nos facilitará la eliminación de toxinas al ser diurética. Y por si aún no os habéis decidido es un postre que se prepara en unos minutos, lo metes en el horno ¡y te olvidas!
Muchos diréis que un flaugnarde no es precisamente un postre falto de calorías, pero os aseguro que la receta que he preparado tiene las calorías reducidas al mínimo, y que decir postre es hablar de calorías aunque el abanico calórico es tan amplio como las miles de recetas entre las que podemos elegir.

No me enrollo más, que además ando poco inspirada ¡cosa rara en mí! Supongo que es el frío y lo duro que se hacen los lunes por mucho que esta semana vuelva a traer un día de fiesta.
Aprovecho para desearos un 2015 pasable, que ya es más de lo que muchos tienen, y si puede venir cargado de buena compañía, dulces momentos, recetas interesantes, pequeñas sorpresas, risas, momentos emocionantes y pequeños retos personales conseguidos ¡muchísimo mejor!

Yo espero seguir contando con vuestra compañía como he contado hasta ahora y espero que esta humilde cocina nos siga ofreciendo recetas e historias que os gusten y os hagan regresar cada semana

Ingredientes:

* Una lata de piña en su jugo
* 200 gramos de harina de repostería
* 250 ml de leche semidesnadata (puede ser la que tengáis en casa sin problema)
* 80 gramos de mantequilla o margarina derretida
* 3 huevos
* 120 gramos de azúcar
* Una pizca de sal
* Canela para espolvorear

Elaboración:

1. Abrimos la lata de piña y ponemos las rodajas a escurrir para que lleven la mínima cantidad de jugo posible. El jugo que queda en la lata no lo tiréis ya que lo podéis usar para otra receta o beberlo porque tiene muchas vitaminas y es un diurético fabuloso.

2. Reservamos cuatro rodajas y el resto las troceamos.

3. En un bol ponemos la harina, el azúcar y la sal.

4. A continuación vamos añadiendo los huevos de uno en uno y vamos batiendo.

5. Por último incorporamos la leche y la mantequilla derretida y seguimos batiendo hasta que la masa sea homogénea y no nos queden grumos. Es tan fácil de hacer que se puede preparar a mano y no tardaremos más de cinco minutos.

6. Para esta receta yo aconsejo un molde redondo de silicona y si no tenéis un molde desmoldable al que ponemos un papel sulfurizado en la base para poder desmoldar bien. Repartimos por la base de nuestro molde la piña troceada, volcamos la masa encima y a continuación colocamos las rodajas de piña que habíamos reservado en la superficie

7. Ponemos en el horno, precalentado a 200º C, y horneamos durante unos 30 minutos.

8. Nuestro flaugnarde estará listo cuando la masa esté cuajada (se nota perfectamente) y empiece a ondularse y a querer salir del molde ¡pero tranquilidad! que al enfriarse quedará una masa lisa.

9. Dejamos templar y podemos desmoldar. Aunque es una masa compacta yo os aconsejo que desmoldéis y manipuléis el flaugnarde con ayuda de una bandeja  para colocar en la fuente o plato en el que vayáis a presentarlo en la mesa.

10. Por último espolvoreamos con un poquito de canela ¡y ya podéis disfrutar de esta delicia! Este es un paso opcional y si no os gusta la canela podéis prescindir de ella, pero a mí me gusta mucho el toque que le da.

Como os había adelantado es un postre muy rápido y fácil de hacer y queda muy vistoso ¡dudo que haya mucha gente a la que no le guste esta delicia!

Nos vemos el día 5 ¡víspera de reyes! que es mi día favorito de la navidad. Hasta entonces sed felices y disfrutad de estos día.
Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 22 de diciembre de 2014

Vasitos navideños

Otro mes más llega el día del Reto Color y Sabor de Temporada ¡el tiempo se va volando ¿eh?!

Tenía muchas ganas de ver la fruta y verdura elegida por Pilar para el mes de diciembre, porque me apetecía mucho preparar una receta navideña, pero no podéis imaginar mi cara cuando leí que la fruta elegida era la granada y la verdura, si mal no recuerdo, la col lombarda...

A ver ¿cuántas recetas de postres conocéis vosotros con granada? Porque de col lombarda ni hablamos...

Pues eso, que yo tampoco conocía ninguno y la granada no me parece una fruta especialmente sencilla para repostear con ella. 

No hay duda de que a Pilar le gusta ponernos las cosas complicadas a veces, pero yo se lo agradezco, porque le das vueltas a lo que puedes preparar, miras los libros de recetas que tienes por casa... y al final se enciende alguna bombillita. 

Lo que tenía muy claro para este reto es que quería preparar un postre que se pudiera denominar navideño, y a poder ser ligero y que se pudiera preparar con antelación. Con estas premisas nació este postre, que he decidido llamar vasitos navideños porque a mí el rojo y el blanco me recuerdan siempre a la navidad. 


Creo que he cumplido todos mis objetivos y además es una receta sencillísima de preparar ¡si tardo más en escribir esta entrada que en preparar la crema y montar los vasitos! 
 
Me gusta mucho que los sabores y las texturas combinen tan bien lo que convierte estos vasitos en un postre ideal tras una comida copiosa, y para cualquier ocasión, porque en casa nos han gustado mucho y os aseguro que vamos a repetir ¡y a preparar muchos más! porque los de la foto cayeron en cuestión de segundos. Es sorprendente cómo con cuatro ingredientes tan básicos se crea un postre que está tan rico ¡y sin complicación ninguna!

Vamos con la receta, que siempre me pongo a hablar y no paro...


Ingredientes:

Con las cantidades que os pongo salen dos vasitos como los de las fotos. Haced el cálculo de cuántos vais a ser para disfrutar de ellos y multiplicad ¡sed generosos que veréis que gustan mucho y más de uno quiere repetir!

* Un yogur de coco. También puede ser natural, griego...usad el que más os guste o tengáis en casa.
* 70 gramos de queso de untar
* Dos cucharadas soperas colmadas de azúcar glas
* Un polvorón.
* Una granada de tamaño medio
* Una puntita de cucharilla de café de canela
* Canutillos de canela para decorar.

Elaboración:

1. Partimos y desgranamos la granada.

2. En un bol ponemos el yogur, el queso, el azúcar glas y la canela y batimos con las varillas eléctricas hasta que la masa sea esponjosa y se vea parcialmente montada. Podéis probar y añadir más azúcar si sois muy de dulce o poner un poquito menos antes de batir. Ya sabéis que yo ando muy justa en lo que a dulce se refiere.

3. En los vasos que vayamos a utilizar ponemos una base de polvorón desmigado. El grosor va al gusto, yo la he hecho de dos o tres milímetros de grosor. También podéis usar también galletas picadas, mantecados... cualquier cosa que se os ocurra y os apetezca, o incluso suprimirla si lo preferís, aunque yo creo que la base le va muy bien.

4. A continuación ponemos una capa de nuestra mezcla de yogur y queso (serán unas dos cucharadas soperas) y cubrimos con una capa de granos de granada.

5. Vamos alternando capas de yogur y granada hasta llenar el vasito (dejando aproximadamente un dedo vacío) y acabamos siempre con una capa de granada que le da mucho color.

6. Reservamos en el frigorífico hasta que vayamos a servir. En ese momento podemos adornar con unos canutillos de canela que le dan un toque perfecto.


Como os había dicho son muy sencillos de preparar, son llamativos y sobre todo ¡pueden ser muy bajos en calorías! Que ya sé que mucha gente no cuenta calorías en los próximos días, pero para mí es un defecto hacerlo continuamente, así que las calorías extra que me pueda ahorrar ¡me las ahorro!

Pero calorías aparte os animo a que si os han gustado los preparéis en casa ya sea para estas fiestas o en cualquier otra ocasión, que cualquier día es bueno para disfrutar de un postre bonito como este. Además el yogur de coco le da un punto delicioso a estos vasitos, y va muy bien con el sabor de la granada y la pizca de canela. Os aconsejo que lo preparéis con él ¡no os váis a arrepentir!


Aprovecho esta entrada para pedir disculpas por andar tan perdida últimamente. Me cuesta mucho responder a todos los mensajes y devolver todas las visitas, aunque intento que no se me quede ningún blog atrás y acabar pasando por todos. Ando liadísima con el trabajo y me queda muy poco tiempo libre pero tarde más o menos os visitaré y agradezco de corazón vuestras visitas.

Durante esta semana y la próxima me voy a tomar unas mini vacaciones en el blog y sólo voy a publicar los lunes aprovechando que los jueves son día de fiesta. Necesito un pequeño respiro y ponerme al día con las visitas e ir organizando las próximas recetas, pero a partir de enero seguiré publicando, si todo va bien, los lunes y jueves (salvo los días de reto) como viene siendo habitual. 

También me gustaría daros las gracias por seguir por aquí a pesar de todo ¡sois unos soles!

Os invito a que no os perdáis las recetas que con tanto cariño e ilusión han preparado mis compañeras de reto y espero que os animéis y nos acompañéis el próximo mes. Como siempre ¡ardo en deseos de saber qué fruta habrá elegido Pilar para el reto de enero!

 Reto "Color y Sabor de temporada"

Como ya no nos "veremos" hasta el próximo lunes os deseo que paséis unos días felices y disfrutéis mucho de la compañía de los que os rodean. Y si sois unos afortunados de vacaciones ¡exprimid al máximo vuestro tiempo libre! 

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 18 de diciembre de 2014

Panettone con naranja y cidra

No sé si a vosotros os pasará, pero a mí, cuando la navidad está la vuelta de la esquina me suele entrar el mal humor. No por la navidad en sí, ni porque ya esté saturada de ella porque los productos navideños llevan ya dos meses en el supermercado, sino porque hay gente muy toca... narices.
Cada vez más me cuesta tragar a la gente que cree que las cosas se hacen como las hacen ellos y todos los demás estamos equivocados y por ello se permiten juzgar y criticar. Y parece que aprovechan estos días para inmiscuirse más aún si cabe en la vida de aquellos que no celebran estas fiestas como ellos lo hacen sin entender, ni al menos querer respetar, que hay gente que piensa diferente, o que hay gente que por sus circunstancias personales o familiares lo celebran de otra manera.
El paso de los años me ha hecho comprender que la navidad tiene un significado diferente para cada familia, e incluso para cada persona, y que no hay maneras correctas ni equivocadas de celebrar esta fiesta. Y es curioso porque yo aún no tengo claro qué es navidad para mí, aunque sí tengo cristalino qué NO es navidad:
Navidad no es llenar la casa con los adornos de la tienda de chinos de la esquina que llega el veinte de enero y siguen puestos porque da una pereza tremenda quitarlos y guardarlos
Navidad no es ir provista de la mejor de las hipocresías a una mega cena con familiares que  no te caen bien y fingir que todos somos muy felices y nos queremos mucho y estamos encantados de estar allí aunque disimuladamente miremos el reloj y queramos que todo pase rápidamente e irnos a nuestras casas porque llevamos mínimo dos días maldiciendo la mala suerte de tener que ir a esa cena y nos vamos a pasar otros tantos criticando las puyas que se soltaron y las miradas que nos echaron.
Navidad no es preparar para una sóla noche la comida de un mes ¡que después de estos días se puede seguir comiendo! ¡Que no tenemos que guardar reservas para los próximos tres meses! 
Navidad no es embutirte en un vestido de tirantes y calzarte unas sandalias de quince centímetros de tacón tras haberse gastado un dineral en la entrada de una fiesta de fin de año de la que estás deseando irse nada más llegar porque los zapatos la están matando, estás helada y echas de menos tu sofá, tu pijama, tu manta y tus zapatillas calentitas

Navidad no es levantarte dos de cada tres días con resaca por los excesos de comidas, cenas y reuniones con amigos, familiares o compañeros de trabajo.

Navidad no es lanzarte a la calle por obligación para dar y recibir empujones, hacer horas de cola al ritmo de villancicos machacones y que te dan ganas de liarte a tiros con todos los que tienes alrededor y volver a casa cargada de bolsas de regalos en los que te has gastado un dineral, con los que no estás contenta porque has terminado comprando lo primero que has visto y en los que pones el ticket regalo porque sabes que van a terminar devolviéndolos.

Navidad no es gastar lo que no tienes para seguir el ritmo de los que hay a tu alrededor.
Navidad no es muchas de las costumbres que veo a mi alrededor y que mucha gente me quiere imponer porque es lo que hace todo el mundo y "hay que celebrarla así". Sin embargo lo respeto, no los juzgo y no les quiero imponer mis ideas. ¿Sería mucho pedir que hicieran lo mismo ellos conmigo y con los que pensamos así?
Pues después de este desahogo, porque esta es mi cocina y aquí cada cual dice lo que le parece y nadie lo juzga, paso a la receta de hoy (a ver si no me enrollo mucho más)

Sabéis que soy una gran defensora de nuestras recetas tradicionales, pero a la vez me encanta probar las recetas de otros países. Es un poco confuso, lo sé, pero yo no soy demasiado convencional (ni en el ámbito repostero, ni en muchas otras cosas)

Es por eso que desde hace un tiempo me moría por hacer panettone, porque esta delicia tradicional italiana lleva varias navidades poblando los blogs, y aunque yo sólo lo había probado el que se compra en el supermercado (que tiene gracia comprar en un supermercado alemán un dulce típico italiano) y no me gustó mucho porque para mi gusto tenía demasiada mantequilla y se me hizo hasta pesado, sabía que casero iba a ser completamente diferente ¡y no dudé ponerme manos a la masa! 

Tenía varias recetas en casa que había ido recopilando en los últimos años y me decidí por esta que sólo tenía dos levados ya que no había que hacer prefermento, porque soy muy novata con las masas y aún me sigue asustando el momento del levado. Supongo que poco a poco le iré perdiendo el respeto y me soltaré más y me sentiré más segura.

Estoy contenta con la receta (y la próxima navidad ya tengo planeado atreverme con una con varios levados) aunque no tanto con las fotos. Con esta masa es suficiente para un panettone grande o dos medianos. Yo opté por dos medianos (porque iba a regalar uno de ellos) pero al meter la masa del segundo en el molde ¡me lo cargué! así que como no tenía más tuve que usar un molde grande y no subió como tenía que hacerlo, porque usar un molde grande en este caso es como ponerse a matar moscas a cañonazos.

Y como tuve que aplazar hacer las fotos, al final el panettone bonito salió de casa y le tuve que hacer la foto a este, que el pobre no es feo como para esconderlo, pero tampoco es para tirar cohetes. Le he quitado el molde de papel para que se ve un poquito mejor, aunque el molde se le deja en circunstancias normales.


Espero que no os fijéis mucho en las fotos, esta vez sólo en la receta ¿vale?



Ingredientes:

* 500 gramos de harina de fuerza
* 7 gramos de levadura seca de panadería
* 100 gramos de cáscara de naranja confitada
* 100 gramos de cáscara de cidra confitada (ambos los podéis encontrar el LIDL o sustituir por la fruta confitada que más os guste a vosotros)
* 100 mililitros de agua
* 100 gramos de azúcar blanca
* 3 huevos
* 90 gramos de mantequilla a temperatura ambiente y un poquito más para la superficie de la masa antes de hornear
* 90 gramos de agua de azahar (sí gramos, que en esta receta el agua de azahar se pesa)
* 2 pellizcos de sal
* 1 cucharadita de esencia o aroma de vainilla
* La ralladura de un limón y de una naranja 

Elaboración:

1. En el bol de nuestra amasadora tamizamos la harina junto con el azúcar, la levadura y la sal

2. Añadimos el agua, los huevos, la vainilla, las ralladuras, la mantequilla y el agua de azahar y amasamos hasta obtener una masa elástica.

3. Ponemos nuestra masa en un bol y tapamos con un paño hasta que leve y doble su volumen. Mucha paciencia porque puede tardar varias horas.

4. Bajamos la masa dando un golpe con el puño, esperamos unos cinco minutos, volvemos a amasar hasta que la masa sea elástica y manejable y extendemos con el rodillo

5. Por la superficie esparcimos bien nuestra fruta confitada y a continuación hacemos una bola con la masa, dejando la fruta en su interior si vamos a usar un molde grande de panettone. Si vamos a usar dos medianos dividimos la masa por la mitad y hacemos dos bolas siguiendo el mismo procedimiento.

6. Colocamos nuestra bola de masa en el molde para panettone (cuidado al hacerlo, que os podéis cargar el molde si vais con prisas y malas artes como hice yo) con la parte fea (donde se ven las juntas al hacer la bola) hacia abajo y volvemos a dejar reposar hasta que la masa crece hasta doblar su volumen o al menos alcanzar el borde del molde.

7. Ponemos a precalentar el horno a 190º C y mientras hacemos con un cuchillo un corte en forma de aspas en centro del panettone y pintamos la superficie con un poquito de mantequilla derretida.

8. Metemos en el horno y horneamos entre 45 y 50 minutos.

9. Dejamos templar y sacamos del horno hasta que se enfríe completamente.

 

Parece complicado, pero no lo es en absoluto, sólo hace falta amasar bien y esperar pacientemente a que la masa suba para lo que es fundamental tenerla alejada de corrientes de aire.

Los moldes de papel para panettone se encuentran en casi todas las tiendas de repostería y también los podéis comprar on-line, y el agua de azahar la tenéis en muchos supermercados. Por ejemplo yo la compré en Mercadona.

Mi consejo además es que seáis previsoras y tengáis varios moldes listos ¡por lo que pueda pasar!

Yo estoy contentísima, porque aunque no sea muy bonito, de sabor era una maravilla ¡qué bien le va el agua de azahar a estas masas! y si no os gustan las frutas escarchadas le podéis poner frutos secos o trozos de chocolate.

 

Me despido de vosotros, deseándoos un feliz y dulce fin de semana. Nos vemos el lunes con el soniquete del sorteo de la lotería de navidad de fondo ¡que eso sí que me gusta de estos días! porque me recuerda cuando era pequeña y mis abuelos lo veían o lo escuchaban en la radio. Y ojalá la suerte nos acompañe esta vez a alguno de nosotros

Manos a la masa y ¡bon appétit! 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Turrón de nata y nueces

¿No os ha pasado alguna vez que veis algo y os apetece muchísimo? 

Yo no he sido nunca demasiado antojadiza gastronómica ni reposteramente hablando (no se puede decir lo mismo en cuando a ropa, zapatos, bolsos o libros, pero ese es un tema aparte) pero en las últimas semanas voy visitando vuestras cocinas y hay varias recetas que no me he puesto a hacer inmediatamente porque me ha cogido en el trabajo.

Es lo que me ha pasado con la receta de hoy. Hace pocos días la vi publicada en varios blogs, casi al mismo tiempo y no sabéis el antojo de turrón de nata y nuez que me entró. Lo más curioso es que  mí este turrón no me gustaba, porque sólo lo había probado una vez, era del "industrial" y se convirtió en uno de esos productos navideños en los que no vuelves a pensar nunca más. ¡Hay tanta variedad como para pasarte la vida lamentando que algo no te gusta! 

Hace un tiempo le vengo dando vueltas en la cabeza a una idea, y es que los hijos heredamos las manías culinarias de nuestros padres (más bien de nuestras madres si son las reinas de la cocina) Por ejemplo a mi madre no le gusta este turrón, así que en casa nunca ha habido, y probablemente la vez que yo lo probé iba bastante condicionada (aunque el industrial no es que sea muy bueno, así que tampoco importa mucho que yo tuviera una idea firme en contra preconcebida)

Sin embargo cuando vi ese turrón casero supe que tenía que prepararlo. Estuve comparando las recetas de este turrón por la red y me resultó muy curioso que casi todas las que encontré utilizaban sólo cuatro ingredientes: azúcar glas, nata para montar, almendra molida y nueces que son cosas que habitualmente siempre tengo en casa.

Aunque he encontrado algunas versiones bastante interesantes de este turrón he querido elaborar la receta más tradicional porque quería hacer una valoración objetiva de él en su estado más puro, sin prejuicios ni ideas preconcebidas y me alegro de haberlo hecho, porque como todos repetimos una y mil veces ¡lo que se hace en casa no tiene ni punto de comparación con lo que se compra hecho! 
Para mi gusto es quizá demasiado dulce, pero el sabor y la textura es una maravilla. Y como la almendra y las nueces son de nuestra finca ¡¿qué queréis que os diga?! ¡De calidad suprema! Como pone en muchas de las tabletas que hay en el supermercado...

 
Las tabletas no han salido muy bonitas porque en la receta aconsejaban dejar templar un poco la masa en la cacerola antes de verter en el molde ¡error! No la dejé más de tres o cuatro minutos y ya había empezado a cuajar en la cacerola con lo que me resultó más complicado verter y prensar, pero todo ello os lo explico mejor en el paso a paso de la receta.


Os confesaré que se tarda casi más en escribir la receta que en prepararla ¡vamos con ella!

Ingredientes:
* 200 gramos de azúcar glas
* 100 ml de nata para montar
* 200 gramos de almendra cruda molida
* 100 gramos de nueces peladas y troceadas a vuestro gusto (a mí me gustan los trozos grandecitos)


Elaboración:

1. En una cacerola (que sea muy buena y antiadherente) ponemos la nata y el azúcar a fuego medio (5 en mi placa que llega hasta el 9) y llevamos a ebullición. Yo aconsejo estar removiendo con frecuencia para evitar que se pegue.

2. Dejamos hervir unos 4-5 minutos, hasta que espese un poquito. El aspecto será el de un jarabe de color blanquecino

3. Añadimos la almendra molida, mezclamos bien  y retiramos del fuego cuando la masa sea homogénea.

4. Una vez fuera del fuego añadimos las nueces, mezclamos y vertemos inmediatamente en los moldes para evitar que la masa se endurezca en la cacerola.

5. Tapamos los moldes con papel de hornear y le ponemos encima unos pesos al menos durante 24 horas pasadas las cuales ya podemos desmoldar y disfrutar de él.

Como véis es muy sencillo de hacer y podemos preparar un delicioso turrón casero en un momento. Antes de acabar me gustaría hacer hincapié en un par de cositas a tener en cuenta para hacer esta receta:

* Antes de empezar debéis tener todos los ingredientes y los moldes preparados y a mano

* Utilizad siempre una cacerola lo más antiadherente posible.

* Os aconsejo que estéis siempre pendientes de los ingredientes al fuego y que remováis constantemente, así evitamos sorpresas desagradables.

* Cuando hayáis incorporado las nueces a la mezcla debéis pasarla a los moldes rápidamente. Yo esperé un poco a que se templara, tal y como indicaban, y no creo que sea una buena idea, porque empieza a endurecer en la cacerola y se hace menos manejable y más difícil de poner en el molde. De hecho la segunda tableta me ha salido menos compactada porque la masa estaba cada vez más dura.

* Si no tenéis moldes para turrón la solución más rápida, económica y ecológica es cortar un brik de leche o de zumo y usar la parte que no tiene la apertura para que salga la leche bien fregada y seca.

* Los pesos que yo le pongo al turrón son cartones de leche llenos, al menos un par de ellos, para que la masa compacte bien.

* Podéis conservarlo, una vez desmoldado, en una latita a temperatura o envuelto en papel film o de hornear en el frigorífico.

* Con estas cantidades salen dos tabletas hechas en briks de leche cortados

Creo que no se me queda en el tintero para que os quede un turrón de lujo. Sólo animaros a que en lugar de comprar los dulces navideños os animéis a prepararlos en casa, porque aparte de ser bastante más baratos, son bastante más ricos, y no hay satisfacción mayor que compartir con vuestra familia y amigos lo que habéis cocinado con tanto cariño (o guardaros un trocito para vosotros en secreto) y tener la tranquilidad de conocer los ingredientes que se han usado en su elaboración.


Además, si esta navidad no sabéis qué regalar ¡regalad dulces momentos creados por vosotros mismos! Cualquier persona estará encantada de recibir un botecito lleno de trozos de turrón casero o cualquier otra receta que se os ocurra ¿vosotros no? Porque no hay mejor regalo que algo hecho con todo el cariño y la mejor de las intenciones...

Manos a la masa y ¡bon appètit!

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Speculaas. Versión navidad "comercial"

Otro mes más llega el día del reto Reposteras por Europa, que esta vez nos ha hecho llenar de nuevo las maletas con prendas de abrigo y hemos puesto rumbo a Holanda de la mano de Rosi de Mi mundo pinkcake.

Para variar, a priori, creía que no conocía nada de la gastronomía, y mucho menos de la repostería de este país que yo relaciono con los tulipanes, así que me puse a investigar, y esta vez me planté en cuanto vi las Speculaas, porque hace mucho tiempo que quería prepararlas y ahora tenía la excusa perfecta para ponerme con ellas.


Estas galletas son muy típicas de Holanda durante la navidad (aunque se venden y consumen todo el año) que es cuando podemos encontrarlas en los mercadillos navideños con formas o imágenes que recuerdan la historia navideña de Nicolás de Bari. También son típicas de otros países como Bélgica (donde se las llama spéculoos), Alemania (Spekulatius) y en el norte de Francia.

Para mí ha sido la elección perfecta, porque además estamos a las puertas de los días festivos y son una propuesta estupenda para preparar en casa con antelación ya que podemos conservarlas en perfecto estado en una lata. Bueno, lo de conservar es un decir, porque están tan ricas que son una gran tentación y la lata acaba abriéndose con mucha frecuencia (además de con premeditación, nocturnidad y "diurnidad" (porque apetecen a todas horas), a escondidas y con ¡mucha gula!) y por tanto desaparecen en un pispás.


Tras investigar la receta original supe que me enfrentaba a dos problemas: el azúcar vergeoise que no lo iba a encontrar facilmente y los típicos moldes de madera para hacer estas galletas. Pero como una  es una mujer de recursos sustituyo el azúcar vergeoise por azúcar moreno (no porque sea muy lista, sino porque lo he leído en varios blogs) y como ni tengo ni voy a conseguir los moldes de madera típicos para estas galletas decido utilizar unos cortapastas con formas navideñas propias del mundo occidental, capitalista y comercial: abetos, estrellas y estrellas "anunciadoras". No sólo porque los tenía por casa, sino porque todo el mundo va a captar perfectamente que son unas galletas de navidad con estas formas ¡hay que ponerlo fácil!


Ha sido todo un acierto elegir esta receta, más en esta fecha, porque aparte de ser un gustazo trabajar con esta masa y de que son unas galletas absolutamente deliciosas el olor de la cocina al hornearlas es maravilloso ¡cómo me gustan las recetas con muchas especias! Por supuesto no he encontrado las especias ya mezcladas para especulaas, pero después de ver muchas recetas no ha sido tan difícil preparar la mezcla en casa. Si las comparamos con las holandesas seguramente no sean iguales, pero seguro que al menos son una aproximación "decente"

¡Vamos con la receta!

* 150 gramos de azúcar moreno
* 125 gramos de mantequilla
* 1 huevo
* 200 gramos de harina de repostería
* 50 gramos de almendras molidas. Yo las utilicé tostadas, que me quedaron de la receta del turrón y le dan un punto muy interesante, pero si lo preferís las ponéis crudas.
* Una cucharadita de levadura química
* La ralladura de un limón
* Una cucharadita generosa de canela molida
* Media cucharadita de jengible molido
* Dos clavos de olor molidos
* Un cuarto de cucharadita de nuez moscada molida
* Un pellizco de sal
* Azúcar glas para trabajar la masa.

Elaboración:

1. En un bol ponemos el azúcar, la ralladura y la mantequilla y batimos hasta obtener una masa homogénea y esponjosa. Si queréis que sea más fácil podéis derretir la mantequilla, ya que la masa de las galletas debe reposar varias horas en el frigorífico así que derretirla no supondrá un problema para manejarla bien.

2. Añadimos el huevo y volvemos a batir hasta que esté integrado en la masa.

3. A continuación añadimos los ingredientes secos: harina, almendra, levadura, sal y especias y batimos bien (con las varillas manuales o una espátular) para mezclar los ingredientes. Al final podremos amasar con las manos para conseguir una masa homogénea y compacta.

4. Hacemos una bola con nuestra masa, la ponemos en un bol limpio, la tapamos con papel film y la dejamos reposar en la nevera toda la noche. Si la preparáis por la mañana yo os aconsejo como mínimo seis o siete horas para que endurezca, se impregne bien de los aromas de las especias y sea fácil de manejar. 

5. Una vez pasado el tiempo de reposo espolvoreamos nuestra zona de trabajo con azúcar glas y sacamos porciones pequeñas de masa que estiraremos con el rodillo, dejando un grosor de medio centímetro más o menos y cortaremos con los cortapastas que hayamos elegido.

6. Colocamos sobre un papel de hornear en la bandeja del horno y horneamos, con el horno precalentado a 180º C durante unos diez minutos. Si las galletas son más gruesas necesitaréis más tiempo, pero vigilad bien para que no se queden duras. Estarán listas cuando los bordes estén ligeramente más oscuros que el resto de la galleta. Eso es que están caramelizando y están riquísimos.

7. Sacamos la bandeja del horno y con ayuda de una espátula ponemos las galletas a enfriar sobre una rejilla.

8. Evidentemente tendremos que hornear en varias tandas porque hay masa regular. Mientras tanto os aconsejo que guardéis la masa en el frigorífico para evitar que se ponga blanda y no sea fácil de manejar.

Si no tenéis cortapastas también podéis hacer bolitas y aplastarlas ligeramente ¡quedan deliciosas! Lo sé porque el último resto de masa lo hice bolitas que cayeron inmediatamente después de salir del horno ¡Ni tiempo les dio a enfriarse!



Ni qué decir tiene que se conservan estupendamente en una lata, pero veréis qué rápido desaparecen una vez horneadas. Esta vez he utilizado para la foto una de esas latas que tanto le gustaban a mi abuela ¡yo ya no tiro nada!

Como todos los meses ha sido todo un placer participar en este reto repostero y descubrir las recetas de un país "vecino". Este viaje con toque "navideño" ha sido todo un gustazo y esto deseando saber qué destino visitaremos en enero. Mientras tanto os invito a que visitéis la página del reto y descubráis las delicias que han preparado mis compañeras de viaje ¿os animáis?

Reto "Reposteras por Europa!
Manos a la masa y ¡bon appètit!

lunes, 8 de diciembre de 2014

Turrón de almendra caramelizado

A mí me gusta meterme en jaleos. 

Jaleos reposteros. Quiero puntualizar. No nos llamemos a engaños.

Y este turrón es una buena muestra de ello. De hecho este turrón se podría haber considerado un fracaso repostero, pero a mí me gusta, bueno no, me encanta, y aparte de poderlo comer como un turrón tradicional es buenísimo para otras recetas (que en breve os traeré y entonces me daréis la razón)

Este turrón lo "descubrí" cuando intentaba hacer turrón de Xixona o turrón de almendra blando y el último paso no lo entendí nada bien y una vez añadida la almendra yo dejé la masa al fuego ¡venga remover! hasta que empezó a espesar ¡y tanto que espesaba que se caramelizó!

Ya sabía yo desde que lo puse en el molde que algo no iba bien pero yo tenía esperanza de que "fuera así" y al cabo de unas horas surgiera el "milagro de la navidad" y mi turrón tuviera la textura que tiene el turrón blando.

Evidentemente en la cocina no hay milagros, pero al probarlo nos encantó. Tanto que mi marido no quiere el turrón tradicional de almendra sino que todos los años pide este. Cuesta un poco más cortarlo, porque queda con la textura de un toffee, pero sorprende mucho al comerlo. Por eso es por lo que os traigo hoy esta receta.


 ¿Vamos con ella?

Ingredientes:

* 100 gramos de azúcar
* 200 gramos de miel. De la mejor calidad que podáis comprar. Se nota la diferencia y mucho. Yo siempre la uso comprada directamente del apicultor ¡es una pasada!
* Una clara de huevo
* 300 gramos de almendra tostada molida
* Un pellizco de canela

Elaboración:

1. Empezamos con la almendra. En el supermercado la podemos encontrar molida, pero yo uso la del almendro de la finca de mis padres y la tuesto en el horno y después la muelo usando la picadora. La única precaución a tener en cuenta es molerla en pequeñas cantidades e ir controlando el grosor para no pasarnos y que la almendra suelte su aceite y haga una pasta.

Mucha gente prepara este turrón con la almendra cruda (el turrón de Xixona tradicional, claro) yo lo he preparado de ambas maneras y prefiero la almendra tostada.

2. Antes de empezar batimos la clara. No hace falta montarla a punto de nieve, con que esté espumosa y parcialmente montada será suficiente.

3. En una cacerola lo más antiadherente posible ponemos la miel y el azúcar y ponemos a fuego medio. (5 en mi placa que llega hasta ) No dejamos de mover con las varillas manuales para evitar que se pegue y mantenemos hasta que el azúcar esté bien disuelta y tengamos una mezcla homogénea y ligeramente espesa.

4. Retiramos del fuego, añadimos la clara y removemos. En este momento la mezcla se volverá de un color claro (tirando a blanco) y es posible que aparezcan grumos resultado del cuajado de la clara en el calor de la miel y el azúcar. A mí no siempre me han salido grumos, pero si aparecen seguimos batiendo fuera del fuego hasta que desaparezcan. Lo mejor para que no surjan grumos es añadir la clara a cucharadas y remover la mezcla con cada incorporación.

5. Una vez la mezcla libre de grumos volvemos a poner al fuego y no paramos de remover hasta que espese y cambia de color (se oscurece ligeramente)

6. En este punto añadimos la canela y la almendra y removemos hasta que la mezcla sea homogénea.

7. Si queremos un turrón tradicional retiramos inmediatamente del fuego y vertemos en el molde. Si queremos el turrón caramelizado seguimos removiendo al fuego durante unos minutos más hasta que la mezcla espese y empiece a costar moverla (sin pasarnos, por favor, o se hará un engrudo en la cacerola ¡que ni el cemento! y nos obligará a tirarla)

8. Retiramos del fuego y vertemos rápidamente en el molde porque si no corremos el riesgo de que se endurezca directamente en la cacerola. Si esto os pasara basta con poner un minuto más al fuego y con el calor podréis poner la masa en el molde.

9. Cubrimos la masa con un papel de hornear y nos será muy sencillo alisar la superficie con la mano.

10. Ponemos un peso sobre el papel que cubre el turrón y lo mantenemos al menos 24 horas. Pasadas las cuales ya podemos desmoldar y disfrutar de nuestro turrón.


Varios consejos:

* Si no estáis seguros de que este turrón os pueda gustar, como con las cantidades indicadas salen dos tabletas de turrón podéis hacer una parte tradicional y dejar la mitad de masa al fuego para probarlo caramelizado.

* Si no tenéis moldes para el turrón servirá más que bien un brik de leche o zumo cortado por la mitad, bien fregado y seco. Es una opción baratísima, muy ecológica y además desmolda siempre perfectamente.

* El peso para el turrón, para que prense bien, pueden ser perfectamente un par de briks de leche que pesan bastante

* Cuando os pongáis a preparar el turrón tener listos todos los ingrediente para ir añadiéndolos y los moldes a mano para verter rápidamente la masa y evitar sorpresas desagradables.

* Para conservar el turrón caramelizado lo mejor es envolverlo en papel de hornear. Despega perfectamente, no se rompe y no deja ningún resto en el turrón.

Para servirlo bastará con que lo cortéis en trocitos pequeños, de bocadito ¡veréis lo que sorprende! Porque tiene todo el sabor del turrón tradicional pero una textura totalmente diferente e innovadora.


En otra ocasión os traeré la receta del turrón tradicional de almendra, aunque en esta entrada os la he dejado ¡son dos recetas en una! Muy pronto veréis alguna receta por aquí en la que utilizo este turrón caramelizado. Hasta ese momento...

Manos a la masa y ¡bon appètit!

jueves, 4 de diciembre de 2014

Marquesas de cacao

¿No tenéis la sensación de que en los últimos años habíamos perdido parte de las tradiciones navideñas que conocimos cuando éramos pequeños? El mundo avanza tan rápido, nos hemos globalizado tanto, que hemos terminado celebrando una navidad "comercial" y llevando a nuestras mesas en muchas ocasiones platos y postres que encontramos ya preparados en el supermercado, con un aspecto delicioso, pero cuyo sabor deja mucho que desear ¿A que a vosotros también os ha pasado?

Incluso en este vertiginoso camino hemos ido perdiendo, o al menos relegando al olvido, recetas de dulces que antes eran un clásico en todas las casas por navidad. Sin embargo me encanta ver que los blogs se están engalanando para las próximas fiestas y se están restacanto y compartiendo muchas recetas que hacía tiempo no veía.

La receta de hoy viene precisamente porque hace unas semanas redescubrí las marquesas gracias al blog de Julia Recetas Fáciles y Rápidas ¿Qué queréis que os diga? A mí estos dulces se me habían olvidado por completo, y cuando los ví publicados me vinieron a la memoria un montón de recuerdos porque siempre había en casa de mi abuela. Además recuerdo que las marquesas se consideraban "de lujo" porque tienen un alto contenido en almendra y eran bastante caras, así que comerlas era todo un acontecimiento.
No sabéis la alegría que me dio cuando Julia la publicó, así que se la copié y me dije que la iba a preparar ¡sí o sí! para esta navidad. No obstante, y ante la duda de que fueran o no los dulces que comía de pequeña y que eran tan "exquisitos" (palabras textuales de mi abuela para referirse a ellos) cuando leí que con las cantidades que nos daba Julia salían treinta marquesas decidí preparar la receta sólo con la mitad de los ingredientes. Yo he usado cápsulas de magdalenas que son las que tenía en casa, pero sólo me han salido nueve marquesas de las que rápidamente hemos dado cuenta porque efectivamente son una delicia. Si queréis más cantidad basta con que dupliquéis los ingredientes salvo la cucharadita de levadura que yo se la puse, aunque bastante rasa.
 
¡Vamos con la receta!

Ingredientes:
* 2 huevos
* 120 gramos de azúcar glas
* 120 gramos de almendra cruda molida
* 15 gramos de maizena
* 15 gramos de harina de repostería
* 25 gramos de cacao en polvo
* La ralladura de un limón pequeño
* Una cucharadita rasa de levadura química
* Azúcar glas al gusto para espolvorear

Elaboración:

1. En un bol ponemos el azúcar y los huevos y con la batidora eléctrica batimos hasta que la masa blanquee y se quede consistente y espumosa.

2. En otro bol pesamos y mezclamos todos los ingredientes secos y los incorporamos a nuestra mezcla anterior.

3. Con ayuda de una espátula integramos con movimientos envolventes para evitar que los huevos bajen demasiado.Para ello la mejor técnica es mezclar con un movimiento de espátula desde el abajo girando hacia arriba y a continuación girar el bol un cuarto y repetir movimiento. Con un poco de práctica podréis hacerlo como mucho en diez movimientos. Lo más importante es no batir para que no se baje la mezcla.

4. Preparamos las cápsulas que vayamos a utilizar, en mi caso, como ya os he comentado son cápsulas de magdalenas y las rellenamos. Julia aconsejaba 3/4 del molde, pero a mí me han subido bastante, así que la próxima vez rellenaré algo más de medio.

5. Precalentamos el horno a 200º C y cuando metamos las marquesas bajamos la temperatura a 180º C y horneamos de 15 a 20 minutos.

6. Dejamos reposar en el horno unos minutos, sacamos y dejamos enfriar sobre una rejilla. Una vez frías espolvoreamos con azúcar glas y ya podemos disfrutar de estas maravillas
Si nunca las habéis probado y os gustan los dulces elaborados con almendra ¡no dudéis y poneos manos a la masa! La superficie queda crujiente y el centro húmedo y blandito ¡una delicia para los sentidos! Además si la almendra la moléis en casa (yo lo prefiero) en lugar de reducirla a polvo la podéis dejar un poco más gordita ¡queda muy bien así en las marquesas! 

Con esta receta participo de nuevo en el Reto de "Christmas Time" de la comunidad Cocineros de Mundo en Google+ ¡Imposible dejar de pasar la oportunidad de compartir una receta navideña tan tradicional como esta! Que nuestras buenas tradiciones no se pierdan, por favor.


Sólo me queda desearos feliz y dulce fin de semana ¡que además es puente! aunque el lunes, por muy festivo que sea ¡por aquí estaré con receta nueva!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

lunes, 1 de diciembre de 2014

Plum cake navideño con frutas escarchadas y pasas

Aunque los centros comerciales y supermercados nos la lleven anunciando desde finales de octubre, ahora sí que tenemos la navidad a la vuelta de la esquina.

¿Por un momento os habéis parado a pensar que hoy es ya 1 de diciembre? ¿Que estamos estrenando el último mes del año? ¿Que faltan sólo veinticuatro días para nochebuena? 

Cuando era pequeña escuchaba a mi madre y a mi abuela decir que los años se iban volando y yo pensaba que estaban muy equivocadas, que un año se hacía eterno, que traía muchos días de colegio y unas vacaciones de verano largas, largas, largas... así como muchos fines de semana y otras cosas interesantes como las vacaciones de navidad o los festivos que suponían largos puentes en casa.

Ahora que paso un poco de la treintena (y que el calendario vuelve a anunciar con alarmante premura que se acerca de nuevo mi cumpleaños) me doy cuenta de que tienen razón, que el tiempo se pasa volando y que sin darnos cuenta la vida se nos escapa de las manos aún cuando pensemos que nos quedan muchos días por delante. Lo triste es que cuando haces balance, por ejemplo a final de año, te das cuenta del montón de cosas que pretendías hacer, de los buenos propósitos que te planteaste al principio... ¡y la mitad no los has cumplido por falta de tiempo (y algunos por pereza o comodidad, vamos a ser sinceros)!

Me voy a dejar de reflexiones existenciales o acabaré sintiéndome vieja y tomando prozac a puñados ¡y no puede ser porque yo hoy venía muy contenta con mi receta! A pesar de haber publicado ya alguna idea para navidad (como el turrolate) hoy queda inaugurada oficialmente la temporada navideña del blog.

Lo curioso es que a mí la navidad no me gusta mucho. Con el tiempo he comprendido que esos días maravillosos, familiares y rebosantes de gratas sorpresas, buenas intenciones y tiempo libre a raudales para cocinar, comer, comprar, reír, salir... así como las casas perfectamente decoradas en idílicas calles nevadas que nos venden las series y películas americanas (que yo me trago encantada cada tarde de sábado y domingo) a este lado del charco no son tan idílicos, familiares y rebosantes de tiempo libre.

La navidad es diferente según la zona en la que vivas y no merece la pena frustrarte porque no puedas hacer aquello que ves en televisión ¡y mira que a mí me ha costado tiempo comprenderlo! Yo vivo en un pueblo de Jaén, rodeada de olivos, y la navidad cae en plena campaña de la aceituna. Antonio Muñoz Molina explicó perfectamente en El jinete polaco (o al menos yo me sentí muy identificada) lo que es para un estudiante vivir las vacaciones de navidad en un pueblo olivarero. 

Si alguien no lo ha leído, yo lo cuento. Donde yo vivo casi todas las familias tienen una finca (o varias), generalmente pequeñas, de olivos. La aceituna no se paga nada bien en fábrica en comparación con el precio que tiene el aceite en el supermercado, así que las pequeñas explotaciones son familiares, y no ya para que resulten rentables, sino para que no te cueste el dinero recoger la aceituna. Por supuesto para vivir de la aceituna hay que tener una gran finca, así que la mayoría tienen otro trabajo y se dedican a recoger la aceituna en su tiempo libre, que vienen a ser los festivos de diciembre, fines de semana y vacaciones de navidad.

Podéis imaginar el poco tiempo que se puede dedicar a celebrar la navidad (en comparación con lo que nos quieren vender en anuncios, series y películas) además del cansancio que muchas personas arrastran cuando llega el momento de la cena. Pero eso no quita que no se celebre "de otra manera" y no se disfrute de las cenas y reuniones familiares (o se esté pensando cuando se acaba para no aguantar a determinadas personas, que eso pasa en todas las familias ¿verdad?) 

En homenaje a todos aquellos que sacrifican sus días de fiesta y fines de semana para recoger la aceituna y que todos podamos disfrutar de un maravilloso aceite de oliva (hasta yo lo he hecho alguna vez, aunque trabajar el agro no es lo mío) os traigo este delicioso plum cake con frutas escarchadas que es una maravilla para desayunar o merendar en familia o para llevarte un trozo al trabajo y recordar que aunque algunos no tengamos vacaciones sigue siendo navidad y nos merecemos algún capricho.

No dejéis de hacerlo porque la fruta escarchada no sea vuestro fuerte. A mí tampoco me gusta y no pararía de comer este bizcocho. Se puede decir que es una de mis tradiciones navideñas (que son pocas, porque ya os digo que hay años que ni hemos decorado la casa) aunque este año con el blog tengo el espíritu navideño ON (al menos por el momento)


Bueno, me dejo de rollos y paso a la receta ¡que me pongo a hablar y no acabo! 


Ingredientes: 

* 300 gramos de harina para repostería
* 150 gramos de azúcar
* 125 gramos de mantequilla
* 3 huevos
* 200 gramos de fruta seca variada (yo utilicé un paquete de frutas surtidas cortadas en cuadraditos de la marca Belbake que compré en LIDL)
* 80 gramos de pasas (dos puñados más o menos)
* La ralladura de un limón mediano
* El zumo de medio limón
* Una cucharadita de extracto de vainilla
* Un sobre de levadura química
* Un pellizco de sal

Elaboración:

1. Ponemos las pasas junto con el zumo de limón a hidratar durante una media hora.

2. En un bol batimos los huevos con el azúcar hasta que blanqueen y obtengamos una mezcla espumosa.

3. Derretimos la mantequilla en el microondas o al baño maría y la añadimos junto con el extracto de vainilla y la ralladura de limón y volvemos a batir hasta que esté todo integrado.

4. Tamizamos la harina junto con la pizca de sal y la levadura y mezclamos hasta tener una masa homégenea y sin grumos.

5. Escurrimos las pasas, y tras secarlas sobre un papel de cocina las ponemos en un bol pequeño con la fruta escarchada y le ponemos una cucharadita de harina. Mezclamos bien para que queden impregnadas de harina y no se vayan todas al fondo al hornear. Las añadimos a la masa y mezclamos para que queden repartidas homogéneamente.

6. Untamos con mantequilla un molde para plum cake, vertemos la masa y metemos en el horno precalentado a 180º C

7. Horneamos entre 45 minutos y una hora o hasta que al pinchar en el centro con un palillo este salga limpio.

8. Sacamos del horno, dejamos templar, desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla


Sencillo ¿verdad? y el corte tiene un colorido espectacular. Si no lo preparáis para navidad y podéis haceros con un pequeño "alijo" de fruta escarchada lo podéis preparar más adelante ¡cualquier momento es bueno para disfrutar de él! Aunque queda tan apropiado para estas fiestas ¿verdad?

Si queréis podéis espolvorear con azúcar glas, pero a mí me gusta tanto cuando el plum cake rompe la superficie al hornear que no creo que necesite nada más.


Por último sólo deciros que después de que algunos de vosotros me preguntáseis cómo estar al día de mis publicaciones me he abierto una cuenta en Bloglovin. El enlace lo tenéis en el margen derecho del blog, casi al principio, y también podéis acceder pinchando aquí 

Además con esta receta participo en el Reto de "Christmas Time" de la comunidad Cocineros de Mundo en Google+

Os animo a participar o al menos a pasar por allí porque están reuniendo un montón de recetas navideñas y seguro que os podéis llevar más de una idea para el menú navideño.

Manos a la masa y ¡bon appètit!

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Pumpkin pie. Descubriendo el pastel de calabaza americano.

Lo confieso. Me encantan las americanadas. Llevo prácticamente toda la vida viendo The Simpsons a la hora de comer (y desde hace unos años casi que también a la hora de cenar) así como tropecientas mil series y películas americanas ¿cómo no voy a sentirme tentada por muchas de las cosas que veo en ellas? 

¿Habrá alguien que no se haya preguntado en la vida a qué sabía el pastel de cerezas que veíamos robar al Oso Yogui? ¿que no haya sentido la tentación de robar una tarta de manzana con su enrejado que se está enfriando sobre el alféizar de la casa de la vecina (la tentación es grande aunque las ocasiones pocas porque yo nunca me he encontrado con ninguna tarta en ninguna ventana)? ¿que no haya pedido un banana split cuando lo ha visto en la carta de una cafetería o restaurante? ¿que no haya querido un trozo de tarta de calabaza aunque en su vida diaria mantenga una distancia prudencial con frutas y verduras?

Yo digo sí a todo y a muchas cosas más de las que no voy a hablar primero para que no nos entren más antojos y segundo para que no vayáis a coger todos la maleta para iros a USA y dejarme sola en la cocina. 

¡¿Con quién comparto yo entonces mi pumpkin pie?! 

Porque no sé vosotros, pero a mí siempre me ha llamado poderosamente la atención el pastel de calabaza que toman de postre el Día de Acción de Gracias (para el que no lo sepa le cuento que se celebra el último jueves del mes de noviembre, vamos mañana, así que aún os da tiempo a preparar esta receta y "americanizaros" más) ya que en cualquier serie o película podían haberse dado un atracón digno de un banquete romano (pero sin las plumas ni los vómitos inducidos para seguir comiendo, que ya sabemos que el americano medio es de buen comer y tiene más saque que un romano de la época) pero todo el mundo dejaba un hueco para dar buena cuenta de esta tarta.

Y como por el momento sigue pendiente mi viaje a Estados Unidos (lo que igual es una bendición, porque como me dedique a comer todo lo que tengo en mi lista de cosas pendientes de probar fácilmente vuelvo con cinco kilos de más, y no precisamente en la maleta) pues hago que Estados Unidos venga a mi cocina. Y mirad que esto suena mucho más complicado...

Para mí ha merecido muchísimo la pena preparar esta tarta. Ha quedado menos naranja que las que he visto por internet y en televisión porque la calabaza que yo tenía era de un naranja pálido y no las de color naranja intenso que vemos que usan en América para las decoraciones de Halloween.

¿A qué sabe un trozo de pumpkin pie? Mi hermano os diría que a calabaza. ¡Qué original! Pero para mí la calabaza no tiene un sabor demasiado pronunciado, así que mi respuesta es que sabe a especias, sobre todo a canela. Reconozco que tiene un sabor peculiar coronado por la canela que para mí la hacen muy especial.


El relleno se queda bastante cremoso y es un gustazo comerse un trozo de esta tarta. Al principio la probé sola para saborearla en estado puro, pero luego ha caído un trozo con helado de caramelo ¡y estaba de muerte! Vamos, que esta tarta está rica la toméis como la toméis ¿No os animáis a prepararla en casa sólo por la mera curiosidad de descubrir a qué sabe? Os aseguro que es facilísima.


Ingredientes:

*  Una lámina de masa quebrada
* 600 gramos de puré de calabaza
* 400 ml de nata para montar
* 120 gramos de azúcar moreno 
* 95 gramos  de azúcar blanco
* Dos pellizcos de sal
* 3 huevos
* 2 cucharaditas de canela molida
* 1 cucharadita de jengibre molido
* Un cuarto de cucharadita de nuez moscada molida
* Un clavo molido
*  Las semillas de una vaina de cardomomo molidas


Elaboración:

1. Empezamos por el puré de calabaza. Abrimos la calabaza por la mitad, le sacamos las semillas, cubrimos la bandeja del horno con papel de aluminio, colocamos las mitades de calabaza con la zona del corte sobre el papel y horneamos a 180 º C hasta que al pinchar la cáscara con un cuchillo este la atraviese con facilidad. 

El tiempo depende de lo grande y lo gruesa que sea nuestra calabaza, pero oscilará entre media hora y una hora.

2. Sacamos la calabaza, la dejamos enfriar y le quitamos la piel. Podemos aplastar la calabaza asada con un tenedor o pasarla por la batidora para obtener el puré. Yo utilicé el tenedor porque estaba muy blandita.

Por supuesto el puré podemos tenerlo listo con anterioridad con lo que tardaremos mucho menos en preparar la tarta. La receta la encontraréis aquí.

3. En un bol grande batimos con un tenedor los huevos con el azúcar.

4. A continuación añadimos la nata, el puré de calabaza, las especias, los dos tipos de azúcar y la sal y mezclamos hasta que esté todo bien integrado. Os adelanto que será una masa líquida.

5. Untamos con mantequilla el molde que vayamos a utilizar, ponemos la masa quebrada y vertemos nuestra mezcla sobre la masa.

6. Metemos en el horno precalentado a 220º C durante 15 minutos y pasado este tiempo bajamos la temperatura a 175º C y horneamos durante 40-50 minutos o hasta que al pinchar con un palillo en el centro del pastel este salga limpio.
7. Dejamos enfriar ¡y ya sólo queda disfrutar de este delicioso pumpkin pie! Se puede servir sólo o acompañado de nata montada o helado. Aunque yo personalmente la prefiero sola.


Sólo una cosita más. La mezcla, durante el horneado, mengua un poquito. En mi caso estaba justo hasta el filo del molde y encogió bastante al cuajar. Lo digo para que no os preocupéis y dejéis un poquito vacio, porque crecer, no crece. Hecha esta última aclaración sólo queda decir...

Manos a la masa y ¡bon appètit!